lunes, 28 de septiembre de 2020

“QUILMES COLONIAL” DE GUILLERMINA SORS – PRÓLOGO

En 1937, el Archivo Histórico de la provincia de Buenos Aires “Dr. Ricardo Levene” publicó “Quilmes Colonial” investigación de la profesora Guillermina Sors.[1] Un sólido, exacto, minucioso trabajo de investigación que tras el más acotado, costumbrista, de don José Andrés López,[2] “Quilmes de antaño”,[3] dio sentido y orientación a la historia de Quilmes y la Región. Publico aquí el prólogo de ese documento que es entrada a dicha obra, que pareciera reducida, pero, para los estudiosos, cobra un carácter monumental. Debería ser material bibliográfico de todas las carreras de los estudios sociales y humanísticos de universidades e institutos del profesorado, así como en las escuelas secundarias.Chalo Agnelli

Así como en 2016, después de poco más de 20 años de frustradas intentonas, logré que se publique por segunda vez el “Quilmes de antaño”, con los acompañamientos de algunos historiadores, de descendientes de su autor, de la Editorial Buenos Aires Books y de funcionarios municipales, continúo con el objetivo tenaz de reeditar el “Quilmes Colonial”. CHALO AGNELLI

“QUILMES COLONIAL”

NOTA PRELIMINAR

No obstante haberse intensificado en estos últimos años los es­tudios sobre historia de los pueblos de la provincia de Buenos Aires, debe admitirse que tales estudios están aún en los comienzos. En cambio, ha de reconocerse que se ha logrado encauzar debidamente las investigaciones respectivas y difundir una serie de trabajos de apreciable valor, referentes al pasado de algunos de esos pueblos.

Tal es la obra de varias instituciones que procuran orientar dichas investigaciones de acuerdo a los conceptos de la historiografía moder­na, y que tratan de fomentarlas, teniendo en cuenta la amplitud de la tarea que exigen, la que no es breve ni simple, sino que requiere la suma y coordinación de muchos y sostenidos esfuerzos.

El Director honorario del Archivo Histórico de la provincia de Buenos Aires, doctor Ricardo Levene, desde la inauguración de este instituto en el año 1926, viene realizando y dirigiendo estos estudios mediante gestiones y resoluciones diversas. En tal sentido, su acción comprende la edición de la serie de publicaciones en que aparece la presente, la organización de ficheros documentales, cartográficos, bi­bliográficos y de información periodística, acerca de la historia de los pueblos de la Provincia, y las gestiones que obtuvieron la realización, en el año pasado, de un concurso de monografías sobre dicha historia.

Parte de la obra realizada en beneficio de la historia de nuestros pueblos corresponde al Centro de Estudios Históricos Argentinos de la Universidad Nacional de La Plata, fundado por el doctor Levene y presidido actualmente por el profesor Carlos Heras, institución que desde su creación, en el año 1932, presta particular atención al asunto.

Con anterioridad a esta iniciativa, los estudios sobre la historia de los pueblos de la Provincia estaban completamente descuidados, y sólo ello puede explicar que al iniciar nuestras investigaciones sobre Quilmes colonial, en el año 1934, nos encontráramos con un tema casi inexplorado. No se concibe de otro modo que aun no hubiera sido estudiado un asunto que ofrece todos los alicientes, desde que la vecina ciudad es hoy una de las más importantes de la Provincia, y tuvo una larga existencia colonial de un siglo y medio con muy interesantes y singulares características, ya que constituyó en ese lapso una re­ducción indígena o pueblo de indios, la antigua Reducción de Santa Cruz de los Quilmes.

En este sentido, Quilmes comparte con Baradero una especial significación histórica, pues son los dos únicos pueblos provinciales originados en reducciones de indios, y los únicos ejemplos que permiten estudiar detenidamente como se practicó la reducción indígena en el territorio de la actual provincia de Buenos Aires, donde los pue­blos de naturales, salvo estas dos excepciones, vivieron una existencia efímera, desapareciendo a los pocos años de fundados, dejando es­casos rastros en una documentación que en gran parte ha desaparecía por pertenecer a los orígenes de la colonización.

Hemos dicho que al iniciar nuestras investigaciones, el asunto elegido se nos ofreció casi totalmente inexplorado, y agregaremos que ello es exacto a pesar de que nos encontramos con un libro de regular volumen sobre la historia de Quilmes. Nos referimos a la obra de José Andrés López, editada no hace muchos años bajo el título “Quilmes de antaño”, en la que su autor, preocupado sobre todo en escribir páginas de amena lectura que destinaba a sus convecinos, no pretendió darnos la historia completa de Quilmes sino reunir memorias que había publicado precedentemente, agregándoles algunas generalidades so­bre las épocas que no había vivido, generalidades que recogió de es­casos documentos ya éditos o conocidos y de otros autores que habían tocado el tema incidentalmente y en algunos casos con error.

Este libro despierta inmediata simpatía porque ha sido escrito con afecto al lugar donde el autor se hallaba estrechamente vinculado, y tiene valor como evocación del pueblo de Quilmes que López conoció, y sobre todo de su ambiente social, pero ha dejado todo por hacer en lo que se refiere a la historia colonial de la localidad.

Antes y después de la edición de esta obra se consignaron breves datos sobre la fundación del pueblo y algún hecho aislado de su pasado en otras publicaciones de diversa amplitud y carácter que no se referían precisamente a la historia de Quilmes, lo que en parte explica el error y vaguedad de estas referencias sobre cuestiones tra­tadas incidentalmente.

Todo esto fue lo que habíamos hecho al iniciar nuestra tarea, cuyos primeros resultados los expusimos en una lectura que efectua­mos el 19 de octubre de 1934 en un acto organizado por el mencionado Centro de Estudios Históricos, en cuya oportunidad nos referimos a los tres asuntos estudiados en los capítulos de la monografía que he publicamos.

A partir de entonces, proseguimos nuestras investigaciones con el fin de completar la información reunida, la cual, en lo que respecta a la fundación de la Reducción, es decir al primero de esos tres asuntos, fue repetida y documentada en un informe con que el Archivo His­tórico de la Provincia contestó una consulta formulada por el Con­cejo Deliberante de Quilmes. Tal consulta fue hecha a la Junta de Historia y Numismática Americana en una nota en la que se le so­licitaba indicase la fecha de fundación de la reducción, y fue pasada al Archivo Histórico por el Presidente de la misma, doctor Ricardo Levene, a fin de que esta institución expidiese el informe respectivo, el cual fue elevado el 30 de septiembre de 1935 a dicho Concejo De­liberante.

Este informe nos fue encomendado en atención a los estudios que habíamos realizado, y sus principales conclusiones se publicaron oportunamente en periódicos de la Capital Federal y de La Plata. Repetimos en el mismo, lo afirmado en la lectura mencionada, o sea que la fundación se efectuó durante el año 1666, según se des­prende de documentos cuya copia adjuntamos a su texto, los que son los mismos que figuran en el Apéndice Documental de esta mono­grafía bajo los números 2, 3, 4, 5, 6 y 7. Como se verá con detalle en el capítulo 1°, esta fecha difiere de las muchas que se habían consignado hasta el momento, todas presuntivas.

La continuación de nuestros estudios desde 1934 hasta el mo­mento no nos permite aún reconstruir la historia completa de la Re­ducción de Santa Cruz de los Quilmes, fin de nuestras investigaciones y primer objetivo de la publicación que proyectábamos. No obstante ello, diferimos hoy la realización de ese primer propósito de ofrecer la historia completa de Quilmes durante la época colonial, y nos li­mitamos a adelantar la información reunida hasta aquí, lo que hace­mos por las razones que exponemos de inmediato.

La mencionada consulta del Concejo Deliberante de Quilmes y varias iniciativas locales a las que nos referiremos con más detención en el capítulo 1°, demuestran el gran interés que existe en la vecina ciudad por el conocimiento de su pasado. El mismo interés se ha manifestado insistentemente, en estos últimos años, entre los estudio­sos de historia argentina que se especializan en la historia de los pue­blos de la Provincia y en el estudio del tratamiento del indio en el Río de la Plata.

Una y otra circunstancia nos indujeron a meditar la conveniencia de adelantar la información ya reunida, en lugar de aplazar su pu­blicación hasta el momento, tal vez distante, en que pudiéramos dar a conocer la historia completa de Quilmes Colonial. Pero lo que nos ha decidido en tal sentido ha sido la convicción de que si bien dicha información no agota el tema propuesto, satisface en gran parte el interés mencionado, suministrando una idea orgánica y exacta sobre los tres aspectos más importantes que ofrece la historia de la Reducción. Hacemos referencia a los concernientes a su fundación, a su organización a través del siglo y medio de su existencia, y al pro­ceso de su extinción, el que, como es sabido, fue coronado en 1812 por un decreto que declaró pueblo español al antiguo pueblo indio.

Expuestos los motivos de este adelanto de la historia total de la Reducción de Santa Cruz de los Quilmes que proyectamos escribir agreguemos que la presente contribución del Archivo Histórico a la historia de los pueblos de la Provincia es casi exclusivamente el re­sultado de la consulta de una nueva documentación, a igual que la mencionada lectura que efectuamos en 1934, desde que hasta el mo­mento no se ha sumado publicación alguna a la exigua bibliografía que pudimos utilizar para el estudio dado a conocer en esa oportu­nidad, bibliografía cuyo valor ya quedó expuesto.

Hemos juzgado conveniente reproducir en el Apéndice Documen­tal algunos de los documentos consultados, componiendo con los mis­mos una serie de diez y siete piezas, todas las cuales son elementos de información decisivos para conocer hechos o aspectos importantes en la historia de la Reducción. Estos documentos son inéditos hasta el momento, con excepción de los números 2 y 5, cuya publicación hemos considerado ineludible, a pesar de ello, por la gran importancia de los datos que suministran con respecto a cuestiones fundamentales, lo que hace imposible su omisión en la serie de referencia.

Cerramos esta breve nota agradeciendo la deferencia con que se ha facilitado nuestra investigación en los diversos archivos donde he­mos trabajado, y particularmente en el Archivo General de la Nación y en el de la Dirección de Geodesia, Catastro y Mapa de la Provincia, cuyas autoridades han prestado siempre el más franco auspicio a nues­tra tarea. Asimismo, cúmplenos expresar nuestro reconocimiento al Director del instituto de Investigaciones Históricas de la Facultad de Filosofía y Letras, doctor Emilio Ravignani, quien ha atendido gen­tilmente los pedidos que formuláramos, para que por intermedio de ese Instituto se nos suministrase copia de documentos existentes en el Archivo General de Indias, en Sevilla.

Guillermina Sors / Junio de 1937

Compilación y notas Prof. Chalo Agnelli

Los párrafos y palabras destacadas son del compilador/2007 - 2017

 

NOTAS

[1] Ver en el Blog EL QUILMERO del jueves, 2 de julio de 2020 Guillermina Sors – “Quilmes Colonial” – 1937

[2] Ver en EL QUILMERO del lunes, 8 de junio de 2009 José Andrés López - Intendente 1904-1905 - El Quilmes de Antaño

[3] Ver en EL QUILMERO del domingo, 27 de enero de 2019 BIBLIOGRAFÍA BÁSICA DE "EL QUILMERO" para estudiantes

 

 

domingo, 27 de septiembre de 2020

"PASADO, PRESENTE, HISTORIA..." POR LIC. ARIEL GHIZZARDI

ALGUNAS REFLEXIONES PERSONALES SOBRE SU INCIDENCIA POLÍTICA Y SOCIAL, SU UTILIDAD Y ENSEÑANZA

Por Ariel Ghizzardi

Estamos regidos por el pasado, aunque si miramos a nuestro alrededor, nadie parece comprenderlo. Sucede que, excepto algunos pocos, no somos concientes del poder del pasado. Pero si nos paramos a pensar en ello, veremos que el pasado ha sido siempre más importante que el presente. El presente es como una isla de coral que asoma sobre el agua, pero que se asienta sobre millones de corales muertos bajo la superficie que nadie ve. Análogamente, nuestro mundo cotidiano se asienta sobre millones y millones de acontecimientos y decisiones que tuvieron lugar en el pasado. Y lo que cada uno individualmente añade en el presente, carece de la menor trascendencia.

Como nos dice Juan B. Justo, “El presente es un momento fugaz. Salimos continuamente del pasado, entramos a cada instante en el porvenir. [1] Y ese pasado del que estamos saliendo constantemente es un enorme territorio que la mayoría desconoce.

Rara vez pensamos que ese pasado ha contenido múltiples promesas de futuro - futuro que es nuestro presente y también nuestro porvenir - pero que solo una de ellas se ha realizado: es en la que estamos viviendo. Como dice Arnold J. Toynbee, un historiador británico que fue famoso durante algunos años del siglo XX: “La transformación del pasado en futuro es el proceso que hace posible una sola de estas múltiples posibilidades y que deja en el limbo el resto de ellas[2] ¿Por qué esa posibilidad se convierte en presente y no alguna de las otras? La respuesta está escondida en ese pasado que ignoramos.

Pensemos en un ejemplo de la vida cotidiana: un adolescente desayuna y luego va a un comercio a comprar el nuevo CD de su grupo favorito. El chico cree que vive en un momento moderno, en un puro presente.

Pero ¿Quién ha definido que es un “grupo”? ¿Quién ha definido que es un “comercio”? ¿Quién ha definido que es un “adolescente”? ¿O un “desayuno”? ¿O la religión que practica, la ropa que viste, lo que debe o no comer? Por no hablar de todo lo demás, del entorno social de ese chico: la familia, los estudios, el transporte, el gobierno, las leyes... eso que llamamos la cultura a la que pertenecemos. En resumidas cuentas, la sociedad en que vivimos. ¿Nos preguntamos alguna vez cómo se decidió todo eso? Casi nunca.

Nada de eso se ha decidido en el presente. La mayor parte se decidió hace muchos años. Cien años, quinientos, mil años. Algunas cosas, hace decenas de miles de años. ¿Quiénes, cómo y por qué lo decidieron?

Pensemos que nuestra historia, la de los humanos, comienza hace mucho tiempo y es consecuencia de la interacción del hombre con la naturaleza. Como dice George Novack, La formación, reforma y transformación de las estructuras sociales durante el último millón de años no puede entenderse recurriendo a ningún ser sobrenatural, a factores ideales, a mezquinas causas personales o a causas invariables. El hombre se hizo a sí mismo, actuando sobre la naturaleza y cambiando sus elementos para satisfacer sus necesidades mediante el trabajo. El desarrollo posterior y la diversificación del proceso del trabajo desde el salvajismo hasta nuestra civilización actual ha continuado transformando sus aptitudes y características.” [3]

Somos, pues, la suma de los actos de nuestros antepasados - desde los más remotos a los más cercanos - en la lucha con la naturaleza para obtener de ella lo necesario para la vida humana. A lo largo de la misma, en forma colectiva, se fueron construyendo las diversas formas de organización social que en el transcurso del tiempo tuvo la humanidad.

¿De qué nos puede servir la historia, entonces? Siguiendo a José Luis Romero, podríamos decir de ella que: “...maestra debía ser - y seguir siendo - porque es capaz de enseñar a pensar históricamente y de descubrir al hombre lo que posee sin saber que lo posee.”[4] Y eso que poseemos, sin saberlo, y que nos moldea sin que nos demos cuenta, es el pasado.

Ese chico del que venimos hablando - y todos nosotros - está y estamos sentados sobre una montaña de pasado. Y no se da cuenta de ello. Su vida se rige por aquello que nunca ve, en lo que nunca piensa, que ni siquiera conoce. Es una forma de coerción que se acepta sin cuestionamientos. Con casi toda la actividad humana pasa lo mismo. No sabemos, por que se nos ha ocultado, que "... El presente incluye todo el pasado”,[5] tal como lo expresara Antonio Gramsci.

Siguiendo con el mismo chico, vemos que se muestra escéptico ante otras formas de control: las restricciones paternas, los reglamentos escolares, la publicidad política, las leyes. En cambio, el dominio invisible del pasado, que gobierna casi toda en su vida, no lo pone en tela de juicio. No conoce la historia, no conoce el pasado, y por lo tanto no conoce el presente, si aceptamos que conocer es explicar por razones. Lo mismo que la mayoría de los adultos.

Pero al hablar de historia, debemos recordar que esta palabra designa “...el proceso de la investigación en el pasado del hombre en sociedad,[6] tal como lo dice otro historiador británico, Edward H. Carr: “Los hechos históricos son, por supuesto, hechos acerca de individuos, mas no de acciones de individuos llevadas a cabo aisladamente ... Son hechos acerca de las relaciones existentes entre los individuos en el seno de la sociedad ...”[7] Lo que deja en claro el escaso papel de los “grandes hombres” en el desarrollo de los acontecimientos históricos.

Pero nos es imposible olvidar el pasado, recordarlo es una ventaja evolutiva para los humanos como especie. La suerte de la especie no puede depender del redescubrimiento de la cultura por cada generación.

No es posible escapar a este control si no se puede conectar activamente la vida actual con ciertos condicionamientos sociales que proceden del pasado, sin darse cuenta de que lo que pasa en la vida actual está relacionado con cierto tipo de constricciones cuyas raíces se hunden en el pasado remoto. Estas constricciones pocas veces actúan por medios materiales, tal como la violencia física: el control se ejerce casi siempre a través de un programa interiorizado que naturaliza el hecho de que las cosas son como son. Se transforman en habituales. Así, tal como lo dice Ángel J. Cappelletti hablando sobre la idea de la libertad en el Renacimiento "... la primer causa de la servidumbre (y más concretamente, de la sociedad dividida entre gobernantes y gobernados o, en otras palabras, del Estado), es el hábito.[8] Es decir que hemos aceptado como natural a la sociedad dividida en clases, en la que existen pobres y ricos, explotados y explotadores, y por último, la existencia de un Estado al servicio de los poderosos.

Entre esas cosas naturalizadas está el resistirse a conocer lo que contradice ese programa. La experiencia y las investigaciones en el campo de las ciencias sociales proveen suficiente evidencia como para suponer con cierto margen de seguridad que la resistencia a conocer está ligada profundamente a diferentes prohibiciones sociales que pesan sobre el conocimiento. El conocimiento está ligado al cuestionamiento y la crítica social y por eso es peligroso.

¿Y, entonces, no podemos hacer nada desde nuestro presente/isla? Bien, podemos bucear para ver lo que hay bajo la superficie, podemos penetrar el suelo del presente buscando los restos del pasado que mantienen en su lugar a nuestra cultura y ver de qué está hecho. Podemos pensar por qué y cómo y quiénes intervinieron y cuándo y dónde pasaron las cosas, podemos conocerlo, podemos investigar nuestra historia Y así entender por qué las cosas son como son, qué configuró esta isla/cultura/presente en la que vivimos.

Pensemos en un problema técnico o social cualquiera, que este ocurriendo en este momento; lo vemos, podemos describirlo, casi, es como sacarle una fotografía y, aún más, a partir de ella, podemos intentar un diagnóstico y una solución, pero ¿será el diagnóstico acertado? ¿A partir de él podremos hallar la solución correcta, la que acabe con el problema con menor costo y esfuerzo, sin causar perjuicios?

Pensemos un poco más. La detallada descripción de un fenómeno - no importa dentro de que campo esté situado - solo nos indica la situación actual. No nos dice casi nada con respecto a cómo y por qué se llegó a esta situación. No tenemos bases firmes para la correcta solución del problema; nos falta conocer el cómo y el por qué, sin los cuales difícilmente lleguemos a una solución acertada. Un intento de remediar la situación/problema puede llevarnos a tomar medidas incompatibles con el proceso que lo ha causado. No podemos resolver un problema a partir de una visión “fotográfica” del mismo: necesitamos ver la película que nos explique cómo y por qué se llego a esta escena. Y para la sociedad humana y sus problemas, la película se llama historia.

Por eso mismo, el conocimiento del pasado - eso a lo que llamamos historia - es la herramienta social más poderosa que posee la humanidad. La historia no es una relación desapasionada de acontecimientos. Ni es el patio de recreo de los académicos que sobre ella discuten. Ni su finalidad es que obtengamos un conocimiento que es mero adorno o fuente de prestigio.

La finalidad de la historia es explicar el presente, decir por qué el mundo que nos rodea es como es. La historia nos cuenta qué es importante en nuestro mundo, y cómo ha llegado a serlo. Nos cuenta por qué las cosas que valoramos o despreciamos son las cosas que debemos valorar o despreciar. Y también nos cuenta qué ha de pasarse por alto o desecharse. Sin olvidarnos que todos estamos material y afectivamente implicados en los juicios de valor que hacemos. Al ser conscientes de esto, nos aseguraremos que los aspectos personales o grupales incluidos en el material/problema/situación que estudiamos no confunda nuestro análisis.

Y esto nos permite saber qué hacer para cambiar las cosas. Este es un verdadero poder, un poder profundo. El poder de definir toda una sociedad. Nadie puede tenerlo individualmente, ya que lo que cada uno agregamos es intrascendente, pero podemos tenerlo colectivamente.

Cada uno se puede construir a sí mismo, pero sólo puede hacerlo a partir de la imagen de lo mejor que la humanidad pudo desarrollar. Y la humanidad siempre pudo, afortunadamente, construir “modelos”. Tomar ejemplo de los mejores no implica una actitud pasiva, porque el ejemplo del otro es un llamado a la actividad, a la construcción y a la acción.

Dicho de otra manera, el individualismo no soluciona ni siquiera los problemas personales y mucho menos los colectivos, ni ayuda a cambiar el mundo. De nuevo en palabras de E. H. Carr: La tendencia a proclamar al genio individual como fuerza creadora de la historia es característica de las fases primitivas de la conciencia histórica.”[9] Y más adelante agrega: Todos los movimientos efectivos tienen unos cuantos adalides y multitudes de seguidores; pero esto no quiere decir que la multitud no sea esencial para su triunfo. En historia el número cuenta.[10] Y hoy ya hemos superado esas interpretaciones individualistas y somos concientes de la importancia de las masas en la luchas por cambiar el presente y el futuro.

No nos sirve de nada conocer el pasado, si no es para entender el presente. Y si no entendemos el presente, mal podremos modificarlo. Y para modificarlo, debemos saber que nuestras acciones individuales poco cuentan, que eso es una tarea colectiva. Y la acción colectiva de los seres humanos actuando en sociedad, organizada racionalmente y con fines predeterminados, se llama política.

Cabe agregar una reflexión sobre la posibilidad de tratar de imaginar cómo habrían sido las cosas si tal o cual hecho del pasado no hubiera sucedido. Preguntarnos, por ejemplo: ¿qué hubiera sucedido si Perón hubiese fracasado el 17 de octubre? Sobre este asunto dice el historiador argentino Juan Carlos Torre: Ahora bien, el desenlace del 17 de octubre no tuvo nada de inevitable. Durante esa jornada crucial se insinuaron cursos de acción que hubieran llevado quizás… al fracaso de la movilización popular...al eclipse político de Perón.”[11] Este tipo de ejercicio es llamado Historia virtual y Niall Ferguson, historiador que se incluye en esta corriente, dice que Somos perfectamente conscientes de que no podemos viajar hacia atrás en el tiempo y hacer las cosas de manera diferente. Pero ocuparnos en imaginar contrafactuales de este tipo forma parte esencial de nuestra manera de aprender. Dado que las decisiones sobre el futuro están - por lo general - basadas en una ponderación de las consecuencias potenciales de diversos cursos de acción, es sensato comparar los resultados de lo que en efecto hicimos en el pasado con resultados concebibles de lo que podríamos haber hecho.”[12] Ahora bien, tanto Carr como Novack (y otros historiadores de diversas corrientes) rechazan esta práctica por considerarla inútil. Carr dice sobre el tema: Nada es inevitable en la historia, excepto en el sentido formal de que, para haber ocurrido de otra manera, las causas antecedentes tendrían que haber sido otras.”[13] lan Kershaw la llama “experimento mental”, agregando: Dado el elevado número de posibles variables que habría que tener en cuenta, esta fórmula degenera rápidamente en poco más que un juego de adivinanzas académico.”[14] En lo personal, creo que - realizado con prudencia y realismo - puede ser un ejercicio válido. Un buen ejemplo es el artículo mencionado de J.C. Torre.

No debemos perder de vista que la actividad, la construcción y la acción necesarias para poder cambiar el curso de los acontecimientos, es una tarea de conjunto. Pero el plantearse una “tarea de conjunto” implica el preguntarnos a donde queremos llegar. Como decía J. B. Justo: "... ¿Cómo guiarnos hacia el porvenir? Para ello es necesario ante todo querer andar, querer dirigir las actividades humanas en algún sentido. ... Esa intención práctica es lo propio del método para indagar las leyes de la Historia... No sabríamos qué preguntar al pasado sin nuestros anhelos para el porvenir... Para comprender la Historia hay que hacerla, defendiendo al pueblo con inteligencia y con amor.”[15]

Y para eso sirve conocer, estudiar y enseñar la historia.

Lic. Ariel Ghizzardi/2016

Compilación Prof. Chalo Agnelli

El Lic. Ariel Ángel Ghizzardi nació en Puerto San Julián, provincia de Santa Cruz el 15 de agosto de 1944. Sus estudios realizados son: 1961: Maestro Normal Nacional; Escuela Normal Nacional Mixta de Quilmes “Almirante Guillermo Brown”. 1972: Licenciado en Economía, Facultad de Ciencia Económicas, UBA. 1993 a 2008: Cursa en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA la  Licenciatura y el Profesorado de Historia. Su experiencia en la docencia se desarrollo: 1965/1983: 15 años de antigüedad en Enseñanza Primaria Común. 1982/1984: Profesor de Economía, de Organización del Comercio y de la Empresa y de Contabilidad en la Escuela Nacional de Comercio “Dr. T. Achaval Rodríguez”, Berazategui. 1986: Jefe de Trabajos Prácticos de Proyectos de Inversión, Facultad de Ciencias Económicas, Universidad de Belgrano. 1986/1987: Profesor Adjunto de la cátedra de Comercialización, en la Licenciatura en Publicidad, Universidad de Palermo.

NOTAS


[1] Justo, Juan B.: (1969) “Teoría y Práctica de la Historia”; Ed. Libera, Buenos Aires  Pág. 6

[2] Toynbee, A. J.: (1964) “El experimento contemporáneo con la civilización occidental”; Emece Editores SA, Buenos Aires. Pág. 14

[3] Novack, G. (1975) “Para comprender la historia...”; Ed. Plunna, Buenos Aires. Pág. 34 y 35

[4] Romero, J.L.(1988) “La vida histórica”; Ed. Sudamericana SA, Buenos Aires. Pág. 62

[5] Gramsci, A.: (1975) “Cuadernos de la cárcel”; Ed. Einaudi, Turín (Italia) Pág. 137

[6] Carr, E. H. (1993) “¿Qué es la Historia?”, Ed. Planeta Argentina SA, Buenos Aires. Pág. 64

[7] Carr, E. H. (1993) “¿Qué es la Historia?” Ed. Planeta Argentina SA. Buenos Aires. Pág. 69.

[8] Etienne de la Boetie y la libertad política, en: Cappelletti, A. J.: (1986) “La idea de la Libertad en el Renacimiento”; Ed. Laia SA, Barcelona (España) Pág. 67.

[9] Carr, E. H.: (1993) ¿Qué es la Historia?, Ed. Planeta Argentina SA, Buenos Aires. Pág. 59.

[10] Carr, E. H. (1993) ¿Qué es la Historia? Ed. Planeta Argentina SA, Buenos Aires. Pág. 67.

[11] Puede verse la respuesta a esta pregunta en: Torre, J.C., VI. La Argentina sin el peronismo ¿Qué hubiera ocurrido si hubiese fracasado el 17 de octubre? , en: Ferguson, N. (director): (1998) “Historia virtual”; Grupo Santillana Ediciones SA Madrid (España) Pp. 273 a 311

12   Ferguson, Niall (director) (1998) “Historia virtual”; Grupo Santillana de Ediciones SA Madrid (España) Pág. 14

13    Citado por Ferguson, N., en: Ferguson, N. (director) (1998) “Historia virtual”; Grupo Santillana de Ediciones SA, , Madrid (España) Pág.56

[14] Kershaw, I.: (2008) “Decisiones trascendentales”; Grupo Ed. 62, Ediciones Península, Barcelona (España) Pág. 135

[15] Justo, Juan B.: (1969) “Teoría y Práctica de la Historia”; Ed. Libera. Buenos Aires, , Pp. 10 y 11