jueves, 2 de agosto de 2012

ÁNGEL LINEO DE PASCALIS, SIGUE VIVO EN EL "CAPITÁN DEL ESPACIO"


Ángel Lineo De Pascalis (foto: radiofmq.com)
  Chalo Agnelli
El miércoles 1 de agosto de 2012 a las 16 horas, murió el “Capitán del Espacio”... don Ángel Lineo De Pascalis. A fines de enero su empresa había cumplido 50 años. Cinco décadas en las que perfumó con chocolate y dulce de leche las cuadras en torno de la calles República del Líbano y Gran Canaria. La fábrica está próxima a las vías del Roca.
Niños de casi todas las escuelas de Quilmes con sus maestros, más de una vez visitamos esa fábrica. Éramos recibidos por don Ángel, quien después de un esquivo saludo se retiraba y nos dejaba con el personal. Así conocimos el sabor inmejorable de sus alfajores y una historia de “causalidades”. Siempre decía a los niños alguna breve frase refiriéndose al valor de la educación y a la paciencia de los maestros. Era parte de la dulzura que elaboraba.
PRINCIPIO
 A los 37 años, Ángel L. De Pascalis cansado de acarrear reses en un frigorífico de Piñeiro resolvió independizarse. Se enteró que un inmigrante húngaro que tenía una fábrica de galletitas en Ezpeleta la había puesto en venta. Con algunos ahorros y un acuerdo con el vendedor comenzó a producir dulzura. Durante los primeros tiempos fueron socios, luego, cuando saldó el remanente de la deuda que le había quedado de adquirir la pequeña empresa, alrededor de 1962, siguió por su cuenta y se mudó a Bernal. Poco tiempo después se trasladó al establecimiento donde permanece. Allí le dio a esa galletita húngara la forma circular típica del los alfajores criollos y le dio su gusto, su calidad, su eficiencia.
Aproximadamente 20 años atrás la fábrica “Capitán del Espacio”, dejó de recibir la visita de escolares, pero no escatimó su generosidad cuando las escuelas tenían algún acontecimiento especial como los Días del Niño.   
Nunca quiso, a pesar que tuvo múltiples ofertas, incrementar la producción y la variedad, se mantuvo con sus dos gustos de chocolate y dulce de leche. Siempre se mantuvo en sus 8000 docenas por día y sus 45 trabajadores. Había encontrado la medida de su riqueza, quizá porque antes encontró la solidez de la sabiduría. O sea que, en su medida, era un hombre exitoso, un magnate en humildad.
Don Ángel, Rubén Sada y Doris.
LA POESÍA
Muy pocos saben que una de sus pasiones era escribir. No hace mucho publicó "Entre dibujos y Letras" una colección de poemas con dibujos de su amiga Doris en Ediciones Independientes de Rubén Sada. Allí se desgranan las vivencias, los pensamientos e ideas que resumen su vida de Hombre de Bien... hoy un título más que apreciado, pero dificilmente apreciado.
CAPITÁN DEL ESPACIO
La marca originalmente era otra, cuando se dieron los acontecimientos de la llegada del hombre a la luna nació el “Capitán del Espacio” con ese rostro de niño sonriente encasquetado. En el 2006 se realizó una compulsa internacional de alfajores de todo el país y el mundo y un jurando especializado premió a “Capital del Espacio” como el mejor alfajor del mundo.
Don Ángel Lineo De Pascalis, tenía 86 años, era soltero, vivía modestamente en una casa junto a la fábrica. Era capitán en una brigada productora de dulzura y su recinto era el espacio desde donde ahora, quizá nos observa.  Le agregó al Quilmes "con sabor a malta y río", un dulce y una marca que nos representará largo tiempo como la cerveza, el fútbol y La Ribera... los quilmeños permanecerermos agradecidos a su memoria.

Crónica Chalo Agnelli / 2012
 Ver más en:
http://edicionesindependientesrubensada.blogspot.com.ar/2011/05/entre-dibujos-y-letras-el-libro-de.html



EVOLUCIÓN HISTORIOGRÁFICA DE QUILMES DESDE SUS COMIENZOS A NUESTROS DÍAS (colaboración)


Esta historia se inicia allá por el año 1580 cuando Juan de Garay luego de fundar la ciudad de Buenos Aires (segunda fundación), organizar su traza y ordenar el destino de estas tierras, procedió a repartir las primeras catorce suertes de estancia (tierras destinadas a la cría de ganado) ubicadas al sur del Riachuelo y sobre la costa del Río de la Plata, se define de esta manera la primera intervención del hombre sobre el medio natural. En una de estas suertes de estancia comienza a escribirse nuestra historia.
ESPACIO GEOGRÁFICO

El sitio elegido, un lugar alto frente al Río de la Plata sobre una barranca que sirve de límite natural entre el bañado y una llanura con suaves lomadas, un punto estratégico a 20 m sobre el nivel medio del río dominando el paisaje circundante. La componente humana, un grupo de 200 familias de indios Quilmes y Acalianos procedentes de los Valles Calchaquíes. Esta mixtura dará inicio a la transformación del paisaje natural, estableciéndose en 1666 el primer poblado al sur del Riachuelo: la Reducción de la Santa Cruz de los Indios Quilmes. Toda Encomienda Real debía tener una iglesia y un cura, de esta forma se construye la capilla como testimonio del primer asentamiento poblacional. Pronto el clima, el desarraigo, las enfermedades, hacen que la población vaya disminuyendo contando para 1726 con sólo 141 indios.
La llegada de los otros pobladores, criollos y españoles dedicados al comercio y contrabando de cueros vacunos, dará origen al establecimiento de las estancias generando el desarrollo económico de la zona.
Por decreto del 14 de agosto de 1812 se da por extinguida la Reducción y se ordena el trazado del pueblo de Quilmes, sobre las tierras de la suerte de estancia que ocupaba la extinguida Reducción (Av. Zapiola en Bernal, calle Guido en Quilmes, hacia el este la barranca y al oeste un poco más allá del arroyo Las Piedras), tarea que se concreta recién en 1818 con la confección de los planos del mismo por el agrimensor Francisco Mesura.
La planta urbana que contaba con cuatro plazas respetaba como centro la plaza y la iglesia de la antigua Reducción y se extendía desde la barranca hasta la actual Av. Hipólito
Yrigoyen y desde la Av. Alberdi hasta Av. Brandzen. Estas dos últimas avenidas definían el límite con las doce quintas de cuatro manzanas cada una que flanqueaban la planta urbana y desde la Av. Hipólito Yrigoyen hasta el arroyo Las Piedras se extendían las setenta y dos chacras de dieciséis manzanas respectivamente, luego se procedió al reparto de tierras y también la construcción de un templo, es así como en 1828 se levanta la primera iglesia de adobes cocidos convirtiéndose en la expresión y el símbolo del pueblo libre de Quilmes.
Para mediados del siglo XIX el pueblo contaba con iglesia y cementerio contiguo a la misma, una casa de altos frente a ella (esquina Mitre y Rivadavia), otras doce casas de aspecto común y algunos ranchos de caña y paja. Recién a partir de 1856 con la preocupación e intervención de los municipales y otros hechos que se irán sucediendo se comenzarán a ver los adelantos.
En 1872 llega a Quilmes el ferrocarril de Buenos aires a Ensenada, sus vías corren casi paralelas al viejo Camino de la Arena o de la Media Luna por donde circulaban las carretas y las diligencias, este elemento nuevo en el paisaje urbano definirá el límite o borde entre el pueblo y el campo, permitirá la llegada de nuevos pobladores oriundos de Buenos Aires que huyen de las epidemias de cólera y fiebre amarilla, facilitará también la llegada de visitantes a nuestra costa, quienes junto con el tranvía a caballo recorrerán las calles para llegar a nuestra ribera para luego elegir a este pueblo como lugar de reposo y veraneo construyendo posteriormente sus quintas de fin de semana.
Los inmigrantes italianos en su mayoría serán los que le darán identidad a la vivienda urbana (arquitectura italianizante). Quilmes en 1880 se postula como candidata para ser la capital de la provincia de Buenos Aires, compitiendo con otras ciudades, el progreso era evidente, el ferrocarril es el medio de comunicación más seguro tanto para el transporte de pasajeros como para el de carga, facilitando el establecimiento de fábricas a la vera de sus vías, siempre del otro lado del pueblo. Este no sólo será el caso de la Cervecería en Quilmes sino también de Rigolleau en Berazategui, de la Maltería en Hudson y de la papelera en Bernal, convirtiéndose en hitos o puntos de referencia para el viajero, brindándole identidad a cada pueblo y convirtiéndose en símbolos de prosperidad y progreso.

Comienza el siglo XX con la construcción de nuevos edificios públicos marcados por el eclecticismo: Escuela Nº 1, Palacio Municipal, Biblioteca, Registro Civil y Comisaría, la ciudad se prepara para estar a la altura de los festejos del primer centenario (1810-1910).
Finalizando este período se inaugura en 1915 La Rambla sobre la ribera, un complejo que cuenta con piletas, hotel, restaurante, confiterías y cine al aire libre, definiendo a Quilmes como centro turístico (el diario La Prensa lo compara con la Rambla Bristol de Inglaterra).
El 2 de agosto de 1916 por ley, Quilmes obtiene la jerarquía de ciudad debido a sus cuatrocientas cuadras pavimentadas (adoquinado), al Palacio Municipal, a los bancos de la Provincia de Buenos Aires y Popular de Quilmes, a la Escuela Normal, a sus industrias, su población, el ferrocarril y el complejo de La Rambla en la Ribera.
Este progreso facilitará el establecimiento de nuevas industrias, ya no a la vera de las vías de ferrocarril sino cerca de los caminos (1920) o del recorrido del tranvía eléctrico, generando la creación de barrios obreros en las cercanías de las plantas fabriles extendiendo de esta manera la trama urbana hacia la periferia, así es como comienza a poblarse La Colonia (Quilmes oeste) y Bernal oeste.
Con el mejoramiento de los caminos, obras de desague y fuerza motriz sumadas a ciertas franquicias impositivas para fortalecer la radicación de industrias se instalan en el partido a partir de 1930: Textilia S.A., La Bernalesa, Rhodia, Ducilo, etc.
Los dueños de dichas industrias construirán sus residencias en esta ciudad ocupando la zona de la barranca que poco a poco se irá caracterizando por su arquitectura predominantemente pintoresquista. Para 1946 Quilmes cuenta con setecientos cinco establecimientos industriales continuando en forma creciente el asentamiento de industrias en el partido y sus respectivos barrios obreros, principalmente sobre las avenidas 12 de Octubre, Av. La Plata, Calchaquí y Camino Gral. Belgrano. El comercio se afianza sobre las calles y avenidas principales de acceso a la ciudad y en el centro Rivadavia es la calle que nuclea la actividad comercial cotidiana.

La migración interna en busca de trabajo provoca una demanda de vivienda muy importante, que a pesar de los planes implementados por el gobierno no se logra cubrir y comienzan a generarse los asentamientos espontáneos en lugares marginales; aprovechando esta situación comienzan a lotearse sin planificación grandes extensiones de tierra, entre ellas las de San Francisco Solano, La Florida y Barrio Parque Calchaquí.
El evidente aumento de población en estas últimas décadas y los grandes loteos sin planificación de importantes sectores, determinan un crecimiento caótico del suburbio, así como también la especulación inmobiliaria y el auge de la propiedad horizontal, generan la densificación del área centro comercial con la construcción de edificios en altura (arquitectura de las inmobiliarias y empresas constructoras) provocando la demolición indiscriminada de edificios de valor patrimonial por especulación económica debido al valor del metro cuadrado.
El cierre de las grandes fábricas provoca el abandono de sus instalaciones con el consecuente deterioro de las mismas, influyendo por ende en su entorno; posteriormente estos grandes predios son adquiridos y ocupados por las cadenas de Hipermercados.
Las pocas grandes extensiones de campo a lo largo de las autopistas son ocupadas por barrios privados provocando la migración de muchos habitantes de las zonas urbanas, que abandonan la ciudad en busca de seguridad y una mejor calidad de vida, dejando sus residencias urbanas en manos de las inmobiliarias.
Nuestra ciudad es un relato ininterrumpido de más de trescientos años de historia, donde cada generación ha dejado su testimonio como legado para las generaciones futuras; conocerla, respetarla y conservarla requiere del esfuerzo y compromiso de todos nosotros "los quilmeños".

 
Textos y gráficos: Arq. Marta Oliva Echelini

Colegio de Arquitectos de Quilmes

martes, 31 de julio de 2012

PEREYRA, UN RECURSO CON MÁS VALORES QUE LOS VISIBLES (colaboración)


Colaboración de Ana María de Mena

      Supera las diez mil hectáreas insertas en los partidos de Berazategui, Florencio Varela, La Plata y Ensenada, con ello el Parque Pereyra Iraola es el pulmón verde más importante entre Buenos Aires y La Plata. De esa superficie, casi seis mil hectáreas corresponden a la selva marginal de Hudson, una selva en galería de características peculiares.
       Es el espacio bonaerense de mayor biodiversidad. En 2008 la UNESCO lo declaró “reserva de la biosfera” a través de su Consejo de Coordinación del Programa MAB (Man and Biosphere), con su zona núcleo de pastizales, bañados y bosque (restringida para monitoreo e investigaciones científicas) un sector de amortiguación (se permiten actividades de bajo impacto) y otro de transición (para prácticas de desarrollo sustentable).
Arco de acceso con torres almenadas (Archivo de la autora)
 BREVE HISTORIA
A poco de fundar Buenos Aires, Juan de Garay entregó treinta propiedades llamadas “suertes de estancias”, aledañas al Río de la Plata, entre lo que hoy es Wilde y Magdalena. Una de ellas -la extensión del actual parque- la asignó a Antón de Higueras y luego de varias sucesiones pasó a Pedro Ximénez como estancia “Las Conchitas”. Fue heredada por su esposa Rita Pinto de Ximénez quien el 21 de junio de 1850 la vendió a Simón Pereyra.
     A partir de entonces se llamó estancia “San Juan”. Casado con doña Antonia Iraola, a su muerte, dos años después, la heredó su hijo Leonardo. Eran 13.000 hectáreas con pastos y especies nativas.
     Con él comenzó la transformación. Junto a un primo -Martín Iraola- en una ocasión emprendió un viaje de carácter cultural por Europa y Rusia, que duró alrededor de tres años. Al regreso los dos trajeron ideas respecto de la forestación y la conservación del suelo. Hacia 1860 Leonardo sembró múltiples especies en su vivero, que diez años después tenía 4000 plantas cuyas medidas oscilaban entre los tres y los quince metros de altura. Fue el principio de la frondosa vegetación que hoy conocemos.
     Familiarmente vinculado con la ganadería, Leonardo Pereyra Iraola importó de Inglaterra dos animales Hereford (la vaca Coral y el toro Niágara), con los que inició en Argentina la reproducción de los primeros vacunos de esa raza con pedigrée, justamente en la cabaña que funcionaba en esa propiedad.
      Mientras esto ocurría, comenzaba la organización institucional en el país y durante su Presidencia, Domingo F. Sarmiento trajo de Australia semillas de eucalipto, un árbol que no existía en nuestro suelo. Las distribuyó a los estancieros, incluido Pereyra. Así fue que los primeros eucaliptos del país son los que crecieron en el actual Parque y los de algún otro establecimiento bonaerense.
En mayo de 1910, la Infanta Isabel de Borbón recibe un facón que tiene en su mano y un rebenque, en las manos de Samuel Hale Pearson; al lado, Leonardo Pereyra Iraola (Archivo General de la Nación).
      En 1910 se vivía la euforia del Centenario de la Revolución de Mayo y de las visitas europeas que llegaron al país, la princesa representante de los reyes españoles fue quien más llamó la atención. Próximo al aniversario, la infanta Isabel de Borbón fue trasladada en ferrocarril hasta la estancia de Pereyra Iraola, donde la recibieron cien paisanos ataviados de fiesta para brindar un espectáculo de destrezas criollas en su honor. También fue agasajada con un asado y recibió de regalo un facón y un rebenque con cabo de plata. Aquella vez, el patriciado porteño también se paseó por la estancia.
      En 1918 comenzó a funcionar el Colegio María Teresa para brindar formación a las hijas de los trabajadores de las estancias, así como niñas de Villa Elisa, Hudson y Plátanos. El establecimiento continúa abierto en la actualidad y funciona en la vieja casona levantada frente a la estación ferroviaria de Pereyra.
    A la muerte de Leonardo, lo heredaron sus seis hijos: dos varones recibieron “San Juan” y “Santa Rosa”, las estancias más grandes. Las hijas recibieron “La Porteña”, “Las Hermanas”, “Abril” y “El Carmen”, iniciándose el proceso de división y venta de las tierras. Estas últimas dieron nombre a diversos barrios actuales de la zona.
     Las construcciones principales fueron levantadas entre 1850 y principios del S XX. Se trata de los cascos de los establecimientos que responden al estilo de estancia pampeana que era propio de la época.   
Tronco del llamado “árbol de cristal”
(Revista Submarino Espacial).
      Respecto de la parquización realizada por Carlos Vereckee - también diseñador de Parque Lezama - es de estilo mixto, donde se combinan geometrismo francés y  pintoresquismo inglés, predominando los caminos curvos en los que se alinean distintas especies, abundan avenidas arboladas y conjuntos de matorrales y macizos. Entre la multitud de especies -autóctonas e implantadas- una curiosidad es la existencia de un ejemplar de Agathis alba, originario del archipiélago Malayo, llamado “árbol de cristal” porque su tronco segrega una resina brillante que le confiere un aspecto vidrioso. Es el único ejemplar en Sudamérica y tiene más de cien años.
      La frondosidad y variedad de arbustos y árboles de gran porte determinan la nidificación de distintas especies de aves que pueblan la zona y exceden las doscientas.
        Entre los edificios que se conservan se encuentra la casa principal de la ex estancia “San Juan” que forma parte de un circuito turístico cultural y el casco de la ex estancia “Santa Rosa”, utilizada antaño por la familia Pereyra como residencia temporaria; hoy funciona allí una dependencia del Ministerio de Asuntos Agrarios bonaerense.
         Otras construcciones destacables son la cancha de pelota a paleta vasca, única en nuestro país que posee las medidas reglamentarias para practicar ese deporte; la casa de planchado y las cocheras, edificios que son parte del conjunto que funcionaba antiguamente como casco de “Santa Rosa”. Una veintena más de construcciones similares e igual valor arquitectónico están diseminados en los alrededores. Hacia fines del ’40 se levantó el molino holandés – pintoresquista - que siempre motivó a los fotógrafos profesionales y aficionados. Allí funcionó una usina eléctrica.
        La capilla Santa Elena fue mandada a construir por Martín Pereyra Iraola en recordación de su hija, que había fallecido con solamente quince años de edad. Está habilitada y periódicamente se realizan oficios religiosos.
Capilla Santa Elena durante una ceremonia religiosa (Gentileza de Rosalía Jambrina).
       En enero de 1949, Juan Domingo Perón expropió las estancias “San Juan” y “Santa Rosa” con el objetivo de “salvar ese tesoro forestal y artístico estratégicamente implantado entre Buenos Aires y La Plata y realizar una vasta obra cultural, social, científica y turística”. Alguna crónica relata que en febrero de 1950 cuando se inauguró como Parque Derechos de la Ancianidad, el Presidente y su esposa saludaron desde lo alto de uno de los cascos ante una multitud de veinte mil personas; sin embargo, no se han encontrado registros fotográficos de ese acto.
        Con respecto al nombre, algunos lo llamaron "Parque de la Ancianidad", pero el apelativo se usó muy poco y la generalidad lo llamó - como hasta hoy - Parque Pereyra.
      Recorrido en parte por los caminos General M. Belgrano y Centenario, fue habilitado al uso público; se construyeron sanitarios y refugios en las paradas de medios de transporte; se colocaron hamacas, toboganes, subibajas y bebederos. De esos años son los arcos y portales que se yerguen en los accesos, uno de ellos neo románico con torres almenadas, que se ha convertido en una imagen iconográfica del parque.
      En 1959 se radicó en un sector de Pereyra la Escuela de Policía “Juan Vucetich” y más adelante la Escuela de Suboficiales “Julio Dantas”. En marzo de 1966 se inauguró el Instituto Argentino de Radioastronomía que depende del CONICET y realiza actividades científicas de la mano del Observatorio Nacional de La Plata y la Comisión Nacional de Estudios Geofísicos.
      En 1971 se puso en marcha la Estación de Cría de Animales Salvajes (ECAS) que ocupa una extensión de 80 hectáreas; en ellas se exhiben distintas especies en ambientes naturales. De carácter recreativo, se realizan visitas guiadas en las que pueden observarse monos, bisontes, ciervos, cebras, ñandúes, búfalos, patos, pumas, gatos monteses, yacarés, pecaríes, coatíes, zorros, tortugas, etc.
      En esa década también funcionó el Centro de Incorporación y Formación de Infantes de Marina - CIFIM - que fue desactivado a fines de los ’80, cuando algunas construcciones fueron ocupadas por la Policía y luego Prefectura Naval Argentina. El CIFIM y los alrededores alimentan sospechas sobre su uso durante la dictadura militar.
      Ocho años más tarde se puso en marcha la Estación Biológica de Aves Silvestres (EBAS) que también depende del Ministerio de Asuntos Agrarios bonaerense y está dedicada a la conservación y rehabilitación de especies.

VALOR PATRIMONIAL
Las edificaciones que se mencionan en párrafos anteriores conllevan en sí mismas un alto valor histórico como exponentes de la arquitectura de una época. La solidez de las construcciones y la memoria que albergan sus paredes, también forman parte del conjunto patrimonial que amerita su conservación. A ello suman la variada flora y avifauna, los cursos de agua y todos los elementos naturales que conforman la reserva de biosfera declarada por UNESCO. Y desde la historia hay hechos relevantes como el comienzo de la cría de Hereford, la visita de la Infanta Isabel de Borbón y la habilitación pública como Parque Derechos de la Ancianidad.
       También hubo concursos de manchas que se hicieron en su entorno. Y se recuerdan las salidas que el maestro Gerónimo Narizzano hacía con sus discípulos del Ateneo Rigovisor, para hacerlos dibujar, pintar, grabar… y enseñarles el respeto y amor a la naturaleza que conservan quienes estuvieron cerca suyo. Cuando el recordado Narizzano se había retirado, volvía al parque siempre que podía y capturaba los trinos y cantos de las aves con un grabador, para volver a escucharlos después, fascinado siempre por los pájaros.
El viejo casco resignificado por la acuarela del entonces principiante Georg Miciu Nicolaevici; hoy artista consagrado que reconoce en Pereyra su primer espacio de aprendizaje (Gentileza de su autor).
        En Patagonia, Georg Miciu Nicolaevici, artista reconocido internacionalmente, formado al lado de su padre y a través de experiencias propias, sostiene “El parque Pereyra fue mi primera escuela de arte…”. Allí llegaba diariamente cuando empezaba a incursionar en el arte para pintar sus primeras acuarelas. Produjo alrededor de 500.
        Luego recorrió varios países y perfeccionó su técnica de pintura “au plein air” utilizando espátula, con la que refleja la temática amable de su entorno. Le canta a las escenas cotidianas y a la naturaleza de manera luminosa y con estilo propio. La consagración llegó para él por la palabra elogiosa de críticos autorizados del país y el exterior y por los destinos públicos y privados de Europa y América donde está su obra. Otro reconocimiento singular - recibido en la plenitud como artista y como persona - es que le ha dado nombre a una calle de San Martín de los Andes, donde vive. Su testimonio sobre Pereyra es significativo: allí exploró los secretos de la luz.
        Por otro lado, en ese parque hay multitud de historias no escritas. Son las que recuerdan cada una de las personas que usó sus espacios para la recreación: los columpios infantiles, las cabalgatas, los partidos de fútbol improvisados, los almuerzos campestres, las bicicleteadas, la observación de aves, las caminatas, las tomas fotográficas, las barrileteadas… Desde Buenos Aires, La Plata, City Bell, Villa Elisa, Gonnet, Quilmes, Florencio Varela, Berazategui y alrededores, en los años ’50 y ’60 era el destino obligado para los pic-nics de primavera y verano. Lo sigue siendo.
        “La memoria del pasado colectivo - dice Javier Marcos Arévalo - reflejada en diferentes formas en los referentes patrimoniales, está estrechamente unida al sentimiento de identidad” (1).
      Miles de chicos y grandes que pasaron un día o una tarde en sus espacios guardan imágenes imborrables: los juegos de la infancia, los noviazgos de juventud, los recuerdos de la madurez. Allí anidan anécdotas afectivas con las que se identifican muchas personas. A partir de vivencias semejantes asociadas a un espacio público, éste se convierte en un bien de todos. Hay una memoria colectiva que está presente. Es inmaterial pero se percibe a la hora de los recuerdos.
       Vale reflexionar sobre el origen de la palabra recordar. Proviene del latín re = de nuevo; cordis = corazón. Recordar entonces, es “pasar de nuevo por el corazón”.
       Y así - en la intangibilidad del recuerdo común de personas diferentes - hay un sentimiento de apropiación afectiva que suma valores, a los naturales y culturales que posee el Parque Pereyra Iraola.
                                                                                                   Ana María de Mena
Es Periodista, egresada de la Universidad Nacional de La Plata.
Master en Cultura Argentina, egresada del Instituto Nacional 
de Administración Pública-Presidencia de Nación
Desde 2004 reside en San Martin de los Andes

NOTAS
(1) El patrimonio como representación colectiva. La intangibilidad de los bienes culturales, Javier Marcos Arévalo, en Gaceta de Antropología, Nº 26/1; 2010, España.
Fuentes informativas:
Escuela María Teresa de la estación Pereyra; La Plata, Talleres La Popular, 1928
Informes varios del Ministerio de Asuntos Agrarios de la Provincia de Buenos Aires
Mirando al Bicentenario; coordinado por Fraga-Estevez, Grupo Velox, Bs. As. 2001
Georg; Georg Miciu Nicolaevici; Editorial Sergio Clerici, Buenos Aires, 2005
Aportes de la sra. Lona Carmen Blanco.