La escuela puede ser un espacio de autoconocimiento y
reconocimiento. Autoconocimiento como ejercicio de introspección y habilidad para
encontrarse como individuo, diferenciándose de su medio y de otros individuos;
único e irrepetible. Y luego, reconocimiento para saberse plural, integrado a
un todo social, cultural, histórico que completa al individuo, lo hace ser en
el otro y lo impulsa a la participación solidaria; pues el individuo es el
sujeto de la historia
Así, el sujeto
histórico es un ente social, capaz de transformar su realidad y con ello
producir acontecimientos y diferentes relatos históricamente relevantes. Si un
individuo es el sujeto histórico, entonces los individuos notorios o destacados
por distintos motivos son los que hacen la historia y la microhistoria, siendo
esta el registro de hechos memorables sus circunstancias y consecuencias. Esos
individuos son el Capital Social de cada pueblo y comunidad.
Conocer el origen de un
pueblo, de una comunidad, su historia, inserta en un presente siempre
cambiante, sus consecuencias y protagonistas inviste de identidad y sentido de
pertenencia al individuo social. Un pueblo sin identidad sin sentido de
pertenencia es un pueblo sin conciencia ciudadana. Chalo Agnelli
El siguiente proyecto motivador es un modelo para repetir en las instituciones educativas de Quilmes y la Región.
OBJETIVOS
Conocer la historia local desde sus
orígenes.
Reconocer al pueblo originario que nos
dio gentilicio y toponimia
Despertar en el alumno sentimientos de
identidad y pertenencia.
“HONRAR LA MEMORIA DE ISABEL
PALLAMAY" (2006)
AUTORAS: Mg. María Cristina Pierobón y
Lic. Mónica A, Cereda
ANTECEDENTES. Durante el año 2002 la Escuela Primaria
N° 20 “Provincia de Mendoza” de
Quilmes comenzó a trabajar el proyecto "Mi
logar... Tu lugar... Nuestro Lugar”. La idea de este proyecta áulico surgió
al trabajar contenidos curriculares del Área de Ciencias Sociales: “Aborígenes argentinos”. La lectura de
dos cartas de caciques a jefes de Estado de la Comunidad Europea llevaron a sus
docentes y alumnos a realizar una visita al Museo Regional Almirante Guillermo
Brown, ubicado en Bernal.
En este primer contacto se les habló a
educandos y educadores de nuestro origen y de “la Comunidad India Quilmes”
hoy, lo cual despertó en los niños y en los docentes interés en profundizar las
investigaciones sobre el pueblo Quilmes.
La finalidad de este proyecto es la de
inculcar las ideas del lugar de pertenencia y los valores que nos deben
caracterizar: libertad, respeto,
dignidad, participación y unidad; concientizar acerca de la existencia y
permanencia de los pueblos originarios, que no son tan solo un hecho histórico
de nuestra realidad americana, están vivos, sostienen en la actualidad luchas y
reivindicaciones en defensa de sus derechos, de su dignidad y su identidad
cultural.
Para alcanzar esas metas, los docentes
trabajaron en la formulación de ideas y percepciones que los alumnos tenían de
los grupos aborígenes, se pensaron y plantearon actividades para posibilitar la
confrontación y ampliación de esas ideas a través de la reconstrucción de dichos
conocimientos. El reconocimiento de los cambios de la sociedad en el tiempo, y
los consabidos cambios sociales, las permanencias, las continuidades, las
resistencias al cambio y los conflictos.
El esclarecer los “por qué” y “para
qué” de las luchas de los Quilmes por mantener su identidad, permitió a los
alumnos tener una imagen de la Nación Quilmes realista en su concepción y no
abstracta.
Indagaron sobre todos los aspectos
concernientes a su vida, desde su inserción en el Noroeste del territorio argentino
hasta su destierro a las costas del Río de la Plata, el actual Quilmes de la provincia de Buenos Aíres, culminando con
su casi extinción.
Esta investigación los llevó a
participar de la conmemoración del 336° (2002) aniversario de nuestro distrito en la
Muestra Estática y Dinámica que se realizo en la Escuela Primaria N° 1, a la
cual fueron invitadas a participar las escuelas del distrito. Allí estuvo
presente Don Francisco Solano Chaile Cacique de la Comunidad india Quilmes.[1]
El encuentro con el Cacique y su posterior
visita a la Escuela N° 20 generó un impulso aun mayor en alumnos,
docentes y directivos de la institución.
Fue este impulso el que los llevó a
rendir homenaje por primera vez a nuestra primera mujer Cacica de los Quilmes Doña Isabel Pallamay. Habían transcurrido 337
años desde el primer poblamiento de Quilmes y fue un grupo de niño los que sintieron la necesidad de honrar la memoria de nuestros ancestros.
Carta
que leyó una alumna de 6° años durante los actos del aniversario de Quilmes.
Todo surgió un día cuando
nuestros docentes nos leyeron un bellísimo relato del escritor Carlos
Patiño “La Pallamay”[2]
El mismo trata sobre la Cacica
Quilmes Isabel Pallamay, bisnieta de Martín Iquín, cacique que sufrió el dolor
de la derrota final en los Valles Calchaquíes.
El relato es un canto a la
vida y al amor, un amor profundo hacia su esposo, Martin Salchica y sus Hijos,
Ana y Ramón. Tocios ellos muertos a causa de la viruela.
También se refiere al odio,
diciendo: “…
él nos costo, cuánto nos costo, porque elegimos no tener dueños, por encima de
todo, incluso de nuestra propia vida. No te sumes a estos odios que no son
tuyos, no nos juzgues: ámanos. Por que amarnos sería como recordar aquello que
muchos quieren que olvides: tus verdaderas raíces; porque aquí naciste y aquí
quieres morir y tienes todo el derecho, es tu Pachamama”.
El final de éste relato es lo
que nos trae hoy a este lugar (frente al atrio de la Catedral)
“Si alguien
desea honrar esta memoria, todo cuanto me queda, todo
cuanto me dejaron,
lleve una flor roja como la pústula
que acabo con nuestras vidas y préndala en las negras verjas de esa iglesia que
construyeron mis hermanos, allí frente a la plaza.
Así
unirán mi memoria y la memoria de mi nación a sus corazones. Como debe ser y
harán algo para cicatrizar la también roja herida que abrió la intolerancia y
la soberbia del conquistador. No me olviden. No olviden que existió y amó y
sufrió y luchó y anduvo estos caminos, cuando ni eran caminos.
Isabel
Pallamay Señora de los Quilmes
Por ello, para honrar la
memoria de nuestras raíces, decidimos con los alumnos de 6° año A y B, continuando con nuestro
proyecte “Mi Lugar... Tu Lugar... Nuestro
Lugar”, realizar la ofrenda de colocar una flor roja en las verjas de la
iglesia como lo pedía Isabel Pallamay en el 337° aniversario de Quilmes.[3]
Este momento tan emotivo e histórico
quedará grabado en el corazón y en la memoria de estos niños y sus docentes que
con respeto, orgullo y profundo amor, pretendió enhebrar los hilos invisibles
de la verdadera historia, la que es imprescindible conocer para construir
nuestra propia identidad.[4]
OBJETIVO. Que a partir del año 2004 y en
conmemoración de nuestro 338° aniversario se institucionalice la ofrenda de una
flor roja colocada en rejas de nuestra iglesia Catedral en memoria de nuestra
Cacica Doña Isabel Pallamay, con la participación de las instituciones
educativas del distrito. Este acto permitirá a los alumnos y docentes crear las
bases de una identidad.[5]  |
Hasta el 2011, encabezó
la ofrenda el poeta Carlos Patiño,
fallecido en 2013, autor de la novela “La Pallamay” que develó para la cultura y la tradición de los
quilmeños la figura de esta mujer originaria, reconocida con la voz y la
letra de un poeta. Carlos Patino fue Premio Casa de las Américas 1990, por el libro de
poemas “Las esquinas silenciosas”.
En la foto con el periodista Dardo Abbatista perteneciente a la Asociación
Civil “Maizales” y alumnos y maestras de las Escuelas Primarias, N° 20 y N° 1 de
Quilmes.
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FUNDAMENTACIÓN
HISTÓRICA
Una de las fuentes más tempranas donde
se menciona a los Quilmes data de 1612. En la cuarta carta del Padre Diego de
Torres en ella se da cuenta de que la de los Quilmes “es la nación más belicosa de todo el Valle". En adelante, los documentos se empeñan en
caracterizarlos como "la nación más temida, numerosa y de más
séquito". Otras fuentes posteriores se relacionan con las
rebeliones y sin ser nombrados sus tierras se hallan en el epicentro de los
conflictos de 1562 y 1630-1643 respectivamente. Ubicada su cabecera al norte
del actual valle de Santa María, en fas vertientes orientales del Cajón, con 11
sitios menores en sus alrededores, constituía una localización territorial
estratégica para los fines defensivos. Para acceder a ellas los españoles
debían atravesar por el norte los territorios de grupos como los Tolombones, los Pacciocas y los Colalaos,
principales centros rebeldes y por el sur los de los no menos belicosos Yocaviles, Anguinahaos y Acalianes (o
Acalianos). Estas barreras pudieron ser franqueadas después de 1659.

El primer ataque a la fortaleza Quilmes
lo realizó el Gobernador Mercado y Villacorta
en ese año, obteniendo la rendición de la mayor parte de los pueblos del Valle
Calchaquí, a pesar de lo cual no lograron tomar el sitio en su totalidad. Fue
en el año 1664 en que Mercado y Víllacorta logra la conquista del área y lo que
le permitirá la posterior desnaturalización de los Quilmes. En este período se
destaca la figura de Don Martín Iquín o Inquin, cacique de los Quilmes.
El plan general del Gobernador Mercado
y Villacorta respecto de la desnaturalización no perseguía solamente el fin de
despoblar el Valle y evitar de este modo nuevos alzamientos, sino que en
esencia se pretendía liberar territorios para, de ese modo, recompensar a
oficiales y soldadas que habían participado en distintas campañas, los que
reclamaban insistentemente beneficios, dando cuenta de sus méritos y gastos
invertidos en la empresa de la ‘pacificación’ y proveer de mano de obra a particulares
y ciudades, ya que la sobreexplotación de la fuerza de trabajo indígena y las
represiones que siguieron a la rebelión de 1630, habían producido notables bajas demográficas.
La manera de dar una respuesta satisfactoria,
fue echando mano de la reserva de obra existente en el valle Calchaquí, la
implementación de las desnaturalizaciones era un hecho acordado entre Mercado y
Villacorta y
el presidente de la real Audiencia de Buenos Aires, Don José Martínez de Salazar,
permitiendo la ‘venta de mercedes de indios’ [6]
que iban a ser desnaturalizados
a cambio
de contribuciones efectivas para preparar el ejército. Es así que los Quilmes
no quedan excluidos de esta negociación; su traslado a Buenos Aires no se debió
solamente a la resistencia que opusieron frente a la conquista y a su extrema
belicosidad, sino que también obedeció at Convenio antes mencionado.
Tras capitular en 1665, los Quilmes
debieron abandonar sus tierras junto al río Yocavil. Hicieron un último sacrificio a los cerros y a
sus antepasados y partieron, a fines de ese año; a Córdoba primero, quedando
parte en Serrezuela y luego a Buenos Aires, donde llegan entre agosto y noviembre
de 1666.
Fueron ubicados en una estancia de
media legua de frente por una y medía de fondo, propiedad del alcalde Juan de
Pozo y Silva, quién trueca estas tierras a cambio de una encomienda en el Pago
de Magdalena, a tres leguas al sur de la Ciudad.[7]
Se calcula que la población inicial seria de 750 personas. Recibiendo por
nombre Reducción de la Exaltación de la
Santa Cruz de los Quilmes, nombre dado según el calendario eclesiástico, su
fecha de fundación sería supuestamente el 14 de septiembre de 1666. Se
asignaron un administrador o corregidor español y un cura doctrinero, además de
nombrarse el cabildo indígena, siendo su cacique Don Martín Iquín.

En los primeros meses del año 1667
llegaron a nuestras tierras cuarenta familias Acalianas y diez de otras
nacionalidades. Los primeros tiempos fueron sumamente duros ya que el medio
natural, es lo opuesto al de los Valle del Noroeste Argentino, y dada la
posición desventajosa dentro de un suevo patrón económico y social lo que los
llevará a un descenso poblacional agravada por las epidemias que asolaron la
región desde mediados de! siglo XVII. También en esta primera etapa hubo una
derivación ilegal de indígenas para servicio personal. En el padrón de 1580, el
doctrinero Izarra propone enviar huérfanos y mujeres solteras a servir a casas
de Buenos Aires para asegurarles alimento, vestimenta e instrucción religiosa
en el primer caso y asegura su moral en el segundo.[8]
En 1686, el administrador de la Reducción, Don Juan de Zeballos denunciara ante
el rey que esos envíos, por obra del doctrinero y anteriores administradores,
alcanzan, a veinticinco jóvenes de ambos sexos, colocados en casas de esos
funcionarios, además de quince fugas a causa de los abusos de todo tipo.
El hecho que esta Redacción haya dado
origen a nuestro distrito hace años 338 años dio lugar a que historiadores,
locales; bailan realizado investigaciones memorables, tal es el caso de
la historiadora Guillermina Sors, quien en 1936 publica “Quilmes
Colonial”, investigación que dará un paso gigantesco para la historia local y de la Región del Antiguo Pago de La Magdalena.
Fue un documento del Archivo General de
la Nación (Tribunales, Legajo F-1, Expediente 5, S.XIII, C. XII, A.5, N° 2
“Isabel Pallamay contra Ignacio de España sobre cacicazgo de la Reducción y Pueblo de Santa Cruz de los
Quilmes, 1704-1708"), citado y comentado por la porfesora Sors quién, resalta la importancia
de su futuro análisis, el que nos permitirá abrir una puerta a nuestro pasado,
nos presentará personas de carne y hueso con sus historias, su lucha y su
verdad.
El juicio de cacicazgo abarca dieciséis
años de la vida de la Reducción y como todo pleito, encierra intereses
precisos, que interfieren en la fidelidad de los testimonios que se aportan, ya
que ser nombrado cacique de una reducción cercana a la ciudad de Buenos Aires
implicaba la posibilidad de acceder a mayores beneficios que los que comúnmente
se reconocían y esto nos lo permite inferir el testamento.
Hay que recordar que los otros
integrantes masculinos de la Reducción estaban obligados a mitas [9] periódicas al servicio
de la ciudad de Buenos Aires y sus vecinos, esto generaba una doble carga ya
que debían cumplir con su servicio y a su vez Ies impedía producir su sustento,
la cuarta parte de la población activa de la Reducción debía mitar. Quilmes y
Acalianos eran los únicos mitayos a fines del siglo XVII.
Del análisis de este documento surge
que a veinte años de ser instalados en la zona, los Quilmes y Acalianos se
adaptaron a las posibilidades productivas locales: cultivo del trigo, (el cual
se destinaba al consumo interno y en parte al abasto de Buenos Aires), se
incluyó la cría de vacunos y las vaquerías; su experiencia en el
aprovechamiento de múltiples recursos les sirvió para articular los medios que
la nueva situación les ofrecía.
Debemos
desapegarnos de esa imagen errónea que tan solo fueron testigos pasivos del
derrumbe de su antiguo sistema. Hay más información sobre las actividades
locales en el testamento de Agustín
Filca, cacique entre 1692 y 1703, año en que fallece. Allí se trasluce un nivel
de vida bastante bueno: “… tenía 13 caballos
mansos, uno de
ellos padrillo; alrededor de 54 yeguas, chúcaras y mansas; 22 mulas y otra
tropa indeterminada de ellas; 10 burras; disponía de unas pocas ovejas, escasas
en toda la región; cultivaba trigo en su chacra donde tenía una arado, hoces y
12 bolsas de trigo sin medir; propietario de ganado, una marca o hierro para la
yerra, también vaqueaba, dejando en herencia una desjarretadera (típica
herramienta para cortar los tendones de las patas a los vacunos cimarrones),
una carreta y 17 bueyes.”
Era un hombre de a caballo ya que dejo
asentado en su testamento los aperos de montar. Su casa junto a la iglesia, era
de adobe, con dos habitaciones, con cama, mesa, tres bancos, una caja y una
petaca o baúl de cuero, más un vestuario bastante abundante para la época, Todo
esto señala un nivel de vida superior al medio en la campaña bonaerense de los
siglos XVII y XVIII.
La lista detallada de deudores y
acreedores, toda gente ajena a la Redacción, salvo el corregidor, permite ver
la actividad comercial y en algún caso se indica el precio de las fanegas de
trigo, no en simple trueque. Existen deudas en dinero y en telas, las cuales
eran usadas en la época como moneda. Agustín Filca se hallaba inserto en el
comercio: con la cría de mulas para el Alto Perú, el cultivo de trigo para el
abasto de Buenos Aires y la extracción de cueros para exportación.
Línea de
descendencia original en el
valle y desde allí quienes son los que vivirán y darán origen a la ciudad de
Quilmes.
En el Valle Calchaquí gobernaba el
cacique SACAMAY, quien tuvo tres
hijos varones Aymacha muerto en el Valle, Juan De España y MARTÍN IQUÍN.
Martín Iquín fue el cacique de la
Reducción entre los años 1667 a 1674, de su unión matrimonial con Nompacha tuvo
dos hijos Diego Siquimay y AYCHAGUA,
éste último estaba casado con una india servil,[10]
con la que tenía un hijo FRANCISCO
PALLAMAY, Aychagua muere en el Valle.
Francisco Pallamay será cacique de la
Reducción en el período 1674 a 1687, estaba casado con la hermana de Pedro
Barquisai, con quien tendrá, dos hijos, Petrona y JUAN PALLAMAY, al quedar viudo, se casa con María Chalpi con quien
tendrá una hija ISABEL PALLAMAY, A
la muerte de Francisco Pallamay le correspondía el cacicazgo a su Juan Pallamay,
cacique de la Reducción en el período 1687 a 1690, pero por ser menor de edad, detentará el
cacicazgo en su nombre su tío Pedro
Barquisai.
Juan de España, tiene un hijo llamado Agustín
de España, éste se casará con Catalina Chauchica tendrán un hijo llamado Agustín de España o Filca quién será
cacique de la Reducción entre les años 1692 a 1703, casado con Teresa Achoca
hermana del cacique de los Acalianos, tendrán tres hijos Martina de España, Ignacio de España cacique menor de edad
(1703-1708) por lo cual, su tío abuelo materno Diego Blanco o Santiago administrará
el cacicazgo.
Esta fuente rica de datos, permitió
descubrir a DOÑA ISABEL PALLAMAY bisnieta
de Don Martin Iquín quien es
consagrada Cacica y Señora de los Quilmes.
Por primera vez la historia de este pueblo, una mujer ocupa el cacicazgo y esta
mujer ha nacido en nuestra tierra.
Su lucha fue única, peleó por sus derechos en un mundo de hombres y de blancos,
a pesar de provenir de una cultura incapaz de ser comprendida por la cultura
occidental, con una única arma, la verdad.
Isabel Pallamay fue una mujer amada
por su pueblo, ella es parte sustancial de nuestro origen. Es fundamental rescatar
su figura histórica como ejemplo para
la actualidad y las futuras generaciones.
Placa a Isabel Pallamay ubicada en la Waca que se levanta en la plaza San Martín, frente al templo, hoy Catedral, en cuyo atrio estuvo el cementerio indio de la Reducción, donde fueron sepultados los restos mortales de la Cacica. A la derecha la placa de cerámica realizada por alumnos de la Escuela Carlos Morel, destruida por vándalos; a la izquierda la placa de acrílico restituida en septimbre de 2018.
Agradecimientos:
Isabel Pallamay
/ Comunidad India Quilmes / Cacique Don Francisco Solano Chaile / Escuela
Primaria N°20 (Av. Zapiola y Luis María Campos, Bernal) / Directora Haydée Domínguez / Maestras de
grado Ana María Franceschini y Stella Maris Donati / Alumnos de 6 año A y B / Escritor
Carlos Patiño / Periodista y Escritor Dardo Abbattista / Lic. Francisco Juan
Devincenzi / Profesora Lelia Ana Prestipino
"Los Quilmes" pintura de la retratista María Rizzo
Compilación
y compaginación Chalo Agnelli
Colaboración
Lic. Mónica Cereda
NOTAS
[2] Ver en el Blog EL QUILMERO del jueves, 25 de marzo de
2010 La novela "La Pallamay"
[3] Ver EL QUILMERO del lunes, 19 de septiembre de 2011 La Pallamay - Fragmento
[5] En 2004, la Asociación Civil
"Maizales", estableció el 14 de setiembre para repetir anualmente el
merecido tributo a Isabel Pallamay y se eligió la puerta de lo que fue la
antigua iglesita que hoy es Catedral, en cuyas rejas se colocan claveles rojos.
El periodista Dardo Abbattista, principal promotor de este acto, asumió la organización
y coordinación, durante varios años, con la participación de alumnos y docentes
de escuelas primarias y secundarias.
[7] Cuando en los antiguos documentos y escritos decían la
Ciudad se referían a Buenos Aires, la única hasta 1880 en toda la provincia.
[8] Todas “buenas intenciones” según la cosmovisión moral
y humana de la época.
[9] Sistema de trabajo forzado que aplicó
la Corona española en la época colonial a los pueblos originarios, que les
imponía obligatoriamente realizar determinados trabajos vinculadas a la
actividad productiva como pago de tributos.
[10] India servil era quien no pertenecía a la casta noble.