lunes, 8 de febrero de 2010

JULIO PAZ, SU FALLECIMIENTO - POR MANUEL OLIVEIRA Y CLAUDIO L. PÉREZ

Falleció en Milán el artista plástico argentino, Gran Premio de Honor del Salón Nacional de Grabado 1971; Julio Paz.

Colaboración del escritor Claudio L. Pérez
El viernes 5 de febrero falleció en el Hospital Sacco, de Milán, Italia, el gran artista plástico argentino Julio Paz.
Había nacido en Avellaneda, en 1939, y residió en Quilmes desde 1949 hasta 1976, año en que partió al exilio después de haber sido amenazado de muerte en su lugar de trabajo, la Escuela Municipal de Bellas Artes Carlos Morel, de la ciudad Quilmes.
Diseñador gráfico, dibujante, grabador y pintor su obra recibió innumerables premios nacionales e internacionales: Salón Internacional de Grabado de Biella, Italia, en 1992: VIII Internacional de Arte Gráfico en Berlín, República Democrática Alemana, en 1987; Medalla de Honor en la IV Exhibición Internacional de Arte Gráfico en Lodz, Polonia, en 1985; Premio Internacional de Grabado, en Japón, en 1885, entre otros.
Expuso en museos y galerías de nuestro país y el exterior: Museo Municipal de Artes Visuales de Santa Fe; Museo Provincial de Bellas Artes de Tucumán; Museo Municipal de Artes Visuales de Quilmes; Langsan Gallery, de Armandale, Australia; Galería Arte Vigente, Caracas, Venezuela; Academia de Bellas Artes, de Brera, Milán; Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori, Bs. As., Argentina; Café Paz, en Kulturhaus Mitte, Berlín, Alemania; Museo de Historia de la Ciudad de Lodz, Polonia; por nombrar sólo algunas de las instituciones que mostraron su trabajo.
Poseen obra los muesos de Arte Contemporáneo, de Artes Plásticas Eduardo Sívori, del Grabado, de Arte Moderno, Nacional de Bellas Artes, en Buenos Aires, y distintos museos del interior del país. En el exterior disponen de obras de Julio Paz: el Museo Nacional de Bellas Artes de La Paz, Bolivia; el Museo de Arte Gráfico Moderno de El Cairo, Egipto; la Biblioteca Nacional de París, Francia; el Museo del Libro y la Escritura de Liepzig, Alemania; Museo del Grabado Latinoamericano de San Juan, Puerto Rico; y distintas instituciones y colecciones privadas del país y el mundo.
Su obra transmite la búsqueda quimérica de los sueños incumplidos del humanismo latinoamericano. Fiel a su época, registra los hechos más crudos de nuestra realidad sin ceñirse a un anecdotario cronológico sino que se adentra en nuestros problemas con una crítica sutil a la insensibilidad y el individualismo. El color es un elemento que Julio Paz ha manejado con visible talento y con una fuerza que trasmite siempre esperanza y calidez.
La literatura fue uno de los ríos que alimentó su trabajo artístico, desde la serie de “Los inventos” donde recreaba los más vulgares objetos de nuestra cotidianeidad, como un Verne sudamericano, hasta sus retratos de Onetti, con quién compartió una larga noche en Montevideo y Cortázar, a quién conoció en el exilio.
El Luna Park, Gardel, los pugilistas, los circos sin nombre, las Madres de Plaza de Mayo, sus alusiones a Quilmes y Bernal, los lugares en los que fue feliz, aparecen en su obra una y otra vez, como si nunca hubiera partido definitivamente del país que lo expulsó y no supo, todavía, recuperarlo.
Julio Paz era hermano de Hilda Paz reconocida artista plástica y profesora de la Escuela de Bellas Artes Carlos Morel.
La última gran muestra antológica, de este bernalense por adopción, emigrado forzoso por intolerancia de los déspotas, fue “La mano que…”, exposición presentada en el Palazzo Reale de Milán, en mayo de 2008, coincidiendo con la celebración de la Semana Argentina en Milán. Una vez más Julio Paz dio muestras de su talento compositivo con pinturas y grabados que volvieron sobre sus temas de siempre, el amor, la patria lejana, la soledad, y el arte. Como si Van Gogh, Chagall, Frida Kahlo, Gauguin, Goya, alimentaran aún su solitario, inconfundible, noble camino hacia una belleza que, no sabía, ya había encontrado muchos años atrás.
Julio Paz a la izquierda
Colaboración del escritor Claudio L. Pérez
06/02/2010

REPERCUSIONES POR SU FALLECIMIENTO

Hoy, miércoles 10 de Febrero del corriente, acabo de recibir la noticia del fallecimiento de Julio Paz.

Mediante el correo que me enviara el siempre amigo Chalo Agnelli, me entero de esta dolorosa pérdida para el arte nacional. Julio Paz fue un auténtico artista que supo enfrentar ante el mundo su condición de tal. Asumido con suma dignidad en su hacer, dio al mundo un verdadero ejemplo de lo que es un creador. La fuerza expresiva de sus dibujos y grabados, su concepto clarificado casi desde sus comienzos sobre la creatividad, han permitido que la crítica nacional e internacional haya valorizado su obra. Sus trascendentes exposiciones en Europa, América y especialmente en nuestro país han sabido de un reconocimiento que otorgó a su obra las más destacadas distinciones.

Recuerdo siempre la imagen de sus padres acercando diariamente a la escuela de Bellas Artes de Quilmes durante años a dos muy jóvenes alumnos: Julio Paz y su pequeña hermana Hilda Paz. Ese gesto de sus padres representaba en mi el amor familiar y sobre todo el fenómeno de una rara comprensión de la vocación artística de sus hijos.

Julio, al igual que Hilda, podríamos decir que casi desde su nacimiento, jamás llegaron a apartarse del arte, de la creación. He aquí, una verdadera herencia recibida por ambos.

Como amigo de este talentoso artista, y acompañando el hondo pesar de su familia y especialmente sintiéndome abrazado en el sentimiento de su querida hermana también consagrada artista Hilda, no puedo dejar de expresar mi  profunda satisfacción de haber intervenido, tal vez, en el desarrollo artístico de ambos desde sus primeros pasos.

Con mucho pesar

Manuel Oliveira.


miércoles, 3 de febrero de 2010

ALFREDO SAN JOSÉ, LA MEMORIA Y LA GENTE (1/5/1938 - 1/2/2010)


 Alfredo San José

Esta nota salió en el periódico Perspectiva Sur del jueves 28 de enero, 
firmada como de Ernesto Salgado, 
un error involuntario de los diagramadores del periódico, 
que no afecta al autor de este bog 
ya que el mencionado es una personalidad de prestigio 
que honra la asociación

No terminamos de reponernos de las pérdidas. Ahora el dolor es por la partida de nuestro querido e irremplazable Alfredo San José.
Si alguien tuvo el patrimonio de la memoria histórica y de las tradiciones del partido de Quilmes, fue el querido Alfredo.
¡Quién, en Quilmes, no recuperará en su imaginería visual ese personaje alto, inquieto, con una gran filmadora sobre su hombro izquierdo, en cuanto acto, actividad o evento social, cultural, deportivo se realizara en la ciudad en los últimos 50 años.
Desde que allá, muy lejos, en la adolescencia hizo con amigos y vecinos un corto entre cómico y policial, pareciera que no se sacó más la cámara del hombro.
Si bien su barrio natal estaba circunscrito entre las calles Yrigoyen, Mitre, Guido y Garibaldi, de donde conocía familia por familia, sucesos y recuerdos de cada esquina, su mundo era todo Quilmes.
Conocí a Alfredo desde la infancia cuando mi padre llevaba su Ford 48 a que lo reparara su padre en su taller de la esquina de Moreno y Brandsen. 

Luego compartí la redacción del periódico Enfoques, yo como notero y "chico de los mandados", él como fotógrafo junto con Carlos Scott. Luego pasé a la redacción de "El Periodista" de Omar "Clavelito" Abdragnez", de quien Alfredo era gran amigo, y nos cruzabamos en actos, sucesos locales y en el Círculo de La Prensa de la calle Quintana, donde solía lucirse como excelente chef.
También compartí, como columnista, un programa de radio que hacía con el árbitro de boxeo Luis Blancou, en la FM 106.9 - Radio Quilmes de Pedro Navarro, donde entrevistaba, con su chispa y su gracejo, a cuanto artista, intelectual, deportista de renombre cruzó las calles de esta ciudad.
Su bondad y don de gentes lo precedían. En una oportunidad, juntos emprendimos una aventura de salvataje de nuestro patrimonio local. Fue el viernes de Semana Santa del 2006 ó el 2007 que a las 8 de la
mañana llevé a pasear a mi perra Canela a la plaza Aristóbulo de Valle y encuentro que vándalos nocturnos de esos que se encargan de destruir porque no tienen objetivos constructivos para sus vida, habían derribado y destruido el pináculo de la centenaria fuente que se halla en esa plaza de La Colonia. La fuente que originalmente estuvo en la San Martín de Quilmes hasta el año 1946 en que levantaron el monumento al Libertador;  instalada en la plaza principal del pueblo por el juez de paz don Tomás Giráldez en 1870.

Mi preocupación era que se perdiera como tantas cosas de nuestro patrimonio quilmeño. Conociendo la madera, lo llamo a Alfredo, que aún no se había lavado la cara, e inmediatamente se apareció en la plaza, donde yo había quedado de custodio; subió su coche a la vereda y a duras penas, pues pesaba como un demonio, subimos los endriagos que  representan ese pináculo al baúl de su coche.
Previamente, mientras lo esperaba, había llamado a otro amigo, Fernando San Martín, para que nos permitiera dejar el objeto en cuestión en el Museo Fotográfico de la calle 25 de Mayo, del que era director, y así fue como generosamente Fernando nos abrió y allí quedó resguardado para que alguna vez alguien preocupado por el patrimonio quilmeño como Alfredo, como Fernando y como yo, lo devuelva a su lugar original.
Después, cada uno volvimos a nuestros hogares, satisfechos de haber sido activistas en la preservación cultural.
Vale esta anécdota para pesar la pasión local que movía a Alfredo San José y para no olvidar jamás a ese incomparable ser humano, padre, esposo, Amigo. Y más...
Fue un modelo de hombre de bien. Dejó un legado de historias y de jóvenes que siguieron su sendero, como Fernando San Martín, de quien tomamos el siguiente obituario. (Chalo Agnelli)
Alfredo San José
 colaboración del Prof. Fernando San Martín
aparecida en el periódico Perspectiva Sur del 26/2/10
Nació en Quilmes el 1 de Mayo de 1938 en la esquina de Brandsen y Moreno, lugar en el que  hasta el día de ayer continuaba atendiendo el taller mecánico que fundó, en 1935, su padre Don Alfredo San José.
Curso sus estudios primarios en la Escuela N° 9, ubicada en la calle Moreno a pocos metros de su casa. Posteriormente estudió “Teneduría de libros” en la mítica academia “Mezzadra”, cuya dirección era ejercida por el profesor Capello.
Comenzó  a tomar fotos, en la década del '50 alentado por Pedro Daneff, un amigo suyo  que tenía una casa de fotografía ubicada en Moreno casi Alem.
Fue quemando los primeros rollos  bajo la supervisión de ese  gran maestro. Llegados los sesenta  comenzó a fotografiar eventos sociales con el nombre de “Foto Alfredo”, hobby rentado, que no le brindó demasiado dinero pero sí muchos amigos. 
En 1968 fue convocado por Domingo Costa para acompañar, como reportero gráfico, a Carlos Scott en la apertura del Semanario “Enfoques”.  Asimismo, en la misma época, colaboró en “Visión  Sur”, “El Sol” y varias revistas y periódicos de ese tiempo.  A principios de la década del ochenta  comienza, con una cámara de video, a dejar documentada  parte de la historia de Quilmes, cosa que hasta los últimos días continúo haciendo con la misma pasión. 
En el año 2003, su amigo Arturo Ismay lo suma como columnista de su programa radial “Apenas ayer”.  Con música y comentarios de las décadas del '50, '60, y '70, se emitía por F.M  Sur, los sábados de 19 a 21 hs. Luego a partir del 2004, el programa fue emitido diariamente de lunes a viernes de  21 a 23 hs. Y más tarde por Radio Argentina AM 570 de lunes a viernes de 22 a 23 hs. y posteriormente paso a  los sábados de 13 a 15 hs por 103.9 Radio FAN.
Paralelamente, Alfredo, siguió comentando historias de nuestra ciudad, la mayoría escritas por él, recordando vivencia personales en varios programas.
Colaboró en la RK 91.5 en el programa, “Junto a Vos” que conduce Elsi Llense, en “Tarareando Tangos”, cuya dirección esta a cargo de Juan Wotovichs y en el programa de los Hermanos Arroyo “Los años Dorados del Recuerdo”. Y Además fue el creador del programa “Enfoques Musicales” que va por FM Elit la 97.1, los sábados  de 8 a 11 hs, junto a Fernando San Martín y Néstor Almunia.
Con  Alfredo San José se nos ha ido el gran amigo, un excelente jugador de fútbol, fana del Q.A.C, fantástico cocinero, gran esposo y mejor padre. 
Él nos enseñó a recorrer las calles y vivencias en un imaginario recuerdo del Quilmes de otras épocas que permanecía en su bondadoso corazón.
Alfredo San José falleció el lunes 1 de febrero de 2010 a las 16 hs en la Capital Federal, tenía 71 felices años.
Alfredo San José en el centro
Quilmes, martes 26 de enero de 2010.
Fernando San Martín.
Fotógrafo profesional y artistico, historiador,
integrante de la Asociación Amigos de la Fotografía
Antigua, ex director del Museo Fotográfico de Quilmes
y amigo personal de Alfredo San José.


jueves, 28 de enero de 2010

QUILMES EN UN MAPA DEL AÑO 1756 - JUAN CARLOS BUCETA BASIGALUP

COMPILACIÓN.
Recuperar para la historia local algunas notas de algunos de nuestros más notables periodistas e investigadores es un tributo y reconocimiento a su tarea. Vale señalar para el lector desprevenido, que después de esta nota, mucha fue la bibliografía historiográfica que aportó nuevos aspectos y concepciones sobre el pueblo quilme, su situación y exterminio.
QUILMES EN UN MAPA DEL AÑO 1756
Por Juan Carlos Buceta Basigalup *

NÚMERO ESPECIAL DEL DIARIO EL SOL
Quilmes, noviembre 3 de 1945
compilación y diagramación de Chalo Agnelli

No hay nada más grato para el sentimiento del hombre encariñado con el lugar donde han nacido sus mayores y donde se cumplen las aspiraciones de toda su vida, que el encontrar inespe­radamente algún objeto o referencia ignorada que hable a su espí­ritu con la fuerza hondamente evocativa de los hechos históricos a los que ese mismo pueblo se halla tradicionalmente vinculado a través de los años de su existencia.
Tiempo atrás, cuando reunía, con el entusiasmo que siempre he sentido y siento por estas cosas del pasado, los antecedentes necesarios para hilvanar los capítulos de mi libro “Apuntes para la historia del periodismo argenti­no", tuve la fortuna de tropezar con no pocos elementos de estudio que, si bien no me eran útiles en el momento, dadas las características del trabajo a que estaba dedicado, no dejaron por eso de parecerme menos valiosos, y. dignos de ser con­siderados debidamente en más propicia oportuni­dad. Entre esos antecedentes, uno de cuantos más llamaron mi atención fue un mapa antiguo per­teneciente a la colección "Cartografía jesuítica del Río de la Plata", de Furlong, que mereció diez años atrás —si no recuerdo mal— los honores de la publicación oficial bajo los auspicios del Insti­tuto dé Investigaciones Históricas dé la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires.
Este, mapa, sumamente interesante para el investigador, fue ejecutado por el ingeniero naval Bellin en el año 1756 y publicado por el sacerdote jesuita Chalevoix. Lleva la leyenda en francés: “Carte de la Riviere de la Plata dans l’ Amerique meridionale par Mr. Bellin Ingr. De la marine 1756”
Es, precisamente, en este antiguo documento, donde nos ha sorprendido gratamente la circunstancia de hallar indicada con cuatro
signos convencionales sobre la línea demarcatoria de la costa ribereña, la antigua reducción de la Santa Cruz de los Quilmes bajo la denominación de "Village de Quillme”
El punto marcado e informado así, se halla a continuación de Buenos Aires y  del Riachuelo y precediendo a la Ensenada de Barragán. Cabe señalar, como una curiosidad, la ausencia del nom­bre del Riachuelo en el mapa a que nos referimos, no obstante estar marcado debidamente su curso; curiosidad que - careciendo de mayor importancia en su aspecto intrínseco - no deja de lla­mar la atención en un trabajo cartográfico cuya prolijidad se aprecia; dejando a un lado errores propios de la época en detalles de menor importancia.
La inclusión de Quilmes en el mapa del Ingeniero Bellin, bastaría para reafirmar - si no fueran suficientes los antecedentes históricos y tradicionales del pueblo, harto probados en múltiples formas - la antigüedad de nuestra vieja ciudad. Mas, si en dicho caso, todas las probanzas que se presenten sólo tienen un carácter confirmativo, en otro aspecto de la existencia de Quilmes, posee, el documento que motiva estas líneas, el carácter de un certificado fehaciente pues viene  a demostrar de manera indubitable que la reducción —fundada en 1666 — podía ser tomada en cuenta como lugar habitado 90 años después de ese acontecimiento.
Bien es sabido, repitámoslo para aclarar lo expuesto precedente, que el pueblo indígena formado con los vencidos por Mercado y Villacorta a raíz de la sublevación provocada por las andanzas del aventurero Bohorques, viose amenazado en la primera mitad del siglo XVIII por una despoblación que tenía miras de convertirse en total.
En sus principios, el núcleo humano que dio origen a la población estaba integrado por unas doscientas familias que constituyeron una enco­mienda real y la reducción llamada "de la Santa Cruz" y por extensión, atendiendo a los individuos nativos que la formaban, "de los quilmes". A dichas familias se unieron más tarde otros indígenas, sometidos, como los anteriores, a raíz de los des­graciados sucesos que ensangrentaron el valle Calchaquí.
Fue esta fundación la 29a; de las realizadas en el siglo XVII en lo que es hoy el territorio ar­gentino, de acuerdo al orden cronológico de las efectuadas durante la época colonial y señaladas en el mapa histórico trazado e informado por el prestigioso historiador don José Torre Revello.
¿Qué eran las reducciones? En el estudio del régimen legal y económico a que fueron sometidos los indios, expresa el historiador Ricardo Levene se impone distinguir las siguientes orga­nizaciones adoptadas: las reducciones, el servicio personal, las encomiendas y las misiones. Las reducciones eran poblaciones que si se componían de un conjunto de ochenta casas, tenían, derecho a la designación de dos alcaldes y regidores a cuyo  cargo estaba el gobierno del lugar. Los alcaldes indios estaban habilitados, inclusive, para aplicar castigos como prisión o azotes a quienes se embriagaban, faltaban a los oficios sagrados, etc. Los fondos de la contribución se destinaban a beneficio de la comunidad, pagando los indios un impuesto o tributo desde la edad de 18 años hasta los 50, consistiendo aquél en determinadas cantidades de trigo, maíz, aves, pescados,.etc. A este tipo de población perteneció, pues, nuestro Quilmes en sus orígenes.
Iniciada, como hemos dicho, con unas 200 familias que totalizaban alrededor de 2.000 individuos, el núcleo humano primitivo fue decreciendo paulatinamente en forma que hubiera sido alarmante en cualquier otro lugar que no fuera la colonia del Plata, de la. desidia y la pobreza más absoluta, en casi todos los aspectos de la vida administrativa eran cosa más que proverbial.
En realidad, fuera en razón de que la nostalgia tuviera resultados funestos sobre el ánimo de los desventurados indígenas, o los malos tratos, las epidemias o el cambio de clima los afectara radicalmente  en su físico, lo positivo es que, ateniéndonos a las estadísticas conocidas, el vecindario fue decreciendo en forma tan notable, que en 1730 sólo existían algo más de un centenar de personas.
Esta involución apenas acusa un leve mejoramiento en sen­tido progresivo unos años después. En 1745, según datos del sacer­dote Lozano, el poblado daba albergue a unas doscientas personas entre las cuales debían contarse ya algunos españoles y mestizos fugitivos de la justicia colonial o contrabandistas que, en la impu­nidad, contrariaban así los preceptos legales que prohibían la con­vivencia de los blancos con los indios de las reducciones.
Con tales antecedentes, puede calcularse, pues, que no sería mucho más importante el estado de la "Village de Quilme" una década más tarde cuando, el ingeniero Bellin la incluye en su carta de la ribera del Plata, considerándola, posiblemente, más que como lugar habitado o habitable como punto de referencia para sus tra­bajos de relevamiento.
¡1756! Si pensamos por un momento en lo que era por enton­ces la misma ciudad de Buenos Aires, no es difícil imaginar lo que sería nuestra gran ciudad de hoy, casi doscientos años atrás. Todo el poblado era paupérrimo, con sus ranchos, más que humil­des, miserables, ocupando una parte de la suerte de estancia — me­dia legua de frente y legua y media de fondo — entregada por el alcalde mayor don Juan del Pozo y Silva en cesión formal al rey para que se llenase la finalidad de albergar a los "reducidos".
Si ese era el aspecto del caserío en 1756, no era menos lamen­table el del edificio que en teoría, era el centro de las actividades religiosas. La parroquia, en efecto, tenía su asiento en una capilla, edificada en 1730 que de tal tenía más el nombre que el aspecto, pues se trataba de un rancho sin mayores pretensiones cuyo sos­tenimiento material sólo podía deberse a los esfuerzos — si es que realizaron alguno — de los mismos indios. Estos, por otra parte, no contaron al efecto con contribución económica alguna proveniente de los españoles afincados en el pago de la Magdalena, ajenos, por lo demás, en razón de la distancia, a las inquietudes espirituales que pudieran tener sus lejanos vecinos de la reducción.
Este estado de cosas, en cuanto al aspecto del pueblo y al número de sus habitantes, se mantuvo hasta comienzos del siglo XIX. Principio efectivo de la evolución lenta pero ininterrumpida de lo que podemos considerar como la segunda y definitiva etapa de la vida de la ciudad actual, debe considerarse el decreto dictado el 14 de agosto de 1812 por el cual declarose extinguida la reduc­ción y se libró a toda clase de personas el acceso y permanencia en el poblado, cuyas tierras, declaradas de propiedad estatal, fueron poco tiempo después distribuidas entre los nuevos vecinos.
Deli­neose así el pueblo del futuro que comenzó, bajo el sol de la liber­tad, una nueva era, con su firme evolución hacia un futuro que se ha cumplido sobradamente como lo señala esta moderna ciudad de que tan orgullosos nos sentimos los quilmeños.
El mapa del ingeniero Bellin, trazado en 1756, ha traído a nuestra mente estos y muchos otros episodios de nuestro pasado, de ese pasado al que todos deberíamos recordar constantemente, con afecto de hijos, como lo somos, de una Nación que guarda en cada rincón de su suelo una reliquia venerable, o evoca una tra­dición romántica o un episodio heroico. Son todos ellos jalones inamovibles colocados a lo largo de la senda que representa el engrandecimiento espiritual, social y material que todos los argentinos transitamos con una fe inmensa en el brillante devenir de un país libre, democrático y unido en la fe de sus destinos.
Pequeños episodios engrandecidos a la distancia por el tiempo que transcurre inexorablemente, pequeños, episodios como éste de aparente intrascendencia evocado en la nota periodística, integran también la historia de los pueblos. Permítame el lector la satisfacción, de haber recordado uno de ellos en estos párrafos dedicados a "EL SOL” el primer diario quilmeño, en su número especial, correspondiendo así a una amable sugerencia de su dinámico director Don José Antonio Blanco, a la cual he accedido, como no podía ser menos, con íntima satisfacción y especial aprecio hacia el distinguido colega.

Juan Carlos Buceta Basigalup.- Quilmes, Noviembre 3 de 1945
1987 - 2010, Chalo Agnelli.
                                                                   
*La trayectoria de este periodista quilmeño se halla en el libro “Cuaderno de Identidad Nº 1” de Chalo Agnelli. 
Y en este blog: http://elquilmero.blogspot.com.ar/2011/05/semana-del-periodista-juan-carlos.html