sábado, 12 de noviembre de 2016

EL BANCO PROVINCIA EN BERAZATEGUI - 50 AÑOS (COLABORACIÓN)

El pasado 14 de octubre se cumplieron 50 años de la inauguración del banco Provincia de Buenos Aires en Berazategui. Sin ninguna duda fue un hecho muy auspicioso en la vida social, institucional, comercial e industrial de Berazategui.
Este banco es en segundo en instalarse en nuestra ciudad, el primero fue el 28 de agosto de 1951 y era el Banco Popular de Quilmes, estaba ubicado en la Av. 14, Pte. Juan D. Perón Nº 4975 entre las calles 149 y 150, actualmente en el lugar se encuentra una sucursal del banco Comafi.
El viernes 14 de octubre de 1966 a las 19,00 horas se inauguró la sucursal del Banco Provincia de Buenos Aires en Berazategui, estaba ubicado en la esquina de las calles Sarmiento (148) y Alberti (12)
En el acto inaugural estuvieron presentes entre otros, el Intendente Municipal, los Ministros de Gobierno y Obras Públicas de la Provincia de Buenos Aires y una delegación del Banco Casa Central., luego de entonarse el himno nacional, el Padre Vicente Policcichio, en representación de Obispo de Avellaneda Jerónimo Podestá, bendijo las nuevas instalaciones, actuaron como padrinos su primer Gerente Julio Armando Vilches y su esposa Mabel Geraldi, cerrando el acto habló en nombre del Directorio el vocal Román María Bourdieu; finalmente se brindó un brindis para todos los asistentes.
El lunes 17 abrió oficialmente sus puertas para el público en general; con un gerente, un contador, un tesorero, un jefe de sección, dos ayudantes de firmas, tres auxiliares y tres ordenanzas, la sucursal de Berazategui era la Nº 192. En el primer día y como dato ilustrativo se abrieron 120 cuentas corrientes, este hecho desencadenó la incorporación de tres nuevos empleados de otras sucursales.
La historia del banco en Berazategui continúo, el viernes 30 de junio de 1972 se inauguraron las actuales instalaciones en la Av. Pte. Juan Domingo Perón (14) Nº 4928 entre Pueyrredón (149) y San Martín (150)
Luego y con fechas más recientes se abrieron las sucursales del Centro Agrícola El Pato (14 de mayo de 1998), la Avenida Mitre (en marzo de 1999, hoy cerrada) y Hudson (30 de mayo de 2001).
Ing. David Iurescia – Prof Claudio Egisti Stanisci
 
Entidad sin fines de lucro con Personería Jurídica N° 67065 Asociación Civil Fundada el 8 de mayo de 1993 

jueves, 10 de noviembre de 2016

ILDEFONSO SALAS 1857-1916 - CENTENARIO DE SU FALLECIMIENTO



Por Héctor Chalo Agnelli
Habían transcurrido cuarenta años desde que se decretó extinta la reducción y llegó el primer galeno al pueblo. Ese fue el Dr. Fabián Cueli, quien – nos cuenta José A. López en el capítulo 26 de su “Quilmes de antaño”) había recibido su título de médico en 1839, y que: “Si sus medicamentos no curaban siempre, puede afirmarse que no mataban jamás, ni arruinaban los bolsillos. Y esto no resultaba del agrado de los boti­carios.” En 1858 llegó otro, el doctor José Antonio Wilde quien trajo consigo un botiquín. La figuración que cobró Wilde, no sólo en la salud como convencido higienista, sino en todos los aspectos de la vida urbana, socio-política, cultural, educativa, fue la de una figura de una dimensión extraordinaria para que Quilmes se transformaba en el pueblo pujante que descolló en las primeras décadas del siglo XX. Muerto Wilde en 1885, llegaron otros notables promotores y custodios de la salud: Salomé Luque, Tomás Balestra, Ricardo Sudnik, Edmundo Fierro, Vicente Cibelli, Pacífico Díaz, todos nobles sucesor de Cueli y de Wilde y ‘continuadores no menos dignos de sus obras en la ciencia y el corazón.” 
Y cuando el Quilmes de antaño, el de la segunda fundación ya tenía poco más de tres décadas de transformación, llegó el Dr. Ildefonso Salas, quien desarrolló una tarea ímproba combatiendo los males de la salud con el arma de la ‘Higiene’, el remedio más simple y más económico que el hombre pude reconocer como vital y vitalizador hasta nuestros días. 
‘ACNÉ VULGAR’ 
Ildefonso Salas nació en Catamarca el día en que el santoral católico recuerda a San Ildefonso, el 23 de enero de 1857. [1] Era nieto del militar Manuel Salas que peleó en la gesta emancipadora junto a Manuel Belgrano y luego en las luchas fraticidas entre unitarios y federales con el Gral. Paz. Seguramente realizó las primeras letras en la Escuela Graduada de José Angelini Caraffa, inaugurada en 1858 en Catamarca, por este educador italiano, muy influyente, establecido en esa capital provincial desde 1855.
Desde muy joven se radicó en Quilmes pues tenía parientes con tierras próximas a San Vicente. El extenso Partido estaba en plena transformación y necesitaba manos y mentes abiertas para continuar forjando su progreso.
Orientado en su vocación por el Dr. José Antonio Wilde, estudió en la Universidad de Buenos Aires y en 1886, se doctoró en medicina y cirugía con la tesis sobre ‘Acné vulgar’ [2] que realizó con el padrinazgo del Dr. José Teodoro Baca (1826-1914) [3] 
Comenzó ejerciendo su profesión en la localidad de Lincoln, pero ese no era su lugar en el mundo y luego consiguió volver definitivamente a Quilmes en 1887 - donde ya había entablado estrechos lazos de amistad y familia - como médico del Ferrocarril del Sud; también fue médico de Policía durante varios períodos. 
CLUB SOCIAL 
Después de los intentos fortuitos de fines del siglo XIX, como el del Club Fraternidad, [4] el 31 de marzo de 1901, se inauguró el Club
Social de Quilmes. El primer presidente fue el Dr. Ildefonso Salas, acompañado como: vicepresidente Dr. Mariano Castellanos, tesorero Dr. Juan Ithuralde, secretario Antonio Barrera, vocal H. A. Jacobs. Otros de los fundadores fueron el Dr. Felipe M. Amoedo, Héctor Ithuralde, Agustín V. Matienzo, Guillermo Tollo, Alejandro Otamendi, Samuel Canaveri, Luis Odera, Juan Escobar, Juan A. Arenales, Casimiro Arias, Ramón Castaño y José Antonio Wilde, hijo homónimo del principal precursor de la creación de una entidad societaria de estas características.
El intendente Dr. Pablo Castro, a su izquierda, el Dr. Ildefonso Salas

PALACIO MUNICIPAL 
Con la envergadura económica, social y cultural que estaba cobrando el Partido de Quilmes a partir de la primera década del siglo XX, la comunidad a través de sus autoridades reconocido la necesidad de darle una imagen pujanza. Así como en 1910, se había inaugurado la
Revista Caras y Caretas
nueva Escuela Nº 1 con planos de don Pedro Etchevertz, se formó durante la intendencia de don Manuel Agustín Ramella (1910), una comi­sión de vecinos encargada de estudiar la construcción de un Palacio Municipal (hoy Casa de la Cultura) que se sustituiría la vieja casa levantada durante la administración de don Andrés Baranda en 1860. Ildefonso Salas presidió esa comisión que decidió la contratación del arquitecto Ítalo Benedetti. El suntuoso edifico neoclásico con influencia francesa se inauguró en 1912, bajo la administración ejecutiva del Dr. Pablo Castro.

POLÍTICA

Miembro de la Unión Cívica Radical en 1890, fue diputado provincial en 1899-1900, y vicepre­sidente de la Cámara durante el gobierno del Dr. Bernardo de Irigoyen. Electo para un período renunció al año siguiente. Fue presidente y vice­presidente del Comité local de la Unión Cívica Radical y delegado a la Convención de la 3ª sec­ción electoral. 
SALADERO DE NELSON

En el año 1889, se instaló la fábrica “Hingland Scott Canning Compagni Limited” (sic) en la costa del arroyo Giménez del lado
"Saladero de Nelson" (Foto C. Schbib)
Este de las vías, entre Berazategui y Ezpeleta, “una grandiosa fábrica de carnes congeladas”, al decir del maestro Atanasio Antonio Lanz. Tras un informe adverso sobre las pésimas condiciones de higiene, elevado al gobierno provincial por el Dr. Ildefonso Salas el 22 de agosto de 1892, el apodado por el pueblo "Saladero de Nelson", debió cerrar y vender la maquinaria.
El informe decía: "Condiciones generales de higiene de la localidad: Buenas. Se exceptúa la fábrica de carnes con­servadas de Ezpeleta, propiedad de Ingland Scot Canning Co (sic) por falta de letrinas higiénicas, hacinamiento del personal y falta de desinfec­ción de los residuos…”. A esto se sumó que poco tiempo después la descomposición de un cargamento con destino a Gran Bretaña,
determinó el cierre del establecimiento. Las máquinas y elementos de fabricación fueron adquiridos por el frigorífico ‘Las Palmas’.[5] 
DESTINO FINAL 
Falleció en la ciudad de Quilmes, el 26 de agosto de 1916, año y mes en que el pueblo de Quilmes fue declarado Ciudad, para lo cual trabajo tanto como vecino ilustre, protagonista de la tercera fundación; genuino quilmero. 
Sobre la calle principal del cementerio de Ezpeleta, en una vieja bóveda se encuentran los restos del Dr. Ildefonso Salas, quien es recordado en una placa por el partido radical. En ella se puede leer su fecha de deceso.
Fue su esposa Ana Matienzo Dupuy (n.1869) hija del primer boticario quilmeño don Agustín Matienzo, con quien se casó en 1893. Fueron sus hijos Juan José (n. 1895) y Nélida Esther Salas Matienzo, destacada educadora quilmeña, que tuvo un resonado desempeño en la Escuela Nº 19 e Isabel Salas Matienzo quien integró la Comisión de Homenaje a Guillermo Enrique Hudson en 1941.

Una de las actividades profesionales del Dr. Isidoro Iriarte fue crear el “Dispensario de Lactantes” de protección a la infancia, que bautizó con el nombre de su antecesor, “Dr. Ildefonso Salas”. Un servicio municipal de salud que pervive ya con una función más genérica.

Héctor Chalo Agnelli
Quilmes, agosto 2016
FUENTES
Cutolo, Vicente Osvaldo. “Nuevo Diccionario Biográfico Argentino – 1750 - 1930”. Ed. Elche, Buenos Aires, 1983.
Schbib, Claudio. "Ezpeleta - Aportes para su historia". Pp. 37 y 38 Ed. Timepo Sur. Quilmes,
NOTAS

[1] Cutolo, Vol. VIº R-Sa Pág. 557 y 560
[2] Acné vulgar. Buenos Aires: Imprenta M. Biedma, 133 Belgrano 139. Biblioteca Central “Juan Jose Montes de Oca”. A la cabeza de portada: Universidad de la Capital. Facultad de Ciencias Médicas Incluye nómina de Catedráticos y Asignaturas. Tesis con dedicatorias. Debido al valor histórico del material, la consulta se realiza bajo las siguientes condiciones: no se puede fotocopiar, no hay préstamo a domicilio, la consulta del material, previa presentación de nota explicando los motivos de la misma, se realiza en presencia del personal de Biblioteca, digitalización ( in situ), con presentación de nota y sujeta a resolución de la Dir de la Biblioteca. La consulta de investigadores y docentes se realiza con presentación de nota firmada por el titular de la Cátedra.
[3] http://catalogosuba.sisbi.uba.ar
[4] Quilmes de Antaño de José Andrés López: Capitulo 38,  “Centros  Sociales”
[5] “Mi Ciudad, Ezpeleta” de Jorge Aníbal Acuña y Gustavo Alfredo Lucero www.miciudadezpeleta.com.ar

miércoles, 9 de noviembre de 2016

JORGE RODRÍGUEZ, “EL VIEJITO DE LA AUTOMOTO” 1938-2008

por Héctor Chalo Agnelli

A fines de 2007, trabajando en la hemeroteca del diario El Sol, ese hombre imperecedero don Mario Guarneri, me recordó la aventura de
aquel ciclista que una vez, allá por los `30, cruzó los Andes en bicicleta. Al año siguiente se cumplían los 70 años de su gesta ciclista y resolví entrar en esa historia, que hoy reedito. Ese hombre fue Jorge Rodríguez, un inmigrante, que además dejó para Quilmes no sólo una hombrada histórica en lo deportivo, sino también en las imágenes, pues fue su hijo el ilustre don Alcibíades Rodríguez. [1] 
Cuando don Jorge llegó a la Argentina había grupos sociales de derecha como luego fue la "liga patriótica" que despreciaban a los inmigantes. Esos inmigrantes que llegaron a hacer los trabajos que los de la 'liga" no hacían. Esta es una lección de vida para los hijos y nietos de inmigrantes de hoy, xenófobos con poca memoria, que no harían los trabajos que los actuales inmigrantes de nuestro maravilloso país con puertas abiertas para todos, hacen. 
COMIENZA EL ‘RAID’ 
En 1938, un ciclista aficionado, llevó a cabo un largo, dificultoso y brillante expedición hasta Santiago de Chile. En aquel entonces con caminos tortuosos y sin los avances tecnológicos que tiene el ciclismo hoy en día, fue una proeza que asombró a todo el país. Don Jorge Rodríguez, de 52, con la camiseta del Club Alsina, donde desarrollaba su vida social y deportiva, partió en su “automoto”, como llamaba a la bicicleta, el 13 enero, de las puertas de ese Club barrial; el más antiguo de entre los que aún prevalecen en La Colonia - se fundó en 1927 -. Cumplió matemáticamente las numerosas etapas de la extensa ruta hasta llegar a la capital chilena. 
EL CÓNDOR CICLISTA 
Lo llamaron “El Cóndor Ciclista”. En su época fue una extraordinaria hazaña deportiva su doble raid a Santiago de Chile. Ya había cosechado varios triunfos cuando se transformó en una figura de singular popularidad en los círculos del ciclismo sudamericano.
Había salido de Quilmes en la madrugada del 17 de enero de 1938.
Su paso fue controlado el mismo día por: la vecina Sarandí, Capital Federal y San Andrés de Giles. Al siguiente arribó a Junín. Y continuó el circuito que había estudiado previamente con sus colegas amigos.
El 19, pernoctó en el partido de Alberdi, tras registrarse su paso por Leandro Alem y otras locali­dades.
El 20, se internó en la provincia de Santa Fe, dejando atrás la localidad de Rufino, para seguir hasta Laboulaye en la provincia de Córdoba. Cumpliendo etapas que oscilaban entre los 170 y los 220 kilómetros diarios, pasó por Daract (Córdoba), San Luis y
Telegrama de arribo a Junín.
Desaguadero, de la provincia puntana, para seguir recorriendo sin perder un solo día, en territorio mendocino: La Paz, la ciudad de Mendoza, Villavicencio, Uspallata, Punta de Vacas, Puente del Inca, Las Cuevas, Cristo Redentor y después de bajar por “Los Caracoles”, donde lo aguardaban algunos afamados ciclistas vecinos… ¡Al fin... Chile! Llegó a Santiago el 1 de febrero ¡Poco más de 1600 Km en 15 días!
 

CHILE 
Entidades deportivas chilenas, avisadas de la extraordinaria prueba, lo agasajaron y la pren­sa en general destacó su récord deportiva. 
“La Unión Española” de Santiago de Chile lo declaró huésped de honor durante su perma­nencia en el país limítrofe. Siempre sobre sus
Telegrama de arribo a Santiago
dos ruedas, circundado por entusiastas ‘pedaleros’ que le hicieron de cortejo, visitó algunas ciudades chile­nas, entre otras, Peñaflor una comuna y ciudad de la provincia de Talagante, ubicada en la Región Metropolitana de Santiago, zona central del país, distante 37 kilómetros en dirección suroeste de Santiago Centro
. El tropel de ciclistas encabezado por dos afamados chilenos en ese deporte, de aquellos años: Francisco Torremocha y Fidel Ayarza, partieron de la Alameda esquina de San Diego, de la capital chilena, a las 8 de la mañana en esa ciudad los recibieron con

grande algarabía y un almuerzo organizado por las autoridades locales.
Luego se dispuso para el retorno a su país. Desandó la cordillera y buscó nuevas rutas: San Juan, el norte de Córdoba, desde donde tomó rumbo a la Capital Fe­deral y de allí a Quilmes, donde llegó el 3 de marzo de 1938, sobre la “automoto” de sus triunfos escoltado durante varios kilómetros por una extraordinaria cantidad de ciclistas, entre los que se encontraban sus hijos Alcibíades y Carlos, sus grandes amigos Santiago Piazzardi, Guerrero y otros compañeros de raid. 
TROPIEZOS 
Pinchaduras, rutas pedregosas, pendientes empinadas, vientos tormentosos y soles inclementes no lo amedrentaron. En una oportunidad se le perdió una mariposa de la rueda trasera. A pesar de ello, sin advertir el extravío, avanzó dos kilómetros. No llevaba repuesto y debió desandar, máquina al hombro, ese trecho, en procura de la pieza perdida, que felizmente fue encontrada con la ayuda de personal caminero que estaba de tareas en la zona. Todo fue superado por el temple de aquel fuer­te asturiano, criollo por adopción y quilmero-ezpeletense sin apelaciones. 
ENTRE EL RÍO DE LA PLATA Y EL OCÉANO PACÍFICO 
En el Club Alsina lo esperaba una multitud. El presidente de ese
entonces, don Ricardo Martín Baccaro, en nombre de la institución, le obsequió una plaqueta, un trofeo y un grupo de jóvenes que integraban el ciclismo femenino del club, entre las que figuraron: Gemma Penazzo, Norma Cuesta, Clotilde Prieto, Norma Bergamasco, Hermelinda Rivas, Aída Bonavita, etc. le cruzaron el pecho con una palma de laureles.
Grandes festejos
Traía curtido el rostro, marcado por los saludables efectos de los vientos y los soles cordilleranos, cansado, pero sonriente, no había perdido su acostumbrada cordialidad. Feliz. Ya había pasado largamente los 50 años de edad.
También se hallaban aguardándolo periodistas porteños, lo­cales y no faltó la revista “El Gráfico” representada por Ricardo Lorenzo Borocotó. [2] Desde el Club Alsina, seguido por una manifestación po­pular que seguía y lo ovacionaba desde las veredas, los balcones y los techos de las casas, atravesó sobre su bicicleta la calle Rivadavia hasta la Municipalidad, donde lo agasaja­
ron las autoridades: el intendente Victoriano M. Huisi, junto con el secretario municipal Mariano R. Castellano y el presidente del H. Concejo Deliberante Dr. Ernesto A. Garibotti también le entregaron una copa de plata que tenía el grabado de su “automoto”. 
HOMENAJE DE RECORDACION 
Don Jorge Rodríguez como se mencionó en el primer párrafo fue el padre de uno de nuestros más renombrados y queridos fotógrafos quilmeños, que dejó una obra en imágenes descomunal, don Alcibíades. Había nacido en Oviedo, capital del principado de Asturias, España en 1888. Llegó muy joven a la Argentina. Se estableció primero en Avellaneda donde nacieron sus hijos Alcibíades y Carlos
y luego buscando ‘aires salutíferos’ en 1930, se radicó en Ezpeleta. Tenía 40 años cuando se compró la primera “automoto”. Integró la Unión Ciclista Quilmeña, fundada en 1930.

En 1953, falleció don Jorge Rodríguez. Todo el barrio La Colonia, todo Quilmes estuvo de duelo. El club de sus amores, Alsina, colocó una placa en la tumba que guarda sus restos.

Con ese título, Ricardo L. Borocotó (padre) mencionó la proeza en la revista El Gráfico en 1938: 
“Se había prodigado mucho en su juventud. Por eso, lle­gó un momento en que se en­contró con su salud muy que­brantada. Fue cuando decidió vivir en Ezpeleta. La tranqui­lidad del lugar, el aire, todo le devolvería sus perdidas energías. Y así fue.
Un día se acercó al camino a La Plata (Av. Calchaquí) y vio pasar
a Cosme Saavedra luchando con el fla­co De Meyer. Conocía, a estos hombres por las crónicas de El Gráfico que coleccionaba. Su decisión de comprar nues­tra revista fue la de orientar a sus hijos en las prácticas de­portivas para evitarles los errores que había cometido él y que habían determinado su traslado a Ezpeleta. Pero gus­tó de la revista y eso lo em­pujó al camino adoquinado en aquella mañana de 1927.
Se quedó extrañado. No po­día admitir que un flaco como De Meyer pudiera cubrirse cien kilómetros a 34 por hora. Ante el espectáculo, se sintió rejuvenecido, esperanzado. Si ese flaco podía hacer eso, ¿no podría él andar en bicicleta? ¿Andar, por lo menos? Por eso al comprar una de rueda 25 para el mayor de sus pi­bes, que compite en carreras, decidió aprender a guardar el equilibrio sobre las dos ruedas. Y tenía ya cuarenta años de edad.
Se enamoró de la bicicleta. Se compró una Automoto, y comenzamos a verlo por los caminos. El día en que hicimos la primera a Mar del Plata en 1933, éste hombre nacido en Oviedo en 1888 se fue has­ta ese balneario pedaleando. Salió un día antes que la ca­rrera. Cuando se verificó la Pirelli a Córdoba, allá encon­tramos a Jorge Rodríguez; cuando se efectuó la Flexil, en Santa Fe vimos al viejito. Así lo fuimos encontrando por to­das las rutas de las grandes pruebas. Siempre saliendo ho­ras antes de la largada, llegó a los puebla como un heraldo anunciando que detrás suyo venia la caravana de compe­tidores.
Con sus cinco metros de multiplicación, su posición co­rrecta sobre la maquina, un día nos asombró bajo la llu­via en el camino de Luján al regreso de una Doble Chivilcoy. Caía la lluvia torrencial­mente. Jorge Rodríguez iba acompañado de dos jóvenes. Tiraba el viejo. Lo saludamos al pasar. Luego nos detuvimos en Moreno a tomar diferencias de tiempos entre los competi­dores de aquella prueba. Se­guía cayendo el agua. Pasó Rodríguez con sus dos acom­pañantes. Volvimos nosotros a la marcha y vimos a poco de andar a los dos muchachos. “Largaron al viejo", pensa­mos. Quizás Rodríguez se ha­bía guarecido en algún lado. Pero más adelante lo encon­tramos tirando sus cinco metros bajo la tormenta. Había largado a los jóvenes.
Ahora tiene 50 años y aca­ba de cumplir una hazaña su­perior a las que hemos relata­do fugazmente. Ha llegado a Santiago de Chile pedaleando en su Automoto. Un promedio de cien kilómetros por día cumplió este hombre sobre cu­yas piernas ha desfilado me­dio siglo. Llegó a Mendoza, cruzó los Andes, bajó al valle en la soledad de las monta­ñas, tirando una multiplica baja, fue escalando metro a metro, ascendiendo hacia los picachos nevados, impulsando a su máquina. Nada le arre­dró. Su entusiasmo, la con­fianza en sí mismo, lo llevó o esa conquista.
Sus excursiones a Mar del Plata. Córdoba, Santa Fe, etc., están empequeñecidas. Jorge Rodríguez escaló la cordillera, venció la distancia, la altura y hasta sus cincuenta años.”
 Jorge Rodríguez, con su clásica boina asturiana, sentado en el estribo del automóvil, a las puertas de su casa en Ezpeleta.

Jorge Rodríguez con su hijo Alcibíades (circa 1940)
Chalo Agnelli
Quilmes, 1992 - 2008 - 2016
FUENTES 
Diario “El Sol” de Quilmes.
Diario “El Mundo” 1938
Diario Ilustrado de Santiago de Chile
Fotos: Diario "El Sol", Mario Guarneri, Claudio Schbib y Fernando San Martín.
NOTAS

[1] Ver en EL QUILMERO del miércoles, 3 de julio de 2013, “EL CICLISMO EN QUILMES” http://elquilmero.blogspot.com.ar/2013/07/el-ciclismo-en-quilmes.html/

 [2] Borocotó, seudónimo de Ricardo Lorenzo Rodríguez fue un periodista deportivo, escritor y guionista uruguayo, radicado en la Argentina, que se destacó por la influencia de sus opiniones sobre fútbol, en especial desde la revista ‘El Gráfico’ 2 de enero de 1902 - 19 de junio de 1964.