martes, 3 de junio de 2014

HISTORIA DE VILLA LA FLORIDA: LOS EUCALIPTOS DE ANDRÉS BARANDA (COLABORACIÓN)



PATRIMONIO HISTÓRICO QUILMEÑO SIN RECONOCIMIENTO OFICIAL


por Lic. Juan Corvalán


En este segundo artículo referido al patrimonio histórico de Villa La Florida, realizaremos una semblanza sobre un sitio que combina la naturaleza, la política y el poder. A pesar de estos elementos, a diario circulamos frente a este escenario ignorando su trascendencia por la sencilla razón de que no se nos enseña a valorar el lugar donde convivimos. Política que se debe revertir para apuntalar las bases que nos conduzcan a una inclusión concreta, plena y sustentable. Ese es el fin que pretende alcanzar el autor con la publicación de sus escritos: honrar ese entorno que integra un municipio que cuenta 348 años de historia y que desde el Sudoeste Quilmeño aporta a la historiografía quilmeña valiosos indicios del tiempo transcurrido.
Las comunidades son portadoras de una impronta particular, la cual es el producto intrínseco de su fundación y sentido. Esa forma de ser es un elemento gravitante que se observa en el diseño urbanístico, en la arquitectura doméstica, en los puntos de encuentros, en las actividades que desarrolla, en las formas de comunicación, etcétera. En lo personal nos interesa la gestión cultural como instrumento para alcanzar un desarrollo local pleno, sensato y consciente de su acervo, habilidades y potencialidades. Elegimos partir desde la historiografía Quilmeña por ver en ella Identidad, Patrimonio y Recurso del Municipio. [1] 
Uno de los aspectos meritorios de la historia, como ciencia, es la capacidad de registrar en su haber evidencias de la multiplicidad de intervenciones que la humanidad ha provocado sobre el entorno en el que vive. La cantidad de árboles que en la actualidad observamos en nuestras calles a simple vista es un ejemplo de ello. Decimos esto porque documentos coloniales del Siglo XVI describen a la región Pampeana como una extensísima planicie sobre la que se hallaba una ínfima cantidad de árboles. Frente a este panorama, recién a mediados del Siglo XIX, Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888) implementa una fuerte política de forestación, que tuvo como uno de sus ejes la importación de las primeras semillas de eucaliptos tipo “globulus” introducidas en nuestro país, las cuales se repartieron entre estancieros de aquel momento. [2]



SARMIENTO Y LA ENTREGA DE SEMILLAS DE EUCALIPTOS A DON ANDRÉS BARANDA

La historiografía quilmeña debe al Dr. José Alcides Craviotto (1900-1965) su institucionalización y organización, labor sustentada en centenares de sólidas investigaciones históricas de la más variada índole respecto al devenir regional[3]. Entre los temas que captaron la atención del Dr. Craviotto se encuentra la forestación de nuestro Partido, asunto dentro del cual enfatizó el suceso que a continuación narraremos. Don Andrés Baranda (1807-1880), [4] gobernante municipal en siete períodos, recibió personalmente del prócer sanjuanino las semillas necesarias para preparar un almácigo en su quinta de la ciudad de Quilmes, ubicada en la media manzana comprendida por las calles Rivadavia entre Sarmiento y General Paz. Con las plantas que allí brotaron en 1860, fue arbolada la chacra que en ese año fue adquirida a Pedro Costa. [5] 
La propiedad que Don Andrés Baranda compró a Pedro Costa se encontraba en el lado Sur de donde hoy se encuentra la ex Papelera Massuh y desde ese lugar se extendía hasta la avenida Isidoro Iriarte (San Martín). El extremo Oeste lo delineaba el arroyo Las Piedras, en tanto su límite Este llegaba un poco más allá del Camino General Belgrano.



LOS EMBLEMÁTICOS EUCALIPTOS DE VILLA LA FLORIDA 
Como testimonio de lo recién contado, en la esquina de Camino General Belgrano y Av. Dr. Isidoro Iriarte (828 – Ex San Martín) se encuentran cuatro eucaliptos de grandes dimensiones, que denotan una siembra sistematizada por compartir antigüedad y alineamiento. Claro está que estos ejemplares no han sido sembrados en aquella oportunidad, ni tampoco se trata de los más antiguos del distrito. Como también es cierto que estos árboles se encuentran ampliamente diseminados en todo Quilmes, de hecho dos barrios de nuestro Partido son conocidos como “Los Eucaliptos”.
A esta altura, nobleza obliga a mencionar que en su libro “San Francisco Solano: una historia para contar 1580-1993”, el Profesor Víctor Gullotta plantea varias hipótesis razonables respecto al lugar donde se cultivaron las primeras plantas de eucaliptos. Sobre estas conjeturas entendemos que los ejemplares floridenses inclinan el juicio a su favor, respecto a los otros supuestos. Esta afirmación la basamos en la combinación de cuatro singularidades: en primer término (i) dentro del actual partido de Quilmes es el único (ii) agrupamiento lineal de cuatro eucaliptos en sólo 40 metros que se ubica (iii) dentro de lo que fuera una propiedad de Don Andrés Baranda. Y por último: (iv) el lugar coincide con la propiedad comprada a Pedro Costa en aquella época.


CONOCER PARA QUERER 
En el presente, no hay en el lugar referencia histórica alguna respecto al lugar y a estos emblemáticos eucaliptos. Estas perlas históricas que se encuentran en Villa La Florida merecen sumarse al inventario de sitios de interés del distrito. Los argumentos expuestos deben ser considerados para una protección patrimonial a nivel municipal como Declaración de Interés Social y Patrimonio Natural y Cultural.
En el Partido de Quilmes existen al menos dos antecedentes que designa patrimonio a árboles en distintos puntos del distrito. Por un lado, la Ordenanza Nº 7.017/1993 que declara “Patrimonio Bio-Cultural de la Comunidad” al Ombú existente en la Plaza del Maestro de la Ciudad de Bernal. Otro antecedente, es la protección de que resguarda al árbol de especie olmo situado en la esquina de Mitre y Conesa, Ordenanza 11.658/11, promulgada mediante Decreto 2492/11 y publicado en el Boletín Oficial Municipal Nº 107 del 13 de junio de 2011.
Al igual que en el caso del Camino Real: Avenida General Mosconi, ya desarrollado en un artículo anterior publicado bajo el título “Historia de Villa La Florida: Avda. Gral. Mosconi, Un Camino Real” [6], como primer paso, se debe comenzar a proteger, a valorarse a través de la divulgación y señalamiento del mismo. Medidas que deben complementarse en este caso específico con un adecuado procedimiento de mantenimiento profesional acorde al carácter de seres vivos y dimensiones que ostentan.
En la Imagen vemos un mapa de la Dirección de Geodesia de la Provincia de Buenos Aires, que muestra la ubicación de la propiedad de Don Andrés Baranda. El mapa es sumamente ilustrativo, ya que nos ubica geográficamente, porque incluye elementos posteriores como el Camino General Belgrano (Camino adoquinado de La Plata a Avellaneda) y el FFCC Provincial donde la estación denominada “06 de septiembre” es la Parada correspondiente a San Francisco Solano.


Colaboración del Lic. Juan Corvalán
Integrante de la agrupación de historiadores Los Quilmeros

NOTAS



[1] Para más detalles consultar el artículo “La Historiografía Quilmeña: Identidad, Patrimonio y Recurso de un Municipio” en  http://www.congresodecultura.gob.ar/wp-content/uploads/2013/05/CORVALAN-LA-HISTORIOGRAF%C3%8DA-QUILME%C3%91A-IDENTIDAD-PATRIMONIO-Y-RECURSO-DEL-MUNICIPIO.pdf?6d36e6 
[2]  Consultar en este sitio Web: “Carlos Vereecke – Historias, Misceláneas” en   http://elquilmero.blogspot.com.ar/2013/03/carlos-vereecke-historias-miscelaneas.html 
[3] Consultar en este sitio Web: “Documentos Históricos del Dr. José Alcides Craviotto” en http://elquilmero.blogspot.com.ar/2011/06/documentos-de-investigacion-historica.html 
[4] Consultar en este sitio Web: “Don Andrés Baranda, Un Fundador del Quilmes de Antaño” en http://elquilmero.blogspot.com.ar/2011/05/don-andres-baranda-un-fundador-del.html 
[5] Consultar en este sitio Web: “Julio, Pedro y Carlos Costa en la Historia Local de la Tercera Fundación” en http://elquilmero.blogspot.com.ar/2010/09/julio-pedro-y-carlos-costa-en-la.html 
[6] Consultar en este sitio Web: “Historia de Villa La Florida: Avda. Gral. Mosconi, Un Camino Real” en http://elquilmero.blogspot.com.ar/2014/05/historia-de-villa-la-florida-avda-gral.html


lunes, 2 de junio de 2014

LAS PUTAS DE LA DIGNIDAD EN EL TEATRO MUNICIPAL - BAYER EN LA CONCIENCIA DE LA HISTORIA

El sábado más de 600 espectadores fuimos testigos de una apuesta teatral que no solo se presenta como un espectáculo artístico sino como un contundente golpe a las conciencias. Y esta puesta pergeñada y concretada por el historiador Osvaldo Bayer, quien se movió en el escenario como en la sala de su casa, con la vitalidad, el razonamiento claro, el gesto que nos hace reconocer a un reformista que en la edad madura no se transformó en un apoltronado burgués que se disocia de sus ideas y caen en la nostalgia de un pasado que nunca fue mejor. En cambio Bayer nos dice "mejor es hoy porque estamos vivos" y eso nos permite cambiar hora a hora, día a día. 
"La putas de San Julián" nos presenta un momento oprobioso de nuestra historia. Una masacre concebida por una clase social que creía ser, no solo los dueños de la tierra, sino de la dignidad de los hombres, de sus vidas; y las que abrieron conciencias fueron un grupo de mujeres - las putas de San Julián - que repudiaron y enfrentaron los asesinatos del Ejército Argentino enviado por el gobierno radical de Hipólito Yrigoyen a acabar con un huelga que iba en detrimento de la oligarquía agro-ganadera y las corporación agro-exportadoras británicas, sobre todo.
Bayer, tras años de investigaciones, moviliza los cimientos de la historia oficial y de otras interpretaciones que algunas parcialidades políticas y de clase construyeron un tanto acomodadas a esquemas que les favorece. Los que nos educamos en esos esquemas hoy vemos con feliz consuelo que los jóvenes actualmente pueden tener puentes que los acerquen a verdades dolorosas, pero fundamentales y fundacionales de esto que somos los argentinos con todos nuestros defectos y virtudes, que por lo general se suelen poner afuera sin involucrarse, como si no tuviéramos de alguna manera responsabilidades en diverso grado, de cuanto sucede en la historia que caminamos día a día.
Sabemos que algunos espectadores deben haber sentido algún escozor ante el juicio que cae sobre ciertos nombres y apellidos que se extienden en calles y plazas a lo largo y a lo ancho del país. Nombres y apellidos con los que cargaron hombres de un época, sostenida por una pensamiento social, filosófico y político predominante, que en poco se lo puede relacionar con el juicio social, filosófico y político que domina el quehacer intelectual de hoy en día.  Y desde sus contextos debe visualizárselos.

Osvaldo Bayer y los realizadores de la película Awka Liwen (Rebelde Amanecer) Felipe Pigna y Mariano Aiello, fueron demandados por los tataranietos del fundador de la Sociedad Rural  Martínez de Hoz por el documental que denuncia los hechos genocidas de la Campaña del Desierto. En él queda en evidencia el exterminio de los pueblos originarios que habitaban el que hoy es nuestro país, impulsado por el general Julio Argentino Roca. Donde también se menciona que el fundador de la Sociedad Rural, el José Martínez de Hoz - abuelo del ministro cómplice de la dictadura procesista - recibió grandes extensiones de tierras patagónicas y pampeanas por parte de Roca, como agradecimiento por haber sido inversionista económico de la Campaña del Desierto. En el escenario Bayer denuncia esa mordaza a la verdad, producida por una familia que se enriqueció con el sudor y la sangre de la clase obrera... y los que recordamos y padecimos esa economía entreguista y cipaya revivimos nuestros padecimientos de ayer.

El elenco (por orden de aparición) está formado por:
Osvaldo Bayer, Osvaldo Bayer
Muerte, Laura Wich
Sargento, Sergio Pascual
Consuelo, Daniela Salerno
Agente, Hilario Laffitte
Paulina, Alejandra Shanahan
Amalia,  Valeria Castro
María, Mercedes Ferrería
Ángela,  Marieta Acosta
Maud,  Maité Mosquer
Bayer 80 años, Lucio Cerda
Bayer 40 años, Pablo Palavecino
Madre / Marlene, Mónica Soruco
Producción TNC, Lucero Margulis
Producción TNC, en gira Lucía Quintana
Fotografía . G. Gorrini / M. Cáceres
Diseño gráfico, Verónica Duh
Asistencia de dirección, Michelle Saffores
Banda de sonido, Agustín Demicheli
Coreografía, Mónica Soruco
Diseño de iluminación, David Seldes
Diseño de vestuario y escenografía, Vanesa Abramovich.

Dice Rubén Mosquera director de esta asombrosa puesta: “Cuando Osvaldo Bayer me habló en el foyer del Cervantes, planteándome representar el episodio de las mujeres del prostíbulo “La Catalana” de San Julián, y luego de varias conversaciones
con él me di cuenta que tenía la posibilidad de poner en escena, a la par que un episodio ignorado y sepultado por la historiografía oficial, a un Osvaldo de carne y hueso que es uno de esos seres, con los que muy rara vez tenemos el privilegio de cruzarnos en la vida, que andan por este mundo caminando con alas en la espalda y llenando el aire de cada ensayo de pasiones y valores que por liberados resultan liberadores para todos los que estamos con él.
Con Bayer en la presentación de "Entre dichos" en la E.E.M. Nº 3
Este proyecto resultó para todos los que participamos, un espacio de militancia teatral, que hizo poner el cuerpo a las actrices hasta el límite mismo del dolor físico, a los golpeadores a padecer por enfrentar la propia anatomía a sentir como lo hace un torturador, y al conjunto a estar al borde de la sensibilidad a flor de piel pasando por el cuerpo los recuerdos y los valores íntimos y personales, para contribuirá una historia que nos interpela como sociedad. Convivir en cada encuentro con la recreación de tanto dolor y muerte hizo que cada ensayo se transformara en una misa pagana de celebración de la vida, con Osvaldo oficiando de ángel de la guarda y patriarca protector de todos los que participamos, porque su magia simplemente sucede, como el olor a tierra mojada, sin anunciarse y llenando de alegría nuestros sentidos. Recorrer este camino en cada representación nos hizo vivir al hecho teatral, en tanto un espacio de estricto orden y de imprevisible aventura, como una fiesta”.

OSVALDO BAYER nació en Santa Fe en 1927. Estudió Historia en la Universidad de Hamburgo, Alemania, de 1952 a 1956. De vuelta en la Argentina se dedicó al periodismo, a la investigación
histórica y a guiones cinema­tográficos. Trabajó en los diarios Noticias Gráficas, en el patagónico Esquel y en Clarín, del cual fue secretario de redacción, y en diversas revistas. Fue secretario general del Sindicato de Prensa de 1959 a 1962. Por el libro La Patagonia rebelde y el film del mismo nombre fue perseguido y tuvo que abandonar el país en 1975. Vivió en el exilio, en Berlín, hasta su regreso a Buenos Aires, en 1983. Colabora en varios medios nacionales y extranjeros. Ha publicado los siguientes libros: Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia (1970); La Patagonia rebelde (Los vengadores de la Patagonia trágica, 1972-76, cuatro tomos); Los anarquistas expropiadores (1974); Radoicitzky, ¿mártir o asesino? (1974); La Rosales, una tragedia argentina (1974); Exilio (1984, en colaboración con Juan Gelman). Fue el guionista de los films: La maffia (1972); La Patagonia rebelde (1974); Todo es ausencia (1983); Cuarentena: exilio y regreso (1984); Juan, como si nada hubiera pasado (1986); La amiga (1989); Amor América (1989); Elizabeth (1990); El vindicador (1991) Panteón militar (1992); los últimos seis en coproducción con Alemania. En diciembre de 2006 publicó con Fabián D’ Aloisio y Bruno Nápoli, “Ventana a la Plaza de Mayo. Las Madres y Osvaldo Bayer”, con sus columnas en el periódico de las Madres desde 1984 hasta esa fecha y un análisis de su escritura junto a las Madres de Plaza de Mayo.
EL QUILMERO, comprometido con la verdad histórica, con los historiadores que no tienen compromisos con los poderes corportivos ni económicos aprovecha la nota para insistir en la divulgación de la obra esclarecedora del Maestro Osvaldo Bayer.


LA PATAGONIA REBELDE es el testimonio histórico de la cruenta represión patagónicas de 1921 y de la consiguiente matanza de obreros. Durante mucho tiempo la expedición del teniente coronel Varela al sur argentino, que dejó un reguero de sangre, fue el tema más tabú de nuestra historia cercana: estaba de por medio el Ejército Argentino. Se intentó encuadrar esa misión dentro del problema fronterizo con Chile, se rodeó la huelga de leyendas negras sobre “infiltración extranjera” para ocultar que los regimientos al mando de Varela fusilaron a 1500 trabajadores por reclamar por sus derechos. Cuando en 1974 los dos primeros tomos de la rigurosa investigación de Osvaldo Bayer se transformaron en película, el Ministerio de Defensa vetó su exhibición. Al mismo tiempo Bayer comenzó a recibir amenazas telefónicas y visitas de diversos servicios de informaciones. Sus libros fueron sacados, de los anaqueles de las librerías por soldados, y cargados en camiones del Ejército para hacerlos desaparecer. Es el tiempo de oprobio: en esas condiciones Bayer concluyó el último tomo de La Patagonia Rebelde, que nunca pudo publicarse en la Argentina. Dieciséis años más tarde, Planeta editó la versión completa y definitiva de un clásico de la historia política nacional. Bayer revisó cientos de nuevos documentos y entrevistó decenas de nuevos testigos, y esta perspectiva ampliada permite decir que, aunque emparentada con la edición anterior, el lector tiene en sus manos una genuina novedad editorial. Con La Patagonia Rebelde, cuyos primeros tomos aparecieron con el nombre de Los vengadores de la Patagonia trágica, Bayer asume la difícil tarea de contar la historia viva, una historia que no pierde el filo de la actualidad.


¿Quién fue responsable de la masacre de obreros patagónicos en las huel­gas rurales de 1921 y 1922? ¿El gobierno de Hipólito Yrigoyen o el Ejército? ¿Qué grado de culpabilidad debe asignarse a la acción individual del teniente co­ronel Héctor Benigno Varela? A estos interrogantes tan discutidos durante más de medio siglo da respuesta el historiador Osvaldo Bayer en este tercer tomo de La Patagonia rebelde. Y para fundamentar esas respuestas presenta pruebas his­tóricas irrefutables: los documentos oficiales, los telegramas cifrados entre las autoridades, las crónicas periodísticas de época, los testimonios de los sobrevi­vientes y el debate parlamentario acerca de los hechos, en lo que fue una délas sesiones más vividas de la historia del Congreso de la Nación. La masacre de la Patagonia burló las leyes de la República y dejó profun­das dudas en el ejercicio de la democracia del gobierno constitucional. En ese clima llegaría el dramático epílogo de esos hechos, cuando los anarquistas de Buenos Aires decidieron hacer justicia por propia mano. A setenta años de aquellos hechos, las instituciones responsables siguen sin con­siderar necesaria la autocrítica de esos procederes ni la reivindicación de las vícti­mas. En ese sentido, resulta escalofriante leer las pruebas judiciales que aporta Bayer en este libro, para comprobar que el método aplicado por los oficiales del Ejército en la represión de los obreros patagónicos fue el mismo que utilizarían medio siglo después: antes déla matanza se procedía a la tortura de las víctimas y al robo de sus pertenencias. "La Patagonia Rebelde" es, por ello, un libro de lectura indispensable para to­dos aquellos interesados en la verdadera historia de nuestro país.
Crónica Prof. Chalo Agnelli
chaloagnelli@yahoo.com.ar 




jueves, 22 de mayo de 2014

FRANCISCO CÚNEO - PRIMER DIPUTADO OBRERO – FUNDADOR DE “EL ARIETE”



Cuando para entrar en política era necesario pertenecer a alguna familia acaudalada o militar, o tener un título universitario -abogado y médico en especial -, la aparición en el escenario público de Francisco Cúneo fue sorprendente. ¡Un técnico electricista, un hombre humilde, de barrio!
Eran épocas de cambio en la Argentina del nuevo siglo: épocas de inmigración, de surgimiento de la clase obrera y expansión de la clase media. El partido conservador digitaba los destinos del país. En 1904, en las únicas elecciones llevadas a cabo por el sistema de circunscripciones en la Capital Federal, ganó en el barrio de La Boca el doctor Alfredo Palacios, que así se convirtió en el primer diputado socialista. Pocos años después, en 1912, el voto secreto y obligatorio, promovido por el presidente Roque Sáenz Peña, permitió el ingreso de nueva sangre a los estrados decisorios.
El mes de noviembre de 1902, el gremio de panaderos llamó a paro bajo el reclamo de una mejora salarial, la disminución de las largas horas de trabajo y mejores condiciones laborales. La respuesta del gobierno fue una brutal represión. Acto seguido y a modo de solidaridad los obreros portuarios porteños paralizaron sus actividades, originando el cese de las operaciones en el puerto de Buenos Aires, el más importante del país. Ante este panorama, la anarquista Federación Obrera Argentina (FOA) llamó a huelga el 20 de noviembre, agregando a los reclamos el rechazo a la Ley de Residencia. Al día siguiente, la huelga se conformó en un éxito inédito para la historia del país, sorprendieron al mismo gobierno, dada la presencia de veinte mil obreros en paro y en las calles. Siguieron a esta la huelga de estibadores del puerto Ingeniero Guillermo White, en 1907 y  la Semana Roja de 1909.
El terreno estaba preparado para el salto de Francisco Cúneo que gozaba de prestigio por su sabiduría práctica en el campo de la electricidad. Curiosamente, no solo impulsó la promulgación de nuevas leyes de reivindicación obrera, sino también creó un sistema para conteo en la votación que aún se utiliza.


POLÍTICO, GREMIALISTA Y COOPERATIVISTA

En 1875, nació en Buenos Aires Francisco Cúneo. En una época en que prevalecía el analfabetismo se educó en una escuela estatal y al poco tiempo ingresó al colegio salesiano Pío IX de Artes y Oficios del barrio de Almagro, el mismo que tuvo como alumno a su futuro compañero en la Cámara de Diputados de la Nación el Dr. Nicolás Repetto. En esa institución Cúneo terminó sus estudios de mecánico electricista

Afiliado desde muy joven al Partido Socialista, se muda en 1907 a Bernal, donde construye su propia casa en la calle 9 de Julio mientras trabaja en la papelera Celulosa Argentina, cerca de su domicilio; donde desarrolló actividades sindicales. Creó el primer Centro Socialista de Bernal, fue cooperativista y en 1909, fundó en Quilmes el periódico “El Ariete” [1] para difundir las ideas de su partido. Este medio de prensa fue contemporáneo de los periódicos conservadores "El Platense" o ''La Comuna". El primer número
apareció el día 5 de Julio de 1909, publicaba ediciones extraordinarias los días 1º de Mayo. En esta hoja, que es la segunda por su antigüedad en el periodismo quilmeño de comienzos del siglo XX, colaboraban: Humberto Barraza, Luis Ricagno, Anto­nio Zamora, José M. Lemos, Luchelli, Gallo y muchos otros. Fue un periódico de combate, sostenía airosamente en su redacción por Jorge Silvia y Raimundo Cavagnolo. En 1927, se habían publicado 615 números.
También se le debe la creación de la biblioteca “Agustín Álvarez”, en 1916, la primera de Bernal; que perduró hasta 1970 con varias clausuras durante los sucesivos gobiernos de facto. [2]
Cúneo asume como diputado nacional en 1914. Es el cuarto  más votado en la Capital Federal (43.094), precedido por sus colegas socialistas Nicolás Repetto, Mario Bravo y Antonio de Tomasso y superando a los también socialistas Ángel Giménez y Antonio Zaccagnini. Los últimos tres porteños en entrar a la legislatura eran los radicales Castellanos, De Veiga y Le Bretón.
Enseguida, Cúneo propone la creación de la Comisión de Legislación del Trabajo, que quedará conformada en 1920. La oportunidad de alcanzar esta posición legislativa la aprovecha al máximo proyectando ideas, como la liberación de derechos aduaneros a la importación de carne fresca y ganado en pie, el cierre de comercios a las 20 (se hará ley en 1934) y normas de seguridad e higiene en el trabajo (1917). Además suscribe el proyecto de ley de exploración y explotación de yacimientos petrolíferos situados dentro y fuera de las reservas fiscales (1914), y presenta el proyecto de ley que prohíbe a las empresas de servicios públicos o de cualquier otra naturaleza la imposición a sus obreros y empleados de constituir asociaciones o comités o firmar petitorios de apoyo o de combate de iniciativas o proyectos de cualquier naturaleza (1915).
En 1916 impulsa la idea de declarar feriado al primero de mayo, recordando que él había estado en la primera celebración de este día en la Argentina en 1890. Se discute el tema y en 1925 se lo oficializa.
Viendo que no siempre el recuento de las votaciones en el recinto se ajustaba a la realidad, propone en 1915 el uso de un procedimiento electromecánico con un letrero luminoso donde se establecía la cantidad de diputados presentes y el número de votos afirmativos y negativos. El proyecto le pertenecía ya que Cúneo era técnico electrónico, pero, no obstante, dos años más tarde promovió la apertura de un concurso y el llamado a licitación. La cámara aprobó su proyecto, pero recién en 1938 se implantó el sistema que actualmente se utiliza.


INVENTOR

El centenario de la Revolución de Mayo fue una excelente excusa para mostrar la creciente Argentina de entonces. Además de los festejos en el quinto mes de 1910, en julio de ese año se celebró la Exposición Internacional de Ferrocarriles y Transportes Terrestres. Era el momento y el lugar justo. Francisco Cúneo tenía un proyecto interesante para mostrar, el anunciador electro automático para evitar choque de trenes. No contaba con suficiente dinero para pagar los derechos de expositor, pero solicitó a la comisión organizadora que lo eximieran y así logró su cometido.
El aparato ayudaría a mermar el número de accidentes ferroviarios siempre que las empresas transportistas lo adoptaran con un costo “insignificante comparado con los perjuicios morales y materiales que se evitarían”.
Para esto, Cúneo preparó una maqueta en la que exhibía al público y al jurado de honor las bondades de su proyecto. El trabajo lo hizo en la Compañía General de Fósforos. La fábrica de cigarrillos y habanos Monterrey le facilitó el dinero para sus folletos. La labor fue ardua, no sólo en la construcción de la miniatura sino también en la preparación minuciosa de los planos, cuyos originales aún se conservan. Los periódicos siguieron de cerca la exposición y a los expositores y, por caso, La Argentina, La Nación y El Diario cuentan acerca del éxito del aparato de Cúneo en el citado encuentro.
Por medio de lámparas y campanillas eléctricas, que pueden accionarse simultáneamente, la locomotora en marcha anunciará su paso a uno o más kilómetros de las estaciones o paso a nivel. El aviso sólo se detendrá automáticamente una vez que el tren haya pasado. Cúneo remarca lo de “automáticamente”, porque esto eludía la necesidad de tener una persona atendiendo el sistema con el costo y la falibilidad que acarrea.
Además había un camino inverso: los días de niebla, cuando el conductor de la locomotora no puede ver las luces o señales de los semáforos, se le informará si la vía está ocupada, también por medio de luces y campanillas.
En las estaciones, además, se agregará un cartel luminoso que indicará de dónde viene el tren, a dónde va y en qué estaciones de ese trayecto parará. Incluso, llegando a un verdadero extremo de seguridad para la época, si dos trenes se enfrentan accidentalmente por la misma vía, no solo recibirán el anuncio del peligro, visual y sonoro, sino que las locomotoras se detendrán de inmediato sin intervención del personal de conducción.  
En la ocasión presentó al comisario general de la Exposición, ingeniero Juan Pelleschi, un petitorio con el objetivo de que el jurado presencie las operaciones en su maqueta, pues merecía un examen bien prolijo tras el enorme sacrificio que había realizado, y obtuviera así una recompensa como inventor que sirva a su vez de estímulo “para que otros obreros apliquen sus aptitudes a algo que, honrándose a sí mismos, honren también al país”. Así obtuvo la Medalla de Oro y Diploma de Honor.

EL INSTITUTO DE EXPERIMENTACIÓN OBRERA

Tiempo después fue entrevistado por la revista Caras y Caretas. En una nota sobre los inventos afirma que, además de los millares de patentes de invención (la suya era la 7740), hay muchos obreros que no podían avanzar en sus investigaciones debido a la falta de dinero y que intentaría conseguir en diputados un presupuesto para crear un instituto de experimentación. En ese momento estaba trabajando en el proyecto de un aparato para evitar accidentes de aviación.
Una carta que obra en poder de su nieto muestra que, medio año más tarde que la exposición, en junio de 1911, Cúneo se dirige al ingeniero principal de la Administración General de los Ferrocarriles del Estado enviándole los dibujos o planos de su invento más los costos de las piezas que, con los gastos de “instalación, viage (sic), estadía, etc, no excedería en mucho a la suma de 6.000 pesos”. El manuscrito termina con sus deseos de obtener el apoyo del gobierno “de mi país de acuerdo con lo expresado al Sr. Diputado Nacional Don Manuel B. Gonnet por el Excmo. Sr. Ministro de Obras Públicas de la Nación”. No se sabe si estas gestiones prosperaron.
LA LEY SÁENZ PEÑA 
Francisco Cúneo fue diputado hasta 1917. Durante ese período siguió trabajando en la fábrica de papel y donaba sus ingresos estatales al partido socialista. En marzo de 1918 integró con Nicolás Repetto la fórmula del partido Socialista que ocupó el tercer lugar en las primeras elecciones bajo la Ley Sáenz Peña para gobernador de la provincia de Buenos Aires. En octubre, ocupó una banca en el Concejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires hasta su muerte. Sobre 28 concejales electos, el partido Socialista aportó diez, entre los que se encontraban, además del inventor, figuras de la talla de los doctores Adolfo Dickmann y Ángel Giménez. En esta función trabajó duro para la construcción de obras de saneamiento, higiene y trabajo en la capital como así también la provisión de ropas para escolares. Los detalles de su extraordinario aporte legislativo pueden verse en el libro de Juan Antonio Solari, publicado a un siglo de su nacimiento. 
DECESO TEMPRANO 
Cúneo falleció en Córdoba el 14 de noviembre de 1920, tenía sólo 45 años. Sus restos fueron trasladados en tren hasta Retiro y luego velados en el local socialista de la calle México al 2000. Si bien la compañía de tranvías Lacroze había dispuesto treinta coches para llevar su cadáver y el cortejo fúnebre hasta el cementerio de Chacarita, los socialistas cargaron el cajón a pulso hasta Rivadavia y Junín, donde estaba la sede del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Socialista, y recién allí fue cargado en la carroza mortuoria.
Pese a su corta vida, su obra política y sus inventos se perpetuaron hasta nuestros días. Así como Alfredo Palacios fue el primer diputado socialista de América, Cúneo y el ferroviario Antonio Zaccagnini fueron los primeros obreros socialistas que llegaron a diputados nacionales.
Era un orador certero, contundente, directo; no abundaba en remilgos retóricos ni en adjetivación florida; breve, pero sustancioso, sin fraseo demagógico"; escribió de él en El Ariete, el profesor Luis Ricagno en 1945, en el 25º aniversario de su muerte.  
Escribió el historiador de Bernal don Felipe Firpo, quien conoció a Luis, uno de sus hijos: “Cúneo tuvo en su vida una conducta ejemplar y de fidelidad a sus ideales.” Sus descendientes viven en Bernal y Don Bosco.

Una calle porteña del barrio de Villa Real lo recuerda desde 1933, no así en Bernal.

Compilación Chalo Agnelli
FUENTES

Firpo, Felipe Jorge. “Recuerdos del viejo Bernal”. El Monje Editor. 1992

Santillán, Diego A. de. “Gran Enciclopedia Argentina”. EDIAR Soc. Anon. Editores. Buenos Aires, 1956. Tomo II - Pág.524.

Solari, Juan Antonio. "Francisco Cúneo, un obrero socialista en el parlamento argentino." Editorial Afirmación, 1975.
NOTA