miércoles, 19 de junio de 2013

LAS COCHERÍAS ESCOBAR Y ROVERANO (colaboración Juan Carlos Grassi)

“COCHERÍA ESCOBAR Hnos."
Recopilación: Juan C. Grassi
Uno de los establecimientos más antiguos del partido de Quilmes decían, allá por 1935, que lo constituyó la cochería y empresa de pompas fúnebre Escobar, fundada por el señor Juan A. Escobar en el año 1865, ubicándosela en la calle Nicolás Videla 372, de esta ciudad, donde aún se hallaba en el año 1935.
El señor Juan A. Escobar atendía personalmente su establecimiento a fin de asegurar la eficacia de los servicios, adquiriendo rápidamente grandes simpatías por el especial desinterés que tenía para con las familias modestas que encontraban siempre eco en los sentimientos generosos de su propietario, razón por la cual se consolidó su reputación.
Las instalaciones de la empresa eran lo suficientemente amplias como para alojar los carruajes y otros elementos propios de estos servicios. 
En el año 1935 dirigían la empresa los hijos de D. Juan A. Escobar, José S. y Anibal M., manteniendo siempre la misma característica que le había impreso Juan C. Escobar, desde su fundación.
Los servicios siempre se distinguieron por la perfección y excelente organización de los mismos, siendo la empresa que efectuaron muchos de los servicios importantes y de mayor lujo del partido de Quilmes. 
Sus coches eran de una majestuosidad e imponencia comparables, sin ninguna desventaja, con los de las empresas de cocherías y pompas fúnebres de la Capital Federal.
Las carrozas fúnebres y los carruajes portacoronas fueron de los mejores existentes en el país por su suntuosidad e imponencia. 
Las capillas magníficas y respondían a creaciones hechas por técnicos especialistas en la materia.
La sección de coches para bodas y bautizos mereció elogiosos comentarios por parte de las familias que los contrataban, siendo los coches iluminados con todo gusto, una de las características de una empresa moderna como fue merecidamente conceptuada la casa Escobar Hnos. 
Contaba con una bien instalada sucursal en la localidad de Bernal, situada en la calle 9 de Julio n° 74, teléfono “U.T.6 Bernal”, la que fue atendida por D. José S. Escobar, componente de la firma, funcionando durante el día y la noche.
La casa central, que ocupaba un amplio local ubicado en Quilmes desde la fecha de su fundación, estuvo atendida por otro de los miembros de la firma, Aníbal M. Escobar; allí se guardaban los elementos de la empresa. 
Un personal competente y de mucha experiencia atendía los servicios efectuados por esta reconocida empresa, dando lugar a la ocupación de numerosos brazos de personas radicadas en este pueblo, lo que hacía aún más rendidora y eficaz su permanencia.
La especial y constante dedicación que la familia Escobar ponía al servicio de su comercio les conquistó sólidos y amplios ascendientes, siendo una de las empresas más conocidas de la localidad, contribuyendo a ello la seriedad de sus procederes y las gran experiencia de los dueños lo que les permitió realizar servicios y traslados a la capital, a inferiores precios que las firmas de la Capital Federal. Por ello, la acción desarrollada en el transcurso de su larga actuación fue digna del mayor elogio, caracterizándose siempre por su consideración hacia la clase humilde, la cual, a pesar de contar con precios sumamente reducidos, gozó de largos y cómodos plazos para efectuar sus pagos, sin que esas humanitarias facilidades perjudicaran en nada la calidad del servicio. 
El proceder de los propietarios de la Cochería Escobar, la primera del partido, les conquistó, a ellos personalmente y a la casa por ellos dirigida, una sólida autoridad y una amable simpatía, que se puso de manifiesto en cuanta oportunidad se les presentó; excelencia que fácilmente se explicaba al considerar las bellas cualidades de los hermanos Escobar, que pusieron al servicio del público que los necesitaba.
Esta casa constituyó un alto exponente del potencial comercial del partido, logrando con su acción constante al mayor desarrollo del mismo.

“COCHERÍA ROVERANO”
   En el año 1884 D. Eliseo Roverano instaló una cochería en la calle Montes de Oca 1881, siendo la primera establecida en ese radio, ya en esa época densamente poblado, donde conquistó una merecida reputación y gran estimación por las familias modestas, pues sus servicios no desmerecían en nada y su precio se reducía en un 50% o más.
El 1° de enero de 1903 D. Eliseo Roverano compró al señor March la cochería de su propiedad ubicada en la calle Mitre y Garibaldi, donde funcionó por muchos años, siendo luego trasladada a la calle Alvear esquina Garibaldi, ocupando en el año 1935 un cuarto de manzana, donde se alojó cómodamente el lujoso y bien cuidado material rodante para su servicio.
Posteriormente la sucesión de Roverano es la que dirigió los destinos de la cochería, continuando siempre con la norma de conducción impuesta por D. Eliseo Roverano, lo que conquistó sólidos prestigios y gran estima por parte de sus colegas y de la gente humilde que comprobó siempre su desinterés.
Ello dio  motivo para que en el mismo año (1935) instalaran una sucursal en Bernal, lo que hizo innecesario recurrir para servicios de cochería a la Capital Federal o a las ciudades vecinas, lo que le reportaría un aumento en el precio de los mismos, economía que le producía contratar a la empresa Roverano en la seguridad de obtener un servicio a la altura de los mejores bonaerenses de la época.
En el deseo de mejorar y ampliar el servicio, los señores Roverano aumentaron el personal traduciéndose en mayor ocupación. Entre los nuevos elementos con que mejoraron sus actividades figuraban una carroza portacoronas  que era la mejor que existía en la República. Fueron los primeros en emplear coches iluminados eléctricamente y las primeras capillas ardientes eléctricas.
Lo que sí lamentaban sus dueños era los elevados derechos que pesaban sobre los coches a motor ya que no compensaban la utilidad que prestan e imposibilitaban su empleo, pues el costo de los mismos para las familias sería muy elevado.
No contentos con todo el servicio prestado a la población, los Roveranos tenían un contrato con la casa Cánepa Hnos. de la calle Montes de Oca 1881 (ex Roverano), que les permitía realizar cualquier traslado y servicio del mayor lujo y confort modernos.
Recopilación: Juan C. Grassi – Mayo 2013
Miembro de ASOCIACIÓN ORÍGENES BERAZATEGUI Fuente: Crónica. Quilmes-Bernal. Núm. 619. Año 1935.
E-mail: jcgrassi1420@hotmail.com 
 
APÉNDICE NECESARIO
Chalo Agnelli
El apellido Roverano se remonta a Borghetto di Vara, una localidad y comuna italiana de la provincia de La Spezia en la región de Liguría. En Borghetto di Vara hay un barrio o frazione, llamado Termine di Roverano en cuya calle central homónima se halla Il santuario di Nostra Signora di Roverano.
La familia Roverano tuvo una relevante actuación el vida social, cultural, política, económica y deportiva de Quilmes. El Ingeniero Oreste Roverano realizó con don Manuel Ales la primera transmisión radial en Quilmes (Ver: http://elquilmero.blogspot.com.ar/2010/09/semana-del-maestro-profesor-e.html); su hermano Víctor descolló en las artes plásticas al punto que su nombre, junto con el de Carlos Morel, el de Julio Fernández Villanueva y el de Aldo Severi (en distintos períodos del arte local), es fuente de aprendizaje para las nuevas generaciones (Ver: http://elquilmero.blogspot.com.ar/2013/05/victor-ernesto-roverano-un-artista-un.html) Y otro hermano, Eduardo, siguió con la empresa que fundó don Eliseo, la que incrementó su renombre con su hijo Eduardo Ernesto que falleció en 2012. Don Eduardo Ernesto Roverano fue un vecino enamorado de “su Quilmes natal”; noble ser humano. Sus múltiples actividades superaron el tiempo y la fuerza vital del hombre común: tercera generación de la empresa “Cochería Roverano”, como se dijo anteriormente, fundada en 1883, por su abuelo don Eliseo. A la catergoría de empresario supo sumarle la de asistente social, no solo como colaborador de
instituciones de bien público, sino también, realizando innumerables sepelios sin costo para personas carentes. Fue socio fundador de FADAF (Federación Argentina de Entidades Funerarias),
presidente de “Nivel Empresario” de Quilmes. Integrante del jurado de ética de la misma entidad.
Su actividad social y comunitaria fue intensa y reconocida: presidente del Club Social de Quilmes, fundador de la Cámara de Comercio de Quilmes, integrante de la Sub Comisión de Futbol local entre los años 1975 a 1979; integrante de Relaciones Publicas Internacionales de la Asociación del Futbol
Argentino (A.F.A.); presidente del Club Quilmes de Hockey; integrante de la Asociación Cultural Sanmartiniana de Quilmes, del Instituto Belgraniano de Quilmes y Berazategui y presidente de la Sub Comisión de Cultura del Club Social de Quilmes; miembro de la Comisión Directiva del Pejerrey Club; integrante de Ceremonial y Protocolo de la Municipalidad durante la gestión del Dr. Fernando Geronés. En su juventud defendió los colores en fútbol y en hockey del Quilmes Atlético Club, como miembro de la Selección Argentina de Hockey sobre Patines. Estaba casado con docente Norma Olga Ulibarri y son sus hijos: Eduardo, Hernán y Marcelo. Breve y rápida reseña de la vida de un quilmeño con valores éticos y morales que supo trasmitir a sus hijos y nietos. Si existiera el título póstumo de Ciudadano Ilustre, don Eduardo lo merecería.
 Como pequeña prueba de la integridad empresarial y humana de don Eduaredo vale recuerar la entrevista que se le realizó, varios años atrás para el “Canal 9”, a causa de la denuncia por "el negocio de la muerte" en las Clínicas privadas que hacían algunos inescrupulosos. Decía en aquel encuentro don Eduardo: “Esto que esta pasando ahora no es nuevo. ¡Mi padre se atrevió a denunciarlo hace muchísimos años atrás sin ningún resultado! Empleados de ciertas funerarias deambulan por los pasillos de las Clínicas como buitres, esperando que se produzca algún fallecimiento para ofrecer a los deudos los servicios de su cochería… ¡Algo inhumano… indigno!  Como así también la connivencia de ciertas casas mortuorias con la policía. Sé lo que me juego con esto, pero basta ver en la morgue judicial de Quilmes el libro de retiro de fallecidos para comprobarlo. ¡Pobre profesión! Pobre la gente que cae en medio de estas maniobras espurias que parecen sacadas de una película de terror! ¡Cómo no me voy a enfermar!... Estoy a punto de poner en venta mi razón social de 130 años. ¡Esto no da para más! Y para colmo las autoridades parecen que no lo ven a pesar de mis denuncias. Sé que me juego la vida con esto, pero es lo mínimo que puedo hacer por las familias que pierden a un ser querido y por mis vecinos de Quilmes…”
Eduardo Roverano, cuarta generación de esta familia, delante del cuadro de su tío abuelo Víctor Roverano en el Museo de Artes Visuales homónimo. Eduardo Roverano contiúa con la empresa familiar.

Crónica Chalo Agnelli
Fotos sin rótulo gentileza Eduardo Roverano y Carlos Scott

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