sábado, 25 de junio de 2011

"DIGO EL LLAMADO" - 17 DE AGOSTO 2013 - BIBLIOTECA POPULAR PEDRO GOYENA

 
Invitado el 25 de junio de 2011, a dar una charla en la Jornada de la ASOCIACIÓN CULTURAL SANMARTINIANA "SABLE DE GLORIA" con motivo del CINCUENTENARIO de su creación elegí un tema que ilustre sobre la fuerza que tuvo la convocatoria del Gral. San Martín, entre el pueblo llano, entre los más humildes, de las Provincias Unidas para liberar América del coloniaje hispano y crecer como Nación Independiente. Su prédica política presionando para que el Congreso de Tucumán declare definitivamente la Independencia, la acompañó con su arduo trabajo en formar, organizar y reunir el Ejercito de Los Andes. Entre los que respondieron a su llamado estuvo el pueblo puntano, San Luis, gobernada por el Teniente Gobernador Coronel Vicente Dupuy organizó en las Chacras de Osorio un campamento de voluntarios que alimentó la caldera de la maquinaria de guerra. El poeta Antonio Esteban Agüero fijó esa epopeya en versos épicos, "DIGO EL LLAMADO". Y en las Chacras, en 1991, se levantó un monumento, al Pueblo
Puntano de la Independencia. Esta introducción resume el trabajo que presentamos el 25 de junio de 2011 en la Casa de la Cultura de Quilmes y en este 17 de agosto de 2013 a los 163 años del fallecimiento del Libertador homenajeamos su memoria repitiendo la conferencia en la Biblioteca Popular Pedro Goyena, custodia de la Librería Sanmartiniana.
“DIGO EL LLAMADO”

A Alicia Mariani, Orlando Cella, Ely Fontana,
Emilio Martínez, Stella Maris Bertinelli, Ethel Carboni
y a todos los sanmartinianos de Quilmes.

Prof. Chalo Agnelli 50º aniversario de la fundación 
de la Asociación Cultural Sanmartiniana de  Quilmes, 
25 de junio de 2011

Y después en caballos redomones
que urticaba la prisa de la espuela
galoparon los Chasquis por las calles
de la ciudad donde Dupuy gobierna,
conduciendo papeles que decían:
“el General de San Martín espera
que acudan los puntanos al llamado
de Libertad que les envía América”.
Y firmaba Dupuy, sencillamente,
con la mano civil y la modestia
de quien era varón republicano 
hasta el cogollo de la misma médula.

La burguesía portuaria de Buenos Aires se irritaba por las erogaciones económicas que el Gral. José de San Martín les exigía para la formación del Ejercito de los Andes.
Fueron muchas  las piedras - tan agudas o más que las de los Andes - que Don José debió afrontar para dar cumplimiento a su objetivo libertario e independentista. La clase mercantil porteña fue su enemiga.  Clase de la cual Don Manuel Belgrano en sus “Memorias” dijo: “… para quienes no había más razón ni justicia ni más utilidad ni más necesidad que su interés mercantil; cualquiera cosa que chocara con él, encontraba un veto, sin que hubiese recurso para atajarlo.” Y agregaba: “… el capitalista no conoce más patria ni más rey ni más religión que su interés propio; cuanto trabaja, sea bajo el aspecto que lo presente, no tiene otro objeto, ni otra mira que aquel; su actual oposición al sistema de libertad e independencia de América, no ha tenido otro origen como a su tiempo se verá.” [1] 
ALVEAR Y SAN MARTÍN 
Posadas nombró a Carlos María de Alvear comandante del ejército que sitiaba a los realistas en Montevideo, reemplazando a José Rondeau, pero no asumió el mando de este ejército sino después de la victoria naval de Brown frente a Montevideo, por lo que su actuación militar fue muy breve. Negoció la entrega de la plaza y utilizando un ardid la obligó a rendirse a discreción el 20 de junio de 1814.
La victoria no dio todos los resultados positivos que se esperaban de ella por las crecientes disidencias del gobierno central con José Gervasio de Artigas José Gervasio, el líder de los revolucionarios orientales: éste reclamó que la ciudad de Montevideo le fuera entregada a los orientales. Alvear llamó a Artigas a negociar su entrega, pero Artigas, desconfiando de sus intenciones, envió en su lugar a Fernando Otorgués, que acampó con su división a cierta distancia de la ciudad. Al día siguiente de la toma de la plaza, Alvear avanzó al frente de una división, iniciando tratativas con Otorgués mientras reunía otras fuerzas. Acusó a Otorgués de haber intentado sublevar a las tropas realistas en su contra y atacó en Las Piedras el campamento de Otorgués, cuyas tropas fueron completamente dispersadas. 
Regresó a Buenos Aires y fue ascendido a brigadier general. La Asamblea Constituyente, que estaba en receso casi permanente, declaró al ejército sitiador y a su jefe “beneméritos de la patria con grado heroico”. El gobierno envió parte de las fuerzas del sitio de Montevideo a unirse al Ejército del Norte, cuyo comandante era Rondeau, después de la renuncia de San Martín. A las pocas semanas, Alvear fue enviado nuevamente a la Banda Oriental  Banda a aplastar la oposición armada de Artigas, dirigiendo una campaña compleja. Como parte de esta misión, Manuel Dorrego venció a Otorgués en la batlla de Marmarajá. Esta victoria, que pareció definitiva, significó su regreso a Buenos Aires. Pero Artigas y sus aliados continuaron la rebelión.
A fines de ese año, Posadas lo nombró comandante del Ejército del Norte pero una revuelta de sus oficiales lo obligó a regresar a la capital. 
DIRECTOR SUPREMO
Al ver que no era obedecido, Posadas renunció; la Asamblea nombró Director Supremo a Alvear para que cumpliera el resto de su mandato. El nuevo Director tenía sólo 25 años, y su breve gobierno fue calificado como una dictadura. Entre los que le objetaban se hallaba José de San Martín. Alvear gobernó rodeado de su propia facción, sostenido sólo por la logia secreta a la que pertenecía y los oficiales adictos del ejército. Organizó una red de espionaje y arrestó sin juicio a sus opositores e implantó una severa censura de prensa. Ante una posible conspiración, sin juicio, ordenó ejecutar a un capitán de ejército y colgarlo en la Plaza Mayor. Se rodeó de un boato y ceremonial que contrastaba con la modestia de los gobiernos anteriores, lo que le valió la censura de la opinión pública. Mientras tanto, la oposición crecía en el interior y en la capital. San Martín renunció a su cargo aduciendo mala salud. En respuesta, Alvear envió para reemplazarlo al coronel Gregorio Perdriel, pero éste fue rechazado por el cabildo de Mendoza, que confirmó a San Martín. 
El peor enemigo para la causa del centralismo porteño era Artigas, que dominaba la Banda Oriental y las provincias del litoral. Alvear ordenó evacuar Montevideo. Envió al almirante Brown a proponerle a Artigas, a cambio de la retirada de éste de las provincias del litoral, la independencia de toda la Banda Oriental, como si fuera este pequeño designio el que llevaba el Jefe de los Orientales. El ofrecimiento fue altivamente rechazado.
Simultáneamente envió un ejército para tomar Santa Fe  y, cruzando Entre Ríos, intentar atacar la provincia Oriental. Pero el coronel Ignacio Álvarez Thomas, jefe de la vanguardia del ejército, se puso en contacto con enviados de Artigas y declaró su rebelión contra Alvear, negándose a usar sus propias fuerzas en una guerra civil. Alvear propuso utilizar el ejército que se preparaba para la expedición a Chile y avanzar en la guerra contra los realistas.
La ciudad de Buenos Aires, hasta entonces un bastión del unitarismo, se plegó al movimiento para deponerlo del Directorio, que encabezaba indirectamente San Martín. Alvear debió renunciar a su cargo sólo tres meses después de haberlo asumido del 11 de enero al 18 de abril de 1815, y se refugió en una fragata de guerra inglesa.
Tras estos acontecimiento Alvear había encomendó a Manuel José Gar­cía, una misión diplomática, para entre­vistar con el embajador británico en Río de Janeiro, lord Strangford, para ofrecerle la entrega de las Provincias Unidas como protectorado de Gran Bretaña. 
“La Inglaterra que ha protegido la libertad de los negros en la costa de África, impidiendo con la fuerza el comercio de la esclavatura (sic) a sus más íntimos aliados, no puede abandonar a su suerte a los habitantes del Río de la Plata en el acto mismo en que se arrojan a sus brazos generosos […] Cinco años de repetidas experiencias han hecho ver […] que este país no está en edad ni estado de gobernarse por sí mismo, y que necesita una mano exterior que lo dirija y contenga en la esfera del orden antes que se precipite en los horrores de la anarquía. Pero también ha hecho conocer el tiempo de la imposibilidad de que vuelva a la antigua dominación, por el odio a los Españoles, […] La sola idea de composición con los Españoles los exalta hasta el fanatismo, y todos juran en público y en secreto morir antes que sujetarse a la Metrópoli. En estas circunstancias solamente la generosa Nación Británica puede poner un remedio eficaz a tanto males, acogiendo en sus brazos á estas Provincias que obedecerán su Gobierno, y recibirán sus leyes con el mayor placer, porque conocen que es el único medio de evitar la destrucción del país, á que están dispuestos antes que volver á la antigua servidumbre […]  Yo no dudo asegurar á V.E., sobre mi palabra de honor, que éste es el voto y objeto de las esperanzas de todos los hombres sensatos […] que se acepte para la Gran Bretaña. Sin entrar en los arcanos de la Política del Gabinete Inglés, yo he llegado a persuadirme que el proyecto no ofrece grandes embarazos en la ejecución […] Estas provincias desean pertenecer a Gran Bretaña, recibir sus leyes, obedecer su gobierno y vivir bajo su influjo poderoso. Ellas se abandonan sin condición alguna a la generosidad y buena fe del pueblo inglés y yo estoy resuelto a sostener tan justa solicitud para librarlas de los males que las afligen. Es necesario se aprovechen los momentos; que vengan tropas que impongan a los genios díscolos y un jefe plenamente autorizado para que empiece a dar al país las formas que sean de su beneplácito, del rey y de la nación a cuyos efectos espero que V.E. me dará sus avisos con la reserva y prontitud que conviene para preparar oportunamente la ejecución […]Inglaterra no puede abandonar a su suerte a los habitantes del Río de la Plata en el acto mismo que se arrojan en sus brazos generosos […] Yo deseo que V.E. se digne escuchar mi enviado, Dn. Manuel García, acordar con él lo que V.E. juzgue conducente y manifestarme sus sentimientos, en la inteligencia que estoy dispuesto á dar todas las pruebas de sinceridad de esta comunicación, y tomar de consuno las medidas que sean necesarias para realizar el proyecto, si en el concepto de V.E., puede encontrar acogida feliz en el ánimo del Rey y la Nación. Dios Guíe á V.E. Ms As. Bs. Ays. Eº. Carlos de Alvear. " 
Después de la caída de Alvear en abril de 1915, San Martín emitió este comunicado: “Ilus­tre Cabildo: La destrucción del tirano Go­bierno de la Capital exige demostraciones de júbilo e igualmente de agradecimiento al Ser Supremo, por habernos dispensado su protección para evadimos del coloso que se había levantado para oprimir los sagrados derechos de los pueblos. Es pre­ciso pues que Vuestra Soberanía, se sirva disponer que para el domingo 30 haya en la Iglesia Matriz una misa solemne con Te­deum a la que se servirá Vuestra Soberanía asistir a tributar las gracias debidas.”

Las páginas de la “Gaceta de Buenos Aires hacen referencia a la colecta para reunir fondos para financiar las campañas militares; los más humildes a la cabeza: "La esclava María Eusebia Segovia, con licencia de su amo, ha donado un peso fuerte y se ofrece como cocinera de las tropas" ; "El pardo Santos González, de 10 años de edad, dona 4 reales";  "Juan José Gómez obló un peso y su par de zapatos para que sirvan a algún soldado, también se compromete a dar 4 reales mensuales por espacio de cuatro meses." Son "los que nada tienen, todo lo dan por la revolución", dirá Juan José Castelli. Y decía Mariano Moreno en dicho periódico comentando estos avi­sos: "Las clases más pobres de la Sociedad, son las primeras que se apresuraron a porfía a consagrar a la Patria una parte de su escasa fortuna;  empeza­rán los ricos las erogaciones propias a su caudal y de su celo, pero aunque un comerciante rico excite la admiración por la gruesa cantidad de donativo, no podrá disputar ya al pobre el mérito recomendable de la prontitud de sus ofertas". [2]
LA HISTORIA PUNTANA 
Nuestro Libertador también encontró franco y sincero eco en el pueblo llano y así quedó registrado en la historia puntana. San Luis, fue la primera provincia argentina en adherir a la Primera Junta Patria de 1810; la parte activa de su población, 2.185 soldados, sobre un total de 16.000 habitantes, sirvió a la causa de Mayo. Durante 1812 San Martín se ocupa de instruir a la tropa que formará en el Regimiento de Granaderos a Caballo y el 23 de septiembre de ese mismo año, la provincia de San Luis  aporta al Regimiento 111 reclutas, al mando de Tomás Baras y en el mes de noviembre llegó otro contingente con 93 voluntarios más de San Luis, conducidos por el capitán José Narciso Domínguez. Eran hombres de Morro, de Renca, de La Toma, La Carolina y La Estanzuela, de las villas de Merlo y Piedra Blanca, del Paso del Rey, de Cortaderas, de Nogolí y San Francisco, de todos los villorrios y aldeas sanlusinas.  
Y, los Chasquis partieron, con el poncho 
como un ala flotando en la carrera, 
hacia todos los rumbos provinciales 
por los caminos de herradura o huella, 
ignorantes del sol y la fatiga, 
sin pensar en la noche o la tormenta; 
llegaron hasta el Morro por la tarde 
y por el alba cabalgaron Renca 
y entregaron mensajes en La Toma, 
en La Carolina y La Estanzuela, 
en las villas de Merlo y Piedra Blanca, 
en el Paso del Rey y Cortaderas, 
en Nogolí también y San Francisco, 
en cada población y en cada aldea, 
y en estancias y oscuras pulperías 
y en velorios, bautizos y cuadreras, 
donde quiera paisanos se juntaran 
en solidaria diversión o pena.    
Escribe el Capitán Tomás Baras al Teniente Gobernador de San Luís, don José Lucas Ortiz, el 23 de julio de 1812: Señor Teniente Gobernador:
[…] Que le es constante a todo este vecindario mi numerosa familia de once hijos menores, de quien soy tutor. También mi excesiva mole (obesidad) que me impide la actividad y al mismo tiempo mi enfermedad de ahogos, que por ella me es gravoso el temperamento de la Capital de Buenos Aires. Pero a todos estos gravísimos obstáculos para seguir la carrera militar, se anteponen mis ardientes deseos de servir a mi amada Patria, aunque pierda hijos, subsistencia y la vida. Y máxime en la época que la Divina Providencia nos ha librado de la furia sanguinaria que nos tenían tramada los europeos en la Capital, para exterminar nuestro Superior Gobierno y acabar con nuestra floreciente nación y privarnos de la libertad, apoderarse del Estado y sepultarnos en el olvido. Estas justas reflexiones, y otras, me dan nuevo ánimo y se vivifica mi espíritu lleno de entusiasmo para dar una prueba del patriotismo y adhesión a nuestra sagrada causa que defendemos con tanto honor y por lo mismo es favorecida del Cielo. Y así, no teniendo mi persona por ahora otra cosa en que le pueda ser útil, la ofrezco gustosa y de buena voluntad, para que si usted la hallase apta en el servicio militar, en mi clase de Capitán, podré ayudar a la conducción de los cien Granaderos voluntarios que de éste mi pueblo remite usted a la Capital, sin que se me asigne préstamo ninguno; y me conduciré hasta mi regreso a ésta, con caballos y peones a mi costa, a fin de ahorrarle al Estado siquiera este oficial subalterno […] 
 La historiografía nacional poco detallan de lo contribuido por los sanluiseños en la campaña libertadora. La participación de hombres en esta cruzada emancipadora es intensa. “El puntano resultó un excelente soldado, duro y disciplinado, diestro con el arma blanca, curtido en la vida a la intemperie y dispuesto a colaborar en la gesta independentista.” [3] 
Y los hombres dejaban el arado, 
o soltaban azada o podaderas, 
o la hoz que segaba los trigales, 
o la taba o el truco en la taberna, 
o el amor de las jóvenes esposas, 
o la estancia feudal, o la tapera, 
o el cedazo que el oro recogía 
cuando lavaban misteriosa arena, 
o el telar, o los muros comenzados, 
o el rodeo de toros en la yerra, 
para ir hasta el valle de las Chacras 
donde oficiales anotaban levas. 
Y hasta había mujeres que llegaban, 
con vestidos de pardas estameñas, 
al umbral de Dupuy para decirle: 
“Vuesa Merced conoce mi pobreza, 
yo no tengo rebaños ni vacadas, 
ni un anillo de bodas, ni siquiera 
una mula de silla, pero tengo 
este muchacho cuya barba empieza”  
En octubre de 1815, San Martín contaba con 2800 hombres provistos por todas las provincias cuyanas y aseguraba que con 1600 soldados más tendría probablemente lista la fuerza libertadora.
A mediados de 1816 unos 500 reclutas eran adiestrados en San Luis con destino a Mendoza
Hacia el final de ese año la contribución total en hombres por parte de San Luis al Ejército de los Andes alcanzó la cifra de 1300 soldados que se agregaron a los anteriores, distribuidos en el Escuadrón de Granaderos a Caballo, tres de las compañías del regimiento N° 11 y 12 de los escuadrones de milicias auxiliares.
Cuando el Gral. San Martín, nuevamente se dirigió a San Luís pidiendo más soldados y ayuda de todo tipo para poder continuar con su proyecto de emancipación, la provincia entregó lo que tenía en ganado, herramientas, telas para uniformes, ponchos, armas y lo más preciado, sus hijos.
En octubre de aquel año, el teniente gobernador coronel Vicente Dupuy, [4] organizó un campamento de voluntarios en las Chacras (actual localidad Juana Koslay) para realizar maniobras militares en la vieja casona de la familia Osorio, donde se alojó el Libertador. Dupuy instaló un pequeño comando, armería, hospital y almacén para abastecimiento de los futuros escuadrones. Allí se reunieron los granaderos puntanos, entre ellos Juan Pascual Pringles, el héroe de Chancay. [5] 
Pero no sólo soldados se concentraron en ese lugar, porque incontables y anónimos brazos sanluiseños de hombres, mujeres, niños, jóvenes y ancianos, blancos, indios, negros y mulatos,  trabajaron el la fabricación de sables, herramientas y monturas, cada uno aportó sus conocimientos; peones, estancieros, curtidores, caperos. 
Según el maestro e historiador Víctor Saá,. [6] a fines de 1819, la contribución Puntana al Ejercito Libertador ya había superado los 4.000 hombres, 
De Mendoza llegaban los mensajes 
breves, de dura y militar urgencia: 
“Necesito las mulas prometidas; 
necesito mil yardas de bayeta; 
necesito caballos; más caballos; 
necesito los ponchos y las suelas; 
necesito cebollas y limones 
para la puna de la Cordillera; 
necesito las joyas de las damas; 
necesito más carros y carretas; 
necesito campanas para el bronce 
de los clarines; necesito vendas; 
necesito el sudor y la fatiga; 
necesito hasta el hierro de las rejas 
que clausuran canceles y ventanas 
para el acero de las bayonetas; 
necesito los cuernos para chifles; 
necesito maromas y cadenas 
para alzar los cañones en los pasos 
donde la nieve es una flor eterna; 
necesito las lágrimas y el hambre 
para más gloria de la Madre América...”

MONUMENTO AL PUEBLO PUNTANO

El 17 de agosto de 1991 se inauguró el Monumento al Pueblo Puntano de la Independencia. Se encuentra a 13 Km. de la ciudad de San Luis y a 780 metros  sobre el nivel del mar; donde funcionó la Chacra de Osorio, en el Parque Provincial Campamento de las Chacras, actual localidad Juana Koslay
La obra monumental cuenta con el Portal de los Cóndores, la Plaza América, , la Casa Histórica de la familia Osorio, el Anfiteatro Patricias Puntanas y la Reserva Natural Francisca “Pancha” Hernández. 
El hermoso grupo escultórico que lo corona es un homenaje a la generosidad de San Luis y sus mártires. “Para que viva en la memoria del pueblo el recuerdo de quienes en la hora de la Patria, sin distinción de clases, lo entregaron todo, desde la vida, al erario público y bienes personales para la concreción de la libertad americana." 
La importancia de este singular hito histórico - geográfico, está ligado a su pasado como símbolo permanente de la contribución sanluiseña a la Campaña Libertadora emprendida por el General José de San Martín.
COMPOSICIÓN DEL MONUMENTO 
La Plaza América es la Puerta del Parque. Reproduce la geografía Argentina y Americana que fue testigo de la Gesta Sanmartiniana, marcándose especialmente el foco radiante del campamento de Las Chacras. Esta realizada en piedra laja negra y blanca y con granito rojo dragón de las canteras de San Luis. 
El Portal de los Cóndores es el nuevo ingreso, se conforma con dos grandes columnas, “símbolo de la dimensión del espacio, en cuyos extremos, a modo de capitel y como coronación se apoyan sendos Cóndores, ave típica, casi extinguida, de las cumbres puntanas. 
El Claustro del Monumento es un patio circular con galería perimetral, abierto, en el cual se eleva el monumento propiamente dicho. En la parte media posterior de la galería, bajo tres arcadas, se halla un recinto llamado"Memoria Histórica", con la inscripción en placas de bronce de los nombres de los puntanos que integraron el Ejército de San Martín y de los que contribuyeron con bienes materiales. En el claustro, luego de atravesar un corredor de sombras que preparan el espíritu para el encuentro con la Historia, en un muro de mármol, en bajorelieve está grabada la oda al pueblo puntano, Digo el Llamado de Antonio Esteban Agüero, poeta que amalgamó en 78 versos historia, geografía, latinoamericanidad y literatura. Recuperó con su versificación precisa a hombres y mujeres anónimos que hicieron la patria, que escucharon el “Llamado” de nuestro Prócer Máximo.
 

El Templete de las Reliquias, cuya bóveda traslúcida sostiene la llama votiva, destinado a la ubicación de reliquias históricas de nuestra Provincia: “Documentos Históricos, el Estandarte de Dragones de Chile y las Cenizas de los Tres Granaderos de Renca, caídos en el combate de San Lorenzo: Juanario Luna, hijo de Crespín y Mónica Mayo, soltero; José Gregorio Franco, hijo de Eduardo y de María Liberata Fredes, soltero y Basilio Bustos, hijo del granadero Lorenzo Bustos y de Lucía Rodríguez, soltero; todos naturales de Renca". 
El Claustro del Monumento es un patio circular con galería perimetral, abierto, en el cual se eleva el monumento propiamente dicho. En la parte media posterior de la galería, bajo tres arcadas, se halla un recinto llamado "Memoria Histórica", con la inscripción en placas de bronce de los nombres de los puntanos que integraron el Ejército de San Martín y de los que contribuyeron con bienes materiales. En el claustro, luego de atravesar un corredor de sombras que preparan el espíritu para el encuentro con la Historia, en un muro de mármol, en bajorelieve está grabada la oda al pueblo puntano, “Digo el Llamado” de Antonio Esteban Agüero, poeta que amalgamó en 78 versos historia, geografía, latinoamericanidad y literatura.Recuperó con su versificación precisa a hombres y mujeres anónimos que hicieron la patria, que escucharon el “Llamado” de nuestro Prócer Máximo.
 El pináculo está organizados en “un haz que se eleva como símbolo de los muchos y fuertes brazos que sostuvieron la sacrificada Gesta Puntana, aparecen cuatro bloques de granito con imágenes de los elementos fundamentales de la gesta: La Presencia Hispánica, La Institución Capitular o Cabildo, el Aborigen o Natural de la Región y el Medio Natural.” Coronando el basamento, el grupo escultórico representa el Pueblo Puntano en su conjunto, en actitud de ofrenda: el cabildante, el sacerdote, el postillón, el peón, el arriero, la artesana, el miliciano rural, el granadero y la figura del gobernador don Vicente Dupuy. Culmina en una figura humana, elevándose por sobre el grupo, custodiada por el símbolo heráldico de los venados, que representa el heroísmo puntano en valiente decisión de entrega a la esperanzada lucha por la libertad. [7] 
El lugar también es un espacio de esparcimiento para que la historia se celebre en sus patios y jardines, al humear criollo de una parrilla y al aroma de una hogaza de pan recién horneado en un horno de barro.
*** *** **
Y San Luis obediente respondía
ahorrando en la sed y la miseria;
río oscuro de hombres que subía;
oscuro río, humanidad morena
que empujaban profundas intuiciones
hacia quién sabe qué remota meta,
entretanto el galope levantaba
remolinos y nubes polvorientas
sobre el anca del último caballo
y el crujido final de las carretas.
Y quedaron chiquillos y mujeres,
sólo mujeres con las caras serias
y las manos sin hombres, esperando... 
en San Luis del Venado y de las Sierras.     
                                        Antonio Esteban Agüero
                                      De “Un hombre dice su pequeño país” 
Antonio Esteban Agüero nació en Piedra Blanca, provincia de San Luís, el 7 de febrero de 1917. Se graduó de Maestro Normal Nacional en la Escuela Normal "Juan Pascual Pringles" de la ciudad de San Luis. Su vocación literaria se manifestó a temprana edad, los primeros relatos y poemas datan desde sus quince años. En 1937 se publica su primer libro, "Poemas Lugareños”.
Desde 1938, colaboró en el suplemento dominical del diario "La Prensa" (Buenos Aires), y en numerosas revistas y periódicos argentinos y extranjeros: "La Nación" (Chile), "El Comercio" (Perú), "El Hogar", "Mundo Argentino", "Vosotras", "Los Andes", "Los Principios", "Ideas" (San Luis) y "Revista de San Luis", entre otras.
En 1960 el diario "Clarín" de Buenos Aires otorgó al poeta, por voto unánime de los tres jurados: Jorge Luis Borges, Enrique Larreta y Fermín Estrella Gutiérrez; el premio del Sesquicentenario de la Revolución de Mayo a su poema "Un hombre dice a su pequeño país".
Poeta y prosista comprometido con la naturaleza y con lo social, con un manejo exquisito del castellano obtuvo distinciones por varios de sus trabajos: por "Retrato de un dama" obtuvo el 1º Premio de Poesía y Medalla de Oro, 1947, de la Dirección General de Cultura de Córdoba; "Las cantatas del árbol" y "Romancero de niños" fueron galardonados con el 1º Premio Nacional de Literatura Regional, máxima distinción a que puede aspirar un escritor residente en el interior del país. En 1958, la Dirección Nacional de radiodifusión le otorgó la Medalla de Oro por la mejor conferencia de carácter histórico.
Desempeñó importantes cargos públicos en su provincia: presidente del Consejo Provincial de Educación (1955/56), Director de Cultura (1957), Ministro de previsión Social y Educación (1957), Ministro de Gobierno (1958/59) Entre sus publicaciones se destacan: "Poemas lugareños" (1937), "Romancero Aldeano" (1938), "Pastorales" (1939), "Romancero de niños" (1946), "Cantatas del árbol" (1953), "Un hombre dice a su pequeño país" (1972), "Canciones para la voz humana" (1973) y "Poemas Inéditos" (1978) Estas tres últimas obras fueron publicadas póstumamente por su segunda esposa, Rosa Romanella de Agüero.
Falleció el 18 de junio de 1970. Sus restos descansan en el cementerio de Merlo. Ese año recibió el título de Doctor Honoris Causa Post-Mortem de la Universidad Nacional de San Luis, por Resolución Rectoral Nº 109 del 28 de Setiembre de ese año.
Numerosos escritores y críticos argentinos y extranjeros se han ocupado de la obra poética del poeta puntano: Juana de Ibarbouru, Fermín Silva Valdés, José Vasconcelos, Enrique Larreta, Abelardo Arias, Ernesto Sábato y Jorge Luis Borges, entre otros.
Su primer matrimonio se efectuó en México, el 4 de enero de 1952 con Elia Barbosa Fernández, madre de su única hija, la doctora María Teresa Agüero.
Sus versos sobre las cosas de nuestra tierra se hicieron música gracias a Peteco Carabajal que, junto a la voz de Mercedes Sosa, llevaron su poema “Digo la Mazamorra” a todos los rincones del mundo.
En 2006 el senador Adolfo Rodríguez Saa presentó ante el Senado de la Nación mediante el Expediente Nº 4591/06, el Proyecto de Resolución promoviendo “Rendir homenaje a la memoria de Don Antonio Esteban Agüero, ilustre poeta puntano, al cumplirse el próximo 7 de Febrero el 90° Aniversario de su Natalicio.”
La Argentina aún le debe un homenaje a Antonio Esteban Agüero, que no debe quedar sólo en lo lugareño, sino trascender fronteras.
La Casa-Museo del Poeta Antonio Esteban Agüero se encuentra en la Villa de Merlo; partiendo de la rotonda de entrada, en la intersección de las rutas provinciales 1 y 5, dirigiéndose en sentido norte por calle Poeta Agüero hasta la esquina con Marqués de Sobremonte. Casona de estilo colonial de fines del siglo XIX., con gruesas paredes de adobe, techo de tejas, galerías con arcos de medio punto y un aljibe en el patio. Conserva sus muebles, algunos escritos originales del poeta y fotografías de distintos momentos de su vida.
CONCLUSIÓN 
La Gesta Sanmartiniana, su adalid y todos los que en ella participaron, directa e indirectamente, de cerca o a la distancia, con el sable, con la pluma o la palabra, merecen nuestro homenaje. Y también merecen un homenaje los que tras los años, las décadas, los siglos trabajaron y trabajan desinteresada, pero patrióticamente por la Memoria y la Tradición, sin las que no tendríamos Patria ni Nación.

Prof. Chalo Agnelli
fotografías del autor
Quilmes, 25 de junio de 2011
Biblioteca Popular Pedro Goyena, 17 de agosto de 2013

BIBLIOGRAFÍA
Galeano, Norberto. “Seamos libres y lo demás no importa nada - Vida de San Martín” Colihue Grandes Biografías. Bs.As. 2007.
Mitre, Bartolomé. “Historia de San Martín y de la emancipación sudamericana”. Ed. Homenaje de Anaconda. Bs. As. 1950.
Rojas, Ricardo. “El Santo de la Espada” Ed. Losada. Bs.As. 16.8.43

NOTAS

[1] Belgrano, Manuel. “Autobiografía y otras páginas” EUDEBA. Bs. As. Agosto de 1966. Pp.: 27 a 29
[2] Mariano Moreno. “Escritos Políticos”. La Cultura Argentina. Buenos Aires. 1915
[3] APORTE PUNTANO A LA GESTA SANMARTINIANA. http://www.oni.escuelas.edu.a
[4] Coronel Vicente Dupuy. Teniente gobernador de San Luis 1814-1820. Nacido en Bs. As 1774. De joven entró en la carrera militar, participando en las invasiones inglesas. Apoyo el pronunciamiento  del Mayo de 1810, ascendido  a Capitán, hizo la campaña de La Banda Oriental y en 1814  fue designado teniente gobernador de San Luis en 1814. Comienza su actuación en suelo Puntano. Colaborar de General San Martín en la realización de la doble epopeya de Chile y de Perú. En 1815  logra organizar las milicias puntanas, enviado hombres a Mendoza para el Ejercito y reuniendo donaciones de mulas, caballos y alimentos. Coincide el año 1815 con la designación de Pueyrredón como diputado de San Luis al congreso de Tucumán, en tanto los aportes puntanos para la campaña libertadora de Chile, no se detienen, con los que y otros provenientes de distintos lugares del país, logran las victorias de Chacabuco y Maipú en 1817. Ordeno la realización de una acequia o canal, que desde San Luis llevó agua a la posta de Balde, nombrado la misma “La Dupuyana”. En febrero de 1819 soporto la sublevación de un grupo de prisioneros realistas, aplastando la rebelión. En 1820 se lo desplazó de su cargo y se incorporó al Ejército en Mendoza, para la campaña del Perú. Fue premiado con la Legión  del Mérito de Chile y la Orden del Sol del Perú. Falleció en Bs.As en 1843.
Gez, Juan W. “La Tradición Puntana”. San Luís. 1910.
[5] Cada 17 de mayo, se evoca el natalicio del Coronel Juan Pascual Pringles y se celebra el Día del Granadero Puntano, con la presencia del Escuadrón de Granaderos a Caballo Gral. San Martín, a fin de recordar a los valientes puntanos que forjaron el camino de la independencia y la libertad, dando su vida por la patria.  
[6]  Ver: “San Luis en la Gesta Sanmartiniana” de Víctor Saa, maestro e historiador. Nació en San Luís en 1897, muere en la misma provincia en 1982. Otras de sus obras publicadas fueron: “¿Cuál es nuestro escudo?” 1937, “Documentación sobre el brigadier Gral. Estanislao López”, que mereció el segundo premio  medalla de plata 1938, “Colaboración de la Provincia de San Luis en la campaña de 1933, “Contra Los Indios” 1941, “San Luis, ciudad-cabildo 1594-1800 por el cual se otorgó medalla de oro “Pueblo de Armas” 1° premio (San Martín, Mendoza) 1951, “Del Revisionismo Histórico” en 1954, “San Luis” 1832-1862, “San Martín, arquetipo hispánico de Héroe Cristiano” 1942, “El Chacho en San Luis” 1954.
[7] http://ministerios.sanluis.gov.ar

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