lunes, 18 de julio de 2011

HISTORIA DE LA PRENSA QUILMEÑA - Iº NOTA DE JUAN CARLOS BUCETA BASIGALUP

Cercano un nuevo Día del Periodista, en la semana previa, agregamos a la precisa investigación del Lic. Jorge Padula Perkins, este trabajo que completa cuanto se haya historiado sobre la prensa local.
Hubo en Quilmes periodistas que dieron lustre a su profesión; una labor intrínsecamente adherida a la libertad del hombre y sus obras. Primero, indiscutiblemente fue el Dr. José Antonio Wilde, el fundador de esta tarea en la zona, y luego: Pedro Giménez, José Andrés y Rodolfo A. López y se sucedieron los nombres: Adela García Salaberry, Emilio Mauri Casabal, José Antonio Blanco, Mordy Strugo, Víctor Giordano, Omar Andragnez, Jorge Luis Barton, José Ruzo… Esto se puede comprobar en sus obras, en su legado que hoy forman parte de hemerotecas a disposición de funambulescos historiadores.
En esta sucinta reseña cronológica de la prensa y los periodistas del partido de Quilmes, Buceta Basigalup incluye revistas, boletines y opúsculos publicados por entidades de bien público, instituciones religiosas y educativas, que también consideraba difusores de la historia quilmeña.


Este es un paneo sobre los primeros 75 años del periodismo quilmeño, en los que se publicaron 136 periódicos, aproximadamente, algunos no deben haber sido nombrados en esta cronología, a razón de 1,5 medios de prensa escrita por año.

Desde 1947 a la actualidad es factible que esa cantidad se haya duplicado como mínimo, y no más pues la aparición de otros medios de comunicación y transmisión de la noticia redujeron el crecimiento de la prensa escrita, pero aún no la anularon en absoluto. 
EL PERIODISMO EN QUILMES TIENE POR SU ANTIGÜEDAD UN LUGAR DE VANGUARDIA EN LA CULTURA POPULAR DE LA PROVINCIA
(Se distribuye esta publicación en 4 notas por cuestiones de espacio y para facilitar la lectura sobre la pantalla)

Por Juan Carlos Buceta Basigalup[1]
En El Sol, número extraordinario
Noviembre de 1946
Trascripción, composición y notas Prof. Chalo Agnelli

LA PRENSA DEL FINES DEL SIGLO XIX

1.- “El Progreso de Quilmes [2] - 1873
Si algunos historiadores y ciertas estadísticas y guía que he consultado aluden a “El Norte de Buenos Aires”, aparecido en San Nicolás en 1873 como el “decano de la prensa de la provincia” no cabe duda que nuestra ciudad comparte esa honrosa colocación en el punto inicial de una larga lista desde que su primera publicación periódica apareció en ese mismo año por iniciativa del recordado filántropo médico, periodista y escritor Dr. José Antonio Wilde.
Llevó esa publicación el nombre de “El Progreso de Quilmes” y sus primeros números vieron la luz en los meses iniciales del año mencionado.
La época no era propicia sin duda para la publicación e periódicos y menos cuando los animaba un ideal político en tiempos de notorios apasionamientos por cuanto se refiera a ese orden de ideas.
Se imprimía en la calle Mitre entre Alem y Garibaldi, también en la casa de Wilde, en 25 de Mayo entre Paz y Pringles y en Lavalle 688.
Es así como “El Progreso de Quilmes” dejó de existir luego de cumplir una breve trayectoria y de sembrar una semilla que fructificaría en el correr de los tiempos en un árbol de extraordinaria frondosidad.
Efectivamente, fue este junto a "El Norte" de la ciudad bonaerense de San Nicolás, los dos más antiguos periódicos de la provincia de Buenos Aires.

2.- “El Libre[3]- 1874
De acerado a los antecedentes que obran en nuestro poder, corresponde continuar la lista a otro periódico denominado esta vez “El Libre”. La hoja que ostentaba en su primera página denominación tan sugestiva vio la luz entre nosotros en 1874 dirigiéndola el militar don Alfredo Wilde, sobrino de don José Antonio, el fundador de “El Progreso”, evidenciando así que el “virus periodístico” era entonces tan contagioso como ahora.
“El Libre” sólo desarrollo su acción publicitaria durante muy breve tiempo y es así como Quilmes perdió su segunda hoja periodística sin que, al parecer, el vecindario lo sintiera mucho o poco. La indiferencia más absoluta mató al periódico en cuestión en la misma forma en que acabó con el primero.
Pero, como ya lo dijimos, el “virus” había prendido fuertemente en la sangre de los Wilde. [4]

3.- “El Progreso” (segunda época)
 El médico de la aldea no se resignó al fracaso de su iniciativa ni al poco afortunado ensayo de su pariente. Reeditó pues, “El Progreso” que en su segunda época no tuvo mejor suerte que en la primera y hubo de abandonar el terreno con resignación quedando vacante una vez más el sitial periodístico lugareño.
Así, Quilmes, para su desgracia o para su fortuna, que en este tópico también están divididas las opiniones, perdió su tercer periódico en el breve término de dos años.
El Progreso” desapareció esta vez definitivamente, con el mes de julio de 1875.
Esos fueron los primeros pasos periodísticos en nuestro distrito y de ellos pocos antecedentes existen en obras que se refieran al tema y menos en archivos o colecciones.

4.- “El Quilmero” – nov. 1875
No pasa lo mismo con “El Quilmero” que se lanzó a la palestra en noviembre de 1875 redactado por don Pedro Giménez [5] e impreso en los mismos talleres e impresor. Giménez era tipógrafo de oficio y puede ser considerado como el primer periodista profesional de nuestro ambiente ya que escribía precisamente con la finalidad de crearse un medio de vida honorable y muy de su gusto.
Se editaba en la una propiedad de la calle Mitre entre Alem y Garibaldi.
“El Quilmero” – posteriormente rebautizado “El Provincial” – aparecía jueves y domingos con nutrido material de lectura original y sin que hallara mayor eco en el pueblo somnoliento que poco y nada o casi nada quería saber de periódicos. No obstante, esta hoja se mantuvo durante más de 30 años.

5.- “El Independiente” – 29/10/1876 // mayo 1878
Tal circunstancia no fue óbice para que un grupo de jóvenes tentara fortuna a su vez y es así como a fines de octubre (precisamente el día 29 de 1876), se efectuaban las primera entregas de “El Independiente”.
Dirigía este periódico José Andrés López, [6] elemento inteligente, culto y dinámico, llamado a desempeñar con los años un brillante papel en el periodismo, en las letras y en la política constructiva del pueblo que conocerá lo mejor de sus entusiasmos dedicándole lo más noble de su brillante espíritu. Acompañaban a López en la “patriada” Carlos Casavalle, [7] Indalecio Sánchez y Ramón F. de Udaeta.
El periódico se mantuvo dando algunos tumbos hasta mayo de 1878. Sus animadores, más dados a los pocos entretenimientos que brindaba Quilmes por entonces: cabalgatas, reuniones nocturnas en el Hotel de Risso, bailes y tertulias, veladas literarias – meros pretextos para hacer sociabilidad – etc., terminaron por enterrar a “El Independiente” y buscar nuevos motivos para satisfacer sus inquietudes.
El Intendente José Eduardo López (con clavel en la solapa) inaugurando la Biblioteca Pública Municipal Domingo Faustino Sarmiento. (circa 1909)
6.- “El Cáustico” – jul, 1878
Pero López, íntimo amigo del doctor Wilde, había sido contagiado a su vez por el “virus” ya mentado y el fracaso de “El Independiente” – mera aventura juvenil más que esfuerzo encaminado a serias perspectivas – no le arredró ni mucho menos. Así, solo esta vez, brinda a sus amigos una muestra de su ingenio en El Cáusticoaparecido en julio de 1878, y que, usando la frase hecha, “duró lo que dura un lirio”.

7.- “El Eco de Quilmes” – 8/12/1878
Más las ansias de escribir y de dar a conocer las ideas por la prensa que todos los del oficio conocemos, eran tales ya en el joven López (José Andrés) que, a pocas semanas de la desaparición de “El Cáustico insistía una vez más ofreciendo al vecindario el producto de sus lucubraciones en una nueva hoja que apareció por vez primera el 8 de diciembre del mismo año; se trataba de El Eco de Quilmesesfuerzo ponderable para la época y pleno de sugestiones para el quilmeño de hoy.
Era este un periódico social e informativo en el verdadero concepto de la palabra. En sus páginas, que hemos hojeado con profunda emoción, hemos auscultado dos años palpitantes de vida del viejo pueblo de nuestros abuelos.
¡Cuántas veces hemos sentido acelerar nuestro corazón al leer en esas páginas venerables crónicas y relatos de hechos que escucháramos un día de labios de nuestra madre descripciones de tipos y costumbres que nos han sido familiares a través de las charlas íntimas de sobremesa y referencias hacia rincones que hemos luchado por identificar o imaginar esforzándonos por pintarnos mentalmente al Quilmes aldeano que tan profundamente arraigado estaba en el corazón de nuestros antepasados.
Las páginas de “El Eco de Quilmes” como las de otros periódicos del siglo anterior de los que desgraciadamente muy pocos ejemplares se conservan, tienen como pocas un profundo sentido histórico y tradicionalista. Algún día sus páginas serán reimpresas facsimilarmente como homenaje a los que dieron a Quilmes una aureola prestigiosa y respetable, exactamente como hizo – conservando las distancias y cambiando la magnitud de los escenarios – con la “Gaceta de Buenos Aires” y otros órganos en que se escribió por mano de próceres, la historia de un país que nació a la libertad en unión de su prensa periodical. El Eco de Quilmes” fue sin duda alguna la primera publicación periodística auténticamente popular de nuestro pueblo, la que supo conquistar categóricamente el favor de aquella sociedad nuestra finisecular que como ciertos ríos alimentados por el deshielo de las montañas del macizo andino, era pequeña y caudalosa en el verano, cuando recibía el aporte temporal de las calificadas familias porteñas que tenían entre nosotros sus residencias de descanso y recreo. "El Eco de Quilmes" dejó de aparecer el 30 de mayo de 1880.
Hasta entonces los periódicos de la aldea habían sido moderados, apacibles, por lo menos hasta cierto punto, ya que se contemplaba con respeto la opinión de los demás sin que el periodista dejara de exponer la propia con altura de miras o con amable condescen­dencia.
Pero ya transpuesto el año 80, la juventud había per­dido el miedo al papel impreso, y logrado sacudir, — no mucho — la modorra que le envolvía como un re­flejo de la gran aldea. Algo, por fin, se había hecho sentir la influencia del ferrocarril permitiendo que un mayor número de hijos de este viejo pueblo se tras­ladara a los centros de cultura y ampliaran sus cono­cimientos generales.
La política, juego favorito entonces como hoy, orien­taba a los jóvenes ciudadanos hacia los centros cívicos y, — no en balde vivían la época de los grandes oradores que dieron tanto brillo a la tribuna y al parlamento argentinos — algo traían a casa con el entusiasmo que la "gran ciudad" provocaba en sus espíritus.

8.- “La Verdad”
Así la acción política, que como ciertas enfermedades aparece por épocas haciendo víctimas en forma co­lectiva, Impulsó a un grupo de vecinos a editar "La Verdad" (sin que nada tuviera que ver con el actual periódico del mismo nombre) siendo sus animadores el doctor Fermín Rodríguez y los señores Miguel A. Páez y Eduardo Casares. Si Quilmes pretendió tener con dicha hoja un perió­dico de lucha, bien se sacó el gusto pues ''La Verdad" — opositor a las autoridades lugareñas — las combatió sin andarse por las ramas ni detenerse en filosofar sobre la "ética periodística", frase muy oportuna para ser intercalada en un artículo de fondo cuando provoca las iras de ciertos periodistas, el di­rector de la hoja rival.
Es positivo que "La Verdad" justificó, como pe­riódico de combate, aquello de que "en la guerra todo está permitido". Y cuando curaron sus redactores del sarampión político, pasó simplemente a ser un recuer­do entre los muchos que nos dejara el viejo Quilmes.

9.- "La Provincia" - 1884
A la fogosa prédica de la hoja nombrada, sucedió otra más familiar que se encolumnaba bajo el título de "La Provincia" y que se dio a conocer en 1884.
De los redactores de esta publicación poco se sabe aun cuando es tradición que a la misma pertenecieron Rodríguez, Páez, Casares y otros, deseosos quizá de lavar los pecadillos con que cargaron a lo largo de su actuación en “La Verdad”.
“La Provincia” languideció dentro de un marco de indiferencia y terminó por seguir la huella de la mayoría de sus predecesores.

10.- "El Eco de Quilmes” (segunda versión) - 1887
En 1887, se instala en Quilmes un colega de don Pedro Giménez, el fundador de “El Quilmero”, se trata de don Domingo Doreste, tipógrafo y nativo de Santa Cruz de Tenerife, Las Palmas, Canaria, y que radicado en La Plata con otros familiares, a los 17 años, pasó en 1887, a establecerse nosotros, instalando, cuando apenas contaba 19, taller de imprenta en un local situado en (las calles) Pringles y Buenos Aires, (hoy Nicolás E. Videla).
Doreste exhumó en su taller "El Eco de Quilmes” que apareció esta vez bajo la dirección de don Manuel Cerdena y Guzmán, también español y de las Canarias. 
 La pequeña imprenta que utilizaba Doreste la había traido de su país. "El Eco de Quilmes", que en realidad nada tenía que ver con el anterior periódico fuera da la similitud de títulos, fue una hoja de crítica constructiva, familiar e independiente cuyas opiniones fueron apreciadas en su época alcanzando notables difusión y logrando transponer los primeros años del siglo actual (XX)

11.- “La Lectura” – 10/10/1895
En orden cronológico sigue al aludido en las líneas anteriores, “La Lectura -periódico semanal, religioso-social” según acotaba inmediatamente después de su título y que apareciera el 10 de octubre de 1895 bajo la dirección de su fundador el prestigioso presbítero Antonio D. Rossi, quien alcanzó más tarde altas dignidades sacerdotales.
En sus comienzos “La Lectura” fue un periódico combativo al par que constituía un medio de información acerca de las actividades parroquiales para los feligreses. El padre Rossi no era de los que soportaban pacíficamente ciertas actitudes de sus feligreses ni determinadas alusiones de algunos colegas periodísticos y como sabía manejar la pluma, con esta arma se defendía. Al mencionado sacerdote siguieron en la conducción de dicho colega, único de los aparecidos en la centuria anterior que ha logrado mantenerse en la palestra  - los presbíteros Bartolomé Ayrolo (después obispo de Avellaneda) Felipe de Jesús Echeverría, Manuel Bruzzone, Donato Rodríguez, Ángel J. Banfi y Silvio R. Cartasegna, secundados todos ellos por sus colaboradores en el sacerdocio, entre los cuales corresponde mencionar a los presbíteros Rodríguez, Gatica, Juan Bernardino Lértora. Jesús Oria e Ibañez y en la actualidad: Cayetano Tacetta, señores Dres. Manuel A. Berraz, José A, Craviotto, [8] Félix Berraz, Adolfo Bazán, Inés A. Manzo, [9] etc. Muchas de estas firmas figuraron en el número extraordinario editado por “La Lectura" al cumplir cincuenta años de interrumpida acción periodística.
En esta oportunidad tocó al autor de este trabajo proponer un homenaje al colega, el cual se materializó en la persona del párroco Ángel J. Banfi, que era entonces su director. "La Lectura" lleva publicados a la fecha… (sic) números ordinarios y varios extraordinarios.

12.- “La República” [10] - 1897
Tras el órgano parroquial, se hizo presente en el periodismo "La República" en el año 1897. Publicación que se inició bajo los mejores auspicios, al cual siguió la "revista semanal, noticiosa y de intereses generales” denominada ''La Fama".

13.- ''La Fama" - 1899
Apareció este nuevo exponente del periodismo quilmeño en setiembre de 1899, entregándose a sus lectores los días jueves. La dirigía Juan José Fernández (quien posteriormente actuó en el diario porteño "El Pueblo", en cargos directivos y en "Criterio", llegando a ser uno de los primeros periodistas beneficiados por la ley de jubilaciones del gremio) y el joven estudiante José Eduardo López. [11]
De este periódico del que llegara a mis manos por casualidad el único ejemplar existente, quizá ya no se acuerden ni quienes le escribieron. Fue una publica­ción amena, de carácter social encaminada por sus Inspiradores, por una senda ejemplar. Su vida fue rela­tivamente efímera quedando como un grato exponen­te de periodismo ejemplar.
El siglo XX señaló ya el afianzamiento del perio­dismo como medio de expresión en todo orden de idea y como vehículo de cultura popular.
Comenzaron a llenar a los talleres locales, los ade­lantos que señalaron para este siglo, el afianzamiento de la libertad de expresión.
Con las máquinas planas y las "typograph" se mul­tiplicaron rápidamente los periódicos estimulados prin­cipalmente por la actividad política que fue extraordinariamente accidentada en Quilmes — como en muchas otras partes — con el advenimiento de nuevos partidos políticos y de otras ideas.

Compilación Chalo Agnelli
chaloagnelli@yahoo.com.ar
NOTAS DEL COMPILADOR

[1] Ver biografía en: Agnelli, Chalo “Cuadernos de Identidad 1” Ed. Tiempo Sur. Pág.67.
[2] Ver “Dr. José Antonio Wilde, médico, periodista y educador quilmeño” de Ch. Agnelli. Ed. Tiempo Sur. Quilmes, 2008. Pp. 82 a 92
[3] Ibiden. Pág. 89
[4] Nota del compilador: El padre del Dr. José Antonio don Santiago Wilde (James Wild) fue el creador el periódico porteño “El Argos”.
[5] Ver biografía en: Agnelli, Ch. “Cuadernos de Identidad 1” Ed. Tiempo Sur. Pág. 63
[6] Ver biografía en “Cuaderno de Identidad 1” de Agnelli, Ch. Ed. Tiempo Sur 2010. “Los López, una dinastía de políticos quilmeños”
[7] Editor y propietario de la “Librería de La Patria”, vecino de Quilmes. Editó el libro “Buenos Aires desde 70 años atrás” del Dr. Wilde.
[8] Se refiere al historiador autor de “Quilmes a través de los años”
[9] Se refiere a la profesora Inés Manzo de Torrico, directora del Normal de Quilmes y fundadora de la biblioteca Pedro Goyena.
[10] Atanasio Lanz en “Historia del pueblo de Berazategui”, narra: “El Dr. Alfredo Madrazo, cubano, fundó y dirigió un periódico quilmeño “la República allá por el año 1894. El Dr. Madrazo residía en Berazategui.”·
[1] Luego intendente por el partido radical. Hijo de José Andrés López, hermano del diputado Rodolfo Alberto López y tío del intendente Rodolfo Adalberto “Robín” López.

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