viernes, 20 de abril de 2018

CARLOS CÓRDOBA, SU PARTIDA


Los libros fueron su pasión. Bibliófilo de alma. Donde llegaba, traía con él su paz interior que se desprendía simplemente de su halo por el hecho de estar. Era un hombre claro, sincero, noble. No hablaba mucho, pero su palabra era exacta, precisa y siempre cargada de la oportunidad de aprender a su lado; sin grandilocuencia ni petulancia. Su humildad era superadora y ejemplar.   
Carlos Córdoba fue un imprescindible y desinteresado colaborador de la Biblioteca Goyena, tenía un recuerdo muy tierno de nuestra fundadora Ana Inés Manzo, la querida ‘Pola’. Cuando se resolvió concretar la idea de crear el Museo Bibliográfico, al que primero recurrimos fue a él, y su orientación dio extraordinarios resultados. Carlos fue un activo miembro de EARA – Encuadernadores Artesanales de la República Argentina.
También aportó mucha documentación al blog EL QUILMERO y sus aseveraciones eran enriquecedoras para el transcurrir de la historia quilmeña y su gente.
Son muchas, muchas las personalidades que fueron y son el Capital Social de Quilmes, Carlos Córdoba es sin ningún concepto ambiguo una de las de mayor dimensión.
A todos los que  fuimos sus amigos, sus compañeros de trabajo, sus colegas, sus alumnos y conocidos nos queda su imperecedera presencia.   (Chalo Agnelli)


Es tan grande la tristeza que no puedo dejar de llorar. Con Carlos Córdoba se fue un amigo de ésos que saben acompañar en silencio, abrazar con la mirada, tender el corazón en una mano y acariciar con la otra. Esos a los que el corazón no se les presta, se les da, porque a su vez ellos entregan el suyo. La mirada limpia. La palabra sabia. La compañía, aún en la ausencia. La manta tibia para despejar el frío de la soledad. El abrigo generoso, el amparo protector, la presencia que impone sólo la autoridad del humilde de cuerpo y de mente. El remanso que restaña heridas. La inteligencia inmarcesible, presente. A flor de piel. La integridad, siempre. Hombre y humano en el cabal sentido de la palabra. Pródigo de amor. Pudoroso. Querible y querido. Especial. Amigo. (Graciela Linari)


Chalo Agnelli
20/4/2018
 

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Celi Gonzalez: Y una vez más la ley de la vida arranca y desgarra. Oculto entre libros taciturno tranquilo para hablar. El recuerdo de nuestras charlas. De haber ido juntos a ver los tesoros del kremlin ..,de las veces que viniste a verme cantar. De los libros que me recomendabas ..de la música. Manda saludos por el más allá ....QEDP CARLOS CORDOBA

Anónimo dijo...

Camila Azul Hollmann se siente desconsolada.
Quise estar...quise verte 1 vez mas... pero mi cuerpo no podia moverse...mi corazon hecho peda zos tan pequeños q son imposibles de juntar y pegar...los ojos hinchados de tanto llorar y mi ca beza q se niega a aceptar tu ausencia futura...no ayudaron en nada. Me sumergi en un profundo sue ño involuntario sin pastillas durante todo el sabado su pongo q esperando despertar y q fuese un mal sueño...pero no lo es.Mi queridisi mo Carlos Cordoba x siempre en mi ❤ desde mis 11 años y hasta el fin de los tiempos.Q.E.P.D mi gran amigo,confi dente y protector!.Ya te extraño...pero JAMAS voy a olvidar te!.Me quedo con nuestra última imagen...charlando animadamente en la biblioteca del Q.H.S. Tu lugar q tb fue mio Mi refugio y donde todo dolia menos xq estabas ahi..me es cuchabas y enten dias!.En mi memoria x siempre,en mi 💖 x toda la eternidad!.. Con amor...💕Ani💕 -

Anónimo dijo...

Nancy Castagnini: Querido amigo de tantos años, tantos, éramos unos chicos, no puedo con la tristeza enorme que me provoca saber que te has ido. Siento un nudo en el corazón.
"Quien a sí encadenare una alegría
malogrará la vida alada.
Pero quien la alegría besare en su aleteo
vive en el alba de la eternidad" (W. Blake)
Vivirás por siempre en el alma de los que te conocimos y en la luz de los ojos de los lectores.Gracias por tanto.

Anónimo dijo...

Pato Schandor: Quien puede olvidar los recreos en la biblioteca, las charlas llenas de contención, los consejos, siempre acertados. Marcaste la niñez y la adolescencia de muchas generaciones que encontraban en la biblioteca siempre tu sonrisa.
Me dolió mucho la noticia de tu partida, fuiste el primer bibliotecario que conocí, hablábamos de libro, música clásica, viajes y comida. Fuiste una pieza fundamental en el desarrollo de mi tesis de 5º año. Después de mucho tiempo y de cruzarnos esporadicamente nos reencontramos por este medio, para seguir compartiendo lo que nos gustaba.
Conocías a cada uno de nosotros y sabias que nos gustaba, siempre muy atento con los cumpleaños y las ocaciones especiales.
El ultimo tiempo te cruce seguido, por la Casa de la Cultura o el Roverano. Siempre con un ratito para compartir una charla.
Recuerdo la ultima vez que te vi...
...Caminabas muy lento, con dificultad por Rivadavia, me sorprendí y al verme te paraste y me saludaste con esa gran sonrisa que te caracterizaba. Esa imagen me llevo de vos la sonrisa, buen viaje amigo...

Anónimo dijo...

Cristina Saravia
Querido Carlitos fuiste unico , mente brillante que se destaco a pesar de tu bajo perfil. Estuviste siempre por sobre los demas.Viviste con la inteligencia de preservar tu intimidad. A los que te conocimos desde tus inicios nos quisiste y siempre lo manifestaste.Es el honor de haber compartido tu vida. Estoy segura que en el Cielo se abrieron las puertas grandes de LA CULTURA , para recibirte. Gracias por haberte conocido, todos nosotros te quisimos y queremos. Confio en la Justicia Divina y se que arriba Leo te espera con su sonrisa y los brazos abiertos.

Anónimo dijo...

A los amigos, admiradores y afectos de Carlos Cordoba: transcribo mensaje publicado en la lista profesional de ABGRA en el día de ayer.
Hay colegas con los que interactuamos a lo largo de nuestra vida profesional en distintos ámbitos: las aulas, las reuniones, las listas, la especialidad. A veces se forjan lazos perecederos o esporádicos.A Carlitos (Carletto, como le gustaba firmar o que lo llamen), lo crucé por primera vez hace treinta y pico de años largos en Filosofía y Letras de la UBA. Era imposible no advertir su calidad humana y muy fácil tomarle aprecio y respeto. El rango de compañero y colega devino rápidamente en amistad. De esas que admitían encuentros semanales, mensuales o anuales sin que nada altere las raíces.
Luego tuve la suerte de contar con él como ayudante de una de mis cátedras. Creo que aceptó más por compromiso que por vocación.
Cultivador extremo del perfil bajo, escondía con humildad su conocimiento y sabiduría. Las aplicaba en el ámbito en que desarrolló su carrera: la biblioteca escolar. Luego la ampliaba hacia todo lo relacionado con ella, desde la literatura infanto-juvenil hasta la promoción de la lectura.
La vocación de servicio tuvo en él un excelente y contundente ejemplo.
Completan su retrato personal, sus varios intereses: la música, los paisajes, el arte, las recetas ovo-lácteas y la amistad sincera. Un ser humano luminoso. Han destacado en su perfil de Facebook muchos rasgos de su personalidad. Pero hay coincidencia unánime en uno: su eterna sonrisa.
Aún conmovido por la tristísima noticia de su partida, y con gran felicidad por haberlo conocido, lo despido con otra sonrisa y agradecimiento por haber estado presente tantos años.
Chau Carletto, que puedas seguir cultivando tus aficiones, desparramando sabiduría y contagiando sonrisas donde quiera que estés.
Daniel Spina

Anónimo dijo...

María Mercedes Di Benedetto: Nos conocimos a los 15 años, en la librería de Ida, que era casi una tertulia o una casa de citas bibliográficas. A los 17 exorcizábamos nuestros desamores los sábados a la noche en la vieja pizzería Udine. En momentos en que mi autoestima se arrastraba por el subsuelo, me escribiste una larga carta enumerando mis fortalezas y yo lloré tanto sobre esa letra que la tinta se corrió y las palabras se borronearon. (Carta que desde hace siglos duerme entre las páginas de vaya a saber qué libro en mi biblioteca. Sé que un día me sorprenderá
-me sorprenderás- y me harás creer en mí nuevamente). Ya te estoy extrañando mucho, Carlos querido. Seguramente, como dice Miguel Angel Morelli, la muerte te encontró más curioso que resignado. Un abrazo apretado a tu alma amiga, más angelada que nunca.

Anónimo dijo...

Carlos Dotro
20 de abril

A Carlos Córdoba, como en un último abrazo.

No tenemos un lenguaje para los finales,
para la caída del amor,
para los concentrados laberintos de la agonía,
para el amordazado escándalo
de los hundimientos irrevocables.
¿Cómo decirle a quien nos abandona
o a quien abandonamos
que agregar otra ausencia a la ausencia
es ahogar todos los nombres
y levantar un muro
alrededor de cada imagen.
¿Cómo hacer señas a quien muere,
cuando todos los gestos se han secado,
las distancias se confunden en un caos imprevisto,
las proximidades se derrumban como pájaros enfermos
y el tallo del dolor
se quiebra como lanzadera
de un telar descompuesto.
¿O cómo hablarse cada uno a sí mismo
cuando nada, cuando nadie ya habla,
cuando las estrellas y los rostros son secreciones neutras
de un mundo que ha perdido
su memoria de un mundo.
Quizá un lenguaje para los finales
exija la total abolición de los otros lenguajes,
la imperturbable síntesis
de las tierras arrasadas.
O tal vez crear un habla de intersticios,
que reúna los mínimos espacios
entreverados entre el silencio y la palabra
y las ignotas partículas sin codicia.

Roberto Juarroz