domingo, 13 de noviembre de 2011

LUIS EDUARDO OTAMENDI - LA TRADICIÓN Y EL ARTE

Investigación, compilación y entrevistas Prof. Chalo Agnelli
Dedicado a Alicia Otamendi Etchevertz

El partido de Quilmes al borde Río de la Plata, posee una superficie de 94 km2, poblada por poco más de 600.000 habitantes… casi una provincia. Ya la división de pueblo y campaña no existe, sino un radio céntrico, las localidades y los barrios. Pero eso no define a esta población, como sí a tantas otras que hoy se apoyan en el Plata, lo que define a Quilmes es su gente, los que son y los que fueron.
Luis Eduardo Otamendi no nació en Quilmes, sino en Concepción del Uruguay el 12 de diciembre de 1905, pero proviene de una prolífica familia de gran arraigo local instalada en estas tierras a fines del silgo XVII. En cambio, sí nació en Quilmes su padre Luis Octavio (2/8/1874 – 29/7/1916) y su abuelo Augusto Felipe Otamendi y Pereyra (23/8/1832 – 26/7/1888)  fue juez de paz en el período. Su nombre transita la avenida que conduce a la Ribera.
Augusto F. Otamendi estaba casado con Dolores Nadal y Granada y tuvieron ocho hijos varones.
Los padres de don Luis, Luis Octavio y Ana Clementina Nadal eran primos. Muy común en esos años en que las familias eran muy numerosas; algunos de sus miembros se alejaban del lugar de origen y los viajes eran complicados como para visitarse con regularidad, pues no había acceso a tantos medios de locomoción como hoy en día; los primos llegaban a verse muy de vez en cuando; a veces a conocerse casualmente y esa persona con la que no habían compartido la niñez se transformaban en la pareja deseable para construir una vida juntos. Otras veces el matrimonio entre primos o tíos y sobrinas (como el caso del Dr. Wilde con Victoria) eran acuerdos para conservar bienes en el núcleo familiar. No fue este último el caso de Luis Octavio Otamendi Nadal y Ana Nadal. Tuvieron cinco hijos, Luis Eduardo fue el segundo. [1]
No nació en Quilmes pero su vida tuvo un sentido para la historia y la cultura quilmeña y fue el logro de su misión.
Su bisabuelo materno, José María Nadal y Murillo, [2] español, llegó a Buenos Aires en el bergantín “Emma” el 13 de noviembre de 1824. En 1820, había conocido en Gibraltar a Bernardino Rivadavia que en 1826 lo contrató como taquígrafo para el Congreso General Constituyente con una asignación de $ 1200 anuales; suma más que holgada para la fecha, de modo que años después adquirió tierras en Quilmes, que luego vendió a Félix Bernal. Tuvieron varios hijos, entre ellos al abuelo de Luis Eduardo Otamendi,  Eduardo Nadal, que concluida la gesta del general Urquiza en cuyas filas estaba alistado, se radica en Concepción del Uruguay hasta el año 1916.
Precisamente en Entre Ríos nació don Luis. En 1915 se radicó en Quilmes enraizando con facilidad considerando la fertilidad de este suelo, abonado eficazmente por varias generaciones de Otamendi. Hizo parte de la escuela primaria en Concepción de Uruguay y la culminó en el Colegio Nuestra Señora de la Guardia de Bernal. El secundario lo cursó, parte en el colegio San José y luego en el Colegio Santa Catalina, ambos de Buenos Aires. Luego estuvo pupilo en la Escuela Agrícola Salesiana de Uribelarrea. Siguió la carrera de agronomía que no culminó faltándole una materia, quizá inducido por la ocupación de su abuelo que tenía tierras en Lobería y chacras en Quilmes; pero indudablemente los gustos de Luís estaban orientados hacia el arte y la historia.
Ingresó en 1929, como auxiliar en el Banco Nación de Quilmes donde hizo una larga carrera. El 12 de octubre de 1931 se casó con Alicia Vicenta también de frondosa y tradicional familia quilmeña, [3] era hija del constructor y gerente del Banco Popular de Quilmes don Pedro Faustino Etchevertz y de Eduarda Amoedo Dupuy, hija del intendente Felipe Amoedo y sobrina del precursor de las artes plásticas argentinas Carlos Morel.
Alicia fue una notable pianistas recibida en el Instituto Willimas de Quilmes que participó, hasta el traslado con su marido a Entre Ríos, en numerosos conciertos junto a otros notables intérpretes locales como: Cayetano y Gustavo F. Rennes, Clara Fischli, Raquel Wetschky, Numa Rossotti, Mauricio Dumesnil y Leónidas Mastrostéfano.
Luis y Alicia tuvieron dos hijos Pedro Luis en 1932 (casado con Victoria Maes Astier) y Alicia Teresita  [4] en 1935.
En el año 1938 las autoridades del Banco lo enviaron a inaugurar la sucursal de la localidad Gral. San Martín en la provincia del Chaco, que en ese entonces se llamaba El Zapallar. Así comenzó el largo periplo laboral como funcionario de carrera de esa entidad bancaria. Durante todos estos años en Luis Otamendi fue creciendo la pasión por la historia argentina y específicamente por la quilmeña que había despertado en su niñez y lo acompañó hasta sus últimos días.
Estuvo en El Zapallar hasta 1942, en que lo trasladaron como tesorero a Urdinarrain, Entre Ríos; en 1947 pasó a Curuzú Cuatiá, durante tres años y después a Lobos desde donde vino como tesorero a Quilmes en 1950.  En 1955 fue designado sub-contador y luego contador hasta 1959 en que pasó como sub-gerente a Avellaneda para regresar en 1961 a ocupar la gerencia en Quilmas, donde se jubiló tras una andariega y productiva carrera.
En su paso por los bancos del interior no olvidó su afición por las artes plásticas, entre sus obras realizó una pintura de cuerpo entero del Dr. Don Manuel Belgrano de 1,30 x 2,40, aproximadamente, que hoy se halla en la "Sala de los Intendentes" (antes despacho del intendente) de la localidad de Curuzú Cuatiá, Corrientes, que obtuvimos gracias a la colaboración del Prof. Ricardo Jaime Schust, vecino de esa localidad.
PROBIDAD
Desde la responsabilidad de su cargo ejecutivo, don Luis, no dudó en poner su firma y su confianza para otorgar créditos del Banco Nación a vecinos quilmeños para que pudieran concretar grandes o pequeños emprendimientos; tanto a personas con fuertes capitales como a aquellos cuyos bajos ingresos no aseguraban el saldo final de la deuda. Nadie le falló. Don Luis creía en el honor como conducta y, sobre todo, tenía buen ojo para conocer la catadura moral de las personas. Resultados que ratificó ante una pregunta de su hija al respecto poco tiempo antes de morir; “Nunca ningún beneficiado apoyado por mí falto a su palabra”. Como ejemplo, la empresa familiar que inició el reconocido vecino de La Colonia don Pedro Copes, cuando abrió su taller de marcos que sostuvieron tantas y valiosas obras de grandes pintores locales y nacionales.
Acompañó la pasión por la historiar con el arte. En el Zapallar había realizado exposiciones de dibujos; lue­go en Urdinarrain y en Curuzú Cuatía fundó el pri­mer salón de Bellas Artes, que con el tiempo fue un salón internacional, pues varios años se invitó a exponer a artistas de Brasil y de Uruguay. En la plástica fue alumno de Pablo Molinari y José Martorell. Fue uno de los precursores quilmeños de la caricatura, que en nuestro país tuvo tanta repercusión y éxito en revistas como "Caras y Caretas"; en el año 1929, con  un grupo de plásticos locales realizan el primer salón de humoristas, que se repitió en los dos años siguientes, iniciativa que derivó en la sociedad artística "Isondú" junto con Gerónimo Narizzano y José Llense. [5] Esta agrupación se transformó en la Asociación Kilme, de artistas plásticos y posteriormente se convirtió en la Agrupación de Artistas Plásticos de Quilmes.
Su trazo humorístico, ligero, definía con exactitud, tanto los rasgos faciales más contundentes  como los de la personalidad de sus retratados.
Fueron para él un desafío las naturalezas muertas y los retratos al óleo en los que ponía mucho de su tiempo y todo su entusiasmo como el de Belgrano.
En 1934, fue cofundador del Instituto Nacional Sanmartiniano; como tal, acompañó al profesor Orlando Cella en la creación de la Asociación Cultural Sanmartiniana de Quilmas. Entre 1937 y 1939 participó de la fundación del “Museo de Quilmes de Antaño”, que luego  se convirtió en el Museo Almirante Brown (hoy en Bernal) los integrantes de la filial Quilmes de la Asociación Fernando Fader manifestaron la necesidad de crear una escuela oficial de Bellas Artes. A la cabeza de esta idea estaban el artista Gerónimo Narizzano, Luis Eduardo Otamendi, el Prof. Francisco Míguez, Juan Marty y los integrantes de la Agrupación Kilme. En 1942 el concejal Enrique Bicocchi se encargó de presentar ante el HCD el proyecto de ordenanza para la creación de la institución.
Juan Francisco Marty, uno de los amigos más próximos de don Luís, fue el escultor que realizó la estatua en metal que se halla en el monumento a Carlos Morel en el cementerio quilmeño de Ezpeleta y la cabeza de Bernardino Rivadavia que se colocó en la Escuela Nº 1 en su Centenario (1963), entre otras muchas obras.
Integró la Sub-comisión de Efemérides con motivo del tricentenario de Quilmes con el Prof. Carlos G. Maier, Lorenzo W. Tellería, Aníbal Vidal, el Prof. Ales y José Abel Goldar.
El 16 de agosto de 1973, fue co-fundador de la Sociedad de Escritores de la provincia de Buenos Aires – Filial Quilmes junto al Prof. Francisco Míguez, Luis Otamendi, Manuel Ales, Tomás Giráldez, Isaías Grosman, Alfredo Morales Gorleri, Julia Rosignol de Girón, Carmen Arjonilla de Arqueros, Lila Narváez Acuña, María Elisa Ezquerra, quien suscribe, y otros reconocidos intelectuales quilmeños.
Acompañó su saber teórico sobre la cultura del pueblo originario de los quilmes con investigaciones sobre los descubrimientos  que el profesor Ales realizó en la costa quilmeña del Río de la Plata, sobre un “paradero” con restos de cacharros de alfarería doméstica, lisos y con dibujos similares a los catalogados en el museo Inca Huasi”, que reconoció de los pueblos del noroeste argentino y así lo dejó atestiguado en su libro, “Historia de la Reducción, 1666 – 1812” , trabajo publicado a su vez, en la revista “Actualidad quilmeña” Año III – Nº 27, de agosto de 1667 (pp 15 a 39)
Como miembro de la Junta de Estudios Históricos de Quilmas ocupó el cargo de presidente al reestructurarse en 1978; del Instituto Sarmiento de Sociología e Historia; la Sociedad de Escritores de la Provincia (filial Quilmas); miembro correspondiente del Instituto de Ciencias Genealógicas. Colaboró con la obra de la Catedral  de Quilmes, mediante estudios sobe libros an­tiguos en malas condiciones de conservación de los que rescató sustanciales datos para realizar  muchos de sus trabajos fundamentales de la historia local.
En este templo hizo un trabajo descomunal transcribiendo, dato por dato, sondeando en la dificultosa grafía de los distintos párrocos y en el deterioro que el tiempo ocasionó a los libros de actas de bautismo, matrimonio y defunción de los años de la Reducción hasta los primeros años del pueblo libre del extenso partido de Quilmes; trabajo que le llevó muchas horas, días y años, fuera de la vida laboral y que restaba a la familia y a la distracción. Este libro mecanografiado va desde 1667 hasta, aproximadamente, 1830 y hoy está en el archivo de la Catedral de Quilmes. El Prof. Míguez, también hizo una copia mecanografiada de ese documento, pero en su grafía original.
 Sus conferencias perduraron en varias publicaciones como: “Dr. José Antonio Wilde – Homenaje, 1964; Una familia de arraigo en Quilmas”, 1965, ambas de la serie medallones biográficos de la Biblioteca Pública Municipal Domingo Faustino Sarmiento dirigida por Carlos Guillermo Maier, 1964; la ya mencionada, “Historia de la Reducción 1666-1812” de la serie de archivos y fuentes de información, 1968; Origen de Quilmes  - La Reducción de la exaltación de la Santa Cruz, 1978 y “Estanislao del Campo y el Fausto”, 1979; ambas también editadas por la Biblioteca Pública Municipal “Domingo Faustino Sarmiento”, dirigida por el Prof. Maier.
Fue colaborador de numerosas medios gráficos, como: “Unión industrial del partido de quilmas”, el boletín del instituto Argentino de Ciencias Genealógicas”; “Actualidad Quilmeña”, donde en el número aniversarios presentó un exhaustivo documento histórico; en todos los medios gráficos locales: del semanario “El Plata”, Visión Sur”, “La Lealtad; en  “El Sol”, en cuyos números extraordinarios escribió deliciosas misceláneas, como el del suplemento del cincuentenario de ese diario en 1977 que se tituló  “En la evocación, un pasado que no existe”; [6]. En “Enfoques” publicó, el 1º de octubre de 1969 “Heroínas en el olvido” y en varias entregas la “Historia de la fundación de Ezpeleta (8/1/69), el primer trabajo historiográfico de esta localidad.
Retrato de Alicia V. Etchevertz Amoedo relizado por su esposo don Luis Otamendi. Foto tomada por el autor de esta biografía en la casa de su hija Alicia T. Otamendi Etchevertz.
Fue un conferencista ameno y sagaz y un apasionado de la literatura llamada “gauchesca”, el 14 de noviembre de 1969 dio una conferencia sobre “Estanislao del Campo y Faustoen la Biblioteca Sarmiento, editado con prólogo del Prof. Maier en agosto de 1970, por la municipalidad como parte de la “Serie divulgación: artes, letras y ciencias”. Junto con el lingüista Francisco Scholz editó el Primer Diccionario Argentino de Esperanto.
Su biblioteca personal llegó a sumar 3000 volúmenes y formó una importante colección de medallas antiguas. Además de sus condiciones de historiador, tuvo algo que, para su familia, amigos, vecinos y conocidos, fue trascendental, sus valores como esposo, padre, abuelo y su espíritu fraterno.
Orgulloso de su familia, extremó sus afectos hacia todos y cada uno de sus miembros, su esposa, sus hijos y nietos: Claudio Eduardo y Luis Javier, que le ponían brillo en los ojos. Estas conductas y actitudes suyas supieron recibir respuestas incalculables.
Fue un espíritu sensible, devoto, curioso, hábil y por eso su dedicación al Arte, la Historia, la Investigación; su habilidad manual, todo y tanto que  pudo y supo compartir con familiares y amigos en las buenas y en las malas.
Alicia Etchevertz Amoedo murió en 1976, cuatro años después, aún pletóricos de proyectos y después de una fructífera vida, tanto para sí como para la comunidad que lo tiene como referente, Luis Eduardo Otamendi falleció el 25 de diciembre de 1980. Lamentablemente tras la muerte de su hija Alicia Otamendi el 22 de enero de 2014, que custodiaba el fabuloso tesoro histórico y artístico de don Luis, sus herederos, según sus derecho, pusieron a subasta pública dichos bienes y la historia y la tradición de Quilmes sufrió una irreparable pérdida.
CONCLUSIÓN
En ocasión que la historiadora Adela Fernández Alexander de Schorr publicara en la revista “Humanitas” Nº 28, de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Tucumán, la separata de 91 páginas, “El segundo levantamiento calchaquí”. Dijo Otamendi en el periódico Enfoques de octubre de 1968, “[…] es extraordinario que todos los que hemos escrito algo sobre la historia de Quilmes, no somos nativos, con la excepción de la regla, naturalmente, el profesor don Manuel Ales, los demás ni la señora Sors de Tricerri, ni el escribano López, ni el Dr. Craviotto, ni la señora Schorr ni el que esto escribe hemos nacido en este lugar”. 
Prof. Chalo Agnelli
Quilmes, 2010/2015
NOTAS

[1] María Elena O. de Ahumada, fue la mayor; seguían a don Luis: Octavio, casado con Alicia Lamoure; Ana Rosa O. de Taboada y Juan Carlos, casado con Zunilda Cañete.
[2] V. Cutolo T.V Pág. 11 Falleció en Buenos Aires en 1852
[3] Eran hermanos de Alicia V. Etchevertz Amoedo: María Rita E. de Rodríguez Rocha; Mercedes Felipa E., casada con Gaspar Vinent; Ester Felicitas E. de Acosta, Lía Raquel E.; María Teresa E. de Luengo, Martha Cristina E. casada con Nicolás Vinent y Celia E. de Luna Olmos.
[4] Profesora de francés, autora de “Sarmiento en sus escritos: sus inquietudes educacionales y progresistas a través de sus obras completas”, en conjunto a Palmira S. Bollo Cabrios, Hebe Mancedo de Seguí. Por el Instituto Sarmiento de Sociología e Historia, Filial Quilmes, 1990.- 59 pág.
[5] Nombre guaraní que identifica a un gusanito que en la cabeza tiene una luz fosforescente qué de noche le alumbra el camino.
[6] Pág. 44 a 46.

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