IDENTIDAD - PERTENENCIA - TRADICIÓN - INSTRUMENTO DE DIVULGACIÓN HISTÓRICA DEL PARTIDO DE QUILMES Y SU ZONA DE INFLUENCIA, DESDE MÁS ALLÁ DE SUS ORÍGENES EN 1666 CON LA COMPULSIVA LLEGADA DEL PUEBLO QUE NOS DIO GENTILICIO Y TOPONIMIA, LAS TRES FUNDACIONES, FRAGMENTACION POLITICA, ORIGEN Y DESARROLLO DE SUS INSTITUCIONES, BIOGRAFÍAS, COMENTARIO DE LIBROS DE AUTORES LOCALES Y TODA LA BIBLIOGRAFÍA REFERENCIAL QUE SURJA Y SE DESCUBRA... "NO SE AMA LO QUE NO SE CONOCE". CHALO AGNELLI
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lunes, 7 de febrero de 2011
martes, 1 de febrero de 2011
LOS CARNAVALES EN BERAZATEGUI - 1928
Los Carnavales perdieron sentido, fuerza y vigencia. Hay atisbos de recuperación, por lo general vanos, pero bueno es recordar cuando la gente se divertía llanamente y sin aspavientos. En aquellos años en que la vida social era muy reducida estos encuentros eran un aliciente para afianzar el gregarismo de una comunidad en formación, fuertemente marcada por inmigrantes de diversas partes del mundo que se encontraban en una tierra ajena a la que poco a poco fueron haciendo suya. Los carnavales, en aquellos años en que la iglesia católica lo repudiaba enérgicamente bajo amenaza de condenación eterna, no se doblegaron a los prejuicios, pero si los mataron las sucesivas dictaduras con sus estados de sitios y leyes marciales, la censura, la televisión y el aislamiento humano que toda sociedad que crece desmedidamente sufre sin posibilidades de sano retroceso.
LOS CARNAVALES EN BERAZATEGUI
12 DE FEBRERO DE 1928 – PERIÓDICO A.B.C.
“Como lo informáramos en nuestra edición anterior, quedó constituida la comisión de vecinos que ha tomado a su cargo la realización del primer corso del pueblo de Berazategui, auspiciado por la Sala de Primeros Auxilios.
La "referida* comisión que preside el señor Florindo Rossi, hállase integrada por las siguientes personas; F. Rossi, M. Fernández, R. Calumi, V. Rey, I. Iglesias. S. De Blossi, J. Deliagiovanna, O. Battiato, S, Aseff, R. Fulgueiro, M. Siso, J. Alpini, S. Borgoño, M. Sentini, J. Rodó, S. Villari, J. Roca, J. Sentís, H. Pozzoni, M. Bosolser, J, Iglesias, J. Franchini, E Trouvé, M, Espigares, S. Sombruschiní (h.) B. Rolando, L. González y J. C. Nolfi.
Se halla entregada a una activa tarea también la comisión de señoritas efectuando actualmente una colecta entre el comercio y el vecindario, que ha de resultar de gran éxito, pues hasta ayer alcanzaba a la cantidad de 250 pesos
Fueron establecidos […] por la comisión […] el precio de los palcos y el de entrada de vehículos.
Los palcos de primera categoría situados en la Diagonal B. y los dos primeros de la calle 14, tienen fijada la cantidad de 25 pesos moneda nacional por el alquiler de cinco noches, pudiéndose ocupar por noche a 6 pesos. Los de segunda categoría, situados en la calle 14, tendrán el siguiente precio: 20 y 5 pesos durante el carnaval y por noche, respectivamente.
Para alquiler de los mismos, deben dirigirse los interesados al señor Juan Dellagiovanna, Diagonal B y 14.
El precio de entrada de vehículos ha sido estipulado como sigue: autos, carruajes, etc., 2 pesos moneda nacional, camiones y chatas 3 pesos; ginetes (sic), 1 peso.
El corso tendrá habilitados las siguientes entradas: Diagonal B., frente a la estación; Diagonal B y 14; 14 y 31.
Comisarios de corso han sido designados los señores Rodolfo Mendiberry y A. Buzo.
En la semana que se inicia serán colocadas guirnaldas de luces, cuya intensidad luminosa ha de ofrecer un aspecto insospechado. Falta ahora, para mayor lucimiento del corso, la contratación de una banda de música y como tal cosa no lo permiten los fondos de la comisión organizadora, sería de desear que e! señor intendente facilitara para cierto momento del corso una de las bandas que actuarán en Quilmas; pedido que harán mañana dos miembros de esa comisión.
Sería completa de esta forma la cooperación que ha prestado la municipalidad para esta corso, consistente en 12 palcos, arreglo de calles, riego de las mismas y todo el personal destacado aquí para los trabajos que demande el corso.
La ubicación de estos palcos así como el oficial, que será armado merced a una gentileza de los señores Olivero y Calumi, ha de ofrecer un interesante aspecto, pues se descuenta que los ocuparan distinguidas familias de la localidad.
En nuestra próxima edición daremos a conocer los premios establecidos y algunos otros detalles de interés.”
Era usanza que un grupo de jóvenes se confeccionaran trajes iguales como una comparsa, es este caso "Las Primaveras", formado por las señoritas Dallavía, Carossino, Jacobs y Ochera.
Esta comparsa "Las Enfermeras" estaba formada por jóvenes colaboradoras de la Sala de Primeros Auxilios de Berazategui.
(Para ampliar las fotos cliquear sobre las mismas)
Compilación y argumentación Chalo Agnelli/2011
Tomado del periódico A.B.C. del 12 de febrero de 1928
Colaboración Mora Camarero Deprati
jueves, 6 de enero de 2011
ANTIGUOS INCENDIOS QUILMEÑOS
El incendio del 8 de diciembre de 1874
del Dr. José A. Craviotto
para la revista “Fuego y Agua”
31/10/1961
(compilación Chalo Agnelli)
También los incendios tienen su historia, los “iracundos incendios con sus llamas que queman”, como escribió un viejo secretario del Cabildo de Buenos Aires, es el siglo XVII. Resulta hoy imposible saber cuál fue el primer incendio que ocurrió en el pasado de Quilmes, sobre todo si se tiene en cuenta lo precario de las construcciones de otras épocas: ranchos con paredes de barro y techos de paja.
Ya en 1610, Andrés Giménez de Fuentes, en su estancia que ocupaba la actual planta urbana de Quilmes, tenía una población de varios de aquellos ranchos, y en ellos, en las cocinas, había fuego permanente, tanto por la abundancia de leña como por la falta de medios cómodos para iniciarlo rápidamente; esa característica, si bien facilitaba la tarea del mate y del asado, permitía la rápida difusión de chispas; y como esa cocina, las demás en toda la campaña, tal vez en peores condiciones.
Además, en los cálidos veranos, los cardales secos, ayudados por la temible “paja voladora”, servían de abundantísimo combustible, hasta un extremo tal que el Cabildo, por bando, en cierta oportunidad, prohibió “andar pitando por el campo”, para evitar incendios.
Hubo otra causa, otro agente productor de incendios; en abril 26 de 1819, el Intendente de Policía en nota al Cabildo de Buenos Aires — que por intermedio de los alcaldes de hermandad de cada partido extendía su jurisdicción por la campaña — mostraba preocupación por ello. “Se acerca el 25 de Mayo — decía en nota — en cuya celebridad, V. E. animado del entusiasmo que excita todos los años este día memorable, prepara fiestas que recuerdan al pueblo la época en que datan su emancipación y glorias. Entre las varias diversiones que se ejecutan, los fuegos artificiales ocupan el primer lugar, por el gusto con que concurre el público a su expectación. Sin embargo estoy en la obligación de observar a V. E. los riesgos a que exponen estos fuegos para que si pesan en su consideración se sirva prevenir no se usen de la clase que indicaré: tales son los llamados cohetes votadores y buscapiés”.
Hasta aquí, los agentes productores de incendio. En cuanto al combustible, expone: “… dentro de la Capital y en las inmediaciones a la Plaza grandes y numerosos depósitos de leña de rama, cardo y biznaga y otros combustibles en que por cualquier accidente puede prenderse el fuego, prodigarse a las casas de trato y panaderías en que generalmente se tienen estos acopios, y verse en consternación y graves desgracias sin que baste a impedirlas todo el celo y auxilio de la Policía. Las escupidas y busca pies disparados entre un crecido concurso han quemado repetidas veces los trajes y vestidos de las mujeres, causando sustos de trascendencia en este sexo, que por su delicadeza merece se le ahorren estas incomodidades en las diversiones públicas”.
Queda por considerar otro aspecto, que encaró el periódico EL AMERICANO, en su número del 2l del mismo mes de mayo de ese año, ante la amenaza de fuegos artificiales; glosando así: “aconseja se prohíba el uso de cohetes, bajo pena de prisión, durante las próximas fiestas mayas por los múltiples inconvenientes que trae especialmente para las mujeres y los niños y. además, porque ese detalle puede, de por sí, restar brillo a los actos que se realicen, por los excesos de la plebe, que los arrojan encendidos a los puntos de mayor concurrencia”. Tal el problema de cohetes, busca pies y escupidas.
Precisamente en Quilmes, los festejos patronales de cada 8 de diciembre, anualmente, se hacían — y se hacen aun hoy — con la base, en cuanto se refiere a actos populares en la Plaza, de fuegos artificiales, bombas de estruendo y demás artificios pirotécnicos. Y no solamente los patronales, sino toda fecha que se hubiese querido recordar de algún modo especial.
Al día siguiente de la batalla de Pavón, vale decir cien años atrás, se festejó esa batalla en Quilmes, con el disparo de una gruesa de bombas de estruendo, es decir 144 bombas, que si fueron disparadas por un solo mortero, en la única población del partido, es decir en Quilmes, sus habitantes soportaron un bombazo cada nueve minutos, de sol a sol.
Formaban el arsenal de estruendos, en esos festejos, los clásicos buscapiés, las cañas voladoras, bombas, aros y algo llamado “cañutos escupidores”, según facturas de las casas proveedoras.
En la noche del 8 de diciembre de 1874, la plaza principal, hoy San Martín, estaba iluminada, además de los clásicos faroles a kerosene, con grandes barricas conteniendo alquitrán, que ardía con llama tan poco luminosa como productora de abundante humo pesado, fuliginoso y negro. Volaban cohetes, ruecas que desprendían chispas de colores, buscapiés, bombas de estruendo y cataratas luminosas de muchos colores, producidas por los ya mencionados caños escupidores, que desprendían hacia arriba torrentes de luz, de humo y de estruendo.
A medida que aumentaban los estampidos, las pocas corrientes luces, tan extrañas en el apagado pueblo nocturno, las chispas y el humo, juntamente con las exclamaciones gozosas y también quejosas de aquellos viejos quilmeños, aumentaba la algarabía producida por los desesperados aullidos de los perros asustados y la disparada silenciosa de cuanto gato veía turbada su vida nocturna por las chispas y restos de artificios que caían incendiados, aún en los lugares alejados de la plaza.
En las torres de la iglesia, los lechuzones que allí anidaban, desesperados ante tanto estruendo y luz, y sobre todo por el humo, volaban en círculos alrededor de las mismas, emitiendo sus típicos chistidos de mal agüero.
La atención se concentró en un hermoso globo aerostático, con los colores de su envoltura realzados por la llama interior; la ascensión del mismo llamó la atención tanto como la tarea de prepararlo para ella; de pronto, el humo negro que cubría el cielo quilmeño se iluminó con Otros fulgores menos alegres, que al aumentar con bruscas intensidades rojizas justificó el incendio cuyas llamas se encargaban de producir aquella nueva iluminación. Detrás del monte de higueras que se encontraba a inmediaciones de una fonda con pretensiones de hotel, cuyo edificio fue demolido poco tiempo atrás, en la esquina Rivadavia-Sarmiento, pudo advertirse que ardía el techo y bien pronto el rancho principal y los agregados, propiedad del Capitán Morón, en la actual calle Alem entre Belgrano y Pringles, hacia mitad de cuadra; un rancherío semejante, entre varios árboles muy viejos, había en el mismo lugar, hasta 40 años atrás, reemplazado entonces por varias construcciones, una de ellas de altos.
El incendio alborotó todo el barrio, con sus escasos pobladores, de uno de los cuales llegó la noticia hasta nuestros días; sólo se apagó cuando faltó combustible, es decir, cuando todos los ranchos quedaron hechos cenizas. La causa del siniestro había sido una rueda voladora, disparada desde la plaza y caída allí, precisamente sobre la paja del techo de uno de los ranchos, el más grande, el que tenía más paja.
No ha llegado a nuestros días la noticia de que se hubiese empleado allí agua, tomada de algún pozo de balde; buscando antecedentes de prevención, encontramos que en 1818, el comisario de policía Felipe Robles, que tuvo a su cargo la distribución de tierras en Quilmes en ese año, había ordenado, con fecha 3 de octubre que “los dueños de ranchos del bajo cubran los techos de paja con barro para precaución”. La medida se había dispuesto para Buenos Aires, pero admitiendo que se hubiese empleado, habría sido eficazmente preventiva
Tal fue el incendio del 8 de diciembre de 1874 del que quedó recuerdo en el barrio y llegó hasta nuestros días.
Dr. José A. Craviotto
Para la revista “Fuego y Agua”
Publicación de la Sdad. de Bomberos Voluntarios de Quilmes
Número de su cincuentenario – 31 de octubre de 1961
Director Juan Cornaglia
Primer cuartel de los Bomberos Voluntarios de Quilmes