martes, 15 de abril de 2014

A 65 AÑOS DE LA CREACIÓN DEL LUZ Y SOMBRA (COLABORACIÓN)



FUE UNA INESPERADA ‘QUILMERÍADA’

1949 -15 DE ABRIL – 2014
de Norberto Martín

Esto, no es más que el homenaje de uno de sus fundadores en el nombre de todas las personas que hicieron posible nuestro entrañable Teatro "Luz y Sombra".

Aquel grupo de amigos y vecinos que en un entusiasta y fragoroso comienzo, entregaron el precioso tiempo en un paréntesis de sus actividades, de un franco o en horas quitadas al descanso para entregarlo a un proyecto en cierne, muy lejos entonces de su concreción. Y no sólo fue su tiempo, sino parte importante de su vida visto por su aplicación y esmero en sus tareas y también acompañados de una gran alegría sin olvidarnos de sus talentos y habilidades que provocó que se fuera visualizando lo que parecía nada más que una ilusión. Fue iniciar entonces un maravilloso encuentro de amigos que aún hoy, a 65 años de aquel primigenio impulso creativo, sigue funcionando.

Esta recordación es el deber genuino de un verdadero y sentido homenaje a aquel grupo de jóvenes y adultos que se sumaron y fue creciendo con el pasar de los días. A ellos, colaboradores ilustres para nuestra historia, reciban nuestro inmenso y eterno agradecimiento: sin ellos no se hubiera logrado lo que logró. Ellos estuvieron presentes siempre que se los necesitó. Quienes estuvimos en ese tiempo nos sentimos agradecidos por aquella tarea que considero heroica por su entrega inolvidable.

UN LEJANO ACONTECER

Y hoy, cercanos a esa fecha del 15 de Abril, creo necesario informar a la gente joven y a los adultos también en este nuevo tiempo de la modernidad, que tal vez no tengan noticias del muy su lejano acontecimiento. Por esa simple razón deseo contarles muy sucintamente una pequeña historia de lo que fueron los antecedentes y de la época en que se gestó este Teatro.

SOCIEDAD DE AYUDA A LA REPÚBLICA ESPAÑOLA

Históricamente, por el año 1936, se reunía una numerosa cantidad españoles en una Sociedad que llamaron S.A.R.E. (Sociedad de
Ayuda a la República Española) que funcionó desde 1936 hasta 1941 aproximadamente que fue el principio de la guerra que dividió a España y la ya comenzada segunda conflagración mundial del siglo XX (1939 -1945). 
La Sociedad en un principio tuvo su sede en la planta baja de la calle Alem entre Moreno y San Martín sobre la vereda Sur. Terminada la guerra de España, ésta se convirtió en el "Centro Español" que tuvo su sede en la avenida Hipólito Yrigoyen, en el primer piso y la terraza del edificio que contenía lo que fue el "Cine Moderno", hoy "Iglesia del Puente". En ese lugar el mismo grupo de españoles republicanos, entre quienes estaba mi padre, se allegaban también los jóvenes parientes, hijos y amigos de esos hombres de bien y formábamos una alegre cofradía de "diletantes", donde nos divertíamos bailando, leyendo puesto que poseía una nutrida biblioteca con muy importantes volúmenes de muy diversos temas y otros de las bellas artes, que cuando muchos años después el Centro dejó de funcionar, nunca supe donde fue a parar.
También escuchábamos música de todo tipo y nacionalidad y ahí me aficioné a las canciones francesas de la época y a cantantes como Charles Trenet entre muchos otros. Para quienes gustaran, había una buena cantidad de música clásica y, especialmente sinfónica. También nos aficionamos a cantar pero sin nada más que ganas, y aprendimos a bailar algunos sones tradicionales de España como "muñeiras", la "jota", un poco de "baile andaluz" y algunas "danzas vascongadas".



GRANDES VOCES

Apoyados por miembros de la "Comisión Directiva" pudimos hacer reuniones de poesía y recitado y funciones culturales con invitados
Rafael Albereti
de la Capital, entre ellos en una oportunidad nos visitó León Felipe para recitarnos sus dramáticas poesías y sabía hacerlo muy bien. En esa oportunidad el "Centro" alquiló el salón de una peluquería de señoras que regenteaba, no recuerdo bien, pero creo que se llamaba Liberti y estaba situada en la planta alta de la calle Rivadavia, casi esquina San Martín, sobre la vereda sur frente al Corralón de Elesgaray (hoy una galería comercial),

En ese entonces ya se hablaba de teatro entre las personas mayores, conspicuos concurrentes a esos espectáculos del Buenos Aires. Hubo presencia en nuestro "Centro" de escritores españoles como el dramaturgo Jacinto Grau y otros que no recuerdo, llegados como exiliados a la Argentina huyendo de las persecuciones del franquismo. Recuerdo una hermosa mujer de edad madura, de la que no recuerdo su apellido (María Teresa León), poeta y esposa de Rafael Alberti. En medio de aquel tropel de artistas e intelectuales sentíamos que nos aportaban como una oportunidad única y conocimientos y la sensibilidad artística que nos entusiasmaba y hasta pensábamos que podían contagiarnos de algo de lo que pensaban y decían en el bellísimo idioma que no estábamos acostumbrados a escuchar tratado con buen gusto. En ese tiempo y en la oportunidad de la terminación de una de esas reuniones culturales, un integrante de la Comisión Directiva, el señor García (de quien no recuerdo su nombre de pila), propietario del bazar "Aladino" (que aún permanece en el mismo lugar donde estaba entonces, en la calle Mitre a escasos metros de la calle Alem, frente al colegio de la Inmaculada Concepción de monjas), ex actor y cantor de "zarzuelas”, nos propuso a los que ahí estábamos "hacer teatro".  Fue el comienzo de algo que jamás nos hubiéramos imaginado.
EL ENSAYO

Ese señor fue "un profeta". Nos trajo una obra teatral con esa obra y de la mano de nuestro descubridor aprendimos que era un "ensayo". Con García descubrimos una nueva forma de disciplina
no impuesta en ensayos a lo largo del tiempo. Debió ser 1943 ó 1944. La obra tenía el título de "La honra de los hombres” estaba dividida en dos actos y la estrenamos en la terraza del nuestro "Centro". Su autor era el comediógrafo español don Jacinto Benavente que había obtenido el premio Nobel del 1925, compartido. Fue la primera obra de teatro que leí e interpreté en el personaje de "Cristian". La obra se desarrollaba en un ambiente de Suecia o Noruega. Pasados algunos años el autor escandinavo Enrique Ibsen fue mi primera influencia teatral, después de haber leído su drama "Epectros".

"LA VIRGENCITA DE MADERA",

Había visto, varios años antes del período del Centro Español, un circo construido con tirantes de madera y chapas acanaladas de zinc, situado en la calle Alsina, que se llamaba "Campos" u "Ocampo", al que me llevó mi madre después del colegio. Terminado el espectáculo circense, sobre la pista cubierta de aserrín y alfombras y sobre un escenario elevado situado detrás de la misma pista vi por primera vez representar una pieza teatral; fue "La virgencita de madera", un éxito de los hermanos Ratti. Este espectáculo y, mucho después, los del Centro Español fueron mis mejoros contactos con el teatro.

Irma Pantigoso, Victoria Rey, Mircia Paz y Norberto Martín.
Del Centro Español surgieron los primeros actores y actrices del elenco estable, que sin pensarlo todavía iríamos a organizar.

La comisión del "Centro" estaba integrada por personas con sus familiares y amigos, entre ellos José Martín, Jesús Edreira, su sobrino Ángel Edreira que llegó a ser secretario del Quilmes Atlétic Club, su prima Irma Edreira, el señor Vilariño y su hija Haydee, Ramiro Pérez y sus hijas Celia y Pilar; los amigos Obdulio Manini, Armando Salvo, Cucú Naboulet hijo de don León Naboulet, destacado hombre de bien en la provincia de Misiones, como bibliotecario en Posadas, mi hermana Beba Martín y mis amigos dilectos Ernesto Comesaña y Antonio Di Notto y otros posteriores como los hermanos Acuña y tantos otros perdidos en mi memoria por la distancia del tiempo.

De izquierda a derecha: Ernesto Comesaña, Luis Caponi, Norberto Martín, José Jove, Antonio Dinoto, Irma Martín Pantigoso (sentada a la derecha)
"TIEMPO Y ESPACIO"

Todas estas circunstancias estaban circundadas por los hechos dramáticos de un mundo que se desangraba en otra guerra monstruosa y nosotros, jóvenes, tratamos de sobrellevar los dolores que afectaban a nuestros padres y parientes, por la pérdida de vidasde los allegados que se habían quedado en Europa, aconsejados por miembros de la Comisión Directiva nos dispusimos a continuar con el proyecto de la actuación y así surgió como una tormenta la idea de formar un conjunto de teatro independiente, como los había en la Capital; lo hicimos y se llamó "Tiempo y Espacio" liderado por Ernesto Comesaña, Obdulio Manini y Ángel Edreira, que comenzamos haciendo la obra "Camino del Tabaco" propuesta por Comesaña. Era una pieza dramática, de autor estadounidense, que transcurría en el tiempo de la depresión de aquel país.




"LUZ Y SOMBRA”
De abajo hacia arriba: Norberto Martín, Irma Martín Pantigoso, Mircia Paz, Antonio Dinoto y José Martín, en el Micro Teatro de la calle Bernardo de Irigoyen (primer sala de Luz y Sombra)
 Por diferencias de apreciaciones, más de forma que de cualquier otra contingencia, nos separamos en dos grupos antes que se estrenara la obra. En consecuencia, amistosamente, se formaron dos elencos autónomos el uno del otro: "Tiempo y Espacio”, con Ángel Edreira, Obdulio Manini, Alba Grazzioli, Enrique White y otros. El otro grupo estaba formado por Antonio Di Notto (recientemente fallecido el 21 de enero), Ernesto Comesaña (fallecido a los 87), Armando Salvo (también fallecido hace algunos años) y Norberto Martín. Entonces conformamos el grupo de Teatro "Luz y Sombra", nombre que se le ocurrió a Di Notto en la confitería “Colón”, en la esquina de Gaboto y Rivadavia frente a la estación del ferrocarril.

LOS SALONES TEATRALES

Aquí la reseña de todas las salas teatrales que hicimos: el primero en la casa de mi padre don José Martín en la calle Bernardo de Irigoyen 741 de La Colonia.

Luego el 15 de Abril de 1949, fecha de la fundación del teatro “Luz y Sombra", otra sala en una propiedad de la esquina de Alem y Moreno; una casa muy antigua con árboles delante y rodeada de verjas de hierro sobre un cerco de media pared, donde vivía la familia de René Romano; un integrante que se retiró al poco tiempo. En esa casa había vivido la familia López que dio tres intendentes a Quilmes: José Andrés (1904/1905), José Eduardo (192 y Rodolfo ‘Robín’ López y un diputado, Rodolfo López, padre de “Robín”.

LA SALA DE LA COLONIA

El teatro de Bernardo de Irigoyen 741, fue bautizado, "Micro Teatro Luz y Sombra" que podía albergar una buena cantidad de personas y tenía un palco elevado a 1,80 metro del piso, una especie de balcón interno que ocupaba todo el ancho del salón. La sala tenía una altura de 4 metros, largo 6.40 y ancho 4.40. Habíamos armado un escenario de algo más de dos metros de profundidad por el ancho del salón, menos unos 60 centímetros de "hombros" para que los actores pudieran "aforar". En ese mínimo lugar hicimos nuestras primeras armas como escenógrafos, iluminación, dirección y aprendizaje actoral. Pusimos en escena obras cortas: Chejov, Paúl Geraldí, del argentino Osvaldo Dragón, "Los de la mesa 10", que tuvo un éxito inimaginado. Aquel éxito, nos animó a emprenderla con obras en varios actos y nos fue muy bien, desde luego convocamos a artistas de la zona para que hicieran los diseños escenográficos. Así aportaron su talento: José Eduardo Pardo, Manuel Oliveira, Aldo Severi, Ludovico Pérez.

Pardo ayudaba con los carteles de publicidad, Oliveira pinto una calle de París para la primer versión de la pieza de Jean Anohuil "El baile de los ladrones" y Severi, hizo similar tarea en la primera versión de "La zorra y las uvas" del brasileño Figueiredo. Se hizo una primera versión de la comedia "Ninotchka" de los franceses Leigen y Sauvajon y muchas obras que con el tiempo volveríamos a presentar en escenarios más amplios.

Después de casi diecinueve temporadas decidimos cambiar de sala por otra que albergara más cantidad de público, con un escenario acorde a las exigencias que presentaban "puestas" que requerían mayor espacio. Así que el señor Alfredo Santomé consiguió un galpón en la calle Moreno 635, entre Rivadavía y Alem. El alquiler no era caro y comenzamos la mudanza. El lugar había sido un depósito de lavandina. Allí, cimentamos, durante cuatro años, el prestigio que adquirido con mucho trabajo y dedicación de horas y horas incontables hasta muy entrada la noche.

Periódico "El Periodista", 4/11/1977
Nos mudamos el 1º de mayo de 1961 y permanecimos hasta el 31 de diciembre de 1965. En ese corto lapso incursionamos en casi todos los géneros del Arte Dramático, lo cual pretendíamos que fuera nuestra modalidad, por esa razón hicimos del teatro griego, clásico de Eurípides, "Medea"; de Ben Jonson, inglés de ascendencia escocesa y contemporáneo de Shakespeare de quien pusimos en escena "Volpone" o "El zorro"; incursionamos en los nuevos movimientos del teatro moderno, realizamos dos puestas de lonesco, autor rumano que tenían una particular continuidad con sus personajes vivos y otros muertos, se trató de "Jacobo o la sumisión" y "El porvenir está en los huevos", dos comedias del absurdo que nos dieron muchas satisfacciones.

Dejamos la sala porque aumentaron el alquiler de $ 450 a $ 1200, importe que no podíamos pagar. No se recaudábamos tanto como para aguantar esa suma. Los problemas estaban a punto de agotar nuestra voluntad y paciencia, así que se decidió donar el material acumulado durante esos años, a la municipalidad de Quilmes. Era intendente Rodolfo ‘Robín’ López. Fue el señor Héctor Pereiras, secretario de cultura, quien diligenció el trámite ante el gobierno de la provincia de Buenos Aires. Ello significó la continuidad del teatro
por decisión y generosidad de esas autoridades, quienes admitieron que por prestigio y conducta ciudadana respetarían la formación actual del elenco, confirmando a la vez a su director. El Teatro Luz y Sombra devolvió esa generosidad, con creses por más de 40 años.

De ahí en más, los detalles históricos, sociales y políticos que tuvo que atravesar el teatro para su supervivencia a través de los cambios inusitados de la política cultural hasta la actualidad es arena de otro costal.

"QUIMERÍADA"

Estas memorias pretenden brindar un homenaje a las personas que ayudaron a llevar a cabo lo que resultó ser en todo su amplio espectro una Institución. Se padecieron muchas postergaciones, pero al fin se halló el acceso a través de aquellos que aprobaron, valoraron, escucharon y vivieron esta historia, construida sin ningún tipo de soberbia, sino con la alegría de haber "pertenecido a esta patriada" que dimos en llamar "Quimeríada", de un grupo de idealistas que pretendía para Quilmes un teatro estable como cualquier ciudad civilizada del mundo, que despertara en sus ciudadanos ideas de bien, de buena voluntad, de trabajo… Cultura; y todo esto lo consigue el Teatro, no sólo pasatista, sino también un teatro de texto, de los grandes del Arte Universal.

Tengo el deber de mencionar a quienes fueron los arquitectos fundamentales de ese templo destruido y sin ruinas sobre las que recordar que fue el teatro en la Casa de la Cultura: Antonio Mari, Antonio Di Notto, Guillermo y Carlos Bataglia, Luis Capponi, Mircia Paz, Irma Pantigoso, Leticia Corsiforti, Alfredo Faces, Carlos Romero, Horacio Martín, Juan Vergara, Leopoldo Russo, Carlos Calzeta, Jorge Franquet, Cristina Ruberto, María Luisa Fedeli, Alejandro Martín, Horacio Carballido, los hermanos Roberto y Mario Arias y mucho, muchos más que se fueron sumando a la "Quilmeríada" y están en la memoria colectiva.

Hubo otro movimiento ‘quimerisida’, depredatorio y ofensivo hacia la ética y la estética de nuestra sociedad; este movimiento con el pretexto de reciclar la Casa de la Cultura, inconsciente del concepto de Sociedad Civil, arrasaron con el Teatro haciéndolo desaparecer. La furia de la expresión "reciclar" dejó a Quilmes sin un Templo del Arte. Que no se llegó a reemplazar con la construcción de una costosa "nueva sala", que cuenta con una programación en donde “El Teatro” tiene escasa intervención, primando cierto tipo de espectáculos de gusto dudoso y empobrecedor, según mi sincera impresión. Esa nueva sala no ha podido hasta ahora suplantar en calidad y riqueza actoral y dramática a aquel que fue...

No quiero mencionar a los depredadores que desde tiempo atrás socavaron la función tradicional del teatro y la esencia de lo que sus fundadores representaban y terminaron cercenando uno de los organismos intelectuales más rotundos de esta Ciudad y Partido de Quilmes; reducto de vida democrática, de inclusión social y participación popular, de denuncia ante el agravio y vocero de verdades… y sobre todo, de un Arte equiparable a las grandes salas de la Capital Federal y del país todos.

La historia todo lo devela y la historia brilla con una luz incandescente sobre el Teatro Luz y Sombra.

En estas memorias está nuestro tributo a Quilmes, a su gente, y el mío personal a colegas de ayer, de hoy y de siempre, con quienes emprendí esta patriada que hoy cumple 65 años.

Norberto Martín

Quilmes, 15 de abril de 2014.