lunes, 9 de noviembre de 2009

LOS ASENTAMIENTOS - UNA HISTORIA QUILMEÑA DE MÁS ACÁ (COLABORACIÓN)


HACE 25 AÑOS NACÍAN LOS ASENTAMIENTOS
"LOS CONDENADOS DE LA TIERRA"

Colaboración del periodista Guillermo Daniel Ñañez
Original en INFOSUR diario jueves 9 de noviembre de 2006

En Solano, al sur de Buenos Ai­res nacía una organización social que pasó a las historia como los "Asentamientos". Gente pobre, condenados de la tierra, sin tierra, abogados como Jorge Deferrari, curas como Raúl Berardo, un obis­po como Jorge Novak, fueron los que permitieron que la gente se exprese y consiga sus objetivos: Así nacieron La Paz, Santa Rosa, Santa Lucía, El Tala y San Martín. Años más tarde Agustín Ramírez entró en la muerte y allá andará según se dice...´
AGUSTÍN
A medio andar del año 1988 pude ver el rostro de Agustín Ramírez (23) en la primera plana de los diarios, yacía en el suelo mirando no se qué punto del infinito, no se qué habrá pensado en ese último instante, lo asesinaron junto a Javier Santos Sotelo (17). Lo conocí porque Agus­tín, flaco, inquieto nos acompaña­ba en la ronda de los viernes de la Plaza San Martín de Quilmes junto a las Madres de Plaza de Mayo. Por algún lado debe estar algún núme­ro de la revista "Latinoamérica Gau­cha" que el prolijamente sacaba cuando podía. Además Agustín pertenecía al FOSMO, una organi­zación de objeción de conciencia respecto al servicio militar que por aquellas épocas era obligatorio. Solía pasar por el "drill" o por el "Quilmes Bar" y hablábamos de política. Luego me enteré que su compromiso, lo había llevado a la organización de un nuevo asenta­miento y que este hecho le costó la vida. Agustín, mi amigo, es el "Mártir de los asentamientos". Suelo recor­darlo, pero el tiempo es tirano. Por suerte en Florencio Várela, existe un barrio que lleva su nombre y está compuesto por hombres y mujeres que surgen por el accionar de un asentamiento reprimido en Quilmes, que logró su lugar en tierras vare­lenses.
RAÚL
El padre Raúl Berardo, nació en Bolívar, provincia de Buenos Aires, en una chacra donde su padre se deslomó «sin llegar a ser nunca dueño de la tierra» - le dijo a Mi­guel Briante allá por el '82- Chaca­rero, boyero, hombre de a caballo, se hizo cura con la Orden de los Salesianos, descubrió en un libro francés que se podía poner a toda la Iglesia en Misión, «a pesar de la jerarquía, que siempre estuvo con los poderosos, anduvo a tropezo­nes con sus propias autoridades, trabajó en el puerto de Buenos Ai­res, recaló en Bernal – “Elegía estas zonas porque acá estaba el pueblo oprimido, el pueblo de Cristo” - y al final, llegó o Quilmes, a Solano, a su Parroquia de Nuestra Señora de Itatí. Es la parroquia justa: ahí esta­ba su obispo, monseñor Novak, “un pastor comprometido con su pueblo”; ahí estaban en formación las comunidades eclesiales de base, un rescate de la primera Igle­sia, la de los pobres, no la de los poderosos. Entonces, un día - dice el cura Berardo -, vino una vecina del ba­rrio viejo, me dijo que ya no tenían lugar en el terreno, que estaba vi­viendo de prestado, que si no po­día pasarse al terreno de enfrente. Pregunté y me dijo que los terrenos eran fiscales. Pensé, o dije, que la tierra es de Dios. Al otro día vino otra vecina. Le dije lo mismo.
Los terrenos no eran fiscales. Ya aparecerían los propietarios: un montón de dueños que en su vida había pasado por el lugar; tierra para especular como bien se hacía por aquellos años; no conocían el arro­yo con su hedor, con sus enferme­dades permanentes. También apa­reció la municipalidad, a constatar violaciones a los códigos y "Menotti" un extraño personaje, que decía trabajar junto con la parroquia, conocer gente del gobierno, ser intermediario de los dueños: dirigía, cobraba unos pesos como adelan­tos para cada terreno, tenía su pro­pia mafia. Eso seria, claro, después, cuando el tiempo aquietara detalles y se supieran algunas cosas. La or­ganización de la gente hizo que pudieran echarlo a patadas. En cinco días, miles de personas se distribuían por las 280 hectáreas divididas en cinco grandes zonas, como agujeros entre los «barrios viejos».
LOS ASENTAMIENTOS
Gritos y atropellos en agosto de 1981 eran algo "normal" para la dic­tadura que se instaura en 1976. Te­nían sus internas, la erradicación de "Villas miserias" de la Capital Fede­ral, determinaba la búsqueda de tie­rras en la provincia de Buenos Ai­res. El Código de planeamiento ur­bano de la Capital Federa! fue re­formado en febrero de 1977 y signi­ficaba el no acceso a la tierra, la prio­ridad de la dictadura eran las auto­pistas. Dicho en otros términos, "sobraba gente", "sobraba gente pobre". Esto determinó el primer enfrentamiento interno de la dicta­dura. Por un lado la Municipalidad de la ciudad de Buenos Aires, por el otro la Provincia de Buenos Ai­res. Fue el ministro de gobierno de esta última, Fernández Gil quien se refirió al problema el 18 de mayo de 1981: "La provincia como conse­cuencia de la erradicación (de vi­llas) realizada por la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, reci­bió un éxodo importante de perso­nas que vivían en esos asentamien­tos, y actualmente debe haber en su jurisdicción 300.000 habitantes en esas condiciones". En estas condiciones políticas se produce la invasión de los terrenos de San Francisco Solano. La reac­ción de los medios de comunica­ción más comprometidos con la dic­tadura no se hizo esperar. El diario "La Razón" del 1º de diciembre de 1981 - que por aquella época era la voz oficial de la dictadura -, tituló: "Un cuadro de miseria que parece tener inspiraciones sospechosas", por otro lado el órgano de los "ser­vicios de inteligencia" era la revis­ta Somos que en su edición del 11 de diciembre de 1981 se podía leer en su tapa "¿Miseria o subversión? Sabían lo que decían.

Juan Brisanoff, un militante polí­tico y social, que por aquellos años vivía en el barrio El Tala - uno de los asentamientos solía decirme que el modelo que instauró Martí­nez de Hoz  - ministro de economía de Videla -era la planificación de la miseria por medio de la represión y que se sentía "subversivo" porque el pueblo mismo pretendía "subver­tir" dicho orden de cosas. Cuando se producen los asenta­mientos, la primera reacción fue la represión. El cerco policial, que no se cansaban de gritarle a los asen­tados que esas tierras eran de "pro­piedad privada".
MIEDO A LA VILLA
Por aquella época Guadalupe González tenía 21 años, boliviana, un hijo y decía: “Bueno, yo vine el 24 de noviembre porque creí que me podían dar un pedazo de tierra. Me había enterado que toda la gen­te que necesitaba tenía que venir. Yo necesitaba un pedazo de tierra para mí, para mi marido, para mi hijo. Vivíamos de lo prestado. Me acuer­do que mi marido trajo 40 chapas de cinc, todas viejas, llenas de agu­jeros, maderas. Trajimos palos, hi­los, una pala para cavar el pozo y poner nuestro primer palo parado en nuestro terreno. Trajimos una frazada, un calentador. Yo me pre­paré una bolsa con el mate, la yer­ba, un pedazo de pan, y después tratamos de sobrellevar los días. Una calor tremenda. Me acuerdo que no teníamos adonde pedir agua.”
Los antiguos vecinos negaban su solidaridad porque tenían mie­do que fueran a instalar una «vi­lla», les negaban el agua.
ORGANIZACIÓN
Juan Brisanoff quien hace tiem­po nos dejara, "el gordo Juan'* para los amigos, aclaraba la forma de or­ganización que se dieron: "Empe­zamos a ver la posibilidad de gene­rar la ocupación de algunos lotes. Tomar en cuenta este conflicto nos llevó a planteamos no hacer una Villa, pensábamos que si hacíamos una Villa la represión iba a ser ma­yor. De todos modos la represión se dio. Uno de los elementos fun­damentales que nos permitió aguan­tar la represión y que fue esencial para nuestro triunfo está en la or­ganización. Nos planteamos tres herramientas que fueron la unidad y organización interna y la solidari­dad externa, sin estas tres herra­mientas nosotros veíamos que era imposible obtener victoria alguna. Así planteamos en la ocupación (yo no sé si lodos saben que somos cinco barrios, cuatro de aproxima­damente 20 manzanas y uno que es de sólo 2 manzanas) una organiza­ción en la que estuvieran presentes algunos valores de una sociedad distinta a la que planteaba la dicta­dura, en esto tuvo mucho que ver la experiencia anterior de algunos compañeros. Nos dimos una orga­nización por delegados de manza­na, subdelegados de manzana y ayudantes, que no tenían tiempo de duración - eran elegidos y revoca­bles en asamblea de manzana - A su vez, estos delegados elegían una comisión interna dentro del barrio que, de la misma forma, eran elegi­dos en asamblea de delegados. En la comisión interna no había pues­tos ni cargos, nadie era presidente ni secretario (en esto nos diferen­ciamos de los compañeros fomentistas) porque pensamos que de esa formase podía evitar algún tipo de caudillismo, que de última pudiera llegar a claudicar cuando llegara la etapa de negociar con ¡as autorida­des. Cada una de las comisiones internas de los cinco barrios elegían a cuatro compañeros como miem­bros de una instancia organizativa superior: la comisión coordinado­ra; de la cual yo formo parte".

Walter Cardozo llegó los 26 años, tenía tres hijos y su mujer. Termina­ría por ser uno de los principales conductores de lo que daría en lla­marse “El Asentamiento”. Llegó de noche por noviembre. Vivía en Temperley, con sus padres. Tenía una casilla. Muchos años después lle­gó a ser concejal de Quilmes, hoy nos queda el recuerdo. Dice “Ha­bía que cuidar el terreno, para que no se lo ocupara otro. Había que vigilar día y noche. Era descampa­do. Había casas desparramadas. Había discusiones por tos terrenos. Pero acá ya había un orden, para que no se convirtiera en villa. Se medían 11 pasos de frente por 30 pasos de fondo. Desde el primer momento la gente no quiso hacer villa. Querían el terreno para ellos; que no vivan dos o tres familias en un mismo terreno. No querían salir de una villa para meterse en otra. La misma conciencia de la gente les fue diciendo que tenían que marcar los terrenos. Había un señor, este señor influyente, al que ahora to­dos recuerdan como Menotti, el flaco. No se llamaba así; le decían. Aparentaba dirigir todo. Quería co­brar por los terrenos. Yo no le pa­gué nada”, dice Walter. “Hubo gen­te que pagó. Le decían metete ahí, y se metía ahí. No le daban ni un papel ni nada. El se daba una vuel­ta todos los días por acá. Venía con su gente, siempre encontraba algu­no. La gente, como él invocaba a la parroquia, creía que era la autori­dad, y te daba ¡a plata. Durante tres o cuatro meses hubo siempre gen­te levantando casas, marcando te­rrenos. Gente que venía y gente que se iba. Porque muchos tenían casa por acá nomás y lo único que que­rían era marcar el terreno para hacer negocio. La gente se empezó a or­ganizar sola, y los empezó a echar. Había que vivir aquí, ésa era la or­den de todos”.
EL VIEJO
A Berardo le decían cariñosamen­te "el viejo" y dice: “Durante mil setecientos años la Iglesia, en Lati­noamérica, sirvió a los poderosos. Produjo todos esos males. Ahora es necesario que la Iglesia vuelva al lado del pueblo, del lado donde siempre debió haber estado. Cesó el cerco policial, aunque de vez en cuando pasan cosas. No hace mu­cho, seis policías irrumpieron en uno de los barrios. Le pegaron a algunos de los hombres, se propa­saron con una muchacha, se lleva­ron algunos detenidos. Media hora después, había seiscientas perso­nas frente a la comisaría. Hicieron una denuncia. Cuatrocientas perso­nas se ofrecieron corno testigos. El comisario me vino a ver”, dice el pa­dre Raúl, “ me dijo que las acusacio­nes a sus hombres eran graves, que yo hiciera algo para que fueran reti­radas. Le dije que yo no podía ha­cer nada. Que eran ellos, los pobla­dores del asentamiento, los que habían tomado la decisión. Los policías fueron sumariados.
Pasaron otras cosas. En operati­vos cuidadosamente planeados se engancharon a la red eléctrica. No quieren no pagar. Esperan los me­didores. Tampoco quieren no pa­gar los terrenos. Esperan el final de los juicios.”
Brisanoff aclara: "Uno de los elementos que fue desencadenarte para que se rompiera el cerco, lamentablemente era frecuente, fue que una noche entran en el barrio seis policías uniformados, se me­ten en dos ranchos y se llevan a dos mujeres a las que violan des­pués de romperle la cara a los espo­sos. Esto produjo un conflicto se­rio dentro de la policía, que noso­tros no nos calentamos mucho por entender, y apuntamos todos nues­tros calibres allí. Llevamos a tres­cientas personas diarias a prestar declaración como testigos. Este fue el detonante para que se levantara el cerco policial." Berardo planteaba: “Hoy esta­mos aquí, que es fruto de un mon­tón de tiempo, un montón de luchas que nos Nevó a tomar esta decisión de venir por una tierra para nues­tros hijos. Supongo que Dios nos ayudó bastante porque El nos indi­có cuál era el camino que teníamos que seguir y siempre estuvo al lado de nosotros. Quizás para el mundo, para la gente que nos rodeaba, era algo que no se podía creer, porque era la primera vez que 20.000 personas impulsadas por la necesidad, impulsadas por el hambre, impulsa­das desgraciadamente por los altos costos de los alquileres, la des­ocupación, buscaron una tierra que estaba abandonada, la tierra en la que había violaciones, basurales, un montón de cosas que perjudicaban a la sociedad. Y por eso se logró que hoy gracias a Dios, estemos aún aquí, estemos organizados, estemos unidos que es lo principal".
LAS FORMAS
Comentaba Juan Brisanoff: "Otras de las formas de resistencia estuvo vinculada al problema de la luz. Segba - ahora EDESUR - no iba a molestarse en ponernos la luz, entonces nos habíamos engancha­do. Hay un caso que es bastante gracioso y que demuestra el inge­nio popular para generar formas de resistencia. Una vuelta un policía de los del cerco se sube al palo don­de estábamos enganchados y cor­ta los cables que daban luz a todo el barrio. Los compañeros que lo estaban viendo esperaron la noche, se subieron y volvieron a conectar­los. Al otro día sucede lo mismo. Al tercer día ya habíamos programado la cosa; cuando el botón subió al palo había como cincuenta perso­nas aplaudiéndolo, nada más que eso sirvió para que dejara los ca­bles como estaban, bajara del palo, subiera al patrullero y se fuera. No volvieron a molestamos más con el asunto de la luz.” Agrega que: "El primer triunfo nuestro fue el triunfo del agua, es decir, la colocación de la primer bomba de agua. Fue do­nada por uno de los gremios de la CGT Regional Quilmes del Sindica­to de Sanidad a través del compañe­ro Fenando Kelly. Todavía estaba el cerco policial, o sea que para me­ter los caños hubo que arrastrarse por los yuyos y dentro de un ran­cho que estaba vacío se hizo la ins­talación. La primera bomba de agua en el asentamiento se festejó... La primera respuesta que da la gobernación de la Provincia de Bue­nos Aires (Aguado - Pérez Izquier­do) es mandaren sus autos policia­les a sesenta móviles, lo que impi­de el ingreso de todos los elemen­tos necesarios (agua, alimentos, etc.). Esto se produce más o menos para diciembre de 1981. Hacia un calor terrible, por esta medida mue­ren catorce pibes por diarrea esti­val... Después de la muerte de los catorce pibes, hubo una inundación seria, fue para febrero de 1982, te­níamos un metro y pico de agua. Estaban todos los barrios anega­dos, no se podía entrar con nada. Ante esta situación, recibimos al­guna ayuda del obispo. De la dicta­dura, como siempre, no recibimos nada. Cuando mandan las topado­ras la resistencia fue muy dura. Por­que metimos a todas las mujeres y los chicos adelante y los hombres atrás, del otro lado las topadoras y los milicos. Los que manejaban las topadoras, gracias a Dios no eran milicos, eran trabajadores de la Mu­nicipalidad que al ver la situación dieron media vuelta y se fueron".

EL FIN
Años después se logra la Ley de expropiación de dichas tierras. Hoy cuando camino por las calles del ba­rrio La Paz, cuando me dirijo a dar mis clases de "Historia de la Cultura" en la Escuela de Educación Media N° 9, pienso en la cantidad de gente que participó en aquella pueblada. Hoy ya es un barrio consolidado. Muchos quedaron en el camino, ofrecieron sus vidas y pienso que no está mal rendir­les un homenaje, por el grado de con­ciencia y organización que lograron. Por enfrentar a la dictadura, desafiarla y fundamentalmente por creer que un futuro mejor es posible. Una forma de lucha que es una forma de ser feliz.
BIBLIOGRAFIA
BRIANTE, Miguel. “La tierra para el hombre”, en Revista El Porteño Nº 10. Buenos Aires. Octubre de 1982.
FARA, Luís, “Lucha reivindicativas urbanas en un contexto autoritario. Los asentamientos de San Francisco Solano”. Comentario de Juan BRISANOFF, en Los nuevos movimientos sociales/2: Derechos humanos. Obreros. Barrios. Compiladora: Elizabeth Jelin. CEAL. Buenos Aires, 1985.
IZAGUIRRE, Inés – ARISRIZABAL, Zulema. “Las tomas de tierras en la zona sur del Gran Buenos Aires: Un ejercicio de Formación de poder en el campo popular”. CEAL. Buenos Aires. s/f.

1 comentario:

Silvio Campos dijo...

Gracias Cuco, muchas gracias; por alimentar mi memoria. Todavia me acuerdo cuando un bestia borracho me fajo y afano hasta los borcegos en el "2 de Abril" en noviembre del '88. Y a pesar de ese, sigue mi gran cariño por esa gente. Me acuerdo del Festival y Penia que se hizo en Adrogue en el '81 , mientras estaba cercado el asentamiento para difundir la lucha y juntar unos pesos. Y muchas cosas mas.