viernes, 4 de marzo de 2011

NÉLIDA SANCHINI DE MONTÓRFANO – HOMENAJE - 4/3/2011

Era el año 1936; España llenaba las primeras planas; Buenos Aires recordaba los 400 años de la frustrada fundación de don Pedro de Mendoza; muere Lola Mora, pobre y olvidada; se reglamentan las características que debe tener la Bandera Nacional para uso en colegios y escuelas; el Gral. Justo sigue con sus planes autistas; se inaugura el obelisco y un año atrás había muerto Carlos Gardel.
Entre esos aconteceres, en Quilmes, en la escuela Nº 19, su directora Angélica E. de Costa y la señorita Ricagno, su maestra de 6º grado, despidieron a Nélida que con 11 años egresaba para orientar su vida a la docencia.
Efectivamente, 11 años tenía Nélida Sanchini cuando comenzó a viajar todos los días, incluso los sábados, desde su casa de la calle Matienzo en Quilmes a la Capital Federal para estudiar en el Liceo Nº 3 “José Manuel Estrada” de Barracas. Su madre, doña Aída Minello, la acompañó las primeras semanas y luego rumbeó sola con su abono de cuero y sus pocos años hacia el futuro.
La escuela distaba 15 cuadras de Constitución, en la calle Arcamendia, pero Nélida en lugar de tomar un colectivo, prefería caminar y ahorrarse las monedas para ir los domingos con amigas al cine Rivadavia.
Nélida Sanchini nació un 22 de abril de 1925 en la Capital, en el barrio de Chacarita. Era pequeña cuando, con sus padres y su único hermano Luís, se instaló en Quilmes en la calle Alvear 935, entre Brandsen y Matienzo.
A pesar que por esos años eran pocas las mujeres que seguían estudios secundarios y, las que los emprendían, optaban por el magisterio primario, un poco por dictados del común otro por el fácil acceso a una profesión, no fue esa la decisión de Nélida. Su padre, con ese impulso protector que brota naturalmente a los progenitores de buen cuño no consideraba que el magisterio era una carrera provechosa para su hija; los sueldo no eran prósperos y los nombramientos podían resultar en lugares impredecibles.
Este criterio paterno tuvo un sesgo premonitorio para el futuro de la joven, pues, lamentablemente, don Luís Sanchini, un italiano naturalizado que vino de muy joven al país, marino de la Armada Nacional y profesor en la Escuela de Náutica, murió muy joven, en febrero de 1949, tenía 48 años y no pudo acompañar a su hija en la extensión y la amplitud de su carrera.
Concluyó el bachillerato y después de algunas dudas entre arquitectura e ingeniería - más otros preconceptos de la época que no consideraban la ingeniería apropiada para una mujer - se anotó en el profesora de matemática. Tenía 16 años y a los 20 años egresó del Instituto Superior del Profesorado “Joaquín V. González”. La primera institución de sus características en el país, que tuvo su origen a partir del 16 de diciembre de 1904, en que Joaquín V. González, Ministro de Justicia e Instrucción Pública, refrendó el decreto de creación del “Seminario Pedagógico” para profesionales universitarios que deseaban obtener el título de profesor. Cuando se extendió la formación a cuatro años, se permitió el ingreso a los egresados del nivel medio, de modo que a mediados de la década del veinte, el Instituto ofrecía la mayor parte de las disciplinas que formaban parte de los planes de dicho nivel.
La formación de Nélida Sanchini fue meteórica y el mismo ritmo siguió su trayectoria en la docencia durante los 46 años de ejercicio.
Obtiene el título y al año siguiente, el 19 de agosto de 1946 da su primera clase en la Escuela Normal Nacional de Quilmes. Era directora la señora Ana Luther. Por cierto que la edad la aproximaba a sus alumnas al punto que, algunas de ellas como las renombradas profesoras Susana Gilanzoni de Culebra Mason, Elisa Anadón de Líppoll, fueron sus alumnas y luego sus colegas.
La designaron con 6 horas semanales de cátedra: dos, en 5º años de la Normal y cuatro, en 4º año del Colegio Nacional que tenía como rector al Dr. Orengo y funcionaba por la tarde en el mismo edificio que la Escuela Normal. En ese entonces se pagaban $ 40.- la hora/cátedra. Luego, al quedar en evidencia la calidad de su trabajo, su responsabilidad y la respuesta que tenía entre los alumnos y sus padres fue incrementando horas.
Interior del anexo del Normal en la calle Moreno, ex Colegio Aleman
Convocada por Juan Augusto Elesgaray, uno de los fundadores, ejerció en el turno vespertino del joven Comercial - creado el 15 de marzo de 1941 – que funcionaba en una casa frente a la plaza San Martín; donde desde 1943 era rector el Prof. Agustín Bottaro.
En el Nacional fue profesora durante 20 años, hasta 1966. Además tuvo horas en la Escuela de Enseñanza Media N° 3 “Francisco J. Salustio, y, en Don Bosco, en la actual escuela de E.M. Nº  8.
Cuando se creó el profesorado para la enseñanza primaria dictó cátedra de didáctica de la matemática en 1º y 2º años.
Indudablemente que tantas horas frente a alumnos, exponiendo, hablando incesantemente, en ese tono de voz que sin dejar de ser natural impone a todos los docentes el ámbito áulico, completo de alumnos más los ruidos exteriores naturales de una escuela, afectó sus cuerdas vocales y antes que perjudicar a los alumnos con intempestivas licencias, pensó en acceder a un cargo que le exigiera en menor medida el uso del habla.
En 1975 al retirarse el Prof. Emilio Guerra, asumió la vicedirección del establecimiento acompañando a la Sra. Ana Manzo de Torrico en la dirección. En 1982, jubilada la señora de Torrico asumió la dirección hasta 1991. Por esos años la exigencia era grande pues el cargo implicaba atender los tres niveles, más todos los requerimientos que impone el manejo de una institución educativa de tales  dimensiones: cooperadora, atención de padres, problemas edilicios, reuniones eventuales con los regentes, con la superioridad en el Ministerio, otras funciones programáticas con los docentes bajo su conducción, a más de cursos de perfeccionamiento, de actualización, que creyó imprescindibles para dar calidad a la gestión; y la infinidad de correcciones de pruebas y tareas de las horas cátedra que conservó.  Todo con la generosa y constante ayuda de su madre en las tareas del hogar, pues en formó un hogar con Héctor Mario Montorfano, que nacido en Italia en 1923 lo habían traído a la Argentina a los 6 años.
Nélida y Héctor en 1949, en el Círculo Universitario en un baile de disfraz, se casaron en y tuvieron dos hijas, Adriana y Rina que casada con Carlos María Romero le dio 6 nietos.
Laboral y afectivamente la escuela Normal fue su segunda casa; 46 años dedicados a la educación. Siempre fue una docente de esas que se imponían con su sola presencia y por la seguridad de sus conocimientos.
Nélida Sanchini era inflexible en su cometido de enseñar. Los alumnos perciben cuando un educador está suficientemente preparado para transmitir sus saberes, su materia; y también si, ese docente, tiene una concepción plena de cuál es su responsabilidad frente a un grupo de educandos. Y nace en ellos el respeto y la admiración, atributos que esta educadora quilmeña lleva consigo como lema de vida.

Nélida Sanchini de Montórfano, lleva sus activos años con elegancia y belleza; se la ve en todas las actividades artísticas y culturales que se realizan en el partido de Quilmes y todos los años cuando se anuncia su presencia en los cumpleaños del la ex Escuela Normal, se produce una espontánea y calida ovación de los ex alumnos presentes; el mejor tributo a una vida dedicada a la educación pública argentina.  

Entrevista prof. Chalo Agnelli 
En simultáneo con el periódico Perspectiva Sur

1 comentario:

Ex alumna dijo...

Gracias por traer a mi memoria tantos recuerdos de una docente que siempre fue modelo a seguir en la profesion docente que elegí . Querida Profesora la abrazo con todo el corazón !!! Susana Bon