sábado, 16 de marzo de 2013

CARLOS SCOTT, FOTÓGRAFO. HOMENAJE EN LA BIBLIOTECA PEDRO GOYENA - MUESTRA DE FOTOGRAFÍAS SUYAS E INAUGURACIÓN DE LAS NUEVAS INSTALACIONES DE LA INSTITUCIÓN FUNDADA POR LA IMPERECEDERA POLA MANSO

Se realizó el viernes 15 de marzo de 2013, en la Biblioteca Popular Pedro Goyena con extraordinaria concurrencia y clima de afable camaradería el homenaje al joven veterano fotógrafo quilmeño don Carlos Scott, Ciudadano Ilustre.


 La señora Celia Lucía de Scott, Carlos Scott y la presidenta de la Biblioteca Ana Aispurú, detrás Cristina Secco.


Entre los anaqueles se expusieron retratos de la colección de Carlos Scott que tuvo la gentileza de donar a la Biblioteca.

La Sra. Aispurú abrió el acto refiriéndose a la significación del mismo, a la persona de Carlos Scott, transmitió los saludos del profesor Celiar Cella y su esposa Angélica de Baldrich y del profesor Juan Carlos Lombán y su esposa Beatriz Puglisi, luego pasó la palabra al Prof. Agnelli, quien se refirió a la vida y obra de los precursores de la historia quilmeña.
 Elocución dictada en jueves 25 de marzo de 2010 en el Colegio de Abogados de Quilmes y el 18 de junio del mismo años en el Museo Municipal Histórico Regional Almirante Guillermo Brown como parte de las actividades de la Comisión del Bicentenario de la Patria 1810-2010 de Quilmes. 
Luego se entregaron diplomas al Sr Scott y a las autoridades de la Biblioteca Ana Aispurú y Cristina Secco, que tanto trabajaron para inaugurar las nuevas instalaciones que concretó el arquitecto Daniel Hurrell, secretario de la misma.

 
Filmaciones editadas el 15/03/2013 por el profesor quilmero Alejandro Re en su página de YOU TUBE
Biblioteca Pedro Goyena. Homenaje a Carlos Scott y a las autoridades de la Biblioteca. Video realizado por Alejandro Re. 15 de Marzo de 2013
http://www.youtube.com/watch?v=PPYokkBxJPw
Para ver las filmaciones copiar la dirección que se adjunta en rojo y colocarlas en el buscador.
Chalo Agnelli en la Biblioteca Pedro Goyena de Quilmes y un homenaje a los historiadores quilmeños. Video realizado por Alejandro Re. 15 de Marzo de 2013
http://www.youtube.com/watch?v=h-qL2iuv97Y
 Otros momentos de la reunión
Cristina Secco, tesorera de la Institución, Norma Cistaro, responsable del Museo Roverano, Nidia Pressón y Carlos Córdoba, bibliotecario del High School.
Los quilmeros: Alejandro Re, Juan Corvalán y Claudio Schbib
Cristina Secco, Agnelli y Carlos Scott, el homenajeado
El historiador Claudio Schbib y el artista plástico don Ludovico Pérez
 Carlos Scott, Chalo Agnelli, Claudio Schbib, Walter Quejeiro, (detrás) Rodolfo Carbal, Ludovico Pérez, Norma Cistaro y Rodolfo Malaver
 La Dra. Susana Giménez, Néstor Rotelo y Ana Aispurú.
Walter Quejeiro, Rodolfo Malaver, otro afamado fotógrafo, y Alejandro Re, estudioso aborigenista.
Norma Cistaro, el señor Ordóñez y Ludovico Pérez
Próximamente la Biblioteca Goyena realizará el Iº Salón del Poema Ilustrado Y Foto Poema, “Premio Pedro Goyena”. Las bases se publicaran oportunamente.
 Para comunicarse con la Biblioteca: 4224-8162 // bibliotecapopularpedrogoyena@yahoo.com.ar o dirigirse a la calle San Luis 948 entre Larrea y Azcuénaga. 
Crónica, Chalo Agnelli
Fotos: Rodolfo Malaver, Rodolfo Cabral y Juan Corvalán.

ESCUELA Nº 1 - 150 AÑOS DE HISTORIA - SEGUNDA NOTA – LA FUNDACIÓN


En la primera nota sobre la historia de la primera escuela oficial que tuvo Quilmes (Ver: http://elquilmero.blogspot.com.ar/2013/02/escuela-n-1-150-anos-de-historia-1-nota.html y publicado por el periódico Perspectiva Sur el 4 de marzo próximo pasado) se dieron los antecedentes que fueron desarrollándose en nuestra historia educativa hasta llegar al 25 de mayo de 1863, con muchas frustraciones, aciertos, avances y retrocesos, fecha de la fundación del primer edificio que encabeza esta segunda nota.
 
HISTORIA SOCIAL, EDILICIA E INSTITUCIONAL DE LA PRIMERA ESCUELA OFICIAL DEL PARTIDO DE QUILMES
LA ESCUELA PRIMARIA Nº1 “BERNARDINO RIVADAVIA” 1863 - 2013 - SEGUNDA NOTA
 Prof. Ch. Agnelli
de "Maestros y Escuelas de Quilmes" Ed. Jarmat, 2004

CONTROVERSIA 
La historia de la Escuela Nº1 está indefectiblemente ligada a la evolución de la organización educativa de todo el distrito, por eso no podemos, con el afán de ser rigurosos dejar de lado antecedentes que determinan su fundación. Y no digo creación pues los antecedentes son muchos desde 1822.
 Los ditirambos especulativos de algunos historiadores y/o afectos a la historia local consideran fecha de fundación de la Escuela Nº1 el 31 de diciembre de 1822, cuando el Rector de la Universidad, de quien dependían las escuelas urbanas y rurales, don Antonio Sáenz, designó a José López, preceptor en Quilmes (hacía 10 años que la Reducción había sido extinguida). Cargo que nunca ejerció el mencionado maestro y su nombramiento quedó sin efecto por nota del 7 de junio de 1823 y López pasó a la escuela de La Ensenada de Barragán.
Las escuelas las fundan alumnos y docentes, de modo que sin tales no hay escuela por más que se llenen cuartillas fundacionales por parte de las autoridades correspondientes y la fútil burocracia.

CENTENARIO 
En 1963, cuando la Escuela Nº1 celebró su Centenario hubo otros historiadores, docentes y vecinos viejos de Quilmes que opusieron los festejos blandiendo la fecha del 29 de noviembre de 1824, cuando el Rector Sáenz designó a José Rosende maestro en la aldea que era Quilmes por esos años y aunque Rosende no comenzó a dar clases hasta el 14 de mayo de 1827, algún razonamiento había en los que refutaban el centésimo aniversario, ya que este fue el primer maestro que ejerció como tal en Quilmes, pero esta última también podría ser considerado fecha fundacional. O sea que ya tenemos cuatro fechas posibles de fundación: el 31 de diciembre de 1822; el 29 de noviembre de 1824 y la definitiva, 25 de mayo de 1863, cuando se inauguró el primer edificio.

REORGANIZACIÓN
Rosende se desempeñó en el magisterio local hasta mayo de 1830 y en 1831 fue reemplazado por Rafael Venavente que renunció sin asumir el 4 de enero de 1833, y lo sustituyó Justino Rodríguez, que tampoco vio alumnos algunos hasta el 16 de octubre de 1834 en que cedió el cargo a Felipe Secondo de Vallona, sucedido, a su vez, en 1835 por Félix Meals, el segundo maestro quilmeño que logró infundir las primeras letras a los niños del villorrio.
Durante esos casi 10 años, el dictado de clases fue sumamente irregular y deficitario. Meals, a pesar de varios contratiempos, permaneció en el cargo efectivo durante discontinuos 28 años. 
En agosto de 1853, el Departamento de Escuelas (reorganizado después de la caída de Rosas en Caseros en 1851 y con una nueva Constitución Nacional)  promovió la apertura oficial de los establecimientos educativos. En Quilmes don Andrés Baranda Juez de Paz del nuevo Partido escindido de Barracas al Sur en 1852, dispuso la concreción de la medida no sin dificultades varias.
La escuela funcionó en la esquina NE de Hipólito Yrigoyen y Humberto Primo, luego pasó a la esquina SE de Sarmiento y Alsina a cargo del maestro interino Saturnino Echeverría, fundando una de las varias dinastías de familias educadoras que se destacaron en la localidad hasta la fecha. Era un local inapropiado por la que la municipalidad abonaba $ 300.
Seguramente, Meals debía estar con licencia pues en julio de 1857, hay documentos referentes a los festejos por el Día de la Independencia donde figuran como maestros Félix Meals y Demetria Rivero de Echeverría (designada por la Sociedad de Beneficencia desde el 16 de marzo de 1852) Se lo vuelve a nombrar cuando el 9 de agosto de 1857, llega a la escuela el busto de Bernardino Rivadavia, que luego dará nombre a la escuela, enviado por el Jefe del Departamento de Escuelas don Domingo Faustino Sarmiento. El 25 de Mayo de 1858, los alumnos de las dos únicas escuelas quilmeñas, la de varones y la de niñas, participaron del acto patrio luciendo delantales blancos mandados a hacer por don Andrés Baranda. Ese día, tremolaban en la descuidada plaza Mayor pequeñas banderas, confeccionadas por doña Melchora Giles de Baranda y otras señoras del pueblo.
En octubre de ese mismo año, a pedido del Dr. José Antonio Wilde fueron vacunados los escolares: 42 varones y 76 niñas. En 1860, Andrés Baranda dispuso la gratuidad y obligatoriedad de la asistencia a la escuela de todos los niños y niñas en edad escolar. 
Estos datos permiten argüir que el año de fundación de la Nº1 junto con la Nº2 de niñas (aún no se había generalizado la enseñanza mixta), sería 1853, o sea que la primera institución de enseñanza primaria del distrito tendría hoy más de 150 años.
A mediados de 1861 Sarmiento solicitó al Juez de Paz que destine un terreno para levantar la escuela de varones. Tomás Flores, que había sido el primer juez de paz y presidente de la municipalidad del nuevo partido separado de Barracas la Sur (Avellaneda), asigna un lote ubicando entre el juzgado de paz  y la iglesia parroquial, destinado a escuela según decreto de 1822 del ministro de gobierno de la provincia de Buenos Aires, doctor Bernardino Rivadavia.
Acompañaban a Flores como municipales (Concejales) el Dr. José A. Wilde, Rodolfo Carlsen, Pedro Costa, Benito Risso, Mariano Solla y secretario Robustiano Pérez. 
ARBITRIO 
Como se resolvió establecer la fecha de fundación de Quilmes ensamblando fechas, todas estas lucubraciones de posibles fechas de fundación de la Escuela Nº1 de Quilmes, se solucionan mediante una, a partir de la cual ya no hubo interrupciones en el dictado de clases, a partir de la cual se contó con un edificio oficial, destinado únicamente a funciones educativas y con docentes designados por autoridades competentes, el 25 de mayo de 1863.

ROBUSTIANO PÉREZ, MAESTRO FUNDADOR 
El 13 de abril de 1861, se hizo cargo de la escuela en reemplazo de Saturnino Echeverría uno de los maestros de mayor fervor comunitario y educativo que tuvo Quilmes en esos años, Robustiano Pérez, que venía actuando como secretario de la municipalidad desde marzo de 1856. Según dice el Prof. Juan Carlos Lombán: ''...verdadero arquetipo de educador poseído por una fervorosa pasión civilizadora y de bien público. "
Robustiano Pérez había nacido en 1822, supuestamente en Buenos Aires. Era un hombre parco, reservado y de costumbres modestas. Por su grafía y sintaxis se advierte que recibió una educación esmerada. Si bien su desempeño docente fue breve, pues el 27 de octubre de 1863, entregó el cargo al preceptor Julio Basset y Mansilla, la calidad de su paso por la escuela que funcionaba en su propiedad Mitre entre Rivadavia y Alsina, fue relevante.
Había adquirido este solar en 1839, allí construyó su vivienda y escuela. Luego edificó en el linde de la vereda, frente a la plaza, una sala que funcionó como juzgado de paz, frente al cual, afirma Manuel Ales, fue fusilado el juez de paz don Paulino Barreiro y no en la esquina SE de la plaza como aseguran otros historiadores.
Robustiano Pérez vendió esa propiedad a Juan Manuel García que murió en 1873 y la heredó su sobrino Antonio Silva; pasando luego a su hijo Aníbal Silva y Giráldez, donde instaló un almacén, “El Positivo”. 
A su lado estaba la casa de Santiago Laurnaga y en la esquina de Mitre y Alsina había ombúes que albergaban las diligencias de Acuña y Córdoba que hacían el servicio a la Capital, Ensenada, Magdalena y Chascomús.
Robustiano Pérez Aún desde afuera de las aulas, Robustiano Pérez, siguió bregando por la educación en el partido. Como municipal, cargo que desempeñó hasta agosto de 1866 en que se retiró de la vida pública, procuró que la primera escuela tuviera edificio propio, tuvo significativa influencia en la ordenanza de 1860, mencionada anteriormente y, en 1864, con el Dr. Wilde se unieron con la iniciativa de crear la Comisión Municipal Inspectora de las Escuelas. 
En 1862, siendo juez de paz y presidente municipal Francisco Lozano, se reiniciaron las gestiones para levantar el edificio de la Escuela Pública (el demolido en 1909, del cual subsiste la escuela para niñas, edificada en 1882, sobre la calle Alem, actual Jardín 921) El edificio fue modelo de otros construidos con posterioridad.
El 1 de abril fue aceptado, con algunas modificaciones el contrato presentado por el arquitecto Pedro Petrochi y el constructor Donad por un costo de $ 131.000. Lo firmaron además del nombrado arquitecto, Robustiano Pérez y Francisco Lozano.
El decreto fue recuperado por don Andrés Baranda, “El árbol de la buena sombra”, 37 años después de su vigencia y permitió la construcción del antiguo edificio de la N°1 donde jurídicamente le correspondía.
Los trabajos se iniciaron el 1 de abril de 1862. El último pago de 31.000 pesos fue abonado en donación por el tesorero municipal don Mariano Solla, pues la municipalidad no había podido reunir ese dinero. Otra demostración del espíritu de comunidad que existía en esos hombres abocados a la construcción de un país.
La municipalidad contaba con un presupuesto anual de $186.746. Destinaba a las escuelas y fomento de la enseñanza $ 100.000, es decir, un 53,5 %.
De esta manera la municipalidad que desde 1854 pagaba una suma de $ 300 pesos por una propiedad totalmente inadecuada a los fines educativos tendría un establecimiento propio y apropiado a sus fines.
Robustiano Pérez, el 30 de abril de 1863, promovió una colecta entre los municipales para construir el templo de la parroquia de la Inmaculada. Luego logra que se designe una comisión municipal inspectora de las obras que integra. Si bien en 1864 renuncia porque sus ocupaciones no le permiten realizar una supervisión exhaustiva el 10 de setiembre de ese mismo año denuncia irregularidades y logra que no se usen ladrillos viejos en los cimientos.
 El primer nombre que tuvo la actual plaza San Martín, que fue 25 de Mayo, fue propuesto por Robustiano Pérez en 1859 desplazando el nombre de Mayor o Principal, que conservaba desde la época colonial.
A su retiro de la vida pública en 1866 Pérez tenía 44 años, era soltero de modo que no tuvo descendientes ni ninguna otra familia en Quilmes, que se conozca. Se ignora su destino aunque se supone que murió pocos años después de 1867 porque nada más se habla de él en los documentos existentes ni en el anecdotario popular.
La escuela Nº50 de San Francisco Solano, en la calle 826 entre la 897 y 898, lleva el nombre de aquel señero educador.
LA FUNDACIÓN DEL PRIMER EDIFICIO ESCOLAR DE QUILMES 
Finalmente, el 25 de mayo de 1863 se inaugura el edificio de las dos escuelas. Cerrando un proceso que se había iniciado tres años antes: la N°1 para varones y la escuela N°2 para niñas (hoy el mismo edificio del Jardín 921)
El mobiliario y los bancos, además de los adquiridos en 1853 por Baranda, fueron traídos de Estados Unidos y Canadá a comienzos de 1863 y destinados a esta flamante escuela; según la que fuera directora largos años de la escuela N°1 y su historiadora, la señora Lila Giordano de Campelo, aún existían cerca de 130 en perfectas condiciones de uso en 1970.

INAUGURACIÓN DE LA ESCUELA 
Esto es una muestra de cuanto significaba la educación como logro de progreso para un humilde pueblo naciente, pero orgulloso de su significación en lo que fuera el Pago de la Magdalena.
El 27 de octubre de ese mismo año se llevó a cabo el inventario de las dos escuelas contando con: 6 mesas con 12 bancos anexos; 1 escritorio; 12 pizarrones grandes y uno mediano, 1 vitrina, 25 tinteros, 70 pizarras usadas, 1 geografía de Smith, un busto de Rivadavia, 13 mapas, 10 pupitres con sus asientos, etc.
En 1866, Quilmes ya contaba con 2 escuelas particulares, la de Elena Hartfield Wilde de Carlsen (sobrina del Dr. Wilde) y la de las hermanas Santos; y dos públicas. La concurrencia efectiva era de 39 niños y 42 niñas, si bien la inscripción era mucho mayor.
Prof. Chalo Agnelli
"Maestros y Escuelas de Quilmes" Cap. III



miércoles, 13 de marzo de 2013

MICROHISTORIA, UNA FORMA DE HACER HISTORIA



Estos conceptos que aquí se transcriben del profesor J. Jesús López Martínez y que recibimos gracias a la gentileza de la Prof. Raquel Gail como ningunos otros describen, detallan y conceptualizan los trabajos, investigaciones y documentos que EL QUILMERO viene haciendo desde hace tres años en este blog y desde hace 47 años desde distintos medios de divulgación.
MICROHISTORIA
(Fragmentos) 

J. Jesús López Martínez * 
Aquí se propone la microhistoria como un ejercicio metodológico para involucrar a la comunidad como parte de todo un proceso histórico que está vinculado con lo regional y nacional a partir de su vida cotidiana, lo que le da un carácter identitario, es decir, la identificación del individuo con su lugar de origen y su relación con el desarrollo nacional.
En este sentido, el rescate de la memoria de una población a partir de fotografías, documentos escritos, mapas o relatos que describen los cambios y permanencias del entorno físico, las costumbres, las tradiciones, el carácter de las personas, la mentalidad entre otros son usados como fuentes de información para la reconstrucción microhistórica para explicar, en parte, la transformación geográfica, cultural, económica y política de un pueblo o una localidad en el corto, mediano y largo plazo. [...] Para entender a la microhistoria como una alternativa de análisis es necesario explicar qué es la historia, cuál su función social, sus fuentes, su carácter crítico, todo ello con el fin de tener claro que la historia no es una simple narración del pasado. [...] Entendemos […] que la historia es la ciencia que estudia a las sociedades en el tiempo y en el espacio y que sirve para comprender el presente por el pasado y el pasado por el presente. 
Así, a partir de la interpretación del pasado para resolver el presente y viceversa es posible fortalecer la conciencia colectiva “para hacer de la recuperación y el olvido selectivo del pasado un instrumento de identidad crítica”.[1] Para lograrlo, es necesario hacer una interpretación crítica de los hechos históricos, pues criticar es transformar, carácter esencial de la historia, que la define como ciencia y no como una disciplina carente de rigor científico.
Criticar para construir, porque es mediante la crítica que se construye y se transforma un sistema social. 
En la reconstrucción histórica, la materia prima son las fuentes, que son todo documento, testimonio u objetos que transmiten un conocimiento total o parcial de hechos pasados. 
El carácter crítico de la historia estará en la forma como se interrogue a la fuente ya sea documental, oral, pictórica, fotográfica e incluso videográfica y cinematográfica para responder a una serie de interrogantes sobre la dinámica de las sociedades en diferentes aspectos, social, económico y político pues “el vocabulario de los documentos no es, a su manera, nada más que un testimonio. Precioso entre todos, sin duda, pero como todos los testimonios imperfecto, es decir, sujeto a crítica”[2] y a la confrontación con lo que lo rodea en el tiempo y el espacio. 
Fuentes de información que nos revelarán diferentes aspectos de la vida regional y nacional, pública y privada, del comportamiento e imaginario colectivo en el tiempo corto, mediano y largo. 
“La historia no puede ser un simple retablo de las instituciones, ni un simple relato de los acontecimientos, pero no puede desinteresarse de estos hechos que vinculan la vida cotidiana de los hombres a la dinámica de las sociedades de las que forman parte”,[3] puntualiza Pierre Vilar como para recordarnos de alguna manera lo que Marc Bloch ya había advertido, “la diversidad de los testimonios históricos es casi infinita. Todo cuanto el hombre dice o escribe, todo cuanto fabrica, cuanto toca puede y debe informarnos acerca de él.”[4] De aquí entonces que para la historia todo aquello que tenga la huella del hombre es fuente de información sobre su dinámica social. Por lo que nada debe dejarse de lado, sin embargo habrá que darle su valor como evidencia histórica, es decir, valorar la información que ayude a resolver problemas del cómo, cuándo, dónde y por qué. [...] No se puede concebir una historia particular desarticulada de una historia total, pueden existir particularidades en la historia pero nunca estar desligadas entre sí, siempre habrá una articulación entre ellas que le de unidad. [...] La nueva historia se interesa por casi cualquier actividad humana de tal forma que los estudios históricos abarcan temas que se consideraban carentes de historia, por ejemplo, la muerte, la niñez, la juventud, el amor, la locura, el clima, las enfermedades, el ocio, la embriaguez, la criminalidad, la vagancia, la suciedad, el cuerpo, la sexualidad, la lectura, la escritura, el lenguaje, la feminidad e incluso el silencio.
“El fundamento filosófico de la nueva historia es la idea de que la realidad está social o culturalmente constituida”.[5] [...] Como fruto de esta nueva historia está la propuesta de la microhistoria como una alternativa de análisis de los procesos sociales en el tiempo y el espacio. El concepto de microhistoria ha sido planteado a partir de los trabajos desarrollados bajo esta óptica. [...] Para Luis González [6] la microhistoria es el estudio histórico del terruño, la historia matria, la historia de la tierra donde se nace, por tanto, “es la manera como guardan su pretérito los mexicanos menos cultos, mediante la historia recordada por los viejos en miles de terruños.” 
La microhistoria no es una crónica o narración de hechos sino que “indaga los avatares de un terruño desde su fundación hasta el presente; pregunta por los sucesivos actores y acciones de la minicomunidad; toma muy en serio la geografía, los modos de producción y los frutos del ámbito municipal; le da mucha importancia a los lazos de parentesco y demás aspectos de la organización social; destaca los valores culturales de las distintas épocas; confronta lo lugareño con la región y la patria común.”
En este sentido podemos entender la microhistoria como el estudio en menor dimensión de la dinámica social de un barrio, una ciudad, una comunidad, una comarca, etc. que bajo una visión microscópica nos dará cuenta en detalle de las actitudes y de opinión de los individuos comunes de los diferentes ritmos de desarrollo y crecimiento de su entorno pero siempre vinculado a un proceso regional y nacional mucho más amplio. [...] Otra concepción muy importante acerca de la microhistoria es la desarrollada por la historiografía italiana del siglo XX. 
En su concepto la microhistoria es una práctica historiográfica que “se basa en esencia en la reducción de la escala de observación, en un análisis microscópico y en un estudio intensivo del material documental […] Para la microhistoria, la reducción de escala es un procedimiento analítico aplicable en cualquier lugar, con independencia de las dimensiones del objeto analizado” [7] se interesa por lo concreto y lo detallado. [...] La microhistoria italiana se interesa por el análisis de las relaciones sociales y de las formas culturales tanto de grupos sociales, comunidades como de individuos, éstos últimos como parte de un tejido de relaciones que se insertan en contextos más amplios. 
Lo importante de la microhistoria es formular preguntas generales a objetos reducidos y formularlas de tal modo que esos objetos menudos, lejanos y extraños cobren una dimensión universal, sin dejar de ser a la vez irrepetibles y locales. [...]
* J. JESÚS LÓPEZ MARTÍNEZ. Licenciado en Humanidades, Maestro en Historia y Candidato a Doctor en Humanidades (Historia), por la Universidad Autónoma Metropolitana (Unidad Iztapalapa). Con amplia experiencia docente en educación superior, pues ha sido y es catedrático en la Universidad Autónoma Metropolitana, la Escuela Nacional de Antropología e Historia, y el Instituto José Ma. Luis Mora. Autor de diversos artículos, reseñas y textos históricos. 

NOTAS:

[1] Carlos Monsiváis, “La pasión de la historia” en Carlos Pereyra, et al, Historia ¿para qué?, Siglo XXI, México, 1984, p. 171.  
[2] Marc Bloch, Introducción a la Historia, 2ª. reimp., FCE, México, 1996, p. 130.  
[3] Pierre Vilar, Iniciación al vocabulario del análisis histórico, tr. M. Dolores Folch, 4ª. ed. Editorial Crítica Gijalbo, Barcelona, 1982, p. 43.  
[4] Bloch, op. cit., p. 55.  
[5] Peter Burke (ed.), Formas de hacer Historia, Alianza Editorial, Madrid, 1993, p. 15.
[6] Luis González, “Terruño, microhistoria y ciencias sociales” en Pedro Pérez Herrero (comp.), Región e Historia en México (1700-1850), Instituto Mora/UAM, México, 1991, p. 27-35.  
[7] Giovanni Levi, “Sobre microhistoria” en Pérez Herrero, op. cit., p. 122.


FUENTE
Aprender a enseñar Historia. Coordinadores: Adela Guerrero Reyes, Ismael Vidales Delgado Autores: María de los Ángeles Moreno Macías, José Juan García Ávalos, Nidia Angélica Curiel Zárate, Alberto Sánchez Cervantes, J. Jesús López Martínez, Eduardo Tarango Reyes. © 2005, Centro de Altos Estudios e Investigación Pedagógica, proyecto administrado por el Colegio de Estudios Científicos y Tecnológicos del Estado de Nuevo León (CECyTE, NL) Andes No. 2720, Colonia Jardín Obispado, CP 64050, Monterrey, N.L. México. 



Publicado por Raquel Gail 
el 3/11/2013 11:58:00 p.m.