miércoles, 13 de marzo de 2013

MICROHISTORIA, UNA FORMA DE HACER HISTORIA



Estos conceptos que aquí se transcriben del profesor J. Jesús López Martínez y que recibimos gracias a la gentileza de la Prof. Raquel Gail como ningunos otros describen, detallan y conceptualizan los trabajos, investigaciones y documentos que EL QUILMERO viene haciendo desde hace tres años en este blog y desde hace 47 años desde distintos medios de divulgación.

MICROHISTORIA

(Fragmentos) 
J. Jesús López Martínez * 

Aquí se propone la microhistoria como un ejercicio metodológico para involucrar a la comunidad como parte de todo un proceso histórico que está vinculado con lo regional y nacional a partir de su vida cotidiana, lo que le da un carácter identitario, es decir, la identificación del individuo con su lugar de origen y su relación con el desarrollo nacional.
En este sentido, el rescate de la memoria de una población a partir de fotografías, documentos escritos, mapas o relatos que describen los cambios y permanencias del entorno físico, las costumbres, las tradiciones, el carácter de las personas, la mentalidad entre otros son usados como fuentes de información para la reconstrucción microhistórica para explicar, en parte, la transformación geográfica, cultural, económica y política de un pueblo o una localidad en el corto, mediano y largo plazo. [...] Para entender a la microhistoria como una alternativa de análisis es necesario explicar qué es la historia, cuál su función social, sus fuentes, su carácter crítico, todo ello con el fin de tener claro que la historia no es una simple narración del pasado. [...] Entendemos […] que la historia es la ciencia que estudia a las sociedades en el tiempo y en el espacio y que sirve para comprender el presente por el pasado y el pasado por el presente. 
Así, a partir de la interpretación del pasado para resolver el presente y viceversa es posible fortalecer la conciencia colectiva “para hacer de la recuperación y el olvido selectivo del pasado un instrumento de identidad crítica”.[1] Para lograrlo, es necesario hacer una interpretación crítica de los hechos históricos, pues criticar es transformar, carácter esencial de la historia, que la define como ciencia y no como una disciplina carente de rigor científico.
Criticar para construir, porque es mediante la crítica que se construye y se transforma un sistema social. 
En la reconstrucción histórica, la materia prima son las fuentes, que son todo documento, testimonio u objetos que transmiten un conocimiento total o parcial de hechos pasados. 
El carácter crítico de la historia estará en la forma como se interrogue a la fuente ya sea documental, oral, pictórica, fotográfica e incluso videográfica y cinematográfica para responder a una serie de interrogantes sobre la dinámica de las sociedades en diferentes aspectos, social, económico y político pues “el vocabulario de los documentos no es, a su manera, nada más que un testimonio. Precioso entre todos, sin duda, pero como todos los testimonios imperfecto, es decir, sujeto a crítica[2] y a la confrontación con lo que lo rodea en el tiempo y el espacio. 
Fuentes de información que nos revelarán diferentes aspectos de la vida regional y nacional, pública y privada, del comportamiento e imaginario colectivo en el tiempo corto, mediano y largo. 
“La historia no puede ser un simple retablo de las instituciones, ni un simple relato de los acontecimientos, pero no puede desinteresarse de estos hechos que vinculan la vida cotidiana de los hombres a la dinámica de las sociedades de las que forman parte”,[3] puntualiza Pierre Vilar como para recordarnos de alguna manera lo que Marc Bloch ya había advertido, “la diversidad de los testimonios históricos es casi infinita. Todo cuanto el hombre dice o escribe, todo cuanto fabrica, cuanto toca puede y debe informarnos acerca de él.”[4] De aquí entonces que para la historia todo aquello que tenga la huella del hombre es fuente de información sobre su dinámica social. Por lo que nada debe dejarse de lado, sin embargo habrá que darle su valor como evidencia histórica, es decir, valorar la información que ayude a resolver problemas del cómo, cuándo, dónde y por qué. [...] No se puede concebir una historia particular desarticulada de una historia total, pueden existir particularidades en la historia pero nunca estar desligadas entre sí, siempre habrá una articulación entre ellas que le de unidad. [...] La nueva historia se interesa por casi cualquier actividad humana de tal forma que los estudios históricos abarcan temas que se consideraban carentes de historia, por ejemplo, la muerte, la niñez, la juventud, el amor, la locura, el clima, las enfermedades, el ocio, la embriaguez, la criminalidad, la vagancia, la suciedad, el cuerpo, la sexualidad, la lectura, la escritura, el lenguaje, la feminidad e incluso el silencio.
“El fundamento filosófico de la nueva historia es la idea de que la realidad está social o culturalmente constituida”.[5] [...] Como fruto de esta nueva historia está la propuesta de la microhistoria como una alternativa de análisis de los procesos sociales en el tiempo y el espacio. El concepto de microhistoria ha sido planteado a partir de los trabajos desarrollados bajo esta óptica. [...] Para Luis González [6] la microhistoria es el estudio histórico del terruño, la historia matria, la historia de la tierra donde se nace, por tanto, “es la manera como guardan su pretérito los mexicanos menos cultos, mediante la historia recordada por los viejos en miles de terruños.” 
La microhistoria no es una crónica o narración de hechos sino que “indaga los avatares de un terruño desde su fundación hasta el presente; pregunta por los sucesivos actores y acciones de la minicomunidad; toma muy en serio la geografía, los modos de producción y los frutos del ámbito municipal; le da mucha importancia a los lazos de parentesco y demás aspectos de la organización social; destaca los valores culturales de las distintas épocas; confronta lo lugareño con la región y la patria común.”
En este sentido podemos entender la microhistoria como el estudio en menor dimensión de la dinámica social de un barrio, una ciudad, una comunidad, una comarca, etc. que bajo una visión microscópica nos dará cuenta en detalle de las actitudes y de opinión de los individuos comunes de los diferentes ritmos de desarrollo y crecimiento de su entorno pero siempre vinculado a un proceso regional y nacional mucho más amplio. [...] Otra concepción muy importante acerca de la microhistoria es la desarrollada por la historiografía italiana del siglo XX. 
En su concepto la microhistoria es una práctica historiográfica que se basa en esencia en la reducción de la escala de observación, en un análisis microscópico y en un estudio intensivo del material documental […] Para la microhistoria, la reducción de escala es un procedimiento analítico aplicable en cualquier lugar, con independencia de las dimensiones del objeto analizado” [7] se interesa por lo concreto y lo detallado. [...] La microhistoria italiana se interesa por el análisis de las relaciones sociales y de las formas culturales tanto de grupos sociales, comunidades como de individuos, éstos últimos como parte de un tejido de relaciones que se insertan en contextos más amplios. 
Lo importante de la microhistoria es formular preguntas generales a objetos reducidos y formularlas de tal modo que esos objetos menudos, lejanos y extraños cobren una dimensión universal, sin dejar de ser a la vez irrepetibles y locales. [...]

* J. JESÚS LÓPEZ MARTÍNEZ. Licenciado en Humanidades, Maestro en Historia y Candidato a Doctor en Humanidades (Historia), por la Universidad Autónoma Metropolitana (Unidad Iztapalapa). Con amplia experiencia docente en educación superior, pues ha sido y es catedrático en la Universidad Autónoma Metropolitana, la Escuela Nacional de Antropología e Historia, y el Instituto José Ma. Luis Mora. Autor de diversos artículos, reseñas y textos históricos. 

NOTAS:
[1] Carlos Monsiváis, “La pasión de la historia” en Carlos Pereyra, et al, Historia ¿para qué?, Siglo XXI, México, 1984, p. 171. 
[2] Marc Bloch, Introducción a la Historia, 2ª. reimp., FCE, México, 1996, p. 130. 
[3] Pierre Vilar, Iniciación al vocabulario del análisis histórico, tr. M. Dolores Folch, 4ª. ed. Editorial Crítica Gijalbo, Barcelona, 1982, p. 43. 
[4] Bloch, op. cit., p. 55. 
[5] Peter Burke (ed.), Formas de hacer Historia, Alianza Editorial, Madrid, 1993, p. 15. 
[6] Luis González, “Terruño, microhistoria y ciencias sociales” en Pedro Pérez Herrero (comp.), Región e Historia en México (1700-1850), Instituto Mora/UAM, México, 1991, p. 27-35. 
[7] Giovanni Levi, “Sobre microhistoria” en Pérez Herrero, op. cit., p. 122.

FUENTE: 
Aprender a enseñar Historia. Coordinadores: Adela Guerrero Reyes, Ismael Vidales Delgado Autores: María de los Ángeles Moreno Macías, José Juan García Ávalos, Nidia Angélica Curiel Zárate, Alberto Sánchez Cervantes, J. Jesús López Martínez, Eduardo Tarango Reyes. © 2005, Centro de Altos Estudios e Investigación Pedagógica, proyecto administrado por el Colegio de Estudios Científicos y Tecnológicos del Estado de Nuevo León (CECyTE, NL) Andes No. 2720, Colonia Jardín Obispado, CP 64050, Monterrey, N.L. México. 

Publicado por Raquel Gail 
el 3/11/2013 11:58:00 p.m.

No hay comentarios: