domingo, 24 de abril de 2011

MARTIN ALEJANDRO MARCELO CRISTOFORETTI, MAESTRO Y HOTELERO

FUNDADOR DE LA PRIMERA ESCUELA AGRARIA DE QUILMES
Prof. Chalo Agnelli
Primera publicación, 23/9/2009

Entre esa inmigración calificada posterior a 1848 y 1852 que diseñó un perfil de clase media económica y culturalmente; donde el elemento híbrido tomó sustancia, fueron muchos los que se dedicaron a la docencia, unos con más insistencia otros temporalmente, pero todos con objetivos calaros de trabajar para el venerando progreso, dios de aquellos años de organización nacional. Uno de ellos fue Martín Alejandro Marcelo Cristoforetti.
Nació a las 2 de la madrugada del 12 de junio de 1828 en la Comuna de Borgo San Donnino, Ducado de Parma, Italia. Eran sus padres Antonio, de 33 años, secretario de la Comuna de Tainovo, y Josefa Chiovini, la que fue asistida por el partero del Hogar de Mendigos y Establecimiento de Mujeres, Salvatori Pezzana (o Pizzana) El 12 de octubre de ese año, fue bautizado en la parroquia de la Catedral del Borgo de San Domino por el vicario perpetuo Pbro. Andreas Righetti.
Parma, en la península Itálica, es una ciudad de la región Padana en la Emilia-Romaña, está situada entre la cordillera de los Apeninos y la llanura del río Po. El antiguo ducado de los Visconti, los Sforza y los Farnesio, en esos años estaba bajo la férula de la ex emperatriz de Francia, archiduquesa María Luisa de Habsburgo-Lorena, quien la había recibido en dominio vitalicio en 1815, después de la caída de su imperial esposo, Napoleón I º.Antonio, por su cargo de secretario administrativo, pertenecía a una clase ilustrada, la pequeña burguesía surgente, por lo tanto sus hijos pudieron hacer estudios superiores.
Martín Cristoforetti, en 1850, a los 22 años, después de cursar los estudios de liceo, ingresó en la Carrera Superior de Químico Farmacéutico. Cursó: anatomía, fisiología, química orgánica, inorgánica y química farmacéutica, botánica y materia médica. Egresó el 15 de julio de 1853 con el diploma de “ornatifssimo” aprobado por unanimidad de votos.Parma en 1847 había retornado a sus antiguos propietarios los Borbones españoles y, quizá, Martín cansado de los vaivenes de la política y la inestabilidad social, resolvió emigrar al Nuevo Mundo, como tantos europeos en esos años. Llegó a Buenos Aires, aproximadamente, en 1855 y, tal vez, por disparidad científica no pudo revalidar su título de modo que asumió la profesión de preceptor, para lo que, por cierto, no le faltaba preparación. La incompatibilidad no lo fue para el amor, pues, el 7 de diciembre de 1857, se casó con Micaela Sosa, de 28 años, porteña hija de Juan y de Micaela Sañudo. La ceremonia la ofició el cura rector Juan Antonio Martínez en la parroquia de San Pedro Telmo y fueron testigos Federico Canevaro y Micaela Sañudo.

LLEGA A QUILMES
En 1859 se produjo en el ducado de Parma una sublevación popular que incorporó dicho territorio al reino del Piamonte de modo que el 20 de mayo de 1865, Cristoforetti se inscribió en el Consulado General de Italia como súbdito del nuevo estado asentándose en dicha documentación con la profesión de preceptor. Al poco tiempo los Cristoforetti–Sosa se establecen en Quilmes. Había adquirido parte de una chacra, que en el trazado del pueblo que hizo el agrimensor Mesura en 1818 figura con el número 9 y fue entregada en merced al Tte. Coronel Pedro Aguirre, de la milicia cívica de infantería de la Capital y cabildante el 22 de mayo de 1810. Eran 16 manzanas de 100 varas cuadradas cada una, aproximadamente 7396 m2. Estaba comprendida entre las actuales calles Hipólito Yrigoyen, 12 de Octubre, Vicente López y Carlos Pellegrini.

EL MAESTRO
Martín levanta una humilde vivienda en el centro de la manzana circundada por las calles Hipólito Yrigoyen, Rivadavia, Gaboto y Alem. Allí abre una escuela agrícola. Dice el Dr. Craviotto en su “Quilmes a través de los años”: “Desde febrero de 1867 funciona una Escuela Agrícola dominical, son maestros el preceptos Cristoforetti, y el Dr. Wilde y farmacéutico Matienzo para materias especializadas".
En esos años con Tomás Giráldez como juez de paz y presidente de la Municipalidad, junto con el impulso progresista de Andrés Baranda y el Dr. José Antonio Wilde, se daban los primeros pasos para remozar al pueblo y darle un aspecto urbano, arrancando yuyales de cicuta y cina-cina, persiguiendo alimañas de las plazas, abriendo zanjas y canales para drenar las aguadas que se hacían hacía el oeste, estableciendo normas de higiene en los mataderos y dando una traza lineal a las calles.
De todos modos no debía ser fácil la vida de los habitantes de ese Quilmes. Las dificultades eran por de más. La distancia con la Ciudad, los caminos deplorables y las volantas y diligencias bastante primarias. Así y todo, Cristoforetti se lanzó a la nueva empresa de la tierra y la educación. Cuando conoció las características del trabajo agropecuario de la región, sintió el impulso de aportar los avances que en Europa ya se realizaban en esta producción. Eso lo mueve a crear la escuela agrícola.
Da idea de su probidad, generosidad y compromiso con la enseñanza, la carta que, con el estilo retórico de la época, excelente caligrafía inglesa y óptima ortografía, envió desde Quilmes al Departamento de Escuelas el 6 de julio de 1868, recomendando a uno de sus alumnos: “Sr. Inspector General de Escuela don Santiago Estrada. Tengo el honor de cumplir con el mandato de usted, acompañándole el pequeño discurso del discípulo de la Escuela Agrícola Agustín Paredes. Es joven de muchas esperanzas, de humilde nacimiento y es huérfano de padre. Lo recomiendo a Ud. y como es alumno de este reducido Instituto Agrícola me tomo la libertad de rogar a Ud de ponerlo bajo la protección de la muy respetable Sociedad Agrícola. Los muchos gastos del establecimiento no me permiten proporcionarle los importantes y elevados conocimientos de tan ilustrada Sociedad; tengo que limitarme con darle los escasos que yo posee. Confío en al calidad de su corazón como de mi amado Inspector inflamado pro el fuego sagrado de las virtudes porque mis deseos sean efectuados. Martín Cristoforetti.”
Martín manejaba la lengua castellana pues su padre fue funcionario durante el período en que Parma estuvo bajo el dominio de los Borbones españoles y él mismo, después de 1847, los vio volver a los dominios que le habían "prestado" a la archiduquesa y ex emperatriz de Francia, María Luisa.
El 13 de marzo había nacido su primera hija quilmeña, Micaela, bautizada en la parroquia local, apadrinada por Mariana Echelasco de Lerdou y Bernardo Lerdou. En junio de 1869 es designado preceptor de la escuela Nº 40 del cuartel 4º del partido de Barracas al Sud (hoy Nº 1 de Lomas de Zamora) que se había inaugurado el 1º de noviembre de 1859. Fue puesto en posesión del cargo por el Inspector General de Escuelas don Pedro D. Quiroga y el Juez de Paz Victorio Grigera, quienes firman el inventario de las existencias de la escuela de la que hacía entrega el preceptor saliente Horacio Domínguez que renunció por problemas de salud.
Cristoforetti fue el cuarto director-preceptor de esta escuela en la que también residía, como solían hacer los directores en esos años, acompañado por su hijo Alejandro. El resto de la familia había permanecido en Quilmes y el progenitor con su hijo mayor hacía ocasionales viajes pues la distancia por la carencia de caminos adecuados y medios de locomoción apropiados era muy dificultosa.
Permaneció en el cargo hasta 1870; y seguramente pasó a otra escuela del partido de Barracas al Sur pues un expediente, existente en el Archivo Levene de la Dirección General de Escuelas, indica: “Formulario de todos los muebles, aparatos, textos y demás pertenencias de la escuela pública de Barracas al Sur practicado por el preceptor Martín Cristoforetti el 30 de agosto de 1873 por orden del Sr. Jefe del Departamento de Escuelas don Antonio Zinny”. Tanto en el pueblo de La Paz (Lomas de Zamora), como en Barracas al Sur, como en Quilmes, además de impartir lectoescritura y las cuatro operaciones fundamentales, sus conocimientos en la farmacopea y médicos fueron providenciales en más de una ocasión e incluso salvaron vidas. Los médicos escaseaban, en Quilmes sólo estaban Cueli y Wilde, y la salud era un albur a lo que se sumaba el flagelo de las pestes. Así tuvo una actuación loable durante la epidemia de fiebre amarilla, que si bien hizo estragos en la ciudad de Buenos Aires, también se asomó por el pueblito de Quilmes.

LLEGA EL FERROCARRIL
Según documentos de Geodesia, el 19 de agosto de 1871 Celestino Risso adquiere un terreno de 250 varas (208,75 m) de frente por 50 (41,75 m) de fondo, o sea, parte de la chacra N° 9 de Martín Cristoforetti, terrenos circundados por las calles 12 de Octubre, V. López hasta 3 de Febrero y Aristóbulo del Valle, por ese estas tres manzanas son más pequeñas que el resto y 3 de Febrero hace martillo al llegar a Vicente López.
Este año Cristoforetti, viendo que el ferrocarril se acercaba y tendría estación frente a su propiedad, pensó que bien le vendría al pueblo y a sus ingresos abrir un hotel y esta inquietud es lo que lo mueve a vender parte de sus tierras. Agrega a su vivienda-escuela un edificio sobre la calle Rivadavia entre Yrigoyen y Gaboto. En enero del siguiente año presenta un petitorio al presidente de la municipalidad Sr. Andrés Baranda de este tenor. “… habiendo determinado continuar el edificio en la parte que linda con la calle real (Yrigoyen) y por la otra con mi propiedad (Rivadavia) solicito en conformidad a la ley Municipal se me señale la línea dónde este debe continuarse, puesto que ya existen las líneas trazadas por el Agrimensor Municipal. Por lo tanto espero que Ud. se dignará ordenar al Señor Agrimensor Municipal ratificar la línea a los fines indicados, Dios guíe a Ud.”
En 1872, la propiedad de Cristoforetti es atravesada por las vías del ferrocarril a la Ensenada. De la original chacra de Aguirre quedan 4 manzanas en el actual Quilmes Centro y siete en el barrio La Colonia (tres se habían vendido a Celestino Risso y dos cede al ferrocarril para instalar la estación). Cuenta Craviotto: “…después de algunos años de espera llegó a Quilmes el ansiado ferrocarril […] Para el trazado de sus vías […] resolvieron se hiciera en uno de ambos extremos de la calle Municipal (calles Belgrano o Gaboto actuales), fueron divididas las chacras comprendidas entre las Av. Yrigoyen, última calle del pueblo y Vicente F. López, primera entre chacras, así como también prolongar hasta la estación la calle Rivadavia y para ello dividir la propiedad del preceptor de la escuela Martín Cristoforetti”

EL HOTEL LA ESTACIÓN
Al poco tiempo abre el Hotel La Estación o el Hotel de la Estación. El 18 de abril de 1872 el ferrocarril llega al pueblo y se hace una inauguración con toda la pompa en la que hace uso de la palabra el Dr. Wilde. Precisamente este año debió renunciar al cargo de preceptor-director en Barracas al Sur, si bien permanece hasta mediados de 1873. 
También en 1872, con buen ojo comercial pues le daría mejor vista su emprendimiento, vende la manzana frente a su propiedad, comprendida entre las calles Rivadavia, Gaboto, Alsina e Hipólito Yrigoyen, frente a su hotel, por $ 70.000 para que se haga una plaza en homenaje al Ing. Wheelwright, quien había traído el ferrocarril a Quilmes y acababa de morir. Propuesta que había presentado el Dr. Wilde, su amigo, ante los municipales (concejales), aprobada el 23 de abril. Cristoforetti pidió que quedara expresa cuenta que la venta se hacía con ese único fin. De ese modo transformaba un pastizal en un proyecto que alguna vez sería un elegante paseo público. Con este dinero provee a su emprendimiento hotelero de todas las comodidades como se puede conocer en el remate que se hizo luego de su muerte.
Como vecino activo, se plegó a los proyectos sociales y culturales  que representaron un progreso para aquel achatado y adormilado pueblo de campaña que aún era Quilmes. 
El periódico El Quilmero N° 33 del jueves 23 de marzo de 1876, bajo el título:"INSTALACIÓN DEL CLUB SOCIAL”; informa que: “El domingo próximo pasado concurrieron 21 individuos que fundarán el Club Social y son: Ventura Martínez, Nicasio Escobar, Emiliano Reina, J. A. Matienzo. Antonio Barrera, Juan Ithuralde, Mariano Rodríguez, Félix Risso, Carlos Clark, Martín Cristoforetti, Mariano Solla, F. Amoedo, Juan S. Lechiguero, Miguel Arce, A. Baumgart, Dr. J. A. Wilde, P. Giménez, Francisco Grafiada, F. Lanatta, J. Miguel Costa, y Publio Massini. Se formó una comisión para elaborar el reglamento integrada por: M. Solla, J.A.Wilde, F. Amoedo, J.Ithuralde y Pedro Giménez." 

DESENLACE
El destino fortuito no le permitió ver el punto culminante de sus objetivos; ni los personales, ni los familiares como padre de familia, ni los comerciales. En la primera página de El Quilmero del 8 de octubre de 1876 bajo el título "Recuerdos Fúnebres", informa de la muerte de una hija de dos años del matrimonio Matienzo-Dupuy, del vecino Gervasio Espínola, un hombree joven, y agrega: “…El jueves 2 de octubre a la madrugada junto con los anteriores falleció don Martín Cristoforetti, conocido vecino de esta localidad propietario del Hotel de la Estación y cargado de familia. El día miércoles, es decir, pocas horas antes de pasar a la otra vida, se le vio salir de su casa a caballo y hay personas que dicen haberlo notado algo triste. Esa noche, como de costumbre se recogió con su familia, pero como a las dos y media de la madrugada sintió un fuerte ataque al corazón dejando de existir en el momento con motivo del estado algo malo de sus negocios ese señor sufría bastante. […] Deja una numerosa familia compuesta de su esposa algunas niñas pequeñas y un joven como de 18 años de edad…”
Eran sus hijos Alejandro, Josefina, Victoria, Micaela y Arturo Manuel, el menor, que tenía 8 años. Martín no debía tener buen ojo para los negocios. La inversión debió ser muy grande y los ingresos pocos. Eso le creó una tensión nerviosa que acabó con su vida. Tenía 48 años.
En El Quilmero Nº 89, del 8 de octubre de 1876, salió un aviso del siguiente tenor: “AVISO. REMATE de PEDRO GIMÉNEZ. Del Hotel situado frente a la Estación Quilmes del ferrocarril a la Ensenada. El domingo 15 del corriente a las 12 en punto del día, se procederá a rematar al menor precio y sin retirar lotes, las existencias de dicha casa, por orden terminante de su dueño. Esas existencias consisten en: camas, con y sin ropas; variada cantidad de vinos y licores; surtido de loza y cristalería; útiles de confitería; colchones; elásticos, estantes, vidrierías, armazones, sillas y otros asientos, una cama de viaje, refrescos, cerveza alemana e inglesa, rica clase, en barricas y suelta; una cantidad de semillas de cina-cina, vinos carlón y francés, muchas mesas de mármol y de madera, lindos cuadros, perchas, arañas, mostrador, una máquina de alambrar y una batería de cocina. Todo esto será vendido en lotes chicos y grandes. De otra pertenencia y por orden terminante de su dueño se rematará: un carruaje para familia en buen estado de uso, estufas, cunas para niños, camas pequeñas y una colección de El Progreso de Quilmes. También se venderá al contado y sin retirar lote. Finalizara el remate con la venta al mejor postor de una cantidad de plantas de jazmín del cabo de variados tamaños."
Se infiere por este anuncio que el Hotel de Cristoforetti estaba instalado con un confort inimaginado para la época. Los elementos descriptos eran de mucho lujo para adquirirlos con un sueldo de preceptor. Indudablemente que para lograrlo debe haber vendido además de la manzana para la plaza, varias parcelas de su chacra. La construcción en forma de U era importante, en el centro de la manzana con una gran entrada de carruajes y senderos trazados con conchillas de un arroyo cercano.

EL HOTEL LA SIRENA
Micaela Sosa, viuda, con hijos chicos, deudas y sin otros ingresos ni familiares en el pueblo, no debió tener otra alternativa que poner todo a remate. El edificio siguió luego como hotel con el nombre “La Sirena”, perteneció primero a Juan Davidson y luego al italiano Antonio Bellati
Alfredo Cerutti (dueño de un famoso bar sobre la calle Alem) así lo describe en sus memorias: "La Estación funcionaba en el primitivo edificio que, en el centro, tenía un hall con una confitería que daba a la calle Gaboto, frente al gran hotel , propiedad de don Juan Davidson (padre), el cual ocupaba la media manzana de Gaboto a Centenario. Sobre Centenario estaba la entrada para los carruajes y las caballerizas para alojar los animales y los vehículos de los clientes que venían de las afueras del partido para dirigirse a la Capital Federal. Este hotel contaba con un gran salón de fiestas, divididió por puertas plegadizas y una gran cocina subterránea. En el frente tenía pilares de mampostería con verjas de hierro." Sobre estos pilares Antonio Bellati colocó un mascarón de proa que representaba una sirena, lo que le dio nombre al establecimiento hotelero.
Allí se hizo la primera reunión para crear la Sociedad Italiana de S.M. Cristoforo Colombo el 14 de abril de 1878. Más adelante la adquirió para su residencia el escocés Daniel Bradley, quien luego la parecelará.
En esa misma manzana pero sobre la esquina de Alem y Gaboto existió años después el Hotel de Spelzini.

DESCENDENCIA
En 1884 Micaela Sosa, enferma y con precaria situación económica, presento una solicitud ante la Dirección General de Escuelas solicitando una beca para su hijos Arturo de 12 años, el meno, en la escuela de Artes y Oficios. En la nota expresa que lo hace en nombre de la labor de su esposa que “…consagro con infatigable celo a la fundación de la primera escuela agrícola en Quilmes, la cual duro mientras estuvo en ese pueblo…”
Para afianzar su pedido presento abundosa documentación. Alguna ayuda recibió la viuda Cristoforetti pues, Arturo hizo estudios en bioquímica, siguiendo la orientación paterna y luego entró al ejército alcanzando el grado de Mayor Farmacéutico. Después de tener diversos asientos militares se estableció en Bernal. Un hijo de este Martín Fortunato Cristoforetti Ferro también hizo la carrera militar llegando al grado de Coronel.  
Alejandro el primogénito, que tenía 18 años cuando murió su padre, del que fue alumno en la escuela de Lomas de Zamora también fue farmacéutico y abrió una botica en La Boca, situada en la Avda. Almirante Brown sobre el lado par del 1300, esquina Olavarría. El fundador de esta familia no pudo ejercer su profesión, pero sus hijos continuaron la carrera para la que se había formado en Italia y la concretaron.
Las historias de algunos hombres del siglo XIX son como la de tantos hoy: desencuentros, privaciones, éxitos, un trémulo equilibrio en los andariveles de la fortuna. En aquellos años la vida era en extremo dura y para los que asumían con firmeza de propósito el trayecto de su existencia, las inclemencias cotidianas los gravaban más, tanto física como psíquicamente. Sus legados, parecen insignificantes comparados con los de renombrados próceres, sin embargo, sumados al quehacer de todos aquellos hacedores anónimos de microhistorias, que dieron forma y organización a los pueblos de todos lo rincones de la Argentina, son inmensurables.

Investigación, compilaciones y entrevistas Chalo Agnelli

FUENTES
ARCHIVO HISTORICO DE LA PROVINCIA "PROF. R. LEVENE"
EL AUTOR AGRADECE A MARTÍN CRISTOFORETTI, BISNIETO DEL BIOGRAFIADO Y A SU ESPOSA ELSA PÉREZ POR LOS IMPRESCINDIBLES DATOS APORTADOS.

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