martes, 26 de febrero de 2013

ESCUELA Nº 1 - 150 AÑOS DE HISTORIA - PRIMERA NOTA - ANTECEDENTES


HISTORIA SOCIAL, EDILICIA E INSTITUCIONAL DE LA PRIMERA ESCUELA OFICIAL DEL PARTIDO DE QUILMES.

LA ESCUELA PRIMARIA Nº 1 “BERNARDINO RIVADAVIA”

1863 - 2013

 Prof. Ch.Agnelli
de "Maestros y Escuelas de Quilmes" Ed Jarmat, 2004

PERÍODO POSTERIOR A 1852

    La escuela en Quilmes fue la primera de la provincia reabierta oficialmente en 1853, ocho meses después de la batalla de Caseros que puso fin al gobierno de don Juan Manuel de Rosas. 
El 2 de diciembre de 1852 el jefe del Departamento de Escuelas, José Barros Pazos, contesta una nota de Andrés Baranda, del 23 de noviembre, autorizándolo, tal como lo pide, a ordenar la construcción de bancos, mesas y pizarrones, empleando fondo del impuesto de abasto; que consulte al preceptor Meals (preceptor en ejercicio ad honorem) sobre el sueldo que pretenda y alquiler de dos piezas de su casa; pone a disposición del juez 50 ejemplares del Arte de la Lectura, y lo exhorta a abrir la escuela a la brevedad.
Así, Félix Meals después de ejercer la docencia durante diez años sin sueldo, ve compensado su compromiso. Años en que además de su tarea y de su otro magisterio, el de la pastelería – que luego seguirían sus hijos -, realizó varias actividades públicas en el pueblo.
En 1852, fue nombrado por el Juez de Paz Andrés Baranda, integrante de la Comisión de Solares, encargada de la revisión de títulos y reclamaciones por los mismos (La agrimensura ya comenzaba a manifestar en Quilmes un estado de confusión tan grande que algunos problemas, que se iniciaron en esa época, los concluyeron los herederos o legatarios no hace muchos años atrás)
En agosto de 1853, el Jefe del Departamento de Escuelas comunicó al Juez de Paz, Baranda, “... para que recuperando el tiempo perdido por las circunstancias aciagas (alude a la revolución del General Lagos) de las que acaba de salir (la provincia), en el plazo de un mes dé cuenta de los trabajos de la Comisión Directiva de Escuelas del lugar o la integre; comunique si existe casa, maestro, útiles y suma del producto de la suscripción que se ha mandado recolectar”. 
Don Andrés Baranda informa que: “La Comisión Directiva de la Escuela, que debía instalarse en el pueblo, está formada, al día de su nota  (mediados de agosto de 1853) por dos miembros de la anterior y uno nuevo, a saber Dr. José Antonio Wilde, Tomás Flores y el párroco Ramos Otero. El maestro Meals está dispuesto a enseñar y por casa y honorarios pide $ 700 mensuales. Los fondos recaudados por derecho de abasto  por quien estuvo a cargo del juzgado (mayor Miralles) antes de los sucesos de diciembre (Revolución de Lagos) no fueron entregados al juez actual. No hay suscripción en el vecindario y es difícil hacerla por el triste estado en que ha quedado y porque los escasos que pueden son los que deben contribuir continuamente; no obstante la Comisión levantará una de inmediato".
A pesar de lo negativo de la situación para la instalación de una Escuela, el preceptor Meals comenzó a dar clases a adultos los días domingo,  después de la misa, contando con el apoyo del párroco que en ese ritual exhortaba al pueblo a fin de mandar niños a la escuela, imponiéndose como precursor de las escuelas de adultos en el distrito. Funcionaría en dos piezas de la casa ubicada en lo que es hoy la esquina NE de Hipólito Yrigoyen y Humberto 1° (según Manuel Ales) en lo que luego sería la fábrica de empanadas y pasteles de Cástor Meals.
 La iniciativa de Meals la continuarían luego: Martín Cristoforetti, con una escuela agrícola para adultos, Emiliano Reina y Enrique Traversi.
En noviembre el gobierno pide ayuda al vecindario a fin de pagar la mitad del sueldo del preceptor. Y en diciembre, al recibir una donación del gobierno, se le comunica que funcionan ambas escuelas, de varones y de niñas. 
La escuela de niñas comienza en 1853 a cargo de la señora Demetria Rivero de Echeverría, [1] dependía de la Sociedad de Beneficencia y estaba instalada en la calle Alvear entre Rivadavia y Alsina y Rivadavia en una propiedad de José Echeverría, orientada hacia la esquina sudeste de Alvear y Alsina. La Sociedad de Beneficencia, después del receso rosista la reinstaló el 16 de marzo de 1852.
Luego la escuela de varones pasó a la casa de Bernabé Giles (suegro de Andrés Baranda), en Sarmiento y Alsina, a cargo del preceptor interino Saturnino Echeverría.
El mobiliario obtenido por Andrés Baranda consistía en: “...10 bancos nuevos con asiento, 1 escritorio para el maestro, 10 pizarrones (pizarras) entre grandes y chicas, 12 punteros, un barril para agua, 1 armario, una tarima con barandas. Se había invertido en la adquisición de ese material la suma de $ 2.200.” [2] 
El 23 de junio de 1856, el gobierno comunicó a la municipalidad que había sido nombrado jefe del Departamento de Escuelas, Domingo Faustino Sarmiento.
En julio de 1857, para celebrar el aniversario de la independencia, tanto el Departamento de Escuelas como la Sociedad de Beneficencia envían premios para los mejores escolares. Eran maestros Félix Meals y Manuela Rivero de Echeverría; concurrían alrededor de 70 alumnos a cada escuela.
Manuela funda una familia de educadores, era hermana de Demetria y Petronila Rivero y estaba casada con Saturnino Echeverría, fueron padres de Manuela y Clara Echeverría Rivero.
El 9 de agosto de 1857, Sarmiento envió para la Escuela de varones el busto de Bernardino Rivadavia, con el fin de rendir homenaje a quien había decretado la creación del pueblo de Quilmes en 1812 y fundado su primera escuela. 

GUARDAPOLVOS BLANCOS
    En las fiestas patrias de mayo de 1858, por primera vez en Quilmes los alumnos de las dos escuelas de varones y de niñas, participaron de la conmemoración del 25 de Mayo, luciendo los delantales blancos ideados por Sarmiento en San Juan el 9 de julio de 1839 habían sido mandados a hacer por don Andrés Baranda con una tela tosca, basta, color natural que el preceptor Robustiano Pérez había adquirido en Buenos Aires a un comerciante inglés. Desde entonces en Quilmes maestros y alumnos llevaron dicha prenda que reducir las diferencias sociales. El guardapolvo, luego blanco, se generalizó obligatoriamente a partir de 1920. 
En 1958, estaban anotados en las únicas dos escuelas quilmeñas 42 varones y 76 niñas.
En octubre, a pedido del Dr. Wilde, fueron vacunados los escolares y población infantil de Quilmes (Preanunciando la creación de lo que luego fue la Dirección de Salubridad Escolar; paulatinamente desmantelada desde 1990  por los sucesivos gobiernos y ya prácticamente inexistente) [3] 
A principios de 1885, Sarmiento publicó su folleto “Plan combinado de educación común, selvicultura, e industria pastoril aplicable al Estado de Buenos Aires”; con el objetivo de: “... superar la etapa pastoril y combinarla con el incremento de la agricultura, la multiplicación de los bosques, el mejoramiento de las condiciones de vida de los trabajadores y el fomento de la inmigración. Y para ello convocó a los maestros para que: “… se convirtieran en agentes eficaces y eficientes del desarrollo de la campaña y como propulsores de forestación, industrialización, urbanismo, la más amplia difusión de las ciencias, de las artes y del libro en todos los estamentos sociales.” 

ABRIENDO LAS AULAS
 En 1858, Sarmiento ocupando el cargo de senador además de la Jefatura del Departamento de Escuelas propuso y obtuvo la sanción de una ley destinada a la construcción de edificios escolares. Se promulga el 6 de setiembre de 1858. En conocimiento de la misma un grupo de vecinos se apresuró a solicitar el 18 del mismo mes la construcción de un establecimiento educativo. Firmaron el pedido: el Dr. Wilde, Andrés Baranda, Tomás Flores, Elías Escobar, Pedro Costa, etc.
El 4 de mayo de 1860, el gobernador de Buenos Aires, Bartolomé Mitre, nombró Ministro de Gobierno a Sarmiento que solicitó retener el cargo de Director General de Escuelas. El nuevo ministro presentó a la firma el decreto por el cual se acordaban $80.000 para la construcción de la escuela de Quilmes. La que sería la Escuela N° 1.
Se indicaba como terreno apropiado el que ya estaba destinado a edificios públicos desde el gobierno de Las Heras en 1825 y que había cercado por la Municipalidad. El mismo tenía 53 varas de frente por 100 de fondo entre la Iglesia y la Casa Municipal frente a Plaza Principal. 

GRATUIDAD Y OBLIGATORIEDAD
En 1860 volvió a ocupar el cargo de Juez de Paz y Presidente Municipal Andrés Baranda, que, además de preocupación, demostró un  empecinamiento constante por la educación popular. Así fue como retomó el Reglamento del Gob. Oliden y el 1° de mayo la municipalidad de Quilmes se anticipó a la ley 1420, para lo cual dispuso costear la enseñanza hasta hacerla gratuita a los escolares carenciados, entregándoles papel, libros, útiles y ropa y al mismo tiempo declaró obligatoria la asistencia a la escuela de todos los niños y niñas en edad escolar en el partido (ver facsímil) Medida que este mismo año se había establecido en la provincia de Catamarca. 
Esta disposición antecedió 15 años a la ley provincial de 1875 que, entre otras cláusulas, ya contemplaba la obligatoriedad y gratuidad de la educación primaria, convirtiéndose  en un claro antecedente de la ley 1420. A la cual la ordenanza de Baranda también se adelantó 24 años, casi un cuarto de siglo. Esto demuestra que no es exacto el criterio de quienes afirman que la gratuidad, obligatoriedad y neutralidad de la escuela pública  se plasma por la influencia de las leyes francesas del 16 de junio de 1881 y del 28 de marzo de 1882, inspiradas por el político de izquierda republicana Jules Ferry (1832-1893) 
Estos postulados ya eran parte de nuestra tradición nacional si consideramos que tuvieron en Manuel Belgrano un inspirador, así lo expresó en los Escritos económicos: “Uno de los principales medios que se deben adoptar a este fin son las escuelas gratuitas adonde pudiesen los infelices mandar a sus hijos sin tener que pagar cosas alguna por su instrucción, allí se les podría dictar buenas máximas e inspirarles amor al trabajo, pues en un pueblo donde no reine éste, decae el comercio y toma su lugar la miseria; las artes que producen la abundancia, que las multiplica después en recompensa, perecen, y todo, en una palabra, desaparece cuando se abandona la industria porque se cree que no es de utilidad alguna.” 
Postura que retomará Sarmiento como un obseso y se plasmará en las conclusiones del Congreso Pedagógico de 1882 embebido de la prédica belgraniana y sarmientina a través del genio incomparable del Ministro de Educación Dr. Eduardo Wilde (sobrino del Dr. José Antonio Wilde), de Onésimo Leguizamón, presidente del Congreso y de Paul Groussac entre otros. [4] La firma de Eduardo, uno de los intelectuales más característicos de lo que se suele llamar la “Generación del 80, está al pie de la ley 1420 de Educación Común, junto a la del presidente Roca. 
Y no fueron demagógicas declaraciones, concretó su convencimiento cuando cobró los 40.000 pesos por sus triunfos militares en Tucumán y Salta y los destinó a crear cuatro escuelas primarias en Tarija, Jujuy, Tucumán y Santiago del Estero.
Pero volviendo a Quilmes, en esos días de 1860 don Andrés Baranda y Pedro Costa fueron nombrados por Domingo Faustino Sarmiento, comisario y síndico, respectivamente de las escuelas quilmeñas. Se colocaron varios letreros en lugares visibles donde se detallaba el articulado del Acuerdo Municipal.
Desde muy temprano en nuestra historia local se  manifestaron los postulados básicos de lo que debía ser la educación en una escuela popular, democrática, gratuita, obligatoria, laica, con rentas propias y autónomas en el presupuesto nacional, programas científicos y racionales de acuerdo a nuestra nacionalidad y a los intereses del pueblo vinculado directa y estrechamente al manejo de la misma.

NOTAS


[1] En la edición anterior decía Manuela Rivero de Echeverría, nacida en 1837, tomado de “Antiguos Maestros de Quilmes” del profesor Lombán, quien debe haber caído en la confusión pues son varias las mujeres de esta familia que fueron educadoras. Manuela Echeverría, hija de la anterior, ingresó a la docencia en 1883 con 27 años.
[3]La Escuela Nº 1 ‘Bernardino Rivadavia’ en la historia de Quilmes”. Trabajo escrito por Lila A. Giordano de Campelo, durante el centenario de esta institución por la Municipalidad de Quilmes. Pág. 6.
[3] Ver artículo del diario El Sol, del 29 de abril de 1955 de J. Craviotto y César Barrera Nicholson.
[4] Para ver la ingerencia que tuvieron los Wilde tanto José Antonio con su Silabario y su prédica, como Eduardo en la función pública ver “Dr. José Antonio Wilde” biografía, del autor de estas páginas; “Eduardo Wilde” de Florencio Escardó y la biografía novelada que está preparando la historiadora Maxine Hanon..