lunes, 3 de agosto de 2020

JUAN BERNARDINO LERTORA - SEMANARIO "LUZ"

El R. P. Dr. Juan Bernardino Lértora era originario de Sara (Sare en francés) una pequeña localidad rural que se sitúa en la región francesa de Aquitania, perteneciente al territorio histórico vasco de Lapurdi. La traducción del apellido euskera Lértora al castellano es, pinar.

En 1901, fue el tercer director de la Biblioteca del Senado de la Provincia de Buenos Aires; [1] capellán de la Escuela Naval; cura párroco en Banfield, donde acompañó al médico belga Polidoro Segres en la fundación de la Cruz Roja y el Círculo Médico.[2]

Cuando se estableció en Quilmes, donde vivía su hermana Esther Lértora de Planes, además de haber sido uno de los fundadores de la Junta de Estudios Históricos, perteneció a la Euskal Etchea, el Centro Vasco Quilmes, fundado en 1901, con sede en la esquina NE de 25 de Mayo y Brown.

A partir de la década del ‘30 creó el semanario “Luz”: “El periodismo sano y valiente honra a quienes los practican”,[3] era su slogan. Tenía su redacción en Alem 153, integrada por: Rodolfo A, López,[4] Julio Andrés Binda, Francisco J. D’Abate y administrador Julio A. Quaderni. Estaba ilustrado con xilografías de Gerónimo Narizzano.[5] Lo acompañaban las  siguientes firmas: Dr. M. A. Drake Durañona, Jorge G. Schierf, José Luis Binda, Antonio Barrera Nicholson, Juan Manuel Cotta,[6] Raúl Jamardo, Dr. Emilio Torre, Oscar Mezzadra Dallavia, Acdeel Ernesto Salas, Pedro Pablo Oliveri, [7] Guillermo Ithursarry (o Ythursarry) [8] y Marcelo Traversi,[9] entre otros.

Un medio comprometido con la realidad social, la cuestión obrera y estudiantil. Fustigaba el fraude electoral y la violencia política, bregaba para que lo partidos depusieran asuntos partidistas ante cuestiones de interés social. Promovía la exención de exámenes, la creación de nuevas divisiones en los colegios y escuelas, la ampliación del horario de la Biblioteca Municipal hasta las 24 horas, para que los trabajadores puedan acceder a ella, y la creación de las ‘bibliotecas de barrio’ o populares.

En el editorial del número especial del 9 de julio de 1939, entre otras cosas decía:  

[…] La mujer, el niño y todo sufrimiento, encontró en LUZ, espacio abierto a la exteriorización diaria y frecuente de sus necesidades, proyectando la creación de jardines de infantes y asistencia total e íntegra para la mujer que va a ser madre, hemos bregado y bregaremos porque los niños desamparados del Quilmes tengan un hogar modelo donde aprendan a ser hombres útiles, lejos de las asechanzas de la calle y de las malas compañías. En cuanto al movimiento obrero podemos decir que en los conflictos del capital y el trabajo hemos sabido mantenernos en una línea de absoluta equidad, dando en cada caso nuestra opinión sincera; la campaña que lleváramos a cabo contra los sistemas de trabajo de un nuevo establecimiento industrial del Partido tuvo pleno éxito; proyectamos la creación de una Agencia Municipal de Trabajo y también la creación de comedores para obreros. Recordar lo hecho no es detenerse en su contemplación, es simplemente, ver lo mucho que nos falta hacer. Es templar la mente y el músculo para un esfuerzo de CONTINUA SUPERACIÓN.

También se destacó como poeta. Vivía en una propiedad de la calle Pringles 993.

Investigación, compilación y notas Prof. Chalo Agnelli / 2019

NOTAS


[1] Kaufmann, José Luis (2001) “Dos nombres para una historia - Primer tomo 1898-1921" Ed. Arzobispado de La Plata. Esta obra traza la historia de los primeros cien años de vida del Boletín Eclesiástico Platense, publicación que, entre 1940 y 1957 se llamó "Revista Eclesiástica del Arzobispado de La Plata". Esta publicación fue el primer "Boletín Eclesiástico" del país, iniciada en 1898 por mandato del Obispo Espinosa. Este primer tomo abarca el pontificado de los Obispos Espinosa y Terrero. Incluye índice onomástico.

[2] Entraigas, Raúl Agustín; “Polidoro Segers, el primer médico de Tierra del Fuego”, en Museo del Fin del Mundo. Biblioteca Virtual, www.TierradelFuego.org.ar

[3] Copia en la Hemeroteca de la Biblioteca Popular Pedro Goyena de Quilmes.

[4] Ver en el Blog EL QUILMERO del viernes, 12 de diciembre de 2014Rodolfo Alberto López, una simiente”

[5] De Mena, Ana María (2000) “Nari, Nari” Ed. de autor. Berazategui.

[6] Ver en el Blog EL QUILMERO del lunes, 21 de enero de 2019 “Juan Manuel Cotta, Maestro - Su vida y su obra”

[7] Ver en el Blog EL QUILMERO del miércoles, 27 de julio de 2011” Intendente Pedro Pablo Oliveri - El nombre de tu calle”

[8] Ver en el Blog EL QUILMERO del viernes, 4 de diciembre de 2015 Guillermo Ithursarry - cuarta entrevista transmigratoria (1936/2015)”

[9] Constructor, escritor y músico; autor de “Estampas de antaño” (1949) Ed. “El Ateneo” diversas notas sobre lugares y personajes del viejo Quilmes.

sábado, 1 de agosto de 2020

PALABRAS PARA UN CENTENARIO - PRÓLOGO

Me piden un breve prólogo para el libro conmemorativo del Centenario del “Allá lejos y hace tiempo”. Después de todo lo que he leído y aprendido y enseñado y escrito sobre Guillermo Enrique Hudson y su obra, con la ventaja de haber tenido como imperecedero maestro en esta asignatura a Juan Carlos Lombán, uno de los más rigurosos exégetas de la figura inconmensurable de ‘mi vecino’, el primer escritor y naturalista quilmeño, me resulta muy difícil, casi imposible, no ser reiterativo, no extenderme más de los apropiado, no ser autorreferencial.

Tuve el privilegio de trabajar y prologar para la Editorial Buenos Aires Books el “Guillermo Enrique Hudson o el legado inmerecido” escrito por mi maestro y traído al nuevo siglo tras 42 años de su aparición; luego, recabar y poner en valor toda la documentación sobre Hudson que se encontraba en el archivo personal del Prof. Lombán, que se me legó, y entregarlo a la Biblioteca del Museo Histórico Regional Guillermo Enrique Hudson de Florencio Varela (2017)… con este fecundo trayecto, con las extremas limitaciones de mi capacidad y naturales reservas (y no es falsa modestia), me permito incluirme en la lista de los apasionados hudsonianos que mucho, mucho antes, fueron hipnotizados por la fecundidad de su literatura, de su pasión por la tierra donde nació, se crió, transcurrió la adolescencia y la primera juventud (momentos en que se imprime la personalidad)…

Entonces, sin modestia aparte (ahora sí), puedo sumarme a la nómina de los;  Fernando I. Pozzo, Celia Rodríguez Compmartin, Violeta Schinya, Alicia Jurado, Roberto Cunninghame Graham, Ian, G. Dysdale, José Gabriel López Buisán, José A. Craviotto, César Barrera Nicholson, Justo P. Sáenz, Jorge Casares, César Bustillo, Masao Tsuda, César Goñi, Guillermo Ara, Antonio Parodi, Marcos Victorica, Enrique Pedrotti, Aníbal Rubén Ravera, María Rosa Mariani, Roberto Tassano, Graciela Linari, Laura Fernández, Hugo Manning, Jorge Pickenhayn, Marisa Iriarte y muchos, muchos más que injustamente olvido.

Hace 62 años que llegó a mis manos el “Allá lejos y hace tiempo” de la editorial Peuser, de tapas duras; fue un 25 de febrero de 1956, regalo de una de mis hermanas por mi décimo cumpleaños (épocas aquellas en la que aún se les regalaban libros a los niños) En los límites de la niñez, para mí, era esa otra novela de un escritor inglés, que escribía sobre mi tierra, pero en sus páginas encontré, sin embargo, que era una historia argentina de un argentino que vencía su nostalgia transcribiendo, describiendo, narrando sus primeros años de vida en su tierra natal… y no era literatura de ficción, también contenía ciencias naturales, geografía,

historia, tradiciones de la tierra, vidas, costumbres, folklore…

Y todo lo escritor transcurría a pocos kilómetros de mi casa familiar en Quilmes y de un campo donde mis antepasados tuvieron un tambo, vecino a “Los veinticinco ombúes”.

Fue para mis jóvenes años, un descubrimiento que encumbró, esclareció y sustentó cuanto charlaban mis abuelos del Quilmes de antaño, la sinuosidad geográfica y la irregularidad de su clima, la riqueza de aves que el crecimiento urbano iba desarraigando, su gente, mujeres y hombres de la ‘campaña’, la imponente figura del gaucho que contradictoriamente desmerecían algunos personeros de la historia que leíamos en la escuela.

Y todo estaba reunido en ese libro, hoy centenario, “con una prosa fluida y sencilla, nada ampulosa y exagerada”.

Si bien la pampa se halla presente en todos los libros de Hudson, en este, la protagonista, es la porción que me circunda. Con él me contagié del amor a la naturaleza que reclamaba el Dr. Pozzo para todos los jóvenes en sus palabras liminares para la edición de 1938.

¡Pera era una traducción! ¡Hudson escribió sobre nuestra pampa en inglés! Claro, él vivía en Inglaterra… ¿Quién le hubiera publicado ese libro si lo hubiera escrito en castellano? ¿Quién lo hubiera leído? ¿Qué editorial se lo hubiera publicado en la Argentina en 1918? Él escribió en inglés lo que amó en castellano, afirmaba el profesor Lombán. Si bien la suya era sangre de inmigrantes, era argentino en todo lo esencial, ya que el ambiente influye más en la vida que el origen de los antepasados. "Era argentino y lo fue hasta el último día de su vida. Hasta en el físico conservó el tipo del gaucho; su hablar lento y su acento de la Pampa, siempre me hacían pensar que tenía ante mí un gau­cho de viejo cuño.” Así describía Robert B. Cunninghame Graham en carta al Dr. Pozzo de julio 1934, a Guillermo Enrique Hudson.

***

“No tuve nunca la intención de hacer una autobiografía. Desde que empecé a escribir, en mi madurez, he relatado de tiempo en tiempo algunos incidentes de la infancia, contenidos en varios capítulos de ‘El naturalista del Plata’, de ‘Pájaros y hombres’, de ‘Aventuras entre los pájaros’ y de otras obras, así como también en artículos de revistas. Tal material lo habría conservado si me hubiera propuesto a hacer un libro como este…”

Avanzo por una terrosa calle. Es invierno, principios de agosto, pero el sol es tibio. Llego a la tranquera entornada e ingreso en un corredor techado y sombreado de árboles a los que una brisa leve pone música, tonadas verdes. Los rayos del sol insisten en atravesar la fronda y piso la luz en el suelo húmedo del rocío persistente. Trinos, picoteos, azotar de alas se pronuncian entre las hojas. Llego al amplio espacio que alguna vez fue casco de “Los veinticinco ombúes” y allá iluminada por la naturaleza del día, blanca, la humilde casa donde nació el primer escritor quilmeño  Allá lejos y hace tiempo”.  También, se me va diseñando un hombre alto, sólido, de barba densa y abundante cabellera casi rizada, silencioso, pero atento a todo en su entorno, adusto, de agudos ojos pardos,  brillantes con cierta melancolía natural, de mirada persistente, un romero… romero siempre en busca de caminos nuevos.

Sensibles a todo viento
          y bajo todos los cielos

“La felicidad no la perdí jamás, pero debido a aquella facultad de que ya he hablado, tenía un efecto acumulativo en la mente y era de nuevo mía. Así fue que en mis perores días, en Londres, cuando estaba obligado a vivir alejado de la naturaleza por largos períodos, enfermo, pobre y sin amigos, yo podía siempre sentir que era infinitamente mejor ‘ser, que no ser’.”

Para la Editorial Buenos Aires Books

Prof. Chalo Agnelli presidente de la Asociación Historiadores 'Los Quilmeros' - vicepresidente de la Biblioteca Popular 'Pedro Goyena' - Director del Museo Bibliográfico Documental Bibliotecario 'Carlos Córdoba' - Director del Blog 'EL QUILMERO' - asesor emérito de la Junta de Estudios Históricos de Quilmes

miércoles, 29 de julio de 2020

ALDO SEVERI TRABAJANDO EN SU CASA DE QUILMES - 1968


 

En su casona de Quilmes el artista Aldo Severi recoge y aplica una
expresión particularísima creada allá por el año 1798 en Munich por Alois
Senefelder, litografía sobre piel. Su labor creativa plasmada en obras que han
merecido elogiosos juicios y que enriquecen importantes colecciones respeta un
procedimiento químico especial que consiste en obtener de la plancha burigada
en piedras de Solnhofre, Alemania por medio de una prensa especial tiras de
estampas que se consideran originales. El valor de estas realizaciones se eleva
con el criterio conceptual muy propio de Aldo Severi, quien encara una senda
artística raramente transitada en nuestro medio, es una evidencia de fuerte
personalidad y de amor al trabajo por el arte mismo. Fecha: 1968 - Duración: 1
minuto 3 segundos - Código del film: D-01897