miércoles, 15 de junio de 2011

LA COLONIA - CALLES, NUMERACIÓN, PASOS, PLAZAS Y SERVICIOS PÚBLICOS

Adelanto de "La Colonia de Valerga"
libro de próxima edición
Prof. Chalo Agnelli
“En otoño, las calles, del barrio, se tiñen
de una especial atmósfera, de silencio con alas.”
De “Motivo para una cajita de música”
Raúl González Tuñón

NOMENCLATURA CATASTRAL.
    Es necesario especificar, para mayor rigor geográfico, que la orientación que tiene Quilmes con respecto al Río de la Plata es NORESTE – SUDOESTE. La línea ribereña no es la que sigue la orientación de las calles de la ciudad ni las vías del ferrocarril que atraviesan la ciudad, de este modo lo que comúnmente llamamos Quilmes Oeste por economía del lenguaje, en realidad, es Quilmes Sudoeste. Por lo tanto el barrio de La Colonia está al SO de las vías ferroviarias y el centro de la ciudad al NE.
   A medida que se realizaban loteos y aumentaba la población se hacía necesaria la apertura de calles que acortaban las distancias entre los chacareros y quinteros de La Colonia y el Pueblo.
   La calle Brandsen (o Brandzen) hasta 1890 tenía profundas zanjas y en los días de lluvia se transformaba en un río torrentoso. Desde las vías hacía el SO aún no se cortaba en la Cervecería como actualmente, pero de todos modos se hacía intransitable.
 Hacía el SO atravesaba la chacra del benemérito vecino Dr José Antonio Wilde; extensión que luego adquirió Otto Bemberg y en el extremo NE rozaba los fondos de la quinta donde residía la familia Wilde: la manzana de 25 de Mayo, Paz, Pringles y los fondos sobre la calle Brandsen. [1]
    El 9 de setiembre de 1895 por expediente N° 244570, un grupo de vecinos pide a la municipalidad que se abra una calle entre la Cervecería Quilmes y un terreno propiedad de don Segundo Calcagnino, cerrado por la propiedad de la testamentaria de José Antonio Wilde. Firman la solicitud: Manuel Buceta, Manuel Basigalup, José Tamola, José Pozzo, Bernardo Torres, Esteban Ronconi, José Gandolfo, Ángel Margni, Pablo Helling, Pedro Bosso y Santiago Valerga. Todos con propiedades en La Colonia.
   El 1° de febrero de 1896 se solicita a la municipalidad que es necesario prolongar la calle Brandsen del otro lado de las vías, pues “... hay una población que se está multiplicando, y formándose un barrio completamente poblado en donde empiezan a radicarse diferentes industrias...” [2]  
   El 5 de noviembre de 1896 se aprueba el proyecto de ordenanza para la numeración de las casas. A cada manzana le correspondían 50 números. Y surge un problema pues la numeración comenzaba en las vías del ferrocarril creciendo hacia la Ribera; mientras que del lado de la Colonia sucedía lo mismo, comenzaba en las vías y crecía hacia el SO. Esto generaba grandes confusiones ya que aún las calles de La Colonia, no habían cambiado el nombre de modo que había viviendas sobre la misma calle que tenían igual numeración y, a veces, estaban a 12 cuadras de distancia. La primera solución, hasta que se cambiaron los nombres, fue agregar la designación “Este” y el “Oeste” a las direcciones postales, por ejemplo: Calle Alsina N° 250 Oeste; hoy sería Carlos Pellegrini N° 450, porque un cambio posterior determinó que a cada manzana corresponde una centena.                      
    Por una ordenanza del 6 de abril de 1904 se autoriza al Intendente José Andrés López, establecer la nomenclatura de las calles en las ampliaciones hechas, utilizando los siguientes nombres: Aristóbulo del Valle, Cervecería Argentina, José A. Matienzo, Vicente López, Juan Martín de Pueyrredón, Juan B. Alberdi, Cornelio Saavedra, Juan J. Paso, Castelli, Ortiz de Ocampo, Las Heras, General Guido, Deán Funes, Solís, Garay, Gaboto, Dorrego, Vértiz, Cevallos, Primera Junta.
   La comisión de obras públicas de la municipalidad en la sesión del H.C.D. del 30 de marzo de 1910, se expide en la solicitud de José F. Sánchez que aconseja sancionar la nomenclatura de las calles de La Colonia, de la siguiente forma: “... a la primera calle que sigue a la de Vicente López que corre SE a NO el nombre Luis Sáenz Peña, la segunda Bernardo de Irigoyen, la tercera Manuel Quintana, la cuarta Andrés Baranda, la quinta Torcuato de Alvear“. Fue aprobado.[3] 
Ese mismo año se nombran las calles de Bernal paralelas entre Las Heras y Zapiola: Liniers,  Boedo, Rodríguez Peña y las de SE a NO, paralelas a San Martín al SO: G. Rawson, Arenales y la calle que corre NO a SO entre Cerrito y Constitución, se denominará José María Ramella.
   Correspondía a las primeras calles abiertas y las manzanas que contaban con mayor edificación de viviendas y comercios. En Andrés Baranda, que a la fecha no estaba pavimentada, terminaba la zona urbanizada y comenzaba las amplias quintas y chacras. Al instalarse el tranway, en la esquina de A. Baranda y la actual Rep. del Líbano había una parada llamada Cambio Intermedio que dio nombre a ese rincón del barrio. Dice Craviotto. “... lo despoblado del lugar hacía innecesaria otra parada hasta Bernal y la esquina con Pellegrini por la otra, la llamada Curva de Lemos...” O sea, que por la calle Andrés Baranda siguiendo el trayecto del tranvía, agrega: “... solamente podían verse las casas de las grandes quintas con extensiones de manzanas, que no hacían suponer entonces en la enorme subdivisión y fraccionamiento de los años posteriores...”[4]
    También este año se coloca una luminaria en el cruce de las calles Vte. López y R. López (antes Santa Fe)
   El 25 de agosto de 1912 se realizó un convenio entre la Intendencia presidida por don Pablo Castro y don Guillermo White, representante legal del Ferrocarril del Sud (hoy Metropolitano) según una resolución del H.C.D. concretada el 12 de enero de 1910 y ratificada el 17 de noviembre de 1911 y el 15 de abril de 1912. Según el mismo y de acuerdo a la ley Nacional 6369 que permitía a la empresa ferroviaria a realizar obras de ensanche en la estación de Quilmes y a expropiar los terrenos necesarios para la misma se dispuso que: “...los que actualmente ocupan por las calles 3 de Febrero y Corrientes desde las vías por el costado Oeste  hasta la inmediata paralela a dichas vías[...] con un total de 3749 m2, que linda al norte con la vía del ferrocarril; al SE y NO con terrenos de la misma empresa y al SO con las calle Cervecería Argentina (Gran Canaria) ”
    En compensación la empresa debía entregar a la Municipalidad la cantidad de 17.000 toneladas de piedra bruta (granito) Además, debía prolongar el pasaje subterráneo de la estación hasta la vereda de la calle Rivadavia del lado SO (Entre Ríos)
   En octubre de 1912 los vecinos de La Colonia piden a la municipalidad que cambie de nombre a la calle Olavarría en el tramo del otro lado de la vía por José C. Paz. La municipalidad desestimó el pedido. Pocos años después se llamaría 12 de Octubre.
El maestro Dorotea Yoldi habla en el acto de bautismo de la calle 12 de Octubre
El 22 de mayo de 1918 se cambió el nombre de la calle 3 de Febrero por el de Leandro N. Alem, manteniéndolo en el tramo de La Colonia que va desde las vías del ferrocarril hasta Vicente López.
   El 15 de julio de 1922 por la Ordenanza N° 224 se designó con el nombre Ingeniero Eduardo Otamendi a la continuación de la calle Alsina al Oeste de las vías del F.C. del Sud. Fue la primera calle “del otro lado de la vía” a la que se le dio otro nombre distinto del que llevaba al NE.
   El Ing. Otamendi había fallecido el día anterior a dicha ordenanza. Esta pérdida movió al Consejo Deliberante a tomar una decisión sin mucha deliberación y no porque don Eduardo no se mereciera el homenaje, sino como resultado de un golpe emocional. Era Intendente Pedro Elustondo, el primer radical en ocupar este cargo en Quilmes (1918-1919 y 1922)
   Dicha arteria llevó por poco tiempo esa nomenclatura pues a poco (1928) se le cambió por Carlos Pellegrini, enviando el nombre anterior a otra arteria, como la continuación de Aristóbulo del Valle al NO, pasando Lamadrid en Bernal, es una calle de tres cuadras que se interrumpe en las vías del ferrocarril. 
Ese hábito pernicioso de los funcionarios argentinos de cambiar el nombre de las calles, según los gustos y las modas que iban surgiendo, ya prosperaba entre los quilmeños (la calle Hipólito Yrigoyen es un ejemplo, tuvo cuatro nombres antes del actual).
  El 28 de agosto de 1927 el periódico “El Plata", como se mencionó, se queja que de la numeración de las calles que corren de NE a SO interrumpidas por las vías del Ferrocarril del Sud como límite de cambio de numeración, teniendo estas arterias el mismo nombre. Y da un ejemplo: “ (A) Un pariente o amigo se le ofrece el domicilio con el número por ejemplo 322, (de la calle) 9 de julio; llega a la estación, toma un coche, le da el número y la calle (al cochero), y una vez llegado se encuentra de (con) que el pariente o el amigo no vive en ese domicilio. Desde luego se entera que el pariente o el amigo vive o debe vivir en la misma calle y el mismo número, pero en el otro lado de las vías del ferrocarril; y el visitante cree que Quilmes es una ciudad maravillosa, por cuanto tiene el lujo de tener dos calles con el mismo nombre y la misma numeración. Algunos de estos casos han tenido un triste epílogo, como por ejemplo al llamarse a un médico, que por haberse extraviado perdiendo media hora, el paciente ha sufrido consecuencias, a lo mejor, funestas.” (sic)
   Numerosos eran los problemas con los nombres de las calles y la numeración cuando La Colonia se iba urbanizando. Por ejemplo, los vecinos que vivían sobre la calle Torcuato de Alvear, según el periódico “El Plata” no sabían dónde vivían ya que además de ese nombre se la conocía por “Calle N° 2” en las cuentas de la Usina Eléctrica local y para el Banco Popular de Quilmes era “Vieytes”.
   En la calle Andrés Baranda la numeración corría de SE a NO y en las siguientes corría de NO a SE. ¡La confusión era clarísima! Uno se imagina que debía haber mucha gente extraviada en el barrio.
   El 19 de diciembre de 1928, por la ordenanza N° 391, se estableció la nueva nomenclatura de las calles que corren de NE a SO tomando como eje divisorio las vías del ferrocarril. Estableciendo que cambiarán de nombre: [5] “Castelli al SO, por Santiago del Estero (hoy Rep. del Líbano); Paso por San Juan; Saavedra por San Luis; Alberdi por Mendoza (hoy Int. Pedro P. Oliveri); Conesa por Santa Fe (hoy Rodolfo López); Colón por Salta (hoy bombero Sánchez), 9 de Julio por Tucumán, Nicolás Videla por Buenos Aires (hoy Islas Malvinas, por Ordenanza N° 409 del 12/6/1929), Alsina por Carlos Pellegrini (rectificando la ordenanza N° 224); Rivadavia por Entre Ríos; Alem por 3 de Febrero hasta Vicente López;  Garibaldi por Corrientes; Humberto Primo por Córdoba (hoy Pte Juan D. Perón); Olavarría por 12 de Octubre; 25 de Mayo por 1° de Mayo; Brandsen por Santiago Valerga (hoy San Mauro Castelverde) Matienzo por Benito Pérez Galdós [6]; (Ortiz de Ocampo no tiene continuidad hacia el SO); Guido por Felipe Amoedo; etcétera...
La calle Santa Fe que luego fue Rodolfo López fue empedrada en dos tramos, de las vías hasta Andrés Baranda con la anchura de 10 m y de Andrés Baranda hasta Urquiza que era de 8 m.
En 1980 se repavimentó y ensanchó. Los trabajos se dividieron en dos etapas. La primera entre las avenidas V. López y Baranda, de 4 cuadras, en la que se construyó una carpeta de concreto asfáltico de 12cm. La segunda etapa desde Baranda hasta Av. La Plata se ejecutó una calzada de 12 m, ganando cuatro metros sobre el ancho anterior. Se cubrieron 17 cuadras agilizando el tráfico de ingreso al centro de Quilmes conectando directamente con el Acceso Sudeste.
LAS CALLES DE LA CERVECERÍA
    Al instalarse la empresa cervecera muchas fueron las discrepancias que tuvo, esta, con las distintas autoridades municipales que se sucedieron a través del tiempo por el uso de las calles interiores que no se abrían al público. Todas positivamente zanjadas si acordamos con la estrecha relación económica y social que esta fábrica mantuvo con la comunidad hasta hace pocos años.
   En 118 años de historia común es mucho lo que la Sdad. Anónima Cervecería Argentina de Quilmes dio al Partido de Quilmes y al barrio La Colonia ya que sin esta otra hubiera sido la historia y otros los perfiles de progreso.
      El 22 de febrero de 1894, Bemberg solicita a la municipalidad autorización para hacer nuevas construcciones sobre la vía pública: “...por medio de puentes o túneles para cruzar las calles entre los diversos departamentos de la fábrica [...] quedando obligado el solicitante a conservar en perfecto estado de viabilidad y luminosidad los pasajes.” En un primer momento no se le permite.[7] El 2 de agosto de 1895 la empresa cervecera insiste y se aprueba la petición.
En 1897 se suscitó una diferencia entre la corporación municipal y la Cervecería. Esta pedía a la municipalidad autorización para levantar un edificio de ferretería en una calle que no estaba abierta al público.
La Comisión de Obras Públicas responde al gerente de la empresa en la siguiente forma: “Marzo, 15 de 1897. Honorable Concejo Deliberante. "No se explica que una importante Sociedad se presente por medio de su director quien debe conocer las leyes al solicitar semejante despropósito. La Municipalidad nunca podría autorizar tamaña irregularidad sin una gran responsabilidad. Esta solicitud no debe ser archivada sino devuelta al Sr. Director.’ ” (Firma Carlos Andrade)
   Pero parece que no todos los miembros de dicha Comisión estaban de acuerdo pues al expediente se agrega otra nota dirigida al presidente de la misma: “Quilmes, Mayo, 26 de 1897. Sr. Presidente. El que suscribe miembro de la Comisión de Obras Públicas es de opinión que la municipalidad podría autorizar en la forma solicitada la construcción del edificio que proyecta la empresa Cervecería por cuanto no afecta intereses particulares ni generales pues se trata de una calle que no esta librada al servicio público ni es necesaria por el momento. Se trata, Sr. Presidente, de una empresa que reporta a Quilmes grandes ventajas y la municipalidad está en el deber de no poner obstáculos de ninguna clase, máxime cuando la concesión no importa un acto que afecta el carácter de permanente.” (Firma Gabriel Drake)
   Entre los miembros del HCD, después de un largo debate, se expidieron por la afirmativa: José Otamendi, Gabriel Drake y por la negativa: Victoriano Huisi, Juan Braco, Carlos Andrade y Zoilo Rosso. Resultando denegada la solicitud.
   El 4 de junio de 1904 la Municipalidad, presidida por don José Andrés López, realiza con la Cervecería, representada por Emilio Kersting un convenio mediante el cual la primera institución renuncia a hacer abrir las actuales calles: 1° de Mayo, San Mauro (Santiago Valerga) y B. Pérez Galdós, desde las vías del ferrocarril hasta Gran Canaria, cerradas por la Empresa y algunas con construcciones. Y autoriza a la empresa a ocupar de igual forma dichas arterias hasta Aristóbulo del Valle. En compensación la Cervecería debía abonar $ 2.- m/n por cada vara cuadrada (866 mm por cada lado) Este convenio debía prevalecer, según el contrato: “... por todo el tiempo que exista la Cervecería Argentina como establecimiento industrial ya sea que elabore cerveza o se la aplique a otra industria cualquiera, siempre que el establecimiento y terrenos que hoy le sirve de asiento se conserven en su actual integridad...” 
   A su vez la Empresa se comprometía a conservar en perfecto estado de viabilidad y a su costa la calle Amoedo desde las vías hasta Vicente López y esta desde Amoedo hasta 12 de Octubre y esta desde V. López hasta las vías; de igual modo las calles intermedias, que en esa área hoy están todas ocupadas por depósitos y estacionamiento de camiones de distribución de cerveza.
   Esta concesión temporaria de dichas calles se hace permanente con la Ordenanza N° 444 del 29 de noviembre de 1929, como se detalla en el capítulo sobre la Cervecería Argentina.
   Manuel Ales, en sus estudios entrañables, [8] dice que en 1904: “Se vende a Bemberg las calles ocupadas por la Cervecería Quilmes, en $ 53.867,66.”
    Según las actas de sesiones del Consejo Deliberante que se transcribió anteriormente se puede interpretar que no fue una venta, sino un alquiler por el usufructo, en lo formal, porque según los resultados vigentes, sí lo fue en lo real. La Cervecería pagó esa suma de dinero por 25 años de alquiler de las calles que quedaron dentro de sus instalaciones y después de 1929 se le regalaron.
    En 1910 la Cervecería Argentina de Quilmes pide al H.C.D. autorización para cerrar la calle Gran Canaria (Cervecería Argentina) entre Amoedo (Guido) y 12 de Octubre (Olavarría)
   El 13 de febrero de 1911 el Intendente don Pablo Castro autorizado por el H.C.D. autorizó, según una resolución del 24 de agosto de 1910, a la Cervecería, a través de su representante don Carlos Sepp a la ocupación de la calle Gran Canaria (en ese entonces Cervecería Argentina) desde Amoedo hasta 12 de Octubre, por todo el tiempo que prevalezca la Cervecería. En compensación la Empresa abonará a la Municipalidad la suma de $ 60.000.- m/n) Se le concede ad referéndum en la sesión del HCD del 15 de febrero de 1911 [9]
Las calles Andres Baranda y Pellegrini tuvieron el diseño de bulevard con plazoletas en el medio por las que se extendían las vías del tranvía. En un primer momento cuando se instala la línea 22 las vías en la calle Andrés Baranda estaban sobre la vereda impar. [10]
LA CALLE 12 DE OCTUBRE
La ordenanza Nº 391 del 19 de diciembre de 1928, actualizó la nomenclatura de calles, entre las que estaba incluida 12 de Octu­bre, para diferenciar las calles de Quilmes centro de las que se prolongaban en La Colonia y Quilmes Oeste, evitando confusiones con la numeración. Firmaron dicha ordenanza, como inten­dente y secretario municipal, el doctor José Eduardo López y el señor Pedro Berbeni, respectiva­mente. Y el doctor Emilio Torre como presidente del Concejo De­liberante, conjuntamente con los secretarios del cuerpo: León E. Belou y Pedro J. Polognoli. En la inauguración disertó el Prof. Doroteo Yoldi (ver foto) refiriéndose a la significación de la fecha, establecida por decreto presidencial del 4 de octubre de 1917 que instituyó el 12 de octubre como Día de la Raza”. [11]     En 1952 se la rebautizó Eva Perón, pero nadie la reconoció con esa nomenclatura, de modo que después del golpe de estado de 1955 recuperó su nombre. Sin embargo en noviembre de 1974 se presentó una moción en el H. Concejo Deliberante con el fin de “restituir” el Eva Perón en toda su extensión. Surgieron divergencias entre el Concejal Mastromatteo, impulsor de esta restitución y el concejal Balangione (UCR) que manifestó que esa moción era opuesto a lo expresado por la que era en esos años la presidenta de la Nación, Estela Martínez de Perón que pidió que no se cambiaran los nombres de calles, plazas, paseos, parques, etc. por el de los líderes máximos del peronismo, pero Mastromatteo afirmaba que no era cambiar sino restituir y se dictó la ordenanza Nº 4063 al respecto. Hasta que después de 1976 volvió al que recibió el 19 de diciembre de 1928.
   Con el tiempo esta avenida llegó a ser el centro comercial del barrio. [12]
INVESTIGACIÓN PROF. CHALO AGNELLI
chaloagnelli@yahoo.com.ar

NOTAS DEL CAPÍTULO 3
[1] Ver “Maestros y escuelas de Quilmes”.
[2] Libro de actas N° 2 folio 389.
[3] Lib. 7 Cit. Folio 76 a 78. En este acta se especifica el nombre de Colonia para esta zona de Quilmes.
[4] Craviotto, J.A. “Historia de Quilmes” Pág. 192.
[5] Se indican sólo las calles que están ubicadas dentro de los límites del barrio La Colonia, si bien en el documento de la ordenanza se nombran todas desde Lamadrid hasta Triunvirato; e incluso las de Bernal.
[6] Ver en el capítulo “Nombres de Tránsito Urbano”, el título “Calle con Anécdota”
[7] Libro de actas del HCD N° 2, folio 186 a 189 y folio 321.
[8] Ver “Síntesis Histórica de Quilmes” Pág.19
[9] Libro 7 folio Nº 304.
[10] Foto de tapa del libro “Cuadernos de Identidad Nº 5” del mismo autor de este documento.
[11] El decreto fue firmado por el presidente Hipólito Yrigoyen, refrendado por sus ministros Gómez, Salaberry, Álvarez de Toledo, Salinas, Pueyrredón, González y Torello. Ese decreto, publicado en el Boletín Oficial de la República Argentina, declara "fiesta nacional" al 12 de octubre y no se refiere en ninguno de sus apartados al Día de la Raza, como se lo conoció después, aunque la opinión pública lo asoció a esa idea porque de esa manera se lo festejaba en España. La decisión de promulgar dicho decreto se basó en la solicitud realizada en primer lugar por la Asociación Patriótica Española (que se analizará después) junto a otras instituciones tanto hispanas como argentinas. http://portal.educ.ar
[12] El Sol - 1945

martes, 14 de junio de 2011

FESTEJOS PATRONALES DE QUILMES

LOS FESTEJOS PATRONALES ANTES DE ESTABLECERSE LA FECHA DE LA FUNDACIÒN DE QUILMES.

Investigación Prof. Chalo Agnelli

ANIVERSARIOS
Como no hubo fundación ni escudo originalmente constituido, tampoco la Patrona del pueblo de Quilmes fue siempre la misma y su designación fue la sucesión de un entrevero de advocaciones.
Antes de establecerse el “Día de Quilmes” o aniversario de la formación del pueblo de los Quilmes el 14 de agosto por la ordenanza Nº 835 y su rectificación en la ordenanza Nº 1023 del 21 de julio de 1937, los quilmeños festejaban el día de su patrona, la Inmaculada Concepción - una de las advocaciones de la madre de Jesús de Nazareth establecida por la iglesia católica - todos los 8 de diciembre. Eran fiestas patronales, no había una fecha que recordara el origen del pueblo o ambas se confundían.
LA INMACULADA CONCEPCIÓN
El dogma de la Inmaculada Concepción es un artículo de fe del catolicismo que sostiene la creencia en que María, a diferencia de los demás seres humanos, desde el primer instante de su concepción estuvo libre del pecado original.
Si bien en el siglo V existía una fiesta a la concepción de Ana, madre de María, que se inicia en el Oriente griego, se difundió  por Italia meridional en el Siglo VII, por Irlanda en el siglo IX e Inglaterra desde el siglo XI, la doctrina fue establecida como dogma de fe el día 8 de diciembre de 1854, en la bula "Ineffabilis Deus" del papaPío IX. Desde ese año el día8 de diciembre quedó como fecha de la fiesta de la Inmaculada Concepción en toda la iglesia romana. [1]
LA EXALTACIÓN DE LA CRUZ
Hasta 1806, según el Dr. José A. Craviotto, la parroquia de Quilmes se denominó de la Exaltación de la Cruz, pero la historiadora Guillermina Sors afirmó que en un documento de 1763 la iglesia de la Reducción llevaba el título de Nuestra Señora de la Concepción. Otro documento del año 1769 en el que el párroco Nicolás Fernández Escandón pide reconstruir la iglesia de la Quilmes, dice. “… inicia trámites para su reedificación, con motivo de haberse derrumbado el techo de la iglesia de la Inmaculada Concepción”. Quizá invocando la advocación de origen griego o por un error en el titulado, ya que el dogma aún no se había establecido (1854)
ANTECEDENTES
* En el período colonial hubo varias localidades bautizadas como Nuestra Señora de la Concepción o similares de modo que no es extraño que después de liberada la reducción y creado el pueblo a partir del 14 de agosto de 1812 la parroquia se la designara con ese título.
* Alonso de Vera y Aragón el 14 de abril de 1585, funda con el nombre de Nuestra Señora de la Concepción del Bermejo la primera ciudad del Chaco. Fray Luís de Bolaños fundó con indios reducidos, Tabacué el 7 de diciembre de 1615, bajo la advocación de la Pura y Limpia Concepción de Nuestra Señora de Itatí. Los pampas de las zonas de Magdalena y La Matanza fueron reunidos en 1740 en la reducción jesuita de Nuestra Señora de la Concepción de los Pampas sobre la margen derecha del río Salado de Buenos Aires, cerca de su desembocadura. 
* El 25 junio de 1783 se fundó Concepción del Uruguay bajo la denominación de Nuestra Señora de la Concepción del Uruguay.
* Por disposición del obispo de Buenos Aires, Manuel Antonio de la Torre, se elevó la capilla de Las Conchas a la jerarquía de viceparroquia en 1770, estableciendo el decreto por el cual la Santísima Virgen bajo el titulo de la Inmaculada Concepción del Puerto de Santa María de Las Conchas sería la patrona de dicho templo.
Fue su primer vicepárroco el Dr. Domingo de Pessoa y Barragán, el cual en 1774 obtuvo por concurso el curato de San Isidro permaneciendo transitoriamente por un año más al frente de las dos feligresías. 
* El 22 de enero de 1775 hizo entrega de la viceparroquia a Fray Martín Ramos. En 1780 fue elevada a categoría de parroquia dejando de pertenecer al curato de San Isidro de los Montes Grandes.
* En 1815, la parroquia de la Inmaculada Concepción de Santa María del Puerto de Las Conchas, pasó a ser viceparroquia de la de Nuestra Señora de Aránzazu de San Fernando hasta 1832, año que vuelve a ser parroquia. Por tal motivo los libros parroquiales de ese período quedaron en San Fernando. EL PÁRROCO VADONE
A partir del 6 de diciembre de 1864, agrega Craviotto, se nombra por primera vez a la parroquia como de la “Inmaculada Concepción de Quilmes”. Pero es el párroco Carlos Vadones el primero que utiliza dicha nominación en una carta dirigida al juez de paz Paulino González el 18 de octubre de 1858 refiriéndose a: “… las solemnes y fervorosas demostraciones que deben practicarse en el día aniversario de la fundación de este pueblo, que será el 8 próximo diciembre, día de la Inmaculada Concepción de María Santísima bajo cuyo auspicio y patrocinio se fundó”. Error el de Vadones pues cuando se establecen los Quilmes en 1666 no existía dicha advocación.
JUAN GALO DE LAVALLE
Pero hay otro antecedente a tener en cuenta con respecto a la elección del 8 de diciembre y se remonta a 1841. [2]
Resulta que el 9 de noviembre de 1841 llegó a Buenos Aires la noticia que el General Juan Galo de Lavalle había sido asesinado. El gobierno federal celebra esta muerte y la derrota que significó para los unitarios. Además manda congratulaciones a todas las ciudades y pueblos de la provincia de Buenos Aires y a las restantes de la Confederación ordenando que del mismo modo se extiendan a toda la población mediante festejos, Patriótico-Federales.
En Quilmes era juez de paz  Manuel Gervasio López que acordó se celebre en la iglesia un Te Deum; “… en acción de gracias al Ser Supremo, el día de la Patrona, la Inmaculada María Nuestra Señora de la Concepción, en el día 8 del entrante mes de Diciembre y que se continúen los regocijos en el segundo día…” [3] Aquí el juez López ya en 1841 hace mención al patronazgo de Ntra. Sra. de la Concepción y la palabra “inmaculada” aparece como una calificación del nombre de María.
LOS FESTEJOS DEL RESTAURADOR
La celebración fue en exceso pomposa considerando la humildad del villorrio quilmeño y también tuvo sus encontronazos. Se resolvió mandar a hacer un retrato del gobernador don Juan Manuel de Rosas al artista Marcelino San Arromán. Se pagaría con dinero obtenido de colecta pública, pero el pintor no quiso cobrar. La obra permaneció en la casa de López en Moreno entre Bolivar y Perú de Buenos Aires hasta que a las 9 horas de la mañana del 8 de diciembre una comitiva de “…más de seiscientos ciudadanos” (cantidad que se sospecha excesiva) de quilmeños y porteños, lo retiraron y lo trajeron al pueblo de Quilmes tras tres horas de recorrido por la calles Defensa, Martín García y Montes de Oca hasta el Puente de la Restauración (hoy Pueyrredón), de allí por Mitre, hasta Puente Chico en Domínico, decorado para la ocasión, desde donde tomaron hacia la izquierda hasta el borde de la barranca, pasaron frente a la casa de Santa Coloma y desde allí casi en línea recata, hasta las actuales Hipólito Yirgoyen, Rivadavia y la iglesia. Ese era el llamado camino Real.
La Comisión de Festejos estuvo formada por: el comisario Marcelo Aspitia, el agrimensor José Eusebio Otamendi y su hijo Juan, Francisco Lozano, Roque Estévez Correa y el preceptor Félix Meals. Todo el pueblo embanderado con pabellones federales y arcos triunfales floridos, recibió al cortejo encabezado por el retrato del Restaurador sobre un carro tirado por dos jacas.
En el templo fuero recibidos por el párroco Juan Bautista Camogli que celebró el   
Te Deum y pronunció un sermón “Religioso-Federal” el Pbro. Nicolás Vera. A las 14 finalizó la celebración religiosa y el retrato fue trasladado hasta la casa en la que continuarían los festejos. A las 16 se sirvió una comida a los más que famélicos federales. A las 18 nuevamente el retrato se paseó alrededor de la plaza y a las 20 se arrojaron fuegos artificiales. Concluidos estos, a las 22, comenzó en tres salones dispuestos para la ocasión una tertulia danzante donde “habían más de 150 señoras hermosas y federalmente ataviadas”. El baile concluyó a las 5 de la mañana del día siguiente en el que siguieron los festejos con volatineros, otro baile por la noche. La fiesta duró tres días consecutivos en los que también hubo agresiones de opositores al régimen como el intento de incendiar el salón donde estaba el retrato de Rosas que fue sofocado a tiempo.
O sea que las celebraciones patronales de 1841 en homenaje a la Inmaculada María Nuestra Señora de la Concepción, se mezclaron con los festejos federales por la muerte del general Lavalle.
Y AÑOS DESPUÉS...
Los festejos del 8 de diciembre de 1875, cuenta El Quilmero, fueron sumamente modestos pues la Municipalidad no contaba con fondos para distraer en esa celebración ya que los había agotado en la apertura del paso al río, la actual avenida Otamendi y la plantación en todo lo largo de esta arteria de 50 sauces, es bueno recordar que hasta ese momento no había en la Ribera árboles de gran porte, tan sólo sarandíes, ñapindaes y arbustos de especies achaparradas. Terminaba su mandato de un año el juez de paz y presidente de la municipalidad don Manuel Soto.
De modo que propuso costear la fiesta con la limosna que se aportaba anualmente al Iglesia, el diezmo, y con ese fin se formó una comisión que recorrió el pueblo solicitando un óbolo.
La celebración comenzó en el salón municipal con la distribución de premios a los alumnos destacados de las cuatro escuelas del pueblo dirigidas por los preceptores Demetria Rivero, Benítez, Blanco y Emiliano Reina. Los discípulos de este último entonaron algunas estrofas del himno nacional; digo algunas porque aún no se había establecido la versión que hoy se canta, de modo que no todos conocían con la generalidad de hoy en día el Himno Nacional Argentino.  Luego en la iglesia muy bien ornado por señoras devotas se realizó una misa solemne acompañada por una “gran” orquesta en la que sobresalió el órgano del templo. 
El nuevo cura pronunció un notable sermón que el único periódico del pueblo lo evaluó de esta manera: “ El nuevo cura de Quilmes revela dotes sobresalientes tanto como orador cuanto como persona de ilustración a la vez que liberalidad”. Esto de liberalidad implicaba que no estaba tan atornillado en el clericalismo contra el que los intelectuales de la época comenzaban a enfrentarse pues ya se amenazaba con la ley de educación común a cargo del Estado y la del matrimonio civil.
Siguiendo con los festejos al culminar la misa se tiraron algunas “bombas” y petardos y por la tarde en las casas de algunas de las familias pudientes se realizaron tertulias.
Por la noche en el Salón Municipal, por supuesto que decorado con la sencillez que imponía la austeridad comunal. Hubo una orquesta compuesta por piano, violín y flauta: Se sirvieron masas y refrescos. Las damas fueron las que gozaron de la mayor consideración por parte de los caballeros y de las autoridades pues para su “toillet” (baño) se contrató a una especializada señora de la ciudad que es encargada del salón de señoras de la estación Central.
FESTEJOS DE 1876
Los festejos de 1876 tuvieron cierta semejanza con los del año anterior. En esta oportunidad la familia Casares que tenían quinta de veraneo en el pueblo (manzana Rivadavia, Moreno, San Martín y Alem) obsequiaron el decorado floreal del templo. Era juez de paz el boticario Felipe Amoedo.
El Pbro. Jerónimo Martínez dio un sermón sobre “Las madres de familia”. Luego el párroco Quesada obsequió a las autoridades con un entremés y luego se pasó a la entrega de premios a los escolares. Después del himno dirigido por el Sr. Barrera, habló el Pbro. Quesada y las señoras de Solla y Cruz Baranda de Risso integrantes de la comisión de premios.
La maestra Dionisia Benítez dirigió unas palabras y comenzó la entrega de premios intercalados por las palabras de algunas alumnas: Julia y Elena Campero, Clara Flores (hija del ex juez de paz Tomás Flores) y Ercilla Otamendi. Luego se entregaron los premios a los alumnos de Demetria Rivero y a los varones del preceptor Emiliano Reina siguiendo el recitado de algunos niños: Juan Hasperué, Cosme Cohart, Julio Ithuralde, Gabino Risso de la escuela particular del Sr. Iriarte. Cerró la entrega de premios la hija de Celestino Risso, Elvira y con más discursos de José Andrés López y José Echeverría se cerró el acto pasando a las 17 hs. los concurrentes agotados y presuntamente aburridos a tomar un refrigerio.
EL ARZOBISPO ANEIROS
El viernes 7 de diciembre de 1977 a las 14:20 hs. llegó a la estación de Quilmes, un tanto zarandeado por el ferrocarril local, el arzobispo León Federico Aneiros. En la estación lo esperaba el juez de paz Amoedo que había sido reelecto. El prelado pernoctó en habitaciones que habían sido preparadas especialmente por Cruz Baranda de Risso, en la casa de Andrés Baranda, padre de esta última,  frente a la municipalidad. No duró mucho su descanso pues al amanecer lo sobresaltó el repique de cohetes y bombas de estruendo.
El Arzobispo presidió la ceremonia eclesiástica en un altar especialmente adornado por Aurora L. de Fernández; misa cantada preparada y dirigida por el maestro Barrera. [4] Luego se pasó al salón municipal para la entrega de premios a los alumnos de las escuelas locales como era tradición.
En primer lugar se otorgaron medallas a los alumnos de la preceptora Demetria Rivero, luego habló la sub-preceptora Andrea Benítez, hermana de Dionisia y se entregaron medallas a las alumnas de estas maestras, que fueron: Vicente Lassalle, María Iparraguirre, Clara Flores, Isabel Armesto y Ángela Lassalle y María Giménez.
Por parte de los alumnos se dirigieron al público las niñas Ángel Giménez y Malvina Wilde, de 6 años, hija del benemérito médico. También disertaron el Sr. José Echeverría y la señora Victoria Wilde de Wilde y para cerrar el acto se despidió de los presentes el arzobispo Aneiros, cerrándolo el Dr. Wilde... ¡Siete discursos!
El sábado 9 por la noche hubo tertulia en el salón municipal. Hubo muchos asistentes locales y personalidades de la ciudad de Buenos Aires (aún no era capital de la República) como: el Dr.  Alejo de Nevares, el Dr. Laurentino Aranda, el Dr. Delfor del Valle,el preceptor Blanco, Justino y Dimas González, Francisco Ferrari, el agrimensor Arrufo,  Miguel Cané,  Casares, Aristóbulo Cabrera, Rufino Fornaguera, Rodolfo R. Vega, Orleáns Larralde, Alfredo Sayús, los señores Ferrer, las familias:  Santa Coloma, Arce, Ouberbeck, D`Elía,  Guardo, Pasquez, de la Serna, Madero, Las Casas, Levalle, Rodríguez, Feitz, etc. 
 PROF. CHALO AGNELLI
BIBLIOGRAFÍA
Bobis, Daniel Omar. “Evolución de la sociedad Chaqueña - Comienzos de la colonización”. Monografía en www.ilustrados.com.
Craviotto, J.A. y Barrera Nicholson, C. “Fiesta Federal en Quilmes. La Urraca.

NOTAS
[1] Wilkipedia
[2] Craviotto, J.A. y Barrera Nicholson, C. “Fiesta Federal en Quilmes. La Urraca.
[3] De la Gaceta Mercantil.
[4] Ver: “Migraciones”.

sábado, 11 de junio de 2011

“SEGÚN PASARON LOS AÑOS” - Dr. César A. García Belsunce*

MEMORIAS DE LA HISTORIA 

Colaboración del Dr. César A. García Belsunce
Lunes 31 de agosto de 2009

 Hace pocos años, cuando estaba escribiendo mi libro sobre el pago de la Magdalena, una de mis principales fuentes de investigación fueron los primeros libros parroquiales de la catedral quilmeña.
 Viajaba entonces con frecuencia a la ciudad donde nací, y cada vez que veía desde la autopista la masa compacta de torres de la ciudad, no podía dejar de relacionarla con el rancherío que me descubrían, en cada visita, los libros parroquiales. Y entre las dos imágenes, la del siglo XVIII y las del XXI, se me aparecía otra distinta, el Quilmes de mi infancia y mi adolescencia entre 1930 y 1950, calma ciudad residencial de clase media que se extendía entre la gran cervecería de los Bemberg y el Saint George Collage, y a la que se llegaba por un ferrocarril impecable y puntual.
 Cuando don Juan del Pozo y Silva cedió sus terrenos en 1666 para que se estableciera en ellos una reducción de indios quilmes, erradicados de sus tierras calchaquíes con el fin de poner fin a su belicosidad, procedimiento que España tomó de las prácticas de los antiguos romanos, ya existían en la zona varias estancias y algunos labradores. La Reducción se creó, como es sabido, sobre una loma, al borde la barranca, que se prolongaba por los bañados de la punta que se llamó desde entonces Punta de Quilmes o de Gaete.
 La iglesita ocupaba el mismo lugar que la actual catedral y su lindero oriental era el cementerio. Las penurias del traslado y el cambio de habitat fueron diezmando a los indios, y sus sobrevivientes comenzaron a mezclarse a comienzos del siglo XVIII con blancos y gente de color. Entre todos eran apenas un puñado, el pueblo un modesto rancherío rodeado de una enorme llanura donde vacunos y yeguarizos retozaban entre pastizales y cardales. Cada tanto, algún malón ululante asaltaba las estancias y chacras, mataban hombres, robaban mujeres y niños y se llevaban cuanto ganado podían.
 Ni los indios reducidos ni los que trabajaban en los campos estaban exentos de la agresividad de los pampas, como lo prueba la lista de víctimas del año 1740. El aumento de la población blanca y de color, su mezcla con los quilmes y calianos, a los que se agregaron guaraníes de habla española, condujeron en 1730 al reemplazo de la reducción por una parroquia, que por años fue la única al sur del Riachuelo.
 Pero en una sociedad estamentaria como la de entonces, aunque más laxa que las de las provincias interiores, la “marca de origen” afectaba al nuevo curato, al punto que el padre Navarro se quejaba, en 1736, que nadie, sino los pobres, quería ser sepultado en la parroquia –y por tanto tampoco casarse- “porque tienen por cosa de menos valer el enterrarse en Capilla de indios”. Sin embargo, no faltaron mentalidades más amplias como los estancieros Tomás de Arroyo y María Ignacia Ximénez de Paz, que aún en tiempos de la Reducción , en 1721, se casaron allí y eligieron como testigos de la boda a “los indios de este pueblo”.
 Pasaron los años. Quilmes se convirtió en pueblo multiétnico y fue testigo de la invasión de Beresford en 1806. Más tarde se convirtió en ciudad. Al despuntar el siglo XX disputaba con Adrogué y Tigre el privilegio de ser centros de veraneo de las familias de buenos recursos, que huían de la aglomeración creciente de la Capital Federal. Cuando comienzo a tener recuerdos del lugar donde nací, era una simpática ciudad, desde cuyas barrancas se divisaba un río limpio, en cuya playa se había construido un balneario que, modestamente, parecía imitar al de Bristol, en Inglaterra.
 Calles asfaltadas, chalets en abundancia, un centro comercial reducido centrado en la calle Rivadavia. Yo ví la luz en la hoy demolida la casa de mis abuelos maternos en la esquina de Mitre y 25 de mayo -casi media manzana, con jardín y molino de viento- asistida mi madre por el doctor Emilio Torre, de imperdible memoria. Recuerdo las frecuentes visitas familiares al chalet de la calle Pringles de mis tíos abuelos el matrimonio Rocca-Rivarola, a la casa de los Rivarola Maldonado, y ya más grande, al chalet de mi tío el escribano Raúl Belsunce, en la calle Brandsen.
 En suma, un Quilmes apacible, con bastante verde, gente cordial y chicas lindas. Muy distinto –no digo mejor ni peor- que la gran ciudad cosmopolita que es hoy, con universidad propia, gran actividad comercial, donde uno puede elegir entre excelentes restaurantes y donde es tan difícil estacionar un auto como en el centro de Buenos Aires.
 Ante la multitud de libros que cuentan la historia de la ciudad y del partido, creo, o mejor siento, que más que un artículo de historia, le debo a Quilmes este recuerdo afectuoso, en el que he tratado de enlazar algo de lo que aprendí sobre sus orígenes, la memoria de mis primeros años y mis vivencias actuales.

* Presidente de la Academia Nacional de la Historia y Miembro del Comité Asesor de la Comision del Bicentenario de la Patria 1810-2010 de Quilmes- COMISION BICENTENARIO QUILMES 1810-2010