jueves, 22 de agosto de 2013

PRECURSORES DE LA RADIOFONÍA EN QUILMES



Chalo Agnelli
En 2006 el señor Armando Néstor Ales publicó el libro La radio en sus comienzos – Los pioneros Quilmeros”, donde nos presenta una nueva faceta de su padre el benemérito docente, historiador, cronista e investigador que fue don Manuel Ales,[1] a quien, en la década del `60 y 70, tuvimos el gusto de escuchar en algunas de sus muchas conferencias en la Biblioteca Domingo F. Sarmiento, en el Club Universitario y en el Social. 
Armando, nacido en Quilmes, heredó su amor por la patria chica. Fruto de esta herencia resultó su trabajo del año 2004, consistente en un "Plan Integrador del Partido de Quilmes", donde desa­rrolló el efecto sinérgico a lograrse con un programa totalizador de los sectores Historia, Turismo, Cultura y Medio Ambiente, estableciendo además los lineamientos básicos para la generación de una Marca Región para el partido. 
Con “La radio en sus comienzos” recuperó del olvido información relacionada con nuestro pasado reciente. En este libro desarrolla los comienzos de las radiocomunicaciones en el país y en Quilmes, donde su padre fuera, por lo demás, uno de aquellos pioneros a los que hace referencia el título. 
Profesor Manuel J. Ales
SÍNTESIS DE LOS PRINCIPALES SUCESOS RADIOFÓNICOS EN QUILMES 
(Cronología basada en el libro mencionado) 

1919/1920.- De la documentación que obra en poder de don Armando Ales hijo del profesor Manuel J. Ales, este construyó un receptor de señales telegráficas en base a las informaciones recibidas por un caballero de apellido Steed (o Steel), [2] compuesto por un transformador de radiofrecuencia de tipo “Jagger” de Marconi y un detector de silicón. Cristal que le obsequió la profesora Eulalia Irma Taloud de Chanel [3]quien a su vez obtuvo del señor Noseda. 

1921.- Entre noviembre y diciembre el profesor Manuel Ales construye e instala en el gabinete de física de la Escuela Normal de Quilmes un receptor para señales eléctricas “Resonador de Oudin”, con una única bobina con derivaciones.
1922.- El 31 de enero, don Manuel Ales y el Ing. Oreste Hércules Roverano - fabricante de acumuladores en Quilmes desde 1920 - , en la casa de este último comienzan a construir un receptor según el circuito suministrado por “Radio Corporatio of América” (la RCA) Simultáneamente Ales construye en su domicilio otro equipo similar con el propósito de comprobar los resultados obtenidos con cada uno de los cambios y de disponer de un receptor para uso particular.
            El 26 de abril, estos pioneros logran la recepción de una ópera transmitida por Radio Argentina desde el Teatro Coliseo.
             El 24 de julio, el Club Social inaugura un receptor radial para uso de sus asociados.
             El 2 de noviembre, Ales entusiasmado con los resultados continúa con las investigaciones y logra con su equipo la recepción de Radio General Electric de Montevideo. [4]

1923.- Ales propone modificaciones al circuito de recepción de tres bobinas que posibilitaba una sintonía más precisa evitando la superposición entre estaciones radiales vecinas: esto se publica en la “Radio Revista”, un medio dedicado exclusivamente a estos temas de las “Broadcastingas” u “ondas largas”. 

1924.- Se expande en el mercado comercial la venta de receptores de marca. Dado lo cual algunos de estos pioneros se volcaron a la experimentación en las “ondas cortas” que permitían comunicaciones mayores distancias.

El 13 de diciembre, don Manuel Ales realiza su primera transmisión con un equipo de baja potencia.

1926.- Ricardo Bernotti comenzó a operar la emisora local “D.6 Quilmes Broadacasting”, luego llamada Radio del Pueblo, en una casa de la familia Huisi en la barranca, Rivadavia 651. Donde anteriormente había funcionado su estación de radioaficionado DW1. esta radió transmitió hasta 1935, fue el referente cultural de Quilmes. Sus locutores eran
el señor  Quadrio y el periodista Juan Carlos Buceta Basigalup, [5] una notoria figura del periodismo quilmeño fallecido prematuramente. 
Ricardo Bernotti, hijo, en noviembre de 1925, con catorce años, obtuvo el carnet de radioaficionado con el prefijo DWI que otorgaba el Ministerio de Marina, del que en esa época dependían las actividades radioeléctricas. En mayo de 1929, renovó ante la Dirección General de Correos y Telégrafos su licencia y fue autorizado judicialmente, con el permiso de sus padres, para desempeñarse como broadcaster. 
La emisora de Bernotti recibe el prefijo de D6. La Quilmes Broadcasting transmitía música y noticias locales y nacionales.
Ya para entonces, la emisora se llamaba LOH Radio La Abuelita, con el que se iniciaron las transmisiones oficiales en 1927. Dos años después la característica fue LS6 y a poco cambio de nombre fantasía por el de  Radio La Abuelita y más tarde se convirtió en Radio Bijou. 
En 1930 se alteró una vez más el nombre y pasó a ser LS6 Radio del Pueblo, denominación con la que efectuó una extraordinaria transmisión desde el vapor Flecha, en navegación hacia nuestro puerto con el grupo de científicos y auxiliares que había estado de dotación en las Islas Orcadas. Esa emisora fue también, por poco tiempo, LS6 Radio América, pero el nombre de Radio del Pueblo estaba destinado a prevalecer. 
Desde sus estudios se irradiaban audiciones especiales dedicadas a determinadas zonas, como "Una Hora en San Martín", "Balvanera es comercio" o "La calle Santa Fe". Hubo también otras que apuntaban a colectividades extranjeras como "Voz Arabe", con la dirección de Selin Seitune, "Ibero Americana", conducida por Manuel Núñez, o "Voz Hebrea". 
La pequeña instalación con aire a experiencia de radioaficionados creció y en 1927 fue mudada al Hotel Español de Avenida de Mayo y Salta, al lado del Teatro Avenida. Años después los estudios se trasladaron a la calle Estados Unidos, para luego establecerse en el palacio de Córdoba 1556, edificio que aún subsiste con su gran entrada de granito y sus puertas señoriales. A partir de 1985, su nombre es LS6 Radio Buenos Aires. 
Ricardo Bernotti, en sociedad con Raúl Montellano, también incursionó en el dial uruguayo al fundar, en 1933, CW1 Radio Colonia, que en aquellos años se denominaba Radio Popular de Colonia, y se desprendieron de ella en 1958. La emisora poseía una potencia de 4.5 Kw y siempre transmitió en los 550 Kcs.


Quilmes El Plata febrero 6 de 1927 
Foto que da idea de la costosa antena, cuya altura puede apreciarse.
Arriba - El aficionado de la Radio, R. Bernotti. 

Podemos anticiparnos que en bre­ve EL PLATA estará en vías de ofrecer al público audición diaria y boletín informativo, por interme­dio de la D. W. I., estación de propiedad del joven Ricardo Ber­notti que ya es bien conocido en­tre nosotros.
El joven Bernotti si bien solo cuenta con 17 años, desde dos años posee el permiso y la licencia es­pecial del Ministerio de O. P. de la Nación, después de haber ren­dido exámenes, siendo felicitado por sus conocimientos prácticos. Se comunica con todo el territo­rio de la república y los países vecinos, Montevideo, Chile, Brasil.
De la importancia que tendrá esta broadcasting, y de los propósitos de EL PLATA de utilizar sus exce­lentes servicios, nos ocuparemos en breve, en forma concreta.


CARLOS BRAGGIO

Nacido en Uruguay y radicado en Argentina, siendo muy joven comenzó sus experimentos en ondas cortas para lograr comunicaciones a grandes distancias. Sus logros excedieron el marco local. El Boletín oficial Nº 2 del Radio Club Argentino en mayo de 1923 felicita a: “Carlos Braggio estación 366, por sus logros en transmisiones a grandes distancias, logrados con su equipo compuesto de dos válvulas Telefunken de 10W con modulación por absorción”.

Carlos Braggio y su hijo Juan Carlos
Años después sus investigaciones alcanzaron trascender lo nacional, alcanzando reconocimiento mundial.
El 22 de agosto de 1923 estableció una  comunicación con el radioaficionado chileno Antonio Cornish Besa, quien en la madrugada del 20 de agosto de ese mismo año, entre la 1 y las  2 y 10 hs., se había comunicado con la estación del Radio Club de Tucumán, la primera “broadcasting” de esa provincia.
 Desde el 19 al 31 de mayo de 1924 participa de una prueba de intercomunicación en las ondas de 105 a 125 metros, organizada por la American RADIO Realy League de los EEUU.
Desde su estación de radio ubicada en Bernal obtuvo el record mundial al ser el primero en comunicarse por medio de la radio con una estación situada a más de 11.000 Km. al otro lado del Pacífico. El 21 de mayo de 1924 recibe la señal de un radioaficionado de Gisborne, Nueva Zelanda, Iván O´Meara, comunicándose por más de dos horas. “El record colocó a Quilmes definitivamente en la historia de la radio como ya lo habían hecho, con relación a la telegrafía, aquellas transmisiones realizadas desde nuestra Bernal hacia Canadá e Irlanda por Marconi en 1910.” [1]

Compilación e investigación Prof. Chalo Agnelli / 2007

FUENTES
Ales, Armando N. “La radio en sus comienzos – Los pioneros Quilmeros” Ed. Tiempo Sur, Quilmes, 2006. (Se puede adquirir en la librería “Ramos”, Mitre 581, Quilmes)

http://lagalenadelsur.wordpress.com/
http://www.qsl.net/lu9djs/esp4.htm
 http://lagalenadelsur.wordpress.com/2013/08/16/1923-primera-comunicacion-entre-radioaficionados-chilenos-y-argentinos/
http://www.dxradiomonitor.freehosting.net/custom3_4.html
NOTAS



[2] Hanon, Maxine. “Diccionario de Británicos en Buenos Aires. Pp. 772/773
[3] Eulalia Irma Taloud de Chanel fue profesora de francés. Fue compañera de enseñanza primaria de Manuel Ales en la Escuela Normal, egresados ambos de 6º grado en 1917, y ella diplomada maestra en la misma institución en 1921.
[4] Equipo donado por Ales al Museo Regional Alte. Guillermo Brown
[5] Ver biografía en: EL QUILMERO: http://elquilmero.blogspot.com.ar/2011/05/semana-del-periodista-juan-carlos.html 

[6] Ver libro de Ales, Pág. 47

WILLIAM MAC CANN EN QUILMES

En 1848 el comerciante británico William Mac Cann realizó un recorrido por territorio argentino, visitando la campaña bonaerense, el sur de las provincias litorales y Córdoba. A comienzos de 1853 se pu­blicó en Inglaterra el libro en el que volcaba las experien­cias recogidas durante su viaje.
Observador agudo y minucioso, Mac Cann describió con acierto el paisaje argentino, las costumbres de los habi­tantes, los diversos aspectos del quehacer cotidiano, el trabajo rural, aportando datos particularmente intere­santes sobre el papel de sus connacionales en la vida del país. Pero este Viaje a caballo” es mucho más que un relató ameno y pintoresco. Las precisiones que el autor realiza acerca de las características de la economía y de lar socie­dad del litoral argentino, apoyadas por un valioso mate­rial estadístico, lo convierten en una referencia impres­cindible para el conocimiento de la situación reinante en los últimos años del período rosista.
En este recorrido se detuvo en Quilmes y describe esa olvidada aldea al sur de la Ciudad y visita la casa de Juan Clark que se levantaba en la actual manzana circundada por las calles Mitre, Conesa, Sarmiento y Colón, que luego Clark vendió a la familia Ctibor y esta alquiló para que se abra en ella la Escuela Normal, adquirida luego por el Estado y allí hoy se halla el Instituto Superior del Profesorado Nº 104, el Jardín de Infantes Nº 949 y el Colegio Nacional.
Uniendo los párrafos que aquí se transcriben con la obra artística de Carlos Morel y muchas de las páginas de "Allá lejos y hace tiempo" de Guillermo E. Hudson, se puede alcanzar clara idea del paisaje y los pobladores de esta comarca a mediados del siglo XIX.


“Luego de haber andado cosa de una legua, cruzamos el puente de Barracas, entrando en una extensa llanura donde nada indicaba la cercanía de una gran ciudad. Las casas, en su mayoría, eran construcciones de madera, muy recientes, y pertenecían a inmigrantes vascos; las había también de esta­cas y cañas, revocadas de barro.
Unas pocas eran de ladrillo y bien edificadas, pero nadie hubiera creído que desde ese paraje podía llegarse en una hora de caballo a la capital de una extensa república. Parecía más bien el lugar de acceso a una llanura ilimitada. En el campo, conforme avanzábamos, aparecían en mayor número las vacas, caballos y ovejas.

Al cabo de tres o cuatro leguas, entramos en una extensión de terreno ondulado, a inmediaciones de Quilmes, cerca del sitio donde desembarcaron las tropas inglesas, en aquella fatal expedición comandada por el general Whitelocke. El camino corría por entre montecillos de durazneros, sauces y álamos. En esos lugares se halla la casa de Mr. Clark, súbdito británico, donde nos quedarnos a pasar aquel día […]
En Quilmes hay una iglesia construida de ladrillo y junto a ella un cementerio que en otro tiempo ha estado cercado con una pared; ésta se halla tan derruida que las vacas entran a pacer libremente y destruyen las tumbas. La villa se com­pone de una casa muy bonita y otras doce de aspecto común. En los alrededores, y en pequeñas parcelas de terreno sepa­radas unas de otras, se levantan los consabidos ranchos de cañas y barro. Quilmes ha sido antiguamente el centro de una tribu de indios, de la que tomó su nombre.
Estos indios fueron traídos del Interior con el propósito de civilizarlos y han desaparecido con el andar del tiempo.

Por el año 1820 (1818), las tierras fueron cedidas a determinadas personas bajo con­dición de introducir mejoras y edificar algunas casas. La his­toria de esta tribu ofrece cierto interés por cuanto demuestra que las razas menos vigorosas y civilizadas están destinadas a extinguirse, en contacto con otras más fuertes. Los indios quilmes procedían de la provincia de Catamarca donde sus antepasados lucharon contra los españoles en el transcurso de varias generaciones. Finalmente, quedaron reducidos a dos­cientas familias, capitularon, y fueron traídos a esta región para incorporarlos a la vida civilizada. Pero, en ese proceso de depuración, la tribu ha terminado por extinguirse.

La aldea se halla fuera de los caminos principales y, debido a esa circunstancia, difícilmente podrá adquirir algún desarro­llo. Con todo, si en lugar de tenerla abandonada y cubierta de hierbas, se dedicaran sus terrenos a la formación de quin­tas, jardines o viñedos, podría constituir un abrigo feliz para muchas familias industriosas. Al presente ofrece un cuadro de pobreza y desolación porque los habitantes del sexo masculino se hallan todos de servicio en el ejército. 
La entrada a la casa de Mr. Clark despertó en mí la más viva simpatía: todo en aquel hogar me representaba la activi­dad y el confort británicos. La huerta estaba provista de las mejores hortalizas y había plantaciones rodeadas de excelentes empalizadas. La tierra, feracísima y apta para todo cultivo, había sido removida con arados y rastras escocesas. Abunda­ban las aves de corral y las piaras de cerdos. En un terreno vecino se veían grandes montones de pasto. Unas robustas mujeres irlandesas andaban muy atareadas conduciendo tarros de leche. Como la quinta se halla situada a corta distancia de la ciudad (Buenos Aires), los productos de granja, encuentran buena salida y mister Clark sabe sacar de todo el mejor provecho. La carne, los lechones, las aves, las frutas, las hortalizas, la manteca, los huevos, el pasto, la leña, todo puede colocarse, y a precios más altos que en Londres y París, con excepción de la carne. El mayor inconveniente está en los caminos, que, durante el invierno, se ponen intransitables.

Junto al corral de la granja se halla instalada una fábrica para hervir o cocer la carne de vaca: los tanques son de hierro, de procedencia inglesa y tienen capacidad para cien bueyes. [1] La mayoría del personal empleado está constituida por irlan­deses, gente muy laboriosa y que economiza casi todas sus ganancias. Puede dar una idea del número de personas em­pleadas, el hecho de que Mr. Clark faena una res cada tres días para el mantenimiento de su casa, aparte las ovejas que se consumen. También se cultiva la papa, aunque ésta, hablando en gene­ral, no es tan abundante ni tan buena como en Inglaterra; pero asimismo se hacen dos cosechas por año; la primera co­secha, plantada en setiembre y recogida en enero, corre peligro de ser comida por la carraleja o mosca española cuando los calores vienen muy temprano. Estos insectos son recogidos y se venden a los droguistas de la ciudad; en algunos años abundan tanto, dentro de los primeros días de su aparición, que comen por entero las raíces, dejando el tallo enteramente desnudo. La segunda cosecha de papas se siembra por el mes de febrero, pero si el verano es muy largo se prolonga la vida de los insectos y entonces, con seguridad, destruyen los primeros vástagos, tan pronto como empiezan a crecer. Las mejo­res semillas de papas se obtienen de los capitanes de barcos, pero siempre es una cosecha muy aleatoria por la falta de su­ficiente humedad. Durante los últimos años el precio de las papas ha oscilado entre uno y tres peniques por libra. [2] Cua­lesquiera otra especie de hortalizas inglesas pueden alcanzar aquí su máximo desarrollo; además, las calabazas y los melones podrían constituir un alimento muy principal. Los melones abundan mucho y se venden a bajo precio.

Con Mr. Clark participamos de una mesa excelente: asado de vaca, aves, pudding inglés, papas y pan blanco, todo bien cocinado y presentado con mucha pulcritud. Fuimos invitados con insistencia a pasar la noche en la casa y para el efecto dejamos atados los caballos, pero de manera que pudieran pastar libremente.

El campo abierto tiene aquí un valor de treinta a cuarenta chelines [3] por acre [4] inglés y es el precio corriente a esta dis­tancia de la ciudad, vale decir cinco leguas. El precio de la tierra en los desiertos australianos asciende, según creo, a veinte chelines por acre; aquí, en una hermosa región, a menos de la mitad de la distancia desde Inglaterra, y a quince millas de una ciudad de sesenta mil habitantes, puede adquirirse la tierra a un precio de cuarenta chelines por acre.
La dificultad con que se tropieza de inmediato en cualquier empresa agrícola, es la construcción de vallados para contener las haciendas porque los gastos de zanjeo resultan muy cre­cidos y el trabajo se paga por vara. Los peones empleados en las labores de granja y en la construcción de fosos para cer­cados, ganan generalmente tres libras por mes [5], incluida la ración diaria. Casi todos estos trabajos son desempeñados por escoceses e irlandeses.
El sol, entrando por las hendiduras de los postigos, nos incitó a dejar el lecho muy de mañana para gozarnos en la belleza pastoral de la escena. Se extendía por todos lados una planicie de apariencia infinita, de un verde reluciente, como que estábamos en primavera, y donde pastaban miles de vacas, caballos y ovejas: una eran majada de estas últimas pertenecía a nuestro huésped.
Era de llamar la atención la cantidad de hongos que cubrían el suelo, recogimos algunos en un pañuelo y los mandamos a la cocina para que hicieran parte de nuestro desayuno. Me hallaba en esa tarea cuando fui sor­prendido por un ruido sordo, acompañado de una trepidación; la tierra parecía temblar bajo nuestros pies. A poco pude advertir que se trataba de una inmensa tropa de baguales que, para mis ojos, inacostumbrados a ese espectáculo, no bajaban de mil y se acercaban galopando por la llanura. La presencia de dichos animales se debía a la escasez de pasto - por falta de lluvia - en otros campos distantes. Venían a las inmedia­ciones de Quilmes porque en esos parajes encontraban buen sustento. Los caballos, extraviados después de abandonar sus propios campos, habían ido aumentando en número a punto de constituir un serio inconveniente, no tanto por el pasto que consumían como por los perjuicios que causaban en los cercados. Con el objeto de alejarlos empezaron por encerrarlos en un corral; seis hombres bien montados los arrearon des­pués, campo afuera, a una distancia de cinco a seis leguas donde quedaron libres para vagar a su antojo y buscarse alimento. Después de un sustancioso breakfast, nos despedimos de Mr. Clark para proseguir nuestro viaje. El camino atravesaba una pampa de excelentes pastizales. En aquella estación, la hierba, de intenso verdor, crecía esplendorosa y toda la extensión que los ojos abarcaban parecía una alfombra de terciopelo verde oscuro donde se esparcían las flores doradas de la primavera. Muy cerca, y a nuestro alrededor, los hongos de color blanco cubrían el suelo. No se veían árboles - a excepción de uno o dos que se divisaban junto a una casa - pero las casas son pocas, debido a la escasez despoblación. 
Junto a un arroyo cruzamos una gran majada de ovejas vigiladas con mucho cuidado. La pastora iba a caballo y se empeñaba en hacer avanzar algunos corderillos rezagados. Aunque me encontraba lejos para poder juzgar de su fisonomía, la revestí con la imaginación de todos los encantos de los pastores arcádicos. […]”

De: Mac Cann, William. "Viaje a caballo por las provincias argentinas". Hyspamérica. Biblioteca Argentina de Historia y Política (Colección dirigida por Pablo Constantini) Buenos Aires 1969 (origen: Biblioteca Popular Pedro Goyena).

 Compilación Chalo Agnelli

NOTAS



[1] Tanques en que se sancochaba la carne que, después de salada y colocada en barricas, se destinaba a la exportación y era consumida, so­bre todo, por las tripulaciones de barcos.  
[2] Téngase en cuenta que el peso papel de la Provincia de Buenos Ai­res, sólo valía dos peniques y medio, según dice, más adelante, el autor. (N. del T.) 
[3] El chelín equivalía a unos cinco pesos moneda papel. (N. del T.) 
[4] Acre: menos de la mitad de una hectárea o sea unos 4.000 metros cua­drados. (N. del T.) 
[5]     Unos trescientos pesos moneda papel de-la Provincia de Buenos Aires. (N. del T.)


ALDO SEVERI Y SU ARTE (Video de Prof. ALEJANDRO RE)

FÁBRICA DE TAPAS CORONA, HISTORIA, OBRERAS, OBREROS Y VIDEO DE ALEJANDRO RE


Chalo Agnelli: 
"A mi padre, don Armando Agnelli, en el cincuentenario de su fallecimiento, un 7 de junio de 1963"
Video: Alejandro Re
Cuando los vehículos descienden del puente vial "14 de Agosto" hacia La Colonia, frente a la calle Aristóbulo del Valle y en la manzana circundada por las calles Corrientes, Vicente López y Pte. Perón (ex Córdoba) se encuentra la fábrica Sociedad Auxiliar Fabril, Agrícola y Comercial (S.A.F.A.C.) de Tapas Coronas, luego Coroplast, que los viejos colonialeños llamaban “la casulería” (así sin “p”)
En 1917, y para evitar la importación, comienza la fabricación de tapas corona para sustituir las cápsulas antihigiénicas que llevaba la botella de cerveza "Quilmes". Con ese fin en 1925 (según señala su frontis) se termina el edificio mencionado. Durante varios años allí se envasó también yerba con marca SAFAC.
Frente a la SAFAC, el tranvía que transportaba la producción de la Cervecería Argentina Quilmes a la Capital. El común le llamaba "La Zorra", por su color gris oscuro. Se ve la calle Aristóbulo del Valle aún empedrada.

Empleados, capataces y jefes de la Cervecería Quilmes (c. 1919). La flecha de la izquierda indica al Jefe de Personal de la SAFAC, don Armando Agnelli, la de la derecha a don Rodolfo Ostry, también personal calificado de la empresa.
En la campaña de propaganda de este producto intervino Héctor Roberto Chavero, el inefable Atahualpa Yupanqui (31/1/1908 – 23/5/1992.) En 1926 compuso “Camino del indio”, su primera canción, que grabó en 1927 para un álbum de promoción de la yerba SAFAC. Entre el personal de la Cervecería, hasta 1950, (circa) la yerba SAFAC se vendía a cinco centavos el paquete de kilo.
Costancia laboral de 1928, donde figura ingreso del Sr. Agnelli, su cargo en esa fecha y el sueldo.
Recién en 1927 se generaliza el uso de las tapitas. Fue jefe de producción y de personal hasta 1957, Armando Agnelli que había ingresado en la empresa en 1917 a los 23 años de edad.
Cuando la C.A.Q. abrió sus puertas los salarios de los trabajadores de la SAFAC eran de $5,60 a $ 6 diarios los varones y de $3,20 a $4 las mujeres (?) por la jornada diaria de 8 horas. El horario era de 7 a 11 y de 13 a 17. Un reducido número lo hacía de 8 a 13 y de 13 a 17 hs.
Fue una de las primeras empresas de la zona que tuvo como personal mayoritario a mujeres.
Don Armando Agnelli
Algunos de los trabajadores y trabajadoras de “la Casulería” (sic): entre fines de la década del 30 y fines de la década del 50 fueron: Rita Abrego, Aurelia Arastegui, A. Silva, Clara Azpiolea, Emérita P. de Azpiolea, Sara Blanco de Chiesa, Nélida L. de Barza, María Rosa G. de Botindari, Santiago Bottoli, Raúl Castro, Beatriz O. de Calchichi, Sara de Canosa, Otilia Casasola, Magdalena Carassale, Narcisa A de Cazabal, Juan H. Cimonida, Camilo Coraglio, Joaquina A. de Coraglio, Luisa D. de Corbetto, Ernestina M. de Córdoba, Margarita Dávila, Hilaria Larralde de De Acha, Ángela C. de De Benedetto, María M. B. de De La Canal, Marta de Dos Santos, María Elena Naranjo de de La Serna, A. Dupuy, José G. Echeverría, Victoriana M. de Esteban, Carolina M. de Etcheverry, María E. C. de Ferré, Raúl Ferré, Adelina S. de Fiscaglia, Josefina R. Garrido, Eduardo Gil, María Josefa Gómez, Rosa y Teresa Guidi, Emma P. Guillermón, Maura C. de Guillermón, Héctor Oscar Guillermón, Paulina Handoff, Manuel Hermosa, Juana Naranjo de Jeanneret, María Jové, Rosa Kalarik, Hube Laborda, M. Lombardi, Juan Carlos López, María C. de López, María P. de Macucudez, Amparo Magadán, Carmen A. de Moleto, Amanda Nieto, Adelina P. D. de Ojeda, María A. E. Oliván, Leonor A. de Pafundi, Carolina Peralta, Tota Peralta, Dominga P. de Piriselli, Beatriz C. de Prego, Ramiro Prieto, Sara de Prieto, Nélida Prioli, Juana C. de Quinteros, Miguel Rossetto, Inés Ruesta de Andragnez, Ercilia Scaleraudi, Mara C. Serra, Mirta F. de Solmarz, Duilio Sologwin, Angélica Soto, Ángela M. de Supino, Amelia Supino, Erma F. de Taddei, Rosa María Tel, Celeste Martha Tortonesi, Rosa B. de Trisabín, Luis Trocca, Santiago Vicenti, Susana C. de Vilella, María Velazco, Aurora A. L. de Zárate. [1] Entre estos nombres y apellidos se encontrarán muchos de los fundadores y fundadoras de familias que aún hoy viven en La Colonia. 
Trabajadoras de la SAFAC festejando un 1º de Mayo en un recreo de La Ribera.
En diciembre de 1948, se produce un grave incendio en la fábrica de Tapas Coronas. El fuego se inicia en los depósitos que se hallaban en la esquina de Aristóbulo del Valle y Corriente, propagándose con rapidez. Se corrió la especie que fue intencional dada la mala relación de la empresa con algunos grupos sindicales. Las pérdidas alcanzaron los dos millones de pesos y el cierre de áreas de trabajo con la subsecuente reducción de mano de obra. Nunca se aclaró el incidente.
La única víctima fue el director de la empresa Enrique Freyre, quien murió el 20 de enero del siguiente año a consecuencia del disgusto que le significó el accidente.
Frente a la “casulería” se hallaban los garajes de las “zorras”, tranvías de madera color gris que transportaban la cerveza a la capital Federal. El sereno era el señor Biondo un italiano de parla muy cerrada y malhumorado. En 1968 este gigantesco galpón con todos los coches tranviarios de carga ardieron una noche perdiéndose todo el material histórico.
Solo queda “la torre” en la esquina de Corrientes y Gran Canaria, oficinas de los empleados del área de transporte de la CAQ. Hoy en el lugar hay un gimnasio, en la esquina opuesta, Aristóbulo del Valle y Corrientes, una estación de servicio y en la esquina de Aristóbulo del Valle y Perón un restaurante.
Diploma otorgado por el personal al director de la SAFAC don Armando Agnelli, con motivo de su retiro en 1956. Documento que pertenece al Museo Bibliográfico Documental "Bibliotecario Carlos Córdoba"
FUENTE
Agnelli, Chalo. (2010) “La Colonia de Valerga – historia social del segundo barrio de Quilmes”. Ed. Tiempo Sur. Quilmes. Cap. 5.- “La Cervecería y Maltería Argentina Quilmes”

NOTAS

[1] Tomado del diploma que los obreros y empleados de la empresa de “Tapas Coronas”, entregaron firmado por cada uno a su jefe don Armando Agnelli con motivo de su jubilación el 29/6/56, tras 40 años de formar parte de la empresa cervecera.