sábado, 5 de marzo de 2011

"ROCA 635" - ADELA GARCÍA SALABERRY & STELLA MARIS BERTINELLI - SEMANA DE LA MUJER - 5/3/2011

DE MUJER A MUJER

Prof. Chalo Agnelli

Continuando con los homenajes a la Mujer en esta semana previa al 8 de marzo, vaya este reconocimiento a dos mujeres fusionadas en una obra literaria: Adela García Salaberry, la protagonista y Stella Maris Bertinelli, la autora.


Como todos los años, finalizando diciembre pasé por mi biblioteca Pedro Goyena (San Luís 844 ) para preparar las lecturas de vacaciones en mi otra ciudad natal (por elección) Pirápolis y esta vez pude llevarme un libro que hacía mucho esperaba, pero siempre estaba en manos de otros lectores “Roca 635”.

DE MUJER…
El 17 de setiembre se realizó en el Colegio de Abogados de Quilmes la presentación, a cargo de la señora Liliana Souza, de la novela biográfica “Roca 635” de la autora quilmeña, Stella Maris Bertinelli de Ingolloti. Obra esencial sobre la vida y obra de la escritora bernalense Adela García Salaberry educadora, periodista, escritora, poeta, militante de la cultura que en su época y hasta los últimos años de su vida fue una luchadora constante y consecuente por los derechos de la mujer. Su figura ni su obra recibieron el reconocimiento que hubieran merecido y merecen, considerando que por esos años una mujer como ella - o cualquiera que hubiera pretendido cambiar el status quo - era vista con desconfianza. Su actitud, temperamento, incluso su estilo personal eran políticamente incorrectos. 
Afortunadamente, esta es la mejor época para recuperarla y Stella Maris Bertinelli, amanuense de su vida, lo sintió y lo hizo después de un fragoso trabajo, no sólo literario, sino documental e investigativo.
La novela biográfica "ROCA 635" fue editada por Ediciones Deldragón en este año del Bicentenario.
 Stella Maris Bertinelli (izquierda) junto al Prof. Lombán y la señora Lezcano
“Roca 635”.
La novela biográfica adquirió en lo últimos tiempo en la literatura argentina un lugar significativo. “Roca 635” tiene relevancia en este género, no sólo por rescatar una figura de la historia local y de una significación tal en la historia argentina como tuvieron Cecilia Grierson, Lola Mora, Alicia Moreau de Justo, Juana Manso, Eva Perón; sino porque en este caso, quien la rescata es otra mujer ¡Qué mejor intermediario para entender una sensibilidad tan dérmica como la de Adela García Salaberry!   
A la hora de narrar, sea ficción o lo que sea no existe la objetividad y en esta novela se siente la unión estremecedora que hay entre las dos mujeres, la protagonista y la autora. El haber podido compenetrarse con esa personalidad contundente, admirarla, le permitió a Stella Maris Bertinelli identificarla e identificarse en su vida que es su obra.
A la profesionalidad que le conocemos a esta autora, los que hemos leído los cuentos “Desde el Umbral” y la novela “Petra”, en “Roca 635”,  le suma nuevos procedimientos y, como afirma en su artículo “El viejo oficio de mentir” el escritor nicaragüense Sergio Ramírez: “De la verosimilitud de los procedimientos es que depende la eficacia de la narración”.  [1]
Una de las estrategias lingüístico de la obra es poner al lector delante de frases de tres o cuatro palabras breves, cortantes, decidoras de todo lo que se supone; en esa austeridad se infiere toda una página; notable capacidad para llenar la historia de colores. Muchas páginas son ventanas abiertas a las que podemos asomarnos para desmembrar con palabras precisas y preciosas a la Salaberry. El texto nos presenta una destreza y una seguridad de tonos impecables en el trazado del personaje y sus circunstancias.
La ficción es un invento genial para hacernos pensar de otra manera y esta amalgama que la autora logra con una contextualización histórica de la que no está ausente la crítica, nos recupera la figura social y humana de la mujer sin aspavientos, culta y segura en sus ambiciones, en momentos en que la lucha por la dignidad humana de los trabajadores y sobre todo de la mujer era desigual; y en el caso de la Salaberry más aún pues, como dice la autora, no era una mujer “de”.
Pero la ficción se supera con una esclarecedora interpretación de la realidad histórica de los años que van de 1920 a 1950 donde la protagonista afrontó los avatares de una existencia difícil que concluirá en la más ingrata pobreza material. Efectivamente, la exposición que se hace de crónicas y documentos gráficos, permiten al lector, ajeno a ese  tipo de instrumentos, tener una concepción más próxima a esa infrecuente mujer. Dice Bertinelli: “A la memoria hay que tomarla como viene, con sus fracturas, con sus brechas, inevitables, con sus despojos que siempre son el comienzo de algo” (Pág. 118)
Leí una vez que lamentablemente la vida es aquello de lo que nadie puede retirarse llevándose las ganancias, pero sí podemos dejar legados como Adela García Salaberry nos dejó un espejo que la autora supo bruñir para la memoria.
En este caso la memoria despierta con una novela biográfica de impecable factura, de la que emerge una mujer que transitó nuestra historia bernalense y quilmeña; sí, porque fue en Bernal donde su imaginación, su creatividad, sus impulsos procelosos, sus llantos secretos y sus goces más íntimos se desgranaron en casi 76 años.  
“Entre el trabajo y la soledad intento comprender los sentimientos propios y ajenos, y no hay vida digna, si no se vive junto a los otros” (Pág. 204) le dice la Salaberry-Bertinellli a Agustín, el joven que la entrevista en su casona de Villa Cramer todos los miércoles entre los tés, limonadas y tortas fritas de la infaltable Anita.
“Roca 635” no pierde envergadura en sus últimos capítulos como pasa con mucha literatura que se dispersa al final, por el contrario, la autora supo guardar noticia para que quedemos con ganas de más y con una inquietud vana de continuarla.
 Retrato de Adela García Salaberry realizado por la artista María Rizzo
La novela biográfica es un instrumento inmejorable para acercar al público neófito al conocimiento histórico de hechos y personalidades de nuestra nacionalidad y, como en “Roca 635”, con mujeres que tuvieron que ver con Quilmes. De forma similar la escritora Silvia Miguens en “Cómo se atreve”, nos arrancó de las “fracturas, sus brechas y sus despojos” a Juana Paula Manso, la que promovió la creación de la Biblioteca Pública Municipal Domingo Faustino Sarmiento.
 “La Historia no vuelve atrás para reparar los errores cometidos, y los hombres, sin memoria, continúan sus ensayos, sus aciertos y desaciertos. “ Finaliza el capítulo 11 de la primera parte, pero “Roca 635” nos fuerza en  reconocer que muchos de los logros que hoy disfrutamos, materiales y espirituales, se debieron a personalidades de mujeres como la Salaberry.
Esperamos nuevas biografías noveladas de esas mujeres que quedaron difuminadas en la historia de Quilmes, a pesar de haber tenido una trascendencia desusada como la soprano Luisa Bertana, la docente Elsa Sosa del Valle de Robinson, la militante Juana Larrauri, la poeta María Raquel Adler...

A MUJER…
Stella Maris Bertinelli de Ingolotti nació en Bernal y creció entre la sombra sobrecogedora y tibia de sus casonas. Cursó sus estudios primarios en la escuela N° 31 de Bernal Oeste. 
La autora junto al Prof. Orlando Cella
En 1962 se recibió de maestra en el Normal de Quilmes y luego de profesora de Ciencias Naturales, egresada del Instituto del Profesorado "Bernardo Houssey" de Bernal.
Los niños de la escuela Nº 26 "Patricias Agentinas” de Quilmes la tuvieron como maestra y, como profesora, los adolescentes de la Técnica N° 2, conocida popularmente como “El Chaparral”; por ese entonces en Don Bosco y hoy en la calle Espora de Bernal. 
Conserva un significativo recuerdo por sus profesores de la Escuela Norma; y fueron sus maestros de la vida la señora Lila Giordano de Campello, el profesor Orlando Cella y la señora Elsa de Cámera.
Ejerció la docencia hasta 1998, año en que la desempeñó enteramente a través de la literatura.
Como Adela, la protagonista de la novela comentada, es una consecuente militante de la cultura no sólo en lo local. Pertenece al Consejo Directivo de la Asociación Sanmartiniana desde el año 2000, de la cual, además, dirigió su Revista Oral, desde el año 2000 hasta el 2003 y dio numerosas conferencias sobre temas relacionados con el Libertador General San Martín.
Es socia fundadora de la Delegación Bernal Quilmes de la SADE y coordinadora en el período 2005-2007; socia del Instituto Literario y Cultural Hispano y colabora con la publicación “Alba de América” órgano de esa institución con sede en California (EE:UU), dedicada a intensificar el estudio de la literatura hispánica, dar a conocer los nuevos valores literarios como así también los trabajos inéditos de los escritores ya reconocidos. Uno de sus relatos publicados por esta revista fue ”El shopping”.
Entre sus obras se publicaron los cuentos “Desde Umbral” y Absurdo Lugar Inesperado”, con el que obtuvo el primer premio en el Concurso Literario “Georges Zanun Editores” (2008) y las novelas “Petra” y “Cuatro Chicas Rubias” (2007).
Sus cuentos premiados integran más de 20 antologías. Por “Petra” obtuvo la Faja de Honor 2002 de la Sociedad Argentina de Escritores, el premio Cervantes de la Asociación Española de Quilmes y el premio Candil de Kilmes de la Asociación Cultural de Quilmes.
Su obra mereció el reconocimiento del Centro Inés Navas, Mesa Redonda Panamericana, EDEA, Revista Redes de Papel, la Sociedad Italiana Cristóbal Colón, el Círculo Médico de Quilmes, de la Escuela Normal de Quilmes (2010) a través de EXANQUI, la comisión de exalumnos, a la trayectoria de una egresada y de las municipalidades de Alte. Brown, Avellaneda, Lanús, Junín, Carmen de Areco y General Alvarado y Villa María, Córdoba. “Roca 635”, su última novela biográfica donde conjuga el encuentro de dos realidades de mujer, fue declarada de Interés Municipal por el Honorable Concejo Deliberante del Municipio de Quilmes.
Su presencia es persistente como fuente bibliográfica,  panelista, narradora y jurado de certámenes literarios invitada por instituciones locales, nacionales y del exterior de país. El 6 de junio de 2010, su cuento "Se suspende por lluvia" fue publicado por el diario "La Razón" de Resistencia, Chaco.
Hoy Stella Maris Bertinelli y su esposo, amigo y fiel colaborador Francisco Ingolotti viven en Quilmes; el tiempo cercenado a sus proyectos literarios lo ocupan sus hijos y nietos del corazón.
Prof. Chalo Agnelli


[1] “La Jornada” www.jornada.unam.mx; abril, 2010

viernes, 4 de marzo de 2011

NÉLIDA SANCHINI DE MONTÓRFANO – HOMENAJE

Era el año 1936; España llenaba las primeras planas; Buenos Aires recordaba los 400 años de la frustrada fundación de don Pedro de Mendoza; muere Lola Mora, pobre y olvidada; se reglamentan las características que debe tener la Bandera Nacional para uso en colegios y escuelas; el Gral. Justo sigue con sus planes autistas; se inaugura el obelisco y un año atrás había muerto Carlos Gardel.

Entre esos aconteceres, en Quilmes, en la escuela Nº19, su directora Angélica E. de Costa y la señorita Ricagno, su maestra de 6º grado, despidieron a Nélida que con 11 años egresaba para orientar su vida a la docencia.
Efectivamente, 11 años tenía Nélida Sanchini cuando comenzó a viajar todos los días, incluso los sábados, desde su casa de la calle Matienzo en Quilmes a la Capital Federal para estudiar en el Liceo Nº 3 “José Manuel Estrada” de Barracas. Su madre, doña Aída Minello, la acompañó las primeras semanas y luego rumbeó sola con su abono de cuero y sus pocos años hacia el futuro.
La escuela distaba 15 cuadras de Constitución, en la calle Arcamendia, pero Nélida en lugar de tomar un colectivo, prefería caminar y ahorrarse las monedas para ir los domingos con amigas al cine Rivadavia.
QUILMES
Nélida Sanchini nació un 22 de abril de 1925 en la Capital, en el barrio de Chacarita. Era pequeña cuando, con sus padres y su único hermano Luís, se instaló en Quilmes en la calle Alvear 935, entre Brandsen y Matienzo.
A pesar que por esos años eran pocas las mujeres que seguían estudios secundarios y, las que los emprendían, optaban por el magisterio primario, un poco por dictados del común otro por el fácil acceso a una profesión, no fue esa la decisión de Nélida. Su padre, con ese impulso protector que brota naturalmente a los progenitores de buen cuño no consideraba que el magisterio era una carrera provechosa para su hija; los sueldo no eran prósperos y los nombramientos podían resultar en lugares impredecibles.
Este criterio paterno tuvo un sesgo premonitorio para el futuro de la joven, pues, lamentablemente, don Luís Sanchini, un italiano naturalizado que vino de muy joven al país, marino de la Armada Nacional y profesor en la Escuela de Náutica, murió muy joven, en febrero de 1949, tenía 48 años y no pudo acompañar a su hija en la extensión y la amplitud de su carrera.
Concluyó el bachillerato y después de algunas dudas entre arquitectura e ingeniería - más otros preconceptos de la época que no consideraban la ingeniería apropiada para una mujer - se anotó en el profesora de matemática. Tenía 16 años y a los 20 años egresó del Instituto Superior del Profesorado “Joaquín V. González”. La primera institución de sus características en el país, que tuvo su origen a partir del 16 de diciembre de 1904, en que Joaquín V. González, Ministro de Justicia e Instrucción Pública, refrendó el decreto de creación del “Seminario Pedagógico” para profesionales universitarios que deseaban obtener el título de profesor. Cuando se extendió la formación a cuatro años, se permitió el ingreso a los egresados del nivel medio, de modo que a mediados de la década del veinte, el Instituto ofrecía la mayor parte de las disciplinas que formaban parte de los planes de dicho nivel.
FORMACIÓN
La formación de Nélida Sanchini fue meteórica y el mismo ritmo siguió su trayectoria en la docencia durante los 46 años de ejercicio.
Obtiene el título y al año siguiente, el 19 de agosto de 1946 da su primera clase en la Escuela Normal Nacional de Quilmes. Era directora la señora Ana Luther. Por cierto que la edad la aproximaba a sus alumnas al punto que, algunas de ellas como las renombradas profesoras Susana Gilanzoni de Culebra Mason, Elisa Anadón de Líppoll, fueron sus alumnas y luego sus colegas.
La designaron con 6 horas semanales de cátedra: dos, en 5º años de la Normal y cuatro, en 4º año del Colegio Nacional que tenía como rector al Dr. Orengo y funcionaba por la tarde en el mismo edificio que la Escuela Normal. En ese entonces se pagaban $ 40.- la hora/cátedra. Luego, al quedar en evidencia la calidad de su trabajo, su responsabilidad y la respuesta que tenía entre los alumnos y sus padres fue incrementando horas.
Interior del anexo del Normal en la calle Moreno, ex Colegio Aleman
COLEGIO NACIONAL DE QUILMES
Convocada por Juan Augusto Elesgaray, uno de los fundadores, ejerció en el turno vespertino del joven Comercial - creado el 15 de marzo de 1941 – que funcionaba en una casa frente a la plaza San Martín; donde desde 1943 era rector el Prof. Agustín Bottaro.
En el Nacional fue profesora durante 20 años, hasta 1966. Además tuvo horas en la Escuela de Enseñanza Media N° 3 “Francisco J. Salustio”, y, en Don Bosco, en la actual escuela de E.M. Nº  8.
Cuando se creó el profesorado para la enseñanza primaria dictó cátedra de didáctica de la matemática en 1º y 2º años.
Indudablemente que tantas horas frente a alumnos, exponiendo, hablando incesantemente, en ese tono de voz que sin dejar de ser natural impone a todos los docentes el ámbito áulico, completo de alumnos más los ruidos exteriores naturales de una escuela, afectó sus cuerdas vocales y antes que perjudicar a los alumnos con intempestivas licencias, pensó en acceder a un cargo que le exigiera en menor medida el uso del habla.
VICEDIRECTORA 
En 1975 al retirarse el Prof. Emilio Guerra, asumió la vicedirección del establecimiento acompañando a la Sra. Ana Manzo de Torrico en la dirección. En 1982, jubilada la señora de Torrico asumió la dirección hasta 1991. Por esos años la exigencia era grande pues el cargo implicaba atender los tres niveles, más todos los requerimientos que impone el manejo de una institución educativa de tales  dimensiones: cooperadora, atención de padres, problemas edilicios, reuniones eventuales con los regentes, con la superioridad en el Ministerio, otras funciones programáticas con los docentes bajo su conducción, a más de cursos de perfeccionamiento, de actualización, que creyó imprescindibles para dar calidad a la gestión; y la infinidad de correcciones de pruebas y tareas de las horas cátedra que conservó.  Todo con la generosa y constante ayuda de su madre en las tareas del hogar, pues en formó un hogar con Héctor Mario Montorfano, que nacido en Italia en 1923 lo habían traído a la Argentina a los 6 años. 
De Der. a Izq.: la Prof. Nélida Sanchini, Chalo Agnelli, Raquel Gail (detrás) Celiar Cella y su esposa Angélica, en uno de los festejos por el Centenario de la Escuela Normal de Quilmes (2012), Club Social.
FAMILIA
Nélida y Héctor en 1949, en el Círculo Universitario en un baile de disfraz, se casaron en y tuvieron dos hijas, Adriana y Rina que casada con Carlos María Romero le dio 6 nietos.
Laboral y afectivamente la escuela Normal fue su segunda casa; 46 años dedicados a la educación. Siempre fue una docente de esas que se imponían con su sola presencia y por la seguridad de sus conocimientos. 
LA EDUCACIÓN
Nélida Sanchini era inflexible en su cometido de enseñar. Los alumnos perciben cuando un educador está suficientemente preparado para transmitir sus saberes, su materia; y también si, ese docente, tiene una concepción plena de cuál es su responsabilidad frente a un grupo de educandos. Y nace en ellos el respeto y la admiración, atributos que esta educadora quilmeña lleva consigo como lema de vida.

Nélida Sanchini de Montórfano, lleva sus activos años con elegancia y belleza; se la ve en todas las actividades artísticas y culturales que se realizan en el partido de Quilmes y todos los años cuando se anuncia su presencia en los cumpleaños del la ex Escuela Normal, se produce una espontánea y calida ovación de los ex alumnos presentes; el mejor tributo a una vida dedicada a la educación pública argentina.  
Con el Dr. Alberto Navarro el 22 de abril de 1997 en el 97° cumpleaños de la profesora Nélida Sanchini de Montórfano (Foto del facebook del Dr. Navarro)
 
 
Entrevista Prof. Chalo Agnelli (ex alumno)
En simultáneo con el periódico Perspectiva Sur - 4/3/2011
Actualizado 22/5/2022

 

jueves, 3 de marzo de 2011

CARLOS ALBERTO SCOTT "PERPETUANDO LA IMAGEN" (3-3-1927 // 5-5-2021)

CARLOS ALBERTO SCOTT

El 21 de setiembre de 2009, precisamente el Día del Fotógrafo, visité en su casa de la calle Alvear a don Carlos Scott y comencé la entrevista que pasa a continuación. No la publiqué hasta hoy pues nuestro fotógrafo local es renuente a la exposición personal, algo que parece contradictorio con su profesión. Él prefiere el perfil bajo, pero a sus 84 años, vale este tributo a una personalidad que legó a Quilmes su pasión, la imagen.
El 5 de mayo de 2021, Carlitos, se fue a fotografiar otros espacios, otra gente, siempre con su espíritu afable y querible.

LA IMAGEN
La imagen fotográfica guarda un sin número de significados, de códigos y mensajes, directos unos, subliminales otros. Cada proceso histórico tiene su imagen del mundo circundante y los fotógrafos son los que la traducen, la develan, la difunden.
Muchos son los fotógrafos que profesionalmente o por gusto artístico han desfilado por el partido de Quilmes y con un nivel insuperable, pero la historiografía local tiene como antecedentes documentales las obras de algunos y elegimos señalar a cuatro: Santiago de la Fuente, Alcibíades Rodríguez, Rodolfo Malaver, Enzo Babbicola, Rodolfo “Chacho” Albónico, entre los más jóvenes Fernando San Martín y don Carlos Scott. 
Providencialmente o no, la invención del proceso de placa húmeda con colodión húmedo que redujo mucho el tiempo de exposición a la luz para obtener la imagen en la placa en 1850, se debió a un inglés que se llamaba Frederick Scott Archer (1813–1857)  Nada que ver con nuestro Carlitos.
A TRAVÉS DEL VISOR 
Nació en Quilmes el 3 de marzo de 1927. Sus padres fueron Angelina Firpo y Cosme Sebastián. Su padre, también quilmeño, pertenecía a una familia de arraigo en la zona. Precisamente, don Cosme a los 18 años fue cartero a caballo, luego cochero de plaza, chofer del Dr. Pennington, mozo en el Maxim de la calle Rivadavia [1] y luego entró en la Cervecería. Su abuelo Alejandro Firpo fue inspector del tranvía.
En 1927, Alvear gobernaba el país que progresaba notándose favorables condiciones en el intercambio comercial. El alumbrado eléctrico se expandía a pasos agigantados y se iniciaban los trabajos en la super usina de la CHADE en el extremo norte de Puerto Nuevo. En Quilmes era intendente otro radical, el Dr. José Eduardo López el segundo en la dinastía de los López que ocuparon el ejecutivo local y hermano del diputado Rodolfo López. El pueblo se extendía notablemente hacia el oeste y el periódico “El Plata” se disputaba a los lectores con “La Verdad”. El fotógrafo local por excelencia era don Santiago de La Fuente.
Los Scott eran cinco hermanos: Elsa, Marta, Jorgelina, Carlos y Miguel Ángel. Carlos cursó la primaria en la escuela Nº 7 de la calle Alberdi. Esta escuela se había construido donde se hallaba la chacra de la familia Fornaguera - allí vivió Francisco Tejeda, famoso matarife que trabajaba en lo que era el matadero de Quilmes, actual Corralón Municipal -, una propiedad adquirida por el Banco Popular donde se levantó el actual edificio. Guarda especial recuerdo por su primera maestra Rosa Giani de Giabbanelli con quien se reencontró cuando terminó la primaria y entró a trabajar en la carpintería que su marido Orfeo Giabbanelli, con sus hermanos, tenía en la calle Mitre.
Vivó parte de su infancia en Cevallos y Rivadavia, esquina SE, luego con su familia se mudó a Alvear 116, donde aún vive, la casa paterna. Su viejo proponía a sus hijos que se casaran, de modo
que “¡se mandan a mudar!”, pero luego, cuando hacían su deseo, todos los domingos los iba a buscar para almorzar en familia. Don Cosme falleció en 1973. 
Carlos trabajó en 'Intela' y luego ingresó en la Cervecería Quilmes, en el área de carpintería mecánica donde permaneció 20 años, hasta fines de la década el 60’ en que se comenzaron a cerrar los talleres. 
Se casó con Celia Lucía - fallecida el 15 de setiembre de 2016 - con quien tuvo una hija, Miriam. Su pasión por la imagen comenzó en 1952, junto a un amigo, el “Toto” Rodríguez, que trabajaba en el área de radiología del Policlínico Cervecero y un día le propuso hacer un trabajo gráfico en la cancha de Temperley para una revista de Capital Federal, “El Tablero” que dirigía Félix Heller. Esa fue la primera experiencia como reportero gráfico. Luego otro amigo, Alberto Pastor, le dio la caja para hacer los contactos.
Cuando dejó la Cervecería trabajó por su cuenta y todos los periódicos y revistas que existían o se creaban en Quilmes lo iban a buscar. Él superado de generosidad nunca dijo que no, aunque algunas veces “olvidó” cobrar por sus trabajos.
Sus fotos se publicaron en “Enfoques”, “Actualidad Quilmeña”, “El Periodista” de Omar Andragnez; las revistas “Estar”, “Total”, “Unión de Industriales”, etc.; estuvo efectivo varios años en el diario “El Sol”, durante la administración del notable Jorge Blanco. Trabajos, estos, que realizó en simultaneidad con su puesto cervecero.
Estuvo al lado de periodistas notables de los que guarda cálido recuerdo, como: Víctor Giordano, Omar Andragnez, Susana Vitone, Ana María de Mena, Pedro Navarro, Román Roselli, Graciela Linari, Marcelo Sena, Carlos Gioco, “Chino” Vera, Bertiche, Lebeti…
Durante la intendencia de José Rivela (26/5/1973-5/4/1976) estaba como director de prensa Ricardo Terrisano que, sin tener en cuenta las ideas política, le propuso trabajar en la municipalidad… permaneció 20 años, desde 1973 hasta 1993, en que se jubiló; siempre en el departamento de Prensa y los últimos años, entre 1991, y 1993, como coordinador en el Museo Fotográfico. 
Organizó junto a Jorge Calvo la muestra “Los periódicos en Quilmes”. Fue premiado en el concurso abierto de fotografía organizado por el Foto Club de Quilmes. Participó de la primera muestra de reporteros gráficos en Quilmes.
En el año 2004, cumplió 50 años de fotógrafo y recibió varios reconocimientos por su trayectoria: de la Alianza Francesa, de la Sociedad Italiana Cristoforo Colombo; se lo distinguió con el premio “Reino de España” de la E.E.T. Nº5; con el “Sol de Oro”, otorgado por el diario “El Sol”. Obtuvo distinciones, al Mérito por la labor profesional, otorgada por la Asociación de Fotógrafos Profesionales de Quilmes y Berazategui y por la labor de reportero gráfico del Círculo de la Prensa de Quilmes; fue miembro de la Junta de Estudios Históricos de Quilmes y de la Asociación Sanmartiniana "Sable de gloria".
Por decreto Municipal, f
ue designado en la comisión para organizar la actividad fotográfica durante le aniversario de Quilmes, con la muestra “Quilmes ayer y hoy” que se realizó en el Museo de Artes Visuales, del que fue parte de su creación. Conoció todos los vericuetos municipales de varias administraciones que siguió con paso sobrio, su acendrado bajo perfil y temperamento cordial. En el 2005, fue honrado con el título de “Ciudadano Ilustre” de la ciudad de su pueblo natal.
Durante la entrega de la distinción de Ciudadano Ilustre (2005) en la UNQui junto a Ernesto Trinchieri y Chalo Agnelli
Del 8 al 23 de agosto del 2006 presentó en la Galería Miglió (Mitre 536), la exposición “Quilmes, una historia de vida”. 
Es miembro de la Asociación Cultural Sanmartiniana de Quilmes, de la Agrupación de Historiadores Los Quilmeros y colaborador y amigo de la Biblioteca Popular Pedro Goyena.
Fue muy amigo de Alcibíades Rodríguez a quien llamaba “maestro”, título que más de uno atribuía merecidamente a don Alcibíades.
De su hija Miriam tiene un nieto, Ezequiel que le dio un bisnieto Franco de 6 años.
El jueves 22 de julio de 2010, la Dirección de Cultura de la Municipalidad de Quilmes le brindó un merecido homenaje al que asistieron multitud de amigos, vecinos que no reconocen como parte viva de la ciudad y, por supuesto, su compañera, su hija, nietos y bisnieto. Falleció el 5 de mayo de 2021 a los 94 años.
Carlos Scott se consideraba un autodidacta, espe­cializado en fotografía social. Pero en la comunidad quilmeña se destacó por su genio altruista, eficaz y generoso; siempre atento al gesto, la impronta, el acontecimiento para disparar el obturador. A los 90 años siguió desandando las calles y los salones quilmeños persiguiendo la imagen, recibiendo a cambio el afecto de su comunidad que lo considera hoy, un baluarte de la imagen imperecedera.   
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Carlos Scott entre la profesroa Norma Cistaro y el Maestro Ludovico Pérez
durante los festejos del 50° aniversario de la Biblioteca Popular Pedro Goyena
Con el coleccionista Carlos Benavídez, propietario de la pinacoteca "Julio Fernández Villanueva" exclusivamente de artistas quilmeños y de la región. 

Entrevista, investigación, compilación y fotos Prof. Chalo Agnelli
2011
NOTAS 

[1] Donde ahora está la empresa Telefónica
VISITAR: 
http://www.museovirtualbegui.com.ar/