miércoles, 7 de julio de 2010

QUILMES EN EL CONGRESO DE TUCUMÁN DE 1816

LOS ELECTORES DE QUILMES QUE ELIGIERON DIPUTADOS PARA EL CONGRESO DE TUCUMÁN.

Los próximos festejos de la Independencia Nacional nos permiten exhumar hechos acontecidos en Quilmes en 1815, cuando se realizaron elecciones para nombrar electores de diputados para el Congreso de Tucumán. Para ello recurrimos al inefable Dr. Craviotto en un documento publicado el periódico “Las Verdad” en 1937.
En esos años de la Independencia el actual Quilmes era parte de un territorio que se extendía desde el Riachuelo hasta el Río Samborombón y desde el Río de la Plata hasta una línea imaginaria de frontera con el indio que corría desde Chascomús, a la Guardia del Salto, por entre Ranchos, Monte, Lobos y San Antonio de Areco.
El 10 de julio de 1815, el Director Supremo Álvarez Thomas realizó las invitaciones pertinentes para designar dichos electores. Previamente se debía realizar un censo y un plano con la señalación de los límites de las villas y pueblos. Se encomendó trazar el plano del distrito al Pbro. Bartolomé Muñoz y el Alcalde de Hermandad por Quilmes Juan Blas Martínez y el párroco Santiago Rivas fueron los encargados de realizar la convocatoria a los vecinos.


Correspondía un diputado cada 15.000 habitantes siempre que no sean españoles. Cada sección de número debía elegir dos electores si comprendían más de 2.500 habitantes y una sola si no alcanzaba esa suma. Es necesario remarcar que la población era muy escasa. “Concluida la votación (reza la circular orgánica emitida por el Director Supremo) remitirán la arca al pueblo de la Magdalena como cabeza de la Sección para que incontinenti (sic) se haga la apertura y relación de votos con arreglo al citado artículo 13 (que establecía el modo de realizar estas acciones) y se notifique a los que resultaren electos […] ”
Fueron designados electores León Ortiz de Rosas (padre del gobernador don Juan Manuel) y el párroco Domingo González Gorostizú. Firmaron las actas correspondientes y enviaron la información al Ayuntamiento porteño el 2 de agosto de 1815, el nuevo alcalde de hermandad del partido Silverio López Osornio y los vecinos: Pablo J. Rebol, Francisco de Paula Lozano y Antonio Herrera. El 17 de agosto todos los electores se reunieron en el Cabido y el día 22 se votaron los diputados que rumbearon a Tucumán; los que el 24 de marzo de 1816 inauguraron las sesiones del Congreso que el 9 de julio dio estado civil a la Nación que había nacido, seis años antes, el 25 de mayo de 1810; hace 200 años. 
(compilación, Chalo Agnelli)

martes, 6 de julio de 2010

SUDESTADAS DE ENTONCES EN QUILMES



Investigación Chalo Agnelli

El refrán: “A río revuelto ganancia de pescador, no condice con la realidad de nuestra Ribera, donde las aguas contumaces del Plata produjeron pérdidas de vidas y materiales tan extremas que en muchos casos cambiaron irremediablemente la fisonomía de la costa de Quilmes.
Fue el 15 de abril de 1940. Quilmes fue presa de la fatalidad. El drama se produjo entre las 22 hs. del día 15 y las primeras horas del día siguiente; sorprendiendo a la mayoría de los pobladores durmiendo. Las ráfagas de viento eran tales que, antes de la llegada de las aguas, voltearon más de una casilla sobre pilotes.
Las primeras noticias de la creciente se conocieron cuando un poblador de la ribera, apo­dado "el Inglés", se puso en contacto con el señor Casabona para informarle de la novedad; éste, a su vez, alertó a los Bomberos Voluntarios, y de allí en más comenzó una desesperada lucha contra la furia de las aguas, la inclemen­cia del tiempo y el temor de la muerte.
Bomberos, policías, agentes de la Prefec­tura, ci­viles, profesionales, muchos héroes anónimos, colaboraron en la tarea de rescatar personas y socorrer a las victimas de la terrible inundación - superior a las registradas en 1888 y 1914 - y trasladarlas a lugar seguro.
El cuartel de los Bomberos Voluntarios, las instalaciones de la Cervecería Argentina Quilmes. La casi totalidad de los clubes del partido y casas particulares rivalizaron en la tarea de albergar a los damnificados, que en número de 500, aproxima­damente, quedaron pro­visoriamente sin techo.
En los terrenos donde actualmente se levanta el Taller Regional Quilmes de la Fuerza Aérea Argentina, funcionaba entonces el Sin­dicato Cóndor de Transportes Aéreos, la altura de las aguas, al superar los 3 metros sobre la calzada causó daños de consideración en dos cuadrimotores, tres trimotores y ocho máquinas de propiedad particular. Igualmente se pro­dujeron desastres en el Centro de Aviación Civil.
  Tras varios días de búsqueda y ante la certeza que había víctimas fatales fueron hallados los cuerpos de  Valentín María Campillo, argentino de 75 años; Emilio Marini de 41 años, su hija Raquel de 17; Alejo Parkett, argentino naturalizado de 64 años; Beatriz Pastor de 8 años; Fermín Conde que pereció ahogado cuando pretendió salvar a esta niña; Mateo Villegas argentino de 66 años; Carolina y Margarita Napoleón de 9 y 3 años de edad y una hermana pequeña de ambas, de 3 meses.
Consecuentemente se organizaron colectas, funciones, recitales y actos en beneficio de los damnificados, destinándose lo recaudado para aliviar su situación. El Estado Nacional y el Gobierno de la provincia de Buenos Aires, la Cruz Roja y otras asociaciones de caridad contribuyeron con dinero, medicamentos y ropas. También el periodismo aporto  su   cuota de generosidad organizando por medio de Gente de Prensa de Quilmes un festival en el cine Rivadavia que arrojó un beneficio de $ 661,75.
La inundación que alcanzó una altura de 3,85 m  lo cubrió todo durante varios días. Y después, lodo, destrucción y miseria.

EN 1958 NUEVAMENTE LAS AGUAS DEL ESTUARIO SOMETIERON A LA RIBERA DE QUILMES CON EL VIGOR DE SU LEY
Fue el sábado 26 de julio de 1958. Poco antes de la media noche. Las aguas en inesperado avance alertaron a la Prefectura, a los Bomberos Voluntarios, a la policía y las autoridades municipales. En pocas horas alcanzó 3,50 m de altura produciendo escenas por demás dramáticas y heroicas. Las familias que pudieron escapar a tiempo subían por Otamendi con los pocos enseres salvados. Cerca de 500 personas hallaron refugio en el cuartel bomberos de la calle Garibaldi.
Los que habían vivido la creciente del 40´ percibían un drama similar. Como en aquel entonces todas las dependencias públicas se pusieron en alerta: la Municipalidad, la Cruz Roja, el Hospital de Quilmes, el de Bernal, establecimientos fabriles, los clubes, la Sociedad San Vicente de Paul, los Boy Scout Almirante Guillermo Brown. Cobijaron poco más de 2000 refugiados.
El intendente Rodolfo Adalberto López junto con el comisario Miguel Daneff trabajaron en la tarea de brindar abrigo y alimento a los damnificados, durante todas las horas que duró la emergencia, a la par del personal permanente designado: 80 hombres de la Prefectura y 60 de la Municipalidad.
En Bernal el agua llegó a la avenida Caseros. Los bomberos rescataron de las aguas cerca de 1500 personas que recibieron una primera asistencia en el cuartel de la calle 9 de Julio 252, el Hospital Vecinal Julio Méndez, el Hogar Escuela Santa Teresita y la Capilla de Santa Coloma; luego fueron distribuidos en otros centros más adecuados, evitando el hacinamiento.  
Constantemente se elaboraban la lista de refugiados para tener una nómina lo más exacta posible de los rescatados y advertir posibles desapariciones. La lista oficial se centralizó en el Cuartel de Bomberos de Quilmes.
El último computo determinó los siguientes datos: en el Hospital de Quilmes, había 35 personas más la asistencia constante a las personas que llegaban con cortes o con daños producidos por las aguas; en el Policlínico del Vidrio de Don Bosco se asistían 400 evacuados; en el Colegio Salesiano de Bernal había 70 personas; en el Círculo Universitario, 165; en el Colegio San José, 150; en el de La Merced, 200; en el Nazareth, 30; en el Club Quilmes, 60; en el Argentino de Quilmes, 50; en el Sarmiento, 70; en el Alsina, 140, en el 12 de Octubre, 130; en el Moreno, 100; en el Tucumán 46; en el Club Ducilo, 200; en el Círculo Católico de Obreros de Bernal, 60; la Parroquia de Bernal, 70; en el Parque de la Cervecería, 150; en el comité de la UCR de la calle Alem, había 28 personas y en el del PC, 30; en la Casa del Pueblo de la calle Humberto Primo, 20; en la escuela “Carlos Morel”, 27; en el Club Rigoleau de Berazategui que también sufrió los efectos de la creciente, había 56 damnificados; en la escuela Nº 60 de esa misma localidad, 25. La gente llegaba a esos centros gracias a la colaboración de una multitud de vecinos de Quilmes que poseían automóvil, iban hasta distintos puntos de Cervantes o Caseros recogían a familias enteras y las trasladaban a los centros para volver luego por más. Así durante horas. Además muchas mujeres trabajaron en los centros elaborando comidas, acondicionando las donaciones de prendas de abrigo que llegaban en gran cantidad y distribuyéndolas. Las donaciones de los particulares fueron cuantiosas e inmediatas.
Al amanecer el Jefe de Policía de la provincia Inspector General Parotti con helicóptero y botes de la Armada comenzaron a recorrer las áreas afectadas con el fin de detectar posibles víctimas. Pero las fuertes correntadas impulsadas por el fragor del viento hacía dificultaba la labor.
El Regimiento III de Infantería repartió en los centros de evacuación 1000 colchones y mantas y, para contrarrestar los efectos del intenso frío, instalaron en la esquina de Cevallos y Rivadavia una cocina, tanto para los que  escapaban de las aguas como para los rescatistas.

LOS HECHOS HEROICOS
El 27 a la 1 hs. de la madrugada, Domingo Ruiz que vivía a dos cuadras de Pejerrey hacia el arroyo Giménez, aguardaba con su familia esperanzado que las aguas volvieran a su cause, pero advertido que el peligro crecía y que ya no podrían salir por sus medios, hizo disparos de revolver al aire para pedir auxilio. Nadie escuchó, por lo que su hija Amanda de 16 años, vestida, tan solo con una malla de baño se lanzó a la oscuridad de las aguas y nadó 200 metros en procura de un bote, iluminada apenas con una farol de noche que su padre sostenía en alto para guiarla. Llegó, pero la embarcación había sido amarrado con tanta fuerza que no pudo desprenderla con sus manos heladas, de modo que nadó otros 100 metros hasta la casilla del vecino Ángel Cabezas que la acompañó a través de las aguas y logró desatar el bote. Juntos fueron  a buscar de otros 4 botes cercanos, iniciando el salvataje de más de 35 personas y varios animales.
Colaboraron con la joven, su padre y el vecino Cabezas, los hermanos Segura, José Salifrese y el agente de policía Roberto Laría que llevaron gran cantidad de personas al Gran Hotel, propiedad del señor García.
Tres boys scouts de la compañía Alte. Brown, de 15 años, desde el monolito que recuerda a los Quilmes, se internaron 300 metros en dirección sud con un bote sin medir riesgos y rescataron a tres criaturas de corta edad que permanecían en una casilla desvencijada a punto de derrumbarse por el golpe de las aguas. 
Así y todo el domingo por al mañana apareció ahogado José Pastor Luna de 30 años, vecino de El Monte que colaboraba en el salvataje y cayó a un pozo ciego. Luego hallaron el cadáver de una mujer de 20 a 25 años no identificada.

BAJANTE
A las 21:30 del domingo las aguas comenzaron a bajar a 2,50 m, pero antes de medianoche se produjo otra arremetida. Recién la bajante alentó a la gente en las primeras horas del lunes.
La desolación y la ruina eran impensadas. Gran parte de los recreos habían sufrido daños costosísimo, la gente en su mayoría había perdido todo pues las casillas, no solo las más precarias, estaba en ruinas. El Pejerrey y el club Náutico también se vieron dañados por la violencia de las aguas y del viento.
La Ribera de Quilmes tardó varios años en recuperase en una pequeña parte de la fisonomía que había logrado alcanzar desde 1940 hasta ese julio de 1958, pero nunca volvió a ser lo mismo. En total murieron 17 personas. Tiempo después del desastre se produjeron más muertes, secuelas del intenso frío, heridas infestadas, enfermedades, el abatimiento, la rabia la desesperación por perderlo todo. En el agua convergen y se sintetizan varias conductas humanas, la vida y los acontecimientos que acompañan el patetismo de la muerte.

REGISTROS
En 1940 las aguas habían cobrado una altura de 3,85 m; en la sudestada del 24 de abril de 1950, 2,90 m.; en la del 13 de febrero de 1951, 1,10 m. a las 21 horas, subiendo a 2,80 al día siguiente que descendió a 2,36 m a las 21 hs.; en la creciente del 13 de mayo de ese mismo año beligerante de 1951 las aguas subieron 2,80 m y el 20 de agosto 3,16 m a las 15 hs y 2,90 a las 22hs; el 31 de mayo de 1952, 3,12 m; en 1958, 3,50 m; el jueves 8 de noviembre de 1979 alcanzó por la noche los 2,90 m. de altura, a las 22 era de 2,20.
En otras costas del Plata las aguas alcanzaron 4,65 m, record que no fue superado hasta 1985, que no tuvo tamaña agudeza en Quilmes. El Delta del Paraná quedó sumergido y las zonas de La Boca y Barracas fueron completamente anegadas. Entre los efectos destructivos que resultaron de esa sudestada se ensañaron en daños a las vías del ferrocarril Gral. Bartolomé Mitre, la inundación de las áreas de cocina y farmacia del Hospital Dr. Cosme Argerich, entre otros.
En los años siguientes el Plata manifestó nuevas furias, pero ya no con tanto tremendismo; jamás desde que se llevan registros las crecientes superaron las alturas de 1940 y la de 1958.

FUENTES
Costa L. y D. Albini (1988) "Las inundaciones en el Área Metropolitana de Buenos Aires". En Medio Ambiente y Urbanización Nº 23, Buenos Aires.
Echechuri, H, y otros (1991) "La ciudad y el río", en Medio Ambiente y Urbanización Nº 37, Buenos Aires.
Giordano, Víctor Alberto; Rodríguez, Alcibíades; Inverti, Benigno. “El Sol” 15/4/1980.
Servicio Meteorológico Nacional (1989) "Inundaciones, sudestadas y crecientes repentinas" en Boletín Informativo, Nº 2, Buenos Aires.

                                                                                                  Investigación Chalo Agnelli

sábado, 3 de julio de 2010

JULIO CÉSAR FRACCHIA - UN ACCIDENTE DE AVIÓN INCOMPRENSIBLE

El 24 de julio de 1945 un hecho fortuito conmovió a Quilmes todo. Y sobre todo a los vecinos de la ciudad cabecera del Partido.
Era una mañana resplandeciente de invierno. El cielo diáfano como solían ser los cielos de Quilmes antes de la invasión urbanística. Ese espacio celeste agitado entre dos vientos, el SE y el NO que se disputan la ciudad.
Julio César le había avisado a su familia que los saludaría haciendo un paneo sobre su casa en la calle Guido 492, casi Pringles, justo frente a la cancha de tenis del Club Quilmes, el club de sus amores donde desde chico jugaba ese deporte que en sus orígenes se llamó “Jeu de Paume”, expresión francesa que significa “juego de palma”.
Julio César Fracchia venía haciendo una extraordinaria carrera en la Fuerza Aérea, había alcanzado el grado de teniente y estaba calificado entre los hombres más prometedores de la época. A las 10:30 hs. había despegado de la base de El Palomar con el avión C-627, perteneciente al Ejército.
Su madre, advertida con anterioridad, lo esperaba ansiosa y se asomó a la puerta para tener una visión más amplia desde la calle. La acompañaban los hermanos de Julio César y algunos amigos y vecinos que habían sido anoticiados de la visita aérea.
En esos años que los ruidos no alteraban los ánimos ni el sueño de la población, de modo que los motores del avión se hicieron presentes mucho antes que el aparato.
La señora de Fracchia agitaba su pañuelo, la muchachada aplaudía y los purretes del barrio victoreaban al joven piloto que por su bonhomía y buen ánimo gozaba de la simpatía de todos los que lo conocían en Quilmes.
Sorpresivamente el avión alteró su vuelo y repentinamente, sin nada que lo hiciera prever, cayó en un remolino vertiginoso sobre una de las canchas de tenis del Club, incendiándose inmediatamente tras un estruendo acompañado por gritos de horror de los testigos; que corrieron, irrumpieron en el club y los hombres vanamente intentaron socorrer al piloto; la intensidad del fuego no permitió extraerlo de entre el haz de hierros retorcidos. Era indudable que el fallecimiento se produjo tras el impacto.
Todo Quilmes se vio conmovido por el hecho dimensionado por las circunstancias: era un joven, un querido vecino, su madre presenció el drama y el suelo colorado de las canchas de tenis del Club Quilmes fue el ámbito donde lo aguardaba la muerte.
El velatorio y el sepelio fueron multitudinarios. El Club honró su memoria con una placa que destacaba a quien había sido asociado y destacado deportista en la institución.  
¿Qué produjo el accidente? No se supo ¿Una falla en el motor? ¿Un error en una maniobra de vuelo? Las dos causas parecían improbables ¿Vino Julio César Fracchia a buscar su destino cerca de los suyos? 
Indudablemente, este es un hecho más que nos hace pensar que no podemos elegir cómo vamos a morir o cuándo vamos a hacerlo. Sólo podemos decidir cómo vamos a vivir.
 Foto del avión tomada desde el viejo chalet
Por pocos metros no se incrustó en el chalet
 (investigación y compilación, Chalo Agnelli,  
Reproducción "Colección Alcibíades Rodríguez"
El Sol julio de 1945)