lunes, 13 de abril de 2020

GUSTAVO M. KREBS - EN "EL PERIODISTA" - 8 DE JULIO DE 1977

QUILMES ARTE, CULTURA Y EDUCACIÓN
La siguiente en una de las primaras notas que realicé para mi página en "El Periodista". El espacio era reducido, de modo que la nota suena como forzada y un tanto retórica. Evalúo transcurridos 43 años. La técnica que desarrollaba Gustavo Krebs es la TARACEA.
La taracea es una técnica artesanal aplicada al revestimiento de pavimentos, paredes, muebles, esculturas y otros objetos artísticos. En la labor se utilizan piezas cortadas de distintos materiales (madera, corcho, nácar, marfil, metales, etc.), que se van encajando en un soporte hasta realizar el diseño decorativo. Es un trabajo de incrustación. Entre unas piezas y otras hay un efecto de contraste que depende del color y la característica del material empleado. Es una técnica y un arte absolutamente artesanal ya que cada pieza es única e irrepetible y es el resultado de muchas horas de paciente labor. (https://www.taraceaslola.es)

Gustavo Matías Krebs nació en Avellaneda, vive hace más de 40 años en Quilmes (1993). Estuvo conectado con el arte, desde los 4 años. Cursó el secundario en la Escuela Técnica O. Krause, pro el nivel que daba esta institución a sus estudiantes la estudiante empresa GMA. [Chevrolet] le concedió la categoría de Ingeniero Junior después de sus pruebas de ingreso se especializó en diseñar, pintura, tapizados y adornos del coche. 

Se perfeccionó en el arte del taraceado en Brasil. Desde 1973 que expuso en distintos Salones de Arte nacionales, provinciales, en el Museo Municipal de Arte Visuales “Víctor Roverano” y en las Bibliotecas: “Liberia Rovere” (hoy “Don Bosco”) y la “Pedro Goyena”.

En ocasión de instalarse la "Librería Sanmartiniana" de la Asociación Cultural Sanmartiniana presidida por el Prof. Orlando Cella, en la Biblioteca Popular Pedro Goyena, en su sede de San Luis 948, Krebs obsequió a la Institución un perfecto retrato del Libertador General San Martín realizado en taracea, que aún precede la sala de lecturas de la Biblioteca.

Entre los premios y distinciones se destaca el del Instituto Leprológico de Rosario* que consiste en medalla de oro y diploma. La madre Teresa de Calcuta recibió también esta distinción.

* Institución médica que estudiaba la lepra, sus formas clínicas y su tratamiento.

Chalo Agnelli con Gustavo Krebs y el artista plástico Hugo Yori (1977)

QUILMES ARTE Y CULTURA 



El 28 de mayo la Dirección de Cultura de la Municipalidad de Quilmes invitó a la muestra del artista Gustavo Krebs, quien a su vez es presidente de la Biblioteca Iberoamericana “Liberia Rovere”.
Creyendo que vería una muestra pictórica, al llegar al Museo nos encontramos con un trabajo de artesanía, de perfección y de buen gusto como no se vio desde hace unos años en Quilmes.
El señor Gustavo Krebs con un montón de maderitas de distintos colores y procedencias va cortando y dando forma a imágenes de una perfección y realismo inusitado. Hay que acercarse mucho a los trabajos para comprobar que son maderas; impecablemente engarzadas las unas en las otras como un imposible rompecabezas. Krebs es un artista, pero sobre todo, es un artesano. Debería alagar a nuestra industrializada ciudad contar, aún, con artesanos de su talla y especialmente por la tarea que él realiza.
No conozco en el país otro artista que haga este tipo de trabajo, sólo en Brasil hay una gran escuela de artesanía dedicada exclusivamente a este tipo de arte plástico en madera. Por eso el doble valor del presidente de la Biblioteca Liberia Rovere, al ser único en su actividad en nuestro Partido y se podría decir, sin temor al equívoco, en el país.
Krebs es un creador con las manos mágicas, el corazón en paz y los sueños en acción. Le exigimos una nueva muestra muy pronto. El Museo se está luciendo este año con exposiciones como la del 28 de mayo. 
Periódico "El Periodista"
Catálogo de la exposición que el maestro Gustavo M. Krebs realizó en el Centro Cultural Santiago A. Celsi el 26 de junio de 1993. En esta ocasión se presentó las siguiente obras: "Luz y sombra" (técnica mixta), "El jardinero" (taracea), Invitación" (taracea), "Villa de pescadores"* (mixta), "Reflejos"* (mixta), ""Aprontes 11" (taracea), "El músico" (taracea), "Hombre gris" (mixta), "Entrando en Purmamarca" (taracea), "Ronda de sortija" (taracea), "Bariloche" (taracea", "Qué tal cuñao" ( taracea), "Palmeras"* (mixta), "Camboriú Norte"* ( mixta), "Paisaje"* (mixta"), "Paisaje"* (mixta), "Paleteada" (taracea), "Garota de Itacuruza"* (taracea), "Paisaje de Sta. Catarina"* (mixtas), "Trote" (taracea), "Polo" (taracea), San Francisco do Sul"* (taracea), "Cabeza" (taracea) - Los títulos seguidos de asterisco fueron concebidos en Brasil.   

Esta muestra le valió una crítica del Prof. Juan Carlos Lombán: “Sobre la singularísima muestra del amigo Krebs, no quiero dejar de decir que nunca vi esta técnica; he visto mucho en Europa, pero no como esto que es absolutamente original y singular, en otros sería tremendamente limitante. Está haciendo cierto impresionismo con valores telúricos indudables, trascienden a lo universal, no se queda en el pintoresquismo fácil y superficial… un dominio que le permite hacer figuras y paisajes con la calidez de la tierra americana.”                                 

Chalo Agnelli/8 de julio de 1977-2020 (en cuarentena)

sábado, 11 de abril de 2020

JUAN JOSÉ RODRÍGUEZ, MAESTRO – UN MODELO A SEGUIR


Por Chalo Agnelli
Maestro desde el conocimiento y la alegría. Nadie podría duda de su auténtica vocación, salvo ciertos académicos encorsetados en sus diplomas y rimbombantes títulos acumulados desde la facilidad memorística.
Juan José Rodríguez salió de la escuela Normal de Avellaneda en 1948 e inmediatamente, con 17 años, comenzó a ejercer en una escuela salesiana de Constitución en la Capital Federal. Más tarde pasó a la Provincia para hecerse cargo de un puesto en la escuela primaria N° 31 de Dardo Rocha y Chaco, en Bernal Oeste, o barrio Los Hornos, Villa Urquizú, donde, en su mayoría, concurrían niños de la Villa Itatí: “Fui directamente a la escuela antes de pasar por mi casa porque me habían dicho en la Secretaría de Inspección, ‘el 4 de marzo preséntese en la escuela’. Llegué sin avisar con mi valija desbordada de libros, pensando que me esperaban. Me recibió una portera que parecía un personaje de Moliére, con una peluca torcida y un escobillón amenazante, miró mi maleta y no me dejó entrar. Me dijo, ‘no acá libros no se compran’. Al final después de muchas explicaciones logré persuadirla y me permitió la entrada. Fui el primero, aún no había llegado nadie. Empecé en 6° grado; eran 38 alumnos. Sobre una mesa larga, como pupitre para todos, cree el gabinete de ciencias. Los chicos se entusiasmaron y la directora y las maestras comenzaron a asomarse a mi aula para ver qué pasaba que entre mis alumnos, con fama de revoltosos, había tanta concentración. Después, todo el mundo quería saber sobre mi experiencia y sobre mi persona”. 
Juan José Rodríguez, (derecha) con el inspector Carlos Belardinelli
Así es como desde Quilmes derivó en 1975 a trabajar para la Dirección General de Escuelas de la Provincia. Se le encomendó diseñar un programa de estudios del área de Ciencias Naturales para aplicarlo desde 4° a 7° grados. Juan José no dudó e inmediatamente se puso a trabajar en el tema.
Luego la Directora de Educación Laura Castro de Amato le encargó que desarrollara un trabajo sobre aprendizaje y biología. Escribió “Técnicas de Estudio” y “Ciencias Biológicas”. Seguidamente, se lo envió a recorrer la provincia dando cursos sobre los temas que trató a inspectores, directivos, maestros y profesores: pasó por Azul, Pigüé, Tandil, Olavarría, Tranque Lauquen, etc. Recorrió casi toda la provincia e incluso tuvo que hacer viajes a Mendoza, Córdoba y Rosario. Cientos de cursos. Estuvo casi 20 años dictándolos. Sus libros fueron editados por Kapeluz; [1] tuvieron varias reediciones.
Finalizado el ciclo trashumante, por algunos problemas de salud, lo enviaron como secretario a la Jefatura de Inspección, que en esos años estaba en Avellaneda, frente a la Escuela N° 1, al lado de un bar. Posteriormente, en 1976, cuando se cerró la Jefatura, lo designaron secretario del Centro de Investigaciones Educativas de Quilmes (CIE), que funcionaba en la Escuela Primaria N° 17 (Entre Ríos y Manuel Quintana de La Colonia) donde llegó con el buen humor que lo caracterizó siempre y donde permaneció quince años.
El trabajo administrativo no era lo suyo, aunque lo hacía muy bien y cuando se sentía abrumado por el papelo, irrumpía en las aulas recitando a viva voz un poema de Lorca o de Machado o de Rafael de León. Su madre había sido “bailaora” y figurante en el Teatro Avenida de Buenos Aires. Él asistía desde bambalinas a muchas de las representaciones, sobre todo cuando venían elencos españoles. Así se le grabaron letras de zarzuelas y poemas del repertorio español flamenco, sobre todo del cante jondo.
Ya superada su edad de retiro, a pesar que se le otorgó la jubilación de oficio pidió permanecer en la Escuela N° 31 sin grado a cargo, sólo como asesor y compañero de ruta de los maestros. Permaneció cinco años más en esa tarea ‘no tarea’. Sus compañeros de trabajo de esa escuela le hicieron una fiesta sorpresa en ocasión del día del maestro previo a su retiro definitivo cuando cumplía 50 años en su férrea vocación.
Juan José Rodríguez murió en soledad, asistido tan solo por algunas de sus compañeras más queridas. Sus trabajos siguieron resonando en las aulas, hasta que las nuevas camadas docentes los olvidaron por nuevos recursos pedagógico-didácticos.
Quien suscribe, siendo asesor del C.I.E., tuvo el honor de compartir con este fecundo Maestro algunas tardes, previa la jornada. Trabajaba en el turno tarde de la Escuela N° 16, a las 17 salía e iba directamente al C.I.E. “Ya Juan José estaba allí, me sentaba en la secretaría a tomar té y charlábamos ¡Bah!, en realidad él charlaba, contando sobre su experiencia docente, sus trabajos y cientos de anécdotas, sobre sus viajes, rememorando los tiempos en que compartía junto a su madre, en el Avenida, las noche de flamenco, algo que le apasionaba. Poco antes que terminara mi función en el C.I.E., Juan José fue desplazado a su escuela de base, la N° 31, donde terminó su carrera". Aunque se cometieron con él algunas ingratitudes, nunca manifestó quejas ni reproches.
Poco después de dejar el trabajo enfermó y murió en enero de 2004 solo, sumido en la tristeza que al final de la vida lo acometió impiadosa. Algo que nunca había experimentando antes, pues en esencia era un hombre alegre. Juan José Rodríguez fue un Maestro de maestros, un paradigma, un reflejo de muchos docentes de las escuelas públicas de nuestro país. ¡Ejemplo de vida!
 Juan José Rodríguez, el Día del Maestro en que cumplió 50 años en la docencia, durante el festejo que le hiceron sus colegas de la escuela primaria N° 31 de Quilmes.
Investigación y argumentación Prof. Chalo Agnelli
BIBLIOGRAFÍA
Periódico "Realidad" - Año IX N° 163 - Junio de 2000
NOTA

[1] Fundada en 1905 cuando Adolfo Kapelusz estableció un modesto negocio de librería en el barrio de San Telmo, pronto se transformó en editorial con el propósito de mejorar y generar innovación en los materiales didácticos de su tiempo. En noviembre de 1994 el Grupo Carvajal, de vasta experiencia en el rubro, se hizo cargo de Kapelusz, dispuesto a dar un nuevo impulso a la tradicional casa.

viernes, 10 de abril de 2020

LA CASA DE HUDSON AYER– CLARÍN, 12/1/1959


Nos remitimos a una página del diario Clarín de hace 60 años, cuando Hudson estaba adquiriendo mayor relieve, si bien habían pasado 18 años de los homenajes por el centenario de su nacimiento, realizados y promovidos por el Dr. Pozzo y la Asociación Amigos de Guillermo Enrique Hudson. El tiempo todo lo deteriora, cuando la memoria se deteriora y se extravía en los vericuetos de lo cotidiano, que se impone siempre y las nuevas generaciones se pierden la oportunidad de conocer los valores sobre los que se sostiene la cultura, la tradición y el patrimonio argentinos. Hoy gracias a personalidades como Violeta Shinya, Juan Carlos Lombán, Aníbal Rubén Ravera y muchos otros miembros de la Asociación Amigos del Parque Ecológico Cultural y Museo Histórico Provincial Guillermo Enrique Hudson [1] se cumplieron los deseos del columnista Eros Nicola Siri.

Lateral del rancho en 1959, con su techumbre de alero saliente soportado por troncos de quebracho.
 
CLARÍN, LUNES 12 DE ENERO DE 1959
por Eros Nicola Siri
Guillermo Enrique Hudson sigue siendo en la literatura, no sólo argentina sino universal, uno de sus más sólidos valores. Y cosa paradojal, su obra y su personalidad se aquilatan y se conocen mejor en el extranjero que en su propia tierra. No nos llame ello la atención, es cosa común entre nos­otros, no sabemos si por idiosincrasia o por esa rara desviación, carne en los criollos, a admirar más lo foráneo que lo bueno pro­pio. Pregúntesele al lector común sobre los valores y la temática de “Allá lejos y hace tiempo” de nuestro Hudson y muy pocos, poquísimos, nos darán una respuesta satisfactoria, pero hablarán con euforia del último “best seller” de Pearl S. Buck, Mika Waltari o John Steinbeck o nos apabullarán con sus puntos de vista sobre los valores de “Doctor Jivago”, de Pasternak... Y Hudson, como su apellido, sigue siendo extranjero y desconocido para la mayoría de nuestro pueblo lector.
Y, sin embargo, Guillermo Enrique Hudson proyecta su personalidad y su obra fuera de las fronteras de su patria; y allí se le valora; allí se le ha­ce justicia y millones de amigos tienen los libros de nuestro es­critor compatriota; y notables cenáculos- intelectuales, con el nombre de; “Amigos de Hud­son”, se han formado en Ingla­terra, Japón y Estados Unidos de América; en este último país, el principal animador por el culto hudsoniano es el residen­te argentino Jorge Keen, de Hollywood, que en su mocedad conoció personalmente, ya que ambos campos, de los Keen y los .Hudson, eran colindantes.
Recientemente el embajador del Japón ante nuestro gobier­no hizo una declaración singu­lar, muy honrosa para los ami­gos de Hudson en el extranjero, pero muy deprimente para nosotros, los argentinos. El citado diplomático hablando en nombre de los amigos de Hudson de los EE.UU. y del Ja­pón, ofreció reconstruir a sus expensas la ruinosa casa de Hudson y convertirla en Museo Husoniano. La prensa recogió la información sin comenta­rios; las autoridades, en este caso, el Gobierno de la Provin­cia de Buenos Aires de cuya Dirección Provincial de Par­ques y Turismo depende la ju­risdicción de la casa de Hud­son, no dijo una sola pa­labra, como tampoco la han di­cho hasta la fecha las institu­ciones culturales, públicas o privadas que agrupan a escri­tores e intelectuales argentinos en su seno. Y Guillermo Enri­que Hudson es uno de ellos, uno de los más brillantes y completos, el poeta que cantó con prosa inimitable a la pampa, a sus arroyos y pajo­nales, a sus ombúes y a sus pájaros. Nadie lo hizo como él.
RUINA Y DESOLACIÓN
Conocida la declaración del diplomático nipón, CLARIN visitó el histórico solar que viera nacer y crecer a Hudson y conocido en la comarca con el nombre sugestivo de “Los 25 ombúes”, que existieron en la niñez y mocedad del escritor. Hoy sólo quedan tres o cuatro; los restantes, abatidos por los huracanes de la pampa, sucum­bieron, y de su leña se alimen­taron los fogones lugareños.
Digamos que para llegar a las ruinas de la casa de Hud­son es menester disponer de un baqueano o preguntar cien veces a los distintos moradores del lugar. Pese a estar sobre el camino provincial, de tierra, por supuesto, no hay indicación alguna en kilómetros y kiló­metros de la polvorienta ruta, que indique u oriente al visitan­te hacia el destino buscado. Por fin llegamos a una zona selvá­tica y recién un monolito de piedra indica que se está en un esquinero del reducido cam­po de los Hudson. En ese mo­nolito hay varias placas recor­datorias del escritor y su pre­sencia. Se destacan las de S. A. D. E. y otras dos colocadas por japoneses. Oficial, no hay ninguna.
Quinientos metros adelante por un camino lateral, se llega a la entrada del predio donde debiera estar la tranquera solo hay un par de tiros de alambre sujetos por dos postes; la fran­queamos y nos encontramos en plena selva virgen que nos ha­ce suponer que nos hallamos en Formosa o Chaco. Un estrecho sendero, verdadera picada en aquella maraña de árboles, lia­nas, hiedras abrazadoras, ma­torrales de paja brava y peligrosos montecillos de punzan­tes ñapinday, conduce hacia el rancho, el cual, de pronto, apa­rece en medio de un claro de esa selva en miniatura que se ha cerrado sobre la casa de Hudson. Tal vez, piadosa, la Naturaleza ha querido cubrir la vergüenza de esas rumas veneradas. Bajo uno de los om­búes supérstites, totalmente aprisionado su tronco por una hiedra monstruosa, una pie­dra sillar, semienterrada, muestra un bajo relieve y una leyenda: “El árbol y el pájaro conocieron lo mejor de tu es­píritu”.        .
El aspecto de lo que fuera la casa natal del escritor sobre­coge. Todo es ruina y desolación, incuria y abandono, el techado de totora se pudrió y algún vecino comedido lo reemplazó con chapas de zinc; las puertas y ventanas, destrui­das por la carcoma del tiempo, se van cayendo a pedazos, lo mismo que los cielo rasos de madera rústica enjalbegada que atacadas por la roya se desmenuzan en polvo impalpable. El brocal del pozo del patio de tierra se derrumbó y el pozo se tapó.
Huelga abundar en detalles descriptivos de tanta ruina que allí observamos; las fotos que ilustran esta nota son más elo­cuentes que las palabras y a su lenguaje acusador nos remitimos.
Por lo que Guillermo Enri­que Hudson significó para la patria y las letras argentinas; por la proyección que su lite­ratura alcanzó en el extranjero mejor nos hizo conocer; por lo que de vergonzante tiene pa­ra nosotros el estado de ruina de la casa natal del escritor, es menester, a la urgente bre­vedad, terminar con ese bo­chorno, que cual llaga viva nos ha hecho sentir el magnífico gesto del embajador del Japón. CLARIN exhorta a restaurar ­la casa de Hudson y convertir­la en lo que hace mucho tiempo debió ser: Museo Hudsoniano, tal cual se ha hecho con el terruño y cosas de Güiraldes en el pa­go de Areco.
Totalmente abrazado por la naturaleza, que pareciera querer protegerlo a través de la fronda de la añosa arboleda aparece el rancho de Hudson, convertido en una tapera. La acción incesante del tiempo carcomió, poco a poco, lo que fuera la casa del gran escritor y naturalista, que cantó a la pampa, su flora, sus aves.
Compilación, tipeado y nota Chalo Agnelli/2019
NOTA

[1] Ver en EL QUILMERO del jueves, 1 de agosto de 2013. “Asociación Amigos del Parque Ecológico Cultural  Guillermo Enrique Hudson"