martes, 19 de mayo de 2015

EL TRANVÍA A LA RIBERA


Siguiendo la nota anterior del 19 de mayo "El tranvía 22", agregamos que tras la propuesta tranviaria de Mr. Robertson, siguió la de Robert W. Bradley & Cïa., quien junto con el Dr. Carlos Pizarro Lastra, pidió en 1901 a la municipalidad de Quilmes se les permitiera instalar una empresa tranviaria de la estación hasta La Ribera donde levantarían un hotel en torno del cual se haría un parque recreativo. El capital se reuniría con la extracción de arena para uso de los constructores del Partido. Esta petición se aprobó, pero las obras no se concretaron.


El 28 de noviembre de 1914, a las 15 hs. según cuenta el diario la Nación del día siguiente, quedó inaugurado el tranvía eléctrico a La Ribera: “A la hora señalada un convoy de cuatro coches salía de la estación del ferrocarril con los invitados, a los que se agregaron las autoridades municipales presididas por el intendente (Dr. Castro) Una vez llegados al punto extremo de la línea, en cuyo paraje avanza rápidamente la construcción del balneario, que como la empresa del tranvía pertenece a los señores Fiorito Hnos., se procedió a la inauguración de las obras. [...] Terminada la ceremonia los concurrentes pasaron a los salones del hotel establecido en La Ribera, donde fueron obsequiados con un lunch[1]

En noviembre de 1920 por ordenanza municipal se autorizó la transferencia del contrato de concesión acordado a los señores Pedro y Antonio Fiorito por escritura de 22 de mayo de 1911, para la explotación del tranvía y balneario, a favor de la S.A. Tranvías Eléctricos y Balneario de Quilmes”.[2] 
En 1948, empeñados en el proyecto nacional de estatización de todos los servicios públicos la Municipalidad de Quilmes pidió la cuenta de lo que debía desembolsar por los mismos, resultando la suma para adquirir las vías terrestres y aéreas con todas las instalaciones propiedad de la Asociación Tranvías Eléctricos y balneario de Quilmes era de $ 555.522,25 de aquellos años. [3] Antes del cruce hacia la calle Alsina por sobre las vías del FFCC había una parada y cambio sobre la actual plaza Soberanía Nacional y en la calle Canal de Beagle (cerrada por aquel entonces) había una casilla de madera pintada de gris que hacía las veces de oficina de tránsito y descanso para los “motormen”. Luego, entre 1979 y 1980, sobre esa parada se construyó la pequeña plaza en reivindicación por las disputas limítrofes con la hermana República de Chile. Conflicto solucionado con la firma del Tratado de Paz y Amistad del 29 de noviembre del 1984. 
Terminal en la estación, del lado de La Colonia, Pellegrini entre Gran Canaria y Canal de Beagley, hoy allí está la plazoleta Soberanía Nacional. Al fondo se ven las torres de la Crisoldinie, donde hoy se halla un supermercado.

UN DECESO FORTUITO 
Intereses ocultos, negociados, falsas visiones de progreso, inoperancia de políticos y funcionarios hizo que después de 60 años un decreto del presidente Arturo Frondizi determinara que el servicio de tranvías era obsoleto y lo reemplazó por colectivos con el mismo número, 22.

A fines de febrero de 1962, el ministro Mazar Barnett entregó los automotores que reemplazarían los tranvías N° 22 al presidente de la UTA, Héctor Pérez. Era intendente de Quilmes don Rodolfo "Robín" Adalberto López (h) y presidente de la República el Dr. Illia. Recién había muerto el candidato de la UCRP a gobernador de la Provincia, Crisólogo Larralde. Comenzaba en Quilmes a diluirse el pueblo y a asomarse violenta la ciudad impersonal. Prevalecía aún la pujanza industrial y la cultura rumbosa, pero en esa violencia estaba la destrucción de lo lento, pero seguro, de lo calmo, del silencio elocuente y los sonidos inteligentes, de la amenidad de los clubes, las sociedades de fomento, la buena vecindad, los atardeceres en la vereda, el fulbito en el potrero, la libreta de almacén...  y el tranvía.
¡Aún no se usaba la palabra ecología y la contaminación no arreciaba! Al tranvía lo acusaban de lento y ruidoso. ¡Quién sabe! Los argumentos de los responsables de este fracaso suenan tan convincentes como los de quienes lo consideran un error extirparlos del tránsito urbano, considerando que, aún hoy, en grandes ciudades del mundo existen líneas de tranvías exitosas.

Se argumenta que fue una forma de favorecer a las empresas de colectivos que se habían extendido notablemente después de 1930; que fue por un lobby de las estaciones de servicio; que con la supresión del tranvía se favorecía a una industria brasileña fabricante de carrocería y auto partes de colectivos, a la que se compraron los primeros vehículos de la línea 22...

En su despedida de Quilmes, el último tranvía 22 cruzó la avenida Vicente López el 22 de febrero de 1962.

PARTICULARIDADES TRANVIARIAS 
Por una ordenanza municipal del 25 de enero de 1913, se estableció la velocidad a que debían ir los tranvías eléctricos dentro del radio comprendido por las calles Alsina, desde Mitre hasta Andrés Baranda; Rivadavia desde Belgrano a Gaboto; Centenario (H. Yrigoyen) desde Rivadavia a Brandsen y esta última, de Centenario a Libertad, en Quilmes a razón de 10 km/h. Fuera de este perímetro podía ampliarse a 25 km/h.
El 29 de agosto de ese mismo año se promulgó una ordenanza prohibiendo fumar en los coches de tranvía. Dice textualmente dicho documento: “...queda prohibido fumar o llevar cigarrillos encendidos en los coches y plataformas de los mismo, sean éstos cerrados o abiertos, haya o no señoras. Esta disposición se
consignará en lugar visible del coche y el conductor hará descender inmediatamente al pasajero. El que la resista, incurrirá en la multa de diez pesos moneda nacional. Exceptúase a los coches abiertos destinados para obreros.” 
Una ordenanza del 23 de abril de 1921, promulgó que los coches de tranvía debían tener en sus plataformas, en la parte del frente, resguardos de cristal “... que puedan abrirse y cerrarse; y en las partes laterales se colocarán cortinas de lona suficientemente fuertes al fin de impedir la entrada de agua en los días lluviosos y las corrientes de aire.” Se ratifica la prohibición de fumar. Se obligaba a la empresa a desinfectar los coches y a proveer al personal fijo de conductores y guardas de uniformes. En el artículo 11° establecía que los guardas debían hacer descender a los ebrios requiriendo para ello, de ser necesario, el auxilio de la fuerza pública.
El Sol, 1964
CONCLUYENDO:
En  Pellegrini y Del Valle, 
Vicente López, Malvinas,
el grito de Alsina, Alsina,
se oía por esas calles;
el pintoresco detalle
del tanvía que pasaba
mientras la zorra esperaba
hasta el tope de cerveza,
y al dar vuelta con pereza
el Anglo ya se alejaba[4] 
Estábamos parados en la esquina de San Luis y Andrés Baranda. Era el día de Noche Buena. Lo vimos venir lento en su agobio. Su color se había agrisado. Yo tenía 16 años y había pasado gran parte de mi vida adentro de ese vagón. Lo conducía don Pancho Marrull, un catalán bastante puteador, con uniforme maltrecho. Nos miró previendo alguna jugarreta de las que solíamos hacer a su paso; también le vi una despedida, un reflejo de pena. Intuí que algo se iba con ese vehículo ruidoso avanzando hacia Pellegrini. Se fue lo único que nos había quedado de pueblo.
Quilmes que, si bien era ciudad desde 1916, conservaba lo pueblerino en su esencia, en los hábitos, costumbres y formas de relacionarse de
sus pobladores.
Cuando sacaron el tranvía y perdimos la ética de esa bonhomía, progresista y abundosa, que nos caracterizaba, la Ribera perdió esa mezcla de juerga y sudestada que imantaba al común de los quilmeros.
Los menos afortunados, los trabajadores sin medios suficientes para costear viajes de ida y vuelta para los cinco integrantes de la familia a picniquear en el Balneario y los estudiantes el día de la primavera, se sentaron en sus casas frente al televisor o dentro de una pelopincho casera o comprada en cuotas. Nos esquilmaron duro. Luego a Solano le sacaron el tren y lo arrinconaron; las dictaduras prohibieron los corsos, las murgas y las comparsas barriales; los clubes vieron emigrar a sus socios. Se fue don Gino el barquillero y el organito con Pepón, el loro adivino. Cerraron las grandes fábricas, flaquearon las pequeñas y las industrias artesanales; los comerciantes fueron aplastados por el gigantismo supermercadista que colaboró en estropear el paisaje. Muchos jóvenes se quedaron en el camino y a muchos otros el neoliberalismo salvaje los expulsó hacia paisajes foráneos.
Nos decían que así debía ser para entrar en el primer mundo, porque el espejo estaba puesto hacia afuera no se quería ver la propia imagen. 
Investigación Prof. Chalo Agnelli / 1989 - 2011
Fotos: Alcibíades Rodríguez, Fernando San Martín, Alberto Schwarz, A.G.N., archivo personal.  
   FUENTE
Agnelli, Chalo. "La Colonia de Valerga - Historia social dell segundo barrio de Quilmes - 1874/1974". Editorial Tiempo Sur. Quilmes, 2012.
NOTAS

[1] V. de Salustio, Matilde. “El balneario de Quilmes” E. Piro. Marzo 2009. Pág. 57 en adelante. 
[2] Ordenanza (Concesión Fiorito) del 10 de noviembre de 1920. 
[3]El Sol”, 24 de noviembre de 1948 
[4] Ver Bibl. Arrestía J. Pág. 88

¡ LA ESCUELA NORMAL TIENE HISTORIA! (COLABORACIÓN)

¡Nuestra escuela tiene Archivo!
Dedicado a todos los voluntarios que

han participado durante estos

ocho años en el rescate de

nuestra historia.
Capítulo uno: el comienzo de la historia 
La Escuela Normal de Quilmes cumplirá este año su 103º (centésimo tercer) aniversario. Hoy está fraccionada en distintos servicios educativos y – al mismo tiempo - fusionada bajo la denominación de Unidad Académica. El Jardín de Infantes Nº 949, la Escuela Primaria Nº 84, la Escuela Secundaria Nº 20 y el Instituto de Formación Docente Nº 104, nacieron cada uno a lo largo de este período como brotes primaverales, nuevas ramitas, de la antigua y original Escuela Normal que se fundó en 1912. 
A comienzos del siglo XX ya se habían creado unas 40 escuelas Normales en el país y los gobiernos de la época creían que era una buena idea la que había promovido Sarmiento en sus tiempos; consecuentemente, seguían fundando escuelas para que todos los chicos recibieran educación formal y Escuelas Normales para que tuvieran maestras y maestros con una sólida preparación. 
Quilmes entró en esa vorágine cuando un Inspector, que es ese momento estaba destinado en otro distrito de la Provincia pero que había actuado mucho en beneficio de la sociedad local, avaló la demanda de la población de crear una Escuela Normal, la primera entre Buenos Aires y La Plata, la primera para niñas y señoritas en la región, la primera que tendría los siete grados completos en este pueblo. Ni siquiera la antigua escuela Nº 1 tenía en ese momento todos los grados, situación muy frecuente por otra parte, sino sólo los que se llamaban “infantiles” y “elementales”. 
Así surgió este –nuestro- establecimiento. De acuerdo a la organización que se daban entonces las Escuelas Normales, al ordenarse su fundación se creaba una Escuela Primaria completa llamada Departamento de Aplicación, donde los niños recibirían la mejor instrucción que se pudiera ofrecer y en cuyas secciones las estudiantes de Magisterio presenciarían clases modelo y practicarían desde el 2º año para entrenarse adecuadamente para la misión profesional que las esperaba. ¿Por qué digo “las estudiantes”? Pues porque fue creada como escuela para Niñas y así funcionó los dos primeros años. En 1914, las autoridades determinaron convertirla en Escuela Mixta.
 Junto con el Curso de Aplicación se crearía en 1912 el primer año del Curso Normal, en 1913 el segundo año y así sucesivamente. Fue hermana de otras Normales: la de Lomas de Zamora (aunque allí se basó en una Normal Popular de la Provincia), la de San Fernando y la de San Francisco en la provincia de Córdoba. 
Una vez nombrado el personal, el siguiente paso sería que el Director Prof. José Domingo Sosa del Valle, catamarqueño que a la sazón revistaba en el territorio de La Pampa, encontrara un local adecuado para que funcionara.  Pues bien… ¡no lo encontró! Ninguna propiedad de las que podían alquilarse en el pequeño centro urbano servía a los propósitos de Escuela. Consecuencia inmediata: las autoridades ministeriales tomaron la decisión de que, ya que estaba creada, la escuela debía comenzar a funcionar… y la trasladaron a Belgrano, en la Capital Federal. 
La población quilmeña no permaneció indiferente ante lo que consideró un atropello, y menos aún el Inspector Atanasio A. Lanz, lugareño promotor del proyecto. Se reunieron los sectores más interesados en la concreción de la anhelada Escuela y elevaron a la superioridad sus protestas y sus propuestas. La Directora de la Escuela Nº 1 cedió parte de las instalaciones, y el acuerdo entre las autoridades provinciales y nacionales se formalizó, de manera que la Escuela Normal Nacional comenzó a funcionar el 23 de octubre de 1912 en las aulas de la Escuela provincial, emplazada entre la sede del gobierno municipal y la iglesia. La “Prensa” en su edición de 29 de septiembre registra la noticia así: “La Escuela Normal de Quilmes. Su instalación definitiva. Regocijo general.” “Por fin después de las tantas vicisitudes conocidas ha sido instalada en el local de la Escuela N° 1, frente a la plaza Carlos Pellegrini, la Escuela Normal de Maestras.”[1] 
Llevó tiempo que el Prof. Sosa del Valle encontrara un local apropiado para instalar la institución que regía. No fue sino hasta 1915, cuando ya dictaban clases todos los cursos necesarios, siete grados primarios y cuatro años secundarios, que se logró rentar la propiedad situada en la manzana de Mitre, Conesa, Colón y Sarmiento. Era una mansión propiamente dicha, que se había construido más de cincuenta años atrás, y que se rodeaba de un hermoso parque. En esa época pertenecía a la familia Ctibor, que por razones comerciales se había trasladado a La Plata. 
El Censo Nacional de Población levantado en 1914 nos informa que Quilmes tenía 38.449 habitantes[2] (no olvidemos que era mucho más extenso que hoy, pues el actual distrito de Berazategui estaba incluido hasta su autonomía en 1960). Contaba con 26 escuelas primarias públicas[3] distribuidas en todo su territorio, todas ellas bajo jurisdicción provincial, y ninguna escuela secundaria oficial, fuera de la Normal. Una oportunidad única y nada desdeñable para las niñas y señoritas que aspiraban a recibir una educación superior a la de la mayoría de sus vecinas, que deseaban ejercer una profesión digna y socialmente jerarquizada, y para los jóvenes muchachos que no tendrían que viajar hasta La Plata o la Capital Federal como hasta entonces, o bien matricularse en el Colegio secundario particular del pueblo. 
Tanta fue la expectativa depositada en la flamante institución, que aquel primer curso de 1912 recibió 42 damitas, algunas de las cuales superaban los veinte años de edad. En el Departamento de Aplicación se matricularon  151 alumnos.

Se podría continuar dando precisiones sobre la evolución de la Escuela hasta el día de hoy, pero sería muy extenso mencionar en este artículo los sucesivos avatares. El crecimiento rápido de la matrícula, la creación del Colegio Nacional por iniciativa de los profesores de la Normal, las innumerables actividades culturales gestadas desde la Escuela, la aparición del Jardín de Infantes (1949), las repercusiones de los acontecimientos de la política, los cambios en los planes de estudio a lo largo de un siglo, la expropiación del local de la calle Moreno (1945) y luego de la manzana de Mitre (1957), las actividades deportivas, la supresión del magisterio de Nivel Secundario (1968), la creación del Nivel Terciario (1971), la demolición de la antigua casona y la edificación de la sede actual, sin terminar desde 1985, los personajes que tuvieron renombre público –tanto del claustro docente como de los egresados-, la vida de la comunidad educativa, en fin, muchísimos asuntos para contar, mostrar y analizar. 
Pero ¿dónde encontrar esa información? ¿Dónde están las pruebas? 
Capítulo dos: el Archivo 
En el Archivo, indudablemente. La escuela, como cualquier otra organización, genera documentos producto de su quehacer cotidiano. Montañas y montañas de papeles que dan cuenta de lo actuado y que, según marca la ley, deben conservarse por determinado tiempo; algunos de ellos para siempre. 
Los alumnos se matriculan, presentan documentos que los identifican, cursan, asisten a clase, obtienen calificaciones, resultan promovidos o no, rinden exámenes, obtienen certificados. La escuela tiene personal docente y no docente que llegó designado por la autoridad competente; presenta sus credenciales, asiste, eventualmente tramita justificación de sus inasistencias, dicta clases o desempeña otras tareas; los docentes planifican sus cursos, evalúan; la comunidad participa a través de organismos colegiados como la Asociación Cooperadora; los alumnos constituyen nucleamientos de estudiantes; se realizan actos colectivos de naturaleza diversa, como la celebración de una fiesta patria o el cierre de un año de trabajo. Hay bienes patrimoniales: el edificio, el mobiliario, los libros de la biblioteca, los elementos didácticos, de todo lo cual hay personas responsables. El edificio se reforma, se repara o crece. Antes de la transferencia del establecimiento a la Provincia, se realizaba la liquidación de sueldos para todos los empleados. Hasta se concesionan espacios, verbigracia el kiosco. Todo ello se documenta; muchos, la mayoría, de esos documentos se conservan en alguna dependencia, por lo regular en forma ordenada, pero se van cubriendo del polvo del tiempo, del desorden que provoca la falta de un espacio adecuado y de personal especializado en la materia. 
Esa era nuestra realidad. Hasta que un día… quiero decir, una noche ¡hubo corte de energía eléctrica! Yo estaba dando clase en primer año del Profesorado de Historia, el año 2006. Mis alumnos estaban entusiasmados con el desarrollo del tema cuando nos quedamos a oscuras. Con todas las precauciones del caso, y a la débil luz de algunos teléfonos celulares, que no abundaban como hoy en día, bajamos las escaleras para desalojar el edificio. Un grupo de estudiantes prefirió quedarse para continuar conversando… ¿dónde? En la manzana vecina no había corte y un local estaba abierto. Allí continuamos reunidos una hora o más. Un tema llevó a otro y, finalmente, manifestaron su interés y su preocupación por el estado del “Archivo”[4] que habían conocido con otros docentes, en el subsuelo de la escuela. Confieso que nunca me había detenido a pensar en el “Archivo”. Me sorprendí con algunas de las cuestiones que plantearon, por ejemplo la falta de mobiliario, el estado de abandono y de suciedad, el riesgo implícito para los documentos y, por ende, para la historia de la escuela.
 Fue el paso inicial. A partir de aquella conversación, y casi sin darnos cuenta,  se puso en marcha el Proyecto de Recuperación y Puesta en Valor del Archivo Histórico de la Escuela Normal de Quilmes. Muchos sábados por la mañana estuvimos allí limpiando, levantando del suelo los papeles para evitar que se repitiera el problema de inundación que ya había ocurrido, combatiendo plagas. Éramos alumnos y docentes cooperando en el rescate. 
Pero había que pensar cómo se podrían prevenir posibles desastres, como se organizaría un archivo; necesitábamos de todo, capacitación, orientación, especialistas, muebles, sensibilizar a la comunidad educativa, recursos materiales y humanos. Una obra cuyas dimensiones realmente no alcanzamos a vislumbrar en ese momento. Sin embargo, el compromiso de todos los implicados tuvo la fuerza suficiente para llevar adelante un Proyecto que hoy enorgullece a la Escuela Normal de Quilmes. 
La Dirección de la Unidad Académica no vaciló en dar su pleno apoyo desde el primer momento. Inicialmente diseñamos acciones de sensibilización al interior de la institución. Luego golpeamos puertas hasta encontrar eco en la Escuela Normal Nº 1 de la Ciudad de Buenos Aires y en la Biblioteca Nacional de Maestros. A partir de setiembre de 2007, un año después de comenzada nuestra labor, dicha Biblioteca alumbró el Programa Nacional de Archivo Escolares del cual nuestro Proyecto constituye el caso Piloto Nº 1. En calidad de tal, recibimos la visita de especialistas que hicieron un diagnóstico de la situación, recibimos orientaciones y capacitación “in situ” y posteriormente en otras sedes. También recibimos subsidios para adquirir insumos elementales en tres ocasiones. Al mismo tiempo los grupos de voluntarios se iban renovando por lógicas razones que tienen que ver con el proyecto personal de cada uno.  
Acudimos a otras instancias. La Asociación de ex-alumnos de esta Escuela (EXANQUI) escuchó nuestra propuesta y brindó incondicional apoyo desde que la conoció. El Instituto de Formación Docente y Técnica Nº 8 de la Plata, único centro donde se dictaba la Tecnicatura en Archivística en la Provincia, atendió nuestras inquietudes y recibimos cuatro Pasantes en el año 2009. Generamos la creación de la Tecnicatura en la localidad, absorbida por el ISFDyT Nº 83 de San Francisco Solano, de donde vienen alumnos a hacer sus Prácticas Pre-profesionales desde el año pasado y sus Pasantías desde este año. 
En el año 2008 me atreví a saltar al `ciber´ espacio y nació el Blog “Archivo104”, que a la fecha tiene publicadas más de 1.400 notas y recibió cerca de 225.000 visitas de distintos lugares del mundo. El 2014 me encontró más atrevida aún y entré en las redes sociales a través de Facebook. Lo expreso en singular, sin ninguna modestia, porque aunque recibo y publico muchas colaboraciones, es un trabajo personal. El propósito de aprovechar las TICs no es otro más que difundir la labor realizada y compartir con otras instituciones y especialistas motivados por la recuperación de las historias escolares. También he tenido cabida en distintos encuentros académicos que abordan la temática.
El depósito fue trasladado en el año 2008 del subsuelo al escenario de la escuela, espacio cerrado pero compartido con el archivo administrativo y con otras actividades, dada la insuficiencia de infraestructura que padecemos. Este año, afortunadamente, se pudo resolver de manera casi ideal la cuestión del depósito para el Archivo Histórico, y en julio fue trasladado a una sala de planta baja que reúne mejores requisitos para su alojamiento. Además, se lo separó del archivo administrativo y, aunque por el momento se comparte el uso con el sector dedicado a la puesta en orden de las `netbook´ de los alumnos del Nivel Medio, nos da la grata sensación de que ¡al fin! estamos llegando a las condiciones deseadas.
El Archivo aún requerirá muchas horas de trabajo para terminar de organizarlo, acepta voluntarios aunque sean de tiempo parcial e invita a ser visitado, conocido y aprovechado por alumnos, profesores e investigadores. Habitualmente, nos encuentran allí los miércoles de 14:00 a 18:00. ¡Los esperamos!
  
Prof. Raquel Gail
Coordinadora (ad-honorem)
Proyecto Recuperación Archivo Escolar
Escuela Normal de Quilmes
www.archivo104.blogspot.com



NOTAS

[1] Agnelli, Héctor “Chalo”. http://camarag.dynalias.com:83/historia.html

[2] Revista El Monitor de la Educación Común, 1915, pág. 73.

[3] Agnelli, Héctor “Chalo” (2004). Maestros y escuelas de Quilmes 1666-2004. Buenos Aires, Jarmat.


[4] Hoy sabemos que lo que ellos llamaron Archivo no era más que un depósito totalmente inadecuado.

NUEVA REVISTA "EL PROVOCADOR" (COLABORACIÓN)

El Instituto Superior de Formación Docente Nº 104 (antigua Escuela Normal de Quilmes) ha dado a conocer el Nº 1 de su Revista "EL PROVOCADOR", en el marco del acto académico del Día del Trabajador, realizado ayer en su sede de Mitre 364, Quilmes. La publicación, idea de la profesora Nora Rotuno, está a cargo de las editoras Profesoras Leticia Álvarez y Nilda Sobrero, y su contenido es responsabilidad de docentes, ex-docentes, alumnos y ex-alumnos de esta casa de estudios.

 El propósito fundamental, como se lee en su nota editorial, es "insistir en el carácter provocativo de la enseñanza. Atreverse a mover lo instalado, atreverse a hacer preguntas, atreverse a una mirada distinta".

Además de las ponderaciones a las docentes responsables de que finalmente "El Provocador" haya visto la luz, es necesario hacer un justo y merecido reconocimiento a la Universidad Tecnológica Nacional, Regional Avellaneda, que financió la edición en papel. Los interesados en acceder a un ejemplar pueden dirigirse a la Biblioteca de nuestro establecimiento, en el primer piso.
 Prof. Raquel Gail
Coordinadora (ad-honorem)
Proyecto Recuperación Archivo Escolar
Escuela Normal de Quilmes
www.archivo104.blogspot.com