lunes, 14 de noviembre de 2011

STELLA MARIS BERTINELLI Y ADELA GARCÍA SALABERRY

ENCUENTRO DE DOS MUJERES MÁS ALLÁ DEL TIEMPO... DE MUJER A MUJER
Para el día de la mujer homenajeamos a varias mujeres, entre ellas, una escritora y su personaje, dos personalidades que honraron su sexo y dejaron un surco, un indicio honda en la cultura, la literatura y la dignificación de la mujer. Hoy 13 de noviembre de este 2011, tenemos que transmitir Stella Maris Bertinelli de Ingolotti, escritora, docente, matriz humano se fue a reunir con su personaje, Adela García Salaberry, a quien recuperó para la memoria de los argentinos en la novela biográfica "Roca 635".
Transcribí en la crítica para el blog EL QUILMERO y publicada en el periódico PERSPECTIVA SUR, una frase que Stella Bertinelli atribuye en su relato a noble Adela: “Entre el trabajo y la soledad intento comprender los sentimientos propios y ajenos, y no hay vida digna, si no se vive junto a los otros”. Stella Bertinelli transcurrió su vida junto a los otros aportando la calidad de su mensaje y la acción de su humanidad, la que en los últimos partidos le jugó una mala pasada por los imponderables de vivir. 
Doy testimonio de esta mujer con la que compartí charlas nutricias sobre educación, historia, literatura y sobre el General San Martín por quien guardaba un místico fervor.
Stella Maris Bertinelli falleció ayer después de una dura lucha, pero nos dejó su obra que es su imagen en palabras.
Así decía el texto publicado el 5 de marzo de 2011:
Prof. Chalo Agnelli
DE MUJER A MUJER
Continuando con los homenajes a la Mujer en esta semana previa al 8 de marzo, vaya este reconocimiento a dos mujeres fusionadas en una obra literaria: Adela García Salaberry, la protagonista y Stella Maris Bertinelli, la autora.


Como todos los años, finalizando diciembre pasé por mi biblioteca Pedro Goyena (San Luis 948 ) para preparar las lecturas de vacaciones en mi otra ciudad natal (por elección) Piriápolis y esta vez pude llevarme un libro que hacía mucho esperaba, pero siempre estaba en manos de otros lectores “Roca 635”.
DE MUJER… 
El 17 de setiembre se realizó en el Colegio de Abogados de Quilmes la presentación, a cargo de la señora Liliana Souza, de la novela biográfica “Roca 635” de la autora quilmeña, Stella Maris Bertinelli de Ingolloti. Obra esencial sobre la vida y obra de la escritora bernalense Adela García Salaberry educadora, periodista, escritora, poeta, militante de la cultura que en su época y hasta los últimos años de su vida fue una luchadora constante y consecuente por los derechos de la mujer. Su figura ni su obra recibieron el reconocimiento que hubieran merecido y merecen, considerando que por esos años una mujer como ella - o cualquiera que hubiera pretendido cambiar el status quo - era vista con desconfianza. Su actitud, temperamento, incluso su estilo personal eran políticamente incorrectos. 
Afortunadamente, esta es la mejor época para recuperarla y Stella Maris Bertinelli, amanuense de su vida, lo sintió y lo hizo después de un fragoso trabajo, no sólo literario, sino documental e investigativo.
La novela biográfica "ROCA 635" fue editada por Ediciones Deldragón en este año del Bicentenario.
 Stella Maris Bertinelli (izquierda) junto al Prof. Lombán y la señora Lezcano (ex presidenta de la Biblioteca Pedro Goyena)
“ROCA 635” 
La novela biográfica adquirió en lo últimos tiempo en la literatura argentina un lugar significativo. “Roca 635” tiene relevancia en este género, no sólo por rescatar una figura de la historia local y de una significación tal en la historia argentina como tuvieron Cecilia Grierson, Lola Mora, Alicia Moreau de Justo, Juana Manso, Eva Perón; sino porque en este caso, quien la rescata es otra mujer ¡Qué mejor intermediario para entender una sensibilidad tan dérmica como la de Adela García Salaberry!
A la hora de narrar, sea ficción o lo que sea no existe la objetividad y en esta novela se siente la unión estremecedora que hay entre las dos mujeres, la protagonista y la autora. El haber podido compenetrarse con esa personalidad contundente, admirarla, le permitió a Stella Maris Bertinelli identificarla e identificarse en su vida que es su obra.
A la profesionalidad que le conocemos a esta autora, los que hemos leído los cuentos “Desde el Umbral” y la novela “Petra”, en “Roca 635”,  le suma nuevos procedimientos y, como afirma en su artículo “El viejo oficio de mentir” el escritor nicaragüense Sergio Ramírez: “De la verosimilitud de los procedimientos es que depende la eficacia de la narración”.  [1]
Una de las estrategias lingüístico de la obra es poner al lector delante de frases de tres o cuatro palabras breves, cortantes, decidoras de todo lo que se supone; en esa austeridad se infiere toda una página; notable capacidad para llenar la historia de colores. Muchas páginas son ventanas abiertas a las que podemos asomarnos para desmembrar con palabras precisas y preciosas a la Salaberry. El texto nos presenta una destreza y una seguridad de tonos impecables en el trazado del personaje y sus circunstancias.
La ficción es un invento genial para hacernos pensar de otra manera y esta amalgama que la autora logra con una contextualización histórica de la que no está ausente la crítica, nos recupera la figura social y humana de la mujer sin aspavientos, culta y segura en sus ambiciones, en momentos en que la lucha por la dignidad humana de los trabajadores y sobre todo de la mujer era desigual; y en el caso de la Salaberry más aún pues, como dice la autora, no era una mujer “de”.
Pero la ficción se supera con una esclarecedora interpretación de la realidad histórica de los años que van de 1920 a 1950, donde la protagonista afrontó los avatares de una existencia difícil que concluirá en la más ingrata pobreza material. Efectivamente, la exposición que se hace de crónicas y documentos gráficos, permiten al lector, ajeno a ese  tipo de instrumentos, tener una concepción más próxima a esa infrecuente mujer. Dice Bertinelli: “A la memoria hay que tomarla como viene, con sus fracturas, con sus brechas, inevitables, con sus despojos que siempre son el comienzo de algo” (Pág. 118)
Leí una vez que lamentablemente la vida es aquello de lo que nadie puede retirarse llevándose las ganancias, pero sí podemos dejar legados como Adela García Salaberry nos dejó un espejo que la autora supo bruñir para la memoria.
En este caso la memoria despierta con una novela biográfica de impecable factura, de la que emerge una mujer que transitó nuestra historia bernalense y quilmeña; sí, porque fue en Bernal donde su imaginación, su creatividad, sus impulsos procelosos, sus llantos secretos y sus goces más íntimos se desgranaron en casi 76 años.  
Entre el trabajo y la soledad intento comprender los sentimientos propios y ajenos, y no hay vida digna, si no se vive junto a los otros (Pág. 204) le dice la Salaberry-Bertinellli a Agustín, el joven que la entrevista en su casona de Villa Cramer todos los miércoles entre los tés, limonadas y tortas fritas de la infaltable Anita.
“Roca 635” no pierde envergadura en sus últimos capítulos como pasa con mucha literatura que se dispersa al final, por el contrario, la autora supo guardar noticia para que quedemos con ganas de más y con una inquietud vana de continuarla.
 Retrato de Adela García Salaberry realizado por la artista María Rizzo
La novela biográfica es un instrumento inmejorable para acercar al público neófito al conocimiento histórico de hechos y personalidades de nuestra nacionalidad y, como en “Roca 635”, con mujeres que tuvieron que ver con Quilmes. De forma similar la escritora Silvia Miguens en “Cómo se atreve”, nos arrancó de las “fracturas, sus brechas y sus despojos” a Juana Paula Manso, la que promovió la creación de la Biblioteca Pública Municipal Domingo Faustino Sarmiento.
La Historia no vuelve atrás para reparar los errores cometidos, y los hombres, sin memoria, continúan sus ensayos, sus aciertos y desaciertos. “ Finaliza el capítulo 11 de la primera parte, pero “Roca 635” nos fuerza en  reconocer que muchos de los logros que hoy disfrutamos, materiales y espirituales, se debieron a personalidades de mujeres como la Salaberry.
Esperamos nuevas biografías noveladas de esas mujeres que quedaron difuminadas en la historia de Quilmes, a pesar de haber tenido una trascendencia desusada como la soprano Luisa Bertana, la docente Elsa Sosa del Valle de Robinson, las militantes Julieta Lantieri y Juana Larrauri, la poeta María Raquel Adler... 
A MUJER… 
Stella Maris Bertinelli de Ingolotti nació en Bernal y creció entre la sombra sobrecogedora y tibia de sus casonas. Cursó sus estudios primarios en la escuela N° 31 de Bernal Oeste. 
La autora junto al Prof. Orlando Cella
En 1962, se recibió de maestra en el Normal de Quilmes y luego de profesora de Ciencias Naturales, egresada del Instituto del Profesorado "Bernardo Houssey" de Bernal.
Los niños de la escuela Nº 26 "Patricias Agentinas” de Quilmes la tuvieron como maestra y, como profesora, los adolescentes de la Técnica N° 2, conocida popularmente como “El Chaparral”; por ese entonces en Don Bosco y hoy en la calle Espora de Bernal. 
Conserva un significativo recuerdo por sus profesores de la Escuela Normal; y fueron sus maestros de la vida la señora Lila Giordano de Campello, el profesor Orlando Cella y la señora Elsa de Cámera.
Ejerció la docencia hasta 1998, año en que la desempeñó enteramente a través de la literatura.
Como Adela, la protagonista de la novela comentada, es una consecuente militante de la cultura no sólo en lo local. Pertenece al Consejo Directivo de la Asociación Sanmartiniana desde el año 2000, de la cual, además, dirigió su Revista Oral, desde el año 2000 hasta el 2003 y dio numerosas conferencias sobre temas relacionados con el Libertador General San Martín.
Fue socia fundadora de la Delegación Bernal Quilmes de la SADE y coordinadora en el período 2005-2007; socia del Instituto Literario y Cultural Hispano y colabora con la publicación “Alba de América” órgano de esa institución con sede en California (EE:UU), dedicada a intensificar el estudio de la literatura hispánica, dar a conocer los nuevos valores literarios como así también los trabajos inéditos de los escritores ya reconocidos. Uno de sus relatos publicados por esta revista fue ”El shopping”.
Entre sus obras se publicaron los cuentos “Desde Umbral” y "Absurdo Lugar Inesperado”, con el que obtuvo el primer premio en el Concurso Literario “Georges Zanun Editores” (2008) y las novelas “Petra” y “Cuatro Chicas Rubias” (2007).
Sus cuentos premiados integran más de 20 antologías. Por “Petra” obtuvo la Faja de Honor 2002 de la Sociedad Argentina de Escritores, el premio Cervantes de la Asociación Española de Quilmes y el premio Candil de Kilmes de la Asociación Cultural de Quilmes.
Su obra mereció el reconocimiento del Centro Inés Navas, Mesa Redonda Panamericana, EDEA, Revista Redes de Papel, la Sociedad Italiana Cristóbal Colón, el Círculo Médico de Quilmes, de la Escuela Normal de Quilmes (2010) a través de EXANQUI, la comisión de exalumnos, a la trayectoria de una egresada y de las municipalidades de Alte. Brown, Avellaneda, Lanús, Junín, Carmen de Areco y General Alvarado y Villa María, Córdoba. “Roca 635”, su última novela biográfica donde conjuga el encuentro de dos realidades de mujer, fue declarada de Interés Municipal por el Honorable Concejo Deliberante del Municipio de Quilmes.
Su presencia fue persistente como fuente bibliográfica,  panelista, narradora y jurado de certámenes literarios invitada por instituciones locales, nacionales y del exterior de país. El 6 de junio de 2010, su cuento "Se suspende por lluvia" fue publicado por el diario "La Razón" de Resistencia, Chaco. 
Stella Maris Bertinelli y su esposo, amigo y fiel colaborador Francisco Ingolotti vivieron en Quilmes; el tiempo cercenado a sus proyectos literarios lo ocuparon sus hijos y nietos del corazón.
Prof. Chalo Agnelli
NOTA

[1]La Jornadawww.jornada.unam.mx; abril, 2010.

domingo, 13 de noviembre de 2011

LUIS EDUARDO OTAMENDI - LA TRADICIÓN Y EL ARTE

Investigación, compilación y entrevistas Prof. Chalo Agnelli
Dedicado a Alicia Otamendi Etchevertz

El partido de Quilmes al borde Río de la Plata, posee una superficie de 94 km2, poblada por poco más de 600.000 habitantes… casi una provincia. Ya la división de pueblo y campaña no existe, sino un radio céntrico, las localidades y los barrios. Pero eso no define a esta población, como sí a tantas otras que hoy se apoyan en el Plata, lo que define a Quilmes es su gente, los que son y los que fueron.
Luis Eduardo Otamendi no nació en Quilmes, sino en Concepción del Uruguay el 12 de diciembre de 1905, pero proviene de una prolífica familia de gran arraigo local instalada en estas tierras a fines del silgo XVII. En cambio, sí nació en Quilmes su padre Luis Octavio (2/8/1874 – 29/7/1916) y su abuelo Augusto Felipe Otamendi y Pereyra (23/8/1832 – 26/7/1888)  fue juez de paz en el período. Su nombre transita la avenida que conduce a la Ribera.
Augusto F. Otamendi estaba casado con Dolores Nadal y Granada y tuvieron ocho hijos varones.
Los padres de don Luis, Luis Octavio y Ana Clementina Nadal eran primos. Muy común en esos años en que las familias eran muy numerosas; algunos de sus miembros se alejaban del lugar de origen y los viajes eran complicados como para visitarse con regularidad, pues no había acceso a tantos medios de locomoción como hoy en día; los primos llegaban a verse muy de vez en cuando; a veces a conocerse casualmente y esa persona con la que no habían compartido la niñez se transformaban en la pareja deseable para construir una vida juntos. Otras veces el matrimonio entre primos o tíos y sobrinas (como el caso del Dr. Wilde con Victoria) eran acuerdos para conservar bienes en el núcleo familiar. No fue este último el caso de Luis Octavio Otamendi Nadal y Ana Nadal. Tuvieron cinco hijos, Luis Eduardo fue el segundo. [1]
No nació en Quilmes pero su vida tuvo un sentido para la historia y la cultura quilmeña y fue el logro de su misión.
Su bisabuelo materno, José María Nadal y Murillo, [2] español, llegó a Buenos Aires en el bergantín “Emma” el 13 de noviembre de 1824. En 1820, había conocido en Gibraltar a Bernardino Rivadavia que en 1826 lo contrató como taquígrafo para el Congreso General Constituyente con una asignación de $ 1200 anuales; suma más que holgada para la fecha, de modo que años después adquirió tierras en Quilmes, que luego vendió a Félix Bernal. Tuvieron varios hijos, entre ellos al abuelo de Luis Eduardo Otamendi,  Eduardo Nadal, que concluida la gesta del general Urquiza en cuyas filas estaba alistado, se radica en Concepción del Uruguay hasta el año 1916.
Precisamente en Entre Ríos nació don Luis. En 1915 se radicó en Quilmes enraizando con facilidad considerando la fertilidad de este suelo, abonado eficazmente por varias generaciones de Otamendi. Hizo parte de la escuela primaria en Concepción de Uruguay y la culminó en el Colegio Nuestra Señora de la Guardia de Bernal. El secundario lo cursó, parte en el colegio San José y luego en el Colegio Santa Catalina, ambos de Buenos Aires. Luego estuvo pupilo en la Escuela Agrícola Salesiana de Uribelarrea. Siguió la carrera de agronomía que no culminó faltándole una materia, quizá inducido por la ocupación de su abuelo que tenía tierras en Lobería y chacras en Quilmes; pero indudablemente los gustos de Luís estaban orientados hacia el arte y la historia.
Ingresó en 1929, como auxiliar en el Banco Nación de Quilmes donde hizo una larga carrera. El 12 de octubre de 1931 se casó con Alicia Vicenta también de frondosa y tradicional familia quilmeña, [3] era hija del constructor y gerente del Banco Popular de Quilmes don Pedro Faustino Etchevertz y de Eduarda Amoedo Dupuy, hija del intendente Felipe Amoedo y sobrina del precursor de las artes plásticas argentinas Carlos Morel.
Alicia fue una notable pianistas recibida en el Instituto Willimas de Quilmes que participó, hasta el traslado con su marido a Entre Ríos, en numerosos conciertos junto a otros notables intérpretes locales como: Cayetano y Gustavo F. Rennes, Clara Fischli, Raquel Wetschky, Numa Rossotti, Mauricio Dumesnil y Leónidas Mastrostéfano.
Luis y Alicia tuvieron dos hijos Pedro Luis en 1932 (casado con Victoria Maes Astier) y Alicia Teresita  [4] en 1935.
En el año 1938 las autoridades del Banco lo enviaron a inaugurar la sucursal de la localidad Gral. San Martín en la provincia del Chaco, que en ese entonces se llamaba El Zapallar. Así comenzó el largo periplo laboral como funcionario de carrera de esa entidad bancaria. Durante todos estos años en Luis Otamendi fue creciendo la pasión por la historia argentina y específicamente por la quilmeña que había despertado en su niñez y lo acompañó hasta sus últimos días.
Estuvo en El Zapallar hasta 1942, en que lo trasladaron como tesorero a Urdinarrain, Entre Ríos; en 1947 pasó a Curuzú Cuatiá, durante tres años y después a Lobos desde donde vino como tesorero a Quilmes en 1950.  En 1955 fue designado sub-contador y luego contador hasta 1959 en que pasó como sub-gerente a Avellaneda para regresar en 1961 a ocupar la gerencia en Quilmas, donde se jubiló tras una andariega y productiva carrera.
En su paso por los bancos del interior no olvidó su afición por las artes plásticas, entre sus obras realizó una pintura de cuerpo entero del Dr. Don Manuel Belgrano de 1,30 x 2,40, aproximadamente, que hoy se halla en la "Sala de los Intendentes" (antes despacho del intendente) de la localidad de Curuzú Cuatiá, Corrientes, que obtuvimos gracias a la colaboración del Prof. Ricardo Jaime Schust, vecino de esa localidad.
PROBIDAD
Desde la responsabilidad de su cargo ejecutivo, don Luis, no dudó en poner su firma y su confianza para otorgar créditos del Banco Nación a vecinos quilmeños para que pudieran concretar grandes o pequeños emprendimientos; tanto a personas con fuertes capitales como a aquellos cuyos bajos ingresos no aseguraban el saldo final de la deuda. Nadie le falló. Don Luis creía en el honor como conducta y, sobre todo, tenía buen ojo para conocer la catadura moral de las personas. Resultados que ratificó ante una pregunta de su hija al respecto poco tiempo antes de morir; “Nunca ningún beneficiado apoyado por mí falto a su palabra”. Como ejemplo, la empresa familiar que inició el reconocido vecino de La Colonia don Pedro Copes, cuando abrió su taller de marcos que sostuvieron tantas y valiosas obras de grandes pintores locales y nacionales.
Acompañó la pasión por la historiar con el arte. En el Zapallar había realizado exposiciones de dibujos; lue­go en Urdinarrain y en Curuzú Cuatiá fundó el pri­mer salón de Bellas Artes, que con el tiempo fue un salón internacional, pues varios años se invitó a exponer a artistas de Brasil y de Uruguay. En la plástica fue alumno de Pablo Molinari y José Martorell. Fue uno de los precursores quilmeños de la caricatura, que en nuestro país tuvo tanta repercusión y éxito en revistas como "Caras y Caretas"; en el año 1929, con  un grupo de plásticos locales realizan el primer salón de humoristas, que se repitió en los dos años siguientes, iniciativa que derivó en la sociedad artística "Isondú" junto con Gerónimo Narizzano y José Llense. [5] Esta agrupación se transformó en la Asociación Kilme, de artistas plásticos y posteriormente se convirtió en la Agrupación de Artistas Plásticos de Quilmes.
Su trazo humorístico, ligero, definía con exactitud, tanto los rasgos faciales más contundentes  como los de la personalidad de sus retratados.
Fueron para él un desafío las naturalezas muertas y los retratos al óleo en los que ponía mucho de su tiempo y todo su entusiasmo como el de Belgrano.
En 1934, fue cofundador del Instituto Nacional Sanmartiniano; como tal, acompañó al profesor Orlando Cella en la creación de la Asociación Cultural Sanmartiniana de Quilmas. Entre 1937 y 1939 participó de la fundación del “Museo de Quilmes de Antaño”, que luego  se convirtió en el Museo Almirante Brown (hoy en Bernal) los integrantes de la filial Quilmes de la Asociación Fernando Fader manifestaron la necesidad de crear una escuela oficial de Bellas Artes. A la cabeza de esta idea estaban el artista Gerónimo Narizzano, Luis Eduardo Otamendi, el Prof. Francisco Míguez, Juan Marty y los integrantes de la Agrupación Kilme. En 1942 el concejal Enrique Bicocchi se encargó de presentar ante el HCD el proyecto de ordenanza para la creación de la institución.
Juan Francisco Marty, uno de los amigos más próximos de don Luis, fue el escultor que realizó la estatua en metal que se halla en el monumento a Carlos Morel en el cementerio quilmeño de Ezpeleta y la cabeza de Bernardino Rivadavia que se colocó en la Escuela Nº1 en su Centenario (1963), entre otras muchas obras.
Integró la Sub-comisión de Efemérides con motivo del tricentenario de Quilmes con el Prof. Carlos G. Maier, Lorenzo W. Tellería, Aníbal Vidal, el Prof. Ales y José Abel Goldar.
El 16 de agosto de 1973, fue co-fundador de la Sociedad de Escritores de la provincia de Buenos Aires – Filial Quilmes junto al Prof. Francisco Míguez, Luis Otamendi, Manuel Ales, Tomás Giráldez, Isaías Grosman, Alfredo Morales Gorleri, Julia Rosignol de Girón, Carmen Arjonilla de Arqueros, Lila Narváez Acuña, María Elisa Ezquerra, Chalo Agnelli quien suscribe, y otros reconocidos intelectuales quilmeños.
Acompañó su saber teórico sobre la cultura del pueblo originario de los quilmes con investigaciones sobre los descubrimientos  que el profesor Ales realizó en la costa quilmeña del Río de la Plata, sobre un “paradero” con restos de cacharros de alfarería doméstica, lisos y con dibujos similares a los catalogados en el museo Inca Huasi”, que reconoció de los pueblos del noroeste argentino y así lo dejó atestiguado en su libro, “Historia de la Reducción, 1666 – 1812” , trabajo publicado a su vez, en la revista “Actualidad quilmeña” Año III – Nº27, de agosto de 1667 (Pp. 15 a 39)
Como miembro de la Junta de Estudios Históricos de Quilmas ocupó el cargo de presidente al reestructurarse en 1978; del Instituto Sarmiento de Sociología e Historia; la Sociedad de Escritores de la Provincia (filial Quilmas); miembro correspondiente del Instituto de Ciencias Genealógicas. Colaboró con la obra de la Catedral  de Quilmes, mediante estudios sobe libros an­tiguos en malas condiciones de conservación de los que rescató sustanciales datos para realizar  muchos de sus trabajos fundamentales de la historia local.
En este templo hizo un trabajo descomunal transcribiendo, dato por dato, sondeando en la dificultosa grafía de los distintos párrocos y en el deterioro que el tiempo ocasionó a los libros de actas de bautismo, matrimonio y defunción de los años de la Reducción hasta los primeros años del pueblo libre del extenso partido de Quilmes; trabajo que le llevó muchas horas, días y años, fuera de la vida laboral y que restaba a la familia y a la distracción. Este libro mecanografiado va desde 1667 hasta, aproximadamente, 1830 y hoy está en el archivo de la Catedral de Quilmes. El Prof. Míguez, también hizo una copia mecanografiada de ese documento, pero en su grafía original.
 Sus conferencias perduraron en varias publicaciones como: “Dr. José Antonio Wilde – Homenaje, 1964; Una familia de arraigo en Quilmas”, 1965, ambas de la serie medallones biográficos de la Biblioteca Pública Municipal Domingo Faustino Sarmiento dirigida por Carlos Guillermo Maier, 1964; la ya mencionada, “Historia de la Reducción 1666-1812” de la serie de archivos y fuentes de información, 1968; Origen de Quilmes  - La Reducción de la exaltación de la Santa Cruz, 1978 y “Estanislao del Campo y el Fausto”, 1979; ambas también editadas por la Biblioteca Pública Municipal “Domingo Faustino Sarmiento”, dirigida por el Prof. Maier.
Fue colaborador de numerosas medios gráficos, como: “Unión industrial del partido de quilmas”, el boletín del instituto Argentino de Ciencias Genealógicas”; “Actualidad Quilmeña”, donde en el número aniversarios presentó un exhaustivo documento histórico; en todos los medios gráficos locales: del semanario “El Plata”, Visión Sur”, “La Lealtad; en  “El Sol”, en cuyos números extraordinarios escribió deliciosas misceláneas, como el del suplemento del cincuentenario de ese diario en 1977 que se tituló  “En la evocación, un pasado que no existe”; [6]. En “Enfoques” publicó, el 1º de octubre de 1969 “Heroínas en el olvido” y en varias entregas la “Historia de la fundación de Ezpeleta (8/1/69), el primer trabajo historiográfico de esta localidad.


Retrato de Alicia V. Etchevertz Amoedo realizado por su esposo don Luis Otamendi. Foto tomada por el autor de esta biografía en la casa de su hija Alicia T. Otamendi Etchevertz.

Fue un conferencista ameno y sagaz y un apasionado de la literatura llamada “gauchesca”, el 14 de noviembre de 1969 dio una conferencia sobre “Estanislao del Campo y Faustoen la Biblioteca Sarmiento, editado con prólogo del Prof. Maier en agosto de 1970, por la municipalidad como parte de la “Serie divulgación: artes, letras y ciencias”. Junto con el lingüista Francisco Scholz editó el Primer Diccionario Argentino de Esperanto.
Su biblioteca personal llegó a sumar 3000 volúmenes y formó una importante colección de medallas antiguas. Además de sus condiciones de historiador, tuvo algo que, para su familia, amigos, vecinos y conocidos, fue trascendental, sus valores como esposo, padre, abuelo y su espíritu fraterno.
Orgulloso de su familia, extremó sus afectos hacia todos y cada uno de sus miembros, su esposa, sus hijos y nietos: Claudio Eduardo y Luis Javier, que le ponían brillo en los ojos. Estas conductas y actitudes suyas supieron recibir respuestas incalculables.
Fue un espíritu sensible, devoto, curioso, hábil y por eso su dedicación al Arte, la Historia, la Investigación; su habilidad manual, todo y tanto que  pudo y supo compartir con familiares y amigos en las buenas y en las malas.
Alicia Etchevertz Amoedo murió en 1976, cuatro años después, aún pletóricos de proyectos y después de una fructífera vida, tanto para sí como para la comunidad que lo tiene como referente, Luis Eduardo Otamendi falleció el 25 de diciembre de 1980. Lamentablemente tras la muerte de su hija Alicia Otamendi el 22 de enero de 2014, que custodiaba el fabuloso tesoro histórico y artístico de don Luis, sus herederos, según sus derecho, pusieron a subasta pública dichos bienes y la historia y la tradición de Quilmes sufrió una irreparable pérdida.
QUILMERO
En ocasión que la historiadora Adela Fernández Alexander de Schorr publicara en la revista “Humanitas” Nº 28, de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Tucumán, la separata de 91 páginas, “El segundo levantamiento calchaquí”. Dijo Otamendi en el periódico Enfoques de octubre de 1968, “[…] es extraordinario que todos los que hemos escrito algo sobre la historia de Quilmes, no somos nativos, con la excepción de la regla, naturalmente, el profesor don Manuel Ales, los demás ni la señora Guillermina Sors de Tricerri, ni el escribano López, ni el Dr. Craviotto, ni la señora Schorr ni el que esto escribe hemos nacido en este lugar”. 
Prof. Chalo Agnelli
Quilmes, 2010/2015
Las caricaturas son de la revista "Urraca" Año 1 - enero de 1938 - N°7
NOTAS

[1] María Elena O. de Ahumada, fue la mayor; seguían a don Luis: Octavio, casado con Alicia Lamoure; Ana Rosa O. de Taboada y Juan Carlos, casado con Zunilda Cañete.
[2] V. Cutolo T.V Pág. 11 Falleció en Buenos Aires en 1852
[3] Eran hermanos de Alicia V. Etchevertz Amoedo: María Rita E. de Rodríguez Rocha; Mercedes Felipa E., casada con Gaspar Vinent; Ester Felicitas E. de Acosta, Lía Raquel E.; María Teresa E. de Luengo, Martha Cristina E. casada con Nicolás Vinent y Celia E. de Luna Olmos.
[4] Profesora de francés, autora de “Sarmiento en sus escritos: sus inquietudes educacionales y progresistas a través de sus obras completas”, en conjunto a Palmira S. Bollo Cabrios, Hebe Mancedo de Seguí. Por el Instituto Sarmiento de Sociología e Historia, Filial Quilmes, 1990.- 59 pág.
[5] Nombre guaraní que identifica a un gusanito que en la cabeza tiene una luz fosforescente qué de noche le alumbra el camino.
[6] Pág. 44 a 46.