miércoles, 6 de febrero de 2013

SERRAT EN QUILMES (colaboración)



 
Detentaba el poder ejecutivo desde el 18 de junio, el dictador Roberto Marcelo Levingston, entronado tras el golpe palaciego que mandó a cuarteles de invierno al dictador bonapartista Juan Carlos Onganía el anterior 8 de junio...

Feo momento histórico, julio de 1970, para visitar el país le tocó a Joan Manuel Serrat.

En marzo del año anterior había presentado en Milán su imperecedero éxito “Dedicado a Antonio Machado”. La virulencia política argentina no lo había amilanado por cierto, pues había estado por estos pagos en octubre de 1969, su primera experiencia criolla que fue para los argentinos una voz de aliento en el bochorno oscurantista del onganiato, ese mismo gobierno que prohibió a Ginastera y no miró con buenos ojos al catalán antifranquista. Quien de todos modos volvió en noviembre, de manera que, la que nos ocupa, la de julio de 1970, fue su 3º visita. 

Y en esa gira llegó a nuestro Quilmes. Actuó en el cine-teatro Cervantes de la calle Rivadavia (hoy recuperado gracias a la exitosa gestión de la CD de la Soc. Española)

El teatro estaba a reventar, incluso se vendieron entradas a personas que no le molestó permanecer de pie y muy gustosa. La policía rodeaba las puertas de la sala de espectáculos e incluso se veía en el interior algún rostro que se vendía solo.

Se abrió el telón y calentaron la acústica el quinteto folklórico “Los bombos de oro” - que alguna vez tuvo la primer mujer bombista de un conjunto folklórico María Elena Carabajal -. Siguieron musicalizando los grupos: “Adorables Nietos y “Cronos”.

Por fin, tras una demora que alimentó la voracidad del público, se instaló la orquesta y un una joven con chaleco y saco azul marino, pañuelo al cuello y pantalón gris, arremetió contra una ovación con “Tu nombre me sabe a hierba” y tras una aclamación siguió con: “Porque te quiero a ti, porque te quiero...”, “Poema de amor”, “Se equivocó la paloma”, “Penélope”, “Cuando la muerte entre en mi huerto”, Cantares”, “He andado muchos caminos”, “Las moscas”, “El titiritero”, “Como un gorrión” y un cierre que completó la ocasión, “Fiesta”. La fruición con que el público siguió el curso que dio el trovador al espectáculo fue trascendente en la historia de los espectáculos que llegaron a Quilmes.

No le fue fácil a Serrat retirarse del teatro esa noche, pues en la puerta lo aguardaban una multitud de fans pidiendo autógrafos. El gentío descolocó a la guardia policial que se había parapetado en las la calle Rivadavia desde San Martín hasta Lavalle.

Su circuito artístico siguió por otros rincones del país. El 20 de julio asistió al debut del cantautor uruguayo Alfredo Zitarrosa – otro improcedente para el gobierno de turno - en Buenos Aires.

Joan Manuel Serrat volverá en marzo del año siguiente, hasta que entre 1976 y 1983 sus temas incrementan los más de 150 temas prohibidos para radiodifusión por la dictadura militar argentina, listado en el que aparecen: Víctor Jara, Joan Báez, Víctor Manuel, Alfredo Zitarrosa, César Isella, Daniel Viglietti, Alberto Cortez, Silvio Rodríguez, Joaquín Sabina, y no escaparon de la nómina Eric Calpton, Pink Floyd, Queen, Nicola di Bari, Toto Cotugno, Charles Aznavour, John Lennon, Yoko Ono...

El diario El Sol tituló la noticia de esta visita “Serrat, auténtico como su arte, su figura y su nombre”. 

Pasaron 42 años y estamos seguros que si Serrat llegara alguna vez a cantar a nuestra ciudad el éxito sería equiparable al de aquel 14 de julio de 1970. 
 
Chalo Agnelli

FUENTE

Colaboración de la Sra. Laura Morelli

Diario El Sol 

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Ana Chavanne escribió: "En ese momento su representante era un señor Capalvo (No se si va con b o v) El segundo desde la derecha es Osvaldo Pico (Ya fallecido) compañero mío de la Normal que se casó con Diana mi amiga de la infancia y se fueron a vivir a Bercelona donde conocieron a Serrat. Cuando Serrat estuvo aquí fue a pasar la tarde a la casa de mi amiga en Rodolfo López y Gran Canarias, me llamaron porque yo ya cantaba canciones de Violeta Parra que me habían traído clandestinamente de Chile y él las quería aprender. Aquí va lo mejor: mi vieja atendió el teléfono, Diana le dijo que estaba con Serrat y que fuera con mi viola por lo que antes conté. Mi vieja, ante el susto que me rajara de pronto, por que además esa era mi idea por razones mas que obvias ... ¡¡¡Le dijo que no estaba!!! Entre nos, nunca se lo perdoné.

Anónimo dijo...

El señor Capalvo era también de Quilmes, vivia en la calle Mitre y Alberdi, cuando estaba en Argentina. y era el representante de este ídolo J.M. Serrat.
Silvia Sella