viernes, 23 de octubre de 2009

DON SANTIAGO VALERGA - LA COLONIA 2º PARTE


DON SANTIAGO VALERGA

Investigación de Chalo Agnelli
de su libro "La Colonia de Valerga . el segundo barrio de Quilmes" 

En 1874, concluyó otro de sus varios períodos como juez de paz y presidente de la municipalidad, Andrés Baranda y asumió Felipe Amoedo, y como municipales: Juan Ithuralde, Alejandro
Lassalle, José Agustín Matienzo, Pedro Risso, Ramón de Udaeta y secretario don Tomás Flores. 
Ese mismo año, don Santiago obtiene de Agustín Lavaggi un préstamo de cuarenta pesos para instalar una fonda en una propiedad que alquila a Celestino Risso, en la esquina NO de Vicente López y 12 de Octubre.  Era un rancho de dos piezas, de quincho, con techo de paja a dos aguas, piso de tierra y un parral haciendo de galería. Luego compra el terreno de la esquina SE y construye su comercio. En la casa de Risso, en un primer momento se instala su hermana Ángela recién llegada de Italia con su esposo Segundo Tocco y luego se abrió en ella la 'Sastrería Rodríguez' de Agustín Rodríguez, padre e hijo.
Considerando la época y el estado deplorable de las pocas calles abiertas, el terreno elegido estaba lejos de todo. El acceso era difícil, pero contaba con el entusiasta aliciente de la estación del ferrocarril próxima.  

Valerga, además de pionero, fue colono, había venido a colonizar un páramo fértil y despoblado que antes llamaban el “barrio de las ranas”, donde su imaginación sobredimensionó con creces lo que la realidad mostraba a simple vista.
En esos años el Intendente Amoedo había abierto el camino que atravesaba la Cañada de Gaete hacia el SO, importante vía de acceso al pueblo. Sin embargo fue la calle frente al comercio de
Valerga, antes Olavarría, hoy 12 de Octubre, la que adquirió por su esta fonda, crecimiento y prestigio comercial, quedando la de Amoedo que lleva su nombre un tanto postergada.
El populoso barrio de La Colonia, hoy totalmente absorbido por el centro de la ciudad, comenzó a perfilar su crecimiento allá por los años 1880 y 1886, con una veintena de casas humildes. Cuando la zona comenzó a poblarse en torno a don Santiago - la Cervecería aún no existía - propios y ajenos comenzaron a llamar a ese rincón quilmeño 'La Colonia de Valerga' y luego por extensión así se bautizó a toda la zona con sus quintas y chacras vecinas.
Hoy después de 130 años, entre la abigarrada edificación urbana, el vertiginoso tránsito que cruza 12 de Octubre y Vicente López, el comercio, la Cervecería, las intensas luminarias nocturnas, los peatones que van y vienen, la algarabía de cientos de chicos que salen de las numerosas escuelas cercanas, es imposible imaginar el páramo donde resolvió instalarse don Santiago Valerga y Rosa Celasco, su esposa, con tan sólo 24 y 22 años respectivamente.
Soledad, distancia, serenatas de grillos y ranas, noches negras, fragantes, frecuentadas tan sólo por tumultos de luciérnagas, mosquitos; cardales desmesurados, altos pastos, aguadas y lodo, mucho lodo; escasos árboles para resuello de los viajeros en los veranos húmedos y calcinantes del pueblo ribereño.
Esta fonda, parador y boliche, además de almacén de ramos generales hoy se lo consideraría un shopping. Pero eso no era todo, además, don Santiago se encargaba de arrendar las tierras a los propietarios que se las confiaban, de cobrar las rentas, contrataba labradíos y hacía sembrar otros, reservándose un porcentaje de la producción.
Instaló un matadero en sociedad con León Acuña también pionero. A su vez poseía, algo parecido a un banco de ahorro donde los vecinos depositaban dinero a reducido interés y daba préstamos a los que deseaban afincarse en la zona o para iniciar nuevos emprendimientos que den progreso al barrio en ciernes.
Hablaba perfectamente el castellano, había que estar muy atento para notarle un difuso acento genovés que solo aparecía cuando se encabronaba, lo que sucedía muy esporádicamente pues gozaba de un carácter jocoso y cordial; de un humor casi sardónico que ponía en evidencia en las vidrieras de su comercio, por ejemplo en una oportunidad colocó una jaula con un cartel que explicaba, “JAULA PARA PÁJAROS”, junto a los anteojos que vendía señalaba, “ANTEOJOS PARA LA VISTA”.
Contaba su hijo Ignacio que los domingos: “La peonada de las quintas próximas y de los hornos vecinos se reunía en el despacho de bebidas, toda gente de facón y ademanes resueltos. Mi padre les tocaba el acordeón y ellos bailaban y cantaban dejando ir las horas.”
Durante las fiestas de San Juan y año nuevo frente a 'La Colonia', Santiago solía quemar fantoches de paja, vestidos convenientemente con ropa que cosía doña Rosa, y a los que les colgaba bombas de estruendo, constituyendo un espectáculo tradicional al que concurrían a presenciar vecinos de todo Quilmes.
Durante el movimiento revolucionario de 1893, que intentó derrocar al gobernador Costa, las tropas Nacionales de Manuel Campos avanzaron hacia La Plata por Quilmes y cuando pasaron por la fonda de Valerga los soldados le alzaron el almacén para proveer a sus necesidades sin que jamás pudiera alguien resarcirlo de la pérdida.
Leía y escribía a la perfección la lengua vernácula lo que deja entrever su preocupación por afianzar su arraigo ni bien llegó de Europa. Lo que desestima la afirmación, de algunos historiadores, que era “un hombre de no mucha ilustración”. Esa afirmación puede estar limitada por la convicción que sólo es ilustrado quien acumuló, por capacidad o por fortuna, títulos y diplomas.
Era un hombre interesado en el Derecho y en sus ratos libres estudiaba el Código Civil, Comercial y Criminal y hacía las veces de juez en el barrio dirimiendo cuestiones territoriales, comerciales y hasta de herencia y familia. Actuaba de juez de paz, consagrando matrimonios, resolviendo discrepancias, tenía la autoridad y la elocuencia que no admitía discusión alguna.
Marcelo Traversi en “Estampas de antaño” ofrece una semblanza de quien fuera el pionero de La Colonia: “... Su opinión era respetada como fallo judicial. A su escritorio acudían en consulta sobre asuntos en lo civil, rural, comercial y criminal,
como de la vida privada. Él, con su secretario, redactaba documentos, hacía contratos estableciendo condiciones. Indicaba si correspondía acudir a la justicia, a la policía o a la Intendencia, eligiendo abogado o escribano. Nada se hacía en el barrio de La Colonia sin su indicación o visto bueno. Santiaguito no cobraba ni aceptaba regalos. Cuando insistían en pagarle, decía. ‘Dele algo al secretario’ (Este no tenía sueldo) Su conocimiento de los códigos hacía que encontrara arreglo a todo lo que sometían a su estudio [...] De buen corazón, si un asunto era insoluble por carencia de dinero, él lo prestaba. Y cuando en aprietos, solicitó su devolución, conoció la ingratitud humana. Perdió más de cien mil pesos.”
Era un hombre apegado al progreso, entusiasta trabajador y generoso. Su nombre estaba presente en cuanta iniciativa para el bien común se sugería o se ponía en práctica. En 1887, según el periódico El Quilmero, se presentó en el remate por el derecho a cortar los cardos en las vías públicas del partido, obteniéndolo ese por $ 140 “... He aquí convertido en una entrada no despreciable el corte del cardo de los caminos que en otros tiempos había que pagar para hacerlo...” Pero luego por causas que no se especifican, debió desistir de su oferta y se le dio a otro oferente, don Domingo Gatti.
En 1887, hizo levantar, frente al desvencijado rancho, un importante edificio; en la esquina SE de 12 de Octubre y Vicente López, el almacén-fonda “La Colonia”. Visión premonitoria la de don Santiago al bautizar a su comercio. Vislumbró que ese enclave quilmeño se poblaría de colonos de todas partes del mundo. Y él fue el portero.
Además del diminutivo “Santiaguito” también se lo apodaba “Tiaguito” o “Tiguito”. Don Santiago lucía un poblado mostacho, pero de la clase que usaba bigotera; y así atendía al público con la bigotera, cuyo tejido dejaba ver el piloso adorno bien planchado debajo y con las guías retorcidas en espiral.
Contaba su nieto Julio César que cuando le mencionaban su origen y le sugerían realizar una visita a su país natal, recordando las peripecias que vivió en los tres meses de navegación para llegar a América, respondía que sólo estaba dispuesto a cruzar los charcos y las zanjas del barrio, el océano, nunca más. Decía que: “Italia era lo ajeno, esta era la tierra que la había dado más de lo imaginable y no le alcanzaría la vida para retribuirla.”
No sólo se involucró hasta el tuétano en la vida social sino también en la política Tuvo que ver en las elecciones legislativas
en 1888, integrando con el N° 268 la lista donde deben formarse las mesas receptoras y escrutadoras de votos. Incentivaba a los inmigrantes a que sacaran carta de ciudadanía para votar en las elecciones municipales. En las fiestas patrias adornaba de banderas argentinas y la tricolor, símbolo de la Italia libre, el frente de la fonda y repartía una buena cantidad entre sus vecinos para que lo imitaran. Tenía en su comercio retratos de Garibaldi y de Mazzini y fue un entusiasta yrigoyenista. En sus últimos años renegaba contra Mussolini y predecía que llevaría a Italia a una ruinosa guerra.
Grande fue su progreso económico, al punto que en la sesión del H.C.D. del 24 de febrero de 1904 se lo señala en la nómina de los mayores contribuyentes junto con Ubaldo Costa, Urbano Drake, Pablo Benguria, Ramón Castaño, José Bossi (vecino del barrio) Roberto Clark, Ramón Dapena, Eduardo Cordner, Juan Ithuralde, Domingo Lértora, Santiago Massa, Francisco Montenegro y Claudio Ruiz. Valerga fue designado mayor contribuyentes en el rubro patentes industriales. 
CUADRO DE BONDAD
El periodista Víctor A. Giordano, que lo conoció, cuenta esta anécdota: “...el señor Liendo, comerciante del barrio, habiendo fracasado en sus negocios, se marchó a una propiedad que tenía en La Cañada de Gaete. Allí levantó una tapera donde vivía en la mayor pobreza. Sin medios y avergonzado de su pobreza no visitaba a los amigos de La Colonia. Pasó un tiempo y falleció. Dado que no tenía familia, no lo velaron y la ‘cucaracha’, el vehículo destinado por la municipalidad para trasladar a los difuntos pobres al cementerio, se encargó de transportar sus restos. Enterado don Santiago convocó a vecinos amigos y esperó su paso por la calle 12 de Octubre, por donde necesariamente tendría que cruzar. Cuando el vehículo mortuorio llegó a la esquina de su almacén, ordenó al cochero detenerse, hizo bajar el ataúd y llevarlo a su casa donde con la presencia de todo el barrio lo velaron. Encargó ofrendas florales, contrató un servicio fúnebre, todo de su peculio, y al día siguiente el difunto Sr. Liendo fue trasladado el cementerio con el cortejo de la vecindad.” Esta pintura es apenas una pequeña muestra de la generosidad y hombría de bien de don Santiago Valerga, hay muchas otras que lo limitado del espacio no permite transcribir.
Así, la esquina, 12 de Octubre y Vte. López, fue el centro fundacional del barrio. Su comercio fue el límite entre el pueblo y la campaña, donde venían a proveerse los trabajadores y propietarios de las chacras y estancias ubicadas hacía el Sur, hacia el Oeste y hacia el SO del pueblo. Esto reactivó el interés de los pobladores en instalarse en la zona al lotearse la charca de Risso. Con el tiempo fue el punto de referencia de la zona.
“Don Santiago Valerga y el barrio de la Colonia son una misma cosa, puede decirse, pues este venerable anciano ha sido el factor a cuyo impulso y esfuerzo el citado barrio fue adquiriendo en aquellos tiempos iniciales los fundamentos de una colectividad sana, trabajadora y progresista. Si viviéramos en lo remotos tiempos de la Biblia, o si aún aquellas costumbres y orden social rigieran todavía, don Santiago Valerga, de hecho y derecho, sería la suprema autoridad moral de la colectividad... Por eso dijimos que don Santiago Valerga y La Colonia son una misma cosa. Tan fuertes lazos y profundos vínculos cuyas raíces habría que buscarlas sesenta años atrás (se escribió en 1924), se han expandido en forma tal, que es natural y justo que la persona de don Santiago sea mirada con la veneración, respeto y cariño con que se mira al abuelo de memorables hazañas...”
Este pionero falleció en 1927 fue “... una especie de personaje bíblico que no sólo puso empeño e inteligencia al servicio del pueblo que lo acogió, sino que también le ofrendó su vida...” Dejó una larga y extensa descendencia.
Años después en lo que fue el almacén La Colonia se instaló una casa de remate llamada “El Faro” y un inquilinato.
SU CALLE
En 1927, por la ordenanza Nº 323 se resuelve dar su nombre a una calle de La Colonia
Proyecto de resolución presentado por los mismos señores concejales sobre homenaje a don Santiago Valerga. El concejal Sr. Perli, que lo fundamentó, dijo que se trataba de un acto justiciero ya que don Santiago Valerga había sido el primer vecino del barrio de La Colonia, constituyendo en esa zona por espacio de más de cincuenta años el paño de lágrimas el amigable componedor y el bondadoso consejero del vecindario, dentro del cual se lo quería y respetaba como a una verdadero patriarca. Agregó que la zona oeste de la ciudad que tantos progresos debía a la labor constante del viejo vecino desaparecido honraría en memoria dando su nombre a una de sus calles tal como se proyectaba en la iniciativa que fundaba lo que pidió fuera tenido en cuanta por la Comisión de Obras Públicas al dictaminar sobre la nomenclatura de las calles de la zona oeste. El Concejal Sr. Otero solicitó que el proyecto de resolución fuera considerado sobre tablas. Apoyó esta indicación el concejal Dr. Torre quien tuvo conceptos elogiosos sobre la obra desarrollada por don Santiago Valerga. El concejo resolvió tratar sobre tablas el proyecto aprobándolo luego en general y particular. En consecuencia quedó sancionada la siguiente Resolución:
Designar con el nombre de Santiago Valerga una de las calles de la zona Sud Oeste que se indicara al renovarse la nomenclatura oficial de la zona."
INGRATITUDES DEL TIEMPO
La ingratitud, en 1972, siendo interventor municipal el Ing. Jorge Cichero, según ordenanza N° 11.231/72, quitó el nombre de este pionero a la calle que lo homenajeaba, sustituyéndolo por San Mauro Castelverde, un religioso italiano que vivió en la Edad Media.
Aunque esto de andar cambiándoles nombres a las calles en una perniciosa costumbre, las autoridades deberían devolver el nombre original al tramo de cuatro cuadras entre Vte. López y Andrés Baranda; o, en caso contrario, ponerle Santiago Valerga al tramo de la avenida 12 de Octubre, entre las vías del ferrocarril hasta Andrés Baranda, en su defecto poner dicho nombre a la calle Corrientes.
En 1980, a través del diario “El Sol” se intentó reponer el nombre injustamente quitado si no a la misma calle a otra que atraviese La Colonia.
En 1992, su nieto - ya fallecido - Julio César Valerga, con varios vecinos realizaron tratativas ante la municipalidad y el HCD, con la última propuesta, sostenida por el antecedente que a la ex calle Córdoba la honraron con el de Pte. Juan D. Perón, también existe el proyecto de llamar Santiago Valerga a la calle Corrientes, “... nombre ampliamente reproducido y multiplicado a lo largo y ancho del país, además, esa arteria nace donde en la zona misma donde tuvo su escenario de actuación Valerga.” Así se reivindicará a quien hizo tanto por el bienestar material y espiritual de los habitantes de este barrio.
Este petitorio se reiteró en varias administraciones municipales posteriores, hasta 2009; sin éxito alguno.
Chalo Agnelli
Agrupación de Historiadores Los Quilmeros
Biblioteca Popular Pedro Goyena 

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