martes, 29 de noviembre de 2011

"RECORRIDO FINAL" LA HISTORIAS EN EL CEMENTERIO DE QUILMES


Características del cementerio de Quilmes, bóvedas, túmulos y monumentos arquitectónicos [1]
Presentado en la 8º Jornada Histórico Social y Fotográfica de Quilmes - 2009

Prof. Chalo Agnelli
Trabajo  técnico Sol M. Agnelli
PRÓLOGO
La muerte ha sido motivo para erigir diversas construcciones arquitectónicas que brindan información básica sobre costumbres, tradiciones sociales y religiosas del pasado.
Este documento intenta proseguir lo realizado en 2008 para la 7º Jornada Histórica Social y Fotográfica de Quilmes, por el Prof. David Iurescia: “La Necrópolis de Quilmes y las costumbres funerarias”, que a su vez, se iniciaron en el 2005 con la del Ing. Rodolfo Cabral titulada “Varias iglesias y un cementerio”. El mismo año el Lic. Oscar Rico Rincón presentó un experto trabajo “Memento Mori – imagen del recuerdo en el siglo XIX y XX”, sobre la fotografía post mortem, que en la 5º Jornada la Prof. Andrea Cuarterolo continuó con un trabajo profusamente ilustrado: “La muerte a cinco columnas”.
La Recoleta [2] y la Chacarita, en la Capital Federal, tuvieron sus historiadores e investigadores, trabajos que permiten rescatar, conocer y difundir, además de costumbres y tradiciones, la trayectoria pública de personalidades de nuestra historia.
La Recoleta, o como se la denominó en un principio Cementerio del Norte, se instaló en 1822 durante el gobierno del Bernardino Rivadavia en la antigua quinta de los padres recoletos. Las últimas obras de mantenimiento se hicieron en 2003, las anteriores se habían concretado en 1881. Se halla entre las calles Vicente López, Junín, Azcuénaga y linde con el Centro Cultural.
La práctica prehistórica de enterrar a los muertos bajo sus viviendas dio lugar a construir “casas” para los muertos; bóvedas, sepulcros, panteones, tumbas (enterramientos), mausoleos y luego “ciudades” específicas, necrópolis.
Los monumentos funerarios fueron construcciones, casi siempre, emplazadas fuera del ejido urbano. Las tumbas romanas levantadas generalmente junto a los accesos a las ciudades, de formas muy variadas, reflejaron los gustos de sus promotores y tenían el propósito de impresionar a los vivos con la riqueza y el poder de la familia del difunto.
La riqueza arquitectónica y artística de los monumentos fúnebres: bóvedas o mausoleos, en sus elaboradas puertas, vitrales, esculturas alegóricas y las historias que recrean; así como los hitos como lápidas, monolitos, columnas truncas, obeliscos, etc., que recuerdan a figuras, personalidades y hombres de significativa trayectoria, son documentos historiográficos que recrean y completan cualquier investigación histórico-social.
Este bosquejo promueve un estudio arquitectónico especializado sobre este tema. Se contó con el asesoramiento del Arq. Carlos Cozlonok y el museólogo Francisco J. Devicenzi. El autor carece en absoluto de conocimientos específicos, salvo los pocos adquiridos en algunas clases de historia del arte y en la abundosa bibliografía consultada al respecto, tanto gráfica como la que brinda la Internet.
Con la presentación de fotografías que acompañan este trabajo tomadas por el autor en varias visitas soleadas al cementerio de Ezpeleta, se intenta recoger un elemento de historia social para dejar un documento que prevalezca ante la picota del progreso.
Recorrer ese cementerio es transitar su historia, transcurrida con algunos trazos precisos y otros un tanto desprolijos de hombres y mujeres que allí yacen y que, en los monumentos fúnebres, nos recuerdan su existencia, sus tributos a la vida, sus deudas, su entorno y aquellos quienes fueron sus coetáneos, todo en monástico silencio y recogido respeto.

LOS TRES CEMENTERIOS DE QUILMES: [3]
Desde 1667 el cementerio de la Reducción estaba junto a la iglesia y allí permaneció hasta 1854. Lo irregular de la situación para un pueblo que estaba creciendo lenta, pero constantemente determinó que en 1842 se dispuso trasladarlo a un lugar adecuado a las circunstancias.
Se eligió un terreno frente a la barranca (donde hoy está el Hospital Iriarte)  llamado de Perdriel, quizá porque en ocasión que el jefe de policía Gregorio Ignacio Perdriel visitó Quilmes en 1829, con sus subalternos instaló campamento en esta cima frente al cambiante panorama del Río de la Plata. [4]
En 1849 el boticario porteño Hilario Amoedo [5] reiteró el pedido de traslado al sitio destinado pues el primitivo “estaba en estado deplorable, la tapia derrumbada y entre las tumbas había cuevas de vizcachas.” [6]
El 13 de febrero de 1852, se autorizó la mudanza del cementerio indio. Esta fue una de las primeras medidas del juez de paz Martín de La Serna, pero el tema quedó relegado, pues el 7 de abril se creó el partido de Barracas al Sur, al frente del cual se designó a de La Serna y se nombró juez de paz del partido de Quilmes a Andrés Baranda.
En noviembre Baranda renueva el pedido de traslado al terreno de Perdriel,  donado al efecto por el jurisconsulto Romualdo Gaete. [7]
En 1854 se iniciaron las tareas. En 1852 varios vecinos residentes y circunstanciales habían hecho importantes donaciones de dinero, que llegaron a $ 44.037, con ese fin. Entregaron $1000 cada uno: el Dr. Claudio Amoedo, Andrés Baranda, Gregorio Belén, Francisco Casares, José Durañona, Enrique Gilbert, los hermanos Laurentino, Remigio y Paulino González, Silverio Ponce de León, Indalecio Sánchez; con $ 800 cada uno: José T. Arze, Juan Clark, Juan Davidson, Martín Durán, Urbano González, Bernardo Lerdou, Juan Montes de Oca, Álvaro Parejas, Francisco Polero, Thomas Robinson, Francisco Rodríguez.
El único señalamiento oficial que contó el nuevo emplazamiento fue un pilar rectangular de mampostería de metro y medio de alto, colocado en un punto central entre las tumbas, con una cruz de hierro labrada en la base superior, que fue donada por Mariano Solla, conmovido por la desnudez que presentaba la nueva necrópolis.
En febrero de 1855, después de 13 años de iniciadas las gestiones, siendo juez de paz don Tomás Flores se inauguró el nuevo cementerio en la calle de la Concordia (Humberto Iº) y Santa Cruz (Alisson Bell) La sepultura Nº1 estaba en la esquina de Allison Bell y Humberto Iº y la última la Nº670, en la esquina de Olavarría y Uriburu. Allí se trasladaron los restos óseos de quilmes, acalianos y todos los que a lo largo de 189 años fallecieron en la antigua Reducción, en el nuevo Pueblo (1812) y en su nueva ubicación fueron colocados en un osario. Los restos que hubieran quedado de Martín Iquín el cacique que vino del Tucumán con su pueblo y los de Isabel Pallamay la cacica quilme que desafió el sistema en reclamo de sus derechos, que yacieron en el cementerio indio también deben haber sido colocados en ese anónimo osario.
Así fue que se clausuró definitivamente el viejo, que ocupaba el actual atrio de la catedral, la casa parroquial y parte de la Escuela Nº 1º. De todos modos varias tumbas permanecieron junto al templo hasta 1861, “entre las que se paseaba los cerdos de Marteluna”, un vecino cuya piara andariega no solo llegaba a la plaza principal, sino que atravesando las difusas calles iban a hozar en el cementerio.
Luego este terreno se parcelaría para levantar la escuela Nº1 en 1863 y la municipalidad, quedando enterramientos olvidados por la desorganización y el apuro que determinó la mudanza. 
RECLAMO 
En 1861 el Dr. Valentín Alsina [8] reclamó dos solares que le pertenecían, los Nº345 y 346, ocupados en su mayor parte por el nuevo cementerio. La municipalidad reconoció sus derechos y el error cometido y lo subsana otorgándole provisoriamente, hasta tanto el Superior Gobierno extendiera la correspondiente escritura de propiedad, un terreno con la misma extensión en el bañado desde la pared posterior del cementerio (calle Uriburu)
También el cura párroco Rafael Fanego reclamó el terreno pues consideraba que si el cementerio era administrado por la Iglesia, el predio donde estuvo le pertenecía a esa institución. Después de una larga disputa con Andrés Baranda el sacerdote ya alejado de Quilmes desistió de sus exigencias.
En 1888, surge un nuevo reclamo de Mercedes Alsina de Deagustini de modo que la municipalidad solicita una nueva agrimensura de los terrenos disputados y concluye que “…Sólo por una equivocación ha podido reconocerse derechos a favor de la testamentaria del Dr. Alsina, de los solares 345 y 346, pues estos forman parte de la manzana ocupada por dicho cementerio y la donación a favor del Dr. Alsina fue efectuada cuando el cementerio funcionaba como enterramiento y se debe comprender que fue donado este sino el terreno lindero hacia el Este…” [9] Resuelto esto, los lotes se remataron; los adquirió Celestino Risso .La casa que allí se levantó fue residencia de verano del Pte. José Evaristo Uriburo, seguidamente compró la propiedad el vecino José Bossi Casares que la bautizó La Elisa y luego pasó a la familia de Antonino Cambaceres, cuya sucesora la vendió en 1920 a la Sociedad de Beneficencia Hospital de Quilmes, actuando como escribano Andrés V. Ramella y figurando como compradores el Dr. Iriarte y W. Allinson Bell.
Este segundo cementerio se colmó por las epidemias de cólera (1868) y de fiebre amarilla (1971).
EL CEMENTERIO DE EZPELETA
 En setiembre de 1867, el Dr. Wilde y el juez de paz Augusto Otamendi, atienden las secuelas del cólera [10] y consideran la necesidad de sacar el cementerio del pueblo y llevarlo a las afueras. Juntos recorren la campaña buscando un lugar adecuado, decidiéndose por unos terrenos próximos al arroyo Giménez, propiedad de Juan Clark y del Sr. Lagouarde (Laguarda). El 24 de noviembre se compra la propiedad a Clark y comienzan los trabajos y los traslados de los restos que estaban en el cementerio de la Barranca.
El proceso de traslado fue prolongado y complejo. Muchos perdieron definitivamente los restos de sus finados, que fueron reunidos en el “osario”, y otros enterraron como propios los ajenos. Cuenta, con festivo pintoresquismo, José Andrés López [11] el primer destino que tuvo el segundo cementerio quilmeño:
 “Clausurado el cementerio viejo en 1868, pasada la epidemia de cólera que asolara la provincia, la cicu­ta hizo presa del sitio aquel, donde empezó a crecer y multiplicarse como en la mejor de sus tierras de cul­tivo; pero lo hizo por discretas gradaciones.
Enseñoreóse primero de las calles, luego de las sepulturas, después de las bóvedas en ruina, creciendo en los propios ataúdes y asomando luego por los res­quicios y grietas en procura de aire y luz; trepó luego por las grietas de los derruidos muros de circunvala­ción, coronándolos y por último, calles, sepulturas, bóvedas y muros desaparecieron, ocultos por ella, que formó un bosque espeso e impenetrable, y quien no supiera que aquel bosque crecía en un cementerio, no lo habría sospechado ni creído.
Un cura tuvo Quilmes, el Dr. José Ramón Quesada, que viendo el bosque y sabiendo lo que escondía, sintió bochorno por las autoridades, indiferentes ante aquel espectáculo, y piedad por la memoria de los muertos, y buscando la manera de expresar lo que sen­tía a los que de aquello tenían la culpa sin mortifi­carlos, su talento y su exquisita cultura le sugirieron el recurso.
Estando próximas las fiestas patronales, anunció por nota a la Municipalidad y, desde el pulpito a los fieles, la venida del arzobispo monseñor Aneiros y el propósito de éste de visitar el cementerio clausurado y celebrar allí una misa por el alma de los muertos yacentes.
Y allá fueron a porfía, la Municipalidad con sus presos y los deudos en persona o sus peones, y la cicuta fue abatida de la mejor manera posible, pero bastante mal, según el discreto parecer del bondadoso mon­señor Aneiros.
Pero como éste no había de venir cada vez que la cicuta, volviendo por sus fueros, provocara nueva ‘razzia’, ésta no se produjo, y aquella continuó siendo allí reina y señora, hasta que, andando el tiempo, el cementerio fue demolido y su terreno entregado al dominio privado.”
El 1 de mayo de 1870, se dicta un reglamento de cementerio que establecía medidas de las sepulturas, los tipos de enterramientos y el mantenimiento.
En 1872, el constructor Santiago Laurnaga hace un pozo de agua con molino y otras obras.
En 1873, se inaugura oficialmente la actual necrópolis de Ezpeleta. La primitiva entrada estaba próxima a la esquina de Laguarda y Mitre. En una foto que reproduce el Prof. Iurescia, en el trabajo mencionado, se aprecia este ingreso de estilo italiano, un atrio rectangular techado y con altas arcadas en sus cuatro lados, uno hacia el interior del camposanto. También se aprecian varias cúpulas de las bóvedas que ya no están.
En 1881 se designó el primer guardián del cementerio que fue Francisco Gurruchaga con un sueldo de $ 600.
En 1898 siendo intendente Olegario Ponce de León hace construir la capilla, oficinas, morgue, osario, etc. Los planos los realizó el constructor Pedro Etchevertz, pero como era empleado municipal no se hizo cargo de las obras. Se otorgó la licitación al constructor Miguel Nazábal. Las nuevas instalaciones se inauguraron el 25 de octubre de 1889, estando a cargo de la intendencia Joaquín R. Amoedo. Fueron padrinos de la ceremonia el Sr. Ponce de León y su esposa Josefa Labourt Dupuy. Sus nombres figuran en la medalla que se acuñó para recordar el acontecimiento. [12]
DE CEMENTERIO A PLAZA
El terreno que fue cementerio y hoy ocupa el hospital pudo ser una plaza pública. Así lo informa el  periódico El Quilmero  del jueves 20 de enero de 1881: “INFORME. El domingo asistió el Sr. Rodríguez a la sesión municipal con el objeto de dar los informes que se le pedían de la forma y condiciones de la nueva plaza pública que ha propuesto formar en los terrenos que hoy existe el cementerio viejo. Después de hacerlo esperar todo el tiempo que duró  la licitación del derecho de abasto y alumbrado, informó ese señor que la plaza proyectada será igual a la conocida por de la Cruz. (hoy Dr. José Antonio Wilde) Parece que la municipalidad se inclina a sacar la obra de la conversión de ese cementerio en plaza por su cuenta.”
Y otra noticia al poco tiempo dice bajo el título MAGNÍFICO: “Considerando que para el bien del vecindario vale lo mismo que sea una u otra mano la que obre los adelantos que se proyectan nos felicitamos de que se haya resuelto por la municipalidad convertir el terreno ocupado por el cementerio viejo en paseo público. El Sr. Rodríguez iniciador de la idea debe estar satisfecho de que ella sea realizada y la municipalidad no descuidará el cumplimiento del compromiso contraído al resolver hacer esa transformación por su cuenta tan pronto como termine el plazo de cincuenta días para la exhumación de los restos.”
   En el mismo periódico del jueves 17 de febrero de 1881 seguido del encabezado: EXHUMACIONES informa: “Los deudos de personas cuyos restos están sepultados en el cementerio viejo se apuran a trasladarlos al nuevo y creemos que antes de terminar el plazo de cincuenta días dado por la municipalidad, no quedará ninguno sin haberlos trasladado; y ese aterrante lugar será convertido en breve en un paseo delicioso por su situación sobre la barranca.”
   Plaza y paseo nunca se hicieron, la cuestión pasó al olvido. Varios deudos, por diversas imposibilidades, como por ejemplo: no contar con los medios económicos, estar fuera del país en esos años o trabajando circunstancialmente en otros rincones del país, Chile o la Banda Oriental, extraviaron los restos de sus muertos y la municipalidad los depositó en el osario de Ezpeleta. En esos años que aún no existía la identificación por el ADN, el reconocimiento era imposible.
EL CEMENTERIO DICIDENTE.
En 1888, Mr. A. D. Stewart, presidente de la Asociación Protestante de Quilmes, solicita a las autoridades municipales autorización para establecer un cementerio para la colectividad quilmeña de ese culto [13]
El vecino Carlos Clark estaba dispuesto a donar una propiedad con ese fin, en el camino que va a San Francisco (calle Mitre a Berazategui) o “camino al cementerio”, próxima a la extensión que, en 1867, la municipalidad había adquirido a su padre para instalar el actual cementerio de Ezpeleta. En dicho cementerio, actualmente, persiste un monolito que atestigua dicha donación. El camino al cementerio se pavimentó entre 1915 y 1916, con los adoquines que levantaron de la calle Rivadavia cuando, en esos años, lo sustituyeron por el macadam.
Cortejo fúnebre por la calle R. López y A. Baranda.1948
BOSQUEJO PARA UN ESTUDIO ARQUITECTÓNICO DEL CEMENTERIO DE EZPELETA
Como se mencionó anteriormente la entrada estaba próxima al cruce de las calles Laguarda y Mitre. El pórtico se inauguró en 1899. Era de claro estilo italiano como gran parte de la arquitectura que se utilizó en la Argentina entre fines del siglo XIX y principios del XX. Una de las resultantes de la llamada Generación del 80. La construcción avanzaba sobre la calle casi de tres metros de ancho. Cuando se levantó el atrio actual se tomó como línea de edificación sobre la calle Laguarda la pared exterior de este pórtico.
En 1952, se derribó el primero y se inició el actual portal como parte de las obras públicas gestadas durante el 2º Plan Quinquenal. La ampliación la realizó la constructora IACUS; se debía concretar en 12 meses. El atrio de mármol blanco es de planta rectangular, un vestíbulo profundo con columnas externas y una escalera breve en la fachada dando acceso a su alto podio o plinto. Las columnas son cuadrangulares sin fuste. Es del estilo arquitectónico llamada Monumentalismo, generalizado durante el primer y segundo período de gobierno del presidente Perón; procurando simbolizar el esplendor y poderío que se vivía en esos años. Arquitectura sobre la que Alberto Petrina en su artículo “La ciudad justicialista” califica de este modo: “… a la hora de representar la arquitectura de la época, cederá a la tentación de referir casi exclusivamente las realizaciones del Estado a este Monumentalismo de raigambre autoritaria. […] con alto grado de mestizaje, de eclecticismo, de heterogeneidad, aunque esta explícita vocación de sincretismo llegue a alcanzar niveles intolerables de infección para los siempre delicados estómagos de la intelligentsia argentina. […] la idealidad cede su espacio a la realidad; la pureza, a la contaminación; la síntesis, a la exuberancia, y la atmósfera barroca resultante no refiere a su contenida manera europea, sino a su desaforada versión iberoamericana. […] dada la gigantesca acción de obras públicas emprendida durante la primera y la segunda presidencia del general Perón (1946-1952 y 1952-1955), sólo comparable con la desarrollada anteriormente por los gobiernos liberales de la Generación del 80 y por la administración conservadora del Presidente Agustín P. Justo (1932-1938).”[14]
Se percibe en esa producción monumentalista la influencia del arquitecto alemán Albert Speer, creador de un clasicismo programado donde la arquitectura estaba cargada de un discurso ideológico. Speer cumplió ese rol en la Alemania nazi.
En cada pequeño sendero de esta necrópolis se descubre algo nuevo, anecdótico, sorprendente. Con la remodelación de 1952, la  calle interna Nº 2 ó alameda, quedó como calle central.

A cada lado de este camino central están las bóvedas arquitectónicamente más importantes, no son las más antiguas. Efectivamente, el primer sendero perpendicular a esta alameda hacia el NO es el primitivo camino de ingreso que conducía hacia la alameda. En este sector están lo que se llaman sepulturas y bóvedas perpetuas, debido a que por una ordenanza municipal durante la larga intendencia del Dr. Pablo Castro (1911 – 1917) para contar con fondos para la remodelación del cementerio se ofreció a los vecinos adquirir parcelas en perpetuidad. En el gráfico de la disposición del cementerio este sector figura con las letras A; C; Z; G; I.
En el sendero original, por donde ingresaban a pulso los féretros, quedan algunos de los monumentos más antiguos y las bóvedas que hoy suplantan a las demolidas, en algunos casos por los mismos propietarios, otras por nuevas  familias que adquirieron las parcelas.
ENTERRAMIENTOS
Las primeras tumbas eran del tipo corral cercadas por rejas y en las cabeceras se colocaban cruces de madera o de hierro forjado, como las que ilustra el Ing. Rodolfo Cabral en el trabajo arriba citado. Sobre la bóveda de la familia Giles y Gaete hay una cruz que originalmente perteneció a uno de estos túmulos.
 El cerco eludía el vandalismo de los animales sueltos; en algunos casos, se aprovechaban los árboles cercanos. Esto fue después de 1855. (Ob. Cit)
Como se mencionó, las primeras tumbas o túmulos eran simples enterramientos. Estaban cercados con rejas de hierro forjado o alambrado, cuando este tipo de cerco llegó a la Argentina.
En el sector perpetuo del cementerio local, sector Z y G, hay cuatro grupos de tumbas cercadas; son de fines del siglo XIX. En la mayoría, las inscripciones son inteligibles. No pertenecen a un solo grupo familiar.
En el sector C existe un grupo de seis o siete tumbas cercadas de pilares de dos metros de alto unidos por muros bastante deteriorados, de un metro, sobre los que se levantan rejas de hierro y una doble puerta también de ese metal forjado. Estas rejas fueron trasladadas allí del cementerio de la barranca. El doble portón de carruajes del cementerio viejo, según don Manuel Ales, después de la clausura estuvo muchos años en una casa de calle Olavarría Nº531, residencia de la familia Sturla.
Los enterramientos reunidos dentro del cerco tienen distinta antigüedad Hay uno, inidentificable; el más antiguo que se puede distinguir, es el de Juan Bautista Lagouarde, de 1916 (tenía 55 años); otros son miembros de la familia Arrieta. Este grupo de sepulturas  valladas perteneció a Bernardo Lagouarde, el propietario que vendió parte de las tierras donde se halla el cementerio a la municipalidad, junto al terrateniente Juan Clark. [15] El apellido se transformó en Laguarda que da nombre a la calle que pasa por las entradas y no a Nuestra Señora de la Guarda como se suele creer.
Flía Lagouarde
Entre las tumbas o los túmulos cercados entre los más antiguos, junto a una columna trunca, hay uno con un riguroso trabajo escultórico que data del 10 de julio de 1918.  Es una composición muy elaborada con un bouquet de rosas de piedra sobre el pedestal y al pie un pergamino con la palabra PAX en sobre relieve; tiene a un lado el retato fotográfico de Ángel Rossi.
A un lado de la bóveda de la familia Giles se halla tapada, inclinada y oscurecida la tumba de Wilfred Latham. Es una cruz celta de granito en cuya base en pirámide trunca dice SACRED (sagrado), luego su nombre y fecha de fallecimiento “dead 21 November 1877 age 60. Latham tuvo una figuración y una fortuna de las más características a partir de la tercera fundación de Quilmes ya como municipio; fue propietario de las estancias locales “Los Álamos y “La Palma”, primer importador de las razas de ovejas merino y uno de los fundadores de la Sociedad. Rural Argentina. [16] Sus emprendimientos agropecuarios fueron un hito de progreso para el pueblo.
En los cementerios católicos se hacen pequeños monumentos de mampostería con distintos tipos de cabeceras, de cruz de capilla y de lápida. Hacía el SE del cementerio hay numerosas tumbas enterramientos o con distintas cabeceras.
Tumba de Wilfred Latham
LOS OBELISCOS
Los obeliscos se tallaban en una única pieza y se montaban sobre una base cúbica. Los vértices de algunos de ellos se solían recubrir de un metal brillante, y a lo largo de las caras del fuste se cincelaban inscripciones, panegíricos, o tan solo, nombres y fechas de nacimiento del finado. Algunos eran cenotafios, es decir monumentos fúnebres erigidos en memoria de alguien, pero que no guarda sus restos.
El obelisco se ha empleado como forma arquitectónica y decorativa en numerosos monumentos y llegó a convertirse en uno de los detalles más característicos de las tumbas barrocas y neoclásicas.
Pirámide evocativa  José Navarro
De estos hitos recordatorios hay tan sólo dos o tres de poca altura, sobre base cuadrangular. A poco del ingreso se halla el del flebótomo y músico José H. Navarro de origen canario que integró en 1873 la primera orquesta del pueblo que dirigía el maestro Antonio Barrera. Navarro falleció el 17 de enero de 1903. La construcción está revestida con mármol de buena calidad pues a diferencias de otros, con la misma antigüedad, está en muy buen estado de conservación; tiene un panegírico en sobre relieve que reza “Sólo tuvo bondad su corazón, sonrisas sus labios”.
Otro tipo de obelisco más sobrio se halla sobre las tumbas de la familia Fidanza; con inscripciones en bajo relieve en cada una de las cuatro caras, muy desgastadas.
Columna trunca que recuerda al Dr. Edmundo Fierro
LAS COLUMNAS TRUNCAS
Las columnas truncas representaban a la juventud tronchada. Personas fallecidas muy jóvenes. La de la tumba de Saturnino Sijenz fallecido de 28 años data del 8 de setiembre de 1912.
Hay otra de mayor tamaño  sobre un pedestal cúbico en homenaje al Dr. Edmundo Fierro. El monumento tiene la fecha 21 de febrero 1936; Médico y militar. Nació el 14 de marzo de 1857. Había llegado a Quilmes en noviembre de 1879 a acompañar en su tarea a los doctores Fabián Cueli y José Antonio Wilde.
Tenía 25 años y con su juventud y don de gentes se ganó el afecto de todo el pueblo y la Campaña vecina: “su ciencia curaba los males físicos, su corazón curaba los morales...” Tanto fue el afecto que el pueblo cobró al joven médico durante los cuatro años que asistió a los enfermos de Quilmes, que su muerte repentina, acaecida el 21 de febrero de 1886, practicando el juego de pelota en el establecimiento de la calle Mitre y 25 de Mayo, desconcertó y apenó a toda la población. Tenía tan solo 29 años. En el 50º aniversario de su muerte el 21 de febrero de 1936, la comunidad le levantó este monumento fúnebre similar al que se había colocado próximo a la fecha de su fallecimiento con las leyendas. “El pueblo de Quilmes a su médico” (que estaba en el pedestal original) Y en cada un de las restantes tres caras del basamento se gravó: “Médico abnegado – Soldado de la patria.// Juventud. Ciencia. Corazón. Vaso colmado de bondad y consuelo. Se prodigó solícito al enfermo, al desvalido, al atribulado. Quilmes le consagra fidelísima conmovida memoria.// Médico aventajado, filántropo convencido. Con su muerte prematura la ciencia vio tronchada una robusta esperanza, los desgraciados perdieron un eficaz consuelo.” Indudablemente que debió ser un individuo con un extraordinario carisma, lleno de humanidad y don de gentes para granjearse en apenas seis años tanto afecto y reconocimiento.
Su tumba se halla junto al monumento-ensamble la de otra figura principal de la historia quilmeña, la de uno de los artistas plásticos argentinos  más característicos del siglo XIX, Carlos Morel.
Flia Otamendi (1940)
LAS BÓVEDAS
Las bóvedas son mausoleos de una sola familia. Entre las más famosas se distingue la tumba-mausoleo de la familia patricia de los Julios en forma de torre. Se halla en Saint-Rémy-de-Provence (Francia - 40-30 a.C.). Realizada con secciones geométricas superpuestas: un cubo en su parte baja, seguido por un rectángulo de cuatro arcos y un pequeño templo circular rematado por dos estatuas.
La bóveda, propiamente dicha, es una obra de construcción utilizada para techar el espacio entre muros o pilares, que llamamos comúnmente techo abovedado: como gran parte de estos monumentos fúnebres se les colocó ese tipo de techado, el término se extendió a todo la edificación, aun los que no lo poseen. Luego con el término bóveda” se hizo extensible a todas las tumbas de este tipo.
Las hay de diversos estilos arquitectónicos y muchas son híbridos que los reúnen. Todas de planta rectangular. Las hay con repisas laterales donde se depositan los sarcófagos, con cripta subterránea donde disponerlos o con ambas particularidades. Llevan en su mayoría labrados sobre la mampostería o en piezas de metal, el nombre del primer difunto que la inauguró y representa a una familia; en otros tan solo un apellido o con el Familia delante del mismo.
Flia Navone (1920)
Entrando al amplio pórtico, pasando el gran vestíbulo central, que a un lado tiene una capilla y al otro, oficinas, el visitante tiene una vista lateral de la primera bóveda importante, la de la familia Méndez. Delante de su lateral izquierdo se halla el busto de Eva Perón que enfrenta al del Pte. Perón cruzando la alameda arbolada.
Siguiendo por el primer sendero perpendicular a esta calle central, hacia el NO se toma el camino que de la primitiva entrada. La primera bóveda a la izquierda que se levantó en 1930, es la del intendente José Augusto Otamendi (1892 y 1920) y su hermana Matilde Otamendi de Soria. Hijos del intendente Augusto Otamendi (1866 - 1867) [17] quien abrió el camino a la Ribera que hoy lleva su nombre, promoviendo el éxito turístico que tuvo Quilmes hasta 1960. Esta bóveda es un templete romano con cripta subterránea. Tiene un frontón circular y rebajado.
A un lado de la puerta hay una placa: “A José Augusto Otamendi el Comité de la U.C.R en el primer aniversario de su muerte 31 de mayo de 1930; a la derecha de la puerta, otra placa en tributo a Matilde Otamendi de Soria, por parte de las “Sociedades de Beneficencias, religiosas, amigos y fuerzas vivas de  Quilmes. La Sra. de Soria fue una tenaz colaboradora de la Sociedad de Beneficencia que creó el Hospital de Quilmes y del Dr. Isidoro Iriarte, tanto en lo práctico, ocupando más de una vez la función de enfermera, como del economato; hizo donativos personales y organizó exitosos eventos con fines benéficos. José Goldar en su libro “Historia de la Sociedad Hospital de Quilmes ‘Dr. Isidoro G. Iriarte’ desde 1919 hasta 1972” le dedica un enjundioso párrafo [18]
Flia Pedemonte
En la mayoría de las bóvedas prevalece el estilo clásico. Algunas con importantes frontones mixtilíneos como las de la familia Navone y la que está a su lado que fue construida contemporáneamente y en la que no se identifica al propietario por la erosión. En este caso las jambas (cada una de las dos piezas labradas que, puestas verticalmente en los dos lados de las puertas vidriadas sostienen el dintel o el arco de ellas) simulan columnas de tipo toscanas; sobre los capiteles hay dos sobrepuestos, de mampostería con laureles colgantes. Indudablemente fueron levantas por el mismo contratista; no hay datos fehacientes que atestigüen la fecha, pero deben ser anteriores a 1920. En el frontis superior en lo que simula una placa figura en bajorrelieve el nombre de la familia propietaria. Los Navone eran antiguos vecinos del barrio La Colonia, cuya casa aún se conserva en la esquina SE de Oliveri y Vicente. López.
La única placa en esta bóveda con fecha 10 de agosto de 1940, recuerda a Juan Musante, primer presidente honorario del club social y deportivo Santa Fe.[19]
Otra de las bóvedas de mayor antigüedad, con un importante frontón mixtilíneo, cripta subterránea y amplia capilla es la de la familia de Agustín Pedemonte, [20] caracterizado vecino de Bernal que donó 25 hectáreas a la Congregación Salesiana para instalar una iglesia, un colegio y fomentar la obra que trazaron en un siglo de existencia. Las puertas vidriadas dobles, de hierro forjado, fueron violentadas, saqueada la capilla y hay un féretro de niño abierto; hace varios años que tiene estas condiciones. Hasta 1992 los restos de Agustín Pedemonte (genovés, n. Pontedecimo, 12/5/1851 + Bernal, 13/12/1916) y de su esposa María Solari Raggio (n. Ciavari10/7/1855 + Bernal 17/7/1944) se hallaban en esta bóveda luego fueron trasladados a la Iglesia Ntra. Sra. de la Guarda de Bernal donde yacen junto a su hijo el Pbro. Luis José Pedemonte, fundador en 1907 de la Unión Genovesa Madona de la Guardia, iniciador y promotor del santuario de Bernal y superior salesiano de toda la Patagonia.
Los demás deudos se hallan allí y es paradójico que la morada final de una familia que dio tanto a Bernal, por ende a Quilmes y, sobre todo, a los salesianos permanezca en estas condiciones.
Flia Lanz
Otras bóvedas tienen la características de templete griego, frontón circular o romano con cripta subterránea o capilla con repisas donde se colocan los sarcófagos, unos sobre otros.
La de la familia Molteni de mármol negro, muy suntuosa tiene la arquitectura de un templete egipcio el cornisamento no descansa sobre columnas, pero aparecen sendos capiteles por sobre el frontón sin base que sostiene un artesonado y en el espacio entre estos los datos familiares; el dintel es en vértice.
La bóveda de la familia Manuel Elesgaray tiene reminiscencias góticas con frontón sin base y puerta ojival con varias arquivoltas.
Una curiosidad es una bóveda cercana al muro sobre la calle Mitre dispuesta en esquina, de frente combado con frontón mixtilíneo; la puerta doble con banderola vidriadas también está combada, lleva vitreaux en los ventanucos laterales y dos vasijas funerarias a los lados. Es de la familia Dallasta.
En el centro de este sector están las dos bóvedas de los López. Familia que dio tres intendentes a Quilmes: el patriarca don José Andrés, [21] su hijo José Eduardo y su nieto Rodolfo Adalberto (Robín) y el diputado, padre de este último, el Dr. Rodolfo Alberto López. La bóveda que lleva el nombre del cabeza de esta dinastía es la de la derecha, de mármol, con un frontón sin base. Ambas llevan puertas dobles vidriadas de rica factura. Una placa recuerda a Rodolfo López como fundador del periódico La Verdad, periódico quilmeño que representaba a la Juventud Radical por él creada en el Partido de Quilmes. Esta fechada el 31 de agosto de 1937. Otra placa dedicada a José Andrés López, reza “Homenaje de los Centro Culturales Biblioteca y afines del Partido de Quilmes 1932 – 9 de setiembre de 1935”.
Flia Giles, Gaete y Baranda
Otra importante bóveda clásica tiene las jambas en forma de columnas circundadas de laureles es de la familia Bernasconi. En sus paredes exteriores están amuradas varias placas dedicadas al benefactor Ing. Alfredo Bernasconi, una de la Federación de Cooperadoras de las escuelas de Quilmes, otra de la U. C. R. y una tercera de la Sociedad de Beneficencia del Hospital de Quilmes.
En este estilo se repiten monumentos con diferentes tipos de frentes, pero todos de mármol negro, son las de las familias Miriardo, Nami y Alberto R. Pereyra
Hay uno de estas construcciones, sobre la alameda íntegramente en mármol negro que tiene la estructura de una 'mastaba egipcia', muy distinta a las clásicas o romanas; es forma trapezoidal que comprenden cámara funeraria o cripta y capilla. Tiene una  puerta blindada con remaches. Pertenece a la familia Rocca Rivarola.
Las bóvedas de las familias Lanz y Giles también posee formas austeras. El frente de la primera, de líneas eclécticas, es integradamente en mármol blanco veteado y rústico, tiene cripta y sobre el dintel en un rectángulo de mármol gris esta gravado el nombre de la familia propietaria. No hay placas exteriores pero se sabe que allí yacen los restos del digno maestro Atanasio A. Lanz [22] y sus beneméritos padres.
Don Andrés Baranda
La segunda es más contemporánea es una resolución sincrética donde se colocaron urnas con los restos reducidos de varios difuntos. Los Giles es una de las familias de hondo arraigo en el Pago de la Magdalena y fundadores de San Andrés de Giles; emparentada con la aún más antigua de los Gaete, por lo tanto descendientes de Pedro Izarra - a quien Juan de Garay destinó tierras que hoy son parte del partido de Quilmes -  y con Andrés Baranda. Junto a la puerta hay una importante placa de mármol con una inscripción en bajo relieve, un tanto deteriorada por el tiempo, que reza: LA ESCUELA Nº 1 DE QUILMES BERNARDINO RIVADAVIA A SUS FUNDADORES Y BENEFACTORES. PRECLAROS CIUDADANOS NATIVOS DE QUILMES: DON JOSÉ GILES NAC. 9/2/1829 FALL. 19/9/1882 EN EL CENTENARIO DE SU FALLECIMIENTO. DON BERNABÉ GILES NAC. 27/7/1820 FALL. 8/11/1890 DON FELIPE GILES NAC. 19//1/1847. FALL. 23/5/1889. DOÑA MELCHORA GILES DE BARANDA NAC. 1816 FALL. 28/6/1874. DON ANDRÉS BARANDA NAC. CAP. FED. EN 1807 FALL. 5/11/1880 CASADO CON MELCHORA GILES EN LA PARROQUIA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE BUENOS AIRES EL 26/11/1836 RADICÁNDOSE EN ESTE PUEBLO DE  QUILMES. PRIMER PRESIDENTE DE LA MUNICIPALIDAD EN LOS AÑOS 1852 – 1859 – 1860 – 1863 – 1864 – 1865 Y 1873. A LA MEMORIA DE TODOS ELLOS NUESTRO MERECIDO RECONOCIMIENTO. ESCUELA Nº 1 MINISTERIO DE EDUCACIÒN DE LA PCIA. DE BUENOS AIRES – QUILMES 28/11/1982.
Semejante a esta, hay una construcción muy curiosa de frente plano sin jambas ni frontones, con dos aberturas; puerta de hierro y vidrios a la izquierda con un medallón de metal en el centro que tiene forjado en sobre relieve un rostro de mujer pidiendo silencio. Junto a esta, un amplio nicho enrejado dentro de la cual hay una escultura que representa a un bandoneonista sentado, interpretando el instrumento; a sus pies en una hoja de bronce esta escrito el vals “Una Ilusión perdida” con música de Clemente O. Rodiño y la letra es un poema de Alfredo E. Roldán. No hay mayores datos, la estatua parece representar a dicho Clemente O. Rodiño.
Algunas bóvedas tienen decorado únicamente el frente, las demás paredes, si no se apoyan en otras bóvedas o en las paredes medianeras del cementerio, son lisas. Algunas ocupan todo el entorno y cuentan con aberturas laterales. Delante del grupo escultórico saqueado de la familia Bentham hay una bóveda cuyo entorno es muy rico en detalles arquitectónicos, como frisos.
 En la calle donde desemboca la alameda central del cementerio hay una sucesión de bóvedas con las mismas características, de menor suntuosidad y tamaño; son posteriores a la década del 50.
Otras bóvedas reúnen dos características: las propias de estos sepulcros y las de nichos, por ejemplo la de Mario Urbán y Flía., con elementos de construcción actuales: ladrillo a la vista, cuatro puertas de aluminio. Es de poca profundidad de manera que los féretros están de lado. Sobre el frontón triangular hay un crucifijo de bronce y debajo en una placa de ese metal, figura el nombre del propietario.
Del mismo estilo es la de la familia Galain Derricades con cinco nichos a cada lado de la puerta de rejas (fue saqueada). En el frontón se yergue una cruz de mampostería.
Las puertas merecen un párrafo aparte, pues son trabajos de herrería artísticos, los materiales son en el hierro forjado, laminado, con bronces, vidrio y vitreaux. Algunas ilustran motivos o elementos fúnebres, antorchas, florones, cirios, ángeles, etc. La puerta de la bóveda de la familia Nami tiene un rico trabajo en hierro forjado: una cruz central en cuyo punto de encuentro, en sobre relieve, lleva un rostro de Cristo coronado de espinas, al pie de la cruz una llama votiva y a los lados de la cruz, ramos de rosas y hojas en cuyos espacios vacíos hay vidrio transparente para facilitar el ingreso de luz a la capilla.
NICHOS
Los romanos enterraban a las personas con menores recursos en tumbas comunales llamadas columbaria, donde los fallecidos se colocaban en nichos diferenciados por una breve inscripción.
Los nichos son concavidades superpuestas donde se colocan los ataúdes o urnas funerarias en repisas. Pueden ser individuales, pero también este tipo de construcción puede ser de un mismo grupo familiar.
En la sección J paralela al sendero de entrada original, hay un tipo de esos nichos de la familia. Moreyra-González. Algunos tienen cierta estructura de bóveda
con un importante cerramiento de hierro y vidrios repartidos como el de la familia Pavese-Cairo y del grupo familiar: Rufo, Campolongo y Gordini.
SEPULCROS
Los sepulcros son monumentos fúnebres subterráneo, criptas, con una breve construcción rectangular por encima, por donde se desciende a través de una pequeña puerta seguida de una escalera y una tapa superior.  El sepulcro de la familia E. Menéndez de Suárez es íntegramente de granito. Tiene una pequeña puerta de reja doble y una tapa superior para facilitar el descenso de los féretros. El de la familia de Alberto B. Moulie, construido en 1931, es el de mayor tamaño en su tipo, de mármol negro tiene un respaldo sobre el que se haya gravado el nombre de la familia propietaria. Fue realizado por el Ing. civil Raúl A. B. Moulie. Tiene a los lados pequeñas ventiluces.
Durante los dos siglos previos a la era cristiana surgió una manera típicamente romana de construir edificios, realizar esculturas y pintar. Los monumentos se realizaban para glorificar a sus héroes, dioses y  mecenas, así como destacar la calidad artística de sus creadores.
El cementerio de Recoleta se caracteriza por la cantidad de monumentos escultóricos que adornan las tumbas, algunas son obras de sensible calidad escultóricas.
En el cementerio de Quilmes no abundan las esculturas.  Uno de ellos es un ángel abrazado a una roca cubierta de hiedras y flores con detalles muy delicados en sus detalles faciales y movimiento corporal. Tallado en un solo bloque de piedra. Un trabajo de escultura romántica. A su lado hay otra escultura más pequeña que representa a una mujer. Es del tipo sepulcro con tapa y cripta donde se depositan los restos. Pertenece a la familia de Pedro Bertana. Se suponía que allí estaba sepultada la cantante de ópera quilmeña Luisa Bertana (11.1.89 - 26.7.33), pero recientes aportes revelaron que sus restos yacen en el cementerio de la Chacarita.
Monumento a Carlos Morel
En la alameda se halla el monumento a Carlos Morel (1813-1894) realizado en 1963. Es un ensamble en ángulo sobre dos paredes, en placas de mármol negro. Rodea la columna trunca que recuerda al Dr. Edmundo Fierro.
En la pared frontal había un perfil del artista en sobre relieve de bronce que fue hurtado no hace muchos años por gente que sabía muy bien qué se llevaban. Bajo ese retrato en un gravado se lee: “A su esclarecida memoria en el sesquicentenario de su nacimiento.”.  En la pared lateral un panegírico dice. “Nació en Buenos Aires el 8 de febrero de 1813. Murió en Quilmes que por largos años lo contó entre sus vecinos en el medio día del 10 de setiembre de 1884. Fue el primer pintor argentino en el tiempo. Artista auténtico, fino y sensible, observador minucioso y sagaz. Amó la sencilla belleza de los seres y las cosas de la tierra. Diseño con gracia poética el combate montonero, escenas de pueblo, las carretas, la pulpería el tambo, el personaje, el gaucho, el indio. Ennobleció su vida al entregarla por entero a un ideal. Su fama crece por encima de un largo silencio.” 
En un extremo hay una estatua hecha en metal que representa a una mujer mirando hacia el cielo que apoya contra su pecho una rama de laurel. Lleva una firma, Marty.
Juan (John) Francisco Marty, fue un escultor nacido en Rosario el 23 de marzo de 1909. Vivió en Suiza asistiendo a la escuela cantonal de bellas artes de Lausana. Se presentó en salones nacionales desde 1933. Obtuvo varias distinciones. Hay obras suyas en el Museo Nacional de Bellas Artes. Su esposa era la eximia concertista de piano Lilia Morelli y vivía en la esquina NE de Belgrano y Videla. Era amigo personal de don Luis Otamendi con quien compartía el gusto por el arte. [23]
Casi frente al monumento de Morel hay otro grupo escultórico de mármol blanco de la familia de Ernesto G. Bentham. [24] Data de 1915. Este ensamble fue saqueado, le cortaron al ángel las alas y el dedo que señalaba el cielo; robaron la elaborada cerca de hierro formando ramas, que lo rodeaba, una urna de mármol desbordada de flores de metal que estaba en un extremo, una placa y la pequeña puerta de hierro y, lo más lamentable, es el hurto de la escultura que se hallaban sobre la plataforma, de muy delicada factura que representaba un bello niño yaciente sobre un almohadón, como dormido. El niño era Carlos Argentino Bentham, hijo de Ernesto Bentham, que en ocasión que su padre retrocedía con el coche, la criatura estaba detrás, no lo vio, lo atropelló y mató.
Monumento saqueado de la Flia Bentham
El hurto en esta tumba; en el monumento a Morel y otras bóvedas fue premeditado y organizado no hace muchos años.
Frente a la Alameda, a mitad de camino, se halla el único monumento fúnebre vanguardista del cementerio. Pertenece a la Flia. Bertana. La escultura sugiere dos personas tomadas de la mano, una de las agujas que se elevan está trunca.
El monumento que identifica a los Héroes de la Paz, levantado en 1951, por el Consejo Argentino de la Paz organización del Partido Comunista es un sepulcro jerarquizado con la escultura de una mujer portando una bandera y llevando sobre su brazo derecho a un herido. La figura sale de la piedra en la que fue tallada por el escultor Carlos Biscione (1913-1991). Allí yacen dos militantes asesinados en 1950, cuyos apellidos se gravaron en el frente: Calvo – Zeli.
El 4 de agosto de 1950 a las 22 hs., 12 jóvenes estando reunidos en el local del Partido Comunista de Quilmes, Humberto Primo e/ Mitre y Alvear, bajo la presidencia de Jorge Calvo (33 años), una banda de pistoleros a sueldo, fascistas, penetraron en la casa con armas largas y ametralladoras; gritando ¡Somos de la policía! ¡Viva Estados Unidos! Jorge Calvo los enfrentó y los criminales hicieron fuego, asesinándolo junto a Ángel Pedro Zeli. Hubo dos heridos graves: Amado Heller y Jorge Bernstein. Jorge Calvo fue secretario de la Federación Juvenil Comunista; viajó como delegado al Segundo Congreso Mundial de la Juventud Democrática, realizado en 1949 en Budapest, del que fue miembro del Consejo Consultivo; secretario del Comité Provincial del Partido Comunista en la Provincia de Buenos Aires y fue promovido a la calidad de miembro del Comité Ejecutivo del Partido. Ángel Pedro Zeli, oriundo de Chivilcoy, era obrero textil, con 30 años de militante comunista.  Perspectiva Sur. Quilmes 4/8/ 2007[25]
Monumento a los militantes comunistas Calvo y Zeli
CÚPULAS:
Los romanos desarrollaron la estructura moderna de la cúpula. Una de las bóvedas con la cúpula más importante del cementerio de Ezpeleta, es la de la familia Ithuralde; tiene forma de semiesfera es de chapa bronceada, la intemperie la tornó verde, la remata una cruz forjada. En las fotos del pórtico original se puede ver esta cúpula  y la pared posterior de la bóveda era parte del muro exterior del cementerio lo permite comprobar que el actual frente ganó espacio sobre la calle Laguarda. La bóveda Ithuralde es la más importante de esta necrópolis, arquitectónicamente y en dimensiones, tanto por la calidad del mármol que la cubre como por la rigurosidad de sus líneas. Es un templete griego con cuatro estilizadas columnas dóricas. En el frontis reza: María I. Ithuralde - Indalecia I. de Cichero - Ernestina I. de Lanz. [26]
Otra cúpula en lugar de rematar en una cruz lo hace con un ángel con las alas desplegadas,  como la de la bóveda Conde Montenegro cuya cúpula además tiene la superficie escamada, simulando tejuelas y lleva ventiluces en la planta circular o ábside. Esta bóveda rectangular posee un preciso cuidado arquitectónico en todo el entorno de la construcción a diferencia de otras bóvedas en las que, como se dijo, tan sólo se extrema la arquitectura del frente. Se halla en perfecto estado de conservación. Es de estilo grecorromano clásico. Tiene cripta subterránea. En el frente el dintel sobrevolado está sostenido por cuatro columnas de orden corinto cuyo fuste es liso en la mitad superior, a manera de las columnas toscanas y con acanaladuras o estrías verticales en la inferior. El friso también corintio está decorado con mayólicas y en el centro bajo el frontón el nombre de los propietarios. En el pináculo del frontón una cruz lisa. Esto se repite en cada uno de los lados de la bóveda y en el remate del frontispicio del frente hay acroteras que representan pequeños ángeles, combinando con el ángel de mayor tamaño colocando sobre la cúpula
Otra variedad como la de la bóveda de la familia de Luis Zambón, es la cúpula o torreta cuadrangular y vidriada con otra pequeña encima.
LÁPIDAS
Las lápidas son losas rectangulares, generalmente con el lado superior curvo, con inscripciones talladas en las que se recuerda al difunto, por ejemplo la de Ricagno-Bachmann-Barrera y de Bazterrica-Peruzzotti. Son comunes en los cementerios anglosajones, protestantes o judíos. En la calle paralela a la Alameda hacia el SE hay una de mármol de la Flía Basso, data de 1950. Las inscripciones gravadas con poca profundidad sufrieron la erosión del clima. Hay túmulos cuyo respaldar es a manera de lápida, pero colocada sobre el monumento.
PANTEÓN
 Los panteones (panteón de pan: muchos, varios; theus: dioses) son monumentos funerarios destinados a enterramientos de varias personas como el monumento. Construidos por corporaciones o instituciones que reúne a individuos con las mismas profesiones, ideologías, militancia, etc.
El Panteón de París [27] es un monumento de la capital francesa. Su construcción empezó en 1764 y duró 26 años, fue acabada por Jean Baptiste Rondelet. Es de estilo neoclásico. Originalmente fue una iglesia, pero la Revolución Francesa hizo que sirviera de templo para albergar los cuerpos de los hombres ilustres de la patria (en el frontispicio está grabado "Aux grands hommes la patrie reconnaissante" (A los grandes hombres, de la patria con reconocimiento). Entre los enterrados en el Panteón se encuentran: Voltaire, Rousseau, Marat, Napoleón III, Víctor Hugo, Emile Zola, Marie Curie, Louis Braille, Jean Monnet y Alejandro Dumas.
El pórtico de columnas sobre el que descansa un frontón clásico está inspirado en el Panteón de Agripa, en Roma, mientras que la cúpula se inspira en la de la catedral de San Pablo en Londres. Uno de los panteones más destacados es el construido en la época del emperador Adriano, dedicado a los siete dioses estelares.
Panteón de la logia "Los Primeros Libres de Quilmes"


Frente a la alameda del cementerio de Ezpeleta se levanta un panteón de una logia masónica local, [28] construido en 1913 por el
arquitecto E. R. Álvarez. Debajo del frontón una leyenda en sobre relieve reza:
Los primeros Libres de Quilmes”. Es un templete grecorromano con el frontón griego con frisos y en el espacio central del triángulo que forma el frontón hay un sol triangular con 16 rayos. No tiene ninguna abertura más que la puerta doble mitad vidriada, angosta y con una banderola fija en la parte superior. Una placa en bronce recuerda la memoria de Aníbal Horacio Álvarez (alias Alberto Morel), un cantor de tangos de la orquesta típica de Miguel Caló en 1936, fallecido en plena juventud en 1938. La placa funeraria fue realizada por el escultor quilmeño José Llense en 1939.
Panteón de Los Maestros, ayer y hoy Panteón Municipal
Otro es el Panteón del Rosario antes fue el Panteón de los Maestro construido durante la actuación de Atanasio Lanz frente a la Asociación de Maestros. Permaneció largos años abandonado. Fue restaurado recientemente. Como vicepresidente de la comisión central de la Asociación de Maestros de la provincia y presidente de la Comisión Local de Quilmes a partir de 1930, Lanz promovió la instalación del Panteón del Magisterio Quilmeño Dicho panteón fue cayendo en el desuso y abandonado. En años recientes fue transformado en panteón municipal. Es un templete clásico con el remate del pórtico plano. La puerta fue cambiada. En el ingreso hay una capilla y en el subsuelo la cripta.
El Panteón del Círculo Católico de Obreros de Bernal (Sección S) también es tipo templo grecorromano con el remate o frontón triangular clásico con el escudo de la organización en el centro. Las puertas dobles tienen las mitades superiores vidriadas. Tiene ventanas laterales.
SARCÓFAGO
Carlos Hillene Decoud fue testaferro de la empresa Bemberg & Cía, filántropo. Nació el 11 de diciembre de 1880 en Buenos Aires y falleció el 21 de junio de 1961, sus restos yacen, a su pedido, en el cementerio de Ezpeleta debajo de dos frondosos ombúes en una parcela que adquirió varios años antes. Fue propietario de la hermosa quinta El Dorado.  En esa extensa quinta don Carlos Hillner reunió una importante colección de carruajes de tracción a sangre.
Su tumba es un sarcófago de granito tallado y esculpido. La tapa es una única pieza. Está rodeado de ombúes que connotan el apego que el difunto tenía por nuestra pampa bonaerense y por Quilmes. Esta rodeada por un cerco de cadenas unidas por pilotes también de granito. Es el único monumento fúnebre de estas características en el cementerio de Ezpeleta
CONCLUSIÓN
El cementerio de Ezpeleta guarda en su desordenado cúmulo de construcciones la mayor parte de la historia de Quilmes de los últimos 150 años. El recorrido de nombres retrotrae a circunstancias y momentos de nuestro transcurrir que merece la atención del historiador.
Hay mucho para desentrañar, pero la brevedad del espacio no lo permite. Del mismo modo es un trabajo pendiente andar el Cementerio Disidente, también patrimonio historiográfico local.
Investigación: Prof. Chalo Agnelli
Docente, periodista e historiador
Presidente de la Asociación Historiadores Los Quilmeros

Investigación publicada en el libro de quien suscribe "Quilmes, un pueblo, 348 historias" (2014) Ed. Jarmat Pp. 75 a 110 
NOTAS.
[1] Publicado en la web del periodista Ricardo Delbejuh: www.super-arte.com.ar
[2]Ver bibliografía.
[3] V.- Prof. Iurescia, David. “La necrópolis de Quilmes y las costumbres funerarias” en la publicación de la 7º Jornada Histórica Fotográfica en Quillmes. 13 de setiembre de 2008 
[4] Craviotto J.A. “Quilmes a través de los años”. Cap. VIII – 3. Perdriel n. Córdoba 5/5/1785 m. Bs.As. 3/3/1832 de cólera. Capitán del batallón de Patricios Voluntarios. Se incorporó al ejército del Norte. Luchó en Vilcapugio y Ayohuma como coronel. El 8/2/1815 fue nombrado gobernador intendente de la provincia de Cuyo en reemplazo del 
Gral. San Martín. Sirvió en la Marina. Tenía estancia en Cañada de la Cruz. El 29/12/1827 fue designado jefe de policía. Hasta su muerte. Estaba casado con Ángela Monge. V. Cutolo, Vol. V Pág. 412.
[5] Bs. As. 1875 – 1855.- Padre de Felipe y Rafael Amoedo. No era médico como asevera Craviotto, Ob. Cit. en Cap. VIII – 12. V. Cutolo Vol. I pág. 158
[6] Craviotto J.A. “Quilmes a...” Págs. 185; 186
[7] Id. ant . Págs. 194 a 196.-  De familia de largo arraigo en el Pago de la Magdalena. Hijo de José Mariano y de Juana Josefa Machado. Hermano del Pbro. José Tomás Gaete. Federal. Nació en Bs. As. A principios del s. XIX.
[8] Jurisconsulto. Bs. As. 16/12/1802 – 6/9/1869. Gobernador de Bs. As. pocos meses durante 1852/53 y a partir de 1857. Casó con Antonia Maza. Padre de Adolfo Alsina
[9] Ales, M. “Remebranzas Quilmeñas” Pág. 134 y 135
[10] V. Ob. Cit. Iurescia, David.
[11] “Quilmes de antaño” Págs. 141 a 148 “La Cicuta”.
[12] Ver Ales, Manuel. “Síntesis histórica de Quilmes”. Serie Archivos, Bibl. Sarmiento. 1966.
[13] Ver “Quilmes a través de los años” de Craviotto, J. A. Pág. 251
[14] Petrina, Alberto. La ciudad justicialista.- www.danielsantoro.com.ar
[15] La casa de Juan Clark fue el edificio del viejo Normal, manzana donde hoy se reúnen esa institución y el Nacional (hoy llevan otra denominación administrativa pero los quilmeños conservan sus nombres originales).
[16] Nació hacia 1818 en Liverpool llegó a Buenos Aires el 24/2/1842. Casado con Cristina Lucas, tuvo cuatro hijos. Era hermano de Agustín y Edwin también radicados en el país.
[17]  Dice José Andrés López en “Quilmes de Antaño”: “No era Dn. Augusto Otamendi un admirador de D. Andrés Baranda, porque no era inferior a este en fortuna y para su fuero interno se creía superior en muchas cosas. Profesor en artes mañuelas y con nociones generales en otros conocimientos; era su propio carpintero, su herrero, su talabartero, mayordomo de su estancia y chacras, médico y abogado de sí mismo y también de los otros”. Su hermano Fabio Agustín fue elegido Juez de Paz de Lobería en 1867, fundando la familia de ese apellido en ese Partido.
[18] Pág.157. Editado por la Biblioteca Municipal D.F.Sarmiento. Nº 9 de la serie archivos y fuentes de documentación. Imprenta López, Solano 6/7/79
[19] Estaba sobre la calle Rodolfo López que en esa época aún se llamaba Santa Fe; Santa Fe 72 para mayor precisión. Se fundó en 1939. Surgió de la inquietud de un grupo de vecinos cercanos entre los que estaban el Dr. E. A. Garibotti, Héctor Tiscornia, Luis Navone, el Sr. Rosano, etc.  Fue el primer presidente honorario del club el Sr. Juan Musante, cuñado de Luis Navone, calificado benefactor de la institución.
[20]. El Prof. Felipe Firpo en su libro “Recuerdos del viejo Bernal” da una reseña biográfica de este benefactor. Pág. 16. Fueron sus hijos el Pbro. Luís Pedemonte, Gotardo, el primer historiador de Bernal, Rosa Pedemonte de Caffarena, Catalina Pedemonte de Soldini, Arturo y Palmiro Pedemonte.
[21] José Andrés López es el autor del delicioso libro “Quilmes de antaño”. Fue intendente en 1904 y 1905.
[22] Ver “Maestros y Escuelas de Quilmes” Págs. 102 y sig., del mismo autor de este documento (2004) y Núñez María Luisa – Porfiri Liliana, “Atanasio Antonio Lanz – Maestro”  Secr. De Cultura de la Municipalidad de Berazategui. 2008.-
[23]  Coordinador del Inst. de Cultura y Extensión Universitaria de la UCA - y ex alumno y ex maestro de la Escuela Normal
[24] Ver “Maestros y Es cuelas de Quilmes” 2º edición, 2012
[25] Este dato del autor de esta obra escultórica me fue facilitado por la Prof. Alicia Otamendi Etchevertz. Biografía tomada de la Gran Enciclopedia Argentina. TomoV Pág. 147
[26] Bentham fue propietario de la estancia “La Carmencito“, donde, entre los años 1935 y 1940, se entrenaba el equipo de fútbol de los Mates. Fue municipal en 1908 durante la intendencia de Valerio Ponce de León.
[27] Perspectiva Sur. Quilmes 4/8/ 2007
[28] El mármol pareciera ser el mismo del monumento del pintor Carlos Morel, de quien los Ithuralde eran parientes por línea de la familia Dupuy.
[29] Arquitecto Jacques Germain Soufflot. Fecha 1756 a 1797. Estilo: Barroco. Sistema de construcción: albañilería, piedra cortada. Dirección: Place du Pantheon, 75001 Paris, France.
[30] Goldar, José “Historia de la Soc. Hospital Iriarte” Bibl. Sarmiento. 1979. Pág. 34.