viernes, 7 de mayo de 2021

FÉLIX JOSÉ MEALS, MAESTRO Y PASTELERO

 

por Chalo Agnelli

A fines de mayo de 1831, llegó a Quilmes una nota por la cual en las escuelas debía seguirse “la política de la provincia, siguiendo el sistema Federal”. De su cumplimiento dio cuenta el Juez de Paz Juan Manuel Gaete. El 11 de mayo el ministro Anchorena ordenaba que empleados, maestros y alumnos debían usar la divisa federal.

    El preceptor Justino Rodríguez reemplazó a Rafael Venavente, que renunciara el 4 de enero de 1833, y que, según parece, no logra ejercer sus funciones por los impedimentos antes mencionados

    El 16 de octubre de 1834 Rodríguez entrega el cargo a Felipe Secondo de Vallona con el siguiente material: “Tres bancos útiles, cuatro bancos desarmados, pero completos, un banco inútil, una mesa con cajón, tres gramáticas útiles, siete gramáticas, inútiles, 37 catecismos inútiles, un volumen hojas de cartilla, cuatro pizarras grandes y doce chicas, un tarrito para agua, una soga para el pozo, 26 lápices, 13 nuevos y 13 viejos, 15 cuadernillos de papel blanco, 49 cuadernillos para escritura, inclusive 16 en servicio, 5 tinteros de plomo, un reglamento para la escuela, una cruz de madera, 2 plumas, un cortaplumas, tinta.” El preceptor Vallona hizo notar al margen: “Hago constar que lo que se dice inútil es enteramente inservible”.

FÉLIX JOSÉ MEALS

En 1835 al preceptor Vallona le sucede en el cargo el preceptor Félix José Meals (como Rosende, Vallona, se afincó definitivamente en Quilmes), pero en 1839 por falta de fondos dejó de funcionar oficialmente esta única escuela que era sostenida por contribución vecinal.

     Volviendo a 1832, el personal docente de las escuelas de la provincia no fue favorecido por los aumentos de sueldo que se otorgaron a todos los cargos civiles y militares de la administración, duplicándolos.

     Los maestros varones ganaban $ 900 y las maestras $600. En la campaña de la provincia que en ese entonces era una reducida franja de no más de cien kilómetros desde la costa, que llegaba desde San Nicolás hasta el río Salado, había 43 escuelas, en 1834 sólo funcionaban 20.

A partir de ese año debían mantenerse con los recursos que los vecinos de cada pueblo pudieran reunir, de acuerdo al decreto del 15 de diciembre de 1834. Fondos que debía recaudar y administrar las Juntas Inspectoras, antes mencionadas, que en Quilmes integraban el Juez Juan Manuel Gaete, el Párroco Camogli y el vecino Juan Bautista Otamendi.  

     La falta de fondos determinó que el gobierno por decreto del 27 de abril de 1838 suprimiera el pago de sueldos a los maestros. Las juntas abrieron suscripciones para costear los gastos de las escuelas. El 8 de enero de 1839, La Gaceta Mercantil, dio a publicidad una nota de la comisión quilmeña donde da cuenta que mensualmente los siguiente vecinos contribuirían para el sostenimiento de la escuela: Andrés Cabo, Isidro Montes, Juan Hornos, Miguel Sánchez de Selis, Tristán Valdez, Marcelino Galíndez, Ignacio Correa, Tomás Pamplona, Juan Manuel Gaete, Juan Bautista Otamendi, Juan Ramos, José Antonio Villanueva, Eduardo Clark, Pedro Rom, Manuel Gervasio López, Paulino Barreiro (Juez de Paz fusilado en 1840 por unitario) y Faustino Giménez, entre otros.

     En la comunicación se hacía saber que “no ha dado lo recaudado más que para abonar 85 pesos al maestro, 10 al recaudador y no ha alcanzado para pagar los 50 pesos del alquiler de la casa”.

     Así y todo, la escuela de Quilmes sigue su tarea hasta 1843, en que detuvo sus actividades, tanto por falta de sueldos, de alquiler de local, como de gastos de mantenimiento

    Félix José Meals siguió su tarea docente, recibiendo a cambio, de los padres de sus alumnos que no podían abonar una cuota, productos de granja, frutas, harina, huevos que le permitieron subsistir con otro emprendimiento, la fábrica de pan, pasteles y tortas, La Platense”. Eran muy reputadas en el pueblo sus empanadas milhojas. Los productos se vendía en el pueblo, pero la empresa creció con su nieto Cástor Meals, que viajaba en los trenes a La Plata y hasta la estación Central, ida y vuelta, vendiendo su mercadería que llevaba en grandes canastos. En ese entonces el trayecto era lento y tedioso. Luego contrató adolescentes que vendían sus productos en los viajes del Ferrocarril del Sud. Fue precursor en este emprendimiento, hoy generalizado hasta el exceso Un hijo de Cástor, Ángel Meals abre en 1875, la confitería La Estrella del Norte”, ubicada en la esquina NE de Alvear y Rivadavia, junto a la casa del señor Ithuralde.

Anuncio comercial publicado el 2 de mayo de 1875, en el periódico "El Progreso", primer medio de prensa de Quilmes creado por el Dr. José Antonio Wilde

ANGEL MEALS era hijo del matrimonio constituido por Félix José Meals (Italia, 1799-Quilmes, 1866) y María Adriana Ulibarri Giles (Magdalena, 1798-Quilmes, 1862). Se le conocen dos hermanas menores, Adriana (ca. 1830-1855) y Catalina (ca.1833). Los Ulibarri estaban radicados en Magdalena, donde el maestro Meals desempeñó su oficio antes de establecerse en Quilmes. Catalina Meals contrajo enlace con su pariente estanciero José Jorge (John) Taylor Ulibarri, con quien tuvo 6 hijos. El esposo y tres de las criaturas perecieron en el curso de una misma semana, a causa de la epidemia de cólera que azotó la región a fines de 1867 y comienzos de 1868. Las dos niñas mayores ya habían fallecido antes. Sólo sobrevivió un varón, Félix José Taylor. Luego contrajo segundo enlace con su cuñado Aurelio F. Taylor; no se conoce si tuvieron descendencia. ANGEL tuvo un hijo llamado Castor con Ciríaca Martínez, que continuó la vigencia del apellido en Quilmes. (Colaboración profesora Raquel Gail)

NOTA
También aparecer como Benavente, su hijo fue Manuel Benavente, criador de ovejas en Quilmes, relevante por su plantel de negretes. Fue  funcionario municipal. Muerto en 1869 víctima del cólera. Según: Seymour. “Un poblador de las pampas” Periódico “The Standard”, 21 de setiembre de 1869
FUENTE
Agnelli, Ch. (14/8/2004) "Maestros y escuelas de Quilmes 1666-2004". Primera edición de Editorial Jarmat. Bernal. Cap. I° Pp. 26 y 77. 



miércoles, 28 de abril de 2021

EL PARQUE DE LA CEVECERÍA - 1922-2022 - JUAN THORMÄHLEN


 APORTES RECREATIVOS

DE LA CERVECERÍA ARGENTINA QUILMES

por Chalo Agnelli 

En cuanto al aspecto recreativo, ya en el pedido de tierras al municipio para levantar su empresa, Otto Sebastián Bemberg previó una amplia extensión junto a la misma para realizar un gran parque recreativo.
 Se adquirieron los 87.000 m2 de la chacra de Mauricio Pastor Moreyra y Antonia Torre de Moreyra, [35] donde, en
1922, se inauguró el Parque Cervecero. Fue diseñado por don Juan Thormählen, ingeniero alemán de Hamburgo.
Un campo de deportes con jardines e instalaciones deportivas: cancha de fútbol, tenis, básquetbol, pelota-paleta, pileta de natación, cancha de bochas y un gimnasio con todo tipo de aparatos. En un quincho se hacían almuerzos para las delegaciones que visitaban la fábrica. Los fines de semana y feriados la concurrencia al lugar, que era libre, superaba las 3000 personas. Tanto en verano como en invierno, los aficionados al patinaje corrían por las veredas de Pórtland que rodeaban toda la extensión del parque.[36] También se realizaban torneos deportivos y, entre las décadas del 20 hasta el 60, se hacían bailes populares.
Dentro de esa gran extensión verde se encontraba el chalecito de los Bemberg, el lugar preferido por los hijos de
Otto S. Bemberg cuando visitaban la fábrica para realizar almuerzos y reuniones con empleados, familiares y amigos. Manuel Bautista que entró a trabajar a la Cervecería a los 14 años en 1921 y permaneció 40 años en la empresa, era bombero interno y se le encargaba hacer guardia en el parque y asistir a los Bemberg en ese chalet cuando era necesario.
Otto Eduardo Bemberg, seleccionó los árboles que hasta hoy se levantan en el parque, incluso plantó algunos, los que cuidaba personalmente en las oportunidades que visitaba el lugar, con un mameluco azul y un sombrero de paja de alas anchas. Entre los árboles existentes los más curiosos son
una acacia de Australia, un ciprés calvo, un ginkgo biloba de Siria, un pino Spruce y un roble de los pantanos traído de La Florida, EEUU. Entre ellos se paseaban orondos y libres media docena de pavos reales y algunos faisanes, que eran la curiosidad de todo Quilmes. Cada árbol tenía a sus pies un taco de madera clavado en tierra con una placa de bronce que reseñaba el origen y familia vegetal a la que pertenecía cada árbol. Con los años quedaron sólo los tacos, próximos los festejos de los 120 años de existencia, la empresa volvió a colocar dichos mojones botánicos.
En 1953, al nacionalizarse la empresa, siendo director del organismo liquidador de los bienes de los Bemberg el Cnel. González, se tomó posesión del parque para cederlo a los
obreros cerveceros. De todos modos los obreros y empleados venían gozando de ese predio desde el primer día de su creación, de las canchas de fútbol, del frontón de paleta, los senderos para patín y caminatas, la piscina, donde aprendieron a nadar varias generaciones y el expendio de cerveza que se bebía fresquita tirada directamente de sus barriles originales y a muy bajo precio; todo sin ningún impedimento. Por la Ordenanza N°11881/12 en la Sesión Ordinaria del día 15 de Agosto 2012, tanto el Parque como la Villa Argentina fueron declarados Patrimonio Histórico.
Chalo Agnelli/2012

Dr. José Antonio Wilde: médico, periodista y educador