lunes, 14 de marzo de 2022

EN HOMENAJE A HUDSON, VIOLETA HABLA DE AVES ... POR VIOLETA Y GRACIELA


PLIEGOS DE CORDEL

En “Palabras con historia” la revista que por poco más de 20 años publicó la periodista e historiadora varelense Graciela Linari desborda de notas, comentarios, anuncios, sobre la vida y la obra del primer escritor y naturalista quilmeño Guillermo Enrique Hudson, de quien este año se cumple el Centésimo Aniversario de su fallecimiento en Inglaterra. Esta es una “Página con Alas” que recogió Graciela de Violeta Shinya, también tesoro viviente de la humanidad, que transcurrió su larga existencia con orgullo y con pasión la causal situación genealógica de ser sobrina nieta, no solo por la sangre, sino mucho más por el espíritu, del Gran Divulgador de Nuestras Pampas. (Chalo Agnelli)

Invitada a brindar una charla en la Asociación Amigos de los Parques Nacionales, en 1975, Violeta Shinya[1] explicó esa convocatoria como una forma de rendir: “el más recatado y ferviente homenaje” al naturalista bonaerense, al llevar a la sala: “un poquito de la belleza natural que brindan sus árboles, sus pájaros con esa su parla que él tan bien estudió, algunas pequeñas florecillas, el poder imaginar el vuelo inesperado de un pájaro o esa danza de los ‘horneros’ en medio del barro ...”.

Dicho esto, acotó que: “bajo el conjuro de su nombre convoca la pampa, con sus silencios que se oyen, sus rumores que se distinguen y desde el borde de una alambrada”, invitó a los presentes a trasponer la tranquera e ingresar, por un camino bellísimo al monte y allí: “elevar la vista hasta la copa de los árboles y detenerla donde se posó un pirincho curioso y por ese camino umbroso llegar hasta donde el sol se filtra entre las ramas y luego, si es verano, extasiamos al admirar la profusión de frutillas salvajes o, si es invierno, ahí mismo aspirar el perfume suave e inolvidable de las ocultas violetas silvestres, todo poblado por el canto de las calandrias, el hacer nervioso del ‘carpintero’ y después, desde un claro, observar al ‘hornero’, tan elegante y de pausado andar... buscando alimento, si ha llovido... entonces es un placer poder seguir el bailoteo que ejecuta en charcos y barro blando, en época de construcción que - Hudson nos enseña - comienza en otoño y, a veces, termina su nido-horno en invierno, otras, en primavera, dependiendo todo del tiempo y de las condiciones de las aves.


Tenemos, entre septiembre y enero
– prosigue -, un hermoso y fiel visitante; el ‘churrinche’; el macho con su color rojo llamativo, salvo el cuello; espalda, alas y cola negras; las plumas sueltas de la coronilla que forman una cresta son especialmente brillantes, como una ascua encendida entre el verde follaje... Se lo llama ‘churrinche’, ‘federal’, ‘fueguero’, ‘brasita de fizego’... y su canto es una continua sucesión de notas argentinas, borboteantes, a veces emitidas en vuelo. En la noche, sin volar, canta, pero sus notas son menos apuradas, más suaves y prolongadas. La hembra, en tanto, de un ceniza claro arriba y abajo blanco, pecho estriado carmesí y vientre más o menos rojo rosado. Es ella la diligente constructora del nido y ahí despliega, más o menos una semana después del arribo, arte e industria, y esto la compensa de las bellezas y prendas del macho. Son los ‘churrinches’ los primeros de nuestros visitantes estivales que nos abandonan. Parten de golpe, pero permanecen los pichones hasta abril. Dice nuestro autor – explica - que sería a causa del frío otoñal”.

Continúa su disertación la docente hablando de: “un sorprendente visitante que desde fines de diciembre y hasta febrero, se albergó en la rama más alta de un tala dos veces centenario, es la ‘bandurria mora’ (foto de arriba), según la clasificación de Hudson. Lo cierto es que la pareja llegó ahí desde el arroyo Conchitas y construyó un nido que fue el asombro de todos y cada uno de nosotros y de nuestros visitantes pues, desde el suelo, parecía una construcción tan precaria y tan zarandeada que no pensé que pudiese resistir un temporal. Sin embargo, los embates de fuertes sudestadas, un fuerte viento que corrió a más kilómetros de lo común desde sudoeste y las lluvias, no hicieron mella y ahí seguía la ‘bandurria’, hamacándose, su nido de mañana y al atardecer, para llegar hasta el arroyo en busca de alimento. Y mientras esto ocurría, parloteaban los picaflores.

Ya sobre el final de su relato sobre las aves habitantes del Museo y parque Evocativo Guillermo Enrique Hudson, Violeta hizo referencia al ‘chimango’ de poca atractiva apariencia, siempre dispuesto a atacar al débil o al enfermo. También la ‘cachirla’, tal su nombre verdadero, un ave sedentaria que vive en pareja todo el año y, para dejar atrás estos personajes – concluyó – la ‘lechuza’, a la que no vi pero escuché muchas veces.

Graciela Linari/2021

Compilación y compaginación Chalo Agnelli

FUENTE 

Palabras con historia Año 20 N°213 – Diciembre 2021. Pág.13

NOTAS


[1] Ver en el Blog EL QUILMERO del viernes, 2 de agosto de 2013 Violeta Gladys Shinya, aniversario del nacimiento de Guillermo E. Hudson por Graciela Linari