viernes, 25 de noviembre de 2011

DON CARLOS HILLNER Y DECOUD - EL DORADO Y EL MUSEO DEL CARRUAJE


  Prof. Chalo Agnelli
 
Carlos Hillner y Decoud nació el 14 de diciembre de 1880 en Buenos Aires. Su padre Heraclio Pedro Hillner era de origen suizo y su madre Justa Petrona ( o Petronila) había nacido en el Paraguay en 1837, era hija de Pedro Decoud y de María Ramona Egusquiza. Pedro y sus quince hermanos, sus numerosos primos y sobrinos, poseían una de las  más considerables fortunas del Paraguay. Era hijo del capitán  Juan Francisco Decoud (de Coud) muerto el 18 de junio de 1831 y de María Faustina de Berazategui. [1]

"VENTURA" DECOUD
Opuesto al régimen de Francisco Solano López, Buenaventura “Ventura” Decoud, hermano de Pedro, se exilió con su familia en Buenos Aires y durante la cruenta guerra de la triple alianza se enroló al ejército argentino. Luego participó activamente en la reorganización del Paraguay y perteneció a la comisión que redactó la Constitución de ese país. Promovió la creación de la Universidad Nacional en 1889. Fundó el periódico “Regeneración” donde se publicaron artículos y monografías de notorios intelectuales argentinos.
A pesar de la enemistad con los López, en su libro “Conversaciones con Elisa Lynch”, cuenta Guido Rodríguez Alcalá que: “Don Buenaventura, el cónsul, y su hermano Pedro Nolasco formaron con el general López una empresa de carácter público y privado al mismo tiempo.”
Don Carlos era medio hermano de Arsenio López Decoud [2] (1867-1945) hijo de Benigno López Carrillo fusilado por orden de
su hermano el mariscal Francisco Solano López Carrillo (1827-1870), de quien era secretario y que fue el segundo presidente constitucional de la República del Paraguay, en el período 1862 - 1870.

HERACLIO PEDRO HILLNER
La madre de Hillner y Decoud, Justa Petrona Decoud Egusquiza, a quien el terrateniente homenajea en el Museo quilmeño, había
estado casada en primeras nupcias con el comandante de artillería Benigno López Carrillo con quien tuvo tres hijos Rodolina, Adela y Arsenio que fue un notable escritor y diplomático de su país. En 1868, Benigno se vio involucrado en un complor contra el Mariscal López y fue fusilado por intentar una paz negociada con los países en guerra a espaldas de su hermano.
Petronila en los primeros años de la guerra participó de las “Residentas” del pueblo paraguayo, siguiendo al Mariscal y a la Nación toda. Sobreviviente del exterminio en las selvas paraguayas, y del asesinato de su marido, obtuvo en 1969, un salvoconducto y cien mil pesos fuertes y se estableció en Buenos Aires, donde adquirió una casa en al calle Suipacha al 500. 
En 1878, se volvió a casar con Heraclio Hillner, comerciante suizo-alemán, de este matrominio nació Carlos Hillner y Decoud.
El padre de don Carlos, quizá, perteneció a ese primer grupo inmigratorio de suizos que llegaron a la argentina después de 1877 a satisfacer los deseos de aquella generación sarmientina que estimulaba el arribo de "inmigrantes rubios". Entre ese año y 1889 llegaron al país 2171 suizos de los distintos cantones: Valais, Vaud, Argovia, Berna, Zurich y Ginebra.
Estas eran las vinculaciones familiares, sociales, políticas y económicas que rodearon el nacimiento "dorado" de don Carlos.
Doña Petronila murió en 1925.

LA INFANCIA
Su infancia transcurrió en la pampa bonaerense, donde cobró gran amor por la naturaleza y los caballos, pero luego fue enviado a estudiar a Europa, estudió en París hasta los 15 años. Estudió un año en el Colegio de Agricultura de Ipswich en Suffolk, Inglaterra. A los 17 años regresó al país. A poco de llegar y a edad muy temprana su madre lo hizo responsable de los intereses de la familia y se incorporó, por su parentesco con las encumbradas familias argentinas de los Decoud Domecq y los Machaín, quienes lo introdujeron en los circuitos sociales donde fue reconocido por su espíritu afable, don de gentes, natural aristocrático, pero sin falsas pretensiones, y por una elocuencia charlista para quien no había tema ajeno, lo cual ponía en evidencia su elevada educación. Adquirió una calera en Chubut Y luego se dedicó al negocio inmobiliario.

QUILMES
Integró los directorios de varias sociedades anónimas, ocupando altos cargos en "Quilmes Inmobiliaria", la empresa encargada de los intereses inmuebles de la corporación Bemberg. En sus años de estudiante en Europa había entablado amistad con Otto y Federico Bemberg, hijos del fundador de la empresa Cervecería Argentina Quilmes.
Patio de la casona de El Dorado
Este vínculo lo acercó a Quilmes, se apasionó de la bonanza del lugar, del clima y la proximidad con el Río de La Plata.
La vida rumbosa no le había hecho olvidar la llanura pampeana donde había transcurrido parte de su infancia, pero sus obligaciones no le permitían residir en el interior de la provincia ni en alguna de las estancias que poseían sus parientes y Quilmes que, en las dos primeras décadas del siglo XX, conservaba la vida bucólica era el lugar apropiado para residir, cerca de las dos capitales y de sus  intereses empresariales.

EL DORADO
Enterado que se vendía una hermosa propiedad al SO del pueblo, rodeada de una arboleda magnífica, fue a visitarla y se encontró que en uno de los pilares que soportaba las rejas de la entrada, unas mayólicas indicaban el año de fundación de la importante casona que se levantaba en el lugar, "1880", coincidía con el año de su nacimiento de modo que lo creyó providencial e inmediatamente es meró los trámitespara adquirirla. La extensión limitaba con “El Excelsior”, el jocundo vivero frutícola [3] de Roberto Clark de quien, además de vecino, fue amigo (Ver en este blog "Antecendentes de El Dorado)
En 1927 bautizó la chacra “El Dorado”. Luis Dorado fue un rico comerciante boliviano establecido en Buenos Aires que había hecho construir la importante casona - que aún se levanta allí - como residencia de verano. Primero compra tres cuartas partes de la propiedad, 12 manzanas, aproximadamente y en 1931 adquiere el resto de la quinta original.
Con ese nombre, quizá también quiso aludir a la mítica leyenda de "El Dorado", esa tierra de maravilla que buscaban los descubridores y conquistadores españoles a llegar a América, donde suponían un río donde fluía aguas que daban la vida eterna, un lugar de paz y abundancia perenne  
También era dueño del Haras Argentino en Luján donde tuvo origen su colecciòn de carruajes.
El mismo año que puso nombre a la importante propiedad campestre, don Carlos comenzó construir las caballerizas y las cocheras donde reunió una significativa colección de carruajes de tracción a sangre. Instaló un polígono de tiro, un invernáculo donde progresaban almácigos que adquiría de distintas partes del mundo, afición que compartía con Federico Otto Bemberg. 
La obra llevó a don Carlos diez años. Había habitaciones de huéspedes, de recreación y dependencias para los peones. "Tenía frente a las caballerizas, un potrerito circular de unos 80 m. de diámetro, cerrado con postes de madera dura, trabajados al torno, y rematados por relucientes esferas de bronce pulido, de unos 25 centímetros de ancho. En él pasaban su vida tranquilos y descansados sus caballitos 'jubilados'". Sus dos caballos preferido fueron "Jupy" y "Dandy" cuyos nombres se perpetúan en los boxes que habitaron. Entre la caballeriza y la sala de monturas se encuentra el pórtico que conserva la fecha en que se construyeron las instalaciones y el nombre de su inspirador. Los altos relieves que muestran dos torsos de caballos, adornaron la entrada de un chateau francés demolido.
Al sur de las cuadras y boxes de roble macizo mandó levantar un suntuoso chalet [4] en el mismo estilo con elementos de mayor confort que la vieja casona de los Dorado, sobre la avenida La Plata y la calle Laprida, que destino para casa del mayordomo y los peones y hoy es la Escuela Agropecuaria Nº 1 de Quilmes, y que la casona (contemproánea a la de los Dorado) que era parte de la propiedad, hecha construir por doña Lía Harilaos de Elía sobre la actual avenida Calchaquí (luego restaurante y salón de fiestas)
Cuadras y boxes del Museo del Carruaje
La estupenda edificación es ideada por don Carlos es una replica anglo-normanda que remeda rincones campestres de la Inglaterra victoriana y la Bretaña francesa.
La mayoría de los materiales de construcción fueron traídos de Europa. Él mismo los adquirió en demoliciones de grandes caballerizas que dejaban paso al inevitable progreso marcado por el automóvil. 

LOS CARRUAJES
En 1920 había comprado su primer carruaje y durante años incrementó su colección de caballos de raza y coches de tiro adquiridos de remates y colecciones particulares en Argentina, Uruguay y también en Europa.
La colección original que persiste la componen 17 carruajes construidos entre 1860 y 1900. Todos cuentan con todas sus piezas originales. Uno de los vehículos, un Tamdem, fue construido en Francia, posee 4 asientos de pana y llantas de gomas. Es un coche deportivo único en el país y de los pocos que quedan en el mundo. En esas suntuosas cuadras estaban los arneses y el carruaje que la Infanta Isabel utilizó durante su permanencia en Buenos Aires y que pertenecieron a la cochera de la Presidencia de la Nación. El conjunto se completa con una exhibición de arneses y monturas adquiridos en Europa y en añejas estancias bonaerenses, sobre todo de las familias Ayerza, Anchorena y Cullen.
Estos vehículos a tracción a sangre tuvieron durante el siglo XIX caracteríticas propias al uso que se les daban y en las dos o tres últimas décadas se agregaron elementos y materiales de lujo que señalaban status no sólo confot.
Eso se aprecia en colección de don Carlos: Spider, Dog-Cart (transportaba debajo de los asientos los perros de caza), Tirbary, Duc de Dames, Breack de Dressague, Mail-Phaethon (para correo privado entre estancias) entre otros modelos que definieron una época del transporte.  
En 1940 dona al Consejo Escolar de Quilmes una casona que se hallaba dentro de sus campos y que en alguna oportunidad había sido posta de carruajes. Allí se instala luego la Escuela Nº 3, fundada en 1883, que siempre estuvo ubicada en zona de chacras alejada del radio urbano. La condición fue que la escuela llevara su nombre “Don Carlos”.  Hay una placa que señala esta donación. Frecuentemente, Hillner Decoud la visitaba con una provisión de útiles y alimentos para el comedor escolar que estableció con enseres de cocina y vajilla para todos los alumnos. En algunas oportunidades enviaba sus tres automóviles Packard, color gris metalizado, para que trajeran a su chalet a las maestras a tomar el té. [5]
También donó escuelas en el pueblo de Pilar y en el Paraguay.
En 1950, Carlos Hillner Decoud cede 90.000 metros cuadrados a la Provincia de Buenos Aires con el fin de instalar una colonia de vacaciones para niños y crear una escuela agraria. 
El ingeniero Ricardo González, gran amigo suyo, explicó en un artículo para el diario El Sol del 31 de julio de 1961, a poco de la muerte de Hillner Decoud, por qué ese predio no perteneció desde un principio a la Municipalidad como era deseo de don Carlos; "para que sirviera a los escolares como amable lugar de veraneo y vacaciones..." Dice González que en 1950, don Carlos en persona pidió audiencia con el Intendente de ese momento que le dió una cita a las 8:30 hs., pasó el tiempo; se hicieron las 10:30 y no fue atendido a pesar de recordar al secretario del funcionario la audiencia establecida previamente. Finalmente, Hillner se retiró ofuscado sin lograr su cometido y Quilmes perdió en esa oportunidad la generosa oferta.
Consecuentemente, poco tiempo después, don Carlos se dirigió al gobierno provincial y concretó el donativo de los 90.000 m2 de los cuales la mitad fue para la Dirección General de Escuelas. Se reservó el usufructo del lugar hasta su muerte. Su sobrino nieto y heredero universal de los bienes, Carlos Sanllorente,  ejecutó el legado. El primer director del museo fue Leovigildo Urribarri Incahasuti.
Esc. Nº 3 "Don Carlos"
En 1953, también legó su casa de la Capital Federal ubicada en la calle Tucumán 1833, para sede de la representación diplomática paraguaya en Buenos Aires.
Carlos Hillner y Decoud  falleció soltero, el 21 de junio de 1961, sus restos yacen, a su pedido, en el cementerio de Ezpeleta en un sarcófago de estilo etrusco labrado en granito con pámpanos y espigas, símbolos de la vida bucólica, agraria, que había mandado realizar en vida y que se colocó debajo de dos frondosos ombúes en una parcela que también adquirida años antes de su muerte.
Afortunadamente en 1978, el museo pasó a manos de la Municipalidad de Quilmes como había deseado en un primer momento su creador. [6]
Este junto con la escuela agraria rodeada de la frondosa arboleda y el Jardín 919 están comprendidos en una propiedad circunscrita por las calles Laprida, Avda. La Plata, O Andrade y Joaquín V. González.

Sarcófago de granito donde yacen los restos de Carlos Hillner Decoud
  Fue un hombre de una generosidad notable, filántropo por vocación, muchas instituciones quilmeñas fueron beneficiadas con sus donativos.   
El 18 de noviembre de 2011 se impuso su nombre al Jardín 919 ubicado en J. V. González 3120 Esq. Laprida, que ocupa parte de lo que fuera su propiedad.

 
Así dice la placa de bronce colocada en el frente de la caballeriza por disposición de don Carlos Hillner y Decoud).


PLEGARIA DEL CABALLO
Después del trabajo y de las fatigas del día, dame albergue en una caballeriza apropiada y limpia.
Cuida de alimentarme convenientemente y de apagar mi ardiente sed.
No puedo participarte cuando tengo sed o estoy enfermo, pero si tu me atiendes yo te puedo servir mas eficazmente, porque tendré mas fuerzas.
Si dejo el pasto o mi alimentación, manda a examinar mis dientes.
No permitas que me corten la cola, pues es mi única defensa contra las moscas y demás insectos cuyas picaduras me atormentan.
En el curso del trabajo, háblame; tu voz es para mi mucho mas eficaz que las riendas y el látigo.
Acaríciame y enséñame a trabajar con buena voluntad. No me fatigues en las subidas, ni me sofrenes bruscamente en las bajadas.
No me cargues demasiado porque al no tener fuerzas para el arrastre hago perder la paciencia del que me conduce y hasta peligra su vida por la rotura de un eje.
No olvides que estoy expuesto a morir en tu servicio en cualquier momento, por eso te hago tales reflexiones.
Trátame con la consideración debida a un fiel servidor y compañero de todos los días.
Si no te entiendo inmediatamente, no te desesperes y no me castigues, pues es fácil que no sea mi culpa. Examina mis riendas, pueda ser que no transmitan correctamente tus ordenes por estar flojas o arrolladas.
Mírame las herraduras a ver si me lastiman o estoy sin ellas.
Cuando por la edad me encuentro débil o invalido y ya no puedo serte útil no me condenes a morir por hambre y si fuera necesario mátame tu mismo para que mis sufrimientos sean menores.
Perdóname haber ocupado tu atención con esta mi humilde plegaria que te ruego no olvides, y que te la hago respetuosamente, invocando a aquel que nació en un pesebre.

Profesor Chalo Agnelli
chaloagnelli@yahoo.com.ar
28/10/2002 - 25/11/2011
Fotos del Ing. Rodolfo Cabral
BIBLIOGRAFÍA.
Alsina, Juan A. “La inmigración europea en la República Argentina”. Buenos Aires 1898.
Devicenzi, Francisco J. “La Catedral. El Museo del Transporte. El Dorado. El Museo Alte. Guillermo Brown.” Junta de Estudios Históricos de Quilmes – Apuntes y recuerdos para la historia lugareña. Autores de los trabajos: Miembros de la Junta de Estudios Históricos de Quilmes. Universidad N. de Lomas de Zamora. L. De Zamora, junio de 1988.
Número aniversario El Sol, agosto 1966.
Número extraordinario El Sol, de agosto de 1967 Pág. 18.
www.martin.romano.org /Person Sheet.
http://www.lavoz.org.ar
NOTAS

[1] Cutolo, Vicente “Diccionario biográfico argentino”. Ed. de autor. y
-->Santillán, Giego A. de. “Gran Enciclopedia Argentina”. Tomo II EIDAR Buenos Aires, 1956
[2] Periodista y político paraguayo
[3] Hoy complejo comercial y de cines Jumbo
[4] Hoy es un local bailable.
[5] Aportes de Marta Rosso de Kelsei hija de Susana Altube de Rosso, directora de la Escuela Nº 3 en 1942.
[6] Laprida y Ricardo Rojas – Quilmes Oeste.

1 comentario:

alejandro dijo...

Por los años 70 con los amigos del barrio solíamos ir a jugar al futbol al lugar, la sombra de los arboles nos ayudaba a no insolarnos, si bien no teniamos un amplio sector para jugar ese deporte por la gran cantidad de arboles pero detrás del museo encontramos un espectacular sitio, para nosotros era un lugar abandonado, la casa principal con una hermosa pileta totalmente abandonada, un día mientras jugábamos al futbol veo un señor que nos miraba ciertamente joven, nos pregunta porque habíamos elegido ese lugar para jugar, ni bien terminamos de jugar me llama y nos enseño todos los carruajes, me conto que eso era un museo que lo contara para divulgarlo, tambien me dijo que era el sobrino de quien era su dueño y ahora era el quien lo heredaba se llamaba tambien Carlos por el. Luego de eso empece a buscar a el grupo de chicos y chicas para ir a jugar al lugar, alli jugábamos a las escondidas, a juegos de prendas y a divertirnos una hermosa edad de los 12 a los 17 años un dìa entere por periódicos que en la entrada de Mar del Plata en un accidente automovilístico fallece don Carlos y pasa a la municipalidad este hermoso predio que podemos seguir disfrutando todos.
Alejandro.