jueves, 8 de noviembre de 2012

LEOPOLDO RUSSO - BIOGRAFÍA DE UN SIGLO DE TEATRO + REPORTAJE INVOLUNTARIO

Los amigos del alma
La muerte es ese trayecto democrático que en forma fortuita nos hace a todos detener la marcha. La muerte de los seres queridos, cercanos, con quienes atravesamos la vida, también nos despoja de pedazos nuestros, porciones irrecuperables. Sólo la memoria y la consecuente misión de divulgar su existencia los devuelve.
El miércoles 7 de noviembre de 2012, a las 22:40 hs murió un grande del teatro quilmeño. Grande en dimensión artística, joven en espíritu y en dar amor, a quien la vida le jugó una mala pasada y este es el desenlace que, aún cuantos razonamientos hagamos y justificaciones místicas se nos crucen por la mente, nos parece injusto.
Esta entrevista fue hecha hace tres años, próxima la fecha d su cincuentenario en la Escena Teatral, y nunca se publicó porque él la creía incompleta. Le advertí que cuando cumpliera 70 la pondría en mi blog, esperé que la pudiera leer, cumplió los años el pasado 15 de octubre, pero aún no era el momento... ahora lo es como un

                    TRIBUTO UN GRANDE
 EL QUILMERO.- El teatro, el arte dramático, parece una aventura ajena a un proyecto de vida efectivo. Así nos educan ¿No? Hay que hacer cosas que reditúen. ¿Cómo empezarías tu autobiografía si tuvieras que determinar con certeza o aproximadamente las motivaciones que te llevaron a que ya tengas 50 años de teatro?
LEOPOLDO RUSSO.- Si se trata de escribir alguna autobiografía, me achico ante el desafío y desde ya temo olvidar fechas, nombres, pero recurro al afecto y trataré de incluir en esta pequeña historia, simple y pobre, a todos aquellos que vengan a mi memoria, que fueron los impulsores de este medio siglo de teatro, pisando escenarios, dibujando mentiras y pintando sueños.
Allá por 1892, un 6 de mayo, nació en Barracas al Sur (hoy Ciudad de Avellaneda) un tal Leopoldo Quirós.  Tal vez descendiente de algún Quirós proveniente de Asturias,  llegado con Don Juan de Garay.
No cabe duda que en sus genes portaban alguna veta artística, porque desde muy chico solía hacer cabriolas en los circos y con el tiempo se convirtió en guitarrero y payador.
Su paso por el circo de los Franco - José Pedro era el padre, de Eva y Herminia y tío de Nélida, todas actrices de distinta trayectoria - está documentado en alguna foto que hasta no hace mucho decoraba la entrada del Círculo Tradicionalista “Leales y Pampeanos” de esa ciudad. Fue en ese circo, entre otras cosas, donde guitarreaba y cantaba pasando por niño prodigio.
Creció - no mucho, porque nunca sobrepasó el metro cincuenta y cinco - y después de años de frecuentar los piringundines del Dock Sud, se llamó a sosiego cuando conoció a una joven moza. Él tenía 19 y ella 15. Una noche la sacó a rastras de su casa por una ventana y formaron una familia.
Ernestina, apenas una niña, pero de carácter fuerte, logró encarrilarlo, no sin algunas amenazas, y lo obligó a conseguir un empleo seguro. Leopoldo se conchabó en la Estación Bullrich, donde transcurrieron sus días hasta su muerte prematura.
Sin embargo, la vida se le desdoblaba a cada rato y de tanto en tanto recorría los suburbios del Doque, donde aprendió trucos para ganar a las cartas entre tahúres y aumentar el pan que ponía en al mesa del hogar.
Por las noches, mientras Ernestina lavaba y atendía una prole que aumentaba año a año, él ensayaba en su guitarra y marcaba el mazo de naipes, que usaría en la siguiente partida.
Las malas juntas, ni más ni menos que los alcahuetes de Barceló, el flaco Jansa, Ruggerito, no le restaron tiempo para seguir prodigando su vicio por las tablas. Cuando Carlos Gardel, cantó en el Teatro Roma, Leopoldo  fue - como se los llama hoy - de “telonero”. Su actuación mereció entusiastas aplausos del público y una felicitación del ese gran mito argentino.
Poco le costaba al abuelo, tras sus resacas, levantarse temprano para ir a darle entrada a los vagones de carga, que depositaban las semillas de girasol para una aceitera vecina, porque después de mudarse de conventillo a conventillo, llegaron a una casa que la Unión Ferroviaria les alquiló a pocas cuadras del trabajo en la calle Arenales al 500,
Las noches que se quedaba en su casa les enseñaba a sus hijas milongas y vidalitas, guitarreando y cantando todos en afables tertulias familiares.
Después de su muerte, cuando quien suscribe contaba cuatro años, desapareció de esa familia el arte, uno de sus motores.
Los años pasaron, apresurados en las buenas, lentos en las malas, una de las hijas, Emma Quirós - mi madre - se casó con Roberto Atilio Russo su primo hermano. Boda que dividió por muchos lustros a la parentela.
EL QUILMERO.- Bueno ya tenemos dos personajes ¿No? Ernestina Y Leopoldo parecieran ser los que abren una puerta que se continuará en una serie de escenarios por los que transcurrirá tu vida. Por supuesto que en ellos fue inconsciente e involuntario. Pero también pareciera que vos pudiste resumir sus vivencias en tu persona. Y… ¿Cómo siguieron las cosas para esa gente embretada en la supervivencia y la pasión de vivir?
LEOPOLDO RUSSO.- Con Roberto. Roberto era un simple obrero de frigorífico, hijo de Herminio y Melanie Badaraux, la otra abuela, que entre la prolijidad y asepsia de la lavandina crió su familia, mientras su esposo, como el otro, recorría los prostíbulos y los bajos fondos de “mas allá de Entre Vías”, barrio de chapas, de fulleros y de bodegones donde se escolaseaba hasta el amanecer, malgastando el dinero en partidas de Tute y Monte criollo.
Ella, la otra abuela, pelirroja y pulcra, con trenzas arrolladas a los lados de la cara como audífonos, inculcó a sus hijos el amor por la limpieza primero y por la música después, cantándoles canciones en francés.
Roberto era el mayor, pronto se independizó y se fue a vivir “al Centro”, frecuentando las radios y los teatros. Precisamente fue en Radio el Mundo donde, gracias a Cristóbal Ramos un amigo de la infancia primer bandoneonista en la orquesta de Francisco Canaro, que conoció las luces y las bambalinas de los salones tangueros, las delicias y las inclemencias de las noches porteñas.
Con su único traje brilloso de planchadas y su inefable moñito a lunares se hizo habitúe de los tantos Night Club de la época. Así y todo, jamás aprendió a bailar tango.
Fue, lo que hoy se llama, “plomo” de Canaro y acompañante de una niña cupletera llamada “La Rayito” o “Rayito de Sol”. Que deslumbro por poco tiempo a los oyentes de Radio Splendid.
Pronto se cansó de la noche. La madre se negó a recibirlo nuevamente, deprimida y sola en su casa, llorando  la muerte del hijo menor. Afortunadamente Roberto encontró cobijo en “la casa de todos”, la de su tía Ernestina, hermana de Herminio, su padre. Allí, entre tíos, primos, sobrinos, hermanos y hermanastros, se acostumbró a tener una familia y se dio cuenta que había otra vida a la luz del sol.
EL QUILMERO.- ¡Turbulento, Roberto! Pareciera que antes se vivía con mayor pasión que hoy. Será que el progreso, la tecnología, la electrónica, la cybernética y sus chiches nos hicieron la vida más fácil. Pero nos acometen otros conflictos. Me parece que estamos más asaltados por los avatares de la vida de relación. Y tu historia se va perfilando con este hombre y la mujer que amó.
LEOPOLDO RUSSO.- Seguramente la historia comenzó cuando su prima Emma, lo miró un día, un poco  más que algunas  otras veces y sus ojazos oscuros lo cautivaron hasta la locura.
La tía Ernestina, que manejaba los destinos de su marido, de sus hijos, de su casa y de todos los que allí vivían, se opuso enérgicamente a esa relación incestuosa.
Emma y Roberto decidieron huir y casarse.  Ella tenía 24 y él 28 años. Una noche la joven se escapó restregándose la sangre que le produjo una sartén que la madre le revoleo por la cabeza. Se refugiaron en la casa de otra tía, también llamada Emma.
La boda se concretó, con la maldición de la madre de Emma, un 22 de febrero de 1940 en un Registro Civil de Avellaneda, acompañados, a escondidas de su mujer, por el viejo pícaro y libertino Leopoldo Quirós.
Roberto trabajaba en el Frigorífico La Negra y Emma cuidaba de sus dos hijos, Leopoldo – quien relata - y Atilio Roberto, dos años menor.
Con la naturalidad con que el tiempo allana los caminos de la vida, la historia cobró un ritmo normal y rutinario. Sus vidas eran la de cualquier matrimonio de la época: el trabajo, la casa, las visitas, algunos paseos, un helado en la calle Mitre, un que otro picnic y algo que los unía por sobre todo, la pasión por el teatro y por el cine.
Efectivamente, el mayor disfrute de los fines de semana, era emperifollarse con las mejores galas, perfumarse y en tranvía rumbear, con sus dos hijos, para la calle Corrientes a los teatros donde se desplegaban los mejores estrenos y las obras de repertorios.
La cinematografía les exigía menos producción porque en los alrededores de Avellaneda había salas de cine que ofrecían las mismas películas que en la calle Lavalle. Y así como en la Avda. Corrientes veían a Luis Sandrini, Enrique Santos Discepolo, la Singerman, Luisa Vehil, Leonor Rinaldi, Lolita Torres, Emma Gramática, Melisa Zini, Arata, Magaña y algunos otros; en Avellaneda, a pocas cuadras, se abrían las puertas de: “Lo que el Viento se llevo”, “El halcón maltes”, “El tesoro de la Sierra Madre”, “Mujercitas”; y entre las argentinas: “La Pequeña Señora de Pérez”, “Dios se lo pague”, “Nacha Regules”, “Sala de Guardia”, “Deshonra”, “El Túnel”, “Los isleros”, “Las Aguas bajan Turbias” y muchísimas mas. También estaban los “Días de Damas” y los de “Caballeros”. Para las de cowboys y las bélicas estaba el cine General Roca, donde solo entraban los hombres; ingenuas censuras de la época.
Durante la semana, a partir de la seis de la tarde la radio nos llevaba al mundo de:  “Qué Pareja”, “Qué mundo de juguete”, “Los Pérez García”, “El Glostora Tango Club”, “Monsieur Canesú” protagonizado por Fidel Pinto, “El Ñato Desiderio” de Mario Fortuna”, “Mademoiselle Elisse” con Tita Merello; y las infaltables trasmisiones desde los teatros que conducía Julio Navarro en Radio Porteña.
EL QUILMERO.- Y todo esto a manera de prólogo ¿Verdad? Es extraordinario el inconmensurable recipiente que somos, que es cada ser humano. ¡Cuántos y cuánto, nos hace personas! La historia de la humanidad misma, con sus avances y retrocesos, sus maravillas y sus espantos; la historia del país en que nacimos; la que contaste de tus antepasados; y luego la educación formal y la informal… ¡Ah! Y como dijo Ortega y Gasset “las circunstancias”. “Uno y sus circunstancias”. Y a vos las circunstancias se volcaron todas hacia lo que te marcó en ese mundo. Pero siempre hay un elemento racional o irracional que fue la sustancia de una vida. 
LEOPOLDO RUSSO.- Sí. Debe haber comenzado allí mi historia. Lo demás fue moneda corriente: la escuela primaria, una mudanza a Quilmes, la secundaria en varios colegios, hasta descubrir un curso de Teatro en la Escuela Municipal de Bellas Artes, que a instancias de Eduardo Pardo, su director, conducía con total idoneidad la señora Gloria Mur de Mazzan.
Recuerdo algunos nombres de mis compañeros de primer y segundo año: María Teresa Fedeli, Adelmo Maggi, Marta Pérez Bisch, Stella Maris Paolino, Mario Iantorno, Néstor Arona, Azucena Scigolini,  y Rodolfo Cánepa.
Entre junio o julio de 1960 se produjo un intento de debut en el viejo Teatro Colón de la calle Hipólito Yrigoyen, con un festival de Teatro y Ballet, este último tenía como regisseur a la inefable Ofelia de Temperley. Fue “Los Ojos de Luto”, una obra breve de los hermanos Álvarez Quintero, la única representación que paso rápidamente al olvido.

Pero el auténtico despegue fue unos meses después, en diciembre, donde tras muchas idas y vueltas, Gloria Mur llevó a escena una obra de Eduardo Pappo, escrita especialmente para Mario y Ricardo Passano, “Buenos días mamá”.
Y sí, afirmo que fue el verdadero comienzo, no lo digo solo por mí, porque esa noche fue uno de los momentos más movilizadores para un aprendiz y para varios otros aprendices de actores, que luego siguieron creciendo en el teatro, en el cine y en la plástica.

La Celda - 16 de setiembre de 1967
Inauguracion de La Comedia Municipal de Quilmes
— Con Elvira Lamanna y Leopoldo Russo.
Entre el público, que lleno el inmenso salón del Sindicato de la Unión de Cerveceros, en al calle Olavarría y las vías del ferrocarril, estaban presentes, además de toda la parentela, Norberto Martín, y Antonio Dinoto, fundadores del Teatro Luz y Sombra y un colaborador del diario El Sol, quien fue un notorio historiador y precursor de todas las artes en Quilmes, José Abel Goldar.
¿A que Jugamos? de Carlos Gorostiza - 1972 — Con Dora Arias, Antonio Mari, Cacho Di Noto, Mirta Nigro y Leopoldo Russo
Nunca olvidaré el gesto generoso de Norberto Martín que había venido como espectador, interesado seguramente, en busca de nuevos talentos para su elenco, pero cuando se enteró que no teníamos ni siquiera un traspunte para seguir la letra, se ofreció y permaneció apretado entre bambalinas siguiendo el texto durante dos horas, por si ocurría algún olvido o traspié.
Romeo y Julieta 1971, con Leopoldo Russo y Mirta Nigro
Afortunadamente la obra de tres largos actos se desarrollo con normalidad. Don Martín no dejo su puesto en ningún momento y no despegó los ojos de ese libreto, que aun guardo, una edición de bolsillo de la Colección de Argentores. Después de la función respiró tranquilo y se negó rotundamente a salir a saludar junto con nosotros.  Nos dejo el lugar de lucimiento. Sólo un grande como él podía comportarse de esa manera.
A partir de este momento debo reseñar las etapas importantes que se sucedieron desde aquel 21 de diciembre de 1960, hasta hoy. ¡Un largo trayecto!
El primer grupo de alumnos se fue desmembrando paulatinamente. Quedamos unos pocos. Después de esa experiencia, María Teresa Fedeli integró el elenco “Luz y Sombra”, que preparaba el estreno de “Ha llegado un inspector” de John Boynton Priestley, para inaugurar su nueva sala de la calle Moreno 635.
Algunos formamos el elenco La Verdad con el pretencioso slogan: Vida, amor e inquietud. Tuvo corta duración y solo pudo estrenar El Gran Actor y Las manos de Eurdice” de Pedro Bloch. Lo integramos Juan Alberto Bordalejo, que pronto sería un reconocido artista plástico, Nicolás Sinkiewiz, Rosa Dambrosio, Scigolini, Paolino, yo y algunos otros.
EL QUILMERO.- ¡Cuántos nombres! Pero debe haber mucho más. Porque como te decía anteriormente hubo una historia local anterior como la que cuenta José Abel Goldar en su libro “Panorama de las artes quilmeñas”. Grupos, elencos, compañías, aficionados, y profesionales. Y después y entre ellos ustedes, vos…
LEOPOLDO RUSSO.- Sí, Mira lo que dice Goldar: “Cuando en el salón de la vieja Casa Municipal se alzó por primera vez un telón en la noche del sábado 31 de marzo de 1877, pocas podrían imaginar que allí comenzaba un camino que aun hoy recorren quilmeños aficionados al teatro. Tal vez estarían entre esos precursores: Manuel Casavalle, José Andrés López, Victorio Silva, Indalecio Sánchez y Antonio Barrera, a quienes al salir en aquella madrugada lluviosa de retorno para sus hogares las aplausos y gozosos comentarios les sonarían aun en los oídos como música celestial…”
Y fue así como esos muchachos iniciaron ese camino que jamás fue abandonado por los “teatristas quilmeñas”. En esa nebulosa en la que a veces se transforma la memoria, recordamos nombres de ese fin de siglo, y luego los de más acá, más cercanos en el tiempo: Juan Carlos Veroli, Armando Massei, Amigo-Canessa, Carlos Bassi Bruno, Dora Barrera Nicholson, Claudia Dessy y muchos, muchos más, todos ellos precursores de grupos importantes.
Sin desmerecer a  nadie pero haciendo honor a todos, hubo un grupo que se llamo primero “Tiempo y Espa­cio” y luego “Luz y Sombra” que con un puñado de nombres cruza la historia del teatro en la ciudad con el mejor de los repertorios y a construcción de tres salas teatrales independientes, la  última transformada luego en Elenco Oficial. A la cabeza de ellos y entre más de quinientos nombres durante el último medio siglo Norberto Martin y Antonio Dinotto.
Hoy hay otros nombres: Artempié, Doña Rosa, Polaridades, El Jinete Amarillo, Ur Bild, El Clan Guzmán etc. que al igual que ayer continúan poniendo el pecho a esta maravilla de contarnos historias noche a noche y convertirnos en niños cada función.
EL QUILMERO.- Ya sabemos de donde te viene la pasión por el teatro, aunque yo diría el espectáculo dramático, pero cómo resumirías a manera de anticipación de lo vivido tu historia.
 


LEOPOLDO RUSSO.- "Nací allá lejos y hace tiempo. Soy un poco más joven que María Castaña y un poco más viejo que mi mismo. Me crié en una calle cortada y sin vereda de enfrente, con patio lleno de malvones y enrejados cubiertos por Santa Ritas. Cuando salía a la vereda, no veía casas, solo potreros, el sol, girasoles y los terraplenes del ferrocarril
(El Roca allá lejos y la Estación Bullrich al alcance de mi mano) Y... Ufff..... las canchas de Racing e Independiente mirándose de reojo y con señas de puñales medios borgeanos.
Tengo el vago recuerdo de aquel abuelo payador y cirquero, tocando la guitarra debajo de un sauce con sus cinco hijos haciéndole coro de vidalitas y cantos sureros.
Y también a mi abuela y después a mi vieja, en el mismo piletón lavando nuestras roñas en la tabla de madera...
Después del 55 vino el espanto y el horror en el que crecí de golpe. Gocé y fui bandera en los 60. Como muchos en los 70, boludeé mirando hacia un costado. Festejé a don Raúl en el 83 y pude esclarecerme rápidamente... de que todo era una mentira. Una cruel mentira... Y superando etapas insuperables, donde las chimeneas se apagaron, yo también me fui con el humor a la remierda. Pero por suerte el hoy me sorprende en el asombro de despertar pensando una esperanza. Y a lo mejor recordando con nostalgia: a la colección amarilla de Robin Hood y a Tarzán, Rayo Rojo, Poncho Negro y los Pérez García poniéndole el moño a mis pequeños días...mientras me clavaba un Toddy como se dice ahora.
Y ya ven… llegué ya pasado hace rato el 2000, en el que venía el fin del mundo, haciendo un atadito del pasado, cargándomelo al hombro sin vergüenzas y tratando de gozarlo con amores, afectos y familia, que remiendan los agujeros que se me fueron haciendo en el camino. Es todo por hoy... mañana Dios Proveerá como decía mi abuela Ernesta..."
[1]

Entrevista y compilación Chalo Agnelli
marzo de 2009 - diciembre 2010

NOTA
[1] Del programa de la pieza “A propósito del tiempo” de Carlos Gorostiza que se presentó en Casa de Arte Doña Rosa el sábado 2 de junio de 2010

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Con mucha pena a través de estas notas me entero del deceso del SEÑOR LEOPOLDO RUSSO quien fue director de cultura de nuestra localidad. Durante su gestión supo fue muy atento con la Biblioteca Popular Pedro Goyena. Nos proporcionó libretos de obras de teatro que no teníamos por no editarse más. Ruego a DIOS para que mis oraciones lo acompañen y que su alma descanse en PAZ. Leonor Lezcano

Osvaldo Rudy dijo...

Jamàs olvidaré a mi primer maestro y querido Leo, cielo de ser humano y grande entre los grandes. Nunca olvidarè el primer personaje en Ardele de Anohuil. Yo hacìa de el jorobado, salìa a escena con una capa negra y capucha, no se me veìa ni la cara jaaaaa hasta me maquillaba. Con Marìa Teresa Fedeli, Carlos Muñoz. Hugo Molina. Eduardo Nedoc...La escenografìa de Favale y su hermana Marìa como vestuarista
Se estrenò en el Teatro de la Merced en la calle Sarmiento. La puesta tan bella de Leo en Muertos sin sepultura de J.P.Sartre.Tenìamos al final de teatro a la poli de la esquina tods las noches, en plena dictadura y semejante obra
Jamàs olvidaré mi personaje en El Organito"de E. y A.Discepolo Grandesss" mi personaje Payasito el
el lustrabotas. Que personaje bello que tanto he amado y muy reconocido por el público. Que tanto trabajo le he dado a Leo para lograrlo. Estenamos en la. Asociaciòn Italiana de Quilmes
Con Carlitos Calzeta Susana Herrero Raulito Herrero Mafre Marga. Que bella obra que jamàs olvidaré. Gracias querido Chalo por tan bello recuerdo
Y a ti Leo que te puedo decir; Grande Pa, te amo porque estas allì, leyendo lo que te escribo, porque siempre estaràs en mì. Escribo y siento tu presencia
Adios o hasta luego, JOJO"como me llamabas.