martes, 15 de octubre de 2013

EL LUZ Y SOMBRA - HISTORIA DE OBSTÁCULOS - CARTA ABIERTA DE LEOPOLDO RUSSO


De izquierda a derecha: Leopoldo Russo; Héctor Welschen; Silvia Rega; Alejandro Martín y Aníbal Dainotto, el último de la derecha. Compañeros del Grupo Luz y Sombra, de aquel momento. Foto tomada durante el conflicto con la administración del Intendente Eduardo Vides y la secretaria de cultura Marta Farías, cuando se encadenó la Casa de la Cultura (Fuente diario “El Sol”)


Hacemos historia y todo es historia. Nuestra cultura quilmeña tiene una de las más ricas y abundantes manifestaciones de arte, cultura y educación de la provincia de Buenos Aires; en antigüedad, en calidad y en cantidad. Y el teatro, desde “La pomada blanca” de José Andrés López (1979), tuvo, secundado por las otras manifestaciones del arte, una presencia inusitada y preponderante.
Escribió la docente e historiadora, mujer de la cultura doña Lila Giordano de Campelo: “Constituye una verdad indiscutible que la historia de los pueblos la escriben sus instituciones... Otra verdad difundida y compartida es la que sostiene que la historia de los pueblos la escriben los pueblos mismos.”



EN MEMORIA 
El 15 de octubre Leopoldo Russo, profesor, actor y director de teatro, hubiera cumplido años. Esta “carta abierta” se publicó en el diario El Sol el martes 10 de abril de 1984, bajo el título “Carta abierta para un aniversario sin festejo”.  Era intendente el radical don Eduardo Vides, apenas hacía un año que el pueblo argentino recuperaba la democracia después de 7 años, 8 meses y 17 días de saqueo, de horror y de muerte. No fue fácil para nadie, pues la democracia, hasta esa fecha,  no había tenido nunca continuidad en la Argentina y políticos y funcionarios estaban improvisando pues el estrago era grande.
Si bien eran momentos en que todo estaba por recomponerse, por reordenarse, un funcionario tomó una decisión desafortunada creyéndose en el deber de “democrátizar” y “poner orden” en todos los ámbitos de su dirección por igual, sin apreciar que el teatro quilmeño tenía una historia sólida y proyectiva, que no necesitaba ningún reordenamiento pues larga había sido la experiencia que cargaban para sortear todo tipo de dificultades. De esto último, aún pueden dar buena cuenta los fundadores: don Norberto Martín y don Antonio Di Notto.



LA EDITORIAL 
En la misma hoja del periódico la nota editorial del diario se hace eco de la desolada diatriba de Russo y dice en sus últimos párrafos:
[…] En el transcurrir de los años muchas expresiones han ganado prestigio, no sólo en el ámbito municipal, sino también en el orden nacional e internacional. Incluso ha sido el esfuerzo de algunos grupos para poder integrar con solidez un equipo de trabajo apro­piado y pocas han sido las satisfacciones materiales ya que son esforzados profesionales por vocación. 
Y en Quilmes, está por cumplir 35 años el Teatro; Luz y Sombra, creado el 15 de abril de 1949, que sin duda alguna jugó, desde ese momento un importante papel en la historia de la cultura quilmeña. 
[…] Durante muchos años el elenco de Luz y Sombra desandó la provincia, actuó en representación de Quilmes, ganó lauros, aplausos y reconocimiento. Antes de culminar 1983 prepararon dos importantes obras, refaccionaron el teatro, lo pintaron y pusieron inclusive dinero de sus bolsillos para mejorar la sala.
Era intención del elenco y quienes lo dirigen recibir a la democracia con alegría, homenajeando a las auto­ridades electas por el voto popular. Nadie asistió a la función.
Más allá de este hecho anecdótico, en enero, el día 12, se encontraron con las puertas cerradas del teatro. No hubo explicaciones, no hubo aviso, no hubo contemplación.
Catorce actores, que le significaban una mísera migaja del presupuesto al municipio, que dedicaron largas horas de su escaso tiempo libre en beneficio de la cultura popular, fueron despedidos sin contem­placiones.
Luz y Sombra cumplirá 35 años de vida. Pasaron los años, pasaron los gobiernos, y aquí estamos con un teatro cerrado y 14 actores sin trabajo.

 HOMENAJE 
Fue un día 15 de abril, cuando nació el Luz y Sombra. Fue un día 15 de octubre cuando nació Leopoldo Russo. Vaya esta nueva publicación de su Carta Abierta, llena de pasión por el teatro, de dignidad, como homenaje a su trayectoria, a su vida; en gratitud por tanto que dio al público, a sus alumnos, a sus colegas, sus amigos. Y como homenaje al teatro - que él y el teatro son lo mismo - que sigue palpitando en Quilmes con los mismos bríos que 29, que 64, que 134 años atrás.


CARTA ABIERTA 
15 DE ABRIL DE 1949. Es­ta fecha, así a secas, sin recordatorio previo, tal vez no tenga mucha significación, salvo para un pequeño y reducido grupo de hombres y mujeres de Quilmes, que allá en el tiempo, esperanzados e impulsados por el fervor de la juventud y las ganas de hacer para el espíritu, se lar­garon a la aventura de fun­dar un teatro y luego andarlo para nuestra ciudad.
Lejos estaban aquellos muchachos que se reunían en la mesa de un café que el an­dar iba a ser tan arduo como extenso, pleno de goces, pero, también plagado de escollos y amarguras, duro, ingrato, con alegrías ante un éxito y reflexión ante una equivo­cación o ante un fracaso.
Sólo el público y nada más que el público con avidez, su apoyo tácito, su aplauso o su crítica fue el motor gene­rador de este movimiento teatral reconocido a través de casi cuarenta años de vida.
Aquellos muchachos, viejos compañeros, fundaron una sala allá por La Colonia, la construyeron con sus propias manos, con su amor y sus bolsillos y el público los apoyó en un idilio de muchos años; colmó ese teatrito tan­tas veces durante tantas noches, hasta que un día se dieron cuenta que todo les quedaba chico. Con nuevos bríos construyeron otro, esta vez en pleno centro de Quilmes.
Era lo que esperábamos los que por aquella época, como fue mi caso, solo éramos público, nos sentíamos honrados con esa inauguración. Martín y su grupo nos regalaban un teatro ¡Otro más! Era todo un lujo para la ciudad de aquellos tiempos.
Quilmes tenía ahora un nuevo elemento que desta­caba su perfil particular en­tre las ciudades de la Zona Sur, un teatro amasado por sus propios hombres, aplaudido por su público y apoyado - algunas veces abiertamente y otras a regañadientes - por los sucesivos gobiernos municipales.
Eso quedó demostrado cuando allá por 1966 la Municipa­lidad de Quilmes le hace lugar entre sus filas y funda el Teatro Municipal que seguirá llamándose Luz y Sombra. Mejor homenaje imposible.
El Municipio cede un viejo salón de la Casa de la Cultura y allí mágicamente y con las manos y el sudor de aquellos muchachos ya mayores y con otros que nos sumamos a la lucha se vuelve a construir otro teatro, el tercero, ahora mejor acondicionado.
Así continúa el trabajo, los estrenos transcurren al pasar del tiempo, el grupo va creciendo, estudiando, per­feccionándose, también equivocándose, pero co­rrigiendo o tratando de hacerlo sobre la marcha; se investiga, se trabaja llevan­do a escena lo mejor del teatro argentino y universal, pues ese es y sigue siendo el compromiso. Basta leer las carteleras para comprobarlo.

Cada aniversario del teatro, además de ser un aconte­cimiento artístico de impor­tancia para la ciudad que nos cobija, es una fiesta íntima para cada uno de nosotros, es el único derecho que nos reservamos, brindamos infaltablemente por la permanencia, saludamos y homenajeamos a los fun­dadores, recordamos a los que pasaron o ya han muerto y siempre, siempre, como fiesta final, nos encontramos con el público, nuestro público para tratar de dar lo mejor de nosotros mismos. Así a los diez años, pasó Yerma, a los quince Una Cabalgata Extraviada, a los veinte Buenos Aires de Nin­guno, Hollín y Juegos Infantiles a los veinticinco y finalmente Macbeth a los treinta años. 
Hoy a los treinta y cinco: El Silencio. Porque el 15 de abril de 1984 tal vez no diga mucho, salvo para un pe­queño y reducido grupo de bohemios que ayer fun­daron un teatro, que ayu­daron a mantenerlo, que lo hicieron crecer y qué hoy es­tán en plena calle, prohibida su entrada al teatro y arrojados de él como a delin­cuentes.
Quizás el 15 de abril en años venideros, se convierta en una efeméride importante para la historia cultural del pueblo quilmeño, pero en el futuro, nunca hoy. Es lamen­table reconocer que en nuestro país siempre ocurra así, que es necesario morir primero para ser reconocido después. Seguimos envueltos en un amor necrófilo por lo que fue y no en un amor sano por lo que es o puede llegar a ser. Y dicho esto, pues el próxi­mo domingo nuestro querido teatro Luz y Sombra estará en silenció y en las verda­deras sombras, por primera vez, en toda su extensa trayectoria.
Es incomprensible e ina­ceptable que hoy, cuando todo el país está de pie para el trabajo, cuando el pre­sidente Alfonsín pide a los cien días de su gobierno unión y trabajo mancomunado, y cuando en el teatro sus integrantes esperábamos también de pie el momento del despegue, nos hayan em­pujado y puesto literalmente “de patitas en la calle”, en nombre de no se sabe bien qué restructuración.
Y cuando pedimos expli­caciones concretas se nos contesta con vaguedades in­consistentes como que: “podemos volver a reintegramos”… “pero, no todos”… “o algunos”… “los que fueran necesarios” y que debemos presentarnos a un “concurso” o “selección” o “evaluación”.
 Entonces uno llega a la tris­te conclusión de que a pesar de los cambios, uno siempre tiene que estar rindiendo examen ante el funcionario de tumo.

Porque sino ¿Cómo se explica que un, artista que protagonizó obras como: Romeo y Julieta, Recordan­do con ira, Los prójimos, Otelo, Quién le teme a Virginia Woolf, Los Hermanos Queridos y que dirigió obras de la talla de El Reñidero, Muertos sin Sepultura, Panorama desde el Puente, El Organito o Stéfano para nombrar sólo algunas, debe ahora rendir examen vaya a saber ante qué tribunal. 
Y es allí donde comienza el grotesco, ante la pregunta de “¿¡Ante quiénes debo rendir esa prueba!?”… la respuesta no puede ser más irrisoria, ante una especie de junta integrada por Norberto Martín, direc­tor del teatro. Claudia Dessy, directora del teatro infantil Alfonsina Storni, y ante un asesor teatral sacado de la galera de la Dirección de Cultura y que seguramente debe estar cobrando un sueldo que ya no co­bran los actores despedidos.
Y digo irrisoria, pues con Martín he trabajado durante 20 años… ¿No me conoce? La señora Dessy me ha visto ac­tuar durante casi otros tantos… ¿No me conoce? Yo sé que ellos no son culpables de es­tos nombramientos, pero mi preocupación es otra y hasta cómica en medio de este drama ¿Y a mí, quién me conoce?
Esta pregunta después de 22 años de lucha por y para el teatro quilmeño, esta pre­gunta sin respuestas es enlo­quecedora. Yo no lo hice y ni pienso hacerlo, pero con el mismo derecho y como ciudadano yo podría haber preguntado quién es esa per­sona desconocida que se nombra como Director de Cultura, ante quién dio examen, qué méritos, qué an­tecedentes posee para ma­nejar los destinos culturales de una ciudad de la importancia de Quilmes, con qué derecho se ignora la lucha, la trayectoria de un grupo de artistas quilmeños que están orgullosos de serlo.
Es muy grave que un fun­cionario pueda pensar y proceder así y es más grave aún pues uno tiene derecho a pensar los peor y los peor es pensar en: razones de simpatía personal, o políticas, o de ignorancia; de quién es quién en el ámbito cultural de la ciudad o de querer acomodar a otros o de pe­queñas vendettas pueble­rinas o de intrigas palaciegas o de desconocimiento de la materia que se maneja, en fin. El razonamiento puede ser interminable y nunca sano. A mi personalmente me gustaría encontrar respuesta a todas estas incógnitas.
Le había prometido al di­rector del Teatro volver este año después de un pequeño descanso y estar arriba del escenario festejando un nuevo aniversario, pero esta alegría se vio frustrada. Hoy el teatro está en silencio, os­curo, inactivo y cuando todo el país exige ponerse en mar­cha, cuando en plena de­mocracia todos estamos dis­puestos a trabajar para reconstruir el país des­pedazado, nos echan, nos sacan, nos despiden solapa­damente en nombre de una libertad disfrazada de jus­ticia. Yo me pregunto ¿De qué justicia? Así es de simple el acontecer de este aniver­sario; así es de simple y doloroso.
Hasta que yo y mis com­pañeros no encontremos la respuesta concreta, senti­remos que la Renovación y el Cambio propuestos, son solo cortinas de humo que con­tinúan tapando las listas negras y las prohibiciones.
Esperamos que alguien nos escuche y que alguien nos reconozca, por lo menos si así sucede, este aniversario tendrá un sabor menos amargo. Leopoldo Russo - L.E 5.199.327

Compilación y argumentación Chalo Agnelli