martes, 6 de diciembre de 2011

LOS FESTEJOS PATRONALES ANTES DE ESTABLECERSE LA FECHA DE LA FUNDACIÒN DE QUILMES.



Investigación Prof. Chalo Agnelli

Como no hubo fundación ni escudo originalmente constituido, tampoco la Patrona del pueblo de Quilmes fue siempre la misma y su designación fue la sucesión de un entrevero de advocaciones.
Antes de establecerse el “Día de Quilmes” o aniversario de la formación del pueblo de los Quilmes el 14 de agosto por la ordenanza Nº 835 y su rectificación en la ordenanza Nº 1023 del 21 de julio de 1937, los quilmeños festejaban el día de su patrona, la Inmaculada Concepción - una de las advocaciones de la madre de Jesús de Nazareth establecida por la iglesia católica - todos los 8 de diciembre. Eran fiestas patronales, no había una fecha que recordara el origen del pueblo o ambas se confundían.
El dogma de la Inmaculada Concepción es un artículo de fe del catolicismo que sostiene la creencia en que María, a diferencia de los demás seres humanos, desde el primer instante de su concepción estuvo libre del pecado original.
Si bien en el siglo V existía una fiesta a la concepción de Santa Ana, madre de María, que se inicia en el oriente griego, se difunde  por Italia meridional en el siglo VII, por Irlanda en el  siglo VII, por Irlanda en el IX e Inglaterra desde el siglo XI, la doctrina fue establecida como dogma de fe el día 8 de diciembre de 1854, en la bula Ineffabilis Deus del papa Pío IX. Desde ese año el día 8 de diciembre quedó como fecha de la fiesta de la Inmaculada Concepción en toda la iglesia romana.
Hasta 1806, según el Dr. José A. Craviotto, la parroquia de Quilmes se denominó de la Exaltación de la Cruz, pero la historiadora Guillermina Sors afirmó que en un documento de 1763 la iglesia de la Reducción llevaba el título de Nuestra Señora de la Concepción. Otro documento del año 1769 en el que el párroco Nicolás Fernández Escandón pide reconstruir la iglesia de la Quilmes, dice. “… inicia trámites para su reedificación, con motivo de haberse derrumbado el techo de la iglesia de la Inmaculada Concepción. Quizá invocando la advocación de origen griego o por un error en el titulado, ya que el dogma aún no se había establecido (1854)
En la Argentina colonial hubo varias localidades bautizadas como Nuestra Señora de la Concepción o similares de modo que no es extraño que después de liberada la reducción y creado el pueblo a partir del 14 de agosto de 1812 la parroquia se la designara con ese título.
Alonso de Vera y Aragón el 14 de abril de 1585, funda con el nombre de Nuestra Señora de la Concepción del Bermejo la primera ciudad del Chaco. Fray Luís de Bolaños fundó con indios reducidos, Tabacué el 7 de diciembre de 1615, bajo la advocación de la Pura y Limpia Concepción de Nuestra Señora de Itatí. Los pampas de las zonas de Magdalena y La Matanza fueron reunidos en 1740 en la reducción jesuita de Nuestra Señora de la Concepción de los Pampas sobre la margen derecha del río Salado de Buenos Aires, cerca de su desembocadura. Y el 25 junio de 1783 se fundó Concepción del Uruguay bajo la denominación de Nuestra Señora de la Concepción del Uruguay. [1]
A partir del 6 de diciembre de 1864, agrega Craviotto, se nombra por primera vez a la parroquia como de la “Inmaculada Concepción de Quilmes”. Pero es el párroco Carlos Vadone el primero que utiliza dicha nominación en una carta dirigida al juez de paz Paulino González el 18 de octubre de 1858 refiriéndose a: “… las solemnes y fervorosas demostraciones que deben practicarse en el día aniversario de la fundación de este pueblo, que será el 8 próximo diciembre, día de la Inmaculada Concepción de María Santísima bajo cuyo auspicio y patrocinio se fundó”. Error el del cura Vadone pues cuando se establecen los Quilmes en 1666 no existía dicha advocación.
Pero hay otro antecedente a tener en cuenta con respecto a la elección del 8 de diciembre y se remonta a 1841. [2]

1841
Resulta que el 9 de noviembre de 1841 llegó a Buenos Aires la noticia que el General Juan Galo de Lavalle había sido asesinado. El gobierno federal celebra esta muerte y la derrota que significó para los unitarios. Además manda congratulaciones a todas las ciudades y pueblos de la provincia de Buenos Aires y a las restantes de la Confederación ordenando que del mismo modo se extiendan a toda la población mediante festejos, Patriótico-Federales.
En Quilmes era juez de paz  Manuel Gervasio López que acordó se celebre en la iglesia un Te Deum; “… en acción de gracias al Ser Supremo, el día de la Patrona, la Inmaculada María Nuestra Señora de la Concepción, en el día 8 del entrante mes de Diciembre y que se continúen los regocijos en el segundo día…” [3] Aquí el juez López ya en 1841 hace mención al patronazgo de Ntra. Sra. de la Concepción y la palabra “inmaculada” aparece como una calificación del nombre de María.
La celebración fue en exceso pomposa considerando la humildad del villorrio quilmeño y también tuvo sus encontronazos. Se resolvió mandar a hacer un retrato del gobernador don Juan Manuel de Rosas al artista Marcelino San Arromán. Se pagaría con dinero obtenido de colecta pública, pero el pintor no quiso cobrar. La obra permaneció en la casa de López en Moreno entre Bolivar y Perú de Buenos Aires hasta que a las 9 horas de la mañana del 8 de diciembre una comitiva de “…más de seiscientos ciudadanos” (cantidad que se sospecha excesiva) de quilmeños y porteños, lo retiraron y lo trajeron al pueblo de Quilmes tras tres horas de recorrido por la calles Defensa, Martín García y Montes de Oca hasta el Puente de la Restauración (hoy Pueyrredón), de allí por Mitre, hasta Puente Chico en Domínico, decorado para la ocasión, desde donde tomaron hacia la izquierda hasta el borde de la barranca, pasaron frente a la casa de Santa Coloma y desde allí casi en línea recata, hasta las actuales Hipólito Yrigoyen, Rivadavia y la iglesia. Ese era el llamado camino Real.
La Comisión de Festejos estuvo formada por: el comisario Marcelo Aspitia; el agrimensor José Eusebio Otamendi y su hijo Juan, Francisco Lozano, Roque Estévez Correa y el preceptor Félix Meals. Todo el pueblo embanderado con pabellones federales y arcos triunfales floridos, recibió al cortejo encabezado por el retrato del Restaurador sobre un carro tirado por dos jacas.
En el templo fueron recibidos por el párroco Juan Bautista Camogli que celebró el  Te Deum y pronunció un sermón “Religioso-Federal” el Pbro. Nicolás Vera. A las 14 hs. finalizó la celebración religiosa y el retrato fue trasladado hasta la casa en la que continuarían los festejos. A las 16 hs. se sirvió una comida a los más que famélicos federales. A las 18 hs. nuevamente el retrato se paseó alrededor de la plaza y a las 20 hs. se arrojaron fuegos artificiales. Concluidos estos, a las 22 hs., comenzó en tres salones dispuestos para la ocasión una tertulia danzante donde “habían más de 150 señoras hermosas y federalmente ataviadas”. El baile concluyó a las 5 de la mañana del día siguiente en el que siguieron los festejos con volatineros, otro baile por la noche. La fiesta duró tres días consecutivos en los que también hubo agresiones de opositores al régimen como el intento de incendiar el salón donde estaba el retrato de Rosas que fue sofocado a tiempo.
O sea que las celebraciones patronales de 1841 en homenaje a la Inmaculada María Nuestra Señora de la Concepción, se mezclaron con los festejos federales por la muerte del general Lavalle.
Es necesario recordar que lo que hoy conocemos como la Catedral de Quilmes no era lo que se veía por aquel entonces. De esto han dado amplia cuenta el Dr. Craviotto, el capellán Lértora, Luis Otamendi y Manuel Ales. Según recuerdos del vecino Francisco Soto que vivía en Alsina y Sarmiento esquina NE, que “La iglesia de 1828 era una construcción de material, sobre la calle Mitre, casi a mitad de cuadra, con techo de media agua. Sobre uno de sus muros se elevaban dos pilares que servían de soporte a una viga, de la que pendían dos campanas cuyas soga caían hasta el suelo”. Esta descripción prevalece hasta 1856 en que ante el peligro de derrumbe del techo se resuelve repararlo. La flamante municipalidad le encomienda la tarea a los constructores Parody e Ísola. Recién en 1862 se dispone la construcción de un templo nuevo que es el que con algunas modificaciones es el que aún se levanta en la esquina de las calles Rivadavia y Mitre. El arquitecto fue el “alarife” italiano Pedro Petrocchi y el constructor fue Santiago Laurnaga. Los ladrillos fueron hechos en los hornos de Celestino Risso. El 1º de noviembre se puso la piedra fundamental ceremonia que apadrino Francisco Molina y en 1865 se construyeron las torres que termina José Cagnoni

1873
El pueblo se repone de la epidemia de viruela que hubo en 1872. Afortunadamente este año se había instalado un nuevo médico, el Dr. Salomé Luque. Después de 14 años Andrés Baranda, nuevamente juez de paz y presidente de la municipalidad, logra hacer cumplir una resolución del 30 de agosto de 1859 que establecía que las calles se designen por orden numérico y se coloquen 200 tablillas indicadores. La gran novedad era que había que enrolarse en el nuevo Registro Civil.
El Periódico “El Pogreso de Quilmes” que el Dr. José Antonio Wilde fundó el 4 de mayo de este año, anuncia que a pedido del párroco Ángel Pueyo, los festejos patronales se trasladan al día 14 de diciembre para facilitar la visita del arzobispo León Aneiros que fue recibido por una comisión especialmente designada con ese fin. Agrega “Los preparativos son en grande escala… sólo el ambigú y el alfombrado costarán más de $ 20.000.- m/c."
De todos modos la municipalidad dispuso que los premios a los escolares se entreguen el mismo día 8, durante el que se elevaron dos globos luminosos, hubo fuegos artificiales y un baile en el flamante salón municipal recientemente refaccionado y engalanado por el constructor Santiago Laurnaga y Federico Serra: se techo el patio con tejuelas, se hicieron tres dependencias, se compró una alfombra, armarios, mesas y sillas.
El Progreso, publicó el domingo 14 dos reseñas de esas festividades, una muy favorable firmada con el seudónimo “Rosbal” y otra negativa por un tal “N.N.” que le trajo algunos dolores de cabeza a editor propietario con la municipalidad.

1874 [4]
Este año pueblo y la campaña estuvieron castigados por un brote de cólera que los tuvo a maltraer. Epidemia vigorosamente combatida por los ingentes aprestos del Dr. Wilde y su flamante colega el Dr. Luque. Era juez de paz Felipe Amoedo.
No existen referencias fehacientes de las fiestas patronales ya que el único periódico del pueblo había callado su voz el 28 de junio. De todas maneras no debieron ser muy diferentes de las del año anterior. Pero la entrega de premios se vio ensombrecida por la denuncia del municipal Ramón de Udaeta que tras una supervisión informó que de los 30 alumnos que tenía la escuela solo uno “sabía leer medianamente” y que el sub-preceptor Oscar Blakenburg “ni el idioma conoce”.

1875 [5]
Los festejos del 8 de diciembre de 1875, cuenta El Quilmero, fueron sumamente modestos pues la Municipalidad no contaba con fondos para distraer en esa celebración ya que los había agotado en la apertura del paso al río, la actual avenida Otamendi y la plantación en todo lo largo de esta arteria de 50 sauces, es bueno recordar que hasta ese momento no había en la Ribera árboles de gran porte, tan sólo sarandíes, ñapindaes y arbustos de especies achaparradas. Terminaba su mandato de un año el juez de paz y presidente de la municipalidad don Manuel Soto. De modo que propuso costear la fiesta con la limosna que se aportaba anualmente la Iglesia, el diezmo, y con ese fin se formó una comisión que recorrió el pueblo solicitando un óbolo.
La celebración comenzó en el salón municipal con la distribución de premios a los alumnos destacados de las cuatro escuelas del pueblo dirigidas por los preceptores Demetria Rivero, Benítez, Blanco y Emiliano Reina. Los discípulos de este último entonaron algunas estrofas del himno nacional; digo algunas porque aún no se había establecido la versión que hoy se canta, de modo que no todos conocían con la generalidad de hoy en día el Himno Nacional Argentino.  Luego en la iglesia muy bien ornado por señoras devotas se realizó una misa solemne acompañada por una “gran” orquesta en la que sobresalió el órgano del templo. El nuevo cura Pbro. Quesada pronunció un notable sermón que el único periódico del pueblo lo evaluó de esta manera: “ El nuevo cura de Quilmes revela dotes sobresalientes tanto como orador cuanto como persona de ilustración a la vez que liberalidad”. Esto de liberalidad implicaba que no estaba tan atornillado en el clericalismo contra el que los intelectuales de la época comenzaban a enfrentarse pues ya se amenazaba con la ley de educación común a cargo del Estado y la del matrimonio civil.
Siguiendo con los festejos al culminar la misa se tiraron algunas “bombas” y petardos y por la tarde en las casas de algunas de las familias pudientes se realizaron tertulias.
Por la noche en el Salón Municipal, por supuesto que decorado con la sencillez que imponía la austeridad comunal. Hubo una orquesta compuesta por piano, violín y flauta: Se sirvieron masas y refrescos. Las damas fueron las que gozaron de la mayor consideración por parte de los caballeros y de las autoridades pues para su “toillet” (baño) se contrató a una especializada señora de la ciudad que es encargada del salón de señoras de la estación Central.

1876
Los festejos de 1876 tuvieron cierta semejanza con los del año anterior. En esta oportunidad la familia Casares que tenían quinta de veraneo en el pueblo (manzana Rivadavia, Moreno, San Martín y Alem) obsequiaron el decorado floreal para el templo. Era juez de paz el boticario Felipe Amoedo.
El Pbro. Jerónimo Martínez dio un sermón sobre “Las madres de familia”. Luego el párroco Quesada obsequió a las autoridades con un entremés y luego se pasó a la entrega de premios a los escolares. Después del himno dirigido por el Sr. Barrera, habló el Pbro. Quesada y las señoras de Solla y Cruz Baranda de Risso integrantes de la comisión de premios.
La preceptora Dionisia Benítez dirigió unas palabras y comenzó la entrega de premios intercalados por las palabras de algunas alumnas: Julia y Elena Campero, Clara Flores (hija del ex juez de paz Tomás Flores) y Ercilla Otamendi. Luego se entregaron los premios a los alumnos de Demetria Rivero y a los varones del preceptor Emiliano Reina siguiendo el recitado de algunos niños: Juan Hasperué, Cosme Cohart, Julio Ithuralde, Gabino Risso de la escuela particular del Sr. Iriarte. Cerró la entrega de premios la hija de Celestino Risso, Elvira, y con más discursos de José Andrés López y José Echeverría se cerró el acto pasando a las 17 hs. los concurrentes agotados y presuntamente aburridos a tomar un refrigerio.

1877
El viernes 7 de diciembre de 1877 a las 14:20 hs. llegó a la estación de Quilmes, un tanto zarandeado por el ferrocarril local, el arzobispo León Federico Aneiros. En la estación lo esperaba el juez de paz Amoedo que había sido reelecto. El prelado pernoctó en habitaciones que habían sido preparadas especialmente por Cruz Baranda de Risso, en la casa de Andrés Baranda, padre de esta última,  frente a la municipalidad. No duró mucho su descanso pues al amanecer lo sobresaltó el repique de cohetes y bombas de estruendo.
El Arzobispo presidió la ceremonia eclesiástica en un altar especialmente adornado por Aurora L. de Fernández; misa cantada preparada y dirigida por el maestro Barrera. [6] Luego se pasó al salón municipal para la entrega de premios a los alumnos de las escuelas locales como era tradición.
En primer lugar se otorgaron a los alumnos de la preceptora Rivero, luego habló la sub-preceptora Andrea Benítez, hermana de Dionisia y se entregaron medallas a las alumnas de estas maestras, que fueron: Vicente Lassalle, María Iparraguirre, Clara Flores, Isabel Armesto y Ángela Lassalle y María Giménez.
Por parte de los alumnos se dirigieron al público las niñas Ángel Giménez y Malvina Wilde, de 6 años, hija del benemérito médico. También disertaron el Sr. José Echeverría y la señora Victoria Wilde de Wilde y para cerrar el acto se despidió de los presentes el arzobispo Aneiros, cerrándolo el Dr. Wilde. ¡Siete discursos!
El sábado 9 por la noche hubo tertulia en el salón municipal. Hubo muchos asistentes locales y personalidades de la Ciudad (aún no era capital de la República) como: el Dr.  Alejo de Nevares, el Dr. Laurentino Aranda, el Dr. Délfor del Valle, los señores Ferrer, el preceptor Blanco, Justino y Dimas González, Francisco Ferrari, Guardo, Pasquez, el agrimensor Arrufo, de la Serna, Madero, Las Casas, Levalle, Miguel Cané, Rodríguez, Feitz, Casares, Aristóbulo Cabrera, Fornaguera, Santa Coloma, Arce, Orleáns Larralde, Ouberbeck, Rodolfo R. Vega, Elía, Alfredo Sayús, etc.

1878
El Quilmero del jueves 12 de diciembre de 1978 nos describe unas fiestas patronales que van perdiendo el resplandor fundacional que tuvieron otrora. Como sucedió en los últimos años con las fiestas patronales de Bernal y sus fogones que, a pesar del gran voluntarismo de los vecinos se apagan paulatinamente.
Dice el segundo periódico que tuvo Quilmes, que “después de 10 meses de un silencio y tristeza deplorable por fin ha llegado un día digno”. Aludiendo a esa pachorra, modorra, aplastamiento vecinal que recorría las terrosas callejuelas del pueblo. Primero porque la población era escasa, segundo porque no había mucho en lo que entretenerse y por lo que estallar en carcajadas o aplausos.
El día 8 de diciembre a las 10:30 hs. comenzó la misma cantada por el Dr. Boneo, provisor y vicario general y el celebrante, canónigo Exequiel Córdova. Los altares habían sido adornados dándole una figuración especial al Jesús Nazareno, [7] donado por la señora Cruz Baranda de Risso, hija de don Andrés.
Concluida la ceremonia religiosa los feligreses fueron recibidos en el atrio por una banda de música.
A las 16 hs se hizo el acto de entrega de premios de aplicación a los alumnos de las escuelas del Partido, a cargo de las señoras Carmen Campelo y Águeda Nicholson, quienes como inspectoras habían sido las examinadoras de las labores manuales y trabajos prácticos de los educandos. Estaban presentes en el salón municipal el juez de paz Felipe Amoedo - era su tercer período anual en ese cargo -, los municipales Miguel Arce, Alejandro Lassalle, Pedro Risso y Mariano Solla, el secretario Mariano Vega, docentes, padres y alumnos.
El juzgado aún exhibía algunos crespones que se habían colocado en junio tras la muerte del primer juez de paz electo que tuvo Quilmes don Tomás Flores, fallecido en junio.
Comenzó el acto con el Himno Nacional, continuó el discurso del la señorita Dionisia, cuyos alumnos fueron los primeros en recibir los premios. Se otorgaron 14 medallas de plata y 30 libros. Curiosamente la medalla de oro en “moral y aplicación” la recibió una niña que no pertenecía, ni por asomo, a ninguna de las familias encumbradas, Anastasia Barbosa, que con el correr de los años sería la matrona de una prolífica familia de la cual por Quilmes transita hoy  numerosa descendencia.
José Andrés López que también se dirigió a los presentes generó una incomodidad pues se manifestó ofuscado por la ausencia del presidente del Consejo Escolar el señor Elías, que llegó casi al final del acto, pero advertido del vapuleo del último disertante no se acercó al estrado.
La Comisión Directiva de la Sociedad Italiana, que se había fundado el y se había hecho cargo de parte de los costo del acto, se quejó pues consideró que los libros eran de escaso valor, mal encuadernados y algunos eran muy viejos y agregaron que salvo la medalla de oro, algunas de plata se entregaron a niños de “familias influyentes” cuyos trabajos no eran de calidad, concluyendo que el acto había sido un “semi fiasco”.
Por la noche hubo baile en el salón municipal con la presencia de pocos jóvenes del pueblo y muchos de la Ciudad (Buenos Aires) que hacía poco habían llegado a sus casas de verano.
Los festejos patronales de este año 1978 trajeron cola pues algunos miembros del Consejo Escolar reprendieron a la señorita Benítez por haber tenido una actitud parcial en la entrega de las medallas.
Andrea Benítez que no tenía un ápice de sumisa respondió duramente a los consejeros. Dos de ellos como consecuencia de esta disputa renunciaron, lo mismo hizo una de las inspectoras, la señora Campero. Más tarde quedó cesante la maestra.
Toda esta situación fue revelada al detalle por el periódico El Quilmero en una nota firmada con el seudónimo “Júpiter” y por José Andrés López en su “Quilmes de antaño”.

1879
Este año se instaló en la Iglesia la cruz que misioneros llegados al pueblo para “cristianar” y “casoriar” como Dios manda, habían colocado en la plaza del Regocijo (luego “3 de Febrero”, hoy “Dr. José Antonio Wilde”)
El 8 de diciembre de 1979 a las 9 de la mañana el tren de la estación Central  del ferrocarril Buenos Aires – Ensenada con cuatro coches repletos de pasajeros que llegaban al pueblo “… a pesar del precio elevadísimo del pasaje, que a pesar de algunas diligencias practicadas al respecto no se pudo conseguir que la administración lo rebaje”, denuncia El Quilmero el siguiente  jueves 11. [8] Este año se celebraba el jubileo de la declaración dogmática de la Inmaculada Concepción por la cual la fiesta tenía un carácter doblemente significativo. Por esto el municipio invitó a los festejos a las bandas del colegio de Artes y Oficios y del colegio San Carlos y el vecino Domingo Cichero sumó la banda de La Boca. Estos grupos musicales se ubicaron en un entarimado colocado frente a la municipalidad.
Al aproximarse la hora en que debía dar comienzo el acto ola primera banda entonó el Himno Nacional, “… con tanta perfección como inoportunidad tratándose de una fiesta puramente religiosa”, manifestó el redactor del único periódico local.
Además del juez de paz José Berazategui y otras autoridades locales estuvieron presentes el juez de paz de Ensenada don Lisardo Núñez y el juez de paz de Lomas, don Aníbal Ponce.
El Pbro José Ramón Quesada, uno de los sacerdotes que dejó una impronta de afecto y de inteligencia en el Quilmes de antaño, “… presentó el templo como digno rival del más suntuoso de la Ciudad”. Había sido sustituido, el año anterior, al frente de la parroquia por Felipe Ponticheli. Hizo el panegírico de la virgen el comisionado general de Tierra Santa Fray Luís Rossi Desiderie y la misa la celebró el provisor y vicario general Juan A. Boneo.
Al medio día se agasajó a los invitados con un almuerzo frente al río, durante el cual José Andrés López propuso la reelección del juez de paz Amoroso que cesaba en su cargo a fin del mes, acompañaron esta promoción: el Tte. Coronel Publio Massini, el escribano Aristóbulo Cabrera, el propietario de El Quilmero Pedro Giménez y Marcelino Córdoba que aún estaba apesadumbrado por la perdida de su empresa de diligencias con la presencia del ferrocarril.
Para la ocasión el discutido empresario Henri Crabtree colaboró con una vaquillona y Aquiles Baigorri con un novillo de la chacra de Carlos Clark.
Este año no se hizo la entrega de premios a los escolares el mismo día sino que se realizó el día 21.  
Luego, la fiesta popular siguió con corrida de sortijas sobre calle Rivadavia frente a la iglesia, fuegos artificiales en la plaza a cargo de Domingo Risso y por la noche la tertulia bailable en el salón municipal, anhelada por los jóvenes; que organizó el novísimo Club Fraternidad, antecedente del actual Club Social de Quilmes.

1880
En este año era presidente de la República Nicolás Avellaneda, pero hasta octubre en que le entrega el ejecutivo al general Roca. El enfrentamiento entre este último y Carlos Tejedor termina con un armisticio que incluye como condición convertir a Buenos Aires en Capital Federal, que cuenta con 305.285 habitantes, mientras que el la nación toda con 2.492.866. Este año hay cuatro gobernadores en la provincia de Buenos Aires: Carlos Tejedor, José María Moreno, José María Bustillo y Juan José Romero. Arriban los restos del General San Martín a bordo de la nave “Villarino”. Guillermo Rawson funda la Cruz Roja. El ferrocarril está en su apogeo y crecimiento agigantado. En las fronteras continuaba la guerra entre Chile contra Perú y Bolivia. En Francia Rodin concluía una de sus mayores obras “El Pensador”.
En Quilmes la banda “Euterpe” recorría las plazas del pueblo. Sólo interrumpió su paseo musical durante la misa solemne celebrada por el nuevo párroco don Rafael Fanego (que permanecerá en su cargo hasta 1887), la entrega de premios a los escolares y una tormenta de tierra que trajo el viento del sudoeste. A las 21 hs. la fiesta siguió en el salón municipal con un prestidigitador, el Sr. Moya. Hubo fuegos artificiales en la calle 12 (Rivadavia); uno de ellos al arder presentó un abanico que al abrirse ostentaba un letrero que decía: “Viva la República Argentina, con claro intento de apaciguar los ánimos, hasta recientemente, belicosos que habían agitado a los bonaerenses.
El Sr. Gavarzzo, secretario de la Sdad Italiana abrió la tertulia danzante con “ambigú”.
Para la concreción de esta fiesta se había realizado una colecta pública que reunió 5.252 pesos, pero se gastó 7.232 pesos, la deuda la pagó pausadamente los municipales.

1881
La iglesia estrenaba reloj y campana desde el sábado 17 de setiembre.
Este año el párroco Fanego debió trasladar las fiestas a otra fecha. Solo hubo una función dramática en la Soc. Italiana; se representaron las obras: “Mi primer amor” y “Casa de campo”. Vino en el ferrocarril la banda musical de “Artesanos de La Boca, en la estación la esperaba a toda música la banda “Euterpe”.
Los premios escolares se entregaron el 25 de diciembre por la mañana. El Sr. Smith, propietario del almacén “La Figura” y el joven Martín Cueli, hijo del primer médico del pueblo don Fabián Cueli, colaboraron con las medallas para los alumnos distinguidos.
La fiesta patronal de este año fue más que austera, no hubo mucho entusiasmo entre los pobladores y los acostumbrados veraneantes, que en otros años se aliaron con entusiasmo a los festejos, prefirieron, este año, permanecer en la bonanza solariega de sus quintas.

1882
Las autoridades que presidieron los distintos actos fueron Fermín Rodríguez, Laureano Godoy, el presidente del Consejo Escolar don Juan Ithuralde, Manuel Casavalle y Miguel Páez. Durante la ceremonia religiosa el panegírico a la Inmaculada Concepción estuvo a cargo de Fray M. Benavente especialmente invitado por el cura párroco. Se inauguró el reloj de la torre de la iglesia, que llegó allí después de varias divergencias que se incrementaron cuando ante el asombro del público presente el reloj se detuvo a las 10:53 hs. a causa de una bandera que agitada por el viento se enredó en el minutero.
“Las fiestas transcurrieron sin novedad ni interés. La banda tuvo una actuación regular”; dice Pedro Giménez en El Quilmero. A esta se sumaron la banda del pueblo de San Juan  y la de la Unión de Artesanos de Barracas que amenizó el almuerzo que se hizo en la Ribera. Otros invitados fueron agasajados en el hotel de Félix Risso, frente a la plaza en la esquina NO de las actuales calles Alsina y Sarmiento.
Por la tarde hubo corrida de sortijas frente a la municipalidad empolvando descomedidamente a los presentes pues no se había cubierto con suficiente ramadas el suelo terroso de la calle. A la noche el resplandor de unos mustios fuegos artificiales anunció el comienzo de la tertulia danzante en el salón de la municipalidad, que concluyó exitosamente a las 4:30 hs. de la madrugada.

LOS SIGUIENTES FESTEJOS.
La página web de la Catedral culmina su reseña histórica con este párrafo: “… según testimonios recogidos por los historiadores, la Inmaculada Concepción había sido tenida por patrona del pueblo de Quilmes desde mucho tiempo antes, quizás incluso desde los comienzos mismos de la Reducción. Por este motivo, las celebraciones del 8 de diciembre llegaron a ser sin duda el acontecimiento más importante de la naciente sociedad quilmeña. Los actos religiosos, sociales, escolares y populares se multiplicaban por esa fecha. Había fiesta en las calles y las casas, en la iglesia parroquial y en los salones sociales de la época. Quilmes se transformaba en un paisaje multicolor de procesiones, fuegos de artificio, bailes de sociedad, música popular, cine al aire libre, entrega de premios escolares, junto con predicadores especialmente invitados, coros religiosos y la Misa solemne... Debió ser una vivencia de tal intensidad que, por mucho tiempo, quedaría en la memoria del pueblo.” [9]
Pero los siguientes años las fiestas fueron desfalleciendo paulatinamente. Las escuelas separaron la entrega de premios estímulo de la fecha religiosa a partir de la sanción de la ley 1420 de Educación que establecía rigurosamente la laicidad de la escuela pública.
El crecimiento del laicismo en la sociedad civil con leyes como la del matrimonio civil y la heterogeneidad cultural que conforma la inmigración quitaron hegemonía a la iglesia católica y sus festejos patronales separados de la fecha que rememora la llegada de los Quilmes a estas costas del Plata, 14 de agosto de 1666. Fecha arbitraria que estableció la Junta de Estudios Históricos a pedido de las autoridades municipales el 21 de julio de 1937 con la ordenanza Nº 1023, que rectificó la anterior Nº 835 del 6 de julio de 1935.

BIBLIOGRAFÍA
Agnelli, Ch. “Cuaderno de identidad I” Editorial Tiempo Sur. Quilmes, 2010
Ales, Manuel. “Síntesis Histórica de Quilmes” (1856-1966) Serie Archivos y Fuentes de Información. Carlos G. Maier. Municipalidad de Quilmes. Biblioteca P. M. P. F. Sarmiento. Quilmes, 1968.
Bobis, Daniel O. "Evaluación de la sociedad chaqueña - Comienzos de la colonización" Monografía en www.ilustrados.com 
Craviotto, J. A. y Barrera Nicholson C. "Fiesta Federal". Revista La Urraca, 1937.

Puelche: http://es.wikipedia.org


NOTAS


[1] Por disposición del obispo de Buenos Aires, Manuel Antonio de la Torre, se elevó la capilla de Las Conchas a la jerarquía de viceparroquia en 1770, estableciendo el decreto ereccional que la Santísima Virgen bajo el titulo de La Concepción del Puerto de santa María de Las Conchas.

[2] Craviotto, J.A. y Barrera Nicholson, C. “Fiesta Federal en Quilmes. La Urraca.
[3] De la Gaceta Mercantil.
[4] Los tres primeros libros de actas de la municipalidad desde 1856 desparecieron de la Biblioteca Pública Municipal Domingo Faustino Sarmiento.
[5] La reseña año a año que se registra a continuación fue tomada del periódico “El Quilmero” de los años referentes.
[6] Ver: “Migraciones”.
[7] Que aún hoy sepuede ver entrando en la Catedral a la derecha.
[8] Año V Nº 418