viernes, 20 de mayo de 2011

TOMÁS GIRÁLDEZ – JUEZ DE PAZ Y PLACERO


Investigación: Prof. Chalo Agnelli
LA ÉPOCA.
En 1869 gobernaba el país Domingo Faustino Sarmiento. Paraguay seguía desgarrado por la “Triple Infamia” que al año siguiente tendrá su triste fin. El primer censo nacional arroja una población de 1.877.490 habitantes, 200.000 extranjeros y 90.000 aborígenes; el 80% de toda esta población es analfabeta. Se inaugura el telégrafo entre Buenos Aires y Rosario. Se aprueba el Código Civil de Vélez Sarsfield y sale el primer número del periódico “La Prensa”. Del otro lado del mar se inauguraba el Canal de Suez. EEUU es atravesado por el primer ferrocarril  transcontinental y en 1870 estalla la guerra franco-prusiana.

¿Y EN QUILMES?
Mientras tanto en el pequeño, pero creciente, villorrio e inconmensurable partido que era Quilmes por esos años, Tomás Giráldez fue electo juez de paz, presidente de la municipalidad, comandante de milicias y comisario de policía. Siguió en el cargo a Patricio Fernández, luego fue reelecto en el período de 1870. Había sido municipal en 1857.
Los jueces de paz eran electos anualmente y asumían los 1º de enero de cada año. Fueron municipales (concejales) en su primer período: Andrés Baranda (autonomista), Eduardo Bernal (hijo de Félix Bernal), Francisco Casares, Manuel Fabal, Remigio González (mitrista), Orleans Larralde (vascofrancés, bisabuelo del político Crisólogo Larralde), Pablo Pardo y Martín Puig y Tomás Flores que fuera el primer intendente electo como secretario. En el segundo período a Baranda, Casares, González y Larralde, se sumó Manuel Doroteo Soto. Hombres todos junto a Giráldez que participaron directa ya activamente en la tercera fundación de Quilmes. Giráldez había y si bien Giráldez aspiró a una nueva reelección vio defraudadas sus expectativas pues lo sucedió Mariano Vega.

ORIGEN
Giráldez nació en Buenos Aires el 15 de marzo de 1824. Su familia era de origen español, de la provincia de Tuy, una de las siete en que estuvo dividida Galicia en la Edad Moderna, hasta la división provincial de 1833, en que pasó a integrar la nueva provincia de Pontevedra, como su territorio más meridional. Fue una de las últimas en ser creadas. La ciudad episcopal de Tuy era la capital. Estaba casado con Juana Martínez. Fueron sus hijos Carmen, Isabel, Eduardo y Tomás N.
Eduardo Giráldez se casó con Hersilia Josefa Otamendi, hija de Fernando Julián Otamendi (5/4/1843 – 27/7/1923) fuerte hacendado; muy joven fue municipal en 1866, juez de paz y presidente de la municipalidad en 1878 y en 1891 fue intendente a poco de crearse ese cargo. [1]

GENIO Y FIGURA
Don Tomás Giráldez fue un hombre estatura media y contextura muy fuerte, poseía una abundante cabellera negra, ligeramente ondulada, tenía ojos negros y expresivos, labios finos y apretados, frente amplia y prominente, dinámico, de carácter decidido y empeñoso. Tuvo que lidiar con las sombras de dos figuras beneméritas que habían crecido significativamente en el aprecio de los pocos pobladores de Quilmes, eran esos prohombres, don Andrés Baranda y don Augusto Otamendi, motores, como Giráldez, de lo que fue la tercera fundación de Quilmes.
No faltó quien lo señalara por su genio destemplado y violento, pues cuando se proponía un objetivo no tenía miramientos ni contemplaciones.

EL PLACERO
A su administración se debieron varias mejoras urbanas como la parquización y diseño de las plazas que eran míseros baldío intransitables cubiertos de cicutales y alimañas.
En la actual plaza San Martín, por esos años tan solo Principal, hizo colocar una fuente circundada por cuatro estatuas que representaban las cuatro estaciones del año, bancos con viseras, farolas con velas de sebo, la dividió con macizos que se convirtieron en jardines y la mandó circundar de sauces. Para el surtidor de la fuente había un molino y tanque en la esquina de Sarmiento y Alsina. La fuente hoy se halla en la plaza Aristóbulo del Valle.
Giráldez fue pionero de la “tercerización”.  [2] Pues para la conservación de las otras plazas designó a vecinos de las mismas que compartían sus objetivos urbanísticos. Para la plaza de la Libertad, hoy del Bicentenario, contó con la colaboración de Andrés Baungart, que tenía un comercio en la esquina NE de Moreno y Conesa, para la plaza principal, con la ayuda de Antonio Silva con comercio en la esquina NO de Rivadavia y Mitre “El Positivo”; el Dr. Wilde colaboró con la plaza del Regocijo, que hoy lleva su nombre; y de la perdida plaza Pinto se hizo cargo Marcelo Loredo propietario de un importante almacén de ramos general en la esquina SO de Lavalle y Olavarría, por eso también la llamaron la plaza de Loredo y se creyó que él era el propietario de esa manzana pues hacía un uso un tanto arbitrario de la misma más que disponerla para uso de la vecindad. [3]

LA ESTACIÓN DEL FERROCARRIL
Cuando se anunció que el ferrocarril a la Ensenada estaba por llegar a Quilmes, después de tediosos trámites y largas demoras, empujado por el ingeniero William Wheelwright, Giráldez pretendió que la estación se levantara junto a su finca en la calle Vicen­te López y Rodolfo López, con entrada en la cuadra larga que va desde R. López a Tucumán calle sobre la que había una tranquera. Esta chacra, la Nº 14, circundada por las actuales calles Vicente López, Rodolfo López, Andrés Baranda y Carlos Pellegrini, había sido concedida por el agrimensor Francisco Mesura, en 1818 a Juan Benítez, descendiente de indios quilmes. [4]
Su propósito fue combatido por otros vecinos que también querían la estación a las puertas de sus casas. [5] Ninguno fue beneficiado con esa concesión, finalmente el tren hizo una curva y la estación se ubicó en el nodo opuesto al centro urbano del pueblo, lo que se conoce como la Manzana Histórica.

DECESO
Grande fueron los dos disgustos que le produjeron a Tomás Giráldez la frustración por no ver instalada la estación a las puertas de su casa y no haber sido reelecto para un nuevo período en el ejecutivo local; más el desgaste propio de sus funciones que el 18 de enero de 1871 murió en su chacra en compañía de sus hijas, tenía 47 años. Según el “Libro de Muertos del Partido[6] su deceso, de acuerdo a los testimonios de Antonio Silva (n. 1845) y Juan Ithuralde (n.1836), dos de sus amigos más cercanos, se produjo por una fístula, “tan repentinamente que no hubo tiempo para los santos sacramentos”. Fue enterrado en el cementerio de la Recoleta.

TOMAS N. GIRÁLDEZ, EL POETA
Poca es la información que se pudo obtener para adentrarnos en la vida y la historia de este antiguo vecino. No figura en los diccionarios biográficos conocidos.
Si bien, José Arturo Scotto [7] en sus “Notas Biográficas”, menciona a un Tomás N. Giráldez, en realidad hijo del juez, un disímil poeta del siglo XIX, confunde las fechas de nacimiento y muerte de estos homónimos. Dice que nació en 1824 y que en 1859, "La Tribuna", "El Nacional" y "La Nación Argentina", publicaron composiciones de Giráldez, a veces con su firma; otras con iniciales (T. N. G.)” En esa fecha el poeta tendría 35 años, una figuración tardía pues ya era un hombre maduro para la época. En realidad Scotto que no encuentra datos del natalicio y la muerte de este “Tomás N.” le adjudica la de su padre el juez de paz quilmeño.  
Agrega este biógrafo: “Con el doctor Lean­dro N. Alem fundó y redactó el periódico político ‘El Guardián’, en el cual firmaba con el seudó­nimo de Acacio.”
Leandro Nicéforo Alem nació el 11 de marzo de 1842 y murió el 1º julio de 1896. Cuando el fundador del radicalismo nació el Juez de Paz tenía 18 años y cuando se editó “El Guardián”, varios años más que Alem. De manera que es muy dudoso que el poeta y el funcionario quilmeño sean la misma persona. Tomás Giráldez no tenía el perfil de poeta, condición que José Andrés López hubiera aprovechado muy bien en los “aguafuertes quilmeños” de “Quilmes de antaño” 
Concluyendo Tomás N. Giráldez era hijo de Tomás Giráldez y Juana Martínez.
La obra poética de Tomás Giráldez, hijo, no tuvo relieve, los poemas más discretos, cargados de un romanticismo abusivo y tardío, hallados en publicaciones de la época son: “Suspiros del alba” (can­ción); Mi amor”, “El Pimpollo”, “La Violeta” y “Desen­canto”. En 1860, publicó una novela de escaso vuelo: “Vengador y Suicida”, que transcurre durante la época de Rosas, entre los años 1842 y 1850. En la misma fecha, compuso un dra­ma en dos actos y en prosa bajo el título:Garibaldi en Napoles”, que no se llegó a representar. En 1863, editóLa Guirnalda Argentina”. Recopilación de poemas de jóvenes argentinos: Juan Cruz Várela, Pastor Obligado, Leandro N. Alem, Estanislao del Campo, Amancio Alcorta, José Manuel Estrada y otros.

CONCLUSIÓN
Las distancias considerables que, muchas veces, separaba a la criatura recién nacida como al difunto de las escasas parroquias existentes, impedimento que demoraba notablemente la inscripción del niño o la muerte de algún pariente o vecino; así como la pérdida de libros parroquiales que, hasta la creación de los Registros Civiles, eran los únicos documentos que atestiguaban nacimientos, matrimonios y defunciones, y el extravío de libros de actas de los juzgados de paz o municipios, más la dificultad para interpretar algunos de esos documentos por la particularidad de la grafía, algunas estrambóticas, de vicarios y sacristanes, donde se confunden apellidos, nombres y fechas, son impedimentos que encuentran los historiadores para dar plena certeza a un hecho histórico o a una biografía. Es fructífera ayuda hallar descendientes que – pocas veces – guardan escritos, actas, documentos, fotos y memorias oídas que pueden ser pie para nuevas investigaciones. La confusión que hace el biógrafo José Arturo Scotto entre Tomás Giráldez y Tomás N. Giráldez es un ejemplo de esta aseveración.

Prof. Chalo Agnelli


[1] Otamendi, Luis E. “Una familia de arraigo en Quilmes” Serie Biográficas.  Municipalidad de Quilmes. Biblioteca Sarmiento. Quilmes agosto de 1965
[2] Ales, Manuel.
[3] López, José Andrés. “Quilmes de Antaño” Ed. de autor. Quilmes 1934.
[4] Otamendi, Luís E. “Historia de la Reducción 1666-1812”. Municipalidad de Quilmes Biblioteca Sarmiento Serie Archivos y Fuentes de Información Nº 2 Quilmes julio de 1968 Pág. 94.
[5] El historiador Guillermo Ñañez se publicado en su blog el libro “Quilmes de antaño” completo.
[6] En la Catedral de Quilmes. Foja 10.
[7] Scotto, José Arturo. Notas Biográficas. Publicadas en la Sección Efemérides Americanas de "La Nación" 1907- 1909 por Talleres Gráficos de L. J. Rosso y Cía. Buenos Aires, 1910.

viernes, 13 de mayo de 2011

“LOS PRIMEROS 50 AÑOS DEL BELGRANO BERAZATEGUI – TODA UNA HISTORIA”

 Prof. Chalo Agnelli
Llegó nuestras manos otro libro que se suma a la bibliografía historiográfica local:  “LOS PRIMEROS 50 AÑOS DEL BELGRANO BERAZATEGUI – TODA UNA HISTORIA” de la docente Nélida María de Luján Moodie, editado en la Universidad de Quilmes en octubre de 2009.
Esta publicación comienza con un paneo sobre figuras berazateguenses y quilmeñas vinculadas a la Rigoleau, como don Victoriano Imizcoz, primer gerente de dicha empresa, su esposa Celestina Bringas y sus hijos Alberto y Nélida Imizcoz, recordada docente de la escuela Normal de Quilmes y ex alumna egresada en 1930, casada con el Dr. Juan Carlos Moodie Cristi [1] director médico del Policlino de la Cerveceria, establecimiento pionero en la atención laboral en la Argentina. 
Se suman en el libro otras figuras notorias de la historia del Partido vecino como son Julieta Lanteri,  Santiago Deambrosi y su esposa Rosalía Davel de Deambrosi - cuyo nombre luce una escuela de esa localidad – y familias fundadoras como los Berazategui, Piccinini, Videla, Echeverri, Bassaber, Tirao, Goñi, Nolfi, etc.
Luego el libro se centra en los cincuenta años del Instituto Manuel Belgrano primera escuela media de Berazategui que abrió sus puertas el 1º de marzo de 1959 y su evolución a lo largo de cinco décadas. 
La profesora Nélida Imizcoz de Moodie fue una de las docentes fundadoras y la autora de este libro fue protagonista de los últimos 33 de años. De modo que los Moodie Imizcoz están imbricados en la historia de la Institución.  

Nélida María de Luján Moodie, la autora, es Maestra Normal Nacional, Profesora Nacional de Actividades Prácticas, Asistente Social, Escenógrafa, Vestuarista y Maquiliadora Teatral formada en el Instituto. Superior de Arte del Teatro Colón.
Realizó estudios de fotografía artística en el Centro Cultural de Berazategui, teatro y actuación en la Dirección de Cultura de la Municipalidad de Quilmes. Curso de dirección y puesta en escena en el Instituto Superior del Teatro Colón. Realizó un taller de escenografía en el Centro Cultural Recoleta, taller de escenografía en el Instituto Superior del Teatro Colón, taller de vestuario en el Instituto Superior del Teatro Colón, taller de maquillaje y caracterización en el Insti­tuto Superior del Teatro Colón. Entre 1998 y 2003, fue nominada varias veces por distintos trabajos al Premio “Candil" de Quilmes, obteniendo en el año 2000 la "Men­ción Especial" en escenografía y en el año 2001 el segundo premio "Plaqueta de Honor". En el año 2001 obtuvo el Premio Buenas Ondas del programa radial de FM Sur de Multimedios El Sol.
Desde 1967 hasta 1994 fue profesora de Acti­vidades Prácticas del Instituto Manuel Belgrano de Berazategui y desde 1994 hasta la actuali­dad es Bibliotecaria del terciario del mismo Instituto.
Actualmente es profesora de Escenografía, Maquillajes, Caracterización y Vestuario de la Escuela de Bellas Artes de Quilmes.

27/09/2010 Instituto Superior Manuel Belgrano
Este libro se puede obtener en la librería Ramos de Quilmes.

Prof. Chalo Agnelli
Se agradece la información de Alberto Imizcoz Moodie
y la foto de la Comisión de Estudios Históricos de Berazategui



[1] La madre de los profesores Orlando y Celiar Cella, Silvia Cristi de Cella, la madre de los Badano, Ida Cristi de Badano y Maria Luisa Cristi de Moodie, madre del Dr. Juan Carlos Moodie eran hermanas; estas tres mujeres dejaron en su descendencia granitos de arena en la historia quilmeña y berazateguense.

viernes, 6 de mayo de 2011

SEMBLANZA VEGETAL QUILMEÑA - LOS ÁRBOLES DE AYER Y DE HOY - 29 DE AGOSTO

Prof. Chalo Agnelli

Hasta 1850 poco más poco menos, el partido de Quilmes desde el Riachuelo hasta bien avanzado el sur y el oeste era una peniplanicie rutinaria donde proliferaban los arbustos achaparrado, inmensos campos de cardales, cina-cinas, cicutas, duraznillos, sarandíes, ñandubays, ñapindás, cañaverales brotando de las innumerables  lagunas, habitadas por zancudas y comejenes, algún ombú excesivo, superpoblado de pájaros, junto a un rancho, quizá otro árbol de imponente porte, producto de una semilla que algún pasajero, animal o humano, dejó caer al descuido. Es difícil imaginar hoy ese paisaje.
Hasta que llegó el juez de paz don Andrés Baranda no hubo un plan político forestal orgánico. El árbol de la buena sombra, era el apodo que la comunidad puso a ese hombre benemérito, por su afán obsesivo de cubrir de árboles este pedazo de pampa. Lo miraban con extrañeza, pero, afortunadamente, tuvo en el Dr. José Antonio  Wilde, en Augusto Otamendi, en los Soto, los Matienzo, los Barreiro… eco entusiasta. Hoy se podría aplicar ese calificativo a otro notable quilmeño Oscar Tacho Soto, ecologista, poeta, cantor de los hermanos verdes, de la clorofila y los pájaros.
En 1858, Baranda recibió de Domingo F. Sarmiento semillas de eucaliptos y yingos bilobas, que también le entregó a Charles Verseeks encargado de las plantaciones de la estancia San Juan de Leonardo Pereyra. [1] Así comenzó en el país la proliferación de esa especie originaria de Tasmania.
Los primeros almácigos se obtuvieron en la plantación que Baranda tenía en los fondos de su casa de Quilmes (la media manzana ubicada entre Sarmiento, Rivadavia y Paz) y en 1860, su quintero, Antonio Piquetín Ghiorsi, trasladó algunos almácigos a la Estancia Grande que Baranda administraba en la Ensenada, propiedad de su suegro Bernabé Giles, otros retoños se plantaron en los campos de Las Flores y en la chacra de la Cañada junto al arroyo Las Piedra donde aún  subsisten siete u ocho ejemplares. Según cuenta Craviotto: “En esta fueron plantados eucaliptus en numero suficiente para formar una avenida con dos dobles filas de árboles, de ancho 25 metros y de largo 500, que conducían desde la antigua entrada hasta el monte de acacias junto a la casa[2] Estas especies perduraron más que los de la estancia de los Pereyra Iraola pues en 1915 un ciclón de magnitud increíble derribó 5000 eucaliptos de gran altura situados en terrenos bajos.
El aludido Piquetín entre 1868 y 1870 plantó un cerco de cina cina que circundaba el campo de Baranda en Quilmes.
En 1859 a moción del Dr. Wilde se plantaron paraísos alrededor de la plaza principal. También fue arbolada la plaza Tres de Febrero (hoy Dr. José Antonio Wilde apodada “de La Cruz” y paseos de "Los Periodistas")
En el periódico “El Nacional” del 9 de octubre de 1882, dos años después de la muerte de Baranda, bajo el título “Los árboles”, escribió: “… No es una carga la plantación de árboles, pues ha de ser remunerativo como lo son ya y con gran provecho los eucaliptos plantados de diez años a esta parte. El eucaliptos es el marido de la pampa.”
En 1876, Felipe Amoedo, juez de paz y presidente de la municipalidad hace arbolar el camino al río - que se había abierto durante la presidencia municipal de don Augusto Otamendi en 1867 - se plantan sauces a cada lado del mismo y a lo largo de la calle ribereña (hoy Cervantes) El vecino Marcelo Loredo, ese mismo año, hizo un jardín arbolado en la plaza Pinto, (hoy malhadadamente cedida por una administración municipal a un supermercado y complejo de cines) Había en esa plaza un gomero sobre la calle Humberto Primo, que persistió el saqueo y se cayó en el 2010 durante una tormenta y por la falta de atención que exigen las plantas que se hallan en zonas densamente urbanizadas.
Allá por 1930, cuando el tranvía de los Fiorito, que llegaba a la Ribera con turistas del pueblo, de los partidos vecinos y hasta de la Capital, incrementó su frecuencia, los sauces fueron un inconveniente de modo que los sustituyeron por coníferas desmelenadas, de penoso aspecto, aún persisten algunas un tanto maltrechas.
Así, sin laconismo, se fue poblando de arboleda Quilmes, desde el centro poblacional urbano, que es hoy la plaza San Martín, hacia los cuatro puntos irregulares de su extensión. La segunda mitad del siglo XX encontró un territorio forestado con toda la variedad de especies posibles.
EN LA COLONIA
Hasta 1930 los árboles eran escasos en el incipiente barrio La Colonia. No faltaban los irreflexivos, que sólo ven su ombligo, que juzgaban desidia la falta de inquietudes por plantar árboles. Era lógico que los inmigrantes que adquirían lotes en la zona priorizaban el techo antes que el entorno paisajista. Y cuando el techo estuvo firme no quedó vereda sin sombra.
En la calle Tucumán  en el tramo desde Vicente López y Andrés Baranda perviven plátanos jocundos, sexagenarios, de copas abiertas, frondosas, sobre veredas anchas. También verdean algunos paraísos que pierden la enramada en las alturas, simulando un techo verde desde setiembre a marzo y en otoño teje un entramado de sombras en el asfalto. Siempre fue una calle calma, aún guarda la somnolencia de las siestas, pero por la mañana es una fiesta de pájaros que despabilan al más trasnochado.
La calle se amplía entrando por Vicente López  y, después de Baranda, vuelve a su medida correspondiente; lo mismo sucede con calle Entre Ríos surcada de paraísos.

Ginkgo biloba, el Gingko, o árbol de los cuarenta escudos
La manzana donde se encuentra la plaza Aristóbulo del Valle, la compró la municipalidad en 1927. El encargado de trazar veredas, sendas y caminos fue el diseñador de parques y jardines Francisco Fernández Melo (también artista plástico y boxeador) En su entorno hizo plantar Ginkgo biloba, uno de los mejores ejemplos de fósil viviente conocido, provenientes de almácigos que Sarmiento había entregado a Andrés Baranda y al Dr. Wilde. En los senderos interiores se colocaron tilos. Los dos, árboles medicinales. La plaza se doraba en otoño y en primavera perfumaba el barrio a muchas cuadras a la redonda.
La falta de control de plagas, por parte de las autoridades municipales de las últimas administraciones, hizo que en los xingos proliferara una especie endémica de clavel del aire (bromelia) llamada Tilandsia Zecheri, variación cafayatensis, que acabó con la mayoría de esos ejemplares, quedando tan solo algunos pocos, también contaminados.
El Ginkgo biloba fue descubierto por el botánico alemán Engelbert Kaempfer (1651-1716) en Japón, en 1691. Después de la bomba de Hiroshima, fue uno de los árboles que quedó en pie en las cercanías del epicentro, por lo que se lo conoce como “portador de esperanza”.
Los ancestros de los que Francisco Fernández Melo hizo plantar, ya habían crecido en ese terreno que hoy es plaza y callan una historia, quizá tan sólo una leyenda romántica, que tiene como protagonistas al Dr. José Antonio Wilde y su esposa y sobrina Victoria Wilde y Rivas. Estando ella gravemente enferma, Wilde hizo plantar a alumnos de la escuela de la maestra Andrea Benítez, que estaba allí cerca, almácigos de Ginkgo biloba en lo que hoy es plaza convocando los hados de la buena salud - recurso desesperado para un científico como era don José Antonio - Victoria murió muy joven el 9 de mayo de 1884, él morirá ocho meses después.
Hasta hace poco en dicha plaza quedaban aproximadamente 18 ejemplares contaminados en camino a un fin cercano.
En marzo de 2010, el por entonces concejal Daniel Turqui y titular de la Sociedad Española de Quilmes recordaba que años atrás el Concejo Deliberante había aprobado una ordenanza de su autoría en donde se intentaba recomponer y curar todos los ginkgos de la Plaza Aristóbulo del Valle de La Colonia. Contando además con nuevas plantaciones de la especie gracias al vecino don Ángel Albertazzi, que transcurrió gran parte de sus 90 y pico de años cultivando ginkgo biloba, que donaría 500 de esos árboles a la Comuna, la que solamente debía asumir el transporte. Al parecer la municipalidad nunca dio cuenta del tema. [3]
También la plaza del Bicentenario (Lavalle, Conesa, Moreno, Colón) tiene una fronda importante. Una de las coníferas que se halla próxima a la esquina de Lavalle y Conesa fue plantada en 1938 por alumnos del colegio Nacional movilizados por la profesora María M. Job; entre ese grupo de adolescentes estaba el profesor Celiar Cella “Quenito”. [4]
           
EL PARQUE Y EL DORADO
Dos extraordinarias forestaciones aún se lucen en Quilmes. La que prevalece en el Parque de la Cervecería y la de “El Dorado”, antigua chacra del Sr. Dorado que luego adquirió el financista y testaferro inmobiliario de la empresa Bemberg & Cía, Carlos Hillner Decoud. Recientemente al cumplir la Cervecería Argentina Quilmes 120 años se repusieron las señalizaciones de bronce que cada especie arbórea tenía a sus pies y la depredación humana hizo desaparecer.
LOS ABUELOS VERDES
 En la esquina de Mitre y Conesa se impone un olmo centenario (Ulmaceae) que adquirió dimensiones extraordinarias. Está en la puerta de la Escuela Normal, donde estuvo la casona de los Clark y luego de los Ctibor, que lucía uno de los parques arbolados más espléndidos del pueblo.
El olmo histórico de Mitre y Conesa en la esquina de la Escuela Normal; se aprecia la altura comparada con un hombre de 1.72 m.
Dice otra la leyenda, que la señora Ruzena Zeis de Ctibor compró la propiedad en 1904 por el grandioso alcanforero (Cinnamomum camphora), árbol medicinal, que había junto a la vereda de la calle Conesa entre Mitre y Sarmiento.
En Europa, especialmente en España el olmo es una especie en peligro de desaparición por una epidemia llamada "grafiosis", que consiste en un hongo que lo ataca. Este ejemplar quilmeño se haya en perfecto estado de salud por lo cual sería un doble tributo a la naturaleza su preservación. Uno, por la antigüedad que tiene este olmo quilmeño y otro por ser una de las pocas especies a nivel mundial libres de dicha peste terminal, aunque si está atacado por el clavel del aire Tilandsia Zecheri, que aún se puede recuperar con un tratamiento apropiado por parte de las autoridades municipales resposables del espacio público. plazas, árboles y jardines. 
Palo borracho de la esquina de Uriburu y Brandsen
El palo borracho es una  especie que encontró en esta zona suelo próspero, quizá todas lo encontraron. En la esquina de Uriburu y Brandsen hay un palo borracho que tiene una circunferencia que ni dos hombres con los brazos extendidos pueden rodear.
Estos árboles que se van en crecimiento alarman a los vecinos, pero son reliquias que de alguna manera se deberían conservar, quizá una manera sería brindando algún aliciente al propietario que los tiene en su vereda como eximirlos de los impuestos de barrido y limpieza o algo similar y asistirlos cuando las raíces o las ramas dañan de alguna manera la propiedad.
Otros notables ejemplares de palo borracho son los que están donde comienza la Avda Rodolfo López, junto al paso a nivel (vereda NE) Estos adquirieron una altura extraordinaria y sus raíces levantaron la calle, la vereda y hasta la casa que los tiene como inoportunos vecinos. Están allí hace más de 60 años.
Palos borrachos de la calle Rodolfo López casi el paso a nivel
La doctrina sarmientina fue recogida por el Dr. Estanislao Zeballos en 1900, quien promovió que el Consejo Nacional de Educación instituyera el 29 de agosto, como "Día del Arbol".
Es buena terapia para el espíritu, cuando hay turbulencias o desenlaces fortuitos, andar y desandar entre los árboles. Se sale límpido, fresco, el ánimo abierto y dispuesto a seguir.
En otra nota hablaremos del cedro deodara que había en la plaza Hipólito Yrigoyen o de la estación y sobre los eucaliptus del Camino Gral. Belgrano que mandó plantar don Andrés Baranda.

"Mi Arbol Y Yo"

Mi madre y yo lo plantamos en el límite del patio
donde termina la casa, fue mi padre quien lo trajo
yo tenia cinco años y él apenas una rama,
al llegar la primavera abonamos bien la tierra y
lo cubrimos de agua, con trocitos de madera
hicimos una barrera para que no se dañara.
Mi árbol brotó mi infancia pasó, hoy bajo su
sombra que tanto creció tenemos recuerdos mi árbol y yo.

Con el correr de los años con los
pantalones largos me llegó la adolesencia, fue a la
sombra de mi árbol una siesta de verano donde perdí
la inoscencia, luego fue tiempo de estudio con
regresos a menudo pero con plena conciencia, que
iniciaba un largo viaje solo de ida el pasaje me
ganó la ausencia. Mi árbol quedo y el tiempo pasó
hoy bajo su sombra que tanto creció tenemos
recuerdos mi árbol y yo.

Muchos años han pasado y por fin he
regresado a mi terruño querido y en el límite del
patio allí me estaba esperando como se espera un
amigo, parecía sonreírme como queriendo decirme
mira estoy lleno de nidos, ese árbol que plantamos
hace cuarenta y tantos años siendo yo
apenas un niño aquel que brotó y el tiempo
pasó mitad de mi vida con él se quedó.
Hoy bajo su sombra que tanto creció tenemos
recuerdos mi árbol y yo.
Alberto Cortez
Fronda que rodeaba la vieja casona de la familia Clark, luego de los Ctibor y donde funciona hoy la Escuela Normal de Quilmes.
Prof. CHALO AGNELLI
29/8/2010-2015
NOTAS

[1] Fundador de la familia Pereyra Iraola. Hay un acta labrada en la estancia San Juan con fecha 17 de octubre de 1875 que atestigua este
acontecimiento. Está firmada por Charles Verseeks, Leonardo Pereyra, Martín Iraola, G. de Guerrico y Félix y Estanislao Frías
[2] Craviotto, J. A. “Los eucaliptos de la vieja chacra de D. Andrés Baranda” periódico El Plata. Oct. 1955.
[3] El Sol 30 de marzo de 201
[4] Fallecido en junio 2015