martes, 1 de febrero de 2011

LOS CARNAVALES EN BERAZATEGUI - 1928

Los Carnavales perdieron sentido, fuerza y vigencia. Hay atisbos de recuperación, por lo general vanos, pero bueno es recordar cuando la gente se divertía llanamente y sin aspavientos. En aquellos años en que la vida social era muy reducida estos encuentros eran un aliciente para afianzar el gregarismo de una comunidad en formación, fuertemente marcada por inmigrantes de diversas partes del mundo que se encontraban en una tierra ajena a la que poco a poco fueron haciendo suya. Los carnavales, en aquellos años en que la iglesia católica lo repudiaba enérgicamente bajo amenaza de condenación eterna, no se doblegaron a los prejuicios, pero si los mataron las sucesivas dictaduras con sus estados de sitios y leyes marciales, la censura, la televisión y el aislamiento humano que toda sociedad que crece desmedidamente sufre sin posibilidades de sano retroceso.

LOS CARNAVALES EN BERAZATEGUI
12 DE FEBRERO DE 1928 – PERIÓDICO A.B.C.

“Como lo informáramos en nues­tra edición anterior, quedó cons­tituida la comisión de vecinos que ha tomado a su cargo la realización del primer corso del pueblo de Berazategui, auspi­ciado por la Sala de Primeros Auxilios.
La "referida* comisión que pre­side el señor Florindo Rossi, hálla­se integrada por las siguientes personas; F. Rossi, M. Fernández, R. Calumi, V. Rey, I. Iglesias. S. De Blossi, J. Deliagiovanna, O. Battiato, S, Aseff, R. Fulgueiro, M. Siso, J. Alpini, S. Borgoño, M. Sentini, J. Rodó, S. Villari, J. Ro­ca, J. Sentís, H. Pozzoni, M. Bosolser, J, Iglesias, J. Franchini, E Trouvé, M, Espigares, S. Sombruschiní (h.) B. Rolando, L. Gonzá­lez y J. C. Nolfi.
Se halla entregada a una activa tarea también la comisión de se­ñoritas efectuando actualmente una colecta entre el comercio y el vecindario, que ha de resultar de gran éxito, pues hasta ayer al­canzaba a la cantidad de 250 pesos
Fueron establecidos […] por la comisión […] el precio de los palcos y el de entrada de ve­hículos.
Los palcos de primera catego­ría situados en la Diagonal B. y los dos primeros de la calle 14, tienen fijada la cantidad de 25 pesos moneda nacional por el al­quiler de cinco noches, pudiéndose ocupar por noche a 6 pesos. Los de segunda categoría, situados en la calle 14, tendrán el siguiente precio: 20 y 5 pesos durante el carnaval y por noche, respectiva­mente.
Para alquiler de los mismos, de­ben dirigirse los interesados al se­ñor Juan Dellagiovanna, Diagonal B y 14.
El precio de entrada de vehícu­los ha sido estipulado como si­gue: autos, carruajes, etc., 2 pe­sos moneda nacional, camiones y chatas 3 pesos; ginetes (sic), 1 peso.
El corso tendrá habilitados las siguientes entradas: Diagonal B., frente a la estación; Diagonal B y 14; 14 y 31.
Comisarios de corso han sido designados los señores Rodolfo Mendiberry y A. Buzo.
En la semana que se inicia se­rán colocadas guir­naldas de luces, cuya intensidad luminosa ha de ofrecer un aspecto insospechado. Falta ahora, para mayor lucimiento del corso, la con­tratación de una banda de mú­sica y como tal cosa no lo per­miten los fondos de la comisión organizadora, sería de desear que e! señor intendente facilitara para cierto momento del corso una de las bandas que actuarán en Quil­mas; pedido que harán mañana dos miembros de esa comisión.
Sería completa de esta forma la cooperación que ha prestado la municipalidad para esta corso, consistente en 12 palcos, arreglo de calles, riego de las mismas y todo el personal destacado aquí para los trabajos que demande el corso.
La ubicación de estos palcos así como el oficial, que será armado merced a una gen­tileza de los señores Olivero y Calumi, ha de ofrecer un intere­sante aspecto, pues se descuenta que los ocuparan distinguidas familias de la lo­calidad.
En nuestra próxima edición da­remos a conocer los premios es­tablecidos y algunos otros detalles de interés.”
 Era usanza que un grupo de jóvenes se confeccionaran trajes iguales como una comparsa, es este caso "Las Primaveras", formado por las señoritas Dallavía, Carossino, Jacobs y Ochera.
Esta comparsa "Las Enfermeras" estaba formada por jóvenes colaboradoras de la Sala de Primeros Auxilios de Berazategui. 

(Para ampliar las fotos cliquear sobre las mismas)

Compilación y argumentación Chalo Agnelli/2011
Tomado del periódico A.B.C. del 12 de febrero de 1928
Colaboración Mora Camarero Deprati

jueves, 6 de enero de 2011

ANTIGUOS INCENDIOS QUILMEÑOS


El incendio del 8 de diciembre de 1874

del Dr. José A. Craviotto 
para la revista “Fuego y Agua” 
31/10/1961
(compilación Chalo Agnelli)

También los incendios tienen su historia, los “iracundos incendios con sus llamas que que­man”, como escribió un viejo secretario del Cabildo de Buenos Aires, es el siglo XVII. Re­sulta hoy imposible saber cuál fue el primer incendio que ocurrió en el pasado de Quilmes, sobre todo si se tiene en cuenta lo precario de las construcciones de otras épocas: ranchos con paredes de barro y techos de paja.
Ya en 1610, Andrés Giménez de Fuentes, en su estancia que ocupaba la actual planta urbana de Quilmes, tenía una población de varios de aquellos ran­chos, y en ellos, en las cocinas, había fuego permanente, tanto por la abundancia de leña como por la falta de medios cómodos para ini­ciarlo rápidamente; esa característica, si bien facilitaba la tarea del mate y del asado, permi­tía la rápida difusión de chispas; y como esa cocina, las demás en toda la campaña, tal vez en peores condiciones.
Además, en los cálidos veranos, los cardales secos, ayudados por la temible “paja voladora”, servían de abundantísimo combustible, hasta un extremo tal que el Cabildo, por bando, en cierta oportunidad, prohibió “andar pitando por el campo”, para evitar incendios.
Hubo otra causa, otro agente productor de incendios; en abril 26 de 1819, el Intendente de Policía en nota al Cabildo de Buenos Aires — que por intermedio de los alcaldes de hermandad de cada partido extendía su jurisdicción por la campaña — mostraba preocupación por ello. “Se acerca el 25 de Mayo — decía en nota — en cuya celebridad, V. E. animado del entusiasmo que excita todos los años este día memorable, pre­para fiestas que recuerdan al pueblo la época en que datan su emancipación y glorias. Entre las varias diversiones que se ejecutan, los fue­gos artificiales ocupan el primer lugar, por el gusto con que concurre el público a su expecta­ción. Sin embargo estoy en la obligación de ob­servar a V. E. los riesgos a que exponen estos fuegos para que si pesan en su consideración se sirva prevenir no se usen de la clase que indicaré: tales son los llamados cohetes votado­res y buscapiés”.
Hasta aquí, los agentes productores de incendio. En cuanto al combustible, expone: “… dentro de la Capital y en las inmediaciones a la Plaza grandes y numerosos depósitos de leña de rama, cardo y biznaga y otros combustibles en que por cualquier accidente puede prenderse el fuego, prodigarse a las casas de trato y pana­derías en que generalmente se tienen estos aco­pios, y verse en consternación y graves desgra­cias sin que baste a impedirlas todo el celo y auxilio de la Policía. Las escupidas y busca pies disparados entre un crecido concurso han quemado repetidas veces los trajes y vestidos de las mujeres, causando sustos de trascendencia en este sexo, que por su delicadeza merece se le ahorren estas incomodidades en las diversio­nes públicas”.
Queda por considerar otro aspecto, que en­caró el periódico EL AMERICANO, en su nú­mero del 2l del mismo mes de mayo de ese año, ante la amenaza de fuegos artificiales; glosando así: “aconseja se prohíba el uso de cohetes, bajo pena de prisión, durante las próximas fiestas mayas por los múltiples inconvenientes que trae especialmente para las mujeres y los niños y. además, porque ese detalle puede, de por sí, restar brillo a los actos que se realicen, por los excesos de la plebe, que los arrojan encendidos a los puntos de mayor concurrencia”. Tal el problema de cohetes, busca pies y escupidas.
Precisamente en Quilmes, los festejos patro­nales de cada 8 de diciembre, anualmente, se hacían — y se hacen aun hoy — con la base, en cuanto se refiere a actos populares en la Plaza, de fuegos artificiales, bombas de estruendo y demás artificios pirotécnicos. Y no solamente los patronales, sino toda fecha que se hubiese querido recordar de algún modo especial.
Al día siguiente de la batalla de Pavón, vale decir cien años atrás, se festejó esa batalla en Quilmes, con el disparo de una gruesa de bombas de es­truendo, es decir 144 bombas, que si fueron dis­paradas por un solo mortero, en la única pobla­ción del partido, es decir en Quilmes, sus habi­tantes soportaron un bombazo cada nueve mi­nutos, de sol a sol.
Formaban el arsenal de estruendos, en esos festejos, los clásicos buscapiés, las cañas vola­doras, bombas, aros y algo llamado “cañutos escupidores”, según facturas de las casas pro­veedoras.
En la noche del 8 de diciembre de 1874, la plaza principal, hoy San Martín, estaba iluminada, además de los clásicos faroles a kerosene, con grandes barricas conteniendo alquitrán, que ardía con llama tan poco luminosa como produc­tora de abundante humo pesado, fuliginoso y negro. Volaban cohetes, ruecas que desprendían chispas de colores, buscapiés, bombas de es­truendo y cataratas luminosas de muchos colo­res, producidas por los ya mencionados caños escupidores, que desprendían hacia arriba to­rrentes de luz, de humo y de estruendo.
A me­dida que aumentaban los estampidos, las pocas corrientes luces, tan extrañas en el apagado pueblo nocturno, las chispas y el humo, juntamente con las exclamaciones gozosas y también quejo­sas de aquellos viejos quilmeños, aumentaba la algarabía producida por los desesperados aulli­dos de los perros asustados y la disparada si­lenciosa de cuanto gato veía turbada su vida nocturna por las chispas y restos de artificios que caían incendiados, aún en los lugares ale­jados de la plaza.
En las torres de la iglesia, los lechuzones que allí anidaban, desesperados ante tanto estruendo y luz, y sobre todo por el humo, volaban en círculos alrededor de las mismas, emitiendo sus típicos chistidos de mal agüero.
La atención se concentró en un hermoso globo aerostático, con los colores de su envoltura real­zados por la llama interior; la ascensión del mismo llamó la atención tanto como la tarea de prepararlo para ella; de pronto, el humo negro que cubría el cielo quilmeño se iluminó con Otros fulgores menos alegres, que al aumentar con bruscas intensidades rojizas justificó el in­cendio cuyas llamas se encargaban de producir aquella nueva iluminación. Detrás del monte de higueras que se encontraba a inmediaciones de una fonda con pretensiones de hotel, cuyo edifi­cio fue demolido poco tiempo atrás, en la es­quina Rivadavia-Sarmiento, pudo advertirse que ardía el techo y bien pronto el rancho principal y los agregados, propiedad del Capitán Morón, en la actual calle Alem entre Belgrano y Prin­gles, hacia mitad de cuadra; un rancherío seme­jante, entre varios árboles muy viejos, había en el mismo lugar, hasta 40 años atrás, reempla­zado entonces por varias construcciones, una de ellas de altos.
El incendio alborotó todo el barrio, con sus escasos pobladores, de uno de los cuales llegó la noticia hasta nuestros días; sólo se apagó cuando faltó combustible, es decir, cuando to­dos los ranchos quedaron hechos cenizas. La causa del siniestro había sido una rueda vola­dora, disparada desde la plaza y caída allí, pre­cisamente sobre la paja del techo de uno de los ranchos, el más grande, el que tenía más paja.
No ha llegado a nuestros días la noticia de que se hubiese empleado allí agua, tomada de algún pozo de balde; buscando antecedentes de prevención, encontramos que en 1818, el comi­sario de policía Felipe Robles, que tuvo a su cargo la distribución de tierras en Quilmes en ese año, había ordenado, con fecha 3 de octubre que “los dueños de ranchos del bajo cubran los techos de paja con barro para precaución”. La medida se había dispuesto para Buenos Aires, pero admitiendo que se hubiese empleado, ha­bría sido eficazmente preventiva
Tal fue el incendio del 8 de diciembre de 1874 del que quedó recuerdo en el barrio y llegó hasta nuestros días.
Dr. José A. Craviotto
Para la revista “Fuego y Agua
Publicación de la Sdad. de Bomberos Voluntarios de Quilmes
Número de su cincuentenario – 31 de octubre de 1961
Director Juan Cornaglia




Primer cuartel de los Bomberos Voluntarios de Quilmes