jueves, 18 de febrero de 2010

EDMUNDO FLORENTINO FIERRO, "MÉDICO AVENTAJADO, FILÁNTROPO CONVENCIDO"

Edmundo Florentino Fierro nació en Quilmes el 14 de marzo de 1857, un año después que se aformara la primera municipalidad con don Tomás Flores como juez de paz. Estudió en la Facultad de Ciencias Médicas de Buenos Aires, graduándose en 1882 con la tesis, "Consideraciones sobre la teoría de los gérmenes". Actuó com practicante en la revolución de 1880, por la capitalización de Buenos Aires, a las órdenes del Dr. Damianovich y al egresar con su título de médico se incorporó al ejército como médico cirujano de cuerpo, haciendo la triste campaña de Neuquén con Napoleón Uriburu.
Cuenta José Andrés López en su “Quilmes de antaño”, que sucedió al médico polaco Ricardo Sudnik que había llegado en noviembre de 1879 a acompañar en la pesada tarea a los dos médicos tradicionales del pueblo, el Dr Cueli y el Dr. Wilde. Edmundo estaba recién recibido cuando legó a estas costas. Tenía 25 años y su juventud, su don de gentes, sus afables maneras, correctas y seductoras, le granjearon en muy poco tiempo, el afecto de pueblo y campaña: “su ciencia curaba los males físicos, su corazón curaba los morales...” El 11 de noviembre de 1886 integró la comisión encargada de velar por la higiene en el municipio ante el peligro de otra epidemia de cólera pues se habían dado casos aislados. Lo acompañaban: Indalecio Sánchez, Celestino Risso, Daniel Páez, Antonio Barrera y Fernando Otamendi.
Tanto fue el afecto que el pueblo cobró al joven médico durante los cuatro años que atendió a los enfermos de Quilmes, que su muerte repentina, acaecida el 21 de febrero de 1887, practicando el juego de pelota en el establecimiento de la calle Mitre y 25 de Mayo, desconcertó y apenó por mucho tiempo a todo Quilmes.
Tenía tan solo 29 años lo que exedió el pesar por la perdida, además de el conocimiento y la bonhomía, la juventud. El diario "El Nacional" lo recordó en un breve y sentido artículo.
 Esta pérdida se sumó a la del Dr. Wilde, el año anterior, que a lo largo de más de 30 años había cobrado la fisonomía de prócer y patriarca para los quilmeños.
 En 1905, se erigió en el cementerio local un mausoleo que guarda sus restos, hablaron en esa oportunidad los doctores Pacífico Díaz y José María Cabezón, el coronel Jose A. Espeche y el señor Martín Drake. 
Su corta, pero amplia vida y su proverbial altruismo lo fueron cubriendo con un manto de leyenda y mito al punto que en el 50ª aniversario de su muerte el 21 de febrero de 1936 la comunidad de Quilmes le levantó un nuevo monumento fúnebre en forma de una columna trunca similar a la que se colocó en fecha de su fallecimiento con las leyendas. “El pueblo de Quilmes a su médico” (que estaba en el monolito original) Y en cada un de las restantes tres caras del pie sobre el que se levanta se gravo: “Médico abnegado – Soldado de la patria.// Juventud. Ciencia. Corazón. Vaso colmado de bondad y consuelo. Se prodigó solícito al enfermo, al desvalido, al atribulado. Quilmes le consagra fidelísima conmovida memoria.// Médico aventajado, filántropo convencido. Con su muerte prematura la ciencia vio tronchada una robusta esperanza, los desgraciados perdieron un eficaz consuelo.” 
Su tumba se halla junto a la de una figura principal del arte quilmeño y nacional, la de Carlos Morel.
Por la ordenanza Nº 559 del 14 de setiembre de 1932 se designó con su nombre a la calle Nº 127 bis de la localidad quilmeña de Don Bosco y es la que se extiende al oeste de las vías del FFCC, a lo largo de una única cuadra, desde la Avda. San Martín hasta la calle Pringles y luego se bautizó con este mismo nombre una arteria de Bernal, en Barrio Parque, la Nº 256 al este de las vías del FFCC, entre las calles Las Heras y Mariano Moreno, pasando por la plaza de La Paz, inaugurada en octubre de 1969 por el comicionado intendente Dante Ferrero.
Chalo Agnelli
BIBLIOFRAFÍA
Cutolo, V.O. "Nuevo Diccionario Biográfico Argentino. Ed. Elche 1971
López, José Andrés. "Quilmes de antaño" Ed. de autor. 1932.
Periódicos "El Quilmero" y "El Nacional" 

lunes, 15 de febrero de 2010

CARLOS BENAVIDES Y SU PINACOTECA - "EL QUILMES QUE VIVÍ"



PRESENTACIÓN DE LA EXPOSICIÓN  
“EL QUILMES QUE VIVÍ” 
DE LA COLECCIÓN PRIVADA DE CARLOS BENAVIDES
AÑO DEL BICENTENARIO

JUEVES 11 DE FEBRERO DE 2010 - CASA DE LA CULTURA – QUILMES
 APERTURA DEL PROF. CHALO AGNELLI
Si hay alguien que desde hace año no permite que el olvido caiga sobre la obra artística de pintores locales es Carlos Benavides, este hombre que con esa obsesión indiscriminada que tienen los coleccionistas reunió la pinacoteca más grande en calidad y cantidad sobre artistas plásticos quilmeños de todas las épocas, tendencias y permanencia en la vida del arte.
     A Carlos no le importan, únicamente, las grandes y largas trayectorias, sino que recoge trabajos de artistas, aún con un breve y silencioso transcurrir por la plástica. Lo suyo es la temática y la vida del creador en este suelo. Algunos tuvieron un trazo fugaz sobre la tela, el mármol, el barro, el trozo de madera y luego la vida con sus vericuetos imponderables los atrapó en  sus redes inevitables, mientras que otros siguieron creciendo en la creación y cobrando distintas dimensiones.
     Decía el poeta Fernández Moreno. “Aunque mi verso no labre un surco en las edades que por lo menos arañe la faz del día” lo mismo podríamos decir de algunos de estos plásticos quilmeños con respecto a sus trazos, pinceladas, cincelados...
      Cuenta Enrique Rocca que “Carlos es un coleccionista muy peculiar, ya que entre un cuadro de pintor reconocido que le cueste lo mismo que una obra de un quilmeño desconocido, Carlos se inclina sin titubeos por la segunda opción.”
     El Dr. José A. Craviotto definió con una palabra griega a los que se aferran con un compromiso inmanente al suelo que habitan:
 “HOMONOIA”; ese estado sublime de comunión del hombre con la tierra en un espacio geográfico singular, en virtud del cual adquiere conciencia colectiva de individualidad”.
     Y este es el sentimiento, el estado que tiene Benavides con este lugar del sur bonaerense. Si bien nació en la Capital, a él también, como diría mi abuela con menos filología “le agarró el mal del sauce”
     Desde los 4 años vive en Quilmes, estudió en la escuela Nº 9 y se recibió de perito mercantil en el comercial de Bottaro.
      Un día lo atrapó el duende del vidrio y ya hace 60 años que transcurre su vida laboral y de cooperativista en la cristalería “El Progreso” de Ezpeleta fundada en 1947.
La del coleccionismo es una afición que consiste en la agrupación y organización de objetos de una determinada categoría. Coleccionar no es lo mismo que juntar. Juntar se trata de una acumulación de cosas. Ya si se habla de coleccionar, hablamos de juntar, pero esta vez, ordenando las cosas.
Hay un decálogo del coleccionista de cuyas máximas Benavides responde a casi todas:  
  1. AMA su colección,
  2. SABE del tema,
  3. No posee abundantes MEDIOS ECONÓMICOS, pero ese es el desafío que más lo seduce creo, lograr su cometido “cueste lo que cueste”, en el amplio sentido de la frase;
  4. SE DOCUMENTA. Sí permanentemente ahonda en las pinturas y sus autores, tarea que vengo compartiendo con él desde el 2006, gracias a mis amigos Ricardo Debeljuh y Cristina Oller, que lo llevaron a su programa “Retratos en la ciudad”, encuentro que luego, el 15 de agosto de 2007, en el Museo de Artes Visuales, con el notable artista Enrique Rocca como curador, devino en una extraordinaria exposición de artistas quilmeños. Digo que se documenta, porque a su colección de cuadros se suman infinidad de catálogos, notas periodísticas, críticas, fotografías, tarjetas postales, cartas personales, documentación de artistas cuyos descendientes, familiares o amigos le confiaron porque saben de su celo testimonial.
  5. Contaba con el ESPACIO ADECUADO, y digo contaba porque las paredes y rincones de su amplia casa de la calle Alem, desde el techo al piso están absolutamente cubiertas de obras de arte. Pero de alguna manera ahorra en pintura para paredes, total no se ven.
  6. Su colección es interdependiente al entrañable VÍNCULO de amor con Haydee, con sus hijos, sus nietos, los amigos y el vidrio. Constantemente la recorre y vuelve y revuelve como una paseo plástico entre los intersticios de esos objetos llenos de vida; pues cada tela, cada cartón, tienen trazos realizados por una mano junto a la energía de una idea y la visión particular de una mujer o de un hombre. Y ese es el valor, quizá, menos contabilizado de una obra de arte, la pasión y el compromiso que se puso en concretarla y que Benavides supo encontrar especialmente.
7.      Por último, en ese decálogo del coleccionista, figura la condición de COMPARTIR Y EXPONER la colección y esta, al de hoy, es la tercera entrega que hace Carlos de esa condición. Actitud generosa, pero dificultosa para él en estos momentos donde su salud requiere rigurosa atención y cuidado. De esta manera, con esta muestra extiende un lazo entre la creación plástica, entre sus productores, su transcurrir quilmeño y el público, el observador.
    Esta colección es obra de esa inmanencia, que describe el Dr. Craviotto, de Benavides con Quilmes. Él no es historiador, no es escritor, es, como gusta llamarse, “vidriero”, un hombre seducido por el duende del vidrio que deseó preservar su amor por el terruño a través de las imágenes que otros trazaron. Como todo coleccionista es un documentalista, tanto como los que coleccionamos libros, monedas o estampillas. Los que amamos la historia sabemos del valor historiográfico que tienen las colecciones para develar circunstancias y personalidades del pasado.
     Crecemos con y en los otros. La calidad del propio crecimiento es directamente proporcional a la calidad integral de las personas con que nos rodeamos en la vida. Y esa calidad no está determinada por los conocimientos académicos, los títulos acumulados,  la fortuna material ni el prestigio social que caracterice a una individuo cualquiera, sino por la pasión que ponga en la vida que eligió para sí mismo y eso tiene Benavides, pasión, y por eso vale esta muestra por la pasión de los artistas que ya no están y hoy vuelven a recorrer este salón recuperados por Carlos a quien le agradezco que me honre con su amistad.

 NÓMINA DE ARTISTAS PRESENTADOS EN LA MUESTRA

CHALO AGNELLI
QUILMES, CASA DE LA CULTURA - JUEVES 11 DE FEBRERO DE 2010
AÑO DEL BICENTENARIO

CATALOGO DE LA MUESTRA DE 2007
 

 

LA DINASTIA BEMBERG

por Chalo Agnelli
LOS BEMBERG
 
Otto Santiago Bemberg y su esposa Josefina Elortondo

Pedro Federico Otto Bemberg nació en Colonia (Alemania) hacia 1827, era hijo de Pedro Bemberg y de María Theresa Drug Westhoven. Alrededor de 1847 ocasionalmente visitó Buenos Aires donde poco después se radicó y fundó una empresa de importación y exportación de productos agroganaderos. En 1852 se casó con María Luisa Ocampo y Regueira, heredera de una de las mayores fortunas del país y regresó a Europa donde nació su hija mayor Rosa.
En 1858, poco después de su regreso al país nació su segundo hijo, Otto Sebastián, al que le siguieron Luisa y Herman.
En 1870, creo la industria de destilación del alcohol de maíz con capitales franceses, la fábrica se levantó en el paraje de Conchitas, partido de Quilmes (hoy Hudson, partido de Berazategui) en 1886, bajo la dirección del mismo Pedro F. O. Bemberg.
En sociedad con su hijo, Otto Sebastián (1858 – 2/5/1932) creó la Brasserie Argentine Quilmes, o Cervecería Argentina de Quilmes. Pedro Federico Otto Bemberg falleció en 1895
Otto Sebastián personalmente buscó el lugar apropiado para su empresa.
Se casó con Josefina L. Elortondo y Armstrong hija de Isabel Francisca Armstrong Villanueva (bautizada el 16.10.1829 - falleció el 1.7.1899) y de Federico Elortondo, estanciero, banquero Y propietario de campos del sur de la provincia de Santa Fe. En el año 1890, dichas tierras fueron mensuradas y divididas en chacras que se entregaron en alquiler a inmigrantes (españoles en su mayoría), sin opción de compra. Fueron sus hijos: Federico Otto (3.8.1885-1949) casado con Jovita García Mansilla; Otto Eduardo Isidoro (23.6.1887 - 1932) casado con Sofía Bengolea Arming; Luis Emilio María Gonzalo (1891-1935) casado con Suzanne Hely D´Oiseel Mandell; Jorge Mario José Agustín (1893-1969); María Rosa Josefina Mónica (1896-1986) casada con el marqués Octave Marie Hubert De Ganay Béhague; y Marie Francoise (?)
 Gran parte del año vivían en San Isidro en la casa que había levantado los Elortondo en 1867. Era una construcción de una planta organizada alrededor del patio central, y con la galería mirando al río, con todas las remembranzas de la casa criolla-colonial. En 1938 los Bemberg-Elortondo donaron esta propiedad al arzobispado para la formación de sacerdotes. La casa pasó a funcionar como pre-seminario a cargo de la congregación de la Virgen Niña.
Otto Sebastián falleció en Francia el 2 de mayo de 1932, al poco tiempo muere su esposa. 
 Federico Otto Bemberg Elortondo se casó el 10.4.1919 con Jovita J. García Mansilla. Tuvieron dos hijas. Otto Eduardo Bemberg Elortondo se casó el 10.11.1913 con Sofía Elena Bengolea Arning, nacida el 11.2.1890, hija de Abel Avelino Bengolea Llobet y de Sofía T. M. Arning Lawson. Tuvieron cinco hijos, entre ellos a María Luisa Bemberg famosa directora de cine, escritora y actriz (14.4.1922 - 7.5.1995) Casada el 17.10.1945 con Carlos María Miguens. Los hermanos Bemberg de la tercera generación se hicieron cargo de la empresa cervecera en 1909, el primogénito, Federico Otto, hasta su expropiación. 
Se detallan los nombres y apellidos de las esposas para mostrar como esta familia de origen alemán se vincula matrimonialmente con familias de fortuna, netamente argentinas de origen hispano.
“La familia Bemberg después de 120 años de permanencia en nuestra ciudad, vendió parte de las acciones a otra empresa cervecera en el año 2006 y dejó la empresa; quizá todo eso forme parte del mundo globalizado en que vivimos, pero los que un día fuimos a buscar el hielo o un barril a la fábrica y allí dentro, en su boliche tomamos cerveza en un jarro de aluminio, paseamos por la villa o jugamos un partido en el parque, todos aquellos sentimos que perdimos algo, tan importante como La Cervecería Quilmes. Que jamás nos perteneció, pero siempre fue nuestra.” 
por Prof. Chalo Agnelli
en "La Colonia de Valerga" Ed. Tiempo Sur, 2010