domingo, 19 de octubre de 2014

PRIMERA MALTERÍA ARGENTINA S.A. (COLABORACIÓN)



BREVE RESEÑA
                                                                                             Por Leandro Perconti

1.- LA PRIMERA GRAN EXPERIENCIA
Un barco de procedencia sueca ancló en el puerto de Buenos Aires en 1911. Tras la iniciativa de la Cervecería Argentina Quilmes S.A., se importarían al país las primeras 800 toneladas de semilla de cebada cervecera. El nuevo cereal para suelo argentino sería distribuido un poco al azar desde Río Negro hasta Salta. La producción nacional de mal­ta debía convertirse en una realidad en el menor tiempo posible.
Estas 800 toneladas serán las primeras semillas sembradas de las que derivaron luego las primeras cosechas volcando
productos heterogéneos, por calidad y rendimien­to. Cervecería Argentina Quilmes construiría las instalaciones necesarias para recibir el fruto de esas primeras experiencias. Los estudiantes recién egresados de las escuelas de agronomía existentes de aquel entonces, tenían la tarea de recorrer, arduamente, los cua­tro puntos cardinales del país. Chacra por chacra había que contagiar la fe y el entusias­mo en los colonos para sembrar el nuevo cultivo, y luego asesorarlos en la labor y las posibilidades que podría ofrecer el cereal. A pesar de muchas indiferencias por parte del agricultor a esto, y la preferencia en mantener los cultivos ya conocidos, las 800 toneladas fueron sembradas, y las primeras cosechas volcaron sus productos en las instalaciones de la Cervecería. Los tres primeros años, no obstante la diversidad de los resultados obtenidos, permitieron deslindar con relativa exactitud las mejores zonas de cultivo. Mientras tanto se seguía importando cebada del extranjero.

La 1° guerra mundial cerró los mercados europeos, hasta entonces el principal  proveedor de cebada de Cervecería Argentina Quilmes. Fue necesario así, recurrir a Esta­dos Unidos, país en el cual la semilla no era satisfactoria. Se sintió la escasez y apareció mas rotunda la necesidad de producir cebada cervecera en nuestro suelo. Importar ceba­da de Europa era imposible, y por ello se pensó entonces en Chile; 800 toneladas de semilla chilena cruzaron los Andes y se esparcieron gratuitamente entre los colonos que se interesaban por su cultivo. Año tras año se iban quemando etapas de rehuso y ganando la colaboración de los agricultores. Al desgano de las primeras siem­bras, sucedía ahora una expectativa auspiciosa. La labor técnica se afirmaba ante cada ex­periencia individual. Existía ya una selección ajustada de agricultores dentro de la provincia de Buenos Aires, fundamentalmente en el oeste, y también en el sur del país.
2.- FUNDACIÓN DE PRIMERA MALTERÍA ARGENTINA S.A.
Para el año 1918, la producción nacional de malta alcanzó casi las 1.500 toneladas. En tanto se continuaba realizando las siembra de cebada cervecera, era tiempo de contar con una planta industrializadora preparada especialmente para elaborar el cereal que ya afluía en cantidades crecientes. Fue así como Cervecería Argentina Quilmes con la conse­cuente previsión, se venía ocupando de organizar la primera fábrica que se dedicaría a elaborar malta argentina. A esos fines, transformó en maltería una destilería de alcohol existente y en desuso: la antigua destilería ''Franco-Argentina'', lindante a la estación ''Conchitas'' (F.C.S) hoy Guillermo E. Hudson, adaptando y ampliando sus edificios de acuerdo con las exigencias de la nueva industria y dotándolos de las maquinarias e insta­laciones necesarias.
Luego de los dos primeros años, en 1920, Cervecería Argentina Quilmes consti­tuía y fundaba una nueva entidad con carácter de Sociedad Anónima, a la que se le dió el nombre de ''Primera Maltería Argentina S.A.'' y que sería la heredera de la obra sostenida hasta entonces por su predecesora y se disponía a alcanzar los tramos definitivos del pro­ceso cultural e industrial de la cebada cervecera. Es a ella a quien debe el país y la indus­tria cervecera argentina el hecho plausible de la independencia de la producción de malta  de procedencia extranjera.         

(Vista general de Primera Maltería Argentina S.A.) Circa Año 1920.
Una de las primeras decisiones de la nueva sociedad fue importar cantidades considerables de semilla. En tres años, 1919-22, las importaciones alcanzaron a más de 4.000 toneladas. Todo estaba dispuesto para encauzar la larga experiencia y aprovechar el éxito definitivo. Sin embargo, esa enorme y confiada experiencia no logró los resulta­dos tan largamente acariciados. No se logró la aclimatación del tipo de semilla exportada: los granos no alcanzaron el tamaño normal y su calidad era deficiente para la elaboración de malta. Con mas de diez años de iniciada la tarea, el objetivo se tornaba nuevamente le­jano y esquivo. Cosecha tras cosecha malograda significaban el desaliento. Había que cambiar fundamentalmente los planes de manera eficaz y por sobre todo alcanzar una gran escala.
La intuición de uno de los directores y la enérgica decisión de todos permitió reencontrar el rumbo. Australia, por su posición geográfica, ofrecía mayor similitud de clima y de suelo con nuestro país que con aquellos europeos y se cultivaba cebada en buenas condiciones. Se afrontaría la nueva experiencia con semilla traída desde allí. Así llegaron a nuestro país, en 1925, 2.000 toneladas de semilla australiana por encomienda de la casa matriz en París, (Francia). El esfuerzo anterior no se había malogrado del todo; había algo que alentaba cualquier tentativa. Ese algo era la confianza que existía hacia los propulsores del cultivo de la nueva variedad del cereal. El contacto de la empresa con cada agricultor no había sido el fruto improvisado de una necesidad transitoria. Las 2.000 toneladas de semilla llegadas desde el otro extremo del mundo, y el producto de su mejoramiento y selección entre 1925 y 1941, orientó la implantación y llegó a ser final­mente la base principal de la producción de cebada cervecera.
2.1.- HACIA UN TIPO ESPECÍFICO DE CEBADA
Las 2.000 toneladas de semilla australiana constituían un conjunto heterogéneo de cebadas de distintas líneas (o familias). Era necesario entonces, orientar el dispositivo técnico de Primera Maltería Argentina hacia la consecución de un resultado de valor alta­mente científico: sobre la adaptación de aquella semilla previa selección genética, a fin de mejorar sus condiciones básicas en busca de un tipo específico, cuyos valores se mantu­vieran uniforme. La semilla importada de Australia fue sometida al sistema de selec­ciones en masa. Esta labor se realizó en algunas chacras por personal de Primera Maltería Argentina.
En el año 1927, se inició la selección individual a cargo de técnicos con la tenden­cia a crear lineas puras. Surgió así en Darregueira, el primer semillero bajo jaula. Se esco­gieron 1.200 espigas. De cada una de ellas se sembraron diez granos y cada diez granos formaron una hilera marcada con su número correspondiente. De las 200 líneas primiti­vas, (subtipo de la variedades) el criterio selectivo eliminó alrededor de 180. Finalmente, apenas si doce líneas permanecieron en pie y de su material se obtuvieron las variedades ''Darregueira 129'', ''Darregueira 131'' y ''Darregueira''. Pero la experiencia no satisfizo al criterio técnico que la dirigía y el campo experimental de Darregueira desapareció. Entre ese año y el siguiente, se solicitó nuevamente a la Central en Francia el envío de partidas pequeñas de cebada cervecera de las variedades mas conocidas en Europa. Se sembraron cebadas de pedigree europeas, para hacer ensayos de comparación con las australianas. Así se recibieron un total de 17 variedades precedentes de cuatro criaderos de distintos países (Inglaterra, Suecia, Alemania y Checoslovaquia)

Corría el año 1929. En los años siguientes, esa tarea resurgió con mayor impulso por medio de cinco semilleros grandes, instalados en las estaciones San Cayetano, Tres Arroyos, Villa Iris, Rivera y Berutti. En las estaciones de Tres Arroyos y Rivera se insta­laron las maquinarias necesarias: aspiradores, cilindros de clasificación, zarandas y trieurs (separadores de medios granos). También se incorporaron sistemas especiales de clasificación, basados en el principio de gravedad. Esos equipos que la empresa tuvo en Tres Arroyos y Rivera, fueron los más modernos y perfectos del país para la época y se había invertido en ellos más de medio millón de pesos de la moneda corriente (actual­mente unos u$d 6.000.000.-)

Primera Maltería Argentina S.A. decidió, para alcanzar el mayor grado de seguri­dad posible sobre las condiciones del producto que distribuía, curar toda la semilla. A los equipos limpiadores, agregó aparatos especiales a ese objeto con una capacidad 1.500  Kg/hora. 

(Otra vista general desde el lateral sur con los ramales del F.C.S) Circa Año 1936.

 3.- CEBADA CERVECERA ARGENTINA
Primera Maltería Argentina S.A. distribuyó, hasta 1941, esa semilla originaria de Australia, convenientemente mejorada por la selección. De la partida primitiva fueron eliminándose, en las sucesivas cosechas, las semillas deficientes. Hacia 1931, se poseía un rico material de estudio y experimentación. Australianas y europeas acusaban cualidades diversas y, en cierto modo, complementarias. ¿Por qué no intentar reunir esas cualidades en una  sola y misma variedad? Quedó así planteada la necesidad de acudir a la genética y al método de hibridación. Era la empresa científica de mayor jerarquía que se intentaba.
Debía encontrarse la variedad de cebada cervecera capaz de merecer, el nombre de Ar­gentina, al tiempo que resumiera en sí misma las cualidades de las que, hasta entonces, se habían caracterizado como las más adaptables a las condiciones de nuestro clima y nuestro suelo.
El genetista Ingeniero Agrónomo Enrique Klein tuvo a su cargo el cumplimiento de esta tarea. En 1917, Enrique Klein se hallaba trabajando en ''La Estanzuela'', campo ex­perimental del gobierno uruguayo, y sus trabajos fitotécnicos llamaron la atención de los directores de la Cervecería Argentina Quilmes, empeñados entonces en la obtención de un tipo de cebada cervecera que pudiera satisfacer las exigencias de su producto. No du­daron en contratar los servicios de ese hombre de ciencia para sumar sus esfuerzos en la búsqueda de una variedad de cebada que reuniera las condiciones ideales.
Diez años de un esfuerzo integral, severo, enjundioso, paciente y tenaz fueron necesarios antes de alcanzarse la etapa final. Recién al cabo de ese tiempo fue posible dotar a la agricultura argentina de variedades de cebada cervecera como la ''Heda", de tallo corto, madurez precoz, grano grande, cáscara fina, muy rendidora y resistentes a la se­quía. En 1941 comenzó a distribuirse semilla de esta variedad. Para 1946, el 90% del área total de cultivo de cebada cervecera estaba cubierta por las selecciones ''Heda''. Pero en­tre 1955 y 1960, se pone de relieve la susceptibilidad de esta variedad a las enfer­medadades criptogámicas, motivo por el cual sobrevino una restricción a su difusión, mermando así su área ocupada.
"Maltería 150" fue la nueva variedad que iría ocupando su lugar, así llamada en homenaje al sesquincentenario -aniversario número ciento cin­cuenta - de la Revolución de Mayo, al coincidir la fecha de esta conmemoración con la de la aprobación del nuevo híbrido. Algunos años mas tarde surgió con caracteres sobre­salientes en el aspecto industrial, la variedad Beka, de origen francés. Se trataba de una semilla noble pero exigente en términos de cultivación. Esta variedad logró en 1966 ser inscripta como "BEKA" en el Registro Oficial de Semillas Fiscalizadas, por especial pedi­do de la industria maltera; quien la consideraba como expresión máxima de calidad en cebadas cerveceras cultivadas en Argentina.
Otros productos híbridos se hallaban en experimentación con el fin de consolidar en los años siguientes los logros hasta ese momento obtenidos. El material disponible para los ensayos comparativos de rendimiento y calidad comprendió tres líneas "Heda" mejoradas en el INTA, denominadas: MAGNIF 128, MAGNIF 131 y MAGNIF 132; una variedad de origen europeo llamada UNION, entre otros híbrido.
4.- INFORMACIÓN LOCAL
Hacia 1918-1920, el mencionado pueblo de Conchitas, por aquél entonces pert perteneciente al partido de Quilmes, contaba con algunos pobladores y trabajadores veci­nos que habían sido parte en la destilería ''Franco-Argentina''. Registros de 1918 arrojan apenas a un puñado de operarios con fecha de ingreso a la empresa en 1917: Sívori, Gar­cía, Astorri, Monte, entre otros. También es necesario agregar a la mención apellidos como Daino, Míguez, Garciacelay, Parisi, Piñero, Gallego, Valerga, Greco, Sarti; que entre 1918 y 1920 […] fueron integrándose a la fábrica. Queda de este modo manifiesta la tradi­ción y trascendencia de estas familias en la zona.

Algunos puestos jornales para destacar de los inicios de la maltería: ''Quintero'', ''Chapero'', ''Montador'', ''Galponero'', ''Bueyero''. Peromuy válido es también destacar  los puestos como ''Cobrero'', ''Zinguero'', ''Herrero'' que no eran seguramente poca cosa para la época. Tal vez no todos los establecimientos fabriles de esa época podían atribuirse tales lujos en oficio y en materia de mano de obra especializada. Con el correr de los años, algunos nombres y puestos fueron cambiando y otros se han conservado.

(Parte del personal de sección Taller Mecánico y Sála de Máquinas.) Año 1939.

Por otra parte, la administración de Primera Maltería Argentina S.A. en sus inicios operó desde las oficinas de la Sede central de la empresa en Capital Federal, con domicilio en la calle Cangallo 667 (actual Pte. Juan Domingo Perón). Algunas secciones y nombres: Dirección Técnica (C. Lindner, H. Mulhdorfer); Oficina Técnica (H. Keller, C. Pfander); Administración (R. Lloveras, J. Montes de Oca, J. Casals)
5.- CONCLUSIÓN
Queda esbozado en el presente texto, un acercamiento a los comienzos y primeros años de desarrollo de esta fábrica productora de malta, cuyo protagonismo en el crecimiento de la nación pujante de aquellos días, no se puede evitar desconocer.

 por  Leandro Perconti
Presentado en la 13ª Jornada Fotográfica e Histórica en Quilmes - 
Prov. Bs. As.
sábado 23 de agosto 2014
Colegio de Abogados.
Compaginación Chalo Agnelli



LEANDRO PERCONTI comenzó con la búsqueda de información de Maltería Hudson en el año 2006, motivado por la microhistoria del lugar y la cercanía con su abuelo, que allí trabajó. Desde ese momento, llevó adelante una minuciosa tarea de reconstrucción histórica, recopilación de datos y archivos, fotografías, elementos específicos, historias de vida por medio de entrevistas a ex-trabajadores de todos los escalones de la producción. Actualmente se encuentra en la última etapa de desarrollo de un único material que pretende reunir y representar la importancia que tuvo esta fábrica para la zona, el país y también para Latinoamérica.


5 comentarios:

Anónimo dijo...

Interesante reseña, siempre quise saber acerca de la malteria, lamentable que se pierdan dichas instalaciones y no sean aprovechadas en beneficio de la población aledaña.
Gracias

Alejandra dijo...

Me encanto este trabajo de investigacion para mantener el recuerdo de ese hermoso lugar...da pena que esté sin uso...pero me encantó conocer toda su historia!!! Felicitaciones

Graciela A dijo...

yo viví en Hudson.....en el 62 ....

Anónimo dijo...

Conocí a tu abuelo. Mi tío, Primo Della Rina, también trabajó en Maltería. Ya jubilado, lo venían a buscar para arreglar la pequeña locomotora que sacaba el producto desde la fábrica.
Gracias Leandro por este aporte tan valioso.
Graciela Campanari

Anónimo dijo...

Hermosos recuerdos... 11 hs. Un grupo de ciclistas corría a sus casas desde la fábrica para almorzar . Luego regresaban y finalizaban la jornada laboral. Los chicos esperábamos que atardeciera y dentro del parque lindero con la fábrica jugábamos escondidas, manchas y búsquedas del tesoro. También escuchábamos la buena música de los Beatles desde el interior de una de las hermosas viviendas que compartían el espacio fabril. Mi papá trabajo allí en el laboratorio y luego fue jefe de balanza. Los camiones descansaban en el predio, detrás de mi casa que era uno de los chalet sobre la calle Bemberg. Casa Foa estuvo allí y fue una nueva oportunidad de visitar ese espacio tan cálido y productivo, escenario de mi infancia y adolescencia. Gracias.