martes, 15 de febrero de 2011

CON SABOR A MALTA Y RÍO

Prof. Chalo Agnelli
Próximo el inicio del ciclo lectivo, recuerdo las semanas previas en que los maestros nos preparábamos para desarrollar la jornada anual de enseñanza-aprendizaje. Una de las cuestiones era la selección de un recurso didáctico-pedagógico, el libro de lecturas. Unos docentes continuaban con el mismo año tras año, otros lo cambiábamos con mayor frecuencia - en los últimso años teneindo en cuenta los costos - o lo armábamos con textos que se seleccionaban de variadas fuentes y autores. Uno de los objetivos de este instrumento era  que con el libro en el aula los alumnos pueden tener una visión un poco más abarcadora de la historia, la matemática, la biología, la física, la literatura. Hoy los medios audiovisulaes cubren en gran medida este aspecto. Pero, con los textos escolares se estimula la memoria, se aprende a resumir, a sintetizarlas, a esquematizar y además se fomenta el hábito de la lectura.
A pesar del desplazamiento del libro de lectura por otro material didáctico  específico, su relevancia está vigente. 

En diciembre del 2010 el ministerio de Educación de la Nación asociado con la Municipalidad de Quilmes editó un nuevo tipo de libro de lecturas elaborado por los mismos alumnos de escuelas primarias y secundarias del distrito, con sus trabajos literarios, poemas, cuentos, relatos que exteriorizan historias familiares, escolares y barriales y el mundo de sus fantasías. Las ilustaciones también fueron realizadas por los alumnos. Es una edición de calidad del proyecto Ex Libris: "en el que los chicos de cada establecimiento investigaron sobre la historia de su comunidad educativa, su escuela, su barrio y los ideales que encarna su escuela. Luego, buscaron imágenes que simbolicen esa indentidad propia y confeccionaron así un Ex Libris con el que signar sus producciones literarias". [1]

El libro de lecturas para niños también tuvo páginas en la historia de Quilmes

ANTECEDENTE - EL PRIMER LIBRO ARGENTINO PARA NIÑOS
 Uno de los primeros libros escolares para niños, en la historia de la educación argentina, fue obra de una de las personalidades más representativas y sólidas de la historia quilmeña. El Dr. José Antonio Wilde, fue el “Silabario Argentino”.
 El Silabario Argentino fue editado por suscripciones en 1845, por la imprenta de Buenaventura de Arzac. En la edición de Buenos Aires, desde 70 años atrás publicada por EUDEBA (1961) Ricardo M. Llanes dice que El Silabario aparece por primera vez en 1837. Quizá haya sido una edición artesanal de muy pocos ejemplares que se habrá empleado en las escuelas de sus hermanas y conocidos.
 Por esta primera edición recibió muchas cartas de congratulaciones, ente ellas del Gobierno de Tucumán que se suscribió por 200 ejemplares. El libro tiene 146 páginas. Comienza con el obligatorio epígrafe “Viva la Confederación Argentina, Mueran los Salvajes Unitarios” Y explica: “El silabario argentino para el uso de los niños, bajo un plan útil y agradable. Reuniendo a la enseñanza de las letras, religión y moral; en un estilo claro y fácil. Una introducción a varios ramos de educación. Adaptado por el Colegio Republicano Federal de Buenos Aires, El Colegio Argentino de San Martín y otras varias instituciones de educación pública. Por J.A.W. Imprenta de Arzac, 1845”
   En el periódico El Progreso del domingo 4 de setiembre de 1873, del que Wilde era fundador y director, empezó a salir un aviso promocionando su libro. Escuela que se abría en Quilmes, la proveía del material didáctico necesario y su Silabario era imprescindible.
 
En 1875 sale una reimpresión de la 8ª edición. Los sábados, durante los meses de febrero y marzo, por la tarde, el Dr. Wilde solía reunir a las maestras y maestros del pueblo y la campaña - a algunos los mandaba a buscar con su cabriolé - con el fin de capacitarlos en el uso de su libro de lectura. Concurrieron en distintos períodos, entre otros: Eusebio Rodríguez, Emiliano Reina (maestro en Quilmes desde 1864), Petronila y Demetria Rivero (esta última ejerció hasta edad muy avanzada), Clara y Manuela Echeverría (hijas de Petronila), Manuel Blanco, Dionisia y Andrea Benítez, Carmen [2] y Rita Faggiano.
Fueron numerosas las ediciones del “Silabario…”. En 1885 poco después de su muerte, ocurrida en enero de ese año, sale la novena edición.

CON SABOR A MALTA Y RÍO
Quilmes entre sus muchas particularidades que lo hacen un distrito fuertemente compenetrado con el acontecer social, cultural, económico y político, también en lo educativo tuvo notable significación para el sudbonaerense.

En 1989 un grupo de docentes quilmeños se agruparon para realizar un libro de lecturas para niños, específicamente, de 4º grado, pero que - comprobamos hoy - se puede adecuar para 5º y hasta 6º grados (9; 10 y 11 años de edad) , según el nivel y los conocimientos previos. 
Fueron coordinados por la profesora María Julieta Firpo de Núñez, por esos años, inspectora en Quilmes de la Dirección de Educación No oficial, D.E.N.O. (hoy DIPREGEP, La Dirección Provincial de Educación de Gestión Privada)
Los textos son de maestras del distrito: Marcela de Angelo, Stella Maris Dempsey, Patricia Méndez, Patricia Potere y Gloria Vega.
Las ilustraciones las confeccionaron los artistas: Héctor Acosta, Francisco Cannone y Pedro Costa que también tuvo a su cargo la diagramación del libro.
Las lecturas tenían una apoyatura histórica sobre el acontecer de Quilmes desde la llegada del pueblo originario que nos dio gentilicio y toponimia. Los personajes iniciales son Kilú “un indiecito de la tribu de los Kilmes” y su hermana Kilué. El trabajo historiográfico fue supervisado por el profesor y museólogo Francisco De Vicenzi, a la sazón, director del Museo Alte. Brown de Bernal.

Otras ilustraciones las aportaron artistas quilmeños de la talla de Carlos Morel,  Ludovico Pérez y Aldo Severi, con cuya obra “La Estación de Quilmes” se diagramó la tapa.
También condujeron el viaje por la historia local fotografías de las colecciones de don Alcibíades Rodríguez; excelente instrumento para focalizar la atención del alumno.
Fueron colaboradores que completaron el trabajo: Susana Cerdeira, Nancy Galli, Susana Parody, Susana Fontana y Graciela Camerano.

Todos “trabajaron más de un año sin ningún beneficio material, sino tan solo por el placer de dar”; escribió la profesora Firpo en la Introducción. Y agrega en la dedicatoria: “Creemos saber que como niño necesitas y debes conocer bien tu lugar, donde juegas, sueñas, lloras, creces, en fin… donde desarrollas gran parte de tu infancia, quizá toda la vida.”
El libro, con textos en prosa y verso, recorre todo el camino abierto en este  “trocito de patria”; hechos, espacios y personajes que conformaron esta localidad: nuestro escudo; leyendas; Santa Coloma; Bernal, la calle Rivadavia; el Club Quilmes: la vieja escuela Normal; el Náutico: el Museo del Transporte; la rambla… etc.


 Ilustración de Francisco Cannone
 Abajo, la antigua iglesia de Bernal por Héctor Acosta
 Abajo, dibujo de Pedro Costa
La estación de Quilmes, fotografía de Alcibíades Rodríguez (circa 1920)
“Con Sabor a Malta y Río” está acompañado por un libro de trabajo con diversas actividades.
Fue editado por MAGISTERIO DEL RÍO DE LA PLATA en febrero de 1989.-
Prof. Chalo Agnelli



[1]Perspectiva Sur” lunes 13 de diciembre de 2010. “Actualidad Local”.
[2] Carmen Faggiano de Báfico llegaría a ser una eminente educadora en Rosario, Santa Fe, hasta 1937.

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