jueves, 8 de junio de 2017

EL JUEZ DE PAZ DE QUILMES QUE FUNDÓ AVELLANEDA



LA TERCERA FUNDACIÓN, 1852
El 19 de marzo de 1852, a pedido del juez de paz Martín José de La Serna, primer juez de paz de Quilmes al establecerse la Confederación Argentina, después del derrocamiento de Rosas en la batalla de Caseros, el gobernador de Buenos Aires don Vicente López y Planes decretó la división del extenso partido de Quilmes en dos: al NE y NO - sobre la superficie de los tres primeros cuarteles de la antigua jurisdicción de Quilmes - Barracas al Sur (desde 1904, Avellaneda) - y al SE y SO Quilmes, limitados por el arroyo Domínico. Así decía la nota enviada por de La Serna:

 El Juez de Paz de Quilmes.
¡Viva la Confederación Argentina!
Puente de Barracas, marzo 19 de 1852.
Señor Ministro Secretario de Estado en el Departamento de Gobierno
Dr. Don Valentín Alsina.
                                  Las razones que manifestó a V. S. en mi nota del 9 del corriente, siendo de opinión que este juzgado sea dividido en dos, creo que V. S. habrá tenido tiempo para examinarlas, tomándome la libertad de decir a V. S. que son de la aprobación de este vecindario. Con la división de este juzgado mejoran los dos puntos indicados: Puente de Barracas y Quilmes, separados naturalmente por la Cañada de Gaete comprendiendo el primero los Cuarteles 1, 2 y 3 y el segundo los Cuarteles 4, 5 y 6. Cada Juez de Paz fomentará su Pueblo haciendo útiles mejoras. La administración de Justicia desde que las distancias sean más cortas, obrará con más actividad y los criminales serán perseguidos con más rapidez. El servicio de las armas y cuantas otras cosas de interés ocurran, tendrán puntual cumplimiento y sobre todo el Juez sin fatigarse tanto en tan largas jornadas, hará más de lo que puede hacerse hoy. Quedo con la esperanza, Señor Ministro, de que V. S apoyará esta medida ante S. E el Señor Gobernador Provisorio.
Dios ge. a V. S. ms. as.
Martín J de la Serna.

Accediendo al pedido, el gobernador Dr. Vicente López y Planes promulgó con fecha 7 de abril de 1852, el decreto que dividió al antiguo partido en dos: Quilmes y Barracas al Sud y el 14 de abril es refrendada por el Ministro de Gobierno, Dr. Valentín Alsina. 
Martín de La Serna continuó como juez de paz de Barracas al Sur y al frente del partido de Quilmes fue designado don Andrés Baranda, comenzando lo que se considera para este último su tercera fundación considerando la transformación demográfica, económica, social y cultural que se desarrolla a partir de esta fecha.
A continuación de esta medida, ese mismo año, el General Juan José de Urquiza. Director Provisorio de la Confederación Argentina, por Decreto del 2 de setiembre impone al Partido de Barracas al Sud el nombre de "Villa Constitución", que no prosperó y cayó en el olvido.
BIOGRAFÍA 
Martín José Ignacio de La Serna [1] era hijo de Juan José de la Serna de la Quintana nacido en Otón, Cantabria, España [2] y de Paula Catalina Rafaela Loaces y Arandia, [3] había nacido en abril de 1803, siete años antes de la Revolución de Mayo, en el Pueblo Las Vacas (hoy Carmelo, Uruguay). Tuvo tres hermanos: Ana María, María Antonieta y Francisco Florencio. La primera se casó con Manuel Antonio Anasagasti Rentería, vasco de Viscaya; María Antonieta casó con José Gabriel Coll Diez de Andino, nacido en Gerona España, y Francisco, con Enriqueta L. Jones de Elía.  Sus padres se habían casado en Montevideo el 6 de abril de 1802, fueron fieles a la causa realista, cuyos ideales mantuvo Martín José, hasta la conso­lidación de la gesta de la independencia, en que ya esclarecido aceptó los principios del desprendimiento total del colonialismo español.
El 11 de noviembre de 1834, a los 30 años, se casó con Rafaela Sebastiana del Corazón de Jesús Fonredona Chaves, [4] de 17, de cuyo matrimonio nacieron nueve hijos. El primero, Martín Igna­cio (31/7/1835); Elena Aurelia (13/9/1836, fallecida el 27/7/1839 a los 2 años de edad), Juan Martín (11/11/1837 – tatarabuelo del 'Che') [5] y la cuarta, Elena Fidela (24/4/1839)
En esos años ya había alcanzado un holgado bienestar económico. Poseía una estancia en los Montes Grandes del Tuyú, ex Partido de Monsalvo (hoy cerca de Gral. Conesa), con numerosas cabezas de ganado. Sus ideales unitarios, durante el gobierno del brigadier don Juan Manuel de Rosas, le produjeron inconvenientes, que conllevaron a un serio deterioro de su vida ciudadana y familiar. Pues tiene que abandonar Buenos Aires con su familia sin punto fijo y deambular por la campaña refugiándose circunstancialmente con distintos familiares y amigos, quienes temiendo por la propia seguridad no le garantizaban alojamiento fijo durante mucho tiempo, hasta que dejó a su familia con parientes y él se marchó al sur. 
Allí se une a los estancieros e integra un movimiento revolucionario, llamado "Los libres del Sur', vencidos en la batalla de Chascomús el 7 de noviembre de 1839. Cuatro días después es detenido y llevado a la cárcel de Buenos Aires, donde se salva de ser fusilado gracias a un intercambio de prisioneros y una fianza pagada por el ministro inglés John Henry Mandeville.
Sus bienes fueron confiscados por el gobierno y de La Serna resuelve unirse al ejército del Gral. Lavalle. El 10 de abril de 1840, actúa en la batalla de “Don Cristóbal” (Entre Ríos), contra el Jefe Federal Pascual Echagüe. Continúa con el Gral. Lavalle en varios movimientos revolucionarios, inclusi­ve en “Sauce Grande”. Sin éxitos, dado el poderío de las fuerzas rosistas, regresa a Buenos Aires con su familia, donde nacen sus hijas Rafaela Filipa (1/5/1850, falleció el 21/5/1851 a la edad de 1 año) y María de los Dolores (18/11/1851) 
PRIMER JUEZ DE PAZ DE LA TERCERA FUNDACIÓN 
La caída de Rosas era inminente. El 3 de febrero de 1852, es derrotado por el ejército de Urquiza, quien asume el gobierno de la Confederación Argentina. Dentro de los cambios de hombres para los distintos cargos públicos, de la Serna fue designado Juez de Paz del extenso Partido de Quilmes. Ejerciendo sus funciones, propo­ne la división de el Juzgado en dos Distritos y la creación del Partido Barracas al Sud (cuya denominación ya existía en dicha región), la que es aprobada y de La Serna acepta dirigir el nuevo Partido y asume el cargo el día 15 del mismo mes. Don Andrés Baranda, también de origen cántabro como de La Serna, es designado al frente del Partido de Quilmes en su nueva extensión.
De La Serna se instala en Barracas e inicia la organización y planificación del nuevo Partido. En este período nace su hijo, Antonio Alejandro (3/5/1853)
Con motivo de la vigencia de la nueva Constitución Nacional de 1853, integra el 21 de febrero de 1854, la Comisión Municipal para la toma del juramento a la misma de los  funcionarios, empleados y pueblo en general. Este mismo año nace Sara del Pilar (12/10/1854), su octava descen­diente. 
PRESIDENTE DE LA MUNICIPALIDAD 
Cuan­do se aplica la nueva ley de Municipalidades, el 5 de enero de 1856, se designa a don Martín de La Serna, primer presidente de la misma y reelecto el año siguiente por un nuevo período. En 1857, nace su último hijo, Rafael Hilario (Florio) del Corazón de Jesús (14/1/57, falleció el 14/10/1918 a la edad de 61 años.)
Después de haber organizado las administración socio-política y económica de Barracas al Sud, se lo designa Prefecto en el 8o Departamento de Campaña, en donde muere el 18 de julio de 1859, a los 52 años. Su esposa e hijos, todos menores quedan en la pobreza.
Al decir del historiador Rudi Varela: “cayó postrado, más que por su salud, por la fatiga que consagró a su causa… Su viuda Doña Rafaela Fonredona, se dirige al Gobierno solicitando una pensión, tras manifestar que su esposo, murió siendo Prefecto del 8o Departamento de Campaña..., dedicado a la causa Unitaria”. En uno de sus párrafos, dice: “… que murió dejando por toda herencia, a sus siete hijos, un nombre puro y el ejemplo noble de su lealtad...”. Le fue denegada por no corres­ponderle legalmente, al no haber sido militar y no estar en las atribuciones del Gobierno. 
Al final, doña Rafaela, después de muchas penu­rias económicas, le sobrevive más de treinta años y fallece el 31 de marzo de 1892. 
SU RECUERDO EN AVELLANEDA 
De La Serna tiene en el Partido de Avellaneda: una calle con su nombre en la localidad de Piñeiro, un Parque en el mismo lugar, un busto del escultor Jones, un amplio óleo en el hall del edificio de la Intendencia Municipal del pintor Mezzadra y otro óleo del pintor quilmeño Manuel Oliveira.
Vieja catedral de Avellaneda. año de la foto: 1961. Ésta estructura fue inaugurada el 18 de Marzo de 1860 y demolida el 9 de Abril de 1971, para construir la nueva. Se encuentra frente a la plaza Alsina (http://www.taringa.net/)
Compilación Prof. Chalo Agnelli
FUENTES
Biografía del Folleto "Vida del Creador del Partido", de Rudi Varela. Municipalidad de Avellaneda.
[1] Herrera, Roberto O. ”Lanús y su historia (Manual)”. Ed. de la Municipalidad de Lanús. 2000
http://www.familiadelaserna.com.ar
NOTAS

[1] En la web “Genealogía familiar” figura como Martín Ignacio nacido el 11 de abril de 1909 en Montevideo y su padre como Juan Manuel
[2] nació en 1772 en Ontón, Santander (España) y falleció en 1840 en Uruguay a la edad de 68 años.
[3] hija de Francisco Antonio Loaces y Ana Antonia de Arandía y Ruiz de Arellanos, el 16 Feb. 1802 en Montevideo (Uruguay). Paula nació en Montevideo (Uruguay).
[4] hija de Mariano Fonredona y Durnicia Chávez, en 1834 en Buenos Aires. Rafaela nació en 1813 en Buenos Aires y falleció en 1892 a la edad de 79 años.
[5] Juan Martín de la Serna Fonredona casó con Eloísa Uglade Torres, padres de Juan Martín de La Serna Ugalde, quien casó con Dolores Edelmira Llosa Lacroze, padres de Celia de la Serna Llosa quien casó con Ernesto Guevara Lynch progenitores de Ernesto Guevara de La Serna, el Che, quien era tataranieto de Martín J. de La Serna el último juez de paz de Quilmes durante la Confederación Argentina y el primero de Avellaneda.

jueves, 25 de mayo de 2017

UNA SEMBLANZA INÉDITA DE GUILLERMO ENRIQUE HUDSON



Continúo recuperando de viejas publicaciones, notas, artículos, experiencias de diversos autores. El que se transcribe a continuación es del rotograbado del diario La Nación del hudsoniano Jorge Casares, (a) una traducción que realizó de una miscelánea naturalista y humana del Dr. Philip Gosse, (b) que nos amplía la concepción fisonómica y mental de nuestro viajero científico y primer turisia posmoderno, escritor y naturalista Guillermo Enrique Hudson.
Las notas al pie corresponden la nombre científico con que figuran en la taxonomía las aves mencionadas (Chalo Agnelli)

TRADUCCIÓN COMENTARIOS Y NOTAS
Por Jorge Casares
La Nación, 1961
En mi colección hudsoniana tengo un cartapacio titulado ‘W. H. Hudson. Pamphlets on Birds’, que pertene­ció al Dr. Philip Gosse, [b] con su co­rrespondiente ex-libris. Entre los nume­rosos recuerdos y documentos que con­tiene referentes a Hudson se encuentra el artículo cuya traducción se va a leer, acompañado por una carta firmada por Mr. Young, quien le manifiesta ‘que le gusta mucho’,
CHORLITO PATAS COLORADAS
pero ‘
lamenta que haya llegado tarde para aprovecharlo’.

El Dr. Gosse - nacido el 13 de agosto de 1879 -, gran admirador de Hudson, era médico y literato; y siendo estudiante formó parte como naturalista de la ex­pedición Fitz-Gerald a los Andes (1896-97) Entró en el ejército en 1914, sirviendo en Francia en la 23ᵃ división hasta 1917, y luego en la India hasta el final de la guerra. Es autor de varios libros sobre medicina, biografías y viajes; y como na­turalista ha publicado notas sobre la his­toria natural del valle de Aconcagua, aves de las Baleares y mamíferos de Flandes. Su vocación literaria y de naturalista le venía de herencia, pues era hijo de Sir Edmund Gosse, poeta y bibliotecario de la Cámara de los Lores y nieto de Philip Henry Gosse, naturalista.
Esta semblanza, escrita por Philip Gosse como un homenaje ‘al hombre que de toda Inglaterra más deseaba conocer’, por uno de esos caprichos del destino no fue publi­cada a su debido tiempo ni en el país e idioma original; y lo es pasados casi cuarenta años y en idioma extranjero, pero aparece en la tierra donde Hudson nació, la misma que Gosse había recorrido en sus mocedades, haciendo en ella, como Hud­son, su aprendizaje de naturalista.
***
"Fue en una reunión de la ‘Royal Society for the Protection of Birds’, realiza­da en Londres en el pasado octubre, cuan­do vi por primera y última vez al natura­lista y escritor W. H. Hudson.
“Debido a su mala salud, que lo obliga­ba a pasar los inviernos en Cornualles, el Sr. Hudson rara vez podía asistir a las re­uniones de la Sociedad. La reunión precisa a que me refiero había empezado
CURRACA ZARCERA
hacia algún tiempo cuando se abrió la puerta, apareciendo una persona que no podía dejar de llamar la atención.

“Era evidente que el recién llegado se hallaba perturbado. Después de cerrada la puerta detrás de él, se mantuvo por un momento de pie, dándole la espalda, ojean­do a su alrededor con una especie de tí­mido desafío. Me representé a un jaguar, o un puma, u otro animal salvaje atrapa­
CHOCHA PERDIZ
do, como si buscara en derredor algún sitio de escape.

“Inmediatamente quedé convencido de que sabía quién era este atrayente y apri­sionado personaje: no podía ser otro que el hombre de toda Inglaterra que yo más deseaba conocer.

“Su perturbación desapareció al poco rato, al rodearlo varios amigos para darle la bienvenida.
“Considero que hay un riesgo de des­ilusión al enfrentar por primera vez al hombre cuya obra a uno lo ha deleitado e inspirado.
“Pero con W, H. Hudson la primera im­presión estuvo lejos de ser desilusionante. Era extraordinariamente alto, delgado y todavía vigoroso, a pesar de ser un ancia­no; sus ágiles movimientos eran los de un agraciado animal salvaje y tuve la impresión de que para verlo en su propio ambiente debía observarlo en la abierta pampa argentina más bien que en los con­fines de una reunión en el ‘Middlesea Country Court’. Su pelo blanco era rizado y recio: sus ojos, oscuros y penetrantes bajo las; pro­minentes cejas. Notable el largo de los nerviosos dedos de sus manos.
“Y llegó luego mi buena suerte de serle presentado.
“De primera intención nuestra entrevista parecía en peligro de terminar brusca­mente. Estaba inquieto y se mostró un tanto
CURRUCA RABILARGA
desatento, casi descortés, pero cuan­do le dije que había vivido en ‘Beaulieu’ en su bienamada ‘New Forest’, toda su actitud cambió e inmediatamente estuvi­mos en los mejores términos.

“De ahí en adelante estuvo encantador, hablando espontáneamente sobre sus sitios preferidos de la ‘Forest’, particularmente del bosque conocido como ‘King’s Plantation’: de los días pasados contemplando y oyendo - especialmente oyendo - a los pá­jaros, citando, si bien recuerdo, los cantos del chorlito de patas coloradas [1] y de la curruca zarcera [2] y lo que evidente­mente le interesaba mucho, el rechinar del galanteo de la chocha. [3]
“Habló también de la curruca rabilarga [4] y estaba esperanzado en que estas fa­voritas suyas, que él llamaba ‘hadas de las retamas’, continuarían manteniéndose en el sur de Inglaterra.
“Me contó igualmente de sus visitas anuales a Norfolk - a Wells, supongo - cada noviembre y diciembre para oír los pájaros de invierno que se congregan en os bajíos pantanosos junto al mar, pen consideraba que ya no podía resistir el frío en razón de su débil salud, la misma causa por la cual no pasaba los inviernos en Londres.
“Lo llevé hasta hablar de sus libros al comentarle los precios que pedían los libre­ros de segunda mano por algunas de sus primeras ediciones.
“El tema le interesó manifiestamente y me refirió que pocos días antes un ejem­plar de su ‘Argentine Ornithology’ había sido vendido por veintidós libras esterlinas. Me agregó, además, que estaba por lanzar una nueva edición de su ‘Lost British Birds’, con unas quince láminas colorea­das por Grondvold y que iba a retirar de la circulación la vieja edición de este fo­lleto que fue publicado por la ‘Society’ muchos años ha.
“Me prometió una copia de esta ya ve­tusta tirada para agregar a mi
MILANOS NEGROS
colección de sus obras, pues aunque en realidad poseo la mayoría de los folletos por él es­critos, de éste no tuve ninguna noticia.

“Pareció muy interesado en mi intento de contribuir a la propagación de los mi­lanos negros [5] en Inglaterra. Le hice presente que aún había alguna pequeña colonia de estas en otro tiempo comunes aves inglesas en ciertos apartados rinco­nes de la isla, la existencia de la cual se debe exclusivamente a la acción de unos pocos amantes de los pájaros. En cual­quier momento este reducido grupo de fa­milia de nuestros últimos milanos negros puede ser borrado de la existencia por obra de los guardabosques y coleccionis­tas.
“Le sugerí que algunas pocas parejas de esos milanos podrían ser capturadas y luego liberadas en Richmond Park, donde formarían - hay razones para suponerlo - una nueva colonia en un paraje seguro y donde muchos amantes de los pájaros dis­frutarían de su presencia.
“Hudson se mostró atraído por la idea y creo que si hubiese vivido habría em­pleado su gran influencia para llevar ade­lante este proyecto. No puedo menos de pensar que la formación de la tal colonia en Richmond Park o en otra parte sería un muy grato y
ÁGUILAS PESCADORAS
apropiado recuerdo a erigir a la memoria de este gran cam­peón de la causa de nuestras enrarecidas aves silvestres.

“De los milanos la conversación pasó a las águilas pescadoras [6] y me recordó que los últimos lugares donde anidaron fueron Yorkshire y Gloucestershire.
“Alentado por su benevolencia, le con­fesé que una vez tuve el atrevimiento de escribirle. En el otoño de 1915, mientras estaba con nuestro ejército en Francia, después de pasar muchos días en un pro­fundo y oscuro sótano de una destruida cervecería, en un villorrio llamado ‘Bois Grenier’, detrás de las trincheras, cerca de Avementiers, estuve leyendo nueva­mente ‘Hampshire Day’ y me arriesgué a escribir al autor para decirle qué feli­cidad fue para mí releer el encantador libro en medio de las penurias y brutali­dades de la guerra. 
“Después que mi carta fue despachada estuve anonadado por la vergüenza de haberla escrito, hasta que un día recibí una larga y realmente deliciosa contesta­ción… - Philip Gosse”.
 Compilación Chalo Agnelli 
hudsoniano
NOTAS DEL AUTOR

[1] Redshank: Tringa erythropus 
[2] Hartford warbler: Sylvia undata 
[3] Woodcfick: Scolopax rusticóla 
[4] White throat: Sylvfa comunis 
[5] Black Kite: Milrus migrans 
[6] Osprey: Pandion haligotua
NOTAS DEL COMPILADOR
[a] Jorge Casares es autor de: “Guillermo Enrique Hudson y su amos a los pájaros”. Ed. por el Consejo Nacional de Educación, 1933 y de Antología de Guillermo Enrique Hudson” (1841-1922) Losada, 1941. Traductor de “El cardenal, historia de mi primer pájaro enjaulado” de G. E. Hudson del Consejo Nacional de Educación, 1933.
[b] Philip Gosse fue entusiasta de la historia natural y doctor titulado que publicó el libro "Memoirs of a Camp Follower" en marzo de 1934, publicado más adelante como A Naturalist goes to War (1942). Contiene sus recuerdos en el RAMC (Royal Army Medical Corps), el servicio médico de la armada británica en Francia y Bélgica de 1915 a 1917 y en La India de 1917 a 1918. Allí realizó mucho trabajo de campo: midió y recogió pelo de ratones, musarañas y mamíferos pequeños, que fueron enviados al museo de historia natural y también relata algunos horrores del ejército y anécdotas de la guerra.