domingo, 13 de diciembre de 2015

MUSEO ALTE. BROWN - JOSE ABEL GOLDAR - ENTREVISTA 17 DE JULIO 1985


Entre los ’70 y los ‘80, trabajé como reportero en el periódico “EL PERIODISTA”. La página donde aparecían mis notas se titulaba “Quilmes arte, cultura y educación”, que eran los temas que me ocupaban en el semanario, cuyo director propietario era el imperecedero Omar “Clavelito” Andragnez.
En 1985, cuando hice este reportaje, el director era Alfredo Bertiche. Después de una primera comanda que don Omar me hiciera en el período inicial, de reportear a un artista plástico, si había que hacer una entrevista, indefectiblemente me mandaba a mí. En julio de 1985, me encomendaron reportear a José Abel Goldar,  Director del Museo Almirante Brown que estaban restaurando.

Pasaron 30 años. Muchos aciertos y encontronazos vivió ese receptáculo del patrimonio histórico de Quilmes, fundado por la generosa voluntad de muchas familias, vecinos, particulares que vieron que con la preservación se podía fortalecer la identidad y el sentido de pertenencia para crear conciencia ciudadana.
En los últimos años el edificio de la esquina de Lavalle y 25 de Mayo de Bernal fue totalmente restaurado. Personalmente y en forma directa acompañé la inauguración de las recuperadas instalaciones, con la esperanza que pronto volvieran a sus salas el tesoro patrimonial que durante 40 años de docencia recorrí con distintas promociones de mis alumnos de primaria y secundaria. Y antes también, siendo niño y adolescente, lo visitaba en las recorridas ilustrativas que daban don Gotardo Pedemonte o don Felipe Firpo.
Transcribo a continuación aquella entrevista que hice a José Abel Goldar, historiador, docente, periodista, uno de los que me infundió la militancia cultural junto con su padre don José, inolvidables vecinos de La Colonia y de Quilmes todo. [1]

Los recuerdos de Quil­mes se guardan en una vieja casa que ahora se encuentra en remodelación, en Bernal; el Mu­seo Alte. Brown que, lamentablemente, pasa bastante desapercibida a los quilmeños, pero no sólo así, sino también en la memoria de José Goldar; hoy Director de ese Museo. Seguidor, por herencia, de nuestra histo­ria. Autor de "Panorama de las Artes Quilmeñas". A él entrevistamos.
EL PERIODISTA: Su apellido tiene, que ver con la historia de Quil­mes, está comprometido con los hechos que duran­te más de 300 años se dieron en nuestro suelo. ¿Cómo comenzó ese com­promiso con Quilmes? 
JOSÉ GOLDAR: Comenzó en la secundaría. En esa época el Dr. Craviotto era profesor del Nacional y un, día me acerqué a él pues, siem­pre me había sentido iden­tificado con nuestra ciu­dad. La familia de mi madre, Piñeiro, han sido muy viejos de Quilmes. 
E. P.: ¿Nació aquí? 
J. G.: Sí, en la calle Gaboto. En el límite entre Quilmes Centro y "La Colonia". Mi padre era ferroviario. 
E. P.: Su padre también tuvo que ver con su inclinación. 
J. G.: Sí. El se jubi­ló relativamente joven y tuvo tiempo para dedicarse a la búsqueda de material para armar la historia de
distintas instituciones de la zona. Hizo la de la Sociedad Española; allá por los 60. Luego hizo la de San Mauro cuando cumplió los 50 años y de la Sociedad Italiana cuando celebró el Centenario. Todo ese ma­terial está preparado para publicar. El de la Sociedad Italiana fue bastante di­fícil de conseguir. La que se llegó a publicar fue la historia del Hospital de Quilmes que él preparó. En este momento estoy tratando de tomar ánimo para organizar el archivo que tengo en casa; que es enorme.
Quizá aisladamente no sea importante, pero en conjunto sí. Sino esas cosas después sé pierden. Lamentablemente no hay nadie que sea lo suficientemente fanático de la historia de Quilmes ya; como pudieron serlo en otro tiempo un César Barrera Nicholson, un Redondo, An­tonio Iglesias. Hay tantas cosas para hacer. Y pa­ra
lucirse no sólo a nivel local. 
E. P.: Cuénteme un poco la historia del Museo Almirante Brown del que es Director. 
J. G.: Es muy sencilla. Hace 50 años se comen­zaron a juntar cosas viejas en la galería de la Iglesia (hoy Catedral), estando el padre Banfi como párroco. El Museo se llamaba "Quilmes de An­taño" y después "José M. Estrada", no recuerdo cuál de los dos nombres tuvo primero. Allí se reunían Otamendi, Barrera, Re­dondo y otros, los que por el año ‘41 ó ’42, por sugerencias del intendente Fernando Pozzo y para recibir apoyo municipal formaron la Junta de Asuntos Históricos de Quilmes. Se instalaron en Alem entre Alvear y Mitre, en lo que había sido colegio del profesor Yoldi. Un cuadro de Bloise es lo único que
quedó como imagen de la casa esa. Ya se creó con el nombre de Museo Almirante Brown. Allí estuvo hasta 1946, en que se traslado por cuestiones de espacio a la calle Brown 470 hasta el ’52. 
A partir de ese año no se pudo mantener y cuan­do parecía que se iban a perder todo el esfuerzo, incluso se había empezado a devolver algunos objetos, surgió la idea de entre­garlo a la Provincia. Por dos años no sabían don­de meterlo y en el ‘54 lo trajeron aquí, que era una herencia vacante; donde se encuentra desde el 29 de julio de ese año (1954)

En el ‘78 cuando las Autoridades de la Pro­vincia pasaron todos los Museos a las Municipalidades, transfirió el del Transporte y al año siguie­nte este. 
E. P.: ¿Por qué no tiene el Museo la trascendencia entre la comuni­dad que debería tener?

J. G.: Si se hubiese visto la importancia del Mu­seo desde el principio, no estaría en Bernal, estaría en Quilmes y en una casa de
Quilmes representativa, con historia; pues esta simplemente es una casa vieja. Así se hubiera evitado que alguna de esas viejas casonas con historia de Quilmes se hubieran tirado abajo. No tiene trascendencia pues al estar en Bernal parece que queda desviado. Aunque se tomaron comisiones como la del capitán Colet por el ‘57 ó ’58, y hasta hace poco la hubo, no tuvieron suficiente fuerza; porque claro, era de la Provin­cia. ¡Y estando en Ber­nal! Como la

Biblioteca Mariano Moreno es de Bernal, de Quilmes no. La gente de Quilmes no sale de Quilmes. Le cuesta incluso cruzar la vía. Cualquiera que está en Instituciones sabe eso. Papá y yo hemos estado tantos años en casi todas las Instituciones de Quilmes que en ellas comprobamos que La Colonia o Bernal eran mundos distintos para los quilmeños.

E. P.: ¿Cree que no se considera todo lo que se debería a los Museos como instrumentos educa­tivos, sino que se los toma como cosa muerta, estática sin potencialidades?
J. G.: Eso fue siempre. Allá por el ‘50 y tantos, cuando estaba en el Diario El Sol haciendo lo que vos hacés ahora desde EL
PERIODISTA, pertenecía a la Asociación Amigos del Museo. Tenía un pariente en La Plata, director de un ministerio y fui a pedirle incesantemente para me­jorar la infraestructura del Museo. Rotundamente me dijo que no, que le pidiera cualquier otra cosa pero para el Museo nada. Por ejemplo este arreglo que se está haciendo ahora desde hace 20 años que viene tramitándose, y si se hu­biera hecho bien en su momento, ahora no tendría que ser tan a fondo. Pero favorablemente se concretó. 
E. P.: El Museo del Transporte sufrió una his­toria parecida. 
J. G.: Sí. Yo estuve en el ‘78, un año como Director en el Museo del Transpor­te, cuando ofreció donarlo a la Municipalidad de
Quilmes don Carlos Hillner Decoud y esta no lo aceptó; entonces pasó a la Provincia que lo mantuvo en forma vegetativa un tiempo. Cuando hicieron el otro cuerpo, estando de director Urribarri Inchausti, profesor del Bellas Artes, comenzó a andar mejor, por el ‘68 ó ‘69; a pesar que estaba en manos de la Pro­vincia.
Otra de las ironías es que una de las nueve horas en que debía permanecer abierto el Museo del Carruaje, o sea de las 16:30 a las 17:30, estaba en manos de Bienestar Social y el resto en las del Ministerio de Edu­cación de la Provincia. Así fue que, cuando se hizo la transferencia, una parte pasó al área de Gobierno y Cul­tura y otra a Bienestar Social de la Municipalidad de Quilmes. Y así, en lugar de aprovecharse bien todo, siempre la burocracia en­torpece. Sin embargo es un lugar de gran concurrencia de público, a pesar de la falta de pavimento en la calle Laprida.

E. P.: ¿Por qué cuesta tanto lo 'Cultural'? 
J. G.: Es mundial. Es difícil hacer de lo cultu­ral algo atractivo. Se lo ve como algo aburrido. Lamentablemente muchas veces lo es. Pero te aseguro que donde eso se mejora la gente responde. En el Museo del Carruaje, por ejemplo, cuando estuvo Fernández Pardo, intentó traer caballos, pero no contó con el benepláci­to Municipal y cuando estuve yo organicé concursos de manchas, de barriletes, acercando el Museo al pueblo, pero y ya ves hoy no tiene director, depende diréctamente de la Dirección de Cultura. Y a pesar de la ubicación con muy poco y alguien a la cabeza, es una dependencia de Cultura que hace quedar muy bien. Aun podría levan­tarse un doscientos por ciento con muy poco.

E. P.: ¿Tuviste o soñaste con algún proyecto cultu­ral para Quilmes? 
J. G.: Hay muchas va­riantes. Una es la que empleó Casanello, que era traer cosas importantes de la Capital. Pero para esto no hay
infraestructura. Otra es llevar cosas de Quilmes para allá. Más todo hoy sale muy caro y por el público que convo­can no rinden ni el esfuer­zo. Son 17 km de la Capital, el acceso es fá­cil. En una época hubo 19 teatros independien­tes en la zona. Fue cuando se realizó el último con­curso de Teatro Indepen­diente en el Club 12 de Octubre; y había público para todos. Había una orquesta de Quilmes y varias de música popular como la de Francisquín, de jazz, estaba la Asocia­ción Amigos de la Música. ¿Hoy, cuanta gente va a una conferencia? La masa se ha disgregado. La T.V. mató al cine, el disco a la orquesta, sí se toca gui­tarra, pero cuántos jóvenes estudian violín o flauta traversa. Por eso las instituciones no progresan. Por eso en las instituciones siempre está la misma gen­te. El día que desaparezcan esos hombres, como el de la Sociedad Italiana don Carlos Eusebi; no sé. Y a veces las entida­des quedan vinculadas a un
edificio que si lo perdie­ran desaparecen la Institu­ción. No es fácil sostener lo cultura. Eso se puede ver con los últimos conciertos de la Sinfónica Nacional. Si no fuese por la gente de Bernal. Y eso que sólo se hacen en cuatro lados, el primero en la Capital, aquí en Bernal, en Morón y en otro lado, o sea que aquí es el segundo lugar donde los hacen, así y todo el públi­co es insignificante. Son cosas muy difíciles de rever­tir, casi imposible. Si esto se diera en Azul o en Olavarría u otro pueblo del in­terior de la Provincia la cosa sería distinta. La gran urbe nos está encerrando, nos está despersonalizando. 
*** 
Terminamos la charla satisfechos de haber apren­dido algo.
Sintiéndonos importantes por haber compartido una tarde con una persona, un apellido tan profundamente identi­ficado con lo que tanto amamos, como es esta ciu­dad, este Partido de Quil­mas, esta parte del Pago de la Magdalena. Porque el Dr. Craviotto y don Luis Otamendi y don Ma­nuel Ales, César Barrera Nicholson, Re­dondo, los Iglesias, su propio padre, nos dejaron su mejor vocero en José Abel Goldar. Deseamos que la Comuna de Quilmes tenga en cuen­ta la idoneidad histórica de este hombre y se publi­que alguna parte de su archivo y una "Historia de La Colonia", [2] de la que carece la comu­nidad escolar, sobre todo. [3] 
CONCLUSIÓN HOY  (2015)
Y pasaron 30 años. Pareciera que el cometido sigue siendo idéntico. Ahora en pos de los objetos del patrimonio que enriquecieron ese templo de nuestra cultura. Que no se pensó, no se ideó no se proyectó para ‘centro cultural’ sino para reservorio, repositorio de la memoria. Nadie creería que en Francia con el Louvre ni en España con el Prado ni en Florencia con el Pitti se le ocurra a alguna mente supuestamente esclarecida hacer de ellos “centros culturales” con objetivos y variables que escapan totalmente a la esencia misma de Museo; que si bien se puede aggiornar, remozar, actualizar a los cambios competitivos y del comportamiento del consumidor, pero no reinventar. 
Hay en Quilmes extraordinarios centros culturales como: Casa de Arte Doña Rosa, Artempié, Polaridades, la misma Biblioteca Popular Mariano Moreno tiene su centro cultural, el club Ameghino, el CIC Bernal, el CIC La Paz, el CIC Santo Domingo, etc, etc, además están los talleres barriales que realizan una abarcativa labor para la educación permanente. 
José Abel Goldar murió un año después de esta entrevista el 15 de julio de 1986. Durante ese año nos volvimos a ver dos o tres veces que bastaron para que incentivara en mí dos proyectos que pareciera saber que no concretaría 'la historia de la educación en Quilmes' y 'la historia del barrio La Colonia'. La primera, iniciada con documentación que él mismo me entregó, la publiqué en 2003 y la segunda en 2010. Cumpliéndose así su legado.
Los Museos recuperarán sus fueros. Esta página, su autor, EL QUILMERO, seguirá 'ocupándose' y ayudando para volver a las fuentes. (4)


Chalo Agnelli, Director del Blog
Quilmes, 1985 - 17 de julio - 2015
 
NOTA

[1] Ver en EL QUILMERO del lunes, 31 de agosto de 2015, "JOSÉ ABEL GOLDAR, ALBACEA DE LA MEMORIA" 

[2] El autor de esta entrevista cumplió con esa misión que Tito Goldar dejó trunca con “La Colonia de Valerga – Historia social del segundo barrio de Quilmes”. Cuaderno de Identidad II - Tiempo Sur Ediciones. Quilmes, 2011. 

[3] Ver en EL QUILMERO del viernes, 12 de octubre de 2012, MUSEO HISTÓRICO "ALMIRANTE BROWN" - FUE HACE 80 AÑOS QUE... (COLABORACIÒN) 

[4] Ver en EL QUILMERO del martes, 12 de noviembre de 2013, EL MUSEO ALTE. BROWN SIGUE EN EL CENTRO DE LA ESCENA (PUBLICADO POR PERSPECTIVA SUR EL 8 Y 9/11/2013)


 

viernes, 4 de diciembre de 2015

GUILLERMO ITHURSARRY - CUARTA ENTREVISTA TRANSMIGRATORIA (1936/2015)



Por Chalo Agnelli
“Ser historiador significa tender puentes
Entre el pasado y el presente, observar
ambas orillas y tomar parte activa en ambas”
Bernhard Schlink de “El lector”
Anagrama, 2010, Pág. 170

Tener iniciativas es digno de elogio porque es con iniciativas que se llegan a plasmar en realidades los principios que delimitan el cumplimiento del papel que juega cada uno como unidad activa en una organización social.
Hacemos un nuevo viaje transmigratorio para entrevistar a un vecino que no necesitó nacer en Quilmes para sentirse hijo de este pueblo y como tal prodigarse en la concreción de mejoras para el bien común; como vimos en las anteriores visitas hechas a don Santos Angeletti y a don Santiago Goñi.
Hijo de vascos don Guillermo Ithursarry o Ythursarry - pues aparece de las dos formas escrito en la prensa local - es un hombre de considerable tamaño, tanto a lo largo como a lo ancho y sobre todo en valores humanos. Una voz estentórea, risueño y generoso en el trato, multifacético; goza de un contagioso optimismo y del aprecio de toda la vecindad. Lo encontramos en la estación, en el andén sentado en un banco esperando que llegue la formación de las 14:05. 
EL QUILMERO.- ¿Cómo le va don Guillermo? Vengo desde otros tiempos a recuperar su figura meritoria. 
GUILLERMO ITHURSARRY.- ¿De otros tiempos?... Gracias por la visita, pero no soy una persona importante como para que se me recuerde con distinción. Soy un trabajador, un vecino como tantos en este Quilmes nuestro. 
EL Q. – Pero sus iniciativas nos benefician aún en el lejano futuro, don Guillermo. ¿Cuándo llegó a Quilmes? 
G. I.- En 1906. Vine de Bahía Blanca. Todavía esto era un pueblo. Aún no habían levantado el suntuoso palacio municipal que tenemos hoy día ni el hermoso edificio de la Escuela Nº 1 que trazó la mano hábil de don Pedro Etchevertz. Aquí viví mi juventud. Vine como trabajador del ferrocarril Sud. Fui guarda de estación, señalizador, boletero, hice mantenimiento… 
El. Q.- ¿Qué edad tenía? 
G.I.- Y yo nací en 1887, o sea que tenía 19 años, si no hago mal la cuenta. ¡Ya me tienen que jubilar! 
EL Q.- Simultáneamente tuvo otros empleos ¿No? 
G. I.- En 1920, con un capitalito que reuní, abrí en la avenida Centenario, hoy se llama Uriburu (H. Yrigoyen), a muy pocos pasos de la calle Rivadavia un negocio de venta de cigarrillos y revistas. Creo que fue el primero de ese rubro que se instaló en Quilmes. El comercio marchó muy bien y a los pocos meses le anexé un salón de lustrar. Llegué a tener seis lustrabotas trabajando simultáneamente. Pero sin dejar el trabajo en el ferrocarril. 
El Q.- ¿Lustrabotas? 
G. I.- Sí. La proximidad con al estación era una garantía. Los caballeros que venían caminando a tomar el tren por las calles polvorosas de Quilmes hacían su parada en mi establecimiento para
llegar a cualquiera de las dos capitales con zapatos o botas rutilantes. ¡Jajajajajjajajaj!
El Q.- Además, mucho antes, el 31 de octubre de 1911, se concretó una aspiración suya. ¿Verdad? 
G. I.- No sólo mía. También tuvieron que ver don Carlos Radaelli y don Bautista Gagliardi. En realidad brotó de la banda de música fundado en 1897. 
El Q.- ¿Cómo fue eso? 
G. I.- En 1890, los veteranos de Giuseppe Garibaldi, el que fraguó la unificación italiana, habían emigrado a la Argentina. Algunos de los que se establecieron en Quilmes ingresaron a la Sociedad Artesanos de La Colonia, en el barrio de ese nombre, ahí, del otro lado de las vía, el barrio que fundó don Santiago Valerga… más precisamente en la intersección de las calles Vicente López y Córdoba (hoy Pte. Perón). [1] Por diferencias que no vienen a cuenta, en 1897, algunos se agruparon y crearon la Societá Filarmónica Volontari di Garibaldi. ¡Eh! ¡Cómo me sale el italiano!
¡Jajajajajja! Yo pertenecía a esta última (en la foto Ithursarry en el centro). La música fue una de mis pasiones. Era inspector de banda. Teníamos la sede en Garibaldi 90, pero como todas las actividades grupales, algunos van desertando, otros los atrapa el laburo, la familia, otros se fueron a pueblos vecinos, entonces yo propuse la formación de un cuerpo de bomberos voluntarios. Así fue, amigo, que el martes 31 de octubre se constituyó la Sociedad de Bomberos Voluntarios de Quilmes. 
El. Q.- ¿Usted debe haber encabezado la comisión…? 
G. I.- ¡No! Yo soy bueno sobre la montura, como dicen los gauchos. Para los temas administrativos y leguleyos, había gente muy capaz. El presidente fue don Miguel Oliveri, de familia vieja de Quilmes; ese gran comerciante que es don Mariano Giaimo, fue vice y los acompañaron: Adelchi Vanoli, Luciano Panier, Alfredo Tabou, Cayetano Paolini, Antonio Tonello, Constancio Carbonetti, Juan Capelletti, Zoilo Flores y mi amigo don Carlos Radaelli. El socio numero uno es don Bautista Gagliardi. 
El Q.- ¿Y los fondos? 
G.I.- Y, formamos una comisión honoraria ¡Jajajjajajajaj! Con los bolsillos más cargaditos del pueblo. 
El Q.- ¿Cómo es eso? 
G. I.- Nombramos para esa comisión honoraria a políticos que siempre son un buen lazo para conseguir insumos a nivel oficial: don Manuel V. Ramella y a don Pablo Castro como presidente y vice, respectivamente. Ramella era intendente en ejercicio ese año y Castro lo sería en el siguiente. Y también integramos a la
Comisión a comerciantes fuertes: don Félix Fornabaio, don Emilio Ithuralde, don Gotardo Spelzini, Antonio y Pedro Fiorito, Juan Pallaviccino, Alberto Machado, un cervecero don Juan Baenninger, uruguayo de origen alemán muy quilmeño ¡Jajajajajajaj! don Juan Gualtruzzi, don Santiago Borro… funcionarios como don Enrique Soneyra y Guillermo y Francisco Tollo. Era la gente más representativa de la comunidad a la largo y a lo ancho del Partido ¡Qué es bastante grande! ¿No? 
El Q.- Cierto. Y lo fue más. Quilmes es madre de ciudades. ¿Qué instrumento tocaba usted don Guillermo? 
G. I.- ¡La bandurria! Pero era bastante malo. Era mi rinconcito de expansión espiritual. Practicaba poco, pero actué en las dos bandas la de La Colonia y la Garibaldi. Siempre encontraba algo que me atraía y distraía. ¿Sabe? Ese año `11, ignoré las calles de tierra, las huellas profundas que dejaban los carros y los pozos y compré un automóvil. No era como el ‘De Dion Bouton’ de transmisión a cadena de don Antonino Cambaceres, dueño de la quinta "La Elisa", la que estaba allí donde ahora levantaron el Hospital. El mío
era un poco más moderno; un Ford T, 1908. Fue el primero en Quilmes… creo… También lo usaba de taxi. Entre formación y formación, si llegaba de la Capital alguna señora grande, cargada de bultos y vivía cerca la alcanzaba hasta su casa… si era buena moza también ¡Jajajajajajajaj! A la que siempre llevaba era a la señorita Mena, ella era comisionista de damas. Y dos o tres veces por semana viajaba a la Capital a hacer compras para las señoras de Quilmes. Volvía cargada como una mula, la pobre; entonces la llevaba hasta la casa de los Borzi, allí vivía, en Tres de Febrero, bah! Alem ahora. Era cerca, de modo que estaba a horario en la estación para el arribo de la siguiente formación. 
El Q.- Sí, sí, sí Conocía a la señorita Mena… Pero ¡Usted era el hombre orquesta, don Guillermo! Y volviendo a los bomberos. En esos años ¿Dónde tenían el cuartel? 
G. I.- Las primeras reuniones se hacían en mi casa, Centenario 610 (H. Yrigoyen) hasta que establecimos nuestra sede social en la calle Garibaldi 90, como le dije antes. Certera la elección de la calle ¿No? 
El Q.- ¿Cuál fue su primer incendio? 
G.I.- El de la fideería del Sr. Marenzi, en la calle Alem entre Alvear y Brown, siniestro en el que con inteligencia suplimos la insuficiencia de elementos. 
EL. Q.- ¿No contaban con todos los implementos? 
G. I.- No. Los que teníamos eran bien rudimentarios, por cierto. Luego pudimos adquirirlos gracias a los aportes de esos vecinos y otros. Teníamos varios baldes y no muchos metros de soga. Poco
tiempo después vino a sumarse una remesa de hachas que donaron los Bomberos de Avellaneda. Contábamos con dos picos comunes, dos palas anchas y dos de punta. Don Napoleón Fracchia donó un mortero para disparar las granadas con que se llamaba a prestar servicio. La Cervecería donó una chata de cuatro ruedas, arneses para caballos, una escalera y don Augusto Otamendi, dos caballos. Con una contribución de la Edificadora del Sur compramos un matafuego y la Prefectura nos cedió en préstamo un bote para los casos de inundación. Ese fue nuestro comienzo. 
El Q.- A usted se lo podría definir a través de sus numerosas iniciativas. ¿Verdad don Guillermo? Además de todo lo narrado hay un episodio consagratorio, el que se refiere al establecimiento de los servicios de ómnibus ¿No? 
G. I.- Sí. Hace unos 15 años atrás, aproximadamente, aparecen en Quilmes las primeras “cucarachas”, como denominábamos a aquellos taxi-colectivos o auto-colectivos, producto del ingenio de los taxímetros porteños que circulaban durante gran parte del día con sus banderas de libre en alto ante la falta de pasajeros por los costos de la crisis económica que existía en el país. [2] Se podían transportar hasta 6 personas, tres en el asiento trasero, dos en transportines desplegables y otro junto al chofer. El pasajero pagaba la tarifa de acuerdo al trayecto realizado al descender. Después llegaron los ómnibus. Eran pesados, con características tranviarias: plataforma de ascenso, linternón sobre el techo y con una capacidad de entre 20 asientos. [3] 
El Q.- Fue un pionero de los colectivos… 
G.I.- No hubo otros precursores, don Mauro Albanese, Murialdo, Grecco, Cañás, Arrechea, Barrios, Mórtola, López, Cristiani. Don Mauro Albanese creo una compañía junto a su hermano Santiago, Fernando Barreneche, José Narvarte, Eusebio Cima, Eduardo Toyo, Roberto Stafforini, Justino Barrabino, Martín Galli, Benito Guerrero… Muchos fueron los pioneros. Yo fui uno de tantos. 
 Uno de los primeros ómnibus de fines de la década del `20. Foto Hugo Morón
El Q.- Pensar que la gente lo recuerda, tan sólo por ser uno de los que ideó la Sociedad de Bomberos Voluntarios y es un hombre múltiple. Ha hecho de todo y todo bueno para la comunidad. Pero ¿Cómo hacía para atender el comercio, la estación, la cucaracha…? 
G. I.- Y, el colectivo lo manejaba los fines de semana y los feriados. Los demás días tenían un chofer. En la tabaquería tengo personal. Siempre fui muy activo y me hago tiempo para todo. Apago incendios, manejo el colectivo y lo sacó del barro cuando se queda atascado, pues como verá hay muchas calles que después de una de esas lluvias intermitentes que se suceden aquí, el barro se pone pegajoso y cuesta avanzar con el colectivo lleno. Es divertido… 
El Q.- Usted si que no sabe lo que es el ocio ni el aburrimiento don Guillermo. Ahora lo voy a dejar pues tengo que volver a… pero trataré de reproducir de la mejor manera posible todo lo que charlamos, aquí en esta hermosa estación. Vale la pena volver al pasado y comprobar que hubo un tiempo que si no fue mejor, el entorno suplía las carencias, no como… Adiós don Guillermo. 
G. I.- Adiós, amigo, vuelva pronto con más tiempo y llevo a recorrer las calles del pueblo con mi Ford… por el barro no se preocupe…
La vida es la única oportunidad. Cada uno la vive a su manera, como puede, con los instrumentos que se le dieron en el hogar que nació, en la forma en que fue criado, en el entorno de personas que acompañaron su formación y con ciertas particularidades que le son propias e irrepetibles, por algunas causas o condiciones que aún los psicólogos ni los genetistas no han sabido explicar con total precisión. Algunos pasan anónimamente, con serenidad, sin grandes aspavientos, altibajos ni infortunios; otros sobresalen porque no se conforman solo con eso de permanecer y transcurrir y desbordan sus particularidades positivas y enriquecedoras que los hacen sobresalir de la multitud anónima.
Estos son modelos de vida.

Investigación, compilación y “entrevistador” Chalo Agnelli
ILUSTRACIONES 
Jorge Luis Barton
FUENTES
Archivo de la Biblioteca Popular Pedro Goyena
Hemeroteca del diario “El Sol” de Quilmes.
Schbib, Claudio “Fuego y Agua”. Ed. Tiempo Sur. Quilmes, 2000.
Revista “Fuego y Agua” Publicación de la Soc. de Bomberos Voluntarios de Quilmes. Número del cincuentenario. 1961. Dirección Juan Cornaglia.
Revista “Vida Quilmeña”. 2º Aniversario, abril 1935. Pp. 43 y 45
NOTAS


[1] Edificio que aún se halla en pie. Ver “Fuego y Agua” Pp. 25; 26 y 29,
[2] Revista El Auto Colectivo -año 69 Nº 529
[3] http://www.busesrosarinos.com.ar

miércoles, 2 de diciembre de 2015

PABLO C. MOLINARI – PRIMERA ESCUELA DE BELLAS ARTES DE QUILMES



De Chalo Agnelli
Pablo C. Molinari nació en Buenos Aires el 24 de abril de 1884. Estudió en la Academia Nacional de Bellas Artes, de donde egresó en 1910, el año del Centenario. Desde 1911, concurrió al Salón Nacional de Bellas Artes. Realizó viajes de estudio por América y Europa durante los cuales obtuvo premios en Brasil e Italia. 
LA ESCUELA DE BELLAS ARTES DE QUILMES 
En 1923, con el pintor y amigo catalán José Martorell y el escultor Dr. Tomás Reynal O´Connor, [1] motivados por el Círculo de Bellas Artes de la Provincia de Buenos Aires, institución que organizaba los “Salones de Otoño” en La Plata, fundaron la primera escuela de artes plásticos de Quilmes, oficializada por el gobierno de la provincia de Buenos Aires con el nombre “Academia Provincial de Bellas Artes de Quilmes”, en la calle Mitre 520 entre Alsina y Nicolás Videla, de la que Molinari fue director desde 1925 hasta 1936. Comenzaron con una matrícula de 40 alumnos y con una subvención de la municipalidad, la que otorgaba, además, 15 becas. 
Sara Cichero
Era escuela de dibujo, pintura y artes decorativos. Se cursaba un año de preparatorio y tres de profesorado egresando con este título. Los acompañaban en la enseñanza: los escultores: Sara Cichero de López, el singular crítico José Gabriel [2] y Ernesto Soto Avendaño, autor del monumento a los “Héroes de la Independencia” erigido en Humahuaca (Jujuy) para conmemorar al Ejército del Norte que libró catorce batallas en esa ciudad durante la Guerra de la Independencia. [3] Figuras todas que con el correr de los años cobraron relumbre local y nacional. 

 
En la foto superior Sara Cichero con sombrero a su lado Martorell en el centro con bigotes y Molinari en el extremo  derecho con las piernas cruzadas.
DISCÍPULOS 
Muchos jóvenes artistas de la época, se formaron con esos maestros: Domingo Ronconi, Ernesto Gargarello, Pedro Ricci, Félix José Monte, Pedro Rossi, José Zanocco y otros que también alcanzaron notoria fama.
Nº1
En 1929, la primera promoción de egresados realizó una muestra inaugural. Presentaron sus obras: Alicia Acosta Zapata, Petrona Acuña, Rosa E. Andrés, Albina Álvarez, Carlos Minoglio, Juan M. Roland y Pablo E. Weschtky, del curso preparatorio, del 1º año Juana María Bonel, Leonor N. Jeanneret y Luis Eduardo Otamendi, del 2º: Alfredo Bezzana, del 3º: Luisa Acosta, Adela Guido y Tulio Gómez; del 4º: Domingo Bloise, Manuel Castellanos Guido, Elena Esteban, Gerónimo B. Narizzano, Antonio V. M. Rocca (luego escultor), Pedro S. Rosso, Alicia Silva y Haydee Varela y de la sección escultura, José Llense. Nombres entre los cuales, en años venideros, cobraran notoria relevancia, que el lector quilmeño y afecto al arte reconocerá inmediatamente.
Durante muchos años fue camarada dilecto de Benito Quinquela Martín con quien algunas veces compartió estudio en la Vuelta de Rocha, frente al Riachuelo que mucho lo motivó en sus obras. 
EXPOSICIONES 

Nº2
En 1926, el Maestro Molinari expuso en el Salón de Otoño de La Plata dos obras El arenero” y “El refuerzo, por este último obtuvo el 1º premio.
El 4 de abril de 1936 participó del IIIº Salón de Artistas de La Boca. [4] 
El 21 de octubre de 1937, formó parte de los festejos por el 25º aniversario de la fundación de la Escuela Normal de Quilmes, con una exposición de sus obras en el Salón Municipal. 
Pertenecía a la “Agrupación Kilme”. [5] En 1940, fue designado por el comisionado municipal Dr. Fernando Pozzo para integrar la primera Comisión Municipal de Cultura.
Una de sus tantas especialidades en el arte era la confección de pergaminos alusivos; a él se le encargo la realización del que conmemoraría la colocación de la piedra basal del monumento al Gral. San Martín en la plaza homónimo que, aún en esos años y desde 1907, se llamaba Carlos Pellegrini. Acto que se realizó el 8 de diciembre de 1940. Piedra que con una caja metálica conteniendo copia de dicho pergamino y otros elementos representativos de la época se enterró en un punto hacia el NO del centro de la plaza donde hoy se halla el Monumento del Libertador. 
PLANTEAMIENTO ESTÉTICO 
Su obra pictórica “... es básicamente naturalista. Los motivos de sus cuadros, sean éstos paisajes, marinas, figuras humanas o animales, ponen en evidencia su apego a una concepción plástica tradicionalista, en la medida en que la transcripción de los mismos lo mantiene sujeto a las prácticas de la representación clásica. Molinari se aleja, así, de las corrientes renovadoras del arte moderno, en una suerte de resistencia al cambio que lo vincula con toda una generación de artistas contemporáneos con los cuales coincide en los Salones Nacionales. De esta manera, se podría afirmar que la obra del artista representa una tendencia que, en una postura diferente a la de los artistas de vanguardia, mantiene la vigencia de una estética conservadora.
Nº3
Por otra parte, otro de los elementos de análisis que permiten indagar en el proceso creativo de Molinari es su interés por otorgar a sus cuadros una cierta dimensión poética. Particularmente en sus escenas del puerto de Buenos Aires, tal vez sus obras más interesantes, el artista refleja una realidad que, más allá de ser la transcripción de episodios anecdóticos, se mediatiza en una atmósfera lírica. La luz, el color y la perspectiva, son sus soportes plásticos, mientras que, desde el punto de vista del argumento, la ausencia de tensiones en episodios que se vinculan con el trabajo del hombre, determinan un resultado pictórico que hace emerger esta visión lírica o poética.” [6] 
Molinari como artista y como docente fue una de las personalidades del mundo del arte de mayor relieve del Quilmes de las primeras cuatro décadas.
Exhiben obras suyas: el Museo Nacional de Bellas Artes,
los provinciales de Buenos Aires y Santa Fe, el Colonial Histórico y de Bellas Artes de Corrientes, el Pedro de Mendoza de La Boca, el Municipal de Tandil y el Escolar de Arte "Fernando Fader" de Buenos Aires, creado el 5 de agosto de 1935. El Museo Municipal de Artes Visuales "Víctor Roverano" de Quilmes, además de tener una sala que lleva su nombre, posee una reproducción de "Tarde gris" (patrimonio Nº 16344) También poseen sus pinturas pinacotecas privadas como la “Julio Fernández Villanueva” de Quilmes de don Carlos Benavides ("Impresiones", 1931)
Pablo Molinari falleció en Buenos Aires el 6 de agosto de 1941, fue sepultado en el cementerio de Ezpeleta. La Agrupación "Kilme" y la Comisión Municipal de Cultura adhirieron al duelo; el señor Adolfo Bazán, en nombre de esta última Institución y de las autoridades municipales fue quien despidió sus restos en el acto del sepelio. [7]
N°4

HOMENAJE

El viernes 20 de julio de 1979 se realizó en el Museo Municipal de Artes Visuales de Quilmes un Homenaje a Pablo C. Molinari. Era intendente el comodoro Osvaldo Gally, secretario de gobierno y cultura el Prof. Agustín L. J. Bottaro, subsecretario de Gobierno y Cultura Néstor E. Monea y director de Cultura el Prof. Armando B. González. La dirección del Museo estaba a cargo del Maestro Víctor E. Roverano quien escribió las siguientes palabras en el catálogo:
No es de ahora que consideramos la importan­cia que para las artes plásticas quilmeñas ha tenido la figura de Pablo ó. Molinari. Es muy posible que, como a muchos otros, el tiempo y las circunstancias no siempre justas y fa­vorables, hayan contribuido para que hoy no sean pocos los que se pregunten quién fue y qué hizo este señor al que tanto y tan bueno se le está de­biendo... En materia de artes plásticas poco, casi nada, era lo que se ofrecía en nuestro medio. De modo pues que la llegada de nuestro artista significó la apertura a una enseñanza de las Bellas Artes pro­metedora y formal... Su ejemplo dijo mucho y al abrirse el portal de aquella escuela que él pivoteó con dignidad, se alimentó una gran esperanza que, lamentablemente, no prosperó como debía... Esta­mos en 1925.
Por aquellos días se perdió la oportunidad de oficializar un organismo que lo merecía en verdad. El apoyo oficial fue mezquino y retaceado y aún más, creemos que faltó visión inteligente para calibrar el futuro que seriamente prometía ser brillante...
No obstante su brevedad la repercusión no fue pequeña puesto que, en torno de la bondadosa figu­ra de "Don Pablo” nucleose y creció un puñado de soñadores que algún día serían algo respetable en las Artes Plásticas Quilmeñas. 
Alguna vez dijimos que nos proponíamos brindar a Quilmes muestras significativas de innegable je­rarquía artística... Esta que ahora inauguramos tie­ne para nosotros el trascendente valor de contribuir a que las cosas se pongan en su justo lugar. Con el mejor de los ánimos hoy venimos a tri­butarle ese homenaje oficial que se le estaba de­biendo al pintor, al hombre, ¡al Maestro!” - Víctor E. Roverano, Quilmes, julio de 1979. 
EXPOSICIÓN: PINTURAS DEL AUTOR, RETRATOS Y OBJETOS PERSONALES.
(Por orden alfabético) 
BLOISE, Domingo
1 - “Naturaleza muerta” 1942 óleo
2 - “Calle de San Francisco” 1949 témpera
3 - “Otoño-en el delta” 1976 témpera
4 - “Quietud” 1976 témpera
5 - “Paisaje de Unquillo” 1976 témpera
6 - “Barcas y casillas” 1976 témpera
7 - “Otoño” 1976    témpera
8 - “Paisaje de Capilla del Monte” 1977 óleo
9 - “Suburbio quilmeño” 1978 témpera
10- “Esteros” 1979     témpera
11- “Tarde de otoño” 1979    témpera
12- “Parvas” 1979    témpera
13- “Magnolias” 1979    témpera
14- “Azucenas” 1979 témpera
15- “Achiras” 1979    témpera
CARBONARO, Francisco
1 - Sin título, óleo   
FERNANDEZ MELO, Francisco
1 - “Naturaleza muerta” óleo
GARGARELLO, Ernesto
1  - “Paisaje” 1950 óleo
2  - “Pintura” 1965 óleo
3  - “Combustión” 1965 óleo
4  - “Mujer meditando” óleo
5  - “Figura joven”    óleo
6  - “Modelo y retrato”  óleo
7  - Dibujo I
8  - Dibujo II
LLENSE, José
1  - “Brisas” 1929 bronce
2  - “Lobo de mar” 1941 bronce 
3  - “Esther”  1941 bronce
4  - “Cabeza de niña” 1945 bronce
5 - “Chichita” estudio 1962 yeso patinado
6 - “El anguilero sentado” fibro-cemento
7 - “Hermano Francisco” estudio I 1972 bronce
8 - “Hermano Francisco” estudio II 1972 bronce
9 - “Hermano Francisco” 1972 madera guatambú
10 - “Francisco hablándole a los pájaros” 1972 bronce
11 - “Maternidad” estudio 1972 bronce
12 - “Vía crucis” estudio 1972 bronce
13 - “Música y vino” 1974 chapa de hierro
14 - “Tango” estudio bronce
MONTE, Félix
1 al 10 - “Paisajes” óleo
NARIZZANO, Gerónimo B.
1 - Paisaje” acuarela
2 – “Caballo” dibujo-tinta
3 –“Gresca” punta seca
4 – “Homenaje a Guillermo Enrique Hudson” 3 y 4 propiedad del Museo Municipal de Artes Visuales de Quilmes xilografías
OTAMENDI, Luis Eduardo
1- “El boyerito” óleo
2- “El payador” óleo
3- “El bodegón” óleo
RONCONI, Domingo
1- “Día gris” óleo
2- “El ceibo” óleo
3- “Tarde en Don Bosco” óleo
4- “El viejo ombú” óleo
5- “Naturaleza muerta” óleo

Investigación, compilación y compaginación Prof. Chalo Agnelli
Colaboración Carlos Benavides y Néstor E. Monea
Pinacoteca "Julio Fernández Villanueva"
FUENTES 
Archivo de la Biblioteca Pública Municipal D. F. Sarmiento
Archivo de la Biblioteca Popular Pedro Goyena
Hemeroteca del diario "El Sol"
OBRAS REPRODUCIDAS: 
1.- TIRANDO, 1937.Dedicado al pintor y amigo Vicente Vento 1937. COLECCIÓN MOSE. Ver más en: http://coleccionmose.com.ar/ 
2.- TORMENTOSO, c.1930. Obra expuesta en la Muestra en Río de Janeiro, año 1935, etiqueta al dorso Sociedad Argentina de Artistas Plásticos. COLECCIÓN MOSE. Ver más en: http://coleccionmose.com.ar/ 
3.- TARDE GRIS, óleo sobre tela 80 x 90 cm 1940. http://www.me.gov.ar/
4.- S/T, pigmento aglutinado. Dedicada y firmada “Al amigo A. Bollini, cariñosamente”, P. Molinari, 1927. Colección MOSE. (Gentileza de Gustavo López)
NOTAS

[1] Ver en EL QUILMERO del martes, 19 de febrero de 2013 DON TOMÁS REYNAL O´CONNOR Y SU PEÑA

[2] De apellido López Buisán, nacido en España en 18 de marzo de 1895 fallecido en Buenos Aires en 14 de junio de 1957.

[3] En la ciudad jujeña de Tilcara hay un museo que lleva su nombre. 

[4] Investigadora Carla Moya: http://www.archivopayro.org.ar/

[5] Ver en EL QUILMERO del viernes, 27 de noviembre de 2015, AGRUPACIÓN "KILME" DE ARTISTAS PLÁSTICOS

[6] Pinacoteca del Ministerio de Educación, http://www.me.gov.ar/

[7] El Sol, 7 de agosto de 1941