sábado, 11 de diciembre de 2021

BAGLEY, LA HESPERIDINA Y BERNAL (PARTE 2) POR ALEJANDRO GIBAUT

 

Bagley y Bernal, Bernal y la Hesperidina. La leyenda cuenta que esa bebida, primera patente otorgada en nuestro país, fue creada en nuestro pueblo. ¿Pero es esto real? ¿Podemos afirmarlo o desmentirlo con certeza? En esta segunda nota intentaremos esclarecer este mito.

La casa de Melville Sewell Bagley en la chacra N°17 de Quilmes, actual esquina de Zapiola y Dorrego. Se distingue claramente el torreón que se describe en el artículo de “The Standard” de abril de 1872. La casa aún se encuentra en pie, aunque en mal estado de conservación. Foto propia, año 1996.
Comencemos repasando un poco lo que sí sabemos de la actuación de Melville Bagley en nuestra zona. Bagley era principalmente un inversor, lo que hoy llamaríamos un “emprendedor”. Fue él quien en 1873 y junto a sus socios George Bate, Frank Livingston y Frederic Younger, inauguró el primer tranvía a caballos que tuvo Quilmes y que comunicaba la estación de ferrocarril con el río. El tranvía no tuvo el éxito esperado y pronto entró en franca decadencia, pero fue el primero que tuvo Quilmes y se usó como argumento de venta de varios loteos realizados en esos años…

Melville Bagley como suscriptor del primer periódico quilmeño, “El Progreso de Quilmes”. Año 1873. Fuente: Asociación de Historiadores “Los Quilmeros”-

Tuvo tierras en el actual Bernal, para ser bien precisos en dos zonas distintas del pueblo. En la parte norte fue dueño del lote que por sucesión correspondió a los herederos de Martín Santa Coloma, coronel rosista degollado luego de la batalla de Caseros en 1852. El lote era un rectángulo delimitado por las actuales calles Avellaneda, Alem, San Martín y Chacabuco, y había sido comprado por Bagley a José Lemos el 30 de noviembre de 1871. Ahora bien, como ya explicamos en la primera parte de esta publicación, la Hesperidina fue presentada en sociedad el 24 de diciembre de 1864: claramente no fue elaborada en ese gran lote, que en ese año aún era parte de la chacra de Juan Antonio Santa Coloma. Debemos hablar entonces de las otras tierras que tenía, las de la parte sur de nuestra ciudad.

Firma autógrafa de Juan Martínez, año 1873
Fuente: Archivo General de la Nación


Firma autógrafa de Melville Sewell Bagley, año 1873
Fuente: Archivo General de la Nación

Seguramente la mayoría de ustedes conoce la antigua casona de Zapiola y Dorrego, la que es identificada como “casa Bagley”. Efectivamente, la misma fue mandada a construir por don Melville y se dice que el padre del primer párroco de nuestro pueblo, Nicolás Esandi, trabajó en la obra. Entonces, ¿fue allí donde se creó la Hesperidina? El ya citado libro oficial de la empresa, “Bagley: 150 años. Una historia de marcas imborrables”, así lo dice al incluir una foto de la vieja casona (de la autoría del amigo Diego López) con el epígrafe “La casona de Bernal donde Melville S. Bagley se inspiró para crear Hesperidina”. Pero no podemos guiarnos solo por lo que la propia empresa nos cuenta a un siglo y medio del hecho, debemos investigar hasta determinar si esas tierras ya eran de Bagley en 1864.


Extracto del plano elaborado en la mensura de 1867. Hemos marcado la chacra 17 y las calles que la limitaban. Fuente: Archivo Histórico Provincial “Ricardo Levene”

 Sabemos que la casa ya estaba en pie cuando el tren pasó por primera vez por nuestras tierras: “Un poco más allá hay un torreón donde flamean la bandera argentina y la norteamericana coronando la hermosa villa del Sr. Bagley, creador de la Hesperidina” relata el periódico en lengua inglesa “The Standard” en su nota describiendo el viaje inaugural del Ferrocarril a la Ensenada. El torreón todavía forma parte de la silueta de la vieja casona, pero el tren llegó a Quilmes el 18 de abril de 1872 y esta nota fue publicada dos días después por lo que no podemos tomarla como prueba con respecto al origen del bitter.

Extracto del plano elaborado en la mensura de 1858. Hemos marcado la chacra 17, ya propiedad de Juan Martínez. Fuente: Archivo de la Dirección Provincial de Geodesia y Catastro de Buenos Aires.

 Desde ese torreón Graciana Lagouarde Pocholou veía pasar los carros y trenes junto a Mary Bagley, ya que sus familias eran amigas. Graciana fue la tatarabuela de Mauro E. Murillo, quien rescató esta (y muchísimas otras) historia oral de su familia. Describía la casa como muy elegante, con un juego de comedor para 8 personas y en el living un juego de sillones estilo Napoléon III además de dos grandes retratos de Melville y su esposa Mary Jane. Los dormitorios tenían camas de madera de roble talladas y la cocina, muy grande, contaba con un horno a leña y una mesa donde los niños merendaban. Mauro puede dar una fecha exacta de la primera visita que su tatarabuela, aún pequeña, hizo a la casa junto a sus padres: fue el 10 de julio de 1870 para la celebración del cumpleaños de Melville. Graciana lo recordaba ya que cinco días después ella misma cumpliría sus 4 años y el tema había sido charlado por los mayores en la fiesta. Podemos entonces afirmar casi con seguridad que para mediados de 1870 la casa ya estaba en pie. Pero por supuesto debemos ir más atrás.

Extracto del plano elaborado para la familia Bernal en 1874. Hemos marcado las calles que limitaban a la chacra N°17, ya propiedad de Melville Bagley y con edificación. Fuente: Archivo General de la Nación.
Y es aquí donde aparece el primer indicio que nos hace sospechar de la historia oficial. Los “Handbook of the River Plate Republics” eran guías en inglés para viajeros sobre los países de la región publicadas por los editores del ya nombrado “The Standard”, Michael y Edward Mulhall. En la edición de 1875, en el apartado donde se describe la costa sur de la provincia de Buenos Aires, se enumeran varias quintas de la zona: “Las quintas de Bagley, Walker, Simpson, Bate, Casares, Bernal, Bilbao, &c., son de suntuoso gusto.” La mención a Bagley no es sorpresa, por supuesto: vimos que tres años antes la casona ya estaba construída. Sin embargo, en la edición de la guía publicada en 1869 no se habla de ella, ni de la quinta ni de Bagley. Como si don Melville no hubiera aún llegado a las tierras de nuestra zona…

Sin embargo, la ausencia de Bagley entre los propietarios de tierras de Quilmes en una guía de viajeros no constituye prueba suficiente para decir que la Hesperidina no fue creada en Bernal. Para confirmar o refutar la verdad de esta historia debemos buscar en otro tipo de documentos. Y aquí aparece uno muy interesante para verificarlo: el legajo de varios reclamos de tierra que las familias Santa Coloma y Bernal hicieron al municipio de Quilmes en el siglo XIX. Para no aburrirlos, diremos rápidamente que ambas familias fueron muy perjudicadas con la quita de tierras por el trazado del pueblo de Quilmes realizado en 1818. En otras publicaciones hemos hablado de este tema, hoy solo digamos que al ser Quilmes trazado en rumbo distinto a como se habían repartido las tierras originalmente, muchas hectáreas que originalmente pertenecían a los Santa Coloma y los Bernal terminaron siendo parte de ese pueblo. Por supuesto, ambas familias protestaron y buscaron compensación. De una forma indirecta los trámites que hicieron para lograrlo ayudan a resolver el misterio tras esta historia de Bagley, la Hesperidina y Bernal.

Cuando se realizó ese polémico trazado de Quilmes, las tierras alrededor del núcleo urbano fueron divididas en chacras de 4 x 4 manzanas. La correspondiente a la zona donde años después Bagley construiría la casona era la número 17 que abarcaba las manzanas limitadas por las actuales Zapiola, Lamadrid, Belgrano y Lavalle. La actual Zapiola era el límite entre esas chacras y la propiedad de los Bernal al norte. Luego de varios años de reclamo y juicio al estado provincial, el Tribunal Superior de Justicia determinó en julio de 1867 que el estado debía resarcir a los Bernal con tierras al sur de Quilmes en compensación por las que el pueblo les había ocupado. Para saber exactamente la superficie a compensar era necesario realizar una mensura sobre los terrenos, y así se hizo el 10 de septiembre de ese año. Y aquí comienza a resolverse el misterio de nuestra historia: el plano que la acompaña, del cual adjunto un extracto, muestra como propietario de esa chacra 17 a Juan Martinez, no a Melville Bagley. Por supuesto, podría tratarse de un error: en varias ocasiones nos hemos encontrado con que los planos incluyen nombres de propietarios que para la fecha de los mismos ya habían vendido sus tierras. Sin embargo, este no es el caso. Era costumbre que el agrimensor notificara a todas las partes involucradas en el proceso, incluyendo por supuesto a los linderos. En esta ocasión el informe lo dice muy claro: “Presenciaron la operación el Sr. Otamendi Juez de Paz de Quilmes, Dn. Francisco Marrero por sí y a nombre de los herederos de Dn. Juan A. Santa Coloma, Dn. Juan Martinez, Dn. Francisco Santa Coloma, Dn. Antonio Betancourt y otros vecinos manifestándose todos conformes con lo practicado.”. Juan Martinez era una persona real y acudió a la cita del agrimensor. Queda claro entonces: en septiembre de 1867 el dueño de la chacra N°17 era Juan Martinez y no Melville Bagley.

¿Puede haber sido Bagley el dueño de las tierras en 1864 y luego vendérselas a Martinez? Dos razones por las que eso no es posible: la primera es la nota que ya comentamos en “The Standard” de abril de 1872 donde se habla de la “Villa del Sr. Bagley”; la segunda es una mensura sobre los terrenos de la familia Santa Coloma que se realizó cuatro años antes de la llegada de Bagley a nuestro país, en 1858, donde claramente en el plano adjunto (del cual agrego un extracto) se determina que ya entonces el propietario de la chacra 17 era Juan Martinez. ¿Y hasta cuándo fue propietario Martinez? No lo sabemos exactamente. Volvemos a la nota de “The Standard” y a un plano de julio de 1874 (también adjunto extracto del mismo) donde ya la chacra figura a nombre de “M.S. Bagley” y con dos edificaciones. En algún momento del cual aún no tenemos fecha exacta entre 1867 y 1870 Bagley compró la propiedad a Martinez: la aparición en los archivos de la escritura de compra sería la prueba definitiva. Pero aún sin ella podemos asegurar sin temor a equivocarnos que Juan Martínez era el dueño de la chacra 17, la que luego sería de Bagley y donde hoy se encuentran en pie los restos de su vieja casona, en el momento en que el norteamericano inventaba y lanzaba al público la Hesperidina en 1864. Parecería ser que el en ese entonces villorrio de Bernal no tuvo que ver con la creación de la bebida, o así lo estarían probando los documentos hasta ahora encontrados. Por supuesto la investigación sigue abierta.

Algunos últimos apuntes para terminar este artículo:

Tenemos poca información sobre Juan Martinez: parece que había nacido en España en 1817, era agricultor y se había casado con Mariana Marrero, también española de las islas Canarias, con quien había tenido 9 hijos al menos hasta 1869. Su fallecimiento habría ocurrido entre 1885 y 1889.

Como dato anecdótico, Martinez y Bagley eran vecinos en las chacras del norte de Bernal. Fueron ellos quiénes en 1873, cediendo unos metros de propiedad cada uno, permitieron la apertura de la actual calle Alem.

Al fallecimiento de Bagley, las dos chacras que tenía en la zona de Bernal pasaron a poder de los Demarchi. Es raro lo que sucede con Bagley: según su sucesión, realizada siete años después de su fallecimiento, a su muerte solo contaba como propiedad con un 25% del tranvía a la Ribera de Quilmes, que se hallaba en ruinoso estado. Nada se habla en el expediente de la fábrica de galletitas ni de las tierras y la casona de Bernal, como si hubieran sido vendidas o entregadas antes de su muerte; sin embargo, quien vende las tierras en 1897 es su hijo Melville Jr. a los hermanos Demarchi, socios de su padre…. Mas allá de la forma en que se haya desarrollado el reparto de los bienes de la familia, tanto las tierras al sur como al norte del actual centro de Bernal fueron propiedad de los Demarchi hasta comenzado el siglo XX, cuando comenzaron a ser loteadas.

Resabio mutilado de un pasado lejano que se hizo leyenda para recuperar lo que alguna vez estuvo lleno de historias, de amores, de risas, de llantos, hasta que el desencuentro de los años arrojó al olvido y hoy solo es una ruina más entre las que el despiadado progreso va devorando. (Ch. Agnelli)

Texto y fotos Alejandro Gibaut

De su Facebook “Bernal, su historia y su gente”

Miembro de la Comisión Coordinadora de la Junta de Estudios Históricos de Quilmes y de la Asociación Historiadores Los Quilmeros.

BAGLEY, LA HESPERIDINA Y BERNAL (PARTE 1) POR ALEJANDRO GIBAUT


En estos días en que la "Casa Bagley" de nuestra ciudad ha estado en el candelero, y próximos a cumplirse 157 años de la aparición comercial de la Hesperidina, recordemos (y mejoremos) esta historia en dos partes que publicamos hace unos años.

En una reciente publicación en su excelente blog "EL QUILMERO", Chalo Agnelli nos desasna con una gran frase que el brillante Eduardo Wilde escribiera allá por 1888: "Toda situación tiene una historia y una leyenda. La historia se encarga de repetir la verdad; la leyenda se encarga de desfigurar la verdad, haciendo aparecer muchas veces pedazos de la historia adornados con invenciones seductoras. Lo que el pueblo conserva es casi siempre la leyenda, porque su espíritu se aficiona más a la ficción que a la realidad”.

  Sede de la empresa Bagley en la Avenida Montes de Oca al 100, en el barrio de Barracas en la CABA. (Wilkipedia)
Bagley y Bernal, Bernal y la Hesperidina. He aquí un ejemplo. La leyenda cuenta que esa bebida, primera patente otorgada en nuestro país, fue creada en nuestro pueblo. La misma empresa hizo propia esta historia, convirtiéndola en versión oficial: “Bagley comenzó a planificar su propia revolución industrial. Las naranjas que crecían en el jardín de su casona en Bernal se convirtieron en el ingrediente perfecto para el brebaje que tenía en mente” cuentan en el libro “Bagley: 150 años. Una historia de marcas imborrables”, que la empresa publicó en 2014. Pero… ¿fue realmente así? ¿Bernal tuvo que ver con la creación de la Hesperidina y el inicio de la empresa Bagley?

Melville Sewell Bagley nació en Bangor, Estados Unidos, el 10 de julio de 1838. Bangor, hoy una ciudad, era entonces un pequeño pueblo de leñadores y aserraderos ubicado en el estado de Maine. El inquieto Melville, sin embargo, no pensaba pasarse su vida en el negocio de la madera y cuando tenía poco más de 20 años partió de allí hacia el sudoeste, recalando en Nueva Orleans. Y Nueva Orleans influiría notablemente al joven Bagley: en esos años se había convertido en la cuna del bitter americano, nombre dado a la mezcla de bebidas alcohólicas con hierbas o cortezas. Esa mezcla no era ninguna novedad, pero sí la forma en que se tomaba en Nueva Orleans, en bares o en boticas, mientras se discutía sobre política y novedades locales. Desde la aparición del bitter de Peycheaud apenas diez años antes, la ciudad había adoptado esa costumbre a ritmo acelerado. Nuestro amigo Melville llegaba justo a tiempo para absorber toda esa experiencia.

Introducción al trabajo del farmacéutico francés Lebreton publicado en el “Journal de pharmacie et des sciences accesoires” de 1828. Traducción del francés original: “El Sr. Robiquet lee la nota enviada por el Sr. Lebreton de Angers, sobre el análisis de los cítricos y la forma de obtener la nueva sustancia que ha designado bajo el nombre de Hesperidina. Remitido al Comité Editorial.”


Primer aviso publicitario anunciando la Hesperidina aparecido en el periódico “La Tribuna” del 23 de octubre de 1864.


Pero poco duró la estancia de Bagley en la ciudad. En abril de 1861 había comenzado la Guerra de Secesión y ser norteño en territorio confederado no era lo más aconsejable. En 1862 se embarcó con destino a una ciudad ubicada bien al sur del continente. ¿Por qué eligió Buenos Aires, que lo llevó a llegar a nuestro país? La respuesta es una incógnita, pero aquí arribó y pronto consiguió trabajo en la droguería “La Estrella”, propiedad de los acaudalados hermanos Demarchi. Y lo más importante: traía consigo la idea de un bitter como los que había probado en las boticas de Nueva Orleans, una bebida en base a naranjas. Los Demarchi no eran de dejar pasar oportunidades comerciales, por lo que no dudaron en financiar la idea del norteamericano.

Primer aviso publicitario con el producto ya lanzado, aparecido en el periódico “La Tribuna” el 25 de diciembre de 1864. Notar la lista de cafés y droguerías donde podía conseguirse la bebida.


Las farmacias de esa época solían actualizarse con la revista francesa “Journal de Pharmacie et des Sciences Accesoires”.

En 1828 un boticario francés de apellido Lebreton había publicado en ella un experimento mediante el cual había descubierto en los cítricos una sustancia cristalina de sabor amargo a la que bautizó con el nombre de Hesperidina. No parece fuera de lugar suponer que en su trabajo en “La Estrella” Melville haya tomado contacto con ese artículo y de allí haya sacado la idea para bautizar su creación, una bebida hecha con cáscaras de naranja, agua de azahar, manzanilla y hierbas importadas, todo ello macerado en alcohol, agua y azúcar. Una receta simple pero efectiva que tomaría a Buenos Aires por sorpresa.

Farmacia “La Estrella” en su primera ubicación de Defensa 181, CABA. Foto: extraída del libro “Tozuda industria nacional”, de Bruno Pedro De Alto
Si no vamos a concederle originalidad a Bagley en su creación, al menos sí debemos hacerlo en cuanto a su habilidad comercial. Desde octubre de 1864 comenzaron a llenarse las paredes de la ciudad de carteles con la leyenda “La Hesperidina vendrá”, una mala traducción del inglés “Hesperidina is coming” que, suponemos, debe haber sido la frase original elegida por su creador. La idea era llamar la atención, y ciertamente la campaña lo logró. “La curiosidad pública está fija en unos letreros que en cada acera y en cada parte han aparecido, de la noche a la mañana. ¡Hesperidina! ¿Qué es ese secreto?”, decía el periódico “La Tribuna” del 21 de octubre de ese año. Y a pesar de que “nada más quieren decir los estravagantes (sic) yankees que preparan la bolsa (…)”, el periódico nos informaba que la Hesperidina era un líquido combustible, “un aceite que se dice ser más barato y tan bueno ó mejor que el kerosene (…) ¡Qué venga cuanto antes, si es un progreso!”. El 24 de diciembre de 1864, finalmente, se reveló el secreto: “Al fin se despejó la incógnita (…) Los y las nerviosas del estómago, cabeza, intestinos y corazón, acudan al Bitter Estomacal de corteza de naranja amarga que se llama Hesperidina. Se sirve en algunos cafés.”, nos contó “La Tribuna”. Y al día siguiente nombraba las cualidades de la bebida, según el prospecto que se había repartido en la ciudad: “Esta bebida de nuevo género es un tónico por escelencia (sic); el específico -según el inventor- más seguro contra las afecciones nerviosas del estómago, cabeza, intestinos y corazón; un remedio pronto, eficaz y agradable, para la cura de la dispepsia, indigestión, flato, estreñimiento, cólicos, diarrea, disenteria, flujo, clorosis y ataques nerviosos. Estimula y entona el sistema nervioso. Promueve las saludables secreciones del cuerpo.” ¿Parece mucho, verdad? También lo parecía entonces: “Si todo esto…… non é vero, é ben trovato” terminaba el artículo.

La bebida fue un éxito y para 1876 la fábrica, ubicada en Maipú y Paraguay, producía 7000 litros diarios, envasando 720 botellas por hora. Conseguir las botellas había sido todo un problema: no había en Buenos Aires un proveedor que pudiera abastecer semejante cantidad. Bagley tuvo que importarlas desde Inglaterra, tomando como modelo una botella de tipo barril a imitación de las que se usaban en Estados Unidos para envasar los bitters. Otro problema al que tuvo que enfrentarse fueron las copias: hubo tantas imitaciones que Bagley tuvo que llevar a varias de ellas a juicio, además de encargar las etiquetas para el envase de su bebida a la American Bank Note Company, empresa norteamericana que se encargaba de la impresión de todo tipo de comprobante que necesitara papel de seguridad especial. Finalmente, con el apoyo de sus socios los Demarchi logró que el gobierno de Nicolás Avellaneda cree el Registro de Marcas, del cual LA HESPERIDINA fue la NÚMERO 1.

Julio de 1873: los hermanos Pirsi son llevados a juicio por elaborar una bebida imitación a la Hesperidina. Periódico "El Progreso" de Quilmes

Los Demarchi eran los fundadores del Banco de Italia y Rio de la Plata con el cual habían financiado a la provincia en 1873, grandes benefactores y directores del Museo de Buenos Aires y también proveedores del estado a través de su droguería: no les faltaban contactos e influencias en las altas esferas como para apoyar a su inversión y protegerla intelectualmente. Fueron también los que lograron que el gobierno eximiera de impuestos a Bagley para importar las fábricas con las que arrancó la producción de galletitas. Y serían fundamentales para la instalación de la misma en Barracas en 1891.

Familia Bagley en 1879. De izquierda a derecha: Daisy Ethel, Melville Sewell Bagley, María, Mabel, Edith María Amelia (parada), Julia Walker (sentada), Mary Jane Hamilton y Lucia Gertrude. Faltan Sarah Emma, quien había fallecido antes de cumplir el año de edad, y Melville Jr., quien nacería al año siguiente. Foto: blog “Rufina Cambaceres: de la leyenda a la verdad


Pero para ese año don Melville ya había fallecido. Casado en 1866 con la inglesa Mary Jane Hamilton y padre de ocho hijos, murió de apoplejía el 14 de julio de 1880 con 42 años recién cumplidos. La Bagley, que continuó su expansión hasta cerrar en 2004 y quedar solo como marca de Arcor, continuó produciendo la Hesperidina hasta ese año. En 2006 la marca, aquella por la que Melville Bagley tanto luchó y logró registrar, fue comprada por la bodega Tres Blasones y en 2018 transferida a la bodega Cepas Argentinas. Una marca que en estos días cumple 155 años y que, según la historia oficial de la empresa, nació en Bernal. Pero… ¿nació en Bernal? Intentaremos develar ese mito en la segunda parte.

Tumba de Melville Sewell Bagley en el Cementerio Británico de la ciudad de Buenos Aires. Foto del autor.


Texto y fotos Alejandro Gibaut

De su Facebook “Bernal, su historia y su gente”

Miembro de la Comisión Coordinadora de la Junta de Estudios Históricos de Quilmes y de la Asociación Historiadores Los Quilmeros.