lunes, 24 de octubre de 2011

SANTIAGO VALERGA - SU CALLE, PROYECTO DE RESTITUCIÓN // 1927 - 2017

EL BARRIO DEL OTRO LADO DE LAS VÍAS  
“LA COLONIA DE VALERGA”
Fonda La Colonia, Vicente López y 12 de Octubre, esquina SE
PROYECTO:
RESTITUIR A UNA CALLE DEL BARRIO “LA COLONIA” DE QUILMES EL  NOMBRE DE SU PIONERO FUNDADOR DON SANTIAGO VALERGA”, NOMBRE QUE DESDE 1927, POR LA ORDENANZA 323/27 DEL H.C.D. SE PUSO SU A LA ARTERIA QUE NACE EN VICENTE LÓPEZ HASTA RUTA PROVINCIAL 14 "CAMINO GENERAL BELGRANO". HASTA QUE EN 1972, POR 'DECRETO' DEL  COMISIONADO INTERVENTOR ING. JORGE CICHERO, SE LE CAMBIÓ DICHA NOMENCLATURA POR “SAN MAURO CASTELVERDE”. PARA CONCRETAR ESTA RESTITUCIÓN SUGERIMOS COLOCAR EL NOMBRE DE ESTE PIONERO EN ALGUNA ARTERIA CON NOMENCLATURA MUY REPETIDA EN LAS TOPONIMIAS DE LA REPÚBLICA ARGENTINA, COMO SON LAS CALLES: “CORRIENTES”, “MAGALLANES” U OTRAS DENTRO DE ESTE, "EL SEGUNDO BARRIO DE QUILMES" EN ANTIGÜEDAD. DE ESTA MANERA SE HARÁ JUSTICIA CON ESTE PIONERO DE LA INMIGRACIÓN EN LOS 351 AÑOS DE HISTORIA Y TRADICIÓN QUILMEÑAS. 
CONSIDERANDO LA RAZÓN QUE NUESTROS ANTEPASADOS FUNDAMENTARON PARA PONER NOMBRES DE FIGURAS O HECHOS DESTACADOS DE LA HISTORIA, TANTO NACIONAL COMO LOCAL, DE PUEBLOS Y CIUDADES, A PLAZAS, PLAZOLETAS, CALLES, PASEOS Y AVENIDAS. OBJETIVO QUE ADEMÁS DE PERPETUARLOS EN LA MEMORIA, RESULTAN UN RECURSO PEDAGÓGICO DESTINADO A LAS NUEVAS GENERACIONES.
 Desde 1991, con el Sr. Julio César Valerga insistimos ante las distintas administraciones municipales para restituir el nombre de Santiago Valerga a una calle de La Colonia. Fallecido don Julio César, continuamos la empresa hasta hoy con el señor Domingo Araujo, propuesta a la que se fueron sumando otros vecinos - varios que ya no están - a esta justa causa que hace a la IDENTIDAD, la PERTENENCIA y la TRADICIÓN de Quilmes, que este año cumple 351 y 90 años desde que se le puso el nombre de Santiago Valerga a una calle de La Colonia años de la llegada de sus primeros pobladores, los quilmes y acalianos, y se cumplió en 2016, el Centenario en que el casco urbano del pueblo original fue declarado Ciudad por ley de la Provincia Nº 3627 - fechas que se engarzaron al Bicentenario de la Declaración del Independecia Nacional - esta es la nota presentada junto con el proyecto.
Prof. Chalo Agnelli
MUNICIPALIDAD DE QUILMES
INTENDENCIA MUNICIPAL
HONORABLE CONCEJO DELIBERANTE
De nuestra mayor consideración
     En 1972, siendo comisionado interventor del Partido de Quilmes - designado por el gobierno provincial de facto - el Ing. Jorge Ignacio Cichero, según ordenanza N° 11.231/72, quitó el nombre del  pionero DON SANTIAGO VALERGA a la calle que lo homenajeaba, cambiándolo por San Mauro Castelverde, un religioso que vivió en la Edad Media en el sur de Italia.
    En 1980, a través del diario “El Sol” el señero periodista don Víctor Giordano intentó restituir dicho nombre, si no a la misma calle a otra que atraviese La Colonia.
   Su nieto Julio César Valerga, en 1992, con varios vecinos concretaron gestiones ante la municipalidad y el HCD, con el mismo fin. Tratativas que cesaron con la muerte del impulsor de esta restitución.
    Hoy que la Intendencia, el HCD y el Municipio recuperan baluartes de nuestra historia, sería una medida reparadora que las autoridades RESTITUYAN el nombre 'Santiago Valerga' a una calle del barrio La Colonia, de Quilmes que podrían ser las calles: Corrientes o Magallanes o San Luis o San Juan; nomenclaturas muy reiteradas en todo el país. En su defecto a otra arteria del segundo barrio en antigüedad del Partido de Quilmes (circunscripto entre las acalles: Triunvirato, Urquiza, Rep. de Líbano y vías del FFRR Roca).
    Este es un proyecto de justicia con la tradición, la cultura y la historia de los quilmeños.
 Firmas (al 5/5/2010):
Filomena de Baunelle de Yori, Chalo  Agnelli, Domingo Araujo, Marta Castagnino, Juan Carlos Lombán, Beatriz Pugliesi, Rosa Dolabjian, Josefina Gandolfo,  Josefina Haydeé Bazterrica, Héctor Tiscornia, Rodolfo Maderal, Ludovico Pérez, Norma Cistaro, Ana Inés Manzo de Torrico, Leonor Lezcano, Carlos Corrales, Guillermo Giordano, Leopoldo Russo, Nidia Pressón-Ruesta, Daniel Kalala, Lidia Zacarías, Alicia Otamendi Etchevertz, Ana Aispurú de Hurrell, Raquel Gail, Ariel Ghizzardi, Cristina Secco, Alejandro Re, Armando Vidal, Beatriz Strauss, Carlos Alberto Corrales, Carmela Di Pierro, Esteban Corrales, Silvia Simonetti, Valeria Alfonsina Agnelli, Sol Agnelli, Hebe Liz Schwestein, Claudio Schbib, Alejandro Gibaut, Plácido Donato, Mónica Cereda, Lila Giordano de Campelo, Laura Campelo, José Campelo, Liliana Guaragno, Víctor Giordano, Gilda Giordano de Silva Rey, Beatriz Strauss, Alejandro Re, Hilda Perata, Flia. Andragnez, Flía, Corrales, Flía. Castignolla, Flía. Di Corrado, Flia Giaimo, Flia Bryce, Flía Yori, Flía Paroni, Flía Maderal, Flia Faggiano, Flía Rotelo, Flía Llopart, Flía Andragnez, Flía Bazterrica, Cristina Secco, Ana María Aispurú de Hurrell, Daniel Hurrell, Norberto Martín, Ludovico Pérez, Norma Cistaro, Hugo Yori, María Rizzo, Rodolfo Abiedatti, Mirta Colombini, Comisión Ejecutiva de la Biblioteca Popular Pedro Goyena, Asociación Historiadores Los Quilmeros,  etc...
AUTOR-INVESTIGADOR. Héctor Chalo Agnelli 
OBJETIVOS: 
* Recuperar en la memoria la evolución histórica del segundo barrio de Quilmes La Colonia y de las personas, personalidades y familias que le dieron origen y crecimiento.
* Agregar a la historiografía tradicional quilmeña la historia de un sector popular de Quilmes que aún no fue debidamente divulgada.
* Afianzar la identidad local. 
FUNDAMENTOS. La historia es la ciencia del hombre en el devenir del tiempo. No es una ciencia quieta. El "Hacer Historia" no está motivado por la nostalgia; se debe divulgar la Historia por dos principios. primero por lo que significa como proyección en el tiempo; tomar el pasado en el presente y lanzarlo al futuro para comparar, reflexionar, replantear ideas y consecuencias, imaginar las nuevas, recrear situaciones, formar identidad y reforzar el sentido de pertenencia. El segundo principios es la recuperación de un modelo, el contrato moral de nuestros abuelos; el contrato que nos dio cultura, escuelas e industrias, que nos dio instituciones fundamentales y transformadoras, que nos dio identidad.  

Abuelos que ya estaban acá y los que, venidos luego, de los cuatro puntos cardinales del planeta, para crecer y ser, debieron afrontar dificultades desmedidas. Ese contrato que se nos deslizó de las manos.

Este proyecto intenta llenar un vacío en la historiografía quilmeña. Nuestros antepasados comenzaron a poner nombres de personalidades destacadas de la comunidad a pueblos, plazas, calles, paseos y avenidas, para perpetuar su memoria y como recurso pedagógico destinado a las generaciones venideras.

EL BARRIO DEL OTRO LADO DE LAS VÍAS 
LA COLONIA DE VALERGA ANTES DE 1860.
     En lo que hoy es un abigarrado cúmulo de población: calles asfaltadas, casas, elegantes residencias y antiguas propiedades, las llamadas “casas chorizo”, en buen estado de conservación (por ese gusto que la postmodernidad cobró por lo añejo), escuelas públicas y privadas, clubes, centros culturales, iglesias y capillas, comercios, supermercados, clínicas, pequeñas empresas (las que sobrevivieron a la catástrofe de las últimas décadas), a fines del siglo XIX, se comenzó a diseñarse un espacio distinto (dis – tinto, por lo de otra tonalidad) al resto de Quilmes; cuando las vías del ferrocarril y la sombra precisa de la Cervecería Quilmes aún no se vislumbraba; sombra y vías que luego le dieron un límite al SO y diseñaron la otra mitad de la ciudad.
Del otro lado de las vías del ferrocarril del Sud (luego Roca, más tarde el precario y penoso Metropolitano, hoy resurgiendo nuevamente Roca) en aquellos años se alargaba una llanura nivelada que los geólogos denominan pampasia. Con el corte abrupto de los terraplenes levantados para extender las vías férreas aumentó el estancamiento de las aguas y la poca depresión existente conducía hacia los arroyos de Las Piedras y el Santo Domingo.
Había escasez de árboles, uno que otro sauce llorón que ocultaba la pobreza de un rancho de paja y adobe, pero abundaba la foresta paranaense, los juncales y duraznillos blancos; entre los pastos el trébol, la cebadilla criolla, los pastos duros.
Por la abundancia de las aguas proliferaban todo tipo de aves que aturdían las mañanas y las tardes; muchas acuáticas, además de caranchos, chimangos y chajaes.
El clima era templado. Un territorio zarandeado por el viento del sudeste y el del suroeste, el pampero.
Así era el suelo que pisó Santiago Valerga, allá por 1874, donde luego decidió instalar el comercio que fue piedra fundamental de un barrio. Llegó a Quilmes y lanzó una mirada proyectiva a esa “... pampa lisa y abstracta y el lejano sur que se junta con el vértice del mundo...” [1]
DON SANTIAGO VALERGA. 
Marcelo Traversi en “Estampas de antaño” ofrece una semblanza de quien fuera el pionero de La Colonia.
En 1874, había terminado otro de sus varios períodos el juez de paz y presidente de la municipalidad (intendente) don Andrés Baranda y asumía don Felipe Amoedo, [2] y municipales (concejales) eran: Juan Ithuralde, Alejandro Lassalle, José Agustín Matienzo, Pedro Risso, Ramón de Udaeta y secretario don Tomás Flores.
Ese mismo año, el joven Santiago obtiene de Agustín Lavaggi un préstamo de cuarenta pesos para instalar una fonda en un rancho de dos piezas de quincho, techo de paja a dos aguas, piso de tierra y un parral haciendo de galería, en la esquina NO de Vicente López y 12 de Octubre. Con los años compra [3] y construye su comercio en la esquina SE de la misma encrucijada.
El terreno elegido estaba lejos de todo, considerando la época y el estado deplorable de las pocas calles abiertas. El acceso era difícil, pero contaba con el entusiasta aliciente del ferrocarril cercano, que había llegado a Quilmes dos años antes (1872). Hacía poco que el intendente Amoedo había abierto el camino [4] que atravesaba la Cañada de Gaete hacia el SO y el oeste, importante vía de acceso al pueblo y próxima al comercio de Valerga (hoy Av. Amoedo).
Actualmente, después de 140 años, entre la abigarrada edificación urbana, el vertiginoso tránsito que cruza las avenidas 12 de Octubre y Vicente López, el comercio, la Cervecería, las intensas luminarias nocturnas, los peatones que van y vienen, la algarabía de cientos de chicos que salen de las numerosas escuelas cercanas, es imposible imaginar el páramo donde resolvió instalarse don Santiago Valerga y Rosa Celasco, su esposa, con tan sólo 24 y 22 años respectivamente.
Soledad, distancia, serenatas de grillos y ranas, noches negras frecuentadas tan sólo por tumultos de luciérnagas, mosquitos; cardales desmesurados, altos pastos, aguadas y lodo, mucho lodo; escasos árboles para resuello de los viajeros en los veranos húmedos y calcinantes de este pueblo ribereño.
Esta fonda, parador y boliche, [5] más almacén de ramos generales, hoy se lo consideraría un supermercado. Pero eso no era todo, además, don Santiago se encargaba de arrendar las tierras a los propietarios que se las confiaban, de cobrar las rentas, contrataba labradíos y hacía sembrar otros, reservándose un porcentaje de la producción.
Instaló un matadero en sociedad con León Acuña también pionero. A su vez organizó una cooperativa de ahorro donde los vecinos depositaban dinero y reducido interés se daban préstamos a los que deseaban comprar lotes para afincarse en la zona o iniciar nuevos emprendimientos que aceleren el progreso del barrio en ciernes.
Don Santiago era un hombre interesado en el Derecho y en sus ratos libres estudiaba el Código Civil, Comercial y Criminal y hacía las veces de juez en el barrio dirimiendo cuestiones territoriales, comerciales y hasta de herencia y familia. Actuaba de juez de paz, consagrando matrimonios, resolviendo discrepancias, tenía la autoridad y la elocuencia que no admitía discusión alguna. [6] Lo que desestima la afirmación, de algunos historiadores, quizá menos rigurosos, que era “un hombre de no mucha ilustración”. [7] Esa afirmación puede estar limitada por la convicción que sólo es ilustrado quien acumuló, por capacidad o por fortuna, títulos y diplomas.
Además del diminutivo “Santiaguito” también se lo apodaba “Tiaguito” o “Tiguito”. Don Santiago lucía un poblado mostacho, pero de la clase que usaba bigotera; y así atendía al público con la bigotera, cuyo tejido dejaba ver el piloso adorno bien planchado debajo y con las guías retorcidas en espiral.
Dice Marcelo Traversi: [8] “... Su opinión era respetada como fallo judicial. A su escritorio acudían en consulta sobre asuntos en lo civil, rural, comercial y criminal, como de la vida privada. Él, con su secretario, redactaba documentos, hacía contratos estableciendo condiciones. Indicaba si correspondía acudir a la justicia, a la policía o a la Intendencia, eligiendo abogado o escribano. Nada se hacía en el barrio de La Colonia sin su indicación o visto bueno. 'Santiaguito' no cobraba ni aceptaba regalos. Cuando insistían en pagarle, decía. ‘Dele algo al secretario’ (Este no tenía sueldo) Su conocimiento de los códigos hacía que encontrara arreglo a todo lo que sometían a su estudio [...] De buen corazón, si un asunto era insoluble por carencia de dinero, él lo prestaba. Y cuando en aprietos, solicitó su devolución, conoció la ingratitud humana. Perdió más de cien mil pesos.” [9]
Era un hombre apegado al progreso, entusiasta trabajador y generoso. Su nombre estaba presente en cuanta iniciativa para el bien común se sugería o se ponía en práctica.  En 1887, según El Quilmero, se presentó en el remate por el derecho a cortar los cardos en las vías públicas del partido, obteniéndolo por $ 140 “... He aquí convertido en una entrada no despreciable el corte del cardo de los caminos que en otros tiempos había que pagar para hacerlo...”  Pero luego por causas que no se especifican, debió desistir de su oferta y se le dio a otro oferente, don Domingo Gatti.[10]
En 1887 hizo levantar, frente al desvencijado rancho, un importante edificio; en la esquina SE de 12 de Octubre y Vicente López, el almacén-fonda “La Colonia”. Visión premonitoria la de don Santiago al bautizar a su comercio. Vislumbró que ese enclave quilmeño se poblaría por colonos de todas partes del mundo. Y él fue el portero.
Tuvo que ver en las elecciones legislativas en 1888, integrando con el N° 268 la lista donde deben formarse las mesas receptoras y escrutadoras de votos.  [11]
Grande fue su progreso económico, al punto que en la sesión del H.C.D. del 24 de febrero de 1904 se lo señala en la nómina de los mayores contribuyentes junto con Ubaldo Costa, Urbano Drake, Pablo Benguria, Ramón Castaño, José Bossi (vecino del barrio) Roberto Clark, Ramón Dapena, Eduardo Cordner, Juan Ithuralde, Domingo Lértora, Santiago Massa, Francisco Montenegro y Claudio Ruiz. Santiago Valerga fue designado mayor contribuyentes en el rubro patentes industriales. [12] 
El periodista Víctor A. Giordano, que lo conoció,  cuenta esta anécdota: “...el señor Liendo, comerciante del barrio, habiendo fracasado en sus negocios, se marchó a una propiedad que tenía en La Cañada de Gaete. Allí levantó una tapera donde vivía en la mayor pobreza. Sin medios y avergonzado de su pobreza no visitaba a los amigos de La Colonia. Pasó un tiempo y falleció. Dado que no tenía familia, no lo velaron y la ‘cucaracha’, el vehículo destinado por la municipalidad para trasladar a los difuntos pobres al cementerio, se encargó de transportar sus restos. Enterado don Santiago convocó a vecinos amigos y esperó su paso por la calle 12 de Octubre, por donde necesariamente tendría que cruzar. Cuando el vehículo mortuorio llegó a la esquina de su almacén, ordenó al cochero detenerse, hizo bajar el ataúd y llevarlo a su casa donde con la presencia de todo el barrio lo velaron. Encargó ofrendas florales, contrató un servicio fúnebre, todo de su peculio, y al día siguiente el difunto Sr. Liendo fue trasladado el cementerio con el cortejo de la vecindad.” [13]
Esta pintura es apenas una pequeña muestra de la generosidad y hombría de bien de don Santiago Valerga, hay muchas otras que lo limitado del espacio no permite transcribir.
Así, la esquina, 12 de Octubre y Vicente. López, fue el centro fundacional del barrio. Su comercio fue el límite entre el pueblo y la campaña, donde venían a proveerse los trabajadores y propietarios de las chacras y estancias ubicadas hacía el Sur, hacia el Oeste y hacia el SO del pueblo. Esto reactivó el interés de los pobladores en instalarse en la zona al lotearse la charca de Risso. Con el tiempo fue el punto de referencia  de la zona.
Cruce del tranvía de Alsina a Pellegrini
“Don Santiago Valerga y el barrio de la Colonia son una misma cosa, puede decirse, pues este venerable anciano ha sido el factor a cuyo impulso y esfuerzo el citado barrio fue adquiriendo en aquellos tiempos iniciales los fundamentos de una colectividad sana, trabajadora y progresista. Si viviéramos en lo remotos tiempos de la Biblia, o si aún aquellas costumbres y orden social rigieran todavía, don Santiago Valerga, de hecho y derecho, sería la suprema autoridad moral de la colectividad... Por eso dijimos que don Santiago Valerga y La Colonia son una misma cosa. Tan fuertes lazos y profundos vínculos cuyas raíces habría que buscarlas sesenta años atrás (se escribió en 1924), se han expandido en forma tal, que es natural y justo que la persona de don Santiago sea mirada con la veneración, respeto y cariño con que se mira al abuelo de memorables hazañas...”
Nota trascripta del “El antiguo barrio de la Colonia”,  periódico “El Plata”. Número aniversario; julio de 1924.
EL NOMBRE POPULAR DEL BARRIO
 El barrio se proclamó con el nombre La Colonia en 1896 siendo Intendente don Joaquín R. Amoedo, los quilmeños le agregaron el “de Valerga”.
En aquella ocasión, a un vecino apodado el gallego Provincia – Cuenta Marcelo Traversa -se le encargó recorrer las calles del pueblo anunciando la proclama y agitando una Bandera Argentina al grito de “¡Viva, Santiajito el abojado de La Colonia", a lo que un grupo de maltrazados y achispados jinetes contestaban "¡¡Viva!!” Finalmente en mayo de 1910, se sancionó el nombre por ordenanza municipal. Posteriormente, cuando don Santiago construyó la propiedad que fue su vivienda y su comercio, el cartel sobre la puerta, que le daba nombre no se colocó, postergándolo para más adelante. Finalmente fue sustituido por uno de gran tamaño que publicitaba los cigarrillos “43”. 
ÁREA ORIGINAL DEL BARRIO 
Con la apertura de la Cervecería Argentina Quilmes en 1890 el crecimiento demográfico en la zona fue vertiginoso y las primeras familias que se instalaron fueron genoveses de La Bocca y Barracas, atraídos por su paisano don Santiago Valerga que coordinaba los primeros loteos. Luego llegaron españoles de las Islas Canarias, lombardos, sicilianos, napolitanos, eslavos y sirios.
Comenzando el siglo XX el área reducidamente edificada de la zona estaba circunscripta por las calles Amoedo, Urquiza, República del Líbano y las vías del ferrocarril. Las primeras casas, en su gran mayoría, se levantaban en las equinas y no se revocaban, aún muchas de esas primeras viviendas permanecen así. 
NOMBRE DE TRÁNSITO URBANO
 Este pionero falleció en 1927, fue “... una especie de personaje bíblico que no sólo puso empeño e inteligencia al servicio del pueblo que lo acogió, sino que también le ofrendó su vida...[1] Dejó una larga y extensa descendencia. 
En 1927 por la ordenanza Nº 323 se resuelve dar el nombre SANTIAGO VALERGA a una calle de La Colonia
   “Proyecto de resolución presentado por los mismos señores concejales sobre homenaje a don Santiago Valerga. El concejal Sr. Perli, que lo fundó, dijo que se trataba de un acto justiciero ya que don Santiago Valerga había sido el primer vecino del barrio de La Colonia, constituyendo en esa zona por espacio de más de cincuenta años el paño de lágrimas el amigable componedor y el bondadoso consejero del vecindario, dentro del cual se lo quería y respetaba como a una verdadero patriarca. Agregó que la zona oeste de la ciudad que tantos progresos debía a la labor constante del viejo vecino desaparecido honraría en memoria dando su nombre a una de sus calles tal como se proyectaba en la iniciativa que fundaba lo que pidió fuera tenido en cuanta por la Comisión de Obras Públicas al dictaminar sobre la nomenclatura de las calles de la zona oeste. El Concejal Sr. Otero solicitó que el proyecto de resolución fuera considerado sobre tablas. Apoyó esta indicación el concejal Dr. Emilio Torre quien tuvo conceptos elogiosos sobre la obra desarrollada por don Santiago Valerga. El concejo resolvió tratar sobre tablas el proyecto aprobándolo luego en general y particular. En consecuencia quedó sancionada la siguiente Resolución: Designar con el nombre de Santiago Valerga una de las calles de la zona Sud Oeste que se indicara al renovarse la nomenclatura oficial de la zona.
 En 1972, siendo intendente interventor del gobierno de facto el Ing. Jorge Cichero, según ordenanza Nº 11.231/72, se quitó el nombre de este pionero a la calle que lo homenajeaba sustituyéndolo por “San Mauro Castelverde”, un religioso patrono de una pueblo de Palermo, Sicilia, Italia, que murió el 15 de enero del 584; siglo VIº del Medioevo.
Nota dirigida por don Julio César Valerga al Consulado Italiano para obtener datos de su abuelo e incluirlos en la documentación presentada a las autoridades municipales como parte del reclamo de restitución del nombre Santiago Valerga a una calle de La Colonia.
Investigación y compilación Prof. Héctor Chalo Agnelli
NOTAS


[1] De José Edmundo Clemente en “El idioma de Buenos Aires”. Pág. 58. EMECE Editores. Colección Piragua. Set. 1968. Bs.As.
[2] Ver Cap. 16  “Nombres de tránsito urbano”
[3] Probablemente por el plano Nº 179 de agosto de 1896, del Agr. Emilio Candiani, hallado en Geodesia, compra a Domingo Cichero.
[4] Avenida que hoy lleva el nombre de quien la abrió, Felipe Amoedo.
[5] Ver Cap. 6 “El Comercio”
[6] Nota de Víctor Alberto Giordano en “El Sol” de martes 29 de abril de 1890.
[7] Ales. M. “Remembranzas...” Pág. 15.
[8] Ver Bibliografía: Traversi, Marcelo.
[9] Obra citada.
[10] “El Quilmero” Año XIII N° 1253. – 1887.
[11] Libro 1 de las actas de sesiones del H.C.D. foja 61. El Quilmero del 14/10/1888
[12] Libro 4; folios 391 y 392. Correspondía al Concejo Deliberante nombrar a los mayores contribuyentes de impuestos territoriales y patentes industriales con el objeto de integrar el Consejo en los casos que determinaba el Art. 49 de la Ley Orgánica Municipal, es decir, asesorar a los concejales y autoridades municipales sobre cuestiones en general.
[13] “El Sol”, martes 29 de abril de 1980.

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