lunes, 4 de octubre de 2010

CASAS CON HISTORIA 2" - "El Castillo"... ¿Brujería o Magia? - La Casa Thenée

"El Castillo"... 

Colaboración del señor Domingo Araujo
De “Eliaq Magazine” julio/95

Enclavada en el corazón mismo del viejo barrio de Villa Cramer, dos pioneros, los hermanos Elizabeth y José Thenée, comenzaron a construir a principios de este siglo la que más tarde sería una de las más bellas residencias de nuestro Partido.
Habían traído desde su Alemania natal el pujante espíritu germano y la sensibilidad de un arte heredado de sus ancestros - la forja del hierro - y aquí desarrollaron su pasión logrando el éxito sólo reservado para los elegidos. Según el historiador Felipe Jorge Firpo, en su libro "Recuerdos del viejo Bernal", Thenee llegó a ser "el más renombrado de los herreros artísticos del país" y modestamente, yo el Duende, agrego "y de más allá de nuestras fronteras", tal como lo atestiguan los 19 premios internacionales con que fue galardonado.
Ya en 1908, el Chalet que más tarde sus vecinos llamarían "El Castillo", imponía su presencia allí, sobre la loma, hoy Ramella y Roca, exactamente donde comienza el declive de la barranca. Desde su mirador, el verde intenso de la zona baja y el follaje del monte daban marco a la vista del río, que a veces pardo, a veces azul, les hacía soñar con lejanos horizontes. Pero los Thenee nunca, o casi nunca, dejaron esta tierra a la que amaron como propia.
En la planta baja de esa magnífica construcción funcionaba el taller donde trabajaban 97 empleados.
Si consideramos que fue un taller de arte, podemos pensar: hubo, hay o habrá en el país un emprendimiento igual o similar?
En el primer piso, los Thenee instalaron su vivienda y en segundo, la exposición de sus obras.
Un detalle importante a destacar desde el punto de vista arquitectónico, para le época y aún para la actual: en el tercer piso construyeron la pileta de natación!
Qué decir del parque, que volcaba hacia la barranca el espectacular color de sus flores. Cada detalle de la mansión es una obra de arte, las puertas, las ventanas, las rejas, la decoración interior, los bancos, glorietas y cercas del jardín. Todo es una obra de arte que habría que salvar del olvido.
Los hermanos Thenee desarrollaron su actividad comercial en Buenos Aires. Tenían su negocio sobre la calle Carlos Pellegrini y al ampliarse la Av. 9 de Julio se trasladaron a la Av. Belgrano 783 esq. Piedras.
Fueron los elegidos de los más famosos hacendados del país, para decorar con sus obras los cascos de sus estancias, entre ellos Menditegui, Martínez de Hoz, Urtagubeitia, del Uruguay. Las rejas del portón central de la Cervecería Quilmes, son una de las obras admirables de este artista del hierro forjado.
La imaginación popular cree que la mansión, "El Castillo" está embrujada, pero este Duende, que por serlo algo sabe de eso, puede asegurar que no hay en él nada de brujería, más bien se puede decir que hay algo mágico por obra de sus dueños.

El Duende
Compilación, Chalo Agnelli

sábado, 2 de octubre de 2010

CASAS CON HISTORIA 1 - EL TALA, LA QUILLOTA, REUTEN (COLABORACIÓN)

EL TALA, LA QUILLOTA, REUTEN

Colaboración del señor Domingo Araujo
Publicado en “Eliaq Magazine” junio/95

Fiel a su linaje, el Barrio Parque de hoy se estructuró a partir de las mansiones de ayer. Al recorrer el residencial y exclusivo Barrio Parque de Bernal cuesta imaginar como era a fines del siglo pasado y principios de éste.
En 1875, el recién inaugurado servicio de trenes de Buenos Aires a Ensenada, paraba en Bernal. No existía en aquel momento ningún camino pavimentado y el tren animó a prestigiosos vecinos de la Capital a edificar sus residencias de gran categoría en fracciones vecinas a la estación. Eran casonas veraniegas que en muchos casos resultaron al tiempo permanentes.
Casi en el centro del actual anden estaba la entrada de la mansión de Don Félix Bernal, construida alrededor de 1850; siguiendo hacia el sur por la calle que bordeaba la vía, a no más de 200 metros una hermana de Don Félix, Martina Bernal de Torres
Agüero construyó una importante propiedad que llamó "El Tala* y casi Ilegando a la continuación Este de la hoy calle Zapiola, escondida entre altos árboles y espeso follaje, imponía su presencia "La Quillota" de don David de Tezanos Pinto. Un hermano suyo, don Jacobo de Tezanos Pinto, médico famoso, creador de la cátedra de Obstetricia, edificó su señorial residencia, sobre la calle, hoy Uriburu entre Moreno y José Eduardo López.
La construcción, de dos plantas, estaba en el centro de un hermoso parque y regia arboleda y llegaba hasta la actual plaza Suiza. La llamó "Rauten" en recuerdo del lugar de su exilio en Chile durante el Gobierno de Rosas. Posteriormente la casa fue comprada por el ingeniero de origen Suizo, Fisbach, quien donó la parte posterior del predio para lo que es hoy la plaza Suiza.
Incólume y patriarcal, esta allí, en el corazón del Barrio Parque y pertenece, al Sindicato de Obreros Papeleros.

El Duende

Compilador Chalo Agnelli

miércoles, 29 de septiembre de 2010

VIDA SOCIAL DEL PUEBLO


LAS CÉDULAS DE SAN JUAN

DURANTE el siglo XIX y hasta las dos primeras décadas del siglo XX para una mujer y también para los varones, tener la oportunidad de conocer a un miembro del sexo opuesto con quien intentar una relación, formar pareja y, si se daban todas la condiciones, casarse, era sumamente dificultoso.
Esto nos hace reflexionar que no les debe haber resultado fácil a nuestros abuelos relacionarse para que nosotros estemos hoy aquí.
La mujer, salvo raras excepciones, no trabajaba fuera de la casa y las que sí, lo hacían en establecimientos cuyo personal mayoritario era femenino.  En las escuelas la mayoría eran maestras. Los té danzantes y bailes de temporada eran escasos en el año.
Varones y mujeres se podían pispar apenas, los domingos en la misa mayor y al culminar la ceremonia en el atrio de la iglesia, también en el paseo de la rambla del Pejerrey  o en las "retretas" en torno a la plaza principal del pueblos, en las que ellas avanzaban en el sentido de las agujas del reloj y ellos en rumbo contrario; de esta manera se facilitaba el vistazo y a veces el piropo, muy naíf, por cierto… caso contrario al desubicado se lo tachaba indefectiblemente de todas las listas y "carnets de bailes". Acompañaba la retreta dominical la banda de los bomberos que se ubicaba junto a la fuente que había en el centro de la plaza donde hoy está el monumento al Libertador. En la rambla había una pérgola con ese mismo fin.
La dificultad de relacionarse hombres y mujeres era una de las causas por las que muchos vínculos matrimoniales se concretaban entre primos, parientes, hijos/as de los amigos de la familia o con los vecinos/as del barrio. Fueron casos comúnes que dos hermanos se casaran con dos hermanas o un viudo, con su cuñada; tíos con sobrinas, como el del Dr. Wilde con su sobrina Victoria Wilde, por supuesto que previa dispensa eclesiástica.
Una estrategia que daba fructíferos resultados eran las Cédulas de San Juan. Se realizaban en días previos al 23 y el 24 de junio, en el solsticio de invierno, durante la fiesta de San Juan.
Esta  fiesta es un antiguo mito griego que los cristianos supieron acomodar a su santoral. En esta festividad “las jóvenes enamoradas sueñan y adivinan quién será el galán que las despose”. Los vecinos encendían las “Luminarias de San Juan” y las personas religiosas asistían a las iglesias para los ritos que establecía la liturgia de la Iglesia Católica para esta recordación. Las luminarias eran candiles adornados con papeles translúcidos, de colores, que se colocan en las ventanas. También, hasta aproximadamente principios de la década de los 60´, se quemaban muñecos que representaban al diablo o simples fogatas donde se arrojaba un objeto viejo cualquiera a manera de limpiar la casa y comenzar de nuevo.
A todas estas prácticas populares, debe agregarse una sucesión de pruebas que realizaban las solteras para conseguir  marido.
Las cédulas comenzaron a realizarse en Quilmes – o por lo menos la primera noticia que se tiene de ellas – en 1876.
La costumbre se desarrollaba así: un grupo de jóvenes solteros se reunían en una casa, en el hotel de Risso o en la botica de Matienzo – punto de todo encuentro social – escribían sus nombres en papeletas que se ponían al buen recaudo de un vecino mayor y de conducta. A veces los más inspirados agregaban algún retórico requiebro o verso alusivo al objeto que tenían las Cédulas.
Por su lado, un número igual de señoritas que de varones, se encontraban en una casa de familia a tomar el té y escribían sus nombres en papeletas que quedaban al amparo de una matrona respetable. Por supuesto que a nadie se le ocurría escribir el nombre de una persona que no estuviera presente pues eso sería una mácula que caería sobre todos los presentes en cada reunión.
Seguidamente, el caballero y la matrona designados jueces, con sendos testigos se reunían para formar las parejas. ¿Cómo se hacía? Se colocaban las papeletas de los varones en una caja y las de las mujeres en otra. Simultáneamente el juez extraía una papeleta de la caja de las niñas y la jueza, de la caja de los varones. ¡Quedaba formada una pareja! Así se seguía con todos los demás. Uno de los testigos tomaba debida nota de los resultados elaborando un acta que firmaban todos los participantes de la compulsa.  O sea que el azar era el que convocaba los azahares nupciales, a veces.
La lista de parejas formadas bajo la advocación de San Juan se publicaba en el periódico local y se ponía a disposición de los interesados en la botica de Matienzo o en la imprenta. De esta manera los jóvenes ya sabían con quién tendrían que bailar en la velada danzante que se preparaba para la noche de San Juan y en la de San Pedro el 29 de junio.
Por supuesto que esto no era determinante, no obligaba a nadie a concretar una relación o formalizar un noviazgo y mucho menos el matrimonio. Pero tampoco era bien visto que se tuviera un gesto de rechazo inmediato, un desplante, es decir, que se negaran, ya sea ella o él, a un primer  encuentro con el individuo que les tocó en suerte. El "corte de alas" lo hacían, con delicadeza y buen tino, las partes en juego o por medio de una "chaperona".
A partir de las dos o tres primeras décadas del siglo XX el sorteo se realizaba directamente en la redacción de los periódicos locales que estimulaban la costumbre. Se presentaban las listas de unos y otros, se designaban  jueces entre los principales vecinos y se formaban las parejas. La nómina se publicaba en estos medios.
Esta usanza ocupaba todo el mes de junio de modo que nadie se alfigía por el frío ni por la lluvia ni por el lodo de las calles, o por los menos no eran temas de los jóvenes ni de los padres con muchas hijas mujeres que durante esas cuatro semanas sólo se ocupaban de vestidos, cintas y sombreros. Los niños esparaban con entusismo las fogatas y la quema de muñecos y los viejos, que el barullo que reinaba en las casas pase lo antes posible.
Las Cédulas de San Juan fueron, en nuestro país, una costumbre generalizada en la clase media y en sectores de las clases altas de algunas provincias; en la Capital Federal hasta principios del siglo XX la alta burguesía concretaba uniones matrimoniales por conveniencia o acuerdos de familias.
A continuación la nota periodística que indica las parajas que se formaron en las Cédulas de San Juan publicada en el periódico El Plata el 11 de junio de 1926.
















(para ampliar la nota clikear sobre la misma dos veces)

Reseña de doña Filomena M. de Baunelle y Martel de Yori (1880-1962)
Investigación Prof. Chalo Agnelli 
Colaboración Prof. Mora Camarero