domingo, 13 de septiembre de 2020

GUILLERMO ENRIQUE HUDSON Y LA FIGURA DEL MAESTRO POR LIC. MARIA ROSA MARIANI

Por María Rosa Mariani

Si bien los Hudson creían que los niños debían crecer en libertad y alentaban la construcción y el aprendizaje por descubrimiento; no descuidaron su educación que en aquel tiempo, planteaba sus dificultades.

Cuenta que los hijos de las familias inglesas pudientes se educaban en Inglaterra; lo que resultaba imposible para ellos. Tampoco podían enviarlos a la ciudad, no solamente por razones económicas sino que según sus dichos: “El único colegio inglés para varones, dirigido por un delicado y enfermizo caballero británico, constituía el foco de todas las fiebres y demás enfermedades propias de la juventud enclaustrada en un local malsano”.

En la Provincia de Buenos Aires, los niños se educaban por fuera de las instituciones escolares con algún miembro de la familia o un tutor, muchas veces de origen extranjero. En el Pago de La Magdalena contratar un maestro particular era caro, pero sus padres encontraron en los “maestros itinerantes” la alternativa que les ofrecía la opción de educarlos. Dos maestros británicos que a cambio de casa y comida permitirían preservar y re construir su identidad.

 Cuando habían pasado unos meses desde la mudanza a Chascomús, los padres les informaron que habían contratado un preceptor, quien viviría en la casa y dictaría clase durante la mañana y parte de la tarde. Se llamaba Mr. Trigg. “Un solterón, sin hogar, después de veinte o treinta años de vagar por las pampas, vivía con poco o ningún dinero en el bolsillo y exento de bienes, salvo su caballo (nunca tuvo más de uno a la vez), el engorroso recado y sus maletas, las cuales contenían su guardarropa y todo lo que poseía. Carecía de baúl. A caballo, con sus alforjas detrás, viajaba a través del país, visitando a todos los pobladores ingleses, escoceses e irlandeses, ovejeros en su mayoría, … Cuando Mr. Trigg encontraba una casa donde existían niños suficientemente grandes, para enseñarles las letras, allí se conchababa por mes como un puestero o un peón, para instruirlos, viviendo con la familia”.

Antes de dejar su país había actuado en el teatro y las noches invernales brindaba dos horas de lectura a la familia. “Primaba entonces Dickens como el escritor más popular del mundo, y Mr. Trigg acostumbraba a leer a Dickens para deleitar a sus oyentes. Allí él podía desplegar sus cualidades histriónicas hasta el summum, caracterizando cada personaje del libro, adoptando su voz, gestos, maneras y expresiones, que ajustaba perfectamente. Las veladas asumían carácter de representación teatral, más que de lecturas”.

Fue despedido tras aplicar castigo corporal a los niños y un tiempo después su lugar fue ocupado por, el padre O’Keefe. …”El buen sacerdote, que, después de vagar por el mundo, había sido impulsado a este país por los vaivenes de su existencia, y ansiaba conseguir un sitio retirado donde permanecer a la espera de alguna oportunidad para ejercer su ministerio”. Agrega Hudson que: “No fue un profesor muy efectivo, porque no sabía ser severo, ni siquiera medianamente firme, y jamás nos castigaba en forma alguna. Cuando no aprendíamos nuestros deberes, bondadoso con nosotros, trataba de conformarnos, afirmando que habíamos hecho lo posible y que más no podía esperarse de nuestro esfuerzo y de nuestra capacidad. Por otra parte, siempre mostrábase dispuesto a buscar cualquier pretexto para darnos asueto en la tarde”. Con una mirada muy crítica, los pinta como desposeídos, que optaron por la enseñanza para evitar la miseria.

Lic. María Rosa Mariani – 11/9/2020

Dibujos de Franco Mosca de la Ed. de junio de 1945. Editorial Péuser