sábado, 21 de septiembre de 2019

"PAGO NUESTRO" O "LOS CAMPITOS" O "ARROYO DEL PATO" O "ANDRÉS BARANDA"... MÁS ALLÁ DE LO “PINTORESCO” EN UNA QUERELLA LUGAREÑA - 1944

 

Prof. Chalo Agnelli

El F.C. Oeste de Buenos Aires llegó en el año 1857 y a la estación se la denominó “Floresta”. En 1888 cambió su nombre por el de “Vélez Sársfield”. La estación cabecera de este ferrocarril estaba en el lugar que hoy ocupa el Teatro Colón. En el barrio de Floresta nació la primera línea de colectivos que recorría las calles Rivadavia y Lacarra hasta Primera Junta.[1] Don Manuel Rosendo Pazos [2] fue el promotor de este servicio, tan característico de la Capital Federal.
Mientras el Superior Gobierno repone en plena Capital Federal a "Floresta” su viejo nombre y modifica el de otra estación a su correcta expresión "Dalmasio Vélez Sársfield”; mientras una naciente colonia del Chaco, sin más gloria su suelo que la fecundidad que promete, recibe el honor de recordar el autor de nuestra canción nacional, "Blas Parera"; mientras en esos casos se aplica en su elevado rigor el contenido histórico-cultural de las disposiciones que los orientan, en el de esta promisora villa de la línea La Plata-Avellaneda del F.C. Provincial, se asigna una trivial denominación envuelta en disputas vecinales, que suplanta así el toponímico investigado por el Archivo Histórico de la Provincia, uno de los más antiguos del país, pues fue el mismo Don Juan de Garay (1580) quién dividió estas tierras en las "suertes" primitivas.
PAGO NUESTRO
El lugar de referencia se inició por un loteo de fines de 1938, en la intersección del Camino a Mar del Plata y las vías del F. C. Provincial; Partido de Quilmes, y ha dado origen a una cuestión por su nombre que lleva a generalizar su sugerente caso.
Divididos los actuantes en dos grupos, por las cuestiones lugareñas de tantos pueblos chicos, proponían también nombres distintos: la Sociedad de Fomento de "Pago Nuestro" mantenía su designación, y una agrupación disidente le oponía "Los Campitos".
LOS CAMPITOS
Llegado el momento de inaugurarse la Parada ferroviaria, la parte que había intervenido en las gestiones más recientes obtuvo que se colocaran unos carteles con "Los Campitos". Claro que inmediatamente reaccionó su antagónica, pero, en vez de anteponer su nombre, consideró finalmente resolver el pleito como legalmente correspondía, y en tal demanda se dirigió al Señor Gober­nador de la Provincia. Y los prematuros carteles fueron retirados por orden superior.
ARROYO DEL PATO
Así las cosas, el Consejo de Obras Publicas Provincial pi­dió el informe técnico del Archivo Histórico de la Provincia, que dirigía el Dr. Ricardo Levene, el cual dictaminó "Arroyo del Pato", toponímico contemporáneo a la fundación definitiva de Buenos Aires (Expediente P/53/43-M.O.P.), cuando don Juan de Garay entregó a Antonio Higueras de Santana la suerte de estancia conocida como la Laguna del Pato. [3]
De tal manera, los dos nombres en pugna, Pago Nuestro y Los Campitos, a los que solo podían amparar razones sentimentales ya que carecen de todo fundamento regional, debían olvidarse por la más au­torizada tercería que puede sustituirlos.
BASES LEGALES
Es muy interesante conocer, a través de sendos consideran­dos, las terminantes bases legales que rigen la cuestión:
Decreto del Gobierno de la Nación, del 3 de septiembre de 1934: "Que en todo el territorio de la República se han producido y se siguen produciendo cambios de nombres con relación a lugares cuyas denominaciones las recibieron de los fundadores o descubridores, así como de sitios que fueron teatro de episodios históricos en ol­vido de las consagraciones de la leyenda o la tradición y dando lugar a infundadas sustituciones y a injustos olvidos".
Decretos Provinciales del 10 de agosto de 1934 y 21 de agosto de 1942: "Que es preciso, antes de que la acción de intereses pri­vados frente a la inercia, termine con respetables recuerdos del pa­sado y con sanas tradiciones nacionalistas, las que son necesarias como fuerzas morales que vinculan el espíritu del pasado con el por venir, tomar medidas que tiendan no sólo a la conservación de aquello que no debe perderse, sino a una menor justicia distributiva en materia de recuerdos y homenajes".
Ley N° 3487-Art. 5°: "El nombre de los centros de población los fijará a propuesta del interesado el Poder Ejecutivo, debiendo preferirse para ello el de la región geográfica o antecedentes históricos, naturales, geológicos y topográficos, algún hecho o antecedente memorable, etc.”
ARROYO DEL PATO
Pese a lo evidente, el 27 de enero de 1944, se decretó “Los Campitos” como denominación de la Parada Km. 28,595 del F.C Provincial de Buenos Aires. Tal decisión suplantaba el nombre original y aún recordado por viejos pobladores, anulando la contribución de un Instituto Ofi­cial solicitada por otro Organismo Provincial, el Consejo de Obras Públicas, que elevó al Poder Ejecutivo bonaerense una designación ges­tada como réplica de sector en campana de preponderancias, de la que comentaba el estudio del Archivo. Cualquiera que fuese la tradición del nombre “Los Campitos” acerca de lo cual nada se dice en estas actuaciones nunca superaría a la del toponímico que he aludido, “Arroyo del Pato” Y el Archivo Histórico no sabía, claro está, que lo que no se dice en las actuaciones es que tal designación era una de las banderas de los grupos querellantes, y que da la casualidad que un miembro de esos sectores tiene en el lugar una residencia llamada “El Campito”.
VULNERACIÓN DE PRESTIGIOS
Consagración de tal naturaleza, que dio razón a un bando no contra otro, sino contrariando mismo una Institución Oficial, trans­formó el caso en vulneración de prestigios institucionales y de reivindicación de las disposiciones que rigen la materia, previendo precisamente estas cuestiones. Para ello exclusivamente se constituyó esta Comisión, que solo guarda en su apelativo un homenaje para la Sociedad que declinó el proselitismo de su nombre para conciliarse en el que superaba toda pretensión.
AN­DRÉS BARANDA
Solicitada el 2 de febrero de 1944 la reconsideración del Decreto, se le ha dado curso por el Ministerio de Obras Públicas, en demanda de una resolución que repare la actual inversión de valores. En base a una consulta de la Sociedad de Pago Nuestro a la Junta de Estudios Históricos de Quilmes, esta aportó un extenso in­forme por el cual se comprueba que sobre las tierras que hoy litigan por nombrarse, un activo hombre público del pasado quilmeño, Don An­drés Baranda, actuó como ganadero y las trabajó con nuevos métodos en la zona, desde 1840 a su fallecimiento en el 1880.
Abocada la Municipalidad de Quilmes a una plausible campa­ña de recordación de los propulsores del Distrito, aceptó la idea de la Junta para proponer en la reconsideración, al par del toponímico y significando simplemente posibilidad de elección por distintos pero igualmente elevados criterios, el nombre de Andrés Baranda viejo poblador y brillante edil. La intervención Municipal tiene también la virtud de conciliar en uno solo el nombre del pueblo y su parada, evitándose una futura dualidad oficial designativa, motivo de confu­siones en los lugares que la tienen. (Expediente 48/Sdad/44-Municipalidad de Quilmes)
La Junta de Estudios Históricos ha comunicado esos antece­dentes a esta Comisión Tradicionalista, que le ha dado traslado a su gestión ante el Ministerio. (Expediente M/293/44-M.O.P.)
Ambas proposiciones originadas en Institutos de reconocida capacidad y por ende al margen de valoraciones interesadas, encuadran en las prescripciones legales y orientan la cuestión hacia el plano ético que le corresponde, proporcionando a las autoridades que deci­dan, elementos con la jerarquía de su delicada función.
Pero de este insólito caso pueden aprovecharse enseñanzas que impidan su repetición en cualquier lugar y en circunstancias aún más trascendentes. Por lo pronto es necesario recalcar el respeto que la Ley debe merecer en sus más aparentemente simples aplicaciones, y la secuela perturbadora, enconos, escándalo vecinal, suspicacia pública, etc., que legitiman estas arbitrariedades. Ampliar esas disposiciones para crear una conciencia de genuina tradición nacional, buscando en cada pedazo de suelo patrio que levante hogares argentinos un recuerdo de su ayer. Evitar así que la lógica comercial de un rematador, la petulancia de un señor de muchas tierras o la trivialidad de un grupo "week-endista", llamen solares que resuman historia con ocurrencias raras o "bonitas", pero vacías para antiguos pobladores o espíritus cultivados y respetuosos,
A los artificiales: "Los Ranchitos", "Las Tejas”, "Los Tron­cos”, "Los Aromos", "Los Eucaliptus" y toda la flora que olvidó, sin embargo, los "25 Ombúes" de Hudson; un "San Sebastián" en el Matan­zas, cualquier "Las Casitas” por allí, nuestro "Los Campitos" por aquí; las fechas políticas y consagraciones de sector con "Fulanos de Tal" por simples donaciones o cosas por el estilo, etc., etc., a todo eso, anteponer un recóndito toponímico o el homenaje al olvidado fundador o la figura patricia pospuesta. Y junto a los tableros de las estaciones, indicadores de lugares, etc., resumir sus antecedentes, expresar su símbolo; curiosidad para el "turista", revelación, (que lo será tantas veces) para el poblador. Cultura, en fin, sembrada por sus tierras, sus caminos, sus rieles, sus pueblos. Y donde un nombre encubriera inconfesables valoraciones personales o de camarilla, tendría la sanción de su desnudez significativa; pues ninguna falsa justificación, por declama­toria que sea, ha de prevalecer en comunidades dignas. Ese es el camino, que al modesto sentir de esta Comisión, debe conducirnos a la recuperación de valores telúricos y humanos que al rebrotar por nosotros, nos haga sentir la savia vivificante que se ilumina en las hojas más altas, pero nutridas por la honda y vieja raíz.
A tal empresa aportamos, por no atrevernos a decir inicia­mos, la dignificación epónima de nuestro pago. Lo que puedan hacer otros más capaces para su realización integral, será en bien del gran pago que es la Patria.
Firman: Francisco Alsina, presidente y José García Fernández, secretario.
Marzo de 1944
 ALGUNAS EXPRESIONES PERIODÍSTICAS SOBRE EL EXTRAÑO CRITERIO CON QUE SE DENOMINÓ LA PARADA KM. 28,593 DEL F. C. PROVINCIAL
“EL DÍA” (La Plata), en el resumen de su editorial “La Tradición Toponímica", del 2 de febrero de 1944, dice: "Dentro de su aparente intrascendencia, el pleito originado entre los vecinos de un nuevo centro de población constituido sobre la línea del F. C. Provincial, ofrece una saludable enseñanza. Una de las tendencias en que se dividía la opinión lugareña respecto a la denominación del paraje ha sido satisfecha por la resolución del Poder Ejecutivo. Pero en realidad no correspondía lo uno ni lo otro, sino estarse a lo indicando por el Archivo Histórico de la Provincia de acuerdo con los an­tecedentes toponímicos más antiguos de la zona. El gobierno debe rectificar su error, pues es norma ajustar la nomenclatura geográfica a elementos de la tradición.”
“LA NACION” (Buenos Aires), del 30 de marzo de 1944: “Una parte del vecindario propuso el nombre de Pago Nuestro, que era el de la Sociedad de Fomento, y la otra el de Los Campitos, obedeciendo este último a que hay allí una residencia que tiene la misma denomina­ción, en singular. Sin embargo, recientemente se dio un decre­to que dispone darle la denominación de Los Campitos, hecho que motivó un movimiento de opinión favorable a la tesis sustentada por el Archivo Histórico, en el sentido que los antecedentes son favorables a la adjudicación del nombre de Arroyo del Pato, a lo que se agrega que esta designación se ajusta al decreto del gobierno nacional del 3 de septiembre de 1934, que dispone que los lugares lleven nombres adecuados a la leyenda o la tradición.”
“LA RAZÓN” (Bs. As.), del 31 de enero de 1944: "...sobre las preferencias localistas debía prevalecer la norma legal, de acuerdo con el decreto del Poder Ejecutivo que establece que en la denominación de nuestros pueblos debe aplicarse la de la región geográfico o la que indiquen los antecedentes históricos, naturales y topográficos…”
“NOTICIAS GRÁFICAS” (Bs. As.), 30 de marzo de 1944: "...Al fundarse un pueblo cerca de Montaraz [4] en la intersección del camino a Mar del Plata se le llamó provisoriamente parada Km. 28,593. Una información obtenida del Archivo Histórico de la Provincia, recordó un viejo nombre del lugar, Arroyo del Pato, que data de 1580, nada menos. A pesar de ellos la designación oficial recientemente impuesta, dejo de lado ese nombre varias veces secular..."
“LA PRENSA” (Bs. As.), del 4 de abril de 1944: "...dicha entidad (Pago Nuestro) ha formulado aclaraciones en el sentido de que la dispo­sición ha sido adoptada contrariando lo solicitado por la misma, que consistía en dar a la citada parada el antiquísimo toponímico Arroyo del Pato, que se menciona desde la época de Juan de Garay y queden la consulta formulada al Archivo Histórico de la Provincia fue el que se aconsejó se adoptara…"
“EL ARGENTINO” (La Plata), en su nota “La denominación de los lugares”, del 30 de marzo de 1944: ..."El propósito que inspira a los recurrentes es legítimo e inobjetable. Hace ya largo tiempo que la anarquía en la denominación de los lugares suscitó el comentario desfavorable de la opinión pública, porque los nombres revisten un valor histórico y tradicional que no puede desconocerse. La arbi­trariedad en el uso de los mismos conduce evidentemente a desnaturalizar el acervo del pasado... La medida dispuesta con motivo de la disparidad de criterio producida entre los vecinos de la zona de la nueva parada del ferrocarril Provincial se aparta, sin embargo autorizado pronunciamiento del Archivo Histórico para in­clinarse hacia una de las opiniones en pugna, sin que la decisión aparezca fundada en razones convincentes. Convendrá, pues, ratificarla, atendiendo al petitorio formulado por el núcleo vecinal”.

ADENDA

Hoy en día esta zona que fue tan conflictiva, se la conoce en Berazategui por “El Pato”, o “Centro Agrícola El Pato”. Se encuentra sobre la Ruta Provincial  36 y el empalme de la Ruta 2. Limita: al norte con “Ing. Allan”, del partido de Florencio Varela; al sur con “El Peligro” y “Arturo Seguí”, partido de La Plata; al este con el Parque Pereyra; y al oeste con “La Capilla” también de F. Varela.   

Cuenta con uno de los nombres más antiguos de la Provincia, pues fue impuesto por los hombres de Juan de Garay, en 1580.

Aunque parezca mentira es una zona de sismicidad, pues la región responde a la “subfalla del río Paraná” y a la “subfalla del río de la Plata”. La primera expresión que se registra fue el 5 de junio de 1888 (132 años), a las 3.20 A.M. con una magnitud probable, de 5,0 en la escala de Richter. La última expresión se produjo el 30 de noviembre de 2018, a las 10:27 AM, con una magnitud de 3.8 en la escala de Richter. Según el último censo, hay 6.854 habitantes y 116 habitantes en el área rural. Wilkipedia

Compilación Prof. Chalo Agnelli
Documento del Archivo Prof. Juan Carlos Lombán
Como secretario de la Junta de Estudios Históricos 1ᵃ época
BIBLIOGRAFÍA

Archivo “Prof. Juan Carlos Lombán” en la Biblioteca Popular Pedro Goyena.

Archivo Cooperativa "Tres Límites Lda." (El Pato)
Greco, Juan. Historia de Berazategui. Editorial del autor, 1988.
Leyes, Prof. Raúl Alberto. Blog de la Asociación Orígenes de Berazategui del viernes, 16 de enero de 2015 “Parada ferroviaria Centro Agrícola El Pato”
Rodríguez Avellón, Eduardo. Crónica de mi pago. Asociación Orígenes Berazategui, 1997.
NOTAS

[1] http://elarcondelahistoria.com
http://comunasweb.com.ar
[3] Parada ferroviaria Centro Agrícola El Pato en el Blog de la Asociación Orígenes de Berazategui viernes, del 16 de enero de 2015, por el Prof. Raúl Alberto Leyes.
[4] La Municipalidad de La Plata, mediante la Ordenanza Nº 1111 impone a la calle 71 el nombre Ingeniero Juan Allan, en homenaje a quien fuera el primer maquinista en la historia de los Ferrocarriles Argentinos. Conductor de la locomotora "La Porteña" que en el año 1857 realizó el primer viaje ferroviario entre la estación del Parque (hoy Plaza Lavalle) y Floresta en la Ciudad de Buenos Aires. También condujo 14 años más tarde, en 1871, durante la epidemia de fiebre amarilla en la ciudad de Buenos Aires, el tren que trasladaba los ataúdes al primitivo cementerio de la Chacharita, y falleció víctima de la epidemia a la edad de 36 años.
Existía hasta hace algún tiempo, una placa de homenaje frente a la Estación Meridiano V, en la esquina de 71 y 17, pero fue retirada para su preservación, y según datos que pude recopilar, se encontraría guardada en el Museo Dardo Rocha.
Primer loteo realizado en El Pato el 13 de noviembre de 1938 (pintado en negro) se observa la inexistencia de la parada ferroviaria C.A. El Pato y el primer nombre de la estación Ing. Allan (Montaraz)


jueves, 19 de septiembre de 2019

CARLOS MOREL POR RAFAEL SQUIRRU


La obra de Morel es motivo de reflexión y de fe. En un medio que poco podía valorarlo, nuestro artista fundamentó su obra partiendo de lo nues­tro, para alcanzar esa proyección universal que es meta última del espíritu del hombre.
Aunque más conocido como Carlos Morel, nuestro primer pintor recibió el nombre de Juan Carlos en la pila bautismal al día siguiente de su nacimiento, que había tenido lugar el 8 de febrero de 1813. Hijo de padre gallego, José María Morel y Pérez, y de madre criolla, Doña Juliana Miró, Carlos Morel cursó estudios de dibujo con el suizo José Guth, egresando en 1830. Recibió enseñanzas de Pablo Caccianiga.
 Es poco lo que se sabe de Morel durante esos años de su mayor productividad que se extienden desde mediados de los años treinta hasta mediados de los cuarenta, en que verá la luz su carpeta de "Usos y Costumbres del Río de la Plata". Morel revela en su década de labor un temperamen­to y una madurez estética que resultan poco menos que imposibles de explicar con los magros recursos que tuvo a su alcance. La oportunidad de Morel para familiarizarse con obras de prestigio de la escuela europea, pudo ser la muestra de cuatrocientas obras que najo el francés Mauroner, en 1829, con el propósito de venderlas a orillas del Plata. Pensamos que no es exagerado calificar de extraordinario a un artista cuyas características estilísticas le colocan en una estética romántica, de inobjetable avanzada para la época en que fueron gestadas. Alejo González Garaño, nuestro primer crítico, que hace justicia plena a Morel, acierta en comparar el clima de sus batallas con los inconfundibles destellos del último período de Goya.
La labor fotográfica de Morel, que es la que más nos interesa en esta presentación, está dividida en dos series: la que aparece en 1841, y que se conoce como la "Serie Grande de Ibarra", y la que aparece en 1844, "Usos y Costumbres del Río de la Plata" que verá una nueva edición en 1845. Anotemos que la litografía fue inventada como método original de grabar por Aloys Senefelder en 1798. Su nombre proviene del hecho de que el artista dibuja con un lápiz graso sobre la piedra. De este resultado tratado química­mente se obtienen las sucesivas copias.
Importa en esta técnica que el artista explote al máximo esa calidad granulosa que le brinda el material pétreo. Sobre el particular tenemos hoy las precisas reflexiones de Odilon Redon, uno de los más grandes litógrafos de todas las épocas, dentro de una tradición que produjo entre otros al gran Daumier.
También Goya es autor de una litografía magistral de una corrida de toros. No es exagerado calificar a Carlos Morel de maestro litógrafo. La calidad casi aterciopelada de sus imágenes nos dicede un espíritu sensible que supo sacar máximo partido de la técnica litográfica. El sabor fresco y original de sus producciones envuelve a sus composiciones en un espíritu evocativo, característico de la sensibilidad romántica.
Morel es mucho más que un costumbrista. Trasciende el valor documental que además tienen sus grabados. El suyo es un testimonio creador y por ello sus trabajos mantienen ese vigor que caracteriza el arte verdadero, que sobrepasa las barreras del tiempo y nos permite comulgar en términos del aquí y ahora con el espíritu de su creador. Es motivo de legítimo orgullo para la cultura argentina tener a Morel como primera manifestación de lo que puede dar la imaginación pictórica creadora en estas playas alejadas de los grandes centros de florecimiento artístico.
Rafael Squirru
FUENTE
"Quilmes generando cultura" Año I N° 6 septiembre de 1994.
 Ver en EL QUILMERO del lunes, 14 de enero de 2019, Carlos Morel "Precursor del Arte Nacional"
BIBLIOGRAFÍA RELACIONADA

Buceta Basigalup, Juan Carlos. “Carlos Morel, un ilustrador del pasado argentino”. Diario El Sol. Quilmes, 1942.

Castellini, Lidia y Salvanescki, Julio Daniel. “Apuntes para una historia de la Morel”. Ed. Tiempo Sur. Quilmes, 2000.

Gutiérrez, Ricardo. “La litografía y el centenario de una obra de Morel”. La Prensa, 7 de octubre de 1945.

Lanuza, José Luis. “Carlos Morel”. La Prensa, 24 de mayo de 1959
Matienzo, Agustín. “Carlos Morel, Precursor del Arte Argentino” EMECE Buenos Aires 1959.
Matienzo, Agustín. “El pintor Carlos Morel a través de dos cartas esclarecedoras”. Nota publicada en el diario La Nación, 1962.

Otamendi, Araceli Isabel. "Apuntes sobre arte argentino: Carlos Morel". Segunda parte. Revista Archivos del Sur, viernes 17 de abril de 2009. http://revistaarchivodelsur.blogspot.com.ar



lunes, 16 de septiembre de 2019

HUDSON, ROSAS Y "LA GRIETA" EN EL SIGLO XIX (COLABORACIÓN)


El 18 de agosto, miembros de la Asociación de Amigos del Museo Hudson, del Rotary E. Club del Conurbano y la Agrupación de Scouts, recordaron al notable quilmeño en un nuevo aniversario de su fallecimiento.
Por Prof. María Rosa Mariani 
Frente a su busto en la Plaza del Bicentenario se depositaron ofrendas florales y se plantó un Tarumá, “el árbol” del Capítulo I de la centenaria autobiografía: “Allá Lejos y Hace Tiempo” para recuperar el legado de un adelantado a su tiempo. El que ya a fines del Siglo XIX alertaba sobre la acción devastadora del hombre sobre el mundo natural, convirtiéndose en el primer ambientalista y el que abrazó con fervor la defensa de los seres vivos, alertando sobre el riesgo de desaparición del gorrión en Londres por efecto de la polución. Una predicción cumplida para una ciudad que recuperó el canto del gorrión recién hace unos pocos años. Con un concepto apropiado para cada momento, su palabra cobra cada día mayor vigencia.

 En una fecha coincidente con el Día del Niño, se recuperaron sus recuerdos de la infancia en Chascomús, al comentar los dichos en los que el naturalista se convierte en el más acabado retratista de la “brecha” de su tiempo. Con pasajes ligeramente adaptados de Allá Lejos y Hace Tiempo, se evocó al notable quilmeño que desde los retratos de la sala, integra y concilia a los actores de una grieta con historia en nuestro país.
“Era una casa imponente, un verdadero palacio a los ojos del niño, con cientos y cientos de plantas, habitaciones tan cómodas. Tenía una gran sala, muy bien decorada, donde se perdían las risas de los chicos mientras corrían bajo la misteriosa mirada señora del cuadro, que con sus negros ojos parecía estar controlando cada uno de sus pasos. Una hermosa mujer, la esposa del jefe supremo del país, Rosas, Doña Encarnación, lucía en la pared que su papá había elegido para traer a los personajes más famosos de la República, a ese, su pequeño mundo.
Cerca de Doña Encarnación, colgaba el retrato del ministro de guerra, que no era en colores, ni tenía atractivo alguno en su rostro. Pero era un honor que un vecino tuviera semejante cargo. Tenía una estancia en Chascomús, al este de su casa.
Del lado opuesto, la imagen del capitán general Urquiza, provocaba nuestro rechazo. Había sido durante años la mano derecha de don Juan Manuel. Se decía que lo había apoyado en el norte, pasando a degüello a cientos de sus enemigos, pero estaba conspirando en su contra con la con la ayuda del ejército brasileño. A sus ojos de niño, un traidor.
Pero el gran lugar de la sala, el puesto de honor sobre la chimenea, lo ocupaba un retrato en colores del gran personaje, Rosas. Un hombre de rostro de rasgos regulares y fino perfil, con pelo tan claro, casi rubio, y ojos tan azules, que parecía un Inglés, rodeado de banderas, cañones y ramas de olivo. Daba miedo mirarlo. En casa decían que Rosas era el hombre más grande de la República, y que podía decidir sobre la vida y la propiedad de todos los ciudadanos. Que podía ser terrible con aquellos que desafiaban su autoridad, por eso sus enemigos (que los tenía y muchos), lo llamaban el “Tirano”, el “Dictador”, o el “Nerón de Sudamérica”. Aunque su padre le tenía un gran respeto, confiesa que posturas tan opuestas lo confundían, y que llegó a creer que todos los crímenes cometidos, toda la sangre derramada por Rosas durante casi un cuarto de siglo, no podía ser medida con la misma vara que los crímenes cometidos por un ciudadano común. Que todo era por el bien del país.
De adulto, y lejos del país, lo vio como el más grande de los alcanzaron el poder en un continente de jóvenes repúblicas sacudidas por constantes conflictos internos y revoluciones. Durante los más de veinte años que duró su poderío, don Juan Manuel demostró ser uno de caudillos y dictadores más sanguinarios, pero uno de los más originales que tuvo América. Con su caída y el fin de su dictadura, terminó el tiempo de paz y prosperidad en la provincia y comenzó para la República un largo período con revoluciones, sangre y anarquía”. 
Mg. María Rosa Mariani – E Club Conurbano