viernes, 26 de noviembre de 2010

LA PERSONALIDAD DE QUILMES

El senador y ex intendente de Quilmes Carlos Federico Scarabino, actualmente presidente del Senado provincial en una disertación que en la Universidad  Nacional de Quilmes,  el jueves 25 de noviembre de 2010, refiriéndose a la realidad de la ciudad y partido de Quilmes, dijo: Yo veo que Quilmes no tiene una personalidad como distrito  y necesitaría tenerla. Yo creo que para que una ciudad crezca se necesitan claridad de objetivos, una persona que pueda guiar, y después un equipo que tire para el mismo lado”. (Perspectiva Sur, viernes 26/11/2010 Pág. 2)
Si bien estos pensamientos deben integrar un contexto mayor que desconozco, a primera vista me hacen reflexionar que quizá el senador Scarabino olvidó que él fue intendente de esa ciudad y partido de Quilmes (1995/1999). Y que resulta extraño que durante su administración no haya podido advertir que Quilmes fue y es un distrito con una de las 'personalidades' de mayor arraigo en la provincia de Buenos Aires por su riqueza histórica, cultural, educativa y sociol que se desarrolló durante 344 años.
No en vano es el partido de la Provincia que cuenta con más obras literarias e historiografía documentada,  referente a lo local, el que más artistas plásticos ha dado con expansión internacional. Basta comprobarlo con recorrer la extraordinaria pinacoteca que guarda el Museo Municipal de Bellas Artes o la particular del Sr. Carlos Benavídes.
La bibliografía sobre nuestra historia realizada por historiadores y autores quilmeños que se transcriben en el blog EL QUILMERO, llega a poco más de 110 libros más los 80 trabajos de investigación documental que nos legó el Dr. Craviotto, nuestro máximo historiador.
Si del patrimonio se habla ¡Claro que perdimos personalidad! Pero mucho de nuestro patrimonio se esfumó en las últimas administraciones municipales como se perdió durante la administración del ex intendente Scarabino la plaza Pinto o de Marcelo, la que se hallaba entre las calles Lavalle, Humberto Primo, Moreno y Olavarría, que desde el plano del agrimensor Francisco Mesura trazado en 1818 siempre fue plaza. 
El tema del patrimonio da para mucho. Hubo intentos de darlo a conocer mediante visitas de los escolares a los hitos de nuestra historia y nuestra cultura, con micros rentados por el municipio que tuvieron poca duración, pero que eran de un alcance didáctico extraordinario para que nuestros chicos de las escuelas primarias empezaran a amar su ciudad a través del conocimiento que confiere las propias vivencias. Los chicos de la escuela Nº 2 (Barrio La Paz) no conocen el Museo del Transporte ni los de la escuela 76 (La Cañada) conocen el Museo Fotográfico y algunos nunca visitaron La Ribera… ¡Pero ya me voy por las ramas!
La Escuela Normal de Quilmes fundada en 1912, madre de escuelas, hace poco más de 20 años que tiene sus obras inconclusas ¿Lo sabe el Sr. Scarabino? Sería un buen golpe de efecto, ahora que tiene un cargo de mayor jerarquía en la administración legislativa provincial, hacer algo al respecto.
La Escuela Normal de Quilmes formó miles de educadores para todo el distrito y partidos vecinos es parte de nuestra personalidad educativa, de allí egresan los docentes que luego ejercen en nuestras mismas escuelas, y son parte de nuestra personalidad patrimonial los Museos creados por el amor y la generosidad de este mismo pueblo, y que no siempre pasaron buenas épocas durante las últimas intendencias. 
La escuela de Bellas Artes Carlos Morel, una bastión fundamental de nuestra cultura y del arte al que acceden jóvenes  no sólo de Quilmes, sino de Berazategui, Florencio Varela Almirante Brown, Wilde, etc, debió librar duros retos para mantener los fueron que se ganó con los años y la fuerza de sus agentes multiplicadores dispersos por todo el país y el exterior.
La misma Universidad Nacional que albergó al Sr. Scarabino para su disertación fue construcción de los quilmeños, fraguada desde la primera Universidad Popular que tuvo el Partido de Quilmes y podría decir la provincia de Buenos Aires en 1930 (cerrada por el golpe fachista cívico-militar) 
El mismo monumento al Libertador, del escultor Antonio Sassone, que se halla en la plaza principal se levantó por suscripción popular, aunque tardó 19 años en ocupar su sitial por inoperancia administrativa de los funcionarios de turno.
No hay mejores objetivos que los que se hacen desde las bases, desde las escuelas, los líderes barriales, personas idóneas (que no necesariamente tengan que pertenecer a una parcialidad político), los centros culturales, las Bibliotecas Populares que se sostienen solo con una gran voluntad de conservar la personalidad que cada vez nos seccionan más y más.
“…Una persona que pueda guiar”, pero sobre qué camino y hacia dónde, porque si la distancia la corren los que ganan “con su equipo”, para acceder luego cuando cesan en su período a un cargo de mayor jerarquía en la administración política del estado y dejan en banda al pueblo que los eligió, difícilmente se recuperará la confianza.
Es verdad que esa megalópolis que es la Capital Federal, la CABA, nos viene chupando en su entramado de anonimato, pero tenemos instituciones sociales, culturales, comunitarias, tenemos personas en todo el amplio espectro de la vida de un pueblo, ONGs, empresas y comercios señeros... una larga historia; lo tenemos todo para seguir siendo ese pueblo de sólida tradición que es Quilmes con sus 344 años a cuestas.
Entiendo que pronto se juegan alternativas políticas que los hacen salir a la palestra y que a veces la memoria no ayuda, pero negarle a Quilmes personalidad como si se mirara de afuera me parece una torpeza involuntaria, por cierto. Además decir “Quilmes no tienen…” ¿Qué Quilmes? ¿No se referirá el Sr. Scarabino al Quilmes de la política? Porque el otro sigue andando su camino sea como sea, con esfuerzo y tesón. Seguimos y no necesitamos el político tal o cual, de esta o aquella parcialidad, para que nos dé personalidad.
A veces escucho políticos, de todo el amplio espectro de la política argentina, que hablan de situaciones en las que tuvieron incumbencia como mirándolas de afuera, sin siquiera un ápice de pericia para agregar que ellos fueron parte de errores cometidos, voluntaria o involuntariamente... y me enojo. 

CHALO AGNELLI (chaloagnelli@yahoo.com.ar – www.elquilmero.blogspot.com/)


















LOS ALCANCES DEL HISTORIADOR

Los recientes homenajes realizados en el país con motivo de La Batalla de la Vuelta de Obligado levantaron polvo en los anaqueles de los historiadores.
Esta conflagración se produjo el 20 de noviembre de 1845, en aguas del río Paraná, entre la Confederación Argentina, liderada por Juan Manuel de Rosas y  la escuadra anglo-francesa; cuya intervención, alentada por los del partido unitario exiliados en la Banda Oriental, con el pretexto de lograr la pacificación ante las divergencias existentes entre Buenos Aires y Montevideo, pero en realidad con la solapada pretensión de dividir al país, crear un  protectorado británico y establecer una economía de libre comercio, que si bien no pudieron lograr después de esa avanzada invasora, los unitarios con las corporaciones financieras anglofrancesas lo concretaron a partir de la presidencia de Mitre y sus sucesores.
Los revisionistas nacionalistas de derecha, los revisionistas de la izquierda nacional, los historiadores operativos a determinados medios, los popes de la llamada “historia oficial”, los “académicos”, que se creen los dueños de la historia enfundados en sus birretes y togas, que miran desde sus escaños con menosprecio o condescendencia a los que llaman historiadores mediáticos, como: O´Donnell, Galasso, Bayer, Piglia, etc... Así es, cada uno opina, refuta, juzga, analiza, sugiere… y afortunadamente el resultado es que la Historia no es esa cosa muerta que en nuestras épocas de estudiantes diseccionábamos en las aulas sin posibilidad de reacción alguna. Ya no.
Hoy la historia está en su punto de cocción: viva, transformándose, pasible de revisión, de la incorporación de nuevas interpretaciones, de la recuperación de documentación que se mantuvo oculta o no se tuvo en cuenta; abierta y nunca más ajena.
Vale la pena, en este momento, desde mi pequeño rincón de la historia local, transcribir el siguiente pensamiento sobre la persona y el accionar de historiadores y periodistas, de uno de mis autores elegidos con constancias y consecuencia, Juan Jacobo Bajarlía, de su libro “Sables, historias y crímenes”:

“El historiador debe aproximarse a la verdad. No siendo así se convierte en político de la historia, porque siempre ha menester de la parcialidad para defender su partidismo. Y desgra­ciadamente, en nuestro país no abunda el historiador imparcial. Existe todavía el caudillo de prensa de que nos hablara Alberdi en sus 'Cartas quillotanas'.
Él es, muchas veces, quien dirige la opinión y nos da una semblanza desfigurada de los hechos. ‘La prensa suda­mericana —nos dice despechado el contendor de Sar­miento—, tiene sus caudillos, sus gauchos malos, como los tiene la vida pública en los otros ramos. Y no por ser rivales de los caudillos de sable dejan de serlo de la pluma’.
Pero si alguno no reconociera hoy la existencia de caudillos de la prensa, no pueden negar se ha originado una serie funambulesca de caudillejos que tratan de enjuiciar a nuestras pro-hombres sin otra razón que la lectura de libros escritos tendenciosamente o el poco tino de quien nunca frecuentó los problemas del pasado.
Quisiéramos saber — permítaseme el pleonasmo — si a quienes podríamos llamar 'gacetilleros', ya que les queda grande el título de caudillos, han abierto a veces algún libro fecundo. Estoy seguro que su bibliografía se reduce siempre a una obra intrascendente y a uno que otro dato lanzado como brulote para desorientar […]
En vano será cuanto escriba. Seré uno de los tantos cuyas palabras han de perderse, porque además de todo lo dicho, hay un odio exacerbado con infinitas raíces que arrancan desde el más profundo légamo de nuestra historia. Es el odio que siempre caracterizó nuestras luchas. El odio que no hemos depuesto todavía, conver­tido ahora en un resentimiento imbatible. Ricardo Sáenz Hayes, citando a Joaquín V. González en un libro lleno de buen juicio, nos dice que el odio ha  sido el agente generador de los acontecimientos más significativos de nuestra primera centuria.
Nosotros agregamos que el odio predomina a despecho de los grandes espíritus, y predominará – ya lo estamos viendo – en esta segunda centuria (s. XX)
Y no quisiera terminar este párrafo sin hacer míos estos pensamientos de Sáenz Hayes: ‘Adonde quiera que se mire hallaremos lucha, ojeriza, rencores, venganzas despiadadas. No es menester que corra sangre para destruirse entre sí. Odia el grande al pequeño, por pequeño, y el pequeño al gran­de, por grande. Se odian los iguales en el mismo juicio; los que van de jornada por el mismo camino. El joven procura desalojar al viejo y el viejo cierra hermética­mente las puertas al joven. Existen, además, odios o an­tipatías de carácter psicológico: los violentos detestan a los apacibles, los audaces a los tímidos, los respetuosos y solemnes a los sarcásticos y cínicos’.
Donde hay tanto odio no puede haber imparcialidad. Y así como el odio fue el agente generador de nuestros más grandes acontecimientos, el odio es también el agente inspirador de nuestros libros, cuyas descripciones necesitan ser escorzadas de acuerdo con una perspectiva que encuentre en el espíritu el juicio sereno de la historia. Cuando esto haya acontecido, desaparecerá el caudillo de la cizaña y el sentimiento retrospectivo de federalis­mo y unitarismo.
Nosotros hemos tratado de ser imparciales. Y decimos con Alberdi: ‘Aunque opuesto a Rosas..., he dicho que escribo esto con colores argentinos’.
Hemos analizado serenamente la tan discutida época de Rosas, y al terminar el manuscrito que hoy se publica nos vino a la memoria la frase con que Tácito comenzó sus Anales (‘sin ira ni fervor’) y la hemos usado para po­ner esta obra bajo su égida: Sine ira et studio.” [Bajarlía, Juan Jacobo. “Sables, historias y crímenes, Pp. 145 a 147 Bruguera-Libro blanco. Diciembre de 1983. Buenos Aires]

Hasta hoy en este blog, EL QUILMERO no hace argumentación sobre la historia como ciencia ni como arte ni siquiera reflexiones, salvo algunas apreciaciones ligeras; inauguro estas REFLEXIONES DE MÁS ACÁ pues es oportuno afirmar que en mi reducto de la historia quilmeña a la que me he acotado, más como divulgador que como historiador, también existen aquellas posibilidades de interpretación histórica, a las que se suman las contradicciones entre los que creen que la historia se hace sólo desde la memoria oral o únicamente desde el documento certificado o desde tal o cual postura ideológica oportuna con el cargo o la función que se ocupe o desde el fútil relumbrón que puede dar aparecer en un medio masivo de comunicación o recibir un reconocimiento cualquiera, venga de donde venga. Por esto y mucho más vale la pena reflexionar sobre las palabras de Bajarlía.
CHALO AGNELLI

Juan Jacobo Bajarlía. Poeta, novelista, dramaturgo y periodista, nació en Buenos Aires en 1919 y obtuvo diversos galardones, entre ellos el "Ellery Queen"s Mystery Magazine" (1964), el del Fondo Nacional de las Artes (1969), el Premio Municipal de Narrativa (1970) y el Konex de Platino (1984).
Era también abogado, doctorado en criminología; dirigió "Contemporánea" (1948-1950 y 1956-1957), revista que agrupó las tendencias de vanguardia. Desde el 27 de junio de 1982, colaboraba en forma permanente con La Gaceta Literaria. Su último trabajo fue publicado el 22 de julio.
Firmaba sus novelas policiales con el seudónimo de John J. Batharly. Publicó "Historias de monstruos" (1969), "Fórmula al antimundo" (1970), "El día cero" (1972), "El endemoniado Sr. Rosetti" (1977) y "Sables, historias y crímenes" (1983). Como poeta ha publicado "Estereopoemas" (1950), "La Gorgona" (1953), "Canto a la destrucción" (1968) y "Nuevos límites del infierno" (1972).
En ensayo produjo, entre otros títulos, "Notas sobre el barroco" (1950), "El vanguardismo poético en América y España" (1957), "Sadismo y masoquismo en la conducta criminal" (1959) y "La polémica Reverdy-Huidobro" (1964).
Estrenó varias piezas teatrales, y su drama "Monteagudo" (1969) obtuvo cuatro distinciones: la Selección Municipal para las Jornadas de Teatro Leído, el Premio Municipal de Teatro a la mejor obra no representada, la del Fondo Nacional de las Artes y la Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores. Falleció El 22 de julio del 2005. En 2007 se publicó la obra póstuma El placer de matar, que recopila distintas investigaciones que realizó Bajarlía sobre grandes crímines y criminales de la historia.

lunes, 22 de noviembre de 2010

“BUENOS AIRES DESDE SETENTA AÑOS ATRÁS” DE JOSÉ ANTONIO WILDE


JOSE ANTONIO WILDE, 
AUTOR DE
“BUENOS AIRES DESDE SETENTA AÑOS ATRÁS”

Tomado de “Dr. José Antoinio Wilde – médico, periodista y educador quilmeño”
Biografía de Chalo Agnelli editada por Ed Jarmat en Quilmes 2008

RESEÑA DE LA OBRA Y EL ENTORNO [1]
    El género autobiográfico tuvo asiduos cultores entre los hombres públicos argentinos del siglo XIX: Santiago Calzadilla (nombrado varias veces en este texto) Cané, José María Cantilo, Vicente Fidel López, Mansilla, Mitre, Saavedra, Sarmiento, Varela, etc. Y el mismo Alberdi, a pesar que lo repudia en sus Cartas quillotanas contra Sarmiento, que más que una convicción de valor crítico literario, la suya es producto de su rivalidad acérrima de base ideológica con el sanjuanino, a quien acusa, no siempre equivocado, de su propensión ególatra, pero ignorando que el carácter autobiográfico de Recuerdos de Provincia es el aporte sustentable que, en este género, Sarmiento dio a la Literatura Argentina.
   Lo autobiográfico enriqueció la crónica política y militar matizada
por las referencias a la vida privada, las costumbres y tradiciones imprescindibles para diseñar un perfil sociológico del pueblo argentino de las primeras décadas de vida independiente. Cómo en las últimas décadas  del siglo XX sucede con la novela histórica que promueve la curiosidad del público por la Historia y lo mueve a incursionar en ella con textos específicos.
   Leyendo Buenos Aires, desde setenta años atrás, se imagina al muchacho José Antonio recorriendo las terrosas calles de su ciudad porteña, atento al bullir de la vida a su alrededor, pertinaz en los detalles, dispuesto al asombro, demorándose ante los hechos y las circunstancias: camina a su escuela; hace una diligencia, un mandado a su madre; se demora viendo entrar y salir a compatriotas de su padre del hotel de Faunch o el de Keen; llega a la  adolescencia y enseña inglés a domicilio y en el andar, graba, fija, registra detalles, personas, sucesos.
   Avanzando en el libro, se nos aparece el hombre maduro recorriendo los lodosos caminos de Quilmes, primero a caballo luego en su cabriolé, rumbo a la atención de los enfermos, distancias improcedentes durante las que va ordenando esa multitud abigarrada de recuerdos, rescatándolos y acomodándolos para volcarlos luego en el papel; cuando regrese a la casa de la calle 25 de Mayo.
   Allí se lo ve, con una sonrisa en la comisura de los labios,
derramando en la hoja su humor inglés que le viene de sangre, raspando el papel con una letra redonda, pareja, precisa, a la luz de una lámpara de kerosén y con Victoria a su lado zurciendo el guardapolvo que el médico usa en el consultorio.
    Dice en Una palabra de introducción con que inicia el libro: “[...] preferimos hacer el bosquejo a grandes rasgos de la fisonomía de la época que recordamos, sin orden escrupuloso de fechas, cosa que nos daría muchísimo trabajo, sin producir gran ventaja para el fin que hemos tenido en vista: salvar del olvido algunos de los hábitos, usos y costumbres de los tiempos ya pasado.”
    Los primeros pasos en la historia social, en nuestro país, no los dieron profusos historiadores, sino personas del común que pusieron su fervor local y literario al servicio de la memoria con el realismo costumbrista.
  Y continúa : “[...] No nos proponemos, pues, trazar en este libro la historia propiamente dicha, ni seguir los pasos de la política en nuestro país. Sólo tocaremos incidentalmente algunos acontecimientos que vienen encadenándose con estas reminiscencias ocupándonos menos de los más recientes, por ser más generalmente conocidos.”
   El Dr. José Antonio Wilde en “Buenos Aires desde sesenta años atrás” sumó a los avatares por lo que pasó la Gran Capital Austral el mientras tanto, lo cotidiano, la tradición, las costumbres y los personajes, sin descuidar a las figuras que dieron e hicieron por el bien común sin ganar o perder batallas ni blandir la batuta del poder político. Los que sirvieron la mesa de los próceres.
   Y lo hizo con amenidad, humor, sarcasmo y precisión lingüística; sin caer en retóricas ni en descripciones frondosas.
   Así como, a pesar de haber nacido en Tupiza, Bolivia, “Eduardo Wilde fue una figura eminentemente porteña…” según Florencio Escardó; el Dr. José Antonio Wilde, porteño de nacimiento, fue una figura eminentemente quilmeña; y como ningún otro autor pudo pintar la Gran Aldea y sus avatares.
    La primera edición de Buenos Aires desde sesenta años atrás” aparece en 1881 cuando tenía 68 años. El trabajo se venía esbozando desde varios años atrás.  Según Ernesto Morales aparece el 31 de octubre de 1880, pero seguramente en esa fecha se haya terminado de imprimir, llegando al público recién en enero de 1881, demora lógica si se tienen en cuanta los enfrentamiento que el año anterior convirtieron en Capital definitiva de la República a la ciudad de Buenos Aires.
   En el periódico El Quilmero del jueves 2 de diciembre de 1880, bajo el título Error; dice. “Ocupándose La Libertad (el periódico), del viernes, de la interesante obra del Dr. Wilde que va a publicarse con el título ‘Buenos Aires setenta años antes’ dice que es producción del Dr. D. Eduardo Wilde, eso es un error pues dicha obra es producción del Dr. Don José Antonio Wilde, tío de aquel” De modo que en Quilmas ya se sabía que iba a salir esa obra pues ya estaba editada. La apreciación de Morales es exacta. En el mismo periódico quilmeño del domingo 5 de diciembre siguiente, bajo el título Biblioteca, se informa: “Se reunió la Comisión Directiva el jueves por al noche con el objeto de dar cuenta de la invitación pasada por la municipalidad para que asista en corporación a la fiesta del miércoles. Se trataron algunos otros asuntos y entre ellos se resolvió suscribirse a la obra del Dr. Wilde Buenos Aires, 70 años atrás, por dos ejemplares, reconociéndose el deber de esa institución de fomentar toda publicación de la localidad.”
    La primera edición de 500 ejemplares se agota en tres meses y a poco sale la segunda corregida y aumentada. Fue su editor, otro vecino de Quilmes, Carlos Casavalle, [2]el Librero de la Patria” como se lo llamó, emparentado con varias familias de la localidad.
    El Quilmero del domingo 17 de abril de 1881 (N° 559), con el título Buenos Aires desde setenta años atrás, se comunica. “Está impresa la segunda edición de esta obra, la que tan favorable acogida ha merecido, como lo prueba la extraordinaria rapidez con que se ha agotado la primera.   Deseosos de ponerla al alcance de todos, se ha resuelto hacer una edición (económica) en nuevo formato, sin alteración fundamental, pero con aumento de algunas páginas. Su precio 30 pesos m/n. Las personas que quieran suscribirse podrán hacerlo en las principales librerías de la ciudad o en esta imprenta.”
   El libro llegó al público porteño en un momento coyuntural para la cultura local. Buenos Aires se transformaba vertiginosamente, tanto en lo edilicio como en las costumbres, más el aluvión inmigratorio que daba una fisonomía nueva y ajena para muchos, con nuevos tipos humanos, idiomas extraños, modas, adelantos… La gran aldea que recupera Wilde en su libro desaparecía inexorablemente y motivaba la nostalgia de los que la habían conocido y recorrido (como pasa hoy a los quilmeños que vivieron ese pueblo que aún era Quilmes antes de la década del 60) y entre los jóvenes la curiosidad por reconocer en el aval de otros las historias de sus padres y abuelos.
  En ese recorrido por la ciudad porteña, desde que era un villorrio colonial hasta poco después que Wilde la deja para establecerse definitivamente en Quilmes, aparecen todo tipo de pintoresquismos, ricos en colorido sin excesos poéticos ni retóricos que se le podrían justificar en esos años de remanentes románticos.
    Cuarenta y seis capítulos en los que recorremos los pantanos que se hacían en lo que hoy es el radio céntrico, las casas de familias, el muelle antiguo; vivimos los inconvenientes de embarcar y desembarcar; nos horrorizamos con las ejecuciones, los callejones infectos; asistimos al teatro y conocemos a  sus protagonistas; y conocemos todo sobre: las plazas, la comunidad  británica y las otras, su padre, los censos, las escuelas, las barberías, el alumbrado, las tertulias y los salones de la damas copetudas, la fabricación de cigarros, la mendicidad; el asalto con toma de rehenes a la quinta de Mr. Bevans [3] y el de Misereti, el agua para el consumo, los cafés y los hoteles, los velorios, los incendios, el carnaval, la ropa hecha, los diplomáticos extranjeros, el baño en el río, la moda, la religión, los carruajes, la academia de música, la primera sociedad literaria, los braseros, la lotería, las pulperías, nacimientos, lomillerías, fiestas en la Recoleta, el pampero...
   544 títulos, 544 temas, 544 fotografías que ilustran sin pesadez  las páginas y dejan un regusto a más. El lector se siente oyente y tiene ante sí a un abuelo, a la tía vieja que rememora el ayer con la palabra fácil y chispeante. Es veraz y no descuida la rigurosidad histórica recurriendo a documentos o a expresiones de otro autor, pero como al pasar.
El género podría bautizarse miscelánea social que entre las letras argentinas hay impostergables autores. Muchos historiadores para sus investigaciones, frecuentemente, han partió de obras como la de Wilde – o se motivaron en ella - para luego ahondar en la rigurosidad heurística.
        Consciente de su tarea, en el último párrafo de Una palabra de introducción confirma. “[...] Nos  concretamos casi exclusivamente a la vida social; punto que no hemos visto casi tratado por nuestros bibliófilos; a lo que fuimos desde hace setenta años; a los que fue nuestra ciudad y campaña.
     Un año después de la aparición de Buenos Aires… Lucia V.
López (1848-1894) presenta en forma de folletín la novela La gran aldea y Vicente C. Quesada (1830-1913) las Memorias de un viejo, notas periodísticas que se reúnen en libro en 1889. En 1884, la evocación autobiográfica se continúa con Juvenilia de Miguel Cané. Santiago Calzadilla (1806-1896), edita en 1891 “... libro chacotón, alegre, optimista. Las beldades de mi tiempo, de puro sabor porteño.” [4] Estos, como Buenos Aires desde… son documentos imprescindibles y pinturas de época incalculables para conocer el pasado desde lo social, para acceder en su totalidad a la Historia Nacional. Seguirá la manifestación del género con La familia Quillango de José María Cantilo y en 1988, con las obras del sobrino, Eduardo Wilde, Prometeo & Cía y la póstuma e inconclusa Aguas Abajo.
    Otro libro que recupera el aspecto de la vida cotidiana de una sociedad tradicional que el pulso vertiginoso del progreso cambió para siempre y recupera el pasado de Buenos Aires fue La Sociedad de Antaño de Octavio Battolla que publicaron los Editores Moloney & De Martino en 1908, con fotograbados de Weiss & Preusche y Vidal & Cortada. Obra con abundante ilustraciones, grabados y dibujos de la época. Fue un esfuerzo notable de rescate de los usos y costumbres del pasado porteño.
     En Quilmes recogió el género misceláneo José Andrés López, que sin duda conoció la obra de Wilde, su contemporáneo y vecino. Quilmes de antaño, quizá preferentemente anecdótica, con menor precisión en la caracterización de elementos, pero con idéntica riqueza lingüística y sentido del humor.
  Dice Alberto Palcos en el prólogo de la edición de 1953 de W. M. Jackson editores:[5] “...dos clases de escritores acometen empresas como la de Wilde: los viajeros, ávidos de entrar en contacto con ciudades y paisajes, y los que retornan por la áurea puerta de los recuerdos, a los sitios donde transcurrió su infancia, su juventud o toda la vida [...] Prevalece en los primeros la calidad del dibujo y la precisión del matiz cromático y, en los últimos, esa poesía del recuerdo, que es como el aroma de los instantes hondamente sentidos y vividos en el pasado. Singulariza a Wilde la circunstancia de que, integrando la segunda categoría de escritores, se aproxima bastante a la primera...”
  Para completar estas referencias apuntemos lo que agrega Morales en su nota de La Prensa, antes mencionada: “ En su libro don José Antonio Wilde hace con Buenos Aires lo que Mesoneros Romanos hizo con Madrid en sus Memorias de un sesentón,[6] recordando entre humorística y melancólicamente [...] Es un libro que tiene el buen gusto de ocultar las vigilias que le costó informarse para lograr el dato preciso la fecha exacta en el documento casi olvidado. Wilde ahorra a su lector la cita...”
    Paul Groussac escribió: “El libro de recuerdos que dio a luz en 1881 con el título de ‘Buenos Aires desde setenta años atrás,’ es excelente en su fondo y forma, por la sinceridad del acento, la exactitud de los bosquejos y la ausencia de pretensión en el estilo. Lástima grande que el autor no lo haya completado, con otra serie de recuerdos más precisos y minuciosos aún.” [7]
   En 1881, se realizó una segunda edición de Buenos Aires desde... en la Imprenta y Librería de Mayo, de 350 páginas. [8] En 1908, La
Biblioteca de la Nación realizó una nueva impresión. En 1948, la editorial Espasa-Calpe lo reeditó en su económica Colección Austral para estudiantes. Hay una edición sin fecha del Fondo Nacional de las Artes. En 1953, fue publicado por  W. M. Jackson Inc. Editores, en la colección “Grandes escritores argentinos” con prólogo de Alberto Palcos. Esta editorial tenía puestos de venta en New York, México, Habana, Caracas, Bogotá, Lima, Santiago de Chile y Montevideo. Sus oficinas se hallaban en la calle Perú 1186 de Buenos Aires. En 1961, EUDEBA, la Editorial de la Universidad de Buenos Aires, en la Serie del siglo y medio, vuelve a editarlo con apéndice de Ricardo M. Llanes; reeditándolo en mayo de 1971, el año del sesquicentenario de la fundación de esa  Universidad.
    En 2006, CM editores realizó una nueva edición con el apoyo del Fondo Cultural BA, programa metropolitano de fomento de la cultura, las artes y las ciencias, de la secretaría de cultura del gobierno de la ciudad de Buenos Aires. Pertenece a la Colección del Bicentenario que dirigida por el Prof. Fernando Sánchez Zinny.
    La lectura de Buenos Aires, desde setenta años atrás, nos hace presumir lo significativo que hubiera sido para nuestra historia local y la de los pueblos de la provincia, un: Quilmes, los últimos 30 años; escrito por el Dr. Wilde. Las calles, las casas, la gente del pueblo y la de la campaña, los trabajos, entretenimientos, paisajes irrecuperables, sucesos determinantes, la vida durante los 30 años que vivió en esta ciudad y partido de la Exaltación de la Santa Cruz de los Quilmes. Y todo impregnado de su sutil humor. Pero no hubo tiempo. Wilde se lo llevó y los pocos papeles donde esbozó el proyecto se volaron con el viento del desconcierto en que se sumieron los hijos ante la orfandad tan temprana.

De “Dr. José Antonio Wilde – médico, periodista y educador quilmeño” biografía de Chalo Agnelli, Ed. Jarmat. Quilmes 2008.-

NOTAS


[1] Primera parte pág. 97 a 103
[2] Carlos Casavalle. Impresor, librero, bibliófilo. Nació en Montevideo el 24 de setiembre de 1826. Instaló la Librería Mayo, en la calle Perú y luego en la de Moreno. Su esposa, Josefa López, era hija de Manuel Gervasio López, Juez de Paz de Quilmes desde 1840. Murió en Buenos Aires el 9 de noviembre de 1905.
[3] Abuelo del presidente Carlos Pellegrini
[4] Según Carlos Alberto Leumann en el estudio preliminar de la edición de la Editorial Estrada, Buenos Aires, 13 de setiembre de 1944.
[5] De la que se toma la que realiza EUDEBA en 1961 más un apéndice de notas aclaratorias, muy útil, de Ricardo M Llanes
[6] Ramón de Mesonero Romanos, escritor español (1803 – 1882)
[7] Historia de la Biblioteca Nacional, Groussac, P. Pág. 47
[8] En la Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia hay un único ejemplar .