lunes, 5 de octubre de 2009

QUILMES DESDE LOS QUILMES

lunes 17 de agosto de 2009


HISTORIA DE QUILMES DESDE EL ORIGEN DE LOS QUILMES


Investigación y compilación del Prof. Chalo Agnelli

Hacer la historia de un pueblo es desarrollar la evolución de su gente, lo que va más allá de su geografía. Hacer la historia de Quilmes es remontarnos al desarrollo histórico de nuestros primeros pobladores, los pueblos quilmes y acalianos.
Intentaremos reconocer a este “pueblo originario”, como se bautizó desde 1994 a los llamados “indios” por los descubridores españoles, creyendo que habían llegado a la India; o “aborígenes”, [1] que, según la Real Academia, somos todos los originarios del territorio de nacimiento, término extensivo a “los primitivos moradores de un país”; o “nativos”, “naturales”, adjetivos también demasiado amplios pues todos los nacidos en Argentina ayer u hoy somos nativo y naturales; o “indígenas” que no es un término agradable pues remite a “indigente”, pobre, sin recursos, ¡“que no es gente”! En fin después de todas estas disquisiciones lingüísticas y semánticas creemos que esta es la historia de un pueblo argentino que, aunque pre-existente al Estado Nacional, a la Argentina, hoy son La Historia Argentina y la historia de Quilmes, partido de la provincia de Buenos Aires que fuera la reducción de la Exaltación de la Santa Cruz de los Quilmes, luego, en 1812, Pueblo Libre de los Quilmes y hoy partido y ciudad. Las abundantes referencias apuntan a profundizar en nuevas investigaciones y puntos de vista criteriosos.
El territorio ubicado en el noroeste argentino entre las provincias de Salta, Tucumán y Catamarca, entre los ríos Santa María o Yocavil de Tucumán al sur y el Calchaquí de Salta al norte, en documentos de la época colonial se llamó Valle Calchaquí, se justifica el nombre referido a un cacique, Juan Calchaqui o Juan el de los calchaquíes [2] (de “calchac”: bravo y “qui-y”: muy, mucho, es decir: los muy bravos) que parecería haber dominado esa región. En ese territorio se desarrolló una cultura pre-incaica apodada de Santa María, en el año 850 de nuestra era, cuando el centro de la cultura hegemónica era Tiahuanaco en Bolivia. Entre las parcialidades más significativas de esta región estaban los quilmes que precisamente se ubicaban en el noroeste de la provincia de Tucumán y al este de la de Catamarca.
La historiadora Guillermina Sors de Triceri, en su libro "Quilmes colonial”, editado por el Archivo Levene en 1937, da cuenta de una carta dirigida la rey por el gobernador del Tucumán Lucas de Figueroa y Mendoza, el 20 de noviembre de 1662, donde señala que en esa región se hallaba la nación de los quilmes, “… distribuidos en once sitios con trescientos hombres de guerra, y otras nueve naciones indígenas…”
Efectivamente con ellos hubo otras parcialidades o tribus, que el Prof. Juan Pablo Vera en el trabajo que presentó en 1937 llamado “La conquista del Tucumán”, nombra como: los atacamas, hualfines, yocahuiles, acalianos, tolombones, andalgalás, famatinas y calchaquíes; Guillermina Sors agrega: amaychas, anguinahaos, upingaschas, casminchangos, tocpos, anchapas y tucumangastas. Puede que algunos de estos patronímicos se refieran a un mismo grupo. A partir del siglo XVI se adjudicó a todos estos pueblos el nombre común de “calchaquíes”, según el Pbro. Pedro Lozano, escritor, historiador y eclesiástico español, nacido en Madrid en 1697 y fallecido en Humahuaca en 1752.
El profesor Vera agrega que es un error adjudicarles el nombre calchaquíes cuando sólo es la denominación de una parcialidad, que quizá pudo ser la de más injerencia y poderío en la zona, lo que fue superado por la resistencia que pusieron luego los quilmes para conservar su libertad y su dignidad en el “Fuerte Quemado”, “pucará”; edificación militar levantada en la cima de los cerros, sitio arqueológico que se encuentra en el Departamento Santa María, al norte de la ciudad cabecera departamental y a unos 15 kilómetros al sur de Quilmes, sobre la margen izquierda del Río Santa María.
Lozano conjetura que los quilmes arribaron al territorio argentino cruzando los Andes desde Chile huyendo de la estampida incaica. De esto, bien dice el profesor Juan Carlos Lombán en su libro “Nueva historia de Quilmes”, no hay pruebas fehacientes.
Esta teoría llevaría a suponer que la presencia de los Quilmes es más reciente y de esta manera no se condice con la “indudable homogeneidad de su patrimonio gutural con el de los otros grupos calchaquíes, sin presentar al examen de los estudiosos, prácticamente ningún elemento de claro origen chileno.” [3]

Las excavaciones efectuadas en el pueblo llamado Antiguo Quilmes, en la provincia de Tucumán, permitieron hallar elementos con una antigüedad de poco más de 1000 años a la fecha: ”… es decir unos 500 años anteriores a la conquista de Chile por los Incas.”
Sin embargo también admite el Prof. Lombán, que en la vecina región trasandina hay varias toponimias que comienzan con el prefijo “quil” lo que podría respaldar la teoría del Pbro. Lozano.
El investigador Pablo Cabrera afirmó que procedían de La Rioja y así lo intentó demostrar en la Revista de la Universidad Nacional de Córdoba en 1917. [4]
El Prof. Vera en el documento mencionado da varios interpretaciones lingüísticas de términos que pertenecen a la toponimia del noroeste, como “diaguita” o “tiac-y-ta” que se traduce “gente del pueblo”; “tucma” nombre de un cacique de la región (Tucman, Tucumán, Tucumanhao, Tucuyman, Tucuma…) Pero se le asignan varias otras significaciones: “el país de algodón” (Groussac), “el país de los turcos” ( Adán Quiroga), “Cabeza luminosa” (Hutchinson [5] y Nicolás Avellaneda) etc.
La lengua de los quilmes no era el quechua que hablaban con variaciones fonéticas y semánticas los otros pueblos del valle, sino el Kakan o cacano, el Pbro. Lozano dice que “apenas lo percibe quien no lo mamó con la leche” y el Prof. Vera agrega: “… idioma borrascoso, gutural y muy difícil de pronunciar y comprender”, calificación, la de este último, lucubrada desde la imaginación, imposible de la experiencia concreta.
Según la carta del gobernador Figueroa los quilmes integraban con otras parcialidades un territorio de 14 leguas del Valle lo cual se corresponde con lo reducido de sus integrantes unos 3000 individuos que contaban con 300 hombres de guerra. Esto engrandece la temeridad y valentía de este pueblo que se enfrentaba con un ejército conquistador fuertemente pertrechado y con varias décadas de práctica bélica. El documento deja entrever que estos pueblos eran independientes unos de otros, lo cual no explica que haya sido así antes de la fecha de la carta del gobernador. El historiador Jaime Freyre arguye que durante el siglo XVI estaban sojuzgados, “…a un Señor que señorea todos los caciques”; que podría ser el mencionado Juan Calchaquí.
Los quilmes ni sus vecinos se doblegaron a los encomenderos a los que fueron destinados ni a las imposiciones de franciscanos que intentaron imponerles la fe cristiana En 1588 fueron sometidos por el gobernador Juan Ramírez de Velazco, pero en 1630 se reinició la rebelión libertaria, no sólo de los quilmes, sino también de otras parcialidades tucumanas. Las luchas duraron 6 años y en 1636 se estableció un acuerdo de partes, los españoles abandonarían el valle y ellos prestarían una mita voluntaria a las ciudades vecinas. La petulancia y la soberbia del conquistador no favorecieron la convivencia, se permitió que se instalaran los jesuitas con dos reducciones generándose rispideces y encontronazos, de manera que en 1658 fueron combustible fácil de encender por el filibustero español Pedro Bohórquez que se pretendía descendiente del último rey inca.
En 1659 comienza la intervención de Alonso de Mercado y Villacorta. Los quilmes estaban liderados por el cacique Martín Iquim. En 1665 son derrotados definitivamente y comienza el “extrañamiento” o “desnaturalización”. Les quitan sus tierras, su aire seco, sus aguas, los animales con los que hacían sus prendas de vestir y su alimento, las piedras con las que construían sus casas, las plantas con las que se curaban y que les servían de combustible; los separan de todo lo que les era propio, dérmico, genético, considerando las generaciones que habían transcurrido su existencia en ese lugar y los traen a un territorio húmedo, lodoso, con especies animales y vegetales totalmente ajenas a su conocimiento y “… la severidad de las condiciones de trabajo, la remuneración de las labores, las extracciones ilegales de indos de la reducción para servicio personal o público, las dificultades de adaptación por el traslado … las enfermedades, las pestes y epidemias y el ‘desgano vital’ de los pobladores”, como reafirma el Prof. Jorge Levorati en “La Reducción de los Quilmes”, fueron incidencias suficiente para que en 1805 con motivo del pedido que el párroco Juan Marcos hace al virrey Sobremonte para que se declaren nulas las elecciones del cabildo indio, afirma que tan sólo quedan, “doce o trece indios que componen este pueblo”. En 140 años la extinción fue prácticamente total.
Refiriéndose al acendrado apego a la tierra de origen escribió el Dr. José A. Craviotto en un aniversario de Quilmes: [6] “A los 380 años de la llegada de los españoles a lo que hoy es Quilmes, luego de casi cuatro siglos de historia, podría preguntarse si existe aquí ese ‘estado sublime de comunión del hombre con la tierra en un espacio geográfico singular, en virtud del cual adquiere conciencia colectiva de individualidad’. Es esa conciencia que se la puede describir como una identidad existente entre los habitantes en cuanto a sentimientos básicos, tendencias y manera de encarar las cosas comunes creadoras de un estado de conciencia general que une a todos en los mismo anhelos y propósitos fundamentales […] Ese conciencia fue llamada ‘homonoia’ por los antiguos, y estaba forjada por la acendrada convivencia en el mismo suelo […] Precisamente los quilmes tenían ese sublime estado de comunión con su valle, con el espacio geográfico del noroeste, y desde ese estado se afirmaba su conciencia colectiva de individualidad, su homonoia.
Derrotados por Alonso de Mercado y Villacorta, atravesaron el país y los ubicaron frente al Río de la Plata, en tierras que cedió el alcalde mayor principal Juan del Pozo y Silva a cambio de otras más al sur con encomienda de naturales pampa, a pedido del gobernador José Martínez de Salazar que, de ninguna manera se puede considerar fundador de Quilmes, pues solo fue gestor de un trámite que acordó con Mercado y Villacorta, al cual se le podría conceder esa “fundación” [7]que no fue tal ni nunca existió; Quilmes fue fundado, si se quiere usar esa palabra, por el pie del primer quilmes que pisó este suelo del Pago de la Magdalena.
Según los valores de nuestra época, conquistados después de cruentas luchas por la dignidad humana, hagamos una pausa en el discurrir y pensemos: la Revolución Francesa, la derrota de la inquisición del catolicismo romano, las conquistas obreras, la declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano en 1789, la Declaración de los Derechos Humanos el 10 de diciembre de 1948 por la Asamblea General de las Naciones Unidas, la liberación de la mujer y el respeto a la diversidad sexual… según esta filosofía de lo humano como esencia, lo que aconteció con el pueblo quilmes y sus hermanos acalianos fue un genocidio, como lo fue la “conquista al desierto”, de la que concluye el historiador Felipe Pigna: “El saldo fue el de miles de indios muertos, catorce mil reducidos a la servidumbre, y la ocupación de quince mil leguas cuadradas, que se destinarían, teóricamente, a la agricultura y la ganadería. Las enfermedades contraídas por el contacto con los blancos, la pobreza y el hambre aceleraron la mortandad de los indígenas patagónicos sobrevivientes.” [8] Pero en aquellas épocas pasadas los valores eran otros.
Digo en el libro Migraciones remedando a otros autores de prestigio y solidez intelectual que el híbrido es nuestra condición racial, si de razas se puede hablar en el siglo XXI. El híbrido conformó una conciencia individual, familiar y comunitaria que mal o bien diseña al siendo argentino [9] y sus consecuencias históricas, políticas y socioculturales; “... toda cultura es híbrida y es candorosa la idea de algo platónicamente americano”, dice Ernesto Sábato. Y agrega el historiador José I. García Hamilton: “Acaso tengamos que asumir que no existen en el mundo nacionalidades puras e inocentes, sino que la evolución natural, la mixtura racial y las migraciones sucesivas nos han hecho como somos y, por lo tanto, debemos hacernos cargo de las miserias y grandezas de nuestro pasado y de todos los componentes de nuestra sangre. Se trata ahora de convertirnos en sociedades más tolerantes, productivas, pluralistas y prósperas, y encarar la herencia y los males de la conquista y la extensión territorial con equilibrio y sensatez, que es la mejor base para impartir justicia y reparar iniquidades.”
Hace 345 años que los quilmes llegaron a estas costas rioplatenses, pero la historia de la comunidad quilmeña bien podría decirse que tiene 1000 años.












Compilación e investigación, 
Prof. H. Ch. Agnelli
Bibliografía
1. Ambrosetti, Juan B. “La antigua ciudad de los Quilmes ”Boletín del instituto Geográfico Argentino. Tomo XVIII, Pág. 33.
2. Ameghino, Florentino. “Obras completas y correspondencia científica de Florentino Ameghino” Edición oficial ordenada. Gob.. de la Pcia. De bs. As. Vol. III – Pág. 363. La Plata, 1915.
3. Brauch, Carlos. “Exploraciones arqueológicas en las provincias de Tucumán y Catamarca” 1911. Buenos Aires.
4. Levoratti, Jorge. “La Reducción de los Quilmes – 1666/1812” Ed. Tiempo Sur. Julio 2000.
5. Lombán Juan Carlos. “Nueva historia de Quilmes” El Monje Ediciones. Quilmes 1990.
6. Lozano, Pedro. “Historia de la Conquista del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán.” Reimpresión en Buenos Aires: Imprenta Popular, 1873-75.
7. Márquez Miranda, Fernando. “La antigua provincia de los diaguitas.” En Historia de la Nación Argentina, Ricardo Levene, 2º edición. Vol. I, Cap. III. Bs. As. El Ateneo, 1939.
8. Melie, Augusto. “Papeles del archivo. La ciudad de Quilmes” Bs. As.. Archivo General de la Nación.
9. Otamendi, Luís. “Origen de Quilmes”. Quilmes Municipalidad de Quilmes, Biblioteca Sarmiento, 1978.
10. Palermo, Miguel A. y Boixados Roxana E. “Transformación en una comunidad desnaturalizada. Los quilmes, del valle calchaquí a Buenos Aires”. Tandil, anuario del IEHS, 1991.
11. Quiroga Adán. “Petrografías y pictografías de Calchaquí”. Universidad Nacional de Tucumán. Bs. As. 1931
12. Sors de Triceri, Guillermina. “Quilmes Colonial” Archivo Histórico de la Pcia. de Buenos Aires Ricardo Levene. 1937.

NOTAS
[1]Ver: http://www.aborigenargentino.com.ar/ - www.kilmesblog.com.ar - www.comunidadindiaquilmes.es.tl
[2] Vera, Prof. Juan Pablo. “La conquista del Tucumán” 1937
[3] Ob. Cit. Pág. 27
[4] Año IV. T. IV, diciembre de 1917, Pág. 430
[5] Tomás José Hutchinson o José Hutchinson, nació en Stonyford, County Kilkenny, Irlanda el 18 de enero de 1802 - murió en 2 Via Maragliano, Florencia el 23 de marzo de 1895, físico, médico y geógrafo que debe hacerse cargo del consulado británico en la ciudad de Rosario en 1860. (1868). Autor de los libros de viajes y geografía: “The Parana: with incidents of the Paraguayan war, and South American recollections, from 1861-1868” . Editor E. Stanford, 1868. 424 páginas y de “Buenos Ayres and Argentine Gleanings: With Extracts from a Diary of Salado Exploration in 1862”
[6] Dr. José Agustín Craviotto, “Quilmes a través de los años”. 1966, a los 300 años de la fundación de Quilmes.
[7] Ver “Cuaderno de Identidad Nº 5” “La fundación de Quilmes”.
[8] www.elhistoriador.com.ar
[9] No uso el infinitivo SER, pues considero que estamos en constante y vertiginosa transformación estamos SIENDO.

UN CAPITULO DE QUILMES DE ANTAÑO


“SUS MÉDICOS”

CAPÍTULO 26 DE
“QUILMES DE ANTAÑO”

DE JOSÉ ANDRÉS LÓPEZ





En 1917 don José Andrés López escribió esta miscelánea que recordaba los primeros galenos que trajeron su ciencia a el pueblo en ciernes y que pusieron la piedra fundamental de la medicina local, no con el éxito que hoy tiene, por cierto, comprobable en la cantidad de médicos que ocupan las numerosas clínicas, sanatorios, centros de salud de cuanto especialidad pueda el enfermo necesitar. Y después de años de “arreglate como puedas” en cuanto a la salud;[…] un buen día del año 1852, vino a establecer­se aquí el doctor don Fabián Cueli; y éste fue el pri­mer médico que tuvo Quilmes [….] El doctor Cueli, que había recibido su título de médico en 1839,[…] Si sus medicamentos no curaban siempre, puede afirmarse que no mataban jamás, ni arruinaban los bolsillos. Y esto no resultaba del agrada de los boti­carios.Y con sólo un médico y sin ninguna botica pasó Quilmes varios años, sin menoscabo de su salud ni de su bolsillo pues, el doctor Cueli, hasta servía ad-honorem el puesto de médico de policía y pobres.Pero en 1858 llegó otro, el doctor José Antonio Wilde, y no sólo vino él, trajo consigo un botiquín. Porque si un médico podía ejercer sin botica, dos no […]Quince años duró el juego aquel de la armonía dentro del desequilibrio, en el campo de acción de los dos médicos, hasta que vino un tercero […] El tercero, fue el doctor Salomé Luque, llegado a fines de 1876; joven cordobés recién egresado de la Facultad, donde se distinguiera por sus honrosas cla­sificaciones. Alegre de ánimo y de corazón blando e impresionable, más respecto de 'ellas' que respecto de “ellos", esas cualidades debían necesariamente dar­le enorme ventaja frente a sus dos colegas, que jun­tos sumaban ciento treinta años […] pero cuando quizá iba a alcanzar la culmina­ción de sus aspiraciones médicas y sociales, traidora enfermedad que se adueñara de su organismo, minán­dolo con ánimo de destruirlo, lo obligó a trasladarse a Córdoba en septiembre de 1877, y allí murió, el mar­tes 13 de Mayo de 1879.Entre tanto, en enero de 1878 había venido para substituirlo el doctor Tomás Balestra, joven como aquel, de maneras distinguidas, cultísimo, suave y circunspecto; favorecido además por un físico fuertemente agradable.Pero la aldea no lo sedujo; no estaba en ella en su centro, ni era su ambiente científico ni social el que a sus aspiraciones convenía. Y se fue […] En Noviembre de 1879, así que el doctor Balestra se fuera, vino el doctor Ricardo Sudnik.Era de nacionalidad polaco, pero francés por cul­tura científica y literaria, y por influjo ambiente, y alumno distinguido de la escuela médica parisina […] Familiarizado el paciente con la palabra sencilla y sincera hasta la ingenuidad del Dr. Cueli; la verba fácil y amena del Dr. Wilde y la manera franca, desenvuel­ta y comunicativa del doctor Luque, a un médico que, como el doctor Sudnik, llegaba hasta el enfermo sin saludar y se iba sin despedirse; que contestaba con monosílabos, o no contestaba [… ] Y el doctor Sudnik, gravitando hacia su centro, se fue a la capital. A sucederle vino el doctor Edmundo Fierro, que la sazón tenía poco mas de veinticinco años. Y antes que pasara uno era ya el médico del pueblo por antonomasia.Quien esto escribe dijo de él, que su ciencia cura­ba los males físicos, su corazón curaba los morales y que el ejercicio de la medicina era para él un sacerdo­cio, mejor que una profesión.Murió repentinamente en el juego de pelota de la calle Mitre y 25 de Mayo el 21 de Febrero de 1886 […] Un año antes, el 17 de Enero de 1885, había fallecido el doctor José Antonio Wilde y el de su muerte fue día de duelo para Quilmes […] Dos años y medio antes de la muerte del Dr. Wilde había fallecido el Dr. Fabián Cuelí, el 18 de Septiembre de 1882, desapareciendo en ese corto espacio de tiem­po los dos médicas patriarcales que tuviera Quilmes.Muerto el doctor Fierro, vino a establecerse el doctor Pacífico Díaz, dignísimo sucesor de aquél y continuador no menos digno de su obra en la ciencia y el corazónPara el servicio de sus asociados, la Sociedad Ita­liana de Socorros Mutuos Cristoforo Colombo trajo, desde algunos años después le su fundación, médicos de esa nacionalidad; al doctor Mariani primero y al doctor Vicente Cibelli después.Este último supo noblemente corresponder a la tradición de nuestros médicos, y su campo de acción se extendió pronto más allá de los límites de los asociados, acabando por radicarse aquí, con hondo arrai­go de afectos e intereses, hasta el día de su prematura muerte […]Rara vez médico alguno alcanza, como lo hizo el doctor Pacífico Díaz, en tan corto tiempo y en teatro tan limitado, clientela más intensa por la calidad y significación, ni más extensa por el número, llegando en breve a ser el médico de todos y también el amigo de todos.El lunes 1º de junio de 1893, al tomar el tren de las seis de la mañana para trasladarse al Hospital Mi­litar, donde tenía una sala a su cargo, lo hizo con tan mala suerte que cayó bajo las ruedas, destrozán­dole estas ambas piernas […] Apenas dado de alta, el doctor Díaz abandonó Quilmes, pero éste, después de un cuarto de siglo, tie­ne para el mutilado, frescos culto y recuerdo […] Diciembre 9 de 1917.



1852, Fabián Cueli


1858 José Antonio Wilde


1876 Salomé Luque.


1878 Tomás Balestra.


1879 Ricardo Sudnik.


1881 Edmundo Fierro


1886 Pacífico Díaz, Dr. Mariani y Vicente Cibelli





Investigación y compilación Chalo Agnelli






LOS ATENCEDENTES HOSPITALARIOS:



El 1º de diciembre de 1852 con motivo del levantamiento del Gral. Lagos se estableció un Hospital de Sangre en la quinta Santa Coloma, atendido por Claudio Amoedo, Fabián Cueli y Ceferino López y el boticario Miguel Puiggari. Fabián Cueli era el único que residía en el pueblo, en la esquina NO de Alsina y Alvear.Durante primera pandemia local inmediatamente se formó una Comisión Humanitaria y una Comisión Central Sanitaria dependiente de la primera que integraban entre otros el Dr. Wilde y una Comisión de señoras, entre las cuales Claudia Campana de Kier y Dominga del Carmen Pereyra murieron contagiada la primera el 31 de enero de 1868, y la segunda casada con el Juan Eusebio Otamendi, presidente de la comisión de reparto de solares de Quilmes, hermana del terrateniente Leonardo Pereyra y madre del luego intendente Augusto Otamendi al día siguiente.La comisión actuó durante el flagelo de la fiebre amarilla en 1871. Pasado el pico más álgido del mal se comenzó a conversar de la necesidad de crear una Casa de Sanidad que quedó en la nada. Proyecto que recién a partir de 1886 comenzaron a pergeñar las señoras Federico Dorman de Quijarro y Juana Gauna.El 29 de agosto de 1886 se inauguró el Hospital de Caridad fundado por la Sociedad Santa Rosa en la calle Alsina entre Moreno y San Martín, sociedad presidida por la Sra. de Guijarro y cuya directora interna era la señora Juana Guana y como enfermeras ad honores Antonina Negrín y Rosario Rodríguez y flebótomo José H. Navarro. La entidad perduró hasta junio de 1888. Los médicos eran Julio Fernández Villanueva y Pacífico Díaz.En 1889 nace la Sociedad de Damas de Caridad de San José que reemplaza a la anterior pero también desapareceUna nueva iniciativa promueve el intendente José A, López en 1905 convocando a la creación de un hospital para lo cual propone adquirir la que había sido casa del Dr. Wilde, pero nuevamente la proposición no prosperó. Luego hubo otra de los hermanos Fiorito que corrió la misma suerte.La pausa extremó su temporalidad hasta el 6 de abril de 1925 en que el Hospital de Quilmes abrió sus puertas dirigido por el Dr. Isidoro Iriarte y subdirector el Dr. Emilio Planes. Ya hace 84 años.





ADIVINAS Y CURANDEROS
CAPÍTULO 28 de “Quilmes de antaño”






QUILMES tuvo adivinas, adivinos, curanderas y curanderos en la época de este recuerdo, como los había tenido antes, los tuvo después, los tiene aho­ra y los tendrá mañana; porque en tanto que haya ton­tos, en el mundo existirán esos parásitos de la debili­dad humana […] Ejemplo: doña Rosa, generalmente conocida con el aditamento de "la gallega”, antepuesto al nombre […] En los últimos tiempos de su vida de pitonisa ba­rata, era su consultorio un modestísimo rancho de la calle Libertad, entre Garibaldi y Humberto Iº […] del oficio vivía y vivió, hasta que un poco la miseria y un mucho el alcohol la mataron.[…] Si entre las adivinas y curanderas de daños y ma­leficios hemos nombrado a doña Rosa, entre los curanderos merece el honor de ser nombrado, don Juan Francisco Halbout (a) El Platero. Vivía éste en casa propia, en el barrio conocido hoy por La Colonia, calle Aristóbulo del Valle, entre Humberto I º y Olavarría.No sabemos si curaba, pero era público y noto­rio que tenía clientela que acudía al reclamo de curas, reales o no […] como lo era tam­bién la persecución tenaz de que se le hizo objeto, abandonando la tolerante y amable de antes […] Coincidió la recrudescencia de esta persecución con la fundación de La Plata […] Y allá se fue don Juan Francisco Halbout; y con tan buen pie entró que pronto tuvo clientela, dinero, casa propia, y… ¡cuánto hay que tener!No menos popular que 'EI Platero', era Francis­co Palma. Este operaba allá por la "Capilla de los Ingleses" y como lo hacia lejos de los médicos y de las boticas, no le alcanzaron nunca las persecuciones que a su colega […] En la zona intermedia de las que con su in­fluencia dominaban, aquí "El Platero" y allá en el extremo Sud Palma, desarrollaba también la suya el negro Antonio, teniendo por centro la 'Casa de Teja'.[…] Poco después de idos "El Platero" y Palma, y muertos doña Rosa y el negro Antonio, tuvimos, no uno, ni dos, ni tres; vino una legión que sentó sus rea­les en la Cañada de Gaete, en la casa del vecino Casia­no Enríquez.Se decían discípulos de Parcho Sierra y al que ha­cía de jefe lo llamaban "Jesucristo" […] Con algunos de los suyos, y de las suyas, llegó aquí el llamado "Cristo," un cubano con más, sangre africana que española, alucinado o pillo, o las dos co­sas a la vez; y allá desde la Cañada empezó a tan­tear el terreno donde se proponía operar, y a irradiar también su fama de taumaturgo.Poco a poco se vino aproximando, hasta que un buen día se estableció en la casa del vecino don Juan Agustín García […] En un ángulo de la sala que hacía de consultorio, sirviéndole de altar pequeña mesa cubierta con bor­dado mantel, se alzaba una imagen de la Inmaculada, flanqueada por dos floreros y un número igual de candelabros […] A los pies de la Virgen estaba la bandeja donde la clientela depositaba su óbolo.En el exterior, una veintena mal contada de clien­tes de uno y otro sexo […] Eran enfermos, conocidos unos, desconocidos los otros, y llegados sabe Dios de dónde.En tanto que esperaban formaban corrillos […] De pronto un hombre, con movimientos nervio­sos, empezó a pasearse por el interior de la sala abier­ta al patio. Era "Jesucristo", era el "iluminado", a quien to­dos empezaron a mirar con curiosidad.Llevaba en la mano una varita, evidentemente fle­xible, mimbre quizá, con la que azotaba a cada instan­te la caña de las botas que calzaba.[…] De pronto, el hombre se planta en seco, próximo a la puerta, y sin abandonar la varita lleva ambas manos a las piernas, diciendo con voz clara y como ha­blando consigo mismo: "Qué dolor siento aquí; ahora me sube a la cintura y me corre por el espinazo..."Luego interrumpiéndose, exclama, mirando al grupo más próximo a la puerta: "¡Ya sé lo que es! Al­guno de ustedes siente ahora los mismos dolores que yo".—Sí, señor, dice tímidamente uno del grupo, su .ayudante en supercherías quizá.En aquella o parecida forma, sin interrogaciones ni explicaciones, hacía el pronóstico. Cada paciente al aproximársele transmitidle sus dolores, según decía, y éstos hablaban por aquél.Para los que de buena fe acudían, aquel hombre, si no era lo que decía ser, poseía dones de origen sobrehumano, pero para los que estaban allí haciéndole mostrador al negocio, era un vividor como ellos, con mas talento quizá o con más agallas.Cada paciente, real o fingido, se retiraba llevando por toda medicina una botella de agua procedente del pozo de la casa, pero que el "iluminado", al llenar ca­da una "sancionaba", según su propia terminología, mediante genuflexiones a compás de la consabida va­rita.Cuando se le preguntaba lo que la botella de agua valía, señalaba a la Virgen, que parecía mirarlo desde el interior, y con ella la bandeja receptora de las ofrendas, diciéndoles que era ella quien había de cu­rarlos; y todos depositaban en la bandeja su óbolo, con la largueza propia de quien creía pagar a la Vir­gen y esperaba que la generosidad de ésta correspondiera a su largueza en la medida de sus medios, que ella bien conocía.[…] Los nuevos discípulos de Pancho Sierra habrían vivido aquí como en el mejor de los mundos, a no haberles "enturbiado el agua” los médicos nuevos, con la cooperación del comisario Britos, que una tarde se presentó en el consultorio y no como paciente, con lo que echó a perder el negocio. Octubre 17 de 1917.